Lucius no era un idiota, sabía que su versión futurista había hecho algo y que tenía que ver con todo lo que ocurrió el año que estaban leyendo. Luego suspiró y abrió el libro y dijo: Capítulo 23. La cámara de los secretos

Con la cantidad de veces que hemos estado cerca de ella en los aseos —dijo Ron con amargura durante el desayuno del día siguiente (-Ella nunca estaba allí- murmuró Molly a Ron, quién se sonrojó.) —, y no se nos ocurrió preguntarle, y ahora ya ves... (Nunca lo habíamos imaginado pensó Alastor.)

La aventura de seguir a las arañas había sido muy dura. Pero ahora, burlar a los profesores para poder meterse en un lavabo de chicas, pero no uno cualquiera, sino el que estaba junto al lugar en que había ocurrido el primer ataque, les parecía prácticamente imposible. (Si ustedes lo dicen pensó Minerva.)

En la primera clase que tuvieron, Transformaciones, sin embargo, sucedió algo que por primera vez en varias semanas les hizo olvidar la Cámara de los Secretos.

-¿Qué fue?- preguntaron los merodeadores.

-Ya dice- contestó Neville.

Lucius continuó cuando nadie dijo nada.

A los diez mi nutos de empezada la clase, la profesora McGonagall les dijo que los exámenes comenzarían el 1 de junio, y sólo faltaba una semana.

¿Exámenes? —aulló Seamus Finnigan—. ¿Vamos a tener exámenes a pesar de todo?

-En serio. Es obvio que solo los que fueran sangre pura y que además no les importara nadie, estudiaría para esos exámenes- dijo Caro. (1)

-Pero, ellos estaban allí para eso- se defendió Minerva.

-Cierto, pero en esa situación no daba para estudiar- dijeron Hugo E. y Hugo G.

Lucius siguió leyendo cuando nadie dijo nada más.

Sonó un fuerte golpe detrás de Harry. A Neville Longbottom se le había caído la varita mágica, haciendo desapa recer una de las patas del pupitre.

-Eso Neville- empezó Sirius.

-Llama la atención para que vean la injusticia que están cometiendo- terminó Remus.

Lucius continuó.

La profesora McGonagall volvió a hacerla aparecer con un movimiento de su varita y se volvió hacia Seamus con el entrecejo fruncido.

El único propósito de mantener el colegio en funcio namiento en estas circunstancias es el de daros una educa ción —dijo con severidad—. Los exámenes, por lo tanto, tendrán lugar como de costumbre, y confío en que estéis todos estudiando duro.

-La verdad que pensábamos que estaban allí para controlar nuestra magia. Los exámenes no son tan importantes, lo importante es vivir- dijo Harry.

Lucius continuó leyendo.

¡Estudiando duro! Nunca se le ocurrió a Harry que pudiera haber exámenes con el castillo en aquel estado. (A nosotros tampoco pensó Kingsley.) Se oyeron murmullos de disconformidad en toda el aula, lo que provocó que la profesora McGonagall frunciera el entrecejo aún más.

Las instrucciones del profesor Dumbledore fueron que el colegio prosiguiera su marcha con toda la normalidad posible —dijo ella—. Y eso, no necesito explicarlo, incluye comprobar cuánto habéis aprendido este curso.

-Y ustedes no podían pensar en otro modo- empezó Petunia.

-Por ejemplo hacer equipos- siguió Caro.

-Y luego hacer juegos donde apliquen lo aprendido- dijo Elizabeth.

-Y dar premios además de puntos- terminó Hugo E.

-Lo que haría que se divirtieran y se olvidarán un poco de los horrores que estaban pasando- terminó Jane G.

Lucius siguió un poco entusiasmado con la idea planteada.

Harry contempló el par de conejos blancos que tenía que convertir en zapatillas. ¿Qué había aprendido durante aquel curso? No le venía a la cabeza ni una sola cosa que pudiera resultar útil en un examen. (No, pero si en la vida pensó Alastor.)

En cuanto a Ron, parecía como si le acabaran de decir que tenía que irse a vivir al bosque prohibido.

¿Te parece que puedo hacer los exámenes con esto? —preguntó a Harry, levantando su varita, que se había puesto a pitar. (-Claramente no, mi amor- murmuró Luna W a su marido.)

Tres días antes del primer examen, durante el desayuno, la profesora McGonagall hizo otro anuncio a la clase.

Tengo buenas noticias —dijo, y el Gran Comedor, en lugar de quedar en silencio, estalló en alborozo. (¿Cuál será? pensó cuestionante Sirius.)

¡Vuelve Dumbledore! —dijeron varios, entusiasmados.

¡Han atrapado al heredero de Slytherin! —gritó una chica desde la mesa de Ravenclaw.

¡Vuelven los partidos de quidditch! —rugió Wood emocionado. (Típico de Oliver pensó Angelina recordando eso.)

Cuando se calmó el alboroto, dijo la profesora McGo nagall:

La profesora Sprout me ha informado de que las mandrágoras ya están listas para ser cortadas. Esta noche podremos revivir a las personas petrificadas. Creo que no hace falta recordaros que alguno de ellos quizá pueda decir nos quién, o qué, los atacó. Tengo la esperanza de que este horroroso curso acabe con la captura del culpable.

-Una buena noticia- dijo Elizabeth.

-Aunque algo me dice que eso no es lo que pasó- dijo Hugo E. mirando la cara de su nieto.

-¿Por qué lo dices?- preguntó asustada Lily.

-Por la cara de mi nieto- contestó Hugo E.

La chica miró a su hijo y Lucius continuó.

Hubo una explosión de alegría. Harry miró a la mesa de Slytherin y no le sorprendió ver que Draco Malfoy no parti cipaba de ella. Ron, sin embargo, parecía más feliz que en ningún otro momento de los últimos días. (Normal su amiga va a despertarse pensó Luna.)

¡Siendo así, no tendremos que preguntarle a Myrtle! —dijo a Harry—. ¡Hermione tendrá la respuesta cuando la despierten! Aunque se volverá loca cuando se entere de que sólo quedan tres días para el comienzo de los exámenes. No ha podido estudiar. Sería más amable por nuestra parte de jarla como está hasta que hubieran terminado.

-Ron, los docentes se lo iban a decir de todos modos- empezó Lily.

-Y también a los demás atacados- terminó Caro.

Ron sonrió a su amiga, ella se encogió de hombros restándole importancia y Lucius siguió.

En aquel mismo instante, Ginny Weasley se acercó y se sentó junto a Ron. Parecía tensa y nerviosa, y Harry vio que se retorcía las manos en el regazo. (Va a decir algo pensó Kingsley.)

¿Qué pasa? —le preguntó Ron, sirviéndose más gachas de avena.

Ginny no dijo nada, pero miró la mesa de Gryffindor de un lado a otro con una expresión asustada que a Harry le re cordaba a alguien, aunque no sabía a quién. (A Dobby cuando va a decir algo que no puede pensó Lily.)

Suéltalo ya —le dijo Ron, mirándola.

Harry comprendió entonces a quién le recordaba Ginny Se balanceaba ligeramente hacia atrás y hacia delante en la silla, exactamente igual que lo hacía Dobby cuando estaba a punto de revelar información prohibida. (O información que la hará parecer culpable pensó Caro.)

Tengo algo que deciros —masculló Ginny, evitando mirar directamente a Harry.

