Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Invierno: Ume

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Ume.

También conocida como albaricoque japonés o durazno chino, es una flor de colores blanco, rojos y rosados, florece únicamente en invierno.

Es el presagio de la primavera.

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—Debes de hacer que el movimiento sea desde el codo —susurra Viktor contra el oído de su hijo mientras lo sostiene de la mano mostrándole el movimiento, la otra mano la tiene sobre su propia pierna que mantiene flexionada para estar a su misma altura.

La diana con el centro rojo en el medio está a unos metros de distancia de ellos. Hay tres dianas listos, dos de ellas a la altura de los niños y la tercera un poco más arriba, cuelga del segundo piso de la propiedad y está perfilada a la caída que se podía efectuar desde el árbol. A Ren le comen las ganas para aprender a descender en caída libre desde las ramas de los árboles, Umi es un poco más ansioso y no quiere hacerlo pero sabe que tendrá que aprender en algún momento.

Ren es el mayor de los dos gemelos, sus ojos son grises con una tonalidad clara que a la luz del día se ven azules, y su cabello es oscuro, su piel es pálida como la nieve, tiene las piernas curtidas de costras porque le fascina trepar a los árboles, arrastrarse debajo del cobertizo y andar por el bosque aunque eso último lo hace solo cuando su padre u Otabek-sensei lo acompañan, un día va a ir a grandes misiones y será un excelente ninja. Su prioridad es cuidar a su hermano y sostener su mano en todo momento.

Umi es el menor de los dos gemelos, es idéntico a Ren sin embargo sus ojos son un poco más azules que grises. A él le va bien hacer ejercicio, le gustan más los combates cuerpo a cuerpo, le emociona pensar que un día le pueda ganar a Viktor y es aplicado para aprenderse los movimientos que cada tanto su padre les enseña, sin embargo le da más por la ansiedad cuando debe sostener un arma, o cuando Viktor de buena fe le dice: Muéstrame tu kekkei genkai, porque lo pone de los nervios el sentir todo su cuerpo frío, le asusta mucho eso que sus manos producen y como sin querer puede helar una habitación con solo enojarse, o ponerse triste, o muy alegre. Sin embargo Ren parece siempre estar ahí sosteniendo su mano firmemente. Admira mucho a Ren y lo quiere también un montón.

El menor de ambos suspira cuando su padre se aleja para ver como lo hace y tira la kunai, no da en el centro, pero por fin, después de casi diez intentos logra acertar. Y suspira feliz, Viktor le acaricia el cabello orgulloso de su hijo. Ren los observa desde el pasillo que rodea el patio central de la casa donde viven, él tendrá su turno para entrenar con su padre más tarde por lo cual sigue leyendo, aunque baja el libro una vez más cuando ve que Viktor se coloca frente a Umi.

—Ahora practicaremos un Jutsu para controlar el kekkei genkai —informa el mayor y Umi mordisquea sus labios afirmando.

Viktor no quiere recurrir a los métodos que su padre y su abuelo recurrieron con él para enseñarle a usar su poder. Quiere ser más pacífico y enseñarle con calma cómo es que debe de hacer las cosas. A él lo tiraron a una laguna congelada sellando el último agujero de salida, pudo haber muerto pero el haber sobrevivido confirmaba su fortaleza. El kekkei genkai de hielo era producto de genes pero también de la liberación de un chakra especial en el cuerpo del usuario, en este caso era producto de una profunda angustia y adrenalina combinada. En el caso de Umi había nacido el día en que aquellos cuerpos desnudos y ensangrentados de shinobis de la aldea habían sido exhibidos como advertencia por los ninjas de la Roca. La confusión de aquel día al perder a Ren entre la multitud que huía de la terrible escena y el supuesto ataque produjo en Umi un choque emocional tan grande que acabó por obligar a su propio poder a manifestarse.

Ren sabía que su hermano se estresaba fácilmente, ambos podían ser idénticos en muchas cosas pero los niveles de nervios de Umi siempre eran más altos que los de Ren que parecía ser mejor en adaptarse en las situaciones complicadas donde otros niños –incluso adultos—se romperían sin más. Quizás por eso mismo le había preocupado tanto a Phichit que Ren amenazará a uno de sus compañeros de escuela, porque Ren no cedía presa del enojo con tanta facilidad, ni de la tristeza, ni de sentimientos negativos en general. Ren era muy risueño, alegre y extrovertido pero algo dentro de él parecía haber diferente cuando el tema de Yuuri Katsuki se tocaba.

