Hola, mis queridos lectores. He venido con un capítulo nuevo de esta hermosa historia. Espero que puedan ayudarme dándole like a mi página de Facebook EAUchiha-Fanfiction y a mi Facebook personal Anne Kristina Rodríguez (en mi perfil está el enlace directo a ambos perfiles) desde allí estaré pendiente de ustedes y publicaré sobre mis próximas actualizaciones.
Agradecimientos especiales a mi Beta: Hikari Takaishi Y
Espero que la lectura sea de su total agrado.
Los personajes de Naruto pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 21.
Ambos estaban nerviosos, ninguno se atrevía dar el primer paso y salir del vehículo para entrar a ese orfanato y conseguir la información que necesitan.
—Tenemos que ir— Sakura soltó el aire que había estado conteniendo —No entiendo por qué estamos tan nerviosos, solo queremos saber más sobre la persona que nos quitó a nuestra hija.
Sasuke buscó la mano de ella y la apretó. Intercambiaron miradas y finalmente llegaron a la conclusión de que ya era tiempo de enfrentar esa situación que probablemente sea incómoda para ellos.
Entraron al lugar que habían visitado hace un par de años en busca de respuestas y que, al igual que muchos otros, no pudieron ayudarlos en su búsqueda. Llegaron a la oficina de la directora del orfanato, pues recordaban perfectamente el camino.
—Buenas tardes, mi nombre es Yakushi Nonou, ¿en qué puedo ayudarlos?
Se levantó de su escritorio después de permitirles el acceso a su oficina.
—Tal vez no lo recuerde, pero nosotros vinimos a este lugar hace un par de años buscando a nuestra hija perdida— habló la pelirrosa.
—Uchiha-san, cierto. Lo lamento— dijo apenada y los invitó a tomar asiento —En serio lo lamento, pero tengo algunos problemas por aquí y no tengo cabeza para nada más.
—Creo que mejor venimos otro día, no queremos ocasionarle más problemas— expresó angustiada.
—¡Por supuesto que no!— exclamó —Ustedes han venido desde lejos, mi deber es brindarles mi atención. A pesar de que no puedo ofrecerles nada de beber, además de agua, quiero que se sientan libres de hablar conmigo. ¿Acaso ya hallaron a su hija?
—La verdad no hemos sabido nada de ella— se encogió sobre sí misma —Pero no vinimos explícitamente para eso, es algo más— titubeó.
—Dígame— pidió preocupada.
—Se trata de una persona que creció aquí hace mucho, su nombre es Kaoru...
—¿Kaoru-kun?— preguntó alarmada —¿Qué pasó con él?, ¿Está bien? Hace años que no sabemos nada de él, no desde que nos dejó a los diecisiete años.
—No sé cómo decirle esto...— suspiró con pesadez.
Sasuke le puso una mano en el hombro y asintió levemente. La mujer se mostró extrañada, ella no entendía nada de lo que estaba pasando.
—¿A Kaoru le gustaba el béisbol?— comenzó con esa simple pregunta.
—Sí, era lo único que él amaba y lo hacía feliz. Chiyo-sama fue quien se dedicó a enseñarlo a jugar, ella no sabía jugar, pero se basó en lo que estaba en los libros para enseñarlo poco a poco, hasta que logró ser un buen lanzador— relató.
—¿Podemos hablar con esa tal Chiyo?— interrogó él.
—Lamentablemente no, ella enfermó cuando él se fue y se marchó de aquí para no afectar a los niños y cuidar de sí misma. Pero nadie ha sabido nada de ella tampoco, así que todos aquí asumimos que Chiyo-sama murió a causa de su enfermedad.
—Excelente noticia— bufó.
—Nos gustaría ver una fotografía de Kaoru estando aquí— Sakura decidió continuar.
—¿Qué está pasando?— cuestionó temerosa.
—Nosotros conocimos a Kaoru— confesó ella —Pero él decidió adoptar otra apariencia y otro nombre, nadie conoce de dónde vino, solo lo que hizo para llegar a jugar como profesional en el béisbol.
—¿Entonces lo logró?— preguntó con ilusión.
—Sí, lo hizo. Pero perdió su camino también— sacó el expediente que Sai les dio y se lo tendió —El nombre por el que responde ahora es Akasuna Sasori, entró al equipo cuando un reclutador lo vio lanzar en un juego en la calle. Desde el principio le fue muy bien, pero eso lo hizo volverse arrogante y déspota con los demás lanzadores que entraban en el equipo y los que ya estaban allí.
—Cuando yo entré al equipo era un adolescente recién salido de la preparatoria, él solía molestarme porque vengo de una familia con una dinastía de jugadores y decía que era sobrevalorado, que llegué allí porque mi padre pagó por ese puesto en el equipo— continuó él —Yo también tuve que trabajar duro desde abajo. Yo no tenía los mismos privilegios que tenía mi hermano mayor, mi padre tenía sus esperanzas en él y a mi casi no me dedicó tiempo. Al momento en que comencé a destacar por mi talento, Sasori... perdón, Kaoru, comenzó a usar esteroides anabolizantes para ganar más masa muscular y tener más fuerza al lanzar. Eso está prohibido, así que lo suspendieron y me dieron mi primera oportunidad de probarme. Desde entonces, yo me convertí en el pitcher abridor. Pero luego de ello, las personas que amaba, comenzaron a sufrir ataques. Mi esposa sufrió un atentado en su auto, además de otras cosas a los miembros de mi familia.
—¿Fue él?, ¿Él lo hizo?— preguntó seria.