¿Qué es? —preguntó Harry

Parecía como si Ginny no pudiera encontrar las pala bras adecuadas. (Sabe todo pensó Remus.)

¿Qué? —apremió Ron.

Ginny abrió la boca, pero no salió de ella ningún sonido. Harry se inclinó hacia delante y habló en voz baja, para que sólo le pudieran oír Ron y Ginny.

¿Tiene que ver con la Cámara de los Secretos? ¿Has visto algo o a alguien haciendo cosas sospechosas?

-Buenas preguntas- dijo Alastor.

-A parte de darle un campo para contestar- terminó Amelia.

Lucius siguió.

Ginny cogió aire, y en aquel preciso momento apareció Percy Weasley, pálido y fatigado.

Si has acabado de comer, me sentaré en tu sitio, Ginny. Estoy muerto de hambre. Acabo de terminar la ronda. (-Percy no debiste interrumpir- dijo Penelope por lo bajo al mencionado.)

Ginny saltó de la silla como si le hubiera dado la co rriente, echó a Percy una mirada breve y aterrorizada, y sa lió corriendo. Percy se sentó y cogió una jarra del centro de la mesa.

¡Percy! —dijo Ron enfadado—. ¡Estaba a punto de contarnos algo importante!

Percy se atragantó en medio de un sorbo de té. (Idiota piensas que se trata de ti pensó Caro.)

¿Qué era eso tan importante? —preguntó, tosiendo.

Yo le acababa de preguntar si había visto algo raro, y ella se disponía a decir...

¡Ah, eso! No tiene nada que ver con la Cámara de los Secretos —dijo Percy

-¿Cómo lo sabes?- preguntó Arthur.

-Es que ya lo dice- dijo Harry mirando de reojo a Ron.

Lucius siguió.

¿Cómo lo sabes? —dijo Ron, arqueando las cejas. (Igual a su padre pensaron Molly y Molly W.)

Bueno, si es imprescindible que te lo diga... Ginny, esto..., me encontró el otro día cuando yo estaba... Bueno, no importa, el caso es que... ella me vio hacer algo y yo, hum, le pedí que no se lo dijera a nadie. Yo creía que mantendría su palabra. No es nada, de verdad, pero preferiría... (¿Qué habrá hecho matar a alguien o bailar? pensó cuestionante Lily.)

Harry nunca había visto a Percy pasando semejante apuro.

¿Qué hacías, Percy? —preguntó Ron, sonriendo—. Vamos, dínoslo, no nos reiremos.

Percy no devolvió la sonrisa.

Pásame esos bollos, Harry me muero de hambre. (Un Weasley siempre pensando en la comida pensó Fabian.)

Harry sabía que todo el misterio podría resolverse al día si guiente sin la ayuda de Myrtle, pero, si se presentaba, no dejaría escapar la oportunidad de hablar con ella. Y afortu nadamente se presentó, a media mañana, cuando Gilderoy Lockhart les conducía al aula de Historia de la Magia. (Tenía que ser ese idiota pensó Lily.)

Lockhart, que tan a menudo les había asegurado que todo el peligro ya había pasado, sólo para que se demostrara enseguida que estaba equivocado, estaba ahora plenamente convencido de que no valía la pena acompañar a los alum nos por los pasillos. No llevaba el pelo tan acicalado como de costumbre, y parecía como si hubiera estado levantado casi toda la noche, haciendo guardia en el cuarto piso. (Debió haber pasado una noche sin dormir pensó Narcissa.)

Recordad mis palabras —dijo, doblando con ellos una esquina—: lo primero que dirán las bocas de esos pobres pe trificados será: «Fue Hagrid.» Francamente, me asombra que la profesora McGonagall juzgue necesarias todas estas medidas de seguridad. (Ella se preocupa en los demás a diferencia de ese imbécil pensó Petunia E.)

Estoy de acuerdo, señor —dijo Harry, y a Ron se le cayeron los libros, de la sorpresa. (¿Qué se le habrá ocurrido? pensaron cuestionantes Amelia y Kingsley.) (2)

Gracias, Harry —dijo Lockhart cortésmente, mien tras esperaban que acabara de pasar una larga hilera de alumnos de Hufflepuff—. Nosotros los profesores tenemos cosas mucho más importantes que hacer que acompañar a los alumnos por los pasillos y quedarnos de guardia toda la noche... (Idiota pensó Hugo G.)

Es verdad —dijo Ron, comprensivo—. ¿Por qué no nos deja aquí, señor? Sólo nos queda este pasillo.

¿Sabes, Weasley? Creo que tienes razón —respondió Lockhart—. La verdad es que debería ir a preparar mi próxima clase.

-Más bien a arreglarse el cabello- dijo Fabian.

-Mejor que se ahogue-terminó Gideon.

Lucius continuó.

Y salió apresuradamente.

A preparar su próxima clase —dijo Ron con sorna—. A ondularse el cabello, más bien. (-Bien esa sobrino- murmuró por lo bajo Fabian chocando suavemente los cinco con Ron.)

Dejaron que el resto de la clase pasara delante y luego enfilaron por un pasillo lateral y corrieron hacia los aseos de Myrtle la Llorona. Pero cuando ya se felicitaban uno al otro por su brillante idea...

¡Potter! ¡Weasley! ¿Qué estáis haciendo?

-Debe ser McGonagall- dijo James.

-Siempre aparece en los peores momentos- agregó Lunático.

Peter y Canuto asintieron y Lucius continuó.

Era la profesora McGonagall, y tenía los labios más apretados que nunca. (Están en problemas pensaron James y Canuto.)

Estábamos... estábamos... —balbució Ron—. Íbamos a ver...

A Hermione —dijo Harry. Tanto Ron como la profeso ra McGonagall lo miraron—. Hace mucho que no la vemos, profesora —continuó Harry, hablando deprisa y pisando a Ron en el pie—, y pretendíamos colarnos en la enfermería, ya sabe, y decirle que las mandrágoras ya están casi listas y, bueno, que no se preocupara.

-Buena manera de zafar- dijo Lily.

-Pero deberían haber dicho una mentira que no hiciera sentir mal a la gente- terminó Elizabeth.

Harry miró a la docente y dijo:

-Lo siento profe.

-No pasa nada, señor Potter- dijo McGonagall.

Lucius continuó cuando no escuchó ningún comentario más.

La profesora McGonagall seguía mirándolo, y por un momento, Harry pensó que iba a estallar de furia, pero cuando habló lo hizo con una voz ronca, poco habitual en ella.

Naturalmente —dijo, y Harry vio, sorprendido, que brillaba una lágrima en uno de sus ojos, redondos y vivos (Estaba muy emocionada pensó McGonagall.) —. Naturalmente, comprendo que todo esto ha sido más duro para los amigos de los que están... Lo comprendo perfecta mente. Sí, Potter, claro que podéis ver a la señorita Granger. Informaré al profesor Binns de dónde habéis ido. Decidle a la señora Pomfrey que os he dado permiso.

-Binns no se da mucha cuenta- empezó Canuto.

-No sabe los nombres de los alumnos- terminó aportando Lucius y continuó leyendo.

Harry y Ron se alejaron, sin atreverse a creer que se hu bieran librado del castigo. Al doblar la esquina, oyeron cla ramente a la profesora McGonagall sonarse la nariz.