Era pequeño, tenía casi seis años pero Ren se paraba justo al frente de la fotografía de ese ninja y lo podía observar durante horas sin moverse. Había algo que ni siquiera Viktor comprendía pero que a Umi le hacía sonreír cuando pillaban a Ren mirando la fotografía de Yuuri Katsuki. "Es que lo quiere mucho", explicó un día Umi a su padre y a Phichit. El nombre de Yuuri Katsuki era sagrado para Ren. No entendía la conexión pero era sagrado, era puro, era perfecto y comprendía que si no estaba con ellos era por el bien de la aldea.

—Papá —dijo un día Ren mientras que compartía con Viktor un momento de privacidad, Umi estaba con su abuelo Yakov y su abuela Lilia, el menor de los dos era más social, a Ren le gustaba más Viktor, Phichit o incluso Otabek, tenía una fascinación por Mila, algo así como un enamoramiento que le impedía hablarle de frente. Y ambos gemelos estaban decididos a un día vencer a Yuri.

—Dime —respondió Viktor.

—Quiero volverme hokage —confesó Ren sin dejar de ver el frente que era el paisaje de Konoha delante de ellos, ambos estaban en una de las zonas más altas de la aldea, en aquel cerro que fungía como barda natural para la villa. Viktor miró sorprendido a su hijo pero sonrió con auténtico amor acariciándole la cabeza.

—¿Por qué quieres ser hokage, Ren-chan?

—Porque quiero cuidar la aldea, así como mi padre. Así como Yuuri.

—Ese es un pensamiento bastante noble —respondió Viktor abrazando a su hijo—. Ya quiero ver cómo te vuelves Hokage, Ren-chan, estaremos orgullosos de ti.

Ren afirmó motivado sonriendo a su papá, regresándole el gesto y restregándose contra él.

Y aunque lo había dicho, lo había exteriorizado, Nikiforov Ren era consciente de todo lo que ocurría a su alrededor: Que su hermano era más fuerte que él, que su hermano poseía un poder regalado por los dioses y así como Umi existía mucha otra gente poderosa, que si no lograba superar a su hermano con sus propias manos no podría jamás superar al resto de la personas, al resto de los shinobis, que el mundo estaba en guerra y si no se resolvía pronto, probablemente ellos también morirían. Ren miraba a su hermano combatir, entrenar con todo lo que tenía, incluso aún cuando sus ojos enrojecían porque quería llorar y su padre contener ese enorme poder que tenía. Ren admiraba a su hermano y quería animarlo a convertirse en un shinobi aún más fuerte que el propio Viktor Nikiforov, pues cuando midiera fuerzas con él, sabría que estaba peleando contra alguien realmente poderoso.

Ren se pone de pie para entrar a la casa, recogiendo sus libros que pesan quizás más que él y se ve gracioso cargando todos y caminando a la vez. Viktor sigue entrenando con el menor que se mueve de un lado a otro buscando hacer un jutsu sencillo que Viktor le enseñó, pero es inútil, aún no domina su propio kekkei genkai.

—Oi —Ren deja caer los libros cuando choca contra un firme postet, al alzar la mirada frunce el ceño. Es Yuri Plisetsky, uno de los shinobi más importantes de la aldea, con 19 años ya se convirtió en jounin, según algunas personas dicen que es un genio. Hay incluso quienes lo comparan con Yuuri Katsuki y eso enfada bastante a Ren.

—Papá está entrenando con Umi-chan —dice Ren recogiendo sus libros, Yuri se los quita sin esfuerzos de los brazos para ojearlos y Ren se pinta de todos los colares. Era cierto, le tenía envidía al rubio de largo cabello porque es más grande, es más fuerte y es genial, sí, es genial. Sin contar que está en el mismo equipo que Mila Babicheva y hablando de ella la ve más allá, en la sala de la casa, y Ren decide ignorar al rubio que le cuestiona sobre qué clase de libros son esos, porque Ren ha corrido a ver a la pelirroja—. Mila —la llama emocionado.