—Sí, siempre tuve mis sospechas porque un lanzador, que estaba antes que yo, me dijo que tuviera cuidado con él. Que él haría hasta lo impensable para no permitir que alguien le quitara su puesto en el equipo. Entendí que era lo único que él amaba y odió que yo llegara a ocupar "su" lugar, por eso un par de veces me dijo que era su turno de quitarme lo que amaba. La primera vez fue cuando trató de matar a mi esposa, cuando yo recibí las balas en su lugar, y tuve que retirarme unos meses por lesión...— apretó los puños con fuerza —La segunda vez fue cuando secuestró a nuestra hija recién nacida y mató a su cómplice para silenciarla— la Uchiha sostuvo la mano del pelinegro.
—No puedo creerlo— musitó horrorizada.
—Por eso volvimos, queremos saber si ustedes están dispuestos a ayudarnos y decirnos todo lo que sepan sobre él...
—¡Por supuesto que sí!— respondió decidida —Me avergüenza mucho todo el daño que él les ha hecho, en nombre de todos, les ofrezco mis más sinceras disculpas— se levantó e hizo una reverencia —Pueden contar con nosotros para lo que sea.
—Muchas gracias— expresó Sakura agradecida —También pueden contar con nosotros para lo que necesiten.
La mujer les contó todo lo que ella sabía del pelirrojo, quien antes había tenido el cabello castaño. También conocieron como luce la anciana que se dedicó a enseñarle una profesión y con la que quisieran hablar, pero ella ya no pertenecía al mundo de los vivos. Sakura les prometió ayudarlos con donativos cada año y les pidió que si sabían de una niñita que presuntamente sea la suya, no duden en llamarlos de inmediato.
—Quisiera venir el día de su cumpleaños con los donativos, quiero hacer algo bueno con mi tiempo, en lugar de pasarme el día llorando en su habitación— masculló melancólica con la mirada perdida en la ventana de su auto.
Sasuke asintió en silencio, sin perder de vista el camino de regreso a casa.
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Tres años después.
Sasuke miraba atentamente a su padre mientras este le hablaba de un contrato por cinco años para jugar de nuevo en grandes ligas, en Los Ángeles Dodgers. Fugaku es su agente y junto a un abogado y el representante del equipo que enviaron a Japón, los tres últimos discutían los términos del contrato y su generoso salario. Pero él solo podía pensar en una cosa, Sakura y Sarada.
Obviamente quería aceptarlo y volver a ser un jugador de grandes ligas, porque su primera experiencia fue bastante corta. Pero también pensaba en su familia. Sarada iba a cumplir ocho años en dos meses y Sakura cada vez perdía más las esperanzas de volver a verla, su corazón se marchitaba cada día más...
...
—Estoy en casa— dijo al llegar, como de costumbre.
Sakura ni siquiera se molestó en levantar la mirada de su libro de cirugía ortopédica cuando lo escuchó llegar, desde hace días ha estado comportándose distante con él y lo peor es que Sasuke no tiene la culpa de nada.
—La comida está en tapada sobre la barra de la cocina— dijo a secas.
—Ya comí— frunció el ceño, sigue sin entender las razones de su odiosa actitud.
—Está bien— se encogió de hombros sin devolverle la mirada.
Sasuke se sentó frente a ella, dispuesto a notificarle su decisión y saber por qué carajos ella está enojada con él.
—Sakura— llamó autoritario —Necesito que hablemos.
—Ya estamos hablando— arqueó una ceja, mirándolo al fin.
—No es una comunicación adecuada si no me prestas atención debidamente— señaló.
—Te escucho— cerró su libro y lo hizo a un lado.
—Me ofrecieron un contrato por cinco años en la MLB— reveló.
—Bien por ti— declaró indiferente.
—Quiero que vengas conmigo— la tomó de ambas manos y las apretó.
—No, Sasuke— negó con dureza —No puedo irme así como así, no puedo dejar a mi hija desamparada.
—Yo tampoco quiero hacerlo, pero sé que podremos venir corriendo a Japón si la encuentran.
—Esto ya no se trata de ti o de mí, se trata de Sarada. Ella es más importante que nosotros. No quiero estar en otro país cuando encuentren a mi hija y tener que esperar... ¿En qué equipo supuestamente estarás?
—Dodgers— respondió.
—Son once horas de viaje desde Los Ángeles hasta acá. No quiero tener vivir esa agonía para poder verla y abrazarla, pudiendo esperarla aquí en casa y recibirla con los brazos abiertos. Por eso mismo desistí de mi idea de especializarme en deportología, porque eso implicaría trabajar para un equipo y estar viajando con ellos. Si quieres, puedes irte tú, pero no cuentes conmigo. No voy a ir detrás de ti y dejar a mi bebé atrás— sentenció en tono solemne —Eres libre de irte, yo me quedaré aquí para buscarla.
Él soltó sus manos y pegó la espalda al respaldo del sofá, mirándola fijamente. Considerando si hacerle o no esa pregunta que ha estado en su cabeza desde hace días.
—Sakura— se aclaró la garganta con incomodidad —¿Te estoy haciendo feliz?— preguntó con una expresión de angustia y culpabilidad.
La máscara de indiferencia de ella, cayó al instante. Su rostro se llenó de culpa y sus lágrimas se acumularon en sus ojos, había roto el corazón de su marido por no ser lo suficientemente valiente para afrontar su realidad.
—¡Por supuesto que sí!— afirmó sin titubear —¿Por qué crees que no lo haces?
