CAPITULO 24
Aunque era medianoche. Sakura seguía completamente despierta. Se dio vuelta y se metió más profundamente debajo de las pieles. Había un hogar pequeño en la habitación, pero no se había molestado en encenderlo. Ahora deseaba haberlo hecho. Era curioso, pero no recordaba haber sentido frío en su hogar. Sin embargo, también allí había conocido crudos inviernos.
El hogar... tan lejano.
Nadie quedaba allí para formar un hogar para ella.
Echaba de menos terriblemente a su padre. Si él estuviese vivo, removería cielo y tierra para encontrarla. Un pensamiento reconfortante, pero no realista.
Echaba de menos a Tsunade, también, que estaba tan cerca, pero inalcanzable. Y Dios santo, hasta echaba de menos a su hermanastra.
Si estos pensamientos de autocompasión no cesan pronto, me echaré a llorar, se reprochó Sakura.
Un momento más tarde oyó crujir la escalera bajo un gran peso y Sasuke gritó su nombre desde el pasillo.
— ¡Sakura!
— Por todos los santos, vikingo, ¿queréis despertar a toda la casa? — dijo Sakura para sí misma mientras iba a abrir la puerta. Lo llamó en un suave susurro— Aquí estoy. Sin duda, habéis despertado a vuestra madre con vuestros gritos — añadió y fue a pararse frente a él— . ¿No pensasteis en eso?
— Esa buena mujer está acostumbrada a que la despierten durante un festín — respondió Sasuke en voz tan alta que Sakura hizo una mueca.
— Por su marido sí, pero no por un hijo borracho — le reprochó ella quedamente— ¿Qué queréis ahora?
— No estoy borracho, mujer — dijo él con voz serena y sus hoyuelos se acentuaron cuando sonrió— . Para responder a vuestra pregunta, os quiero a vos — añadió. Soltó una carcajada, la aferró de la cintura, la levantó del suelo y se la llevó a su habitación. Una vez allí, la soltó.
Ella retrocedió hacia el diván mientras él cerraba la puerta. Cuando se volvió, él la miró sonriendo, pero no se le acercó.
— ¿Queréis beber un poco de vino conmigo? — preguntó con amabilidad.
Sakura vaciló, intrigada por la actitud de él. Era la primera vez que le ofrecía vino. Recordó que una vez le había dicho que a los esclavos no se les permitía beber.
— Si, beberé con vos.
Se acurrucó contra el brazo del diván mientras él llenaba dos cálices con un pellejo de vino. Una sola vela ardía en la habitación y daba una luz débil y vacilante, pero Sakura podía ver a Sasuke con claridad. No parecía bebido como sospechó al principio. Había cambiado las ropas que llevaba más temprano por unos pantalones de color verde oscuro con botas de cuero blando orladas de piel blanca. Su túnica corta era de seda blanca con adornos de hilo verde en el ruedo y en las mangas largas. En su pecho colgaba un medallón de oro con una única esmeralda en el centro, en vez del medallón de plata grabada que usaba habitualmente. Estaba terriblemente guapo esta noche y a Sakura le costó apartar los ojos.
Sasuke le trajo un cáliz. Ella tomó sólo un pequeño sorbo del líquido agridulce, saboreó el aroma y dejó el vaso en su regazo mientras él iba a encender un fuego en el hogar. Había olvidado el frío que hacía, había olvidado todo excepto la presencia de Sasuke.
El fuego quedó encendido y añadió más luz a la habitación. Sasuke tomó su cáliz y se unió a Sakura en el diván. Se apoyó en la pared, levantó una pierna en la que apoyó su brazo y bebió un largo sorbo de vino.
Sakura estaba tan nerviosa esperando que Sasuke hiciera algún movimiento que le hubieran temblado las manos si no estuviera sosteniendo con tanta fuerza el cáliz sobre su regazo.
— ¿El vino no es de vuestro agrado?
Ella se sobresaltó cuando él habló y lo miró con expresión culpable.
— No... quiero decir, es excelente.
Él le sonrió con aire de conocedor.
— Si tenéis pensado demorarme con la excusa de que no habéis terminado vuestro vino, no dará resultado. Sin embargo, no tengo prisa, mujer, así que relajaos y bebed vuestro vino. Podréis tomar más cuando hayáis terminado.
Sakura siguió el consejo y bebió el líquido embriagador, esperando que le calmara los nervios. Pero no pudo relajarse, aunque el vino le entibió la sangre.
Por fin se recostó hacia atrás y empezó a sentir los efectos de la bebida.
— Si vos murierais, Sasuke, ¿qué sería de mí? — El la miró divertido.