—¡Ren-chan! —saluda ella extendiendo sus brazos para estrechar el pequeño cuerpo, besar su rostro, y estrujarlo contra ella alzándolo sin problema. Ren es pequeño, su cabello negro está alborotado y su pequeño kimono se desacomoda pero enseguida Mila lo arregla cuando lo baja al suelo otra vez—. ¿Cómo te has portado?

—Muy bien, Mila —responde Ren sonrojado y feliz.

—Eso es genial, Ren-chan —le toca la nariz y Ren se la sostiene sin dejar de ver los bonitos ojos de esa preciosa mujer.

—¡Mila! —chilla su gemelo que va entrando.

—Es Umi-chan —saluda repitiendo el ritual que hizo con el gemelo del niño y ahora ambos niños tocan el rostro de Mila, su cabello y se sienten en el paraíso.

Yuri debería estar furioso porque ese par de mocosos además de que son unos groseros arrogantes que han declarado que le van a patear el culo se lleven de esa forma tan despreocupada con su novia, pero lo soporta porque tiene cosas más importantes que hacer.

—Deberíamos estar en nuestra siguiente misión en lugar de estar jugando con tus criaturas del mal hacedoras de popó —gruñe el rubio apenas ve entrar a Viktor que le sonríe amablemente.

—Yuri —el albino mueve la mano—. Es bueno ver que estás tan activo después de una misión tan peligrosa como la que tuvimos —dice Viktor mientras nota que el rubio saca de su bolsillo un pergamino. Es del hokage—. ¿Necesita que vaya? —cuestiona secándose el sudor. El entrenamiento con los gemelos no supone un cansancio pero apenas durmió la noche anterior pues había pasado gran parte de ella redactando su informe además de revisando los informes de otras misiones para saber qué tanto había avanzado el enemigo.

El rubio asiente y le tira el pergamino.

Ren mira de reojo la interacción de esos dos mientras Umi le contaba a Mila que podía hacer "figuritas" con su kekkei genkai y trata de hacerle un conejo pero le es aún un poco imposible debido a su falta de control, aunque lo intenta varias veces. Ren se deslinda lentamente de la escena con Mila y camina como si nada hacia la cocina donde Viktor y Yuri conversan, los dos shinobis ignoran al niño que pasa de largo hasta el refrigerador el cual abre con esfuerzos para sacar una botella de agua que su padre le tiene siempre preparadas.

—¿Quiere movilizar a todos los ANBU hacia el frente de guerra? —cuestiona sorprendido Viktor.

Yuri afirma.

—Quiere dar un solo golpe y acabar con esto de una vez por todas —advierte Yuri cruzándose de brazos.

—Pero los ANBU están para su propia protección.

—Pero estamos en un punto donde estamos contra la pared, Nikiforov —Yuri frunce la nariz—. No importa si es un ANBU, si es de Raíz o son gennin que nunca se convirtieron en chunin, estamos al borde de que Konoha desaparezca —señala con dureza Yuri.

Viktor mira salir a Ren que con una sonrisa se dirige hacia Mila. Suspira volviendo su mirada hacia el rubio.

—No estoy de acuerdo... los ANBU tienen ciertas misiones y además...

—¿Crees que tú solo podrás ganar esta guerra, Nikiforov? —pregunta Yuri—. Despierta... no eres Yuuri Katsuki —dice acercándose a Viktor—. Aunque a estas alturas... dudo incluso que él pudiese hacer algo —Yuri se talla el rostro frustrado—. En todo caso, debes de ir a la torre del Hokage... él debe de...

Ren ya no quiso seguir escuchando. Camina hasta donde Mila y Umi se encuentran. Y reflexiona sobre ese último dato: Yuuri Katsuki y la guerra.

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Su padre se ha vuelto a ir. Se despidió de ellos con un beso en la frente, Umi no despertó pero él sí que lo hizo.

—¿Volverás? —preguntó Ren viendo a Viktor sonreír con amor, le peinó hacia atrás los cabellos oscuros.

—Claro que lo haré... tu padre me mataría si los dejó —comentó con tranquilidad y naturalidad. A los niños siempre les ha hablado sobre Yuuri Katsuki y se refiere a él como padre de los niños. Los niños han asumido con facilidad total que ellos tienen dos padres y una madre, que son especiales y lo que dice el resto de las personas no debe de afectarlos porque tienen un hogar, comida y amor.