—¿Todavía lo preguntas?— rió sin gracia —Últimamente me evades, ya no me hablas, me das la espalda en la cama y lo de ahora... creo que finalmente te cansaste de esperar que cumpla mi promesa de traer a Sarada a casa y que, a veces, te dejo sola por tanto tiempo— musitó con dolor —Incluso he llegado a creer que lo que dijiste en la azotea del hospital hace casi ocho años es verdad y crees que yo tengo la culpa...
—¡No es así, mi amor!— se levantó, se sentó en sus piernas y lo abrazó por el cuello —Te amé, te amo y te amaré por siempre. Tú no tienes la culpa de nada, sé que has hecho todo lo posible para recuperarla, lo hemos hecho juntos y no me alcanzará la vida para arrepentirme por todo lo que hice y dije ese día. Pero justamente ahora, el problema soy yo. Yo te he estado engañando y no sé cómo confrontarlo...
—¿De qué estás hablando?— preguntó enojado —¿Acaso tú...
—Perdí un bebé hace dos semanas— masculló atormentada.
—¿Qué?— quedó sin aliento, esperaba cualquier cosa, menos esa —¿P-por... por qué no me lo dijiste?
—Porque estabas de viaje y no quería preocuparte— lo apretó más fuerte —Estaba cenando con mi papá en su casa cuando comencé a sangrar— las lágrimas corrieron por sus mejillas —Tenía diecisiete semanas. Debiste verlo, ya estaba bastante formado y era un varón. Era tan pequeñito y era nuestro. No pude traerlo al mundo y darle el amor que se merecía. Es mi culpa, no merezco haberme llamado su madre. Yo no supe reconocer su existencia hasta que me lo sacaron.
Él la dejó llorar refugiada en su cuello sin dejar de abrazarla ni por un momento, nadie puede saber lo mucho que ella debió haber aguantado esas dos semanas, ni siquiera él. Odiaba verla así, se odiaba por no estar con ella ese día. La primera vez que ella perdió un bebé, él la acompañó, le brindó consuelo y limpió sus lágrimas. Pero ahora había estado lejos y ella decidió ocultarlo para no hacerlo sufrir. Conociéndola como lo hace, debe estar destrozada por dentro, hasta el punto de no creerse lo suficientemente mujer como para sostener adecuadamente a un hijo suyo. Pero él sabe que esas cosas pueden pasarle a cualquiera, además de que ella ya le dio un precioso regalo hace casi ocho años.
—Creo que no aceptaré el contrato— dijo después de un rato.
Sakura, quien ya había dejado de llorar y simplemente descansaba sobre su pecho, se levantó a mirarlo con asombro.
—¿Estás bromeando?— preguntó incrédula. Él negó con la cabeza —Si quieres aceptarlo, no te detengas por mí...
—Ni siquiera un contrato por cuarenta y dos millones de dólares lograrán alejarme de ti— declaró —Tienes razón, Sarada es más importante que nosotros. Además, no pretendo dejarte sola y que me ocultes cosas tan importantes como esta.
—Lo siento— lo besó en los labios en señal de disculpa —Me comporté como una cría y ya soy una mujer de treinta años.
—Treinta y uno muy pronto, vas a tener más edad que yo— se burló.
—Solo soy cuatro meses mayor que tú, idiota— le sacó la lengua.
—Sería mejor si me muestras los otros usos que puedes darle a esa lengua— esbozó una sonrisa torcida.
—Quisiera, pero tenemos un asunto pendiente.
Se inclinó sobre él y pasó su lengua por toda la extensión de su cuello. El pulso de él se aceleró al instante, pero entiende que no pueden hacerlo ahora. Tienen un par de asuntos delicados que manejar y lamentablemente, tendría que hacerle el amor más tarde.
—¿Sabes qué?— sus miradas se enlazaron —Lo llamé Satsuki. Sé que no pudo tener una larga vida con nosotros, pero era mi deber darle un nombre, una identidad propia.
—Creo que es hermoso— sonrió.
—Si quieres acepta el contrato, amas el béisbol y sé que mueres por jugar en grandes ligas de nuevo.
—Pero te amo más a ti y a Sarada.
—Yo estaré aquí esperándote, siempre— expresó con dulzura.
—Tengo que tomar una decisión pronto, la pre-temporada inicia el veinte de marzo. Primero tenía que hablarlo contigo, pero ahora no estoy seguro de nada. Mañana en la tarde mi padre vendrá con el abogado y un representante del equipo para seguir con las conversaciones, quieren hacerlo en un lugar más privado para que no haya curiosos revoloteando alrededor y se comiencen los rumores antes de tiempo.
—Consúltalo con la almohada esta noche— sugirió.
—¿Qué hay de consultarlo contigo?— insistió.
—Yo ya te di mi respuesta, no importa lo que decidas ahora, ni mañana. Mi decisión es final. Me quedaré en Japón, por mi hija, eso es todo. Lo único que honestamente no quiero que hagas, es no estar aquí el día de su cumpleaños. Ese día no me gusta estar sola.
—Pero irás al orfanato a llevar los donativos como lo hemos hecho los últimos dos años.
—Pero cuando tenga que regresar a casa, tendré que hacerlo sola y estar sola— refutó.
—Mañana veremos cómo lo resolveremos— enterró su rostro en el cuello de ella.
—Lo debes revolver tú solo, mi amor.