Ésa —dijo Ron emocionado— ha sido la mejor histo ria que has inventado nunca. (Pero hizo sentir mal a la docente pensó Ron recién dándose cuenta.)

No tenían otra opción que ir a la enfermería y decir a la señora Pomfrey que la profesora McGonagall les había dado permiso para visitar a Hermione. (Hubiera llamado la atención que ellos no fueran pensó Alastor.)

La señora Pomfrey los dejó entrar, pero a regañadientes.

No sirve de nada hablar a alguien petrificado —les dijo, y ellos, al sentarse al lado de Hermione, tuvieron que admitir que tenía razón. Era evidente que Hermione no te nía la más remota idea de que tenía visitas, y que lo mismo daría que lo de que no se preocupara se lo dijeran a la mesilla de noche.

-Saben que en realidad si escuché algo- empezó Hermione.

-Es que algo escuchan, es como los que caen en coma. Algunos pueden escuchar o estar algo conscientes de su alrededor- explicó Elizabeth. (3)

Lucius miró a la mujer y siguió.

¿Vería al atacante? —preguntó Ron, mirando con tristeza el rostro rígido de Hermione—. Porque si se apare ció sigilosamente, quizá no viera a nadie... (Algo vi, fue horrible pensó Hermione.)

Pero Harry no miraba el rostro de Hermione, porque se había fijado en que su mano derecha, apretada encima de las mantas, aferraba en el puño un trozo de papel estrujado. (¿Qué habrá notado este muchacho ahora? pensó preguntándose Alastor maravillado.)

Asegurándose de que la señora Pomfrey no estaba cerca, se lo señaló a Ron.

Intenta sacárselo —susurró Ron, corriendo su silla para ocultar a Harry de la vista de la señora Pomfrey.

-Trabajando en grupo- dijo Kingsley.

-Es cierto, ambos son geniales- aportó Charlie

Ron y Harry se sonrojaron y Lucius continuó.

No fue una tarea fácil. La mano de Hermione apretaba con tal fuerza el papel que Harry creía que al tirar se rom pería. Mientras Ron lo cubría, él tiraba y forcejeaba, y, al fin, después de varios minutos de tensión, el papel salió. (¿Se habrá roto, podrán arreglarlo? pensó Reg medio interrogante medio preocupado.)

Era una página arrancada de un libro muy viejo. Harry la alisó con emoción y Ron se inclinó para leerla también. (Por fin algo de información pensó Lily con temor.)

De las muchas bestias pavorosas y monstruos terri bles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco,

-Mierda, lo que pensaba- dijo Charlie.

-¿Cómo lo sabías?- preguntó Hugo G.

-Las cualidades de la serpiente hacen perfecta que las arañas le tengan miedo. Son cuatro veces más susceptibles al basilisco que cualquier otro ser vivo de tipo animal- explicó Charlie. (4)

-¿Y cuál sería esa cualidad?- preguntó Elizabeth.

-Ya lo dice abuela- interrumpió Harry mirando a la mujer.

Elizabeth asintió y Lucius siguió.

conocido como el rey de las serpientes. Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. (Que raro como se forma pensó extrañada Petunia.) Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuantos fijaren su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. (¿Y Por qué nadie ha muerto? pensó preguntando Arthur W.) Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal.

-Ahora entiendo lo de más susceptible- empezó Sirius.

-Tienen ocho ojos por lo tanto mayor visión y por lo tanto no hay lugar por el que se salven- siguió Remus.

-Y por eso mataron a los gallos de Hagrid. El heredero debió matarlos-dijo Kingsley.

-O heredera- terminó Amelia.

Lucius siguió leyendo luego de la mirada de Albus D.

Y debajo de esto, había escrita una sola palabra, con una letra que Harry reconoció como la de Hermione: «Cañerías.» (¿Qué raro?, ¿qué significa? pensó preguntando McGonagall.)

Fue como si alguien hubiera encendido la luz de repen te en su cerebro.

Ron —musitó—. ¡Esto es! Aquí está la respuesta. El monstruo de la cámara es un basilisco, ¡una serpiente gigan te! Por eso he oído a veces esa voz por todo el colegio, y nadie más la ha oído: porque yo comprendo la lengua pársel...

-Exacto, muy bien Harry- dijo Hermione.

-Bueno, sin ti era imposible- terminó Harry tomándola de la mano.

Lucius continuó leyendo.

Harry miró las camas que había a su alrededor.

El basilisco mata a la gente con la mirada. Pero no ha muerto nadie. Porque ninguno de ellos lo miró directo a los ojos. Colin lo vio a través de su cámara de fotos. El basilisco quemó toda la película que había dentro, pero a Colin sólo lo petrificó. Justin... ¡Justin debe de haber visto al basi lisco a través de Nick Casi Decapitado! Nick lo vería perfec tamente, pero no podía morir otra vez... Y a Hermione y la prefecta de Ravenclaw las hallaron con aquel espejo al lado. Hermione acababa de enterarse de que el monstruo era un basilisco. ¡Me apostaría algo a que ella le advirtió a la primera persona a la que encontró que mirara por un espejo antes de doblar las esquinas! Y entonces sacó el espejo y...

-Pero, ¡Qué genio!- exclamó Charlus.

-Nunca se me había ocurrido- siguió Albus D.

-Solo estaba en modo McGiver- dijo Harry sonrojado. (5)

-La adrenalina le prendió todas las neuronas del cerebro- dijo Hugo E.

Harry simplemente asintió y Lucius siguió.

Ron se había quedado con la boca abierta.

¿Y la Señora Norris? —susurró con interés.

-Estaba conmocionado y no entendía cómo ella se había salvado- explicó Ron.

-Normal, cuando Harry entra en modo auror no hay nada que lo pare- animó Sirius un poco mareado.

Lucius asintió de acuerdo y continuó leyendo.

Harry hizo un gran esfuerzo para concentrarse, recor dando la imagen de la noche de Halloween.

El agua..., la inundación que venía de los aseos de Myrtle la Llorona. Seguro que la Señora Norris sólo vio el reflejo... (Exacto pensó Kingsley.)

Con impaciencia, examinó la hoja que tenía en la mano. Cuanto más la miraba más sentido le hallaba.

¡El canto del gallo para él es mortal! —leyó en voz alta—. ¡Mató a los gallos de Hagrid! El heredero de Slythe rin no quería que hubiera ninguno cuando se abriera la Cá mara de los Secretos. ¡Las arañas huyen de él! ¡Todo encaja! (Es cierto, todo lo hace pensó Charlie.)

Pero ¿cómo se mueve el basilisco por el castillo? —dijo Ron—. Una serpiente asquerosa... alguien tendría que verla...

Harry, sin embargo, le señaló la palabra que Hermione había garabateado al pie de la página.

Cañerías —leyó—. Cañerías... Ha estado usando las cañerías, Ron. Y yo he oído esa voz dentro de las paredes... (Este muchacho es excelente pensaron Amelia, Augusta, Kingsley y Alastor.)

De pronto, Ron cogió a Harry del brazo.

¡La entrada de la Cámara de los Secretos! —dijo con la voz quebrada—. ¿Y si es uno de los aseos? ¿Y si estuviera en...?

... los aseos de Myrtle la Llorona —terminó Harry

-Cómo siempre, lo que uno empieza- empezó Fabian.

-El otro lo termina- terminó Gideon.