—Papá —murmuró Ren cogiendo la mano fría de su progenitor—. Si padre estuviera aquí... ¿él ganaría la guerra?

Viktor entreabrió los labios y recordó ugazmente que Ren cruzó por agua cuando justo hablaba de eso con Yuri. Tuerce los labios, modo muy astuto el de su hijo para espiar una conversación, le regaló otro beso porque se ha mimetizado con el ambiente y se notan los dotes que tiene, madera para leyenda.

—Sí... estoy seguro que él buscaría el modo de detenerla... aunque no pudiera hacerlo con sus propias manos... él lo haría y lloraría también un montón por toda la gente que se ha ido a la nube —masculló.

—Papá —volvió a llamar Ren y Viktor lo siguió mirando a los ojos—. ¿Crees que si lo llamamos él venga?

Viktor pegó su frente a su hijo, y en silencio se incorporó tomando su banda de Konoha para acomodarsela en su cinturón afirmó lentamente para sonreír y salir con cuidado de la alcoba donde los dos futones de sus hijos se encontraban. Phichit se encontraba en la sala.

—Gracias —murmuró Viktor y Ren se había salido del futón para espiar a su padre.

—No me importa, Viktor-san —dijo el moreno cruzándose de brazos—. Ellos son unos niños y ya le dije, lo hago por Yuuri.

Viktor le dio unas palmadas a Phichit en el hombro para alistarse y salir.

—Viktor-san —Phichit miró al mayor y éste se detuvo regresándole la mirada al moreno—. ¿Me permite hacerle una pregunta un tanto delicada?

Viktor afirmó.

—¿Es cierto que moverán a los ANBU al frente?

—¿Lo preguntas por Chris, cierto?

Phichit asintió en silencio mientras Viktor rascaba su nuca. No podía mentirle, al menos no a esas alturas, aunque la información de que los ANBU abandonarían su puesto regular era un secreto para entonces ya todos parecían saberlo, así que prefería ser franco porque la guerra no podía guardar secretos, era cruda, real y dolorosa.

—Chris junto con el resto de la división ANBU será desplazada para un ataque, no conozco más detalles, Phichit.

El moreno se cubrió la boca.

—Pero la bóveda... la prisión... el lugar de reposo —masculló lo último.

—El lugar donde Yuuri está no ha sido visitado por nadie durante los cinco años que lleva sellado —informó Viktor con voz suave y algo de pena ahí—. Supongo que los lugares más vulnerables y peligrosos serán resguardados por algunos pero... la prisión y los lugares de reposo —hubo silencio—. Los prisioneros probablemente sean sellados y resguardados como han hecho con Yuuri, para el caso, las llaves serán guardadas en la bóveda... es todo lo que sé y que seguramente ya suponías tú... es algo obvio pero estamos en una situación desesperada.

Y Ren no entendió nada pero aún así la idea de Yuuri "sellado" parecía rondarle la cabeza. En la escuela hojea su libro de texto y su cabeza se va lejos, con el pájaro que vuela hacia su nido en el árbol que hay en el medio del patio de juegos. A veces siente como si algo afuera en la naturaleza le llamara. Cierra los ojos brevemente y se imagina a la persona de la fotografía que tanto venera llamarle desde el bosque con un hermoso kimono de muchas capaz, una sonrisa grande y sus manos abiertas hacia él. Es fácil imaginarlo, no puede explicarlo, pero es fácil como si algo vivo dentro de él lo conectara con esa persona a pesar que se encuentra lejos.

Ren alza la mano y el sensei mira a Nikiforov, es raro que el niño haga preguntas en clases, es considerado un genio y aunque su hermano menor tiene muy buenas notas, Ren está en otras ligas. ¿No entendió algo de la clase?

—Sí, Nikiforov-san —la clase entera se gira a verlo.

—¿Qué significa estar sellado? —pregunta de frente y el sensei se queda callado un poco confundido. Es un grupo de segundo grado, los gemelos fueron adelantados dos grados debido a su propio desempeño y conocimiento avanzado, pero la terminología ninja no la ven en segundo sino hasta cuarto. Es un poco engreído pensar que los gemelos están capacitados como para hablar de esos términos y saber siquiera la existencia de esa palabra.