Trató de levantarse, pero él la sostuvo más fuerte. Al mirar sus ojos, se dio cuenta que Sasuke no deseaba quedarse solo en ese momento y tal vez, nunca. Él la necesitaba y ella a él. No les servía estar separados, no les servía estar en contiendas. Solamente el amor funcionaba para ellos. Ese amor bonito que nació en ellos desde que se vieron a sí mismos como eran en realidad. Sakura no quería que él se fuera, no quería dejarlo solo. Pero su marido tiene objetivos y ella quiere apoyarlo, a pesar de ello, no va a irse con él y tirar a la basura todo lo que ha luchado por recuperar a su preciosa nena, que desde donde quiera que esté, debe estar impaciente por volverlos a ver...
...
La señora Chiyo me ha obligado a mantenerme en cama desde que me enfermé con una cosa llamada varicela. La verdad es que la comezón que me da es muy incómoda y ella me vigila como un halcón para que no me rasque mucho.
—Chiyo-sama— llamé.
Ella dejó de prestarle atención al termómetro con el que midió mi temperatura y me observó.
—¿Qué quieres, Sarada-chan?
—Usted parece saber mucho de esto, ¿Ha cuidado a otros niños además de mí?— quise saber.
—Tienes un poco de calentura— dejó el termómetro en la mesa junto a mi cama —Hace muchos años yo servía en un orfanato, he cuidado muchos niños y aún recuerdo a la perfección cada sus nombres y sus rostros, sus historias y ese triste momento en que llegan a cierta edad en la que hay que dejarlos enfrentar el mundo solos.
—¿Hay una persona que recuerde más que todos?— sentí mucha curiosidad.
—Sí, un niño afligido que llegó a nosotros después de perder a sus padres a manos de un asesino— relató —Le costaba convivir con otros niños y no conseguía lograr que le gustara algo, hasta que un día lo encontré embelesado frente a un televisor viendo un partido de béisbol. Lo observé mucho rato y me sorprendió verlo tan interesado en algo por primera vez en su vida, así que tomé la decisión de enseñarle a jugar, a pesar de no saber hacerlo. Conseguí muchos libros referentes al tema y entrenaba con él todos los días por tres horas, a petición de él mismo. Pero cuando creció y se fue, me sentí muy triste y mi cuerpo comenzó a deteriorarse, hasta que me vi en la obligación de alejarme para cuidar de mi salud y compré este lugar que estaba en oferta. En el orfanato deben creer que ya estoy muerta.
—¿Por qué nunca regresó al orfanato?— interrogué.
Ella desvió la mirada al suelo y permaneció en silencio por mucho rato.
—Lo entenderás cuando crezcas— dijo al fin.
—Siempre dice lo mismo, pero yo ya soy grande y puedo entenderlo— debatí —Sobretodo cuando hablo de irme con mi mamá y mi papá— llevé una mano a mi collar.
—No es algo tan simple, pequeña— acarició mi cabeza —Aún no entiendes nada de la vida y de las difíciles decisiones que puede afrontar una persona adulta.
—Quiero entenderlo— me senté de golpe, mirándola con enojo —Jamás lo entenderé si no me lo explica, sé que podré comprenderlo, soy inteligente o eso siempre me dice usted.
—Hablaremos de esto en otro momento, cuando estés mejor de la fiebre— me obligó a recostarme de nuevo —Descansa, pequeña.
Me dedicó una cálida sonrisa y salió de la habitación. He llegado a creer que ella no quiere llevarme con mis padres y no sé por qué.
...
Desde hace una hora que salió de su refugio para buscar provisiones y regresar a su escondite. En casi ocho años ha conseguido burlar con frecuencia a la policía, ni siquiera haber escapado a otro país le ha impedido librarse de la carga que echó sobre sus ojos al robarse a la mocosa Uchiha y haber matado a la puta de Karin.
Constantemente ha cambiado de apariencia y de identidades para poder pasar desapercibido. Pero aún así, siempre evita ser visto en público, pues ha estado viviendo de ilegal en ese país por más de dos años.
Vagó por los pasillos del supermercado, metiendo todo lo que necesitaba en el carro de compras. Mientras metía todos los productos, pensó en que ya era tiempo de cambiar de apariencia de nuevo y metió unos cuantos tintes de cabello y lo que necesitaba para aplicarlos. Después de pagar todo lo necesario, coquetear con la cajera e invitarla a su departamento en la noche, emprendió su camino de vuelta al su refugio. Hace mucho que no ha tenido sexo y buscar compañía en la cama no le caería mal de vez en cuando.
Al llegar, se dio cuenta que había algo extraño en el ambiente. Subió las escaleras del edificio con rapidez, al llegar a su puerta, vio que había sido derribada y que lo poco que había en el interior estaba destrozado.
—Manos arriba— demandó una voz a sus espaldas.
—Maldita sea— masculló entre dientes.
Dejó caer las cosas que había comprado y comenzó a levantar las manos con lentitud. Tenía la opción de sacar el arma que tiene escondida en su cintura, pero eso implica que el policía accione el arma que tiene contra su cabeza y acabe con él al instante.
—Date el vuelta con cuidado y no intentes nada estúpido— ordenó el hombre.
Sin embargo, tenía un as bajo la manga y no dudó en usarlo. Sacó una navaja que había escondido en la manga de su sudadera y se la clavó en un ojo. El oficial disparó, pero él alcanzó a esquivar la bala, trató de refugiarse en su departamento, pero se encontró de frente con otro oficial, lo tenían rodeado, sin alternativa. Pero si iba a morir, se llevaría a unos cuantos con él.
—Si me voy al infierno, no lo haré solo— declaró antes de sacar su arma y pegarle un tiro en la frente al policía...
...