Lucius un poco más ansioso siguió leyendo.

Durante un rato se quedaron inmóviles, embargados por la emoción, sin poder creérselo apenas.

Esto quiere decir —añadió Harry— que no debo de ser el único que habla pársel en el colegio. El heredero de Slythe rin también lo hace. De esa forma domina al basilisco.

-Exacto, sólo alguien que hable pársel puede ser el heredero- dijo Albus D.

-Pero eso no significa que todos los que hablen pársel sean malos- aportó Caro.

Lucius siguió con la lectura.

¿Qué hacemos? ¿Vamos directamente a hablar con McGonagall?

Vamos a la sala de profesores —dijo Harry, levantán dose de un salto—. Irá allí dentro de diez minutos, ya es casi el recreo. (Bien pensado pensó Alastor mientras Minerva pensó no recuerdo haberlos visto.)

Bajaron las escaleras corriendo. Como no querían que los volvieran a encontrar merodeando por otro pasillo, fue ron directamente a la sala de profesores, que estaba desier ta. Era una sala amplia con una gran mesa y muchas sillas alrededor. Harry y Ron caminaron por ella, pero estaban de masiado nerviosos para sentarse. (Normal pensaron Reg y Caro.)

Pero la campana que señalaba el comienzo del recreo no sonó. En su lugar se oyó la voz de la profesora McGonagall, amplificada por medios mágicos.

Todos los alumnos volverán inmediatamente a los dormitorios de sus respectivas casas. Los profesores deben dirigirse a la sala de profesores. Les ruego que se den prisa.

-¿Qué pasó?- preguntó preocupado Remus.

-Ya lo dice, Remus- contestó Ron W para tranquilizar al hombre.

Lucius decidió continuar.

Harry se dio la vuelta hacia Ron.

¿Habrá habido otro ataque? ¿Precisamente ahora?

¿Qué hacemos? —dijo Ron, aterrorizado—. ¿Regresa mos al dormitorio?

No —dijo Harry, mirando alrededor. Había una espe cie de ropero a su izquierda, lleno de capas de profesores—. Si nos escondemos aquí, podremos enterarnos de qué ha pasado. Luego les diremos lo que hemos averiguado.

-Buena idea no saben si los docentes saben algo, ni lo que pasó- dijo Alastor.

Lucius continuó.

Se ocultaron dentro del ropero. Oían el ruido de cientos de personas que pasaban por el corredor. La puerta de la sala de profesores se abrió de golpe. Por entre los pliegues de las capas, que olían a humedad, (-Deberían abrir más las puertas del ropero o poner algo para contrarrestar la humedad-murmuró Caro a Reg. Éste asintió.) vieron a los profesores que iban entrando en la sala. Algunos parecían desconcer tados, otros claramente preocupados. Al final llegó la profe sora McGonagall. (Todos miraron el libro con fijeza para saber que tenía que decir McGonagall mientras Ron pensaba una mala noticia.)

Ha sucedido —dijo a la sala, que la escuchaba en si lencio—. Una alumna ha sido raptada por el monstruo. Se la ha llevado a la cámara.

-No entiendo, si pensaban que iban a secuestrar a alguien. ¿Por qué no mandaron a los alumnos a sus casas?- preguntó Elizabeth.

-Ella tiene razón. No investigaron con demasiada profundidad, pensaban hacer los exámenes y encima hay alguien secuestrado- agregó Jane G.

-Además, que nosotros sepamos, antes se había abierto la cámara y no habían secuestrado a nadie, por lo que, no es lógico que temieran que iban a hacerlo esta vez- terminó Sirius. (6)

Al ver que los docentes de esa época quedaban boquiabiertos, Lucius siguió.

El profesor Flitwick dejó escapar un grito. La profesora Sprout se tapó la boca con las manos. Snape se cogió con fuerza al respaldo de una silla y preguntó:

¿Está usted segura?

El heredero de Slytherin —dijo la profesora McGona gall, que estaba pálida— ha dejado un nuevo mensaje, de bajo del primero: «Sus huesos reposarán en la cámara por siempre.» (Idiota pensó Hermione P. pensando en Tom debido a que Ginny no había sido secuestrada en sí.) (7)

El profesor Flitwick derramó unas cuantas lágrimas.

¿Quién ha sido? —preguntó la señora Hooch, que se había sentado en una silla porque las rodillas no la soste nían—. ¿Qué alumna?

Ginny Weasley —dijo la profesora McGonagall. (Algunos alumnos de primero lloraron mientras Ginny pensaba fui una idiota.)

Harry notó que Ron se dejaba caer en silencio y se que daba agachado sobre el suelo del ropero.

Tendremos que enviar a todos los estudiantes a casa mañana —dijo la profesora McGonagall—. Éste es el fin de Hogwarts. Dumbledore siempre dijo...

-Dumbledore es un hombre, hay que dejar de poner todo en sus hombros- dijo Reg enojado.

-Y suponemos que intentaron buscar a Ginny o simplemente llamaron a sus padres para decirle que su hija murió- terminó furiosa Caro.

Lucius continuó antes de que McGonagall muriera asesinada. (8)

La puerta de la sala de profesores se abrió bruscamen te. Por un momento, Harry estuvo convencido de que era Dumbledore. Pero era Lockhart, y llegaba sonriendo.

Lo lamento..., me quedé dormido... ¿Me he perdido algo importante? (Que estúpido de mierda, es como una babosa pensó Jane G.)

No parecía darse cuenta de que los demás profesores lo miraban con una expresión bastante cercana al odio. Snape dio un paso hacia delante.

He aquí el hombre —dijo—. El hombre adecuado. El monstruo ha raptado a una chica, Lockhart. Se la ha lleva do a la Cámara de los Secretos. Por fin ha llegado tu oportunidad.

-Buena esa Snape, dale su merecido- dijeron Sirius y Remus.

Snape los miró con la boca abierta por el asombro y Lucius continuó leyendo.

Lockhart palideció.

Así es, Gilderoy —intervino la profesora Sprout—. ¿No decías anoche que sabías dónde estaba la entrada a la Cámara de los Secretos?

Yo..., bueno, yo... —resopló Lockhart.

Sí, ¿y no me dijiste que sabías con seguridad qué era lo que había dentro? —añadió el profesor Flitwick.

¿Yo...? No recuerdo... (Ahora no es tan héroe pensó rechinando los dientes Reg.)

Ciertamente, yo sí recuerdo que lamentabas no haber tenido una oportunidad de enfrentarte al monstruo antes de que arrestaran a Hagrid —dijo Snape—. ¿No decías que el asunto se había llevado mal, y que deberíamos haberlo dejado todo en tus manos desde el principio?

Lockhart miró los rostros pétreos de sus colegas.

Yo..., yo nunca realmente... Debéis de haberme inter pretado mal... (-Sí, claro, fanfarrón imbécil-murmuró enojado Harry.)

Lo dejaremos todo en tus manos, Gilderoy —dijo la profesora McGonagall—. Esta noche será una ocasión exce lente para llevarlo a cabo. Nos aseguraremos de que nadie te moleste. Podrás enfrentarte al monstruo tú mismo. Por fin está en tus manos.

Muchos aplaudieron, cuando se hizo el silencio. Lucius continuó.

Lockhart miró en torno, desesperado, pero nadie acudió en su auxilio. Ya no resultaba tan atractivo. Le temblaba el labio, y en ausencia de su sonrisa radiante, parecía flojo y debilucho.

