_ ¿Tomás?, ¿no eres tú uno de los ángeles de Artemisa? – contestó el herido Kiarad.
_ Vaya, ¿qué hace uno de aquellos que deseaba destruir a la humanidad peleando por la protectora de la tierra? – comentó sugerente Pirito.
_ Así es, solía creer que los humanos no eran más que seres insignificantes, avergonzándome de ser uno de ellos. Pero… - se sorprendió ante la palabra adversativa el caballero de Aries. – No pienso más de esa manera. Ellos pueden odiar, destruir, traicionar, golpear, asesinar; pero así mismo, aman, luchan por sus sueños, tratan de mejorar, ayudan y lo principal: creen en un mejor mañana. ¡Por eso, he decidido pelear a favor de Atenea!
_ Pero Atenea no es más que una Diosa egoísta, cuyo historial del pasado sólo denota la crudeza de su alma, ¿cómo pueden apostar por ella?
_ ¡Todos hemos cometido errores en el pasado! Pero de eso consta la vida… Y ella es una persona honorable, no permito que la llames así. – respondió Tomás.
_ Eras la mano derecha de la Diosa de la Luna, una de las responsables de esta guerra, indirectamente. – habló Alec. – Y ahora osas pelear contra nosotros, ¡no somos tus enemigos!
_ ¡He cambiado de bando!
_ ¡No nos dejas otra alternativa!
_ ¡MAZA VESÁNICA! – el ángel se movió a mucha velocidad.
_ ¡Tomás, si uno de esos ataques te impacta será tu fin! – Gritó angustiado Kiki.
A las espaldas del pelinaranjo iba a caer un cuchillazo de Alec.
_ ¡MURO DE CRISTAL!
_ Gracias, caballero de Aries. – ambos se pusieron espalda con espalda.
_ ¡ESTOCADA DEL DIOS! – gritó el joven de cabellera negra, pero su mandoble fue detenido en la axila de Tomás. - ¿¡Cómo!? – dijo sorprendido antes de recibir una patada en el estómago por parte de Ícaro. - ¡FILO DE FUEGO! – logró atacar mientras se iba volando lejos.
_ ¡Ah! – gritó Kiki que se puso delante de Tomás.
_ ¿¡Por qué has recibido ese ataque directamente, idiota!?
_ ¿Así le hablas a quien te salva la vida? – rio adolorido.
_ Eres un niño. – lo miró serio.
_ Te equivocas. – lo corrigió Pirito. – Aquel que tiene alma de hombre, no debe ser subestimado. Lástima que se irán a la tumba ambos. Atáquenme con todo su poder, yo sólo usaré la maza divina creada por las manos de nuestro Dios Hefesto.
_ ¿¡Por qué tanto esfuerzo por él!?
_ No lo entenderías… Sólo la bondad de su alma puede ser comparada con su poder.
*Flashback*
Un niño hacía lo posible haciendo trabajos físicos como limpiar, lustrar zapatos, vender dulces; pero al final del día miraba tristemente las pocas monedas que llegaban a sus bolsillos.
Desesperado, empezó a robar algunas frutas de los mercados, recibiendo patadas muchas veces de los vendedores al ser atrapado. Mas estando herido, iba arrastrándose hacia su casa para encontrarse la razón de sus esfuerzos.
_ Miren pequeños. – muchos perritos lo recibían moviéndole la cola. – Les he comprado comida. ¿Nuevamente te enfermaste, Clara? – sonrió a la perrita. – Trataré de conseguirte las medicinas.
Un día nuevamente de estar robando, trabajando y haciendo hasta lo imposible por conseguir dinero; escucha unos gritos de los perros, gemidos de dolor.
_ ¡NO! – corrió lo más rápido que pudo.
_ ¡Así que por esto robas, esto escondes! – eran los vendedores.
_ ¡Por favor, golpéenme a mí pero esos animales no han hecho nada!
_ Muy tarde, hemos matado a diez, sólo quedan estos cinco. ¿Cómo prefieres que los acabemos? – agarró del cuello a Clara.
_ ¡Se los suplico! – gritó.
_ ¡Estás acabado, tú y estas bestias!
_ Escuché la voz de un niño… - un niño de piel trigueña se apoyaba en la puerta. – Además de unos pobres animales sufriendo. – sus ojos se incendiaban como el fuego.
Atrás de él, había un niño de rasgos árabes. También con una mirada amenazante.
_ ¿¡Quién eres tú!?
_ ¿Les parece bien abusar de inocentes por su fuerza?
El hombre tiró a la perrita al piso como si fuera basura.
_ ¡Clara! – el niño corrió a sujetarla.
_ ¿¡Piensas que puedes contra todos nosotros, alfeñique!?
_ Les recomiendo se vayan, no me gusta ensuciarme las manos de seres asquerosos como ustedes.