—Es un elemento parte del repertorio ninja —informa el sensei, trata de restarle importancia el punto. Ren lo observa con sus enormes ojos azules atentamente, y sensei siente que lo obliga a hablar más. Moja sus labios sensei—. Hay diferentes tipos de sellados —comienza y tratará de explicarlo lo más simple posible—. Se requiere un método operativo especial y cierta habilidad para hacer sellados —inquiere el sensei de ninjutsu.

—Con método operativo especial... ¿se refiere a los sellos de manos, cierto? —pregunta Ren y Umi que come una paleta mira curioso a su hermano porque él como toda la clase no saben muy bien porque tanta insistencia, no entienden qué tiene que ver con la explicación de los tipos de chakra que el profesor estaba haciendo antes.

—Sí, Nikiforov-san —responde el sensei.

—¿Qué tipo de chakra se necesita para activar un sello?

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—¿Te ha preguntado todo eso? —cuestiona Phichit ligeramente preocupado mientras piensa, el sensei de ninjutsu afirma un poco contrariado.

—Quizás ha escuchado a Viktor hablar sobre sellado y eso... pero ha preguntado de todo... sobre los tipos de sellos, tipo de ninjutsu, nivel y sobre las llaves en los sellos...

Es demasiada coincidencia que justo el niño pregunte eso cuando él ha hablado algo similar con Viktor hace dos días cuando se ha ido nuevamente al frente. La verdad es que no sabe qué tanto saben los niños sobre la condición actual de Yuuri, pero como dice el sensei de ninjutsu, probablemente es cosa de que escuchó a Viktor hablar con Yuri o con Otabek o con algún otro ninja sobre sellos. No es algo fuera de lo normal en la vida de un shinobi y tristemente los niños Nikiforov suelen estar rodeados de ese tipo de información, las caras conocidas que ellos reconocen son jounin y ANBUs que entran y salen de su casa, el parque de juegos de esos dos niños son los campos de entrenamiento y su distracción es jugar a entrenar con su padre.

Phichit reflexiona sobre lo que el profesor de ninjutsu le ha contado y entra a clase. Se paraliza brevemente al encontrar a Umi llorando contra la pared y Ren rodando con otro chico de la clase por todo el salón. Los otros chicos los rodean exigiendo más y más pelea. Un grito del profesor hace que todos se controlen y otra vez están afuera de la oficina del director. Ren se relame el labio lastimado mientras que mira sus sandalias negras, se ha raspado su dedo pulgar del pie. Se siente un poco solo sin la mano de su hermano apretándola, pero sólo él ha ido a parar a dirección. Umi se quedo en clase estudiando.

La madre del niño agredido sale con su hijo mientras le tira de la oreja, escucha que lo reprende mientras que él sigue ahí sentado moviendo sus pies en el aire, ni siquiera alcanzan el suelo.

—Nikiforov Ren —llaman desde el interior de la oficina y Ren se tensa—. Entra —ordena.

Ren se baja con cuidado, y le duele mucho su cadera del golpe que se ha llevado, de hecho todo él está molido. Suspira cuando cruza por la puerta, sus manos están detrás de su espalda, no mira al director que seguramente le está observando con ese gesto duro y furioso. El director no dice nada, y eso inquieta mucho más al niño.

—Ren —murmura después de mucho rato, y el menor alza lentamente la mirada.

—Director Celestino —masculla.

—Es la segunda vez en menos de un mes... —farfulla el hombre, incluso parece un poco cansado al respecto de toda la situación pero aún así no suena tan furioso, no hay gritos ni siquiera lo mira con enojo—. Sé que esto no lo haces por atención, me gustaría que fuera por eso... pero no eres del tipo de niño que hace estas cosas por llamar la atención —no es la forma de hablarle a un menor, pero Ren Nikiforov no es un niño normal. El niño desvía la mirada.

Llamar la atención. Reflexiona sobre eso. ¿De quién? Su padre era absorbido por ellos cuando estaba en la aldea, y si estaba al frente de guerra era por un bien mayor, por su aldea, la aldea a la que Yuuri, su otro padre, tanto ama.