— ¿Estáis planeando un juego sucio?
— No, lucharé limpiamente. ¿Pero si no regresarais de uno de vuestros viajes de caza?
Sasuke suspiró y miró con aire pensativo el cáliz que tenía en la mano.
— Como no tengo bastardos ni esposa, todo lo que poseo pasará a ser propiedad de mi padre. Eso debería complaceros, Sakura — añadió con amargura.
Sakura entendió lo que quiso decir, pero no podía dejar que se diera cuenta.
— ¿Por qué eso tendría que complacerme? Odio a vuestro padre más que a vos.
— ¿Seguiríais odiándolo si él os diera la libertad? Ese es su deseo — dijo Sasuke, fastidiado— . El ahora lamenta haberos dado a mí.
Sakura terminó su vino y miró a Sasuke con expresión seria.
— Entonces, devolvedme o vendedme a él.
Sasuke tomó un rizo de los cabellos que caían sobre el hombro de ella y lo enroscó lentamente en su dedo.
— ¿Y qué haríais vos por mí, Sakura, si yo accediese?
Ella lo miró sorprendida.
¿Qué precio tenía la libertad?
— Cualquier cosa — dijo.
— ¿Me haríais el amor? —
Ella no vaciló.
— Sí. Hasta eso haría.
Sasuke dejó su vino, la alzó sobre su regazo y le sostuvo la espalda con el brazo. Le sonrió y sepultó su cabeza en el hueco del cuello de ella. Sus labios fueron como una marca de fuego y Sakura gimió suavemente hasta que él la besó en la boca en una forma que exigía más que una mera respuesta.
Sakura dejó caer al suelo el cáliz vacío, tomó la cabeza de Sasuke y lo estrechó contra ella. Sintióse perdidamente atraída por él. No supo si era por la libertad o por ella misma y no le importó. Lo deseaba a él.
Sakura protestó cuando Sasuke se movió y se puso de pie, pero sonrió cuando vio que empezaba a quitarse la ropa. Se estiró lánguidamente, satisfecha, antes de levantarse para hacer lo mismo.
Cuando se puso de pie, se tambaleó mareada y rió.
— Demasiado de vuestro precioso vino, creo.
Sasuke no dijo nada, pero le sonrió y la ayudó a desnudarse, después la levantó en brazos y la llevó a la cama. Allí la depositó con suavidad y se tendió a su lado. En seguida, ella sintió las manos de él, sorprendentemente suaves, pese a ser tan fuertes, que la acariciaban íntimamente con dedos que le hacían cosas extrañas y maravillosas.
— Podéis ser tan dulce como la miel cuando lo deseáis — dijo Sasuke con voz ronca, besándola en la boca con labios ardientes.
— Como vos — murmuró ella y le pasó los dedos por el pelo negro.
— Mi beldad celta — murmuró él pasándole una mano sobre el vientre.
Empezó a acariciarle los pechos con los labios. Las sensaciones que la atravesaron la hicieron sentirse débil, pero lo mismo trató de resistirse, aunque sin muchas energías. Cuando ella levantó las rodillas él se las sostuvo con una pierna.
Cuando sus uñas se clavaron en los hombros de él, Sasuke soportó el dolor y en vez de sujetarle las manos, las besó con un beso apasionado y salvaje que pareció privarla de los últimos restos de voluntad y borrar de su mente todo lo demás.
Lo único que importaba era Sasuke, su beso, sus manos que la acariciaban con ansiedad, su cuerpo apretado contra ella, ahora encima de ella, su miembro caliente y palpitante buscando la entrada, encontrándola por fin, y después ese primer exquisito impulso que llevó a Sakura al éxtasis.
Una y otra vez ella pronunció su nombre mientras él se movía en su interior y la estrechaba como si quisiera soldar su cuerpo para siempre con el de ella. Sakura lo besó en el cuello, en las mejillas, en los labios, con salvaje abandono. Después todas sus sensaciones se acumularon en su parte inferior, cerrándose alrededor del sexo hinchado de él con el profundo impulso final.
Un momento más tarde, Sakura sintió un delicioso palpitar en su interior. Habiendo alcanzado las cimas del placer, Sakura sucumbió inmediatamente a los efectos del vino y del amor. Se durmió y ni siquiera se movió cuando Sasuke se apartó de ella para buscar algo con qué taparse. Después, él se acostó a su lado, boca abajo, se incorporó apoyándose en los codos y la contempló largo rato con una expresión desusadamente tierna. Por fin pasó sobre ella un brazo posesivo y se quedó dormido.