Siempre le ha gustado escuchar a Sasuke hablar otros idiomas. En su infancia, sus padres pagaron un instructor privado que le enseñó el inglés, francés y chino mandarín, pero también había aprendido un poco de español el año que estuvo en los Yankees por sus compañeros latinoamericanos.
Sakura estaba en su cocina preparando unos bocadillos mientras él estaba reunido con las personas que intentaban contratarlo, o más bien, llevárselo lejos de casa un tiempo.
Suspiró profundamente para espantar las lágrimas, tenía que ser fuerte. Él estaba cumpliendo sus sueños y ella no tenía derecho de arruinarlos, a pesar de no tener intenciones de acompañarlo.
Sacó su celular del bolsillo de su delantal cuando este comenzó a sonar, se trataba de Sai. Él solo llamaba cuando tenía malas noticias...
—Sí, diga— contestó temerosa.
—Encontraron a Sasori— informó el oficial.
En ese momento a Sakura se le olvidó respirar...
...
En apariencia, Sasuke ha estado prestando atención a los puntos a tratar en la reunión. Pero su mente, no ha dejado de considerar los sentimientos de la mujer que se movía de un lado a otro en la cocina. Claramente había puesto sus condiciones para aceptar el contrato, como la posibilidad de iniciar su participación en el equipo después del primero de abril, pero el representante del equipo se había negado rotundamente a ello. Le fue difícil ocultar su descontento y enojo.
—Tranquilo, lo resolveremos— le aseguró su padre en voz baja.
—Aún tengo mis dudas— contestó.
—Entiendo, no quieres dejarla sola y más con su lucha diaria por recuperar a mi nieta.
—¿Algo que quieran agregar?— interrogó el abogado.
Cuando les tocaba discutir un punto del contrato, ambos preferían hacerlo en su idioma para su comodidad, pues los otros dos hombres no hablaban japonés.
Antes de que el Uchiha pudiera abrir la boca, el celular de la pelirrosa llamó la atención de todos. Él supo que algo andaba mal cuando ella se sorprendió al ver el nombre que figuraba en la pantalla. Sakura comenzó a mostrarse temerosa, sus manos temblaban y entonces, dejó de respirar.
—¡Sakura!— se puso de pie de un salto y corrió hacia ella —¿Qué sucede?, ¿Quién es?
Pero ella era incapaz de articular palabra alguna, estaba demasiado anonadada como para pensar con claridad. Sasuke le arrebató el teléfono y entendió el porqué de su estado.
—Soy yo, dime qué está pasando— exigió.
—Encontraron a Sasori— respondió.
—¿Lo encontraron?— cuestionó ansioso —¿Y Sarada?, ¿Estaba Sarada con él?, ¿Ella está bien?
Fugaku se acercó a ellos al escuchar el nombre de la niña, deseaba saber qué estaba sucediendo y brindar su ayuda en lo que se puedan.
—Lo lamento, Sasuke, pero los informes que me pasaron no describen la presencia de otra persona con él y menos de una niña pequeña.
—Entiendo— un nudo se formó en su garganta —¿Dónde lo hallaron?, ¿podemos hablar con él?
Se aclaró garganta para controlar su voz, realmente se había hecho ilusiones con la idea de que Sarada estaba a manos de la policía y pronto podrían verla de nuevo, abrazarla, besarla, ser felices con su niña.
—En Corea del Sur— contestó —Sí pueden reunirse con él, el problema es que opuso resistencia y la policía se vio obligada a disparar.
—¿Lo mataron?— preguntó alarmado.
Su esposa se aferró de su brazo, mirándolo desesperada. Si él se muere, ya no sabrán dónde está su pequeña.
—Está en el hospital, los médicos están haciendo lo posible por mantenerlo con vida.
—Vamos para allá ahora mismo— notificó.
—Estoy haciendo los preparativos para volar hasta allá en un helicóptero, puedo mandar una patrulla por ustedes ahora mismo, ¿Dónde están?
—En casa, pero Kimimaro puede llevarnos. No queremos esperar ni un minuto más— dijo.
—Está bien, nos vemos— cortó la llamada.
—¿Encontraron al sujeto que secuestró a mi nieta?— interrogó Fugaku.
—Sí, pero ella no estaba con él. Así que viajaremos a Corea del Sur esperando que logre sobrevivir y poder hablar con él e intentar averiguar qué hizo con Sarada.
—Ojalá que mi bebé esté sana y salva— ella llevó una mano a su pecho.
—Esperemos.
La besó en la frente y se alejó de ella para poder explicarle a los hombres las circunstancias por las cuales tendría que posponer las negociaciones ese día. Fugaku sostuvo a la pelirrosa por los hombros y la ayudó a sentarse en una silla de la barra de la cocina.
Ambos observaron cómo Sasuke se disculpaba con ellos y estrechaba sus manos para después mandar su guardaespaldas a indicarles la salida, no tenía tiempo para acompañarlos personalmente, un asunto mucho más importante superaba todo sobre la cordialidad que su madre le enseñó en la infancia.
—¿Irás con nosotros o te vas a ir a tu casa?— interrogó a su padre.
Se quitó la corbata de un tirón y la lanzó junto a su saco en el sofá.
—Iré a buscar nuestros documentos personales y lo que tenemos reunido acerca del caso— la mujer los dejó solos.
—Quisiera, pero resultaré un estorbo para ustedes en este momento— respondió Fugaku.
—Te mantendré informado— aseguró.
—Todo estará bien, hijo— le palmeó el hombro.