_ ¿¡QUÉ HAS DICHO!? – se lanzó uno que era granjero con una hoz a cortarle la cabeza.
_ ¡Cuidado! – gritó Pirito.
Pero antes que impactara con su cuello lo detuvo con una maza, corta, filuda y poderosa.
_ ¡Ahora verás! – el otro se lanzó pero Hefesto logró esquivarlo y rasgarle toda la cara con su arma.
El hombre gimió de dolor.
_ Esa marca te recordará la clase de basura que eres y te quemará todos los días de tu vida hasta que cambies.
_ ¡Vámonos! – corrieron los hombres.
Una vez solos ambos niños, el salvador de ojos ardientes como el fuego se acercó a Pirito, tratando de consolarlo y ver en qué podía ayudar._ ¿Estás bien? – los perritos lo estaban lamiendo.
_ Mataron a aquello que yo más amaba…
El Herrero divino agarró las cabezas de los animalitos, haciendo que sus almas apareciesen.
_ ¿Qué? – los espíritus le ladraban.
_ Dicen que te aman y han de extrañarte. No te sientas culpable.
_ En cuanto los demás, creo que podemos encontrarles un buen hogar, pero tú debes seguir otro rumbo de vida, eres un niño. – acarició su cabeza.
_ ¿Por qué hace esto?, ¿por qué es tan amable?
_ ¿Quieres venir conmigo? Te prometo que te haré fuerte. – sus ojos brillaban. – Para poder proteger a los que amas.
En ese momento comprendí que aquel niño no me dejaría solo, por más que el invierno sea largo, por más que mis manos se manchasen de sangre. Estaría para mí y me guiaría a lo que es la verdadera fuerza.
*fin flashback*
_ Un verdadero Dios, que merece devoción. Con un alma pura y buena, ¡fue a enredarse con la malvada de Atenea!
Los herreros que quedaban, corrían rápidamente por las escaleras, esperando llegar a la siguiente casa.
Mientras tanto, en la cámara del patriarca se encontraban Saori y su caballero de plata. La Diosa no poseía brillo en sus ojos, inconscientemente algo dentro de ella se perdía, como si fuese poseída._ ¿Princesa Saori?
_ Ah perdón, Hugo. Me distraje por un momento.
_ Está bien, con su cabellera hemos logrado crear un brebaje curativo poderosísimo. Podría salvar la vida de miles de personas.
_ Por favor, ¿me permites ver el futuro en tu armadura?
_ Como usted desee. – dijo extrañado, pues fue ignorado.
El caballero de plata se despojó de su armadura e hizo una reverencia.
_ Si me permite, llevaré las medicinas a los caballeros heridos.
_ Hugo, sólo poseemos dos caballeros curativos; el de copa y el de cruz del sur. Galena se encargará de curar de Aries para arriba, mientras que tú ayudarás de piscis para abajo.
_ Pero, ¿por qué en ese orden? Disponiendo de esta ayuda a los lados inferiores.
_ Conozco a mi esposo, posiblemente reserve las peleas más sangrientas para mis caballeros más poderosos. No piensa asesinar nada más ni a nada menos que… - se agarró la cara angustiada.
_ Seiya. – completó Hugo impactado.
Al frente de la casa de los gemelos, se encontraban Seyit, cuyos rasgos eran de cabello color camello y ojos verdes pastel; Dasan de pelo rojo y ojos verde intenso y Evan de cabellera marrón y ojos marrones de la misma manera.
_ ¡Aquí para su ambición, Dios Hefesto! – declaró Seyit de Lagarto.
_ ¡Nuestra Diosa Atenea nunca perderá contra usted! – dijo desafiante Dasan de Ave del Paraíso.
_ ¡La justicia prevalecerá! – impuso Evan de Can Menor.
_ Qué curioso. – respondió riéndose Aquiles. – ¿Un reptil, un pájaro y un perro pretenden detenernos?
_ Aquiles, no es apropiado insultar el ego de un caballero.
_ ¿¡Me ha llamado perro!?- se paró ofendido Evan. – Ahora verás…
_ Espera. – lo detuvo Seyit. – Debes tener cuidado con los herreros del fuego, sus habilidades son diferentes a las de cualquier otro ejército.
_ ¡Por favor, esta batalla no debe ser sangrienta! – impuso Hefesto. – Sólo requiero llevarme a mi esposa.
_ ¡No pensamos entregar a nuestra lidereza! – gritó Dasan apasionadamente. – Es ella nuestra guía en este mundo de desgracia.
_ ¡Qué testarudos son los caballeros de Atenea! – bufó Helena.
_ "Si dejo algún caballero en estas escaleras también, me quedaré sin armada para más adelante. Definitivamente Atenea planeó bien su estrategia." Bien, no me dejan más remedio. – sonrió el Dios de bellos ojos ardientes.