Mu-muy bien —dijo—. Estaré en mi despacho, pre-pre parándome. (Más bien a guardar mis cosas y huir como un cobarde pensó furioso Harry.)

Y salió de la sala.

Bien —dijo la profesora McGonagall, resoplando—, eso nos lo quitará de delante. Los Jefes de las Casas debe rían ir ahora a informar a los alumnos de lo ocurrido. Decid les que el expreso de Hogwarts los conducirá a sus hogares mañana a primera hora de la mañana. A los demás os ruego que os encarguéis de aseguraros de que no haya ningún alumno fuera de los dormitorios.

Los profesores se levantaron y fueron saliendo de uno en uno. (Fue un momento muy difícil pensaron recordando los docentes.)

Aquél fue, seguramente, el peor día de la vida de Harry. Él, Ron, Fred y George se sentaron juntos en un rincón de la sala común de Gryffindor, incapaces de pronunciar palabra. Percy no estaba con ellos. Había enviado una lechuza a sus padres y luego se había encerrado en su dormitorio. (Lloré un montón pensó Percy recordando lo mal que se había sentido esa noche.)

Ninguna tarde había sido tan larga como aquélla, y nunca la torre de Gryffindor había estado tan llena de gente y tan silenciosa a la vez. Cuando faltaba poco para la puesta de sol, Fred y George se fueron a la cama, incapaces de per manecer allí sentados más tiempo. (Estábamos muy cansados y queríamos irnos para pensar pensaron Fred y George.)

Ella sabía algo, Harry —dijo Ron, hablando por pri mera vez desde que entraran en el ropero de la sala de pro fesores—. Por eso la han raptado. No se trataba de ninguna estupidez sobre Percy; había averiguado algo sobre la Cá mara de los Secretos. Debe de ser por eso, porque ella era... —Ron se frotó los ojos frenético—. Quiero decir, que es de sangre limpia. No puede haber otra razón. (Hubo más de lo que pensé pensó Ron.)

Harry veía el sol, rojo como la sangre, hundirse en el ho rizonte. Nunca se había sentido tan mal. Si pudiera hacer algo..., cualquier cosa... (Cualquier cosa para dejar de sentir que era un mal amigo y no había hecho suficiente pensó Harry terminando sus pensamientos.) (9)

Harry —dijo Ron—, ¿crees que existe alguna posibili dad de que ella no esté...? Ya sabes a lo que me refiero. (Muerta por lo visto no estaba pensó Kingsley muy confundido.)

Harry no supo qué contestar. No creía que pudiera seguir viva

¿Sabes qué? —añadió Ron—. Deberíamos ir a ver a Lockhart para decirle lo que sabemos. Va a intentar entrar en la cámara. Podemos decirle dónde sospechamos que está la entrada y explicarle que lo que hay dentro es un basilisco. (No creo que sirva de mucho pensó Reg.)

Harry se mostró de acuerdo, porque no se le ocurría nada mejor y quería hacer algo. Los demás alumnos de Gryffindor estaban tan tristes, y sentían tanta pena de los Weasley, que nadie trató de detenerlos cuando se levanta ron, cruzaron la sala y salieron por el agujero del retrato.

-Y si lo hubieran intentado saldríamos igual- empezó Ron.

-Ron es un estratega, algo se le habría ocurrido- aportó Hermione.

-Y Harry hubiera distraído a Oliver con el Quidditch y éste hubiera hablado con el resto- terminó Ron.

Muchos asintieron y Lucius continuó.

Oscurecía mientras se acercaban al despacho de Lock hart. Les dio la impresión de que dentro había gran activi dad: podían oír sonido de roces, golpes y pasos apresurados. (Que hace pensó Lily.)

Harry llamó. Dentro se hizo un repentino silencio. Lue go la puerta se entreabrió y Lockhart asomó un ojo por la rendija.

¡Ah...! Señor Potter, señor Weasley... —dijo, abriendo la puerta un poco más—. En este momento estaba muy ocu pado. Si os dais prisa...

Profesor, tenemos información para usted —dijo Harry—. Creemos que le será útil. (Es bueno que piense todavía que es bueno pensó Reg celoso.)

Ah..., bueno..., no es muy.. —Lockhart parecía en contrarse muy incómodo, a juzgar por el trozo de cara que veían—. Quiero decir, bueno, bien.

Abrió la puerta y entraron. (Y lo que vimos casi hace que lo matemos pensó Harry furioso.)

El despacho estaba casi completamente vacío. En el suelo había dos grandes baúles abiertos. Uno contenía túni cas de color verde jade, lila y azul medianoche, dobladas con precipitación; el otro, libros mezclados desordenadamente.

Las fotografías que habían cubierto las paredes estaban ahora guardadas en cajas encima de la mesa. (Está huyendo la muy mierda pensó ofuscado Arthur W.)

¿Se va a algún lado? —preguntó Harry.

Esto..., bueno, sí... —admitió Lockhart, arrancando un póster de sí mismo de tamaño natural y comenzando a enrollarlo—. Una llamada urgente..., insoslayable..., tengo que marchar... (Que tarado, ni siquiera le importa una niña inocente pensó Remus.)

¿Y mi hermana? —preguntó Ron con voz entrecortada.

Bueno, en cuanto a eso... es ciertamente lamentable —dijo Lockhart, evitando mirarlo a los ojos mientras saca ba un cajón y empezaba a vaciar el contenido en una bol sa—. Nadie lo lamenta más. que yo...

-Salvo sus padres y hermanos- dijo furiosa Caro.

-Y sus amigos- aportó Lily.

Ginny pensó cabizbaja soy una amiga terrible, dejé sola a Luna y Lucius al ver que nadie decía nada, siguió.

¡Usted es el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras! —dijo Harry—. ¡No puede irse ahora! ¡Con todas las cosas oscuras que están pasando! (Bien Harry, interpélalo pensó Reg.)

Bueno, he de decir que... cuando acepté el empleo... —murmuró Lockhart, amontonando calcetines sobre las tú nicas— no constaba nada en el contrato... Yo no esperaba...

¿Quiere decir que va a salir corriendo? —dijo Harry sin poder creérselo—. ¿Después de todo lo que cuenta en sus libros? (Creo que Harry acaba de preguntar lo que se debe preguntar pensó Caro.)

Los libros pueden ser mal interpretados —repuso Lockhart con sutileza.

¡Usted los ha escrito! —gritó Harry. (Qué carácter que tiene mi hijo pensó James.)

Muchacho —dijo Lockhart, irguiéndose y mirando a Harry con el entrecejo fruncido—, usa el sentido común. No habría vendido mis libros ni la mitad de bien si la gente no se hubiera creído que yo hice todas esas cosas. A nadie le intere sa la historia de un mago armenio feo y viejo, aunque librara de los hombres lobo a un pueblo. Habría quedado horrible en la portada. No tenía ningún gusto vistiendo. Y la bruja que echó a la banshee que presagiaba la muerte tenía un labio le porino. Quiero decir..., vamos, que...

-Es un mentiroso- dijo Reg.

-Lo peor es que tiene razón, nadie hubiera ido a esa firma que se leyó al principio del libro, si el autor de los libros fuera feo. A la mayoría le interesa solo el exterior- aportó Caro.