Aunque Sasuke supo mantener sus emociones a raya, él se dio cuenta que la noticia lo afectó mucho y que incluso tuvo que mantener la compostura para no quebrarse delante de tantas personas.
—Gracias, papá— lo abrazó con fuerza.
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Al bajarse del helicóptero, los tres fueron escoltados al hospital. La buena noticia es que lograron que sobreviviera a duras penas, la mala es que iban a tener que esperar hasta el día siguiente para verlo. Primero porque ya acabaron las horas de las visitas y segundo, deben esperar que el infeliz despierte.
—No te preocupes, te mantendré informada de todo, mamá...
Sasuke mantenía una conversación telefónica con su madre desde hace casi una hora. Sakura se había instalado al borde del ventanal de la suite donde se hospedaron para pasar la noche y quizás unos días mientras consiguen hablar con esa escoria, disfrutando de la hermosa vista que le brinda la brillante noche de invierno de Seúl.
—...No sé si está bien, ha estado callada desde que salimos de la casa— bajó la voz para que la pelirrosa no lo escuchara.
—Intenta hablar con ella— incitó.
—No es como si estuviera evitando hacerlo, solo que he estado encargándome de todo y no he tenido tiempo de encargarme de mi esposa— bufó.
—Ahora es el momento— insistió.
—Lo sé— puso los ojos en blanco —¿Te digo un secreto?
—Cuéntame.
—Ya no quiero ir a jugar a Estados Unidos— confesó —Me di cuenta que lo único que quiero es estar con mi familia y traer a mi hija de vuelta a casa, al diablo con la fama y los millones. Desde que la conocí a ella me di cuenta que nada de eso importa.
—Entonces sé honesto con esas personas y rechaza el contrato, nadie va a juzgarte por eso. Estoy segura que Sakura no quiere que te vayas tan lejos, ni yo quiero que te vayas.
—Soy un pésimo marido y padre— suspiró derrotado —Estaba siendo egoísta al pedirle que se fuera conmigo a América, no estaba considerando sus sentimientos, estaba pensando en dejar a mi hija atrás...
—Estoy segura que ella no piensa lo mismo— trató de animarlo.
—Soy una porquería, mamá. No trates de defenderme— argumentó —Hablamos después, voy a tratar de hablar con ella.
—¡Lo que te hace ser un cobarde son esos pensamientos pesimistas!— vociferó enojada.
Observó su celular extrañado después de que la llamada se cortara, su madre había tenido un arranque de repente. Lanzó el aparato en un sofá y se acercó a ella con sigilo.
—Cariño...— su voz sonó ausente.
—¿Qué sucede?— comenzó a masajearle los hombros.
—¿Crees que él se hubiera tomado la molestia de quedarse con una niña pequeña a la que odiaba? Creí que hallarlo a él significaría hallar a mi Sarada, ahora me siento tan estúpida...
—También tuve la ilusión de que ella estaría con él, ambos fuimos unos ilusos— esbozó una amarga sonrisa.
—Yo aún tengo la esperanza de que ella no esté lejos y poder llevarla a casa— abrazó sus rodillas.
—Solamente espero que la realidad no sea tan cruel con nosotros— rodeó su cintura y puso su barbilla en su cabeza.
—Cariño— llamó de nuevo.
—Hmmm— masculló en respuesta.
—¿Podemos pedir servicio a la habitación?— volteó a mirarlo con un puchero marcado.
—¿Eh?
No esperaba esa actitud infantil de repente, definitivamente las mujeres se están volviendo locas y no le avisaron.
—Por supuesto que sí— accedió con rapidez, pues ella deja de comer en ese tipo de situaciones —Ordena lo que quieras.
—¡Sí!— chilló emocionada.
Lo besó con rapidez y se instaló al borde de la cama para poder usar el teléfono del hotel. Casi al instante se percató de que él tendría que resolverlo todo, el idioma diferente será un obstáculo para ella. Sí, Sasuke también habla coreano.
—Eres una médica brillante, pero te limitas a ti misma al no hablar otra lengua. Deberías aprender otro idioma— la regañó después de finalizar el pedido.
—Para eso estás tú— lo besó en la mejilla.
—¿Qué pasaría si llegas a perderte en un país extranjero?, ¿Cómo conseguirás ayuda si ni siquiera quieres aprender a hablar inglés?
—Eso no pasará, tú siempre estarás allí para salvarme— le restó importancia al asunto.
—Hmp— puso los ojos en blanco.
—Si las circunstancias fueran diferentes, me gustaría quedarme a vacacionar en este lugar— cambió el tema.
—Eso se puede arreglar— descansó su espalda en el colchón.
—No se puede, debemos volver a Japón para que tú puedas firmar tu contrato para jugar en la MLB— se apoyó sobre su codo y comenzó a acariciarle en el cabello.
—No voy a hacerlo— la observó con seriedad.
—¿Estás seguro de eso?— preguntó con tranquilidad.
—Bastante— se volteó hacia ella, la abrazó por la cintura y enterró su rostro en sus pechos —Son tan suaves— susurró.
—Estamos teniendo una conversación importante, cariño— regañó con dulzura —Además, la comida viene en camino.
—Hmp— resopló con fastidio, pero no se movió ni un centímetro —Cuando Sai llamó hoy, entendí porqué te negaste a ir conmigo a América. No quiero tener que esperar muchas horas para poder verla de nuevo cuando la encuentren...
—¿Tomaste la decisión por cuenta propia o fuiste alcanzado por mi deseo egoísta de no dejarte ir?— sintió una punzada de culpabilidad.