Lanzó un poder hacia el piso y brotó mucho fuego alrededor, el humo comenzó a hacer difusa la visión de todos, el horizonte se volvió gris y los caballeros empezaron a asfixiarse.
_ ¡ALAS ABISMALES! – Una energía recta votó unas ráfagas de energía tan rápidas que cortaron el aire. Dasan esparció el fuego con mucho empeño.
_ Cof, cof. – tosió Seyit. - ¿¡Dónde rayos están!?
_ ¡Escaparon! – gritó Dasan.
_ ¿Y Evan?
_ Hemos llegado a la puerta de la casa de Géminis. – habló un poco cansado Helén.
_ ¿¡Qué rayos!? – gritó Aquiles. - ¡Perro!
Evan se había agarrado de la pierna del caballero de Sarisa, y lo había mordido de paso. Este escupió por el mal sabor de la tela (malla).
_ ¡No van a escaparse! – reclamó.
_ ¿¡NO TENDRÁS RABIA, VERDAD!?
_ RRRR – gruñó Evan.
_ Es sólo un niño Aquiles, no te pongas de su nivel. – suspiró Helén.
_ ¡No subestimen el apasionado espíritu de un caballero! – apareció imponente Kanon. – Aunque sea este idiota.
_ ¡Kanon! – gritó emocionado.
_ No creerás que puedes vencernos.
_ El Kanabo es un báculo con púas, o aplicaciones metálicas para herir gravemente al oponente; en la antigua Japón se usaba en el arte del kanabōjutsu; y requería de extrema fuerza para usarlo. Destruía parte a parte de las armaduras de los adversarios; y esta, construida por el mismo Dios que forjó aquello que visten ahora; va a romper todos sus huesos.
_ Muy osado de tu parte, herrero. Hablarnos de tus habilidades muy confiado.
_ Son sólo caballeros de plata, ni siquiera llegan a la velocidad de la luz. – él saltó por detrás y empujó a Diane.
_ No me gusta golpear mujeres, por más que sean guerreras.
_ Uh. – hizo un ruido de esfuerzo Tessalia. – A ver si puedes mover tu maza sostenido como un títere.
_ Púas. – dijo calmadamente mientras rayos salían de su armadura como espinas saltando, estas rompieron los cabellos de Berenice.
_ ¿¡Qué!? – se sorprendió Tessalia.
_ Yo soy diferente a los herreros del fuego, mi poder es más violento, puesto a que mi arma solo causa una muerte dolorosa y lenta.
_ ¡IMPACTO ANCESTRAL! – gritó Judá.
Atrás de él apareció una gran energía ilustrando la imagen de una ballena, el sonido de su cercanía al océano y finalmente cuando dio un giro en el aire se oyó como impactaba con fuerza al agua.
_ Púas…
_ Ah…
_ ¡Judá! – su armadura tenía aberturas y estaba sangrando.
_ ¡Vas a pagar esto! ¡CICLO LUNAR!
Los ojos de Diane brillaron y empezó a moverse con demasiada rapidez, tanta que era imposible ver dónde estaba exactamente; de varios lados para otro; unas garras crecieron de sus manos y arañó el pecho de Cerción. Él comenzó a sentir el dolor, con el kanabo la golpeó y ella se chocó con la pared perdiendo el conocimiento.
_ Su terquedad va a matarlos, solo ríndanse.
_ ¡Jamás! Preferimos morir con honor que vivir como cobardes. – gritó Judá.
_ Muy valiente, caballero de la ballena.
_ ¡HILO CRÍTICO! – los cabellos de Berenice lo agarraron del cuello, ahorcándolo.
_ Púas.
_ No se puede romper, no con tus púas. El poder plateado del alma de Berenice es indestructible. – lo miró con odio. – Sólo se detendrá hasta partir tu cuello.
_ ¡IMPACTO ANCESTRAL! – Las olas nuevamente lo golpearon.
_ Tengo que admitir que me han herido, ni siquiera esperaba que llegaran a tocarme un pelo. – rio.
_ ¡KANABOJUTSU! – la armadura de Cerción evolucionó, adquiriendo tachuelas metálicas tal cual erizo. - ¡Ohhhhh… LIQUIDACIÓN DEMONIACA! – se movió tan rápido que jaló a Tessalia junto a sus hilos y pateó lejos a Judá.
La liquidación demoniaca era el arte marcial del maso a la velocidad de la luz, arma imponente que la defensa de plata no pudo protegerse.
_ Realmente, admiro su fortaleza caballeros de Atenea. No voy a matarlos, pero seguiré mi rumbo.
Caminó tranquilo ante los desmayados jóvenes heridos, para ir rumbo a la casa de géminis. Pero no se percató de que su cuello estaba sangrando al igual que partes de su cuerpos.