-O que tan chupamedia sea- terminó Lily.

Lucius continuó leyendo.

¿Así que usted se ha estado llevando la gloria de lo que ha hecho otra gente? —dijo Harry, que no daba crédito a lo que oía. (No debí ser tan ingenuo, mi instinto ya me lo decía pensó Harry.) (10)

Harry, Harry —dijo Lockhart, negando con la cabe za—, no es tan simple. Tuve que hacer un gran trabajo. Tuve que encontrar a esas personas, preguntarles cómo lo habían hecho exactamente y encantarlos con el embrujo desmemorizante para que no pudieran recordar nada. Si hay algo que me llena de orgullo son mis embrujos desmemorizantes. Ah..., me ha llevado mucho esfuerzo, Harry. No todo consiste en firmar libros y fotos publicitarias. Si quieres ser famoso, tienes que estar dispuesto a trabajar duro.

-Es un imbécil de primera- empezó Alastor.

-Nunca había escuchado tanta imbecilidad junta- siguió Amelia.

-Tal vez, si quería sr famoso, hubiera sido escritor de cuentos- aportó Charlus.

-O modelo si tanto le importaba su figura y apariencia- terminó Dorea.

Lucius continuó leyendo.

Cerró las tapas de los baúles y les echó la llave.

Veamos —dijo—. Creo que eso es todo. Sí. Sólo queda un detalle.

Sacó su varita mágica y se volvió hacia ellos. (Ni se le ocurra hacerles algo pensó Arthur W.)

Lo lamento profundamente, muchachos, pero ahora os tengo que echar uno de mis embrujos desmemorizantes. No puedo permitir que reveléis a todo el mundo mis secre tos. No volvería a vender ni un solo libro...

Harry sacó su varita justo a tiempo. Lockhart apenas había alzado la suya cuando Harry gritó:

¡Expelliarmus!

-Buena esa, Harry- empezó Caro.

-Dale su merecido al idiota, arrogante, insoportable- terminó Reg.

Lucius continuó.

Lockhart salió despedido hacia atrás y cayó sobre uno de los baúles. La varita voló por el aire. Ron la cogió y la tiró por la ventana. (Que poderoso es este chico pensó Alastor mientras Molly pensaba debieron haberse llevado la varita de Lockhart.) (10)

No debería haber permitido que el profesor Snape nos enseñara esto —dijo Harry furioso, apartando el baúl a un lado de una patada. Lockhart lo miraba, otra vez con as pecto desvalido. Harry lo apuntaba con la varita.

-Creo que Lockhart tiene miedo de un niño- empezó Lily.

-Un niño con un carácter podrido- dijo Hugo E.

Lily lo miró mal y antes de que estallara una discusión, Lucius continuó.

¿Qué queréis que haga yo? —dijo Lockhart con voz débil—. No sé dónde está la Cámara de los Secretos. No pue do hacer nada.

Tiene suerte —dijo Harry, obligándole a levantarse a punta de varita—. Creo que nosotros sí sabemos dónde está. Y qué es lo que hay dentro. Vamos. (¿Por qué lo habrán llevado? pensó preguntando Alastor.)

Hicieron salir a Lockhart de su despacho, descendieron por las escaleras más cercanas y fueron por el largo corredor de los mensajes en la pared, hasta la puerta de los aseos de Myrtle la Llorona.

Hicieron pasar a Lockhart delante. A Harry le hizo gra cia que temblara. (Maldito cobarde pensó james.)

Myrtle la Llorona estaba sentada sobre la cisterna del último retrete.

¡Ah, eres tú! —dijo ella, al ver a Harry—. ¿Qué quie res esta vez?

Preguntarte cómo moriste —dijo Harry.

-¿Qué pregunta un poco grosera?- preguntó Dorea un poco enojada.

-No estaba para ser educado. La hermana de mi amigo estaba en peligro, abuela- contestó Harry un poco ofendido. (11)

-Lo siento, nieto. Tiene razón- dijo Dorea calmándose un poco, no se había dado cuenta de la situación que su nieto vivió.

Lucius continuó mientras James pensaba como lo hace. (12)

El aspecto de Myrtle cambió de repente. Parecía como si nunca hubiera oído una pregunta que la halagara tanto. (Que rara muchacha pensó Sirius.)

¡Oooooooh, fue horrible! —dijo encantada—. Sucedió aquí mismo. Morí en este mismo retrete. Lo recuerdo per fectamente. Me había escondido porque Olive Hornby se reía de mis gafas. La puerta estaba cerrada y yo lloraba, y entonces oí que entraba alguien. Decían algo raro. Pienso que debían de estar hablando en una lengua extraña. De cualquier manera, lo que de verdad me llamó la atención es que era un chico el que hablaba. Así que abrí la puerta para decirle que se fuera y utilizara sus aseos, pero entonces... —Myrtle estaba henchida de orgullo, el rostro iluminado— me morí.

-Dijo, todo eso, que horrible vida- dijo Caro con lástima.

-Le debe haber afectado que no investigarán bien su muerte- terminó Lily.

Lucius pensó tampoco me hubiera sentado bien, siguió leyendo.

¿Cómo? —preguntó Harry.

Ni idea —dijo Myrtle en voz muy baja—. Sólo recuer do haber visto unos grandes ojos amarillos. Todo mi cuerpo quedó como paralizado, y luego me fui flotando... —dirigió a Harry una mirada ensoñadora—. Y luego regresé. Estaba decidida a hacerle un embrujo a Olive Hornby. Ah, pero ella estaba arrepentida de haberse reído de mis gafas. (Normal, ya que había muerto pensó Dorea.)

¿Exactamente dónde viste los ojos? —preguntó Harry

Por ahí —contestó Myrtle, señalando vagamente ha cia el lavabo que había enfrente de su retrete. (Esta chica es un poco despistada pensó Alastor.) (13)

Harry y Ron se acercaron a toda prisa. Lockhart se que dó atrás, con una mirada de profundo terror en el rostro.

Parecía un lavabo normal. Examinaron cada centímetro de su superficie, por dentro y por fuera, incluyendo las cañerías de debajo. Y entonces Harry lo vio: había una diminuta serpiente grabada en un lado de uno de los grifos de cobre.

-Ya lo encontraron- dijeron Fred y Fabian.

-Van a poder rescatar a Ginny- siguieron George y Gideon.

-Y saber quién es el heredero- terminó Sirius.

Lucius continuó porque tenía curiosidad.

Ese grifo no ha funcionado nunca —dijo Myrtle con alegría, cuando intentaron accionarlo.

Harry —dijo Ron—, di algo. Algo en lengua pársel.

Pero... —Harry hizo un esfuerzo. Las únicas ocasio nes en que había logrado hablar en lengua pársel estaba de lante de una verdadera serpiente. Se concentró en la dimi nuta figura, intentando imaginar que era una serpiente de verdad.—Ábrete —dijo. (Creo que Harry debería practicar más pensó riendo por lo bajo Caro.) (14)

Miró a Ron, que negaba con la cabeza.

Lo has dicho en nuestra lengua —explicó.

Harry volvió a mirar a la serpiente, intentando imaginarse que estaba viva. Al mover la cabeza, la luz de la vela producía la sensación de que la serpiente se movía. (Ahora seguro que lo logra pensó Caro.)

Ábrete —repitió.