—Me di cuenta por mí mismo cuando lo único que deseaba era llegar aquí rápido para enfrentar a este infeliz, con la esperanza de que ella estuviera cerca y que regresara a nuestro hogar.
—Mañana podremos saber qué hizo con ella— aseguró, aunque en el fondo sabía que Sasori no diría nada con tal de regocijarse de su sufrimiento —Admito que no me gusta la idea de él cuidando de ella, quién sabe qué clase de porquerías le haría para vengarse de ti, cariño— se estremeció.
—Siento que me estás describiendo a esa niña que vimos en la morgue hace tres años— divagó.
—Siempre pienso en ella como un claro ejemplo de la crueldad de este mundo.
—Sarada también es un ejemplo de lo que es la crueldad de los hombres— señaló.
—Lo sé, pero nunca voy a pensar que ella va a sufrir lo mismo que esa niña— apretó los puños —Sarada está con vida, mi instinto de madre me lo dice a gritos.
—Y vamos a encontrarla pronto.
Se levantó a recibir la comida que habían ordenado, Sakura observó su silueta en todo momento. De no ser por ese hombre, ella probablemente aún estuviera en casa de su padre, comiendo en su restaurante favorito cada noche, yendo a todos los juegos de béisbol, aceptando citas a ciegas que Ino planee para ella porque ya está cansada de su soltería y creencia que ningún hombre es merecedor de una fea marimacho como ella.
Pero no, ella se había convertido en una mujer virtuosa, esposa, madre, llena de logros en su vida profesional y personal. Aprendió a quererse, que es hermosa y a vestir apropiadamente. Y lo único que deseaba ahora es tener a su hija de regreso y mostrarle que la vida solamente se hace complicada cuando no se sabe cómo afrontarla.
...
Sasuke observaba a Sasori desde el rincón de la habitación que le asignaron en el hospital mientras este iba recobrando la conciencia poco a poco. Sai se había encargado de que le dieran acceso al Uchiha para que pudiera indagar acerca del paradero de la niña. Le ordenó a la pelirrosa que se mantuviera afuera, no quería que ella tuviera contacto directo con Sasori, pues él podría lidiar con las atrocidades que diga el ahora castaño, su esposa no.
—Creíste que ibas a evadir la justicia toda tu vida— pronunció con frialdad.
Sasori buscó la dirección de la voz y sonrió levemente al cruzarse con la mirada negra del Uchiha.
—Oh, viniste a saludar a un viejo amigo— dijo conmovido.
—Déjate las estupideces— se paró junto a la camilla —Vine a que me digas qué hiciste con mi hija.
—¿Tu hija?— se hizo el desentendido —¿Cabello negro e increíblemente irritante? Pues lo único que recuerdo de ella fue que la tiré desde un helicóptero porque no dejaba de llorar, pero tú lo viste, tú estaba allí mirando como un imbécil.
—¡No tengo tiempo para estupideces!, ¡¿Dónde está?!— lo levantó por el cuello de la bata de hospital —¡¿Qué mierda hiciste con ella?!
—Y-ya te lo dije... l-a maté— a pesar de su dificultad para respirar, no borraba su sonrisa burlona.
—¡Maldito hijo de perra!— lo soltó con brusquedad.
Sasori comenzó a toser y a retorcerse por el dolor, pero luego comenzó a reír como un psicótico. No importa si está al borde de la muerte, jamás les va a decir qué hizo con esa mocosa, él merece sufrir por haberle robado lo que más amaba.
—Cuando llegue al infierno, le diré a tu hija que su papi no ha dejado de buscarla...
Sasuke contuvo las ganas de ahorcarlo hasta matarlo. Lo único que esperaba es que ese sujeto tuviera la decencia de devolverle a su pequeña, solamente eso. Se alarmó al darse cuenta que el aparato que marcaba sus signos vitales comenzó a sonar diferente, notó de inmediato que él tenía dificultad para respirar y salió en busca de ayuda médica.
—¡Cariño!— Sakura llegó hasta él después que lo sacaron a empujones de la habitación —¿Qué pasó?
—¡De nuevo no pude hacer nada!— clamó con impotencia.
—No te preocupes, lo resolveremos por nuestra propia cuenta. La recuperaremos— aseguró.
La abrazó con fuerza, ella siempre sabe que decir para hacerle sentir que no es un fracaso como esposo y como padre. Por supuesto que la encontrarían, no dejarán de luchar por ella hasta su último aliento.
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Tres años después.
Chiyo salió de casa con la excusa de que no se sentía bien de salud y deseaba hablar con el médico, pero la verdad es que iba a buscar el obsequio que le había mandado a hacer a la pelinegra, pues al día siguiente cumple once años.
Cuidar de ella no ha sido sencillo, sobretodo con las interminables preguntas de la niña. A pesar de que ya está más grande y su capacidad analítica es mejor que la de una persona de su edad, aún se las arregla para evadirla cuando quiere que la ayude a buscar a sus padres. La verdad es que nunca va a admitirlo en voz alta, pero ella no quiere dejarla ir para no tener ese mismo vacío que sintió cuando Kaoru partió para nunca más regresar.
Guardó el estuche de las gafas que mandó a hacerle en su bolsa y después de conversar un rato con su amigo, decidió volver a casa.
—¿Chiyo-sama?— una voz dudosa habló a sus espaldas —¿Realmente es usted?
—¡Nonou-chan!— exclamó emocionada —Hace tanto que no te veía.
—Chiyo-sama— sollozó —Creíamos que había fallecido, me alegra tanto saber que esté con vida...