—¿Vas a contarme qué ha ocurrido? —pregunta el director que deja sus dedos entrelazados sobre su abdomen.

—Ha... ha molestado a Umi-chan —la voz infantil de Ren de pronto se vuelve dura pero no pierde ese tono tierno que todo niño posee sin embargo, por su expresión Celestino se niega a caer enamorado de ese infantil gesto. Porque conoce a Ren Nikiforov sabe que no puede tomarse a la ligera las palabras del menor.

Umi ha mostrado su habilidad con su kekkei genkai un año atrás, casi al mismo tiempo en que Celestino se percató del modo en que Ren mira las cosas. Muchos le han dicho que es un idiota confundiendo casualidades con inteligencia y destellos que hagan sobresalir a Ren como un genio, y por cosas como esas le recuerdan las personas que Ren y Umi son solo dos niños, dos bebés de seis años, nada más. Ni genios ni nada, solo dos bebés a los que le quiere dar consideración por la nostalgia de su padre el traidor. Pero Celestino sabe que hay más, y le duele a veces tomar decisiones como la que debe tomar, pero también él tiene que apegarse a un reglamento.

—Entiendo —susurra Celestino—. Aún así... —la puerta se abre y Ren alza la mirada. Sus labios se entreabren cuando ven llegar a Yakov seguido de un hombre al que no reconoce. Se hunde en su asiento, encogiéndose, su mirada vuelve lentamente a Celestino que se quita los lentes para incorporarse y ofrecer su mano—. Hokage, bienvenido.

—Hoy no vengo como hokage, vengo como el adulto responsable de Ren —informa Yakov sentándose en la silla libre. Ren no se atreve a mirar a su abuelo, pero de reojo mira al hombre que lo ha acompañado.

Durante un rato Celestino explica a Yakov frente a Ren lo que ha ocurrido. Las constante peleas y lo difícil que ha sido para Ren adaptarse, Ren no es indisciplinado pero no puede trabajar en equipo. Le piden que salga y Ren obedece. Yakov se queda con Celestino un par de minutos más y vuelve a ocupar la silla que antes ocupó. Sus pies siguen flotando y piensa otra vez en Yuuri que está sellado. Cuando pueda ira a la biblioteca e investigará, aunque su mano sigue sola. Extraña a Umi. La puerta se abre y sale de sus ensoñaciones mirando a su abuelo que se despide de Celestino.

—Vamos, Ren —pide Yakov.

El menor baja de la silla y hace una leve reverencia al hombre que le mira con algo de tristeza, casi decepción, algo en ese gesto le duele al gemelo que corre para alcanzar a su abuelo. El niño camina entre Yakov y el otro hombre que le acompaña.

—Tu padre me dio los mismos problemas —dice Yakov serio mirando al frente—. No cabe duda ninguna que eres su hijo —informa el hokage—. Sólo que en ese entonces yo era joven y podía lidiar con sus tonterías, muchacho —parecía que hablaba para él—. Celestino te ha suspendido dos semanas, Ren —comenta y Ren entreabre sus labios un poco confundido—. No tengo tiempo para cuidarte en ese tiempo, hijo —se agacha como puede y Ren observa de frente el rostro viejo, serio y arrugado del hokage, la mano de éste le acaricia el rostro y el hombro—. Tendrás que portarte bien... enviaré a alguien que te cuide en esas dos semanas... después volverás a la escuela... pero si haces alguna tontería más, puedes olvidarte de ser shinobi, Ren... un shinobi indisciplinado no es útil en Konoha.

Ren aprieta los labios y afirma.

—Tengo que volver al trabajo, tengo una guerra en casa —masculla otra vez Yakov para sí mismo antes de desaparecer en un puff. Confía en que su nieto conoce el regreso a casa.

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Viktor acelera más y más su paso hacia el lugar donde la luz centelleante se origina, puede oler el hedor de la sangre que se vuelve más fuerte conforme avanza. Está en un punto de desesperación porque sabe que si no se apresura todo habrá acabado. Se detiene en seco cuando una kunai explosiva se clava delante de él, puede retroceder solo un par de pasos pero es demasiado tarde, el pergamino explota y él se ve convertido en pedazos de carne y sangre.