Pero ya no había pronunciado palabras, sino que había salido de él un extraño silbido, y de repente el grifo brilló con una luz blanca y comenzó a girar. Al cabo de un segundo, el lavabo empezó a moverse. (Por fin encontraron la entrada a la cámara de los secretos pensó Augusta angustiada.) El lavabo, de hecho, se hundió, desapareció, dejando a la vista una tubería grande, lo bas tante ancha para meter un hombre dentro. (O salir un basilisco pensó Caro.)

Harry oyó que Ron exhalaba un grito ahogado y levantó la vista. Estaba planeando qué era lo que había que hacer.

Bajaré por él —dijo.

No podía echarse atrás, ahora que habían encontrado la entrada de la cámara. No podía desistir si existía la más li gera, la más remota posibilidad de que Ginny estuviera viva. (Exacto, debieron hacer eso los docentes pero bajaron los brazos pensó Caro.)

Yo también —dijo Ron.

Hubo una pausa.

Bien, creo que no os hago falta —dijo Lockhart, con una reminiscencia de su antigua sonrisa—. Así que me...

Puso la mano en el pomo de la puerta, pero tanto Ron como Harry lo apuntaron con sus varitas. (No creo que te dejen ir, idiota pensó Reg.)

Usted bajará delante —gruñó Ron.

Con la cara completamente blanca y desprovisto de va rita, Lockhart se acercó a la abertura.

Muchachos —dijo con voz débil—, muchachos, ¿de qué va a servir?

Harry le pegó en la espalda con su varita. Lockhart me tió las piernas en la tubería. (Tírenlo con fuerza pensó Reg.)

No creo realmente... —empezó a decir, pero Ron le dio un empujón, y se hundió tubería abajo. Harry se apresuró a seguirlo. Se metió en la tubería y se dejó caer. (Harry me va a dar un infarto un día de estos pensó Lily.)

Era como tirarse por un tobogán interminable, viscoso y oscuro. Podía ver otras tuberías que surgían como ramas en todas las direcciones, pero ninguna era tan larga como aquella por la que iban, que se curvaba y retorcía, descen diendo súbitamente. Calculaba que ya estaban por debajo incluso de las mazmorras del castillo. Detrás de él podía oír a Ron, que hacía un ruido sordo al doblar las curvas. (Eran ruidos de emoción y angustia pensó Ron.) (15)

Y entonces, cuando se empezaba a preguntar qué suce dería cuando llegara al final, la tubería tomó una dirección horizontal, y él cayó del extremo del tubo al húmedo suelo de un oscuro túnel de piedra, lo bastante alto para poder estar de pie. Lockhart se estaba incorporando un poco más allá, cubierto de barro y blanco como un fantasma. Harry se hizo a un lado y Ron salió también del tubo como una bala. (Sino me corría me atropellaba pensó Harry.)

Debemos encontrarnos a kilómetros de distancia del colegio —dijo Harryy su voz resonaba en el negro túnel.

Y debajo del lago, quizá —dijo Ron, afinando la vista para vislumbrar los muros negruzcos y llenos de barro. ,(Una hermosa vista para ver el sol ironizó pensando Petunia.)

Los tres intentaron ver en la oscuridad lo que había de lante.

¡Lumos! —ordenó Harry a su varita, y la lucecita se encendió de nuevo—. Vamos —dijo a Ron y a Lockhart, y co menzaron a andar. Sus pasos retumbaban en el húmedo suelo. (Que tétrico, es peor que estar en el bosque prohibido pensó Arthur W.)

El túnel estaba tan oscuro que sólo podían ver a corta distancia. Sus sombras, proyectadas en las húmedas pare des por la luz de la varita, parecían figuras monstruosas. (Cada vez me da más miedo pensó Hermione)

Recordad —dijo Harry en voz baja, mientras camina ban con cautela—: al menor signo de movimiento, hay que cerrar los ojos inmediatamente. (Buen consejo pensó Alastor.)

Pero el túnel estaba tranquilo como una tumba, y el primer sonido inesperado que oyeron fue cuando Ron pisó el cráneo de una rata. Harry bajó la varita para alumbrar el suelo y vio que estaba repleto de huesos de pequeños ani males. Haciendo un esfuerzo para no imaginarse el aspec to que podría presentar Ginny si la encontraban, Harry fue marcándoles el camino. Doblaron una oscura curva. (Harry modo líder pensaron Ron y Hermione.)

Harry, ahí hay algo... —dijo Ron con la voz ronca, co giendo a Harry por el hombro.

Se quedaron quietos, mirando. Harry podía ver tan sólo la silueta de una cosa grande y encorvada que yacía de un lado a otro del túnel. No se movía.

-Debe ser la muda de piel de la serpiente- sugirió Charlie.

-Es cierto, como otras criaturas, las serpientes cambian de piel- dijo Caro.

-Y los basiliscos cada veinte años más o menos- aportó Charlie. (16)

Lucius continuó mientras pensaba Charles Weasley sí que sabe.

Quizás esté dormido —musitó, volviéndose a mirar a los otros dos. Lockhart se tapaba los ojos con las manos. Harry volvió a mirar aquello; el corazón le palpitaba con tanta rapidez que le dolía.

Muy despacio, abriendo los ojos sólo lo justo para ver, Harry avanzó con la varita en alto. (Mientras me moría de miedo pensó Harry.)

La luz iluminó la piel de una serpiente gigantesca, una piel de un verde intenso, ponzoñoso, que yacía atravesada en el suelo del túnel, retorcida y vacía. El animal que había de jado allí su muda debía de medir al menos siete metros.

-Caray, que tamaño- dijo Bill.

-Debe medir por lo menos diez metros- aportó Charlie.

-Pues más les vale que no salgan heridos- dijo Lily asustada.

-No te puedo prometer nada, lo importante es que sobrevivimos- le recordó Harry y agregó- sigue, por favor, Malfoy.

Lucius continuó.

¡Caray! —exclamó Ron con voz débil.

Algo se movió de pronto detrás de ellos. Gilderoy Lock hart se había caído de rodillas.

-Creo que es una trampa-dijo Caro.

-Lo decimos porque es un tramposo de primera- explicó Reg al ver la cara de algunos.

Lucius decidió seguir

Levántese —le dijo Ron con brusquedad, apuntando a Lockhart con su varita.

Lockhart se puso de pie, pero se abalanzó sobre Ron y lo derribó al suelo de un golpe. (Lo mato nadie toca a mi hijo pensaron Arthur y Arthur W mientras sus hijos pensaban un ricitos de oro menos en el mundo.)

Harry saltó hacia delante, pero ya era demasiado tarde. Lockhart se incorporaba, jadeando, con la varita de Ron en la mano y su sonrisa esplendorosa de nuevo en la cara. (Idiota la varita de Ron está rota pensó Caro.)

¡Aquí termina la aventura, muchachos! —dijo—. Co geré un trozo de esta piel y volveré al colegio, diré que era demasiado tarde para salvar a la niña y que vosotros dos perdisteis el conocimiento al ver su cuerpo destrozado. ¡Despedíos de vuestras memorias! (Pues claro pensaban los docentes porque sabían que los chicos estaban bien)

Levantó en el aire la varita mágica de Ron, recompues ta con celo, y gritó:

¡Obliviate! (El único hechizo que se sabe pensó Caro asqueado.)