—No vale la pena ponerse a llorar por una vieja decrépita— sonrió levemente y comenzó a acariciar su cabeza.
—Sí— aceptó riendo.
—¿Cómo está todo?, ¿Qué ha sido de los niños que estaban cuando me fui?
—La mayoría partió cuando les tocó irse, solo unos pocos fueron adoptados por buenas familias y algunos se quedaron conmigo para ayudarme con los pequeños, incluso Kabuto-kun— relató —Algunos han logrado grandes cosas, otros no tanto...
—¿Y Kaoru?— preguntó esperanzada.
—Kaoru-kun, él...— invitó a la anciana a tomar asiento y luego sujetó sus manos —No sé cómo decirle esto.
—¿Qué?, ¿qué pasó?— interrogó angustiada.
—Hizo algo terrible— declaró la rubia —Y murió a causa de eso hace tres años.
—¿Q-qué?— tartamudeó atónita —Explícame, por favor.
—Después de dejar el orfanato, Kaoru cambió su nombre a Sasori, su cabello se volvió rojo y logró cumplir su sueño de ser beisbolista profesional. Le iba bien, pero tenía la mala costumbre de quitar del camino a las personas que tuvieran el talento suficiente para desplazarlo. Fue entonces cuando se propuso a destruir la vida de un muchacho que logró superarlo, su nombre es Sasuke— hizo una pausa —Kaoru-kun decidió que él iba a arrebatarle lo que más amaba, así como Sasuke-san supuestamente le quitó lo suyo. Trató de matar a su esposa en dos ocasiones, en últimas instancias decidió desquitar su enojo con la persona más indefensa de la familia, la hija recién nacida de Sasuke-san y Sakura-san. La robó del hospital el día que nació y mató a su cómplice para evitar que ella lo delatara porque la mujer se arrepintió al último momento.
—¡No puede ser!— exclamó horrorizada.
—Ocho años después de lo sucedido, la policía lo encontró en Corea del sur e intentaron arrestarlo, pero mató a un par de oficiales en el proceso y los oficiales tuvieron que dispararle. Murió al día siguiente en el hospital, después de negarle la ubicación de su hija a Sasuke-san. Ellos están desesperados, han pasado casi once años y no han podido hallarla— suspiró derrotada —Ellos van al orfanato cada año, el día del cumpleaños de su hija, a llevar donaciones. Mañana ella cumple once años, seguramente irán a visitarnos, si quiere puede ir a conocerlos. Son buenas personas.
—¿Sabes el nombre de la niña?, ¿Cómo se llama ella?— cuestionó ansiosa.
Si sus suposiciones son ciertas, ella ha estado siendo cómplice de Kaoru sin saberlo. Y lo peor es que ella pudo haberlo corregido hace años, pero nunca tuvo el valor de dejarla ir...
—Por supuesto, se llama Sarada— declaró.
—Ya tengo que irme— se levantó con rapidez.
—Pero...— a ella le extrañó la actitud de la anciana.
—Mañana iré al orfanato, quiero conocer a las personas a las que Kaoru les ha causado tanto daño— entonces caminó hasta la salida.
Una vez dentro de su vehículo, rompió a llorar. Esa pobre criatura había sufrido tanto por su culpa, y no solo ella, sus padres también. Ellos la amaban y seguían luchando por ella a pesar de los años. La decisión estaba tomada, mañana lograría reunir a Sarada con sus padres y lo hará como último acto de buena fe para esa pequeña familia rota por culpa de las circunstancias, o más bien por ella y su querido Kaoru.
Al llegar a la casa, no tuvo que deducir mucho sobre la ubicación de la niña. Ella siempre estaba en la biblioteca devorando las mismas historias una y otra vez.
—Chiyo-sama— alzó la mirada —¿Ya se siente mejor?, ¿Qué le dijo el médico?
—No es nada, solamente son achaques de vieja— le restó importancia al asunto —Casualmente me encontré con una vieja amiga del orfanato donde trabajaba antes y me invitó a que fuera a recibir una donaciones que llegan mañana, iremos allá a ayudarla en lo que podamos.
—Pero usted nunca me ha dejado salir de aquí, ¿Por qué ahora?— interrogó con cautela.
—¿No te gustaría convivir con otras personas además de esta vieja apestosa?— trató de darle ánimos.
—Pues me agrada la idea de un cumpleaños diferente— divagó —Está bien, iré con usted a ese lugar mañana.
—No olvides ponerte tu mejor ropa, mañana es un día especial— sonrió enormemente.
—Sí, sí— puso los ojos en blanco y decidió retomar su lectura.
Si tan solo supiera lo que le espera al día siguiente, no estaría tan interesada en esa lectura sin sentido.
Hasta aquí el capítulo de hoy.
Awwwwww mis bebés se van a reencontrar el capítulo siguiente. Fue un capítulo lleno de emociones fuertes, pero pronto todos serán felices. MLB significa Major League Baseball. La rama de la medicina que Sakura quería estudiar se llama de muchas formas, pero esa fue la más común que encontré en Internet. Yo no sabía que existía xD. Chiyo finalmente se dio cuenta que retener a Sarada fue un error y está dispuesta a reparar lo que hizo, once años después, pero bueno.
Feliz navidad y un próspero año nuevo 2020, espero poder seguir contando con su apoyo el siguiente año y estar aquí para ustedes. Los quiero mucho.
Espero que se tomen la molestia de dejarme su opinión por medio de un review.
Nos leemos en el próximo capítulo, hasta la próxima.
EAUchiha.