Agitado abre los ojos, la boca la tiene seca y se siente mareado. Odia las pesadillas, odia tener que dormir de forma intermitente. Mila está delante de él curando las heridas pequeñas a Yuri que se queja en voz baja sobre lo poco práctico que es usar esto y aquello. Tuvieron un enfrentamiento con ninjas del la aldea oculta entre las Rocas y ha sido más o menos violento el asunto, su misión es volverse la caballeriza para un grupo de avanzada que se quedó atrapado en medio de territorio hostil. Ellos tienen información valiosa que podría significar un cese al fuego. Una pequeña tregua mientras que Konoha se dispone a armar una mejor estrategia.

Por el momento están a salvo, puede darse el lujo de dormitar un poco a pesar que se encuentran aún a media tarde y hay luz, pero es mejor descansar en esos momentos que todo es visible y avanzar de noche donde ellos pueden ser invisibles. Mientras la conciencia se le desvanecía otra vez, recuerda los arduos entrenamientos con su padre, sus incesantes regaños sobre lo importante que era mantener todo en el campo de visión: una pequeño y esporádico destello entre la maleza no siempre es una luciérnaga, una débil brisa entre las hojas no siempre es el viento soplando, un suave silbido a mitad de la noche no siempre es un búho. Había tantos indicios de los cuales desconfiar que era natural que él empezara a desconfiar hasta de su propio padre.

Viktor recuerda con especial repudio que hubo un tiempo donde inclusive su padre se había vuelto más abierto de lo normal en relación a sus pláticas durante los entrenamientos, hasta un poco más cariñoso y sonriente, algo inusual en Yakov, al grado que esa actitud empujaron a Viktor a tratar de apuñalarlo pues creía que se trataba de un infiltrado. Esa pelea había sido desgastante y Viktor la recordaba con especial molestia: Dos días enteros peleando Viktor vs. Yakov.

Yakov lo había orillado a ese punto. Sin usar su propio kekkei genkai para detener el ataque del menor sólo provocaron más incertidumbre en el niño de 13 años, quien tras aquellas feroces 49 horas de lucha constante, cedió al cansancio. Al despertar Viktor se dio cuenta que estaba agotado y no podía mover un solo dedo de su mano, sin embargo también descubrió que su poder era incluso más fuerte que antes, más poderoso, como si una puerta se hubiera abierto.

A ojos de cualquiera aquel había sido un entrenamiento cruel, a Yakov le pareció un acto de amor, pues a pesar de que el Hyoton o el elemento Hielo sólo aparecía cuando se presenciaba una situación de extremo estrés que rozaba la locura, Viktor logró obtenerlo con base al deseo de proteger a todos y vengar la usurpación del papel de su padre. Aunque en realidad todo fuese una actuación de Yakov.

Su poder había crecido sí, pero su desconfianza hacia el mundo también. Éste empeoró cuando su madre murió después del ataque de aquel ninja infiltrado que disfrazado de "amigo foráneo". De ahí su odio hacia los foráneos. Su repudio hacia la gente de la aldea de donde Otabek Altin era originario, su desmedidas ganas por aplastarle el cráneo a Yuuri y su asco al hablar con Phichit, debía de reconocer que cada vez que su rencor y odio hacia las personas crecía su poder incrementaba, el dominio sobre su hielo era más preciso y sus ataques más letales. El odio, la desesperación, la ansiedad, la ira, eran el alimento de la tormenta en él para que su fuerza se viera incrementada de manera monstruosa. Ahora... ahora nada de eso importaba. Al final, su corazón no se congeló pues sin importar que tuviera todo el poder que su padre un día quiso para él, él mismo no pudo proteger lo que realmente amó en la vida.

A esas alturas de su vida, no había espacio para el odio.

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Ren mira a su hermano alistarse, también mira a Phichit apresurado servir la comida y enseguida dejar todo servido en la mesa, le entrega su comida a Umi y se detiene delante de él por breves segundos.

—Te debes de portar bien, ¿de acuerdo? —pregunta el moreno y Ren afirma con un movimiento de cabeza.

—No saldré de casa —informa con seriedad.