La varita estalló con la fuerza de una pequeña bomba. Harry se cubrió la cabeza con las manos y echó a correr ha cia la piel de serpiente, escapando de los grandes trozos de techo que se desplomaban contra el suelo. Enseguida vio que se había quedado aislado y tenía ante si una sólida pared formada por las piedras desprendidas. (Otra vez solo pensó Lily asustada)

¡Ron! —grito—, ¿estás bien? ¡Ron!

¡Estoy aquí! —La voz de Ron llegaba apagada, desde el otro lado de las piedras caídas—. Estoy bien. Pero este idiota no. La varita se volvió contra él.

-¡Se lo merece el imbécil de primera por hijo de puta y mierda barata!- exclamó enojado Reg.

-Cálmate Reg, que en este momento no quiere quitarle la memoria a nadie- dijo suavemente Caro.

Lucius continuó mientras muchos pensaban Reg es muy celoso.

Escuchó un ruido sordo y un fuerte «¡ay!», como si Ron le acabara de dar una patada en la espinilla a Lockhart. (-Fue lo hice- murmuró Ron W a Draco M, él se rió por lo bajo.)

¿Y ahora qué? —dijo la voz de Ron, con desespero—. No podemos pasar. Nos llevaría una eternidad... (-Y para ese momento Ginny ya estaría muerta- murmuró enojado y angustiado Ron a Hermione. Ella le palmeó el hombro con el fin de calmar a su amigo.)

Harry miró al techo del túnel. Habían aparecido en él unas grietas considerables. Nunca había intentado mover por medio de la magia algo tan pesado como todo aquel montón de piedras, y no parecía aquél un buen momento para intentarlo. ¿Y si se derrumbaba todo el túnel? (Sería horrible y quedarían sepultados pensó James un poco angustiado.)

Hubo otro ruido sordo y otro ¡ay! provenientes del otro lado de la pared. Estaban malgastando el tiempo. Ginny ya llevaba horas en la Cámara de los Secretos. Harry sabía que sólo se podía hacer una cosa. (Como siempre sacrificándose. Espero que la niña no sea la culpable pensó Caro.)

Aguarda aquí —indicó a Ron—. Aguarda con Lockhart. Iré yo. Si dentro de una hora no he vuelto... (Yo mató al culpable pensó Lily furiosa.)

Hubo una pausa muy elocuente.

Intentaré quitar algunas piedras —dijo Ron, que pa recía hacer esfuerzos para que su voz sonara segura—. Para que puedas... para que puedas cruzar al volver. Y.. (-O para ir en tu búsqueda- murmuró Ron a Harry. El moreno le sonrió en agradecimiento por preocuparse por él.)

¡Hasta dentro de un rato! —dijo Harry, tratando de dar a su voz temblorosa un tono de confianza.

Y partió él solo cruzando la piel de la serpiente gigante. (Que horrible perspectiva pensó Lily.) Enseguida dejó de oír el distante jadeo de Ron al esfor zarse para quitar las piedras. El túnel serpenteaba continuamente. Harry sentía la incomodidad de cada uno de sus músculos en tensión. Quería llegar al final del túnel y al mismo tiempo le aterrorizaba lo que pudiera encontrar en él. Y entonces, al fin, al doblar sigilosamente otra curva, vio delante de él una gruesa pared en la que estaban talladas las figuras de dos serpientes enlazadas, con grandes y bri llantes esmeraldas en los ojos. (Como si lo observaran pensó Dudley mientras miraba a su primo.)

Harry se acercó a la pared. Tenía la garganta muy seca. No tuvo que hacer un gran esfuerzo para imaginarse que aquellas serpientes eran de verdad, porque sus ojos parecían extrañamente vivos. (Con la práctica también sabrás hacer hechizos en pársel pensó Caro.)

Tenía que intuir lo que debía hacer. Se aclaró la gargan ta, y le pareció que los ojos de las serpientes parpadeaban.

¡Ábrete! —dijo Harry, con un silbido bajo, desmayado.

Las serpientes se separaron al abrirse el muro. Las dos mitades de éste se deslizaron a los lados hasta quedar ocul tas, y Harry, temblando de la cabeza a los pies, entró.

-Con miedo pero valientemente- empezó Dorea.

-Para ayudar a todos a pesar de todo lo que dijeron de ti- siguió James con orgullo.

Lucius espero u poco para calmar sus nervios y dijo:

-El capítulo terminó.

En el momento en que dijo eso, cerró el libro y se abrieron las puertas. Por ella entraron Harry P y Albus P.

-¿Y ya vamos a desayunar?- preguntó Sirius un poco hambriento.

-Claro Sirius, en diez minutos- contestó Harry P.

-Vamos a darnos treinta minutos para desayunar, hablar un poco y sobre todo calmarnos y luego continuaremos leyendo- avisó Albus P.

-Ahora, por favor, Lucius deja el libro en su zona de descanso- pidió Hermione P. mientras señalaba el sitio.

El mencionado levitó el libro al lugar indicado y bajó la varita.

Mientras esto sucedía, Harry P y Albus P se sentaban en su lugar.

Cuando miraron a todos y vieron que se habían calmado un poco, Ron W miró a Harry P y preguntó.

-¿Puedo hacerlo yo?-

-Si- contestó Harry P.

-Director, por favor, haga los honores- dijo Ron W. caballerosamente.

-A sus órdenes, señor Weasley- empezó Albus D divertido y preguntó todavía divertido- ¿Todos están listos?

-Sí- contestó la mayoría.

-Entonces a…


Hola a todos.

Lamento no haber escrito antes.

Ahora les explico las notas de autor

Kira

1) Pienso que en una situación de miedo nadie que tuviera algo de corazón estudiaría para los exámenes. También hay que tener en cuenta a los atacados y su imposibilidad de hacer los mismo.

2)Se preguntan en cuanto a que idea se le había ocurrido a Harry.

3)Hay estudios que dicen que los que están en coma son algo conscientes de su alrededor y asi que pensé que a los petrificado le ocurría lo mismo. Que Elizabeth lo sepa se debe a que tiene dos hijas magas.

4)A mi parecer tantos ojos hacen que el basilisco pueda atacarlos más.

5)El personaje de esa serie que amaba (serie de 1985 aproximadamente) sacaba ideas de la nada.

6)Me refiero a que no creo que Tom fuera el único heredero de Slytherin que había abierto la cámara. y sólo se mencionó una muerte por culpa de la misma.

7)Porque ella tenía gran parte de la cupa.

8)Asesinada por los Prewett y lo Weasley porque estaba bajando los brazos

9)Porque Harry sentía que había fallado a Ron al no ayudar a su hermana antes.

10)Harry siente que debió seguir sus instintos y apoyar las palabras de Ron al final de la primera clase de DCAO.

11)Harry es un poco grosero porque está apurado de salvar a la hermana de su amigo.

12) James se pregunta como Harry puede calmar a su mamá (Dorea) cuando tiene el genio de las pelirrojas.

13)Alastor piensa que Myrtle es despistada porque no recuerda detalles.

14)Caro se refiere a que tiene que aprender a hablar más en pársel para no desaprovechar ese don.

15)Ron sentía emoción por la diversión de bajar por el túnel y angustia por la situación que estaba pasando Ginny.

16)La claración de esta nota es que Charlie la da porque es uno de lo que más sabe de criaturas en ese momento y la parte de cada cuanto cambia de piel el basilisco, lo inventé.