—Vale —no quisiera dejarlo solo todo el día pero está suspendido y él debe de trabajar, besa su frente y Ren cubre el beso con una sonrisa. Lo que le parte el alma a Phichit es ver como los dos gemelos se abrazan al despedirse, se miran como si fueran a dejar de verse durante años, como si algo se perdiera entre ellos tras soltarse, y quizás es así, los gemelos no están hechos para estar lejos el uno del otro pero deben asumir las consecuencias de sus actos.

Cierra la puerta Phichit y ve a Ren asomarse por la ventana.

—Neh... Phichit-sensei —llama Umi mirando al frente.

—¿Sí?

—¿Debería meterme en problemas para quedarme en casa con Ren-chan? —cuestiona y Phichit bufa.

—Ni se te ocurra... suficiente con que uno se quede en casa... —gruñe enfadado y Umi ríe, ambos corren o llegaran tarde. No pueden llegar tarde porque Phichit es el maestro.

Ren deambula por la residencia Nikiforov, limpia el pequeño pedestal donde queman el incienso en nombre de Yuuri, le cambia el agua a las flores que su papá le pone cada cierto tiempo y se queda observando el retrato de ese hombre. Suspira para deambular por la casa, comer la comida de Phichit y después leer un poco. Deja su libro escolar en el suelo del pasillo frente al patio central de la casa donde entrenan con su padre. Hace frío, el invierno está llegando a su apogeo y puede ver el vaho siendo exhalado de su boca.

Lo que no entiende en el libro de texto lo busca en algún otro libro de apoyo, y termina por avanzar más rápido de lo que lo haría en la escuela. A ese paso aventajará mucho a la clase y será un problema porque se va a aburrir en la clase.

—Como si no me aburriera lo suficiente... —acusa en un suspiro cambiando la hoja del libro antes de alzar la mirada hacia el patio donde ve una sombra. Se incorpora casi de inmediato retrocediendo.

—Tranquilo... vengo de parte de tu abuelo —informa aquel hombre y Ren se tranquiliza pues lo reconoce, es el mismo hombre que acompañó a Yakov en la oficina del director.

Ren afirma y se acerca a recoger con recelo su libro.

—¿Puedo pasar? —interroga el hombre y Ren sin responder alza los hombros, va hasta la sala de su casa para dejar sus cosas sobre la mesita ratona, fija su mirada en Yuuri y aparta la mirada cuando siente al hombre ingresar al hogar—. Veo que te preparas muy bien... —azuza el sujeto parado a un costado del sillón—. Sé que tienes una kunai debajo del cojín donde estás sentado, pero como te dije, vengo por parte de tu abuelo.

Ren lo mira en silencio y vuelve sus ojos a su lección.

—Eres silencioso como Yuuri Katsuki.

Ren sigue sin responder.

—También huraño como él.

—No sé que significa esa palabra —confiesa sincero mirando al sujeto ahora con cierto interés.

—No planees que yo te la diga, investígala por tus propios medios.

—Es lo que iba a hacer.

—¿Entonces porqué me miras de esa manera?

—Porque calculaba cuántos años tendría usted como para haber conocido a mi padre.

—¿Tu padre? —enarca la ceja el hombre—. Lo conocí bastante bien, no puedo decir que tuvimos buena relación pero lo conocí, he trabajado para el Hokage desde antes de que tú nacieras, Ren.

Ren acepta esa verdad y vuelve a leer.

—Hace un momento dijiste que te aburrías. ¿Te refieres a estar aquí en casa? Sinceramente no creí que te fuera a encontrar aquí, pensé que estarías afuera...

—¿Haciendo qué? ¿jugar? No me gusta jugar con nadie más que no sea Umi-chan, mi papá o Mila —suelta interrumpiendo al mayor.

El hombre sonríe aún observando al niño.

—Entonces... ¿te gustaría entrenar, Ren? —cuestiona el sujeto y se gana nuevamente la atención del niño—. Yo podría ayudarte... incluso...podría enseñarte algo sobre el sellado para cuando seas grande, puedas usarlo... después de todo yo fui quien le enseñó a Otabek y a Viktor a sellar —sonríe suavemente y el niño tuerce los labios, baja su mirada a los libros y la regresa al hombre, mira nuevamente sus libros y los cierra incorporándose.

—¿Y cómo te llamas?

—Soy Cao Bin.

—Cao Bin —repite el nombre Ren. Es un nombre curioso.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).