PERDOOOON! de verdad lo siento, se que no es justificación pero me regalaron un bebe perro de 45 días y es muy mamon.. en fin como penitencia subiré los dos últimos capítulos seguidos...

Espero que los disfruten...

Recuerden que ni la historia ni los personajes me pertenece...

saludos...

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CAPITULO 23

Con las manos metidas en los bolsillos del pantalón, Wei Hitoko y Shaoran miraban fijamente las puertas del quirófano por el que saldría el médico que estaba operando a Kamui.

Las puertas se abrieron. Salieron dos enfermeras conversando. Ningún médico.

Transcurrieron otros tres minutos. Ellos se paseaban inquietos. No había ningún cirujano a la vista. Entonces, por fin, salió el cirujano, un hombre mayor de ojos pálidos y cansados. Todavía llevaba puesta la bata verde, ahora manchada de sangre. Antes de hablar se quitó la gorra.

-Lo siento. La bala había afectado partes vitales del cerebro. Aun cuando hubiese sobrevivido, habría quedado convertido en una planta. Lo siento.

-¡Maldición! -exclamó Wei, y soltó un suspiro-. Gracias, doctor.

Shaoran se encaminó hacia los ascensores, completamente deprimido.

-Con lamentarnos no ganamos nada -lo animó Wei-. Hace un rato me dijiste que se te habían ocurrido otras ideas. Volvamos a la habitación de Sakura.

Cuando llegaron a la puerta de la habitación de Sakura toparon con Naoko, que discutía con el policía que montaba guardia, quien se negaba a permitirle la entrada.

-Lo lamento, señora -repitió el policía-, pero no puede entrar.

Antes de que Naoko tuviera tiempo de replicar, intervino Wei:

-Está bien, agente, nosotros la vigilaremos. -Miró a Naoko con una sonrisa y abrió la puerta. Shaoran no pronunció una palabra hasta que estuvieron dentro.

Sakura estaba dormida, con la cara hinchada y cubierta de moratones. Tenía el aspecto de una persona que hubiera peleado en una guerra, lo que en su caso se acercaba a la verdad.

Naoko clavó la vista en su hermanastra.

-¡Qué mal aspecto tiene! ¿Logrará sobrevivir esta vez?

-Sí.

-He venido a hacer un trato. -Naoko miró al sargento Hitoko-. Pero no quiero hablar delante de extraños. Esto es entre tú y yo, Shaoran. Cuando oigas lo que tengo que decirte, no creo que quieras que Sakura esté involucrada en el asunto.

-¿Puedes esperar fuera, Wei? No creo que esto nos tome mucho tiempo -dijo Shaoran.

Naoko no volvió a hablar hasta que la puerta se cerró tras Wei. Entonces se alejó ostensiblemente de Shaoran.

-¿Y bien? -preguntó él.

-Se trata de mi padre. Supongo que debes de haberte preguntado por qué odia tanto a Sakura. Pues he venido a decírtelo.

Shaoran se aseguró de que Sakura estuviera dormida antes de decir:

-De acuerdo, pero habla en voz baja.

-He de aclararte que no supe nada de esto hasta después de la muerte de mi abuela, hasta después de la lectura del testamento, cuando Sakura salió de regreso a Tokio.

"Después de llevarla al aeropuerto, Fye Flourite, el abogado de abuela, volvió a la mansión. Papá le advirtió que iba a impugnar el testamento. Dijo a voz en cuello que Sakura jamás lograría salirse con la suya, y que le diría la verdad a todos los periodistas del estado, que el honor de la familia le importaba un bledo. Aseguró que el nombre de la familia Kinomoto sería el hazmerreír de Kyoto. A la mañana siguiente pensaba dar una conferencia de prensa en la que haría el anuncio, y a partir de ese momento se quedaría con toda la herencia.

Yo no sabía de qué estaba hablando. Kotori, tampoco. Entonces dijo que Sakura no era hija suya. Que había descubierto la verdad diez años antes, y que se lo contó a su madre. Ella ya lo sabía, y le advirtió que debía callarse la boca. Que no toleraría que dijera una sola palabra del asunto. Papá aceptó, dijo que mantendría la boca cerrada, pero sólo si ella le prometía que sería el único heredero de toda la fortuna de la familia".

-De modo que el juez no es su padre... -Shaoran meneó la cabeza-. Eso es una locura. Los he visto juntos. Tienen los ojos idénticos, de un esmeralda y tan profundo como no he visto igual. Y también son idénticos en muchos otros aspectos. ¿Está ciego ese hombre? ¿O estamos hablando de un hermano mellizo de tu padre?

-Papá le dijo a Flourite que su primo hermano Fujitaka era el padre de Sakura, y que podía probarlo.

-¿Un primo de tu padre? -preguntó Shaoran-. Sakura nunca comentó que tu padre tuviera un primo que se parecía a ella. Jamás habló de otros parientes.

-Porque no lo conoce; ni siquiera sabe de su existencia. ¿Cómo iba a saberlo? Su madre era la última interesada en decírselo. Por lo visto ese primo vivió poco tiempo en Kyoto y después se marchó y nadie volvió a verlo. Murió a finales de los años noventa, en un accidente en una excavación arqueológica. Te advierto que me enteré de todo esto cuando mi padre se lo dijo a Flourite.

-Pero ¿qué clase de familia es ésta? Sigue, Naoko, termina de una vez.

-Este tal Fujitaka era hijo del hermano menor de mi abuela, y por lo visto su viva imagen. Parece que el color de los ojos es hereditario. Recuerdo que muchas veces me pregunté a qué se debería la antipatía que papá sentía hacia Sakura. Por supuesto que yo a ella nunca le presté atención, pero recuerdo haber notado que algo había cambiado, aunque no sé exactamente cuándo, porque, compréndelo, yo prácticamente no vivía en casa. Papá empezó a rechazar a Sakura cada vez que ella se le acercaba. Por supuesto que a mí siempre me adoró, en gran medida a causa de mi madre. Dice que me parezco a ella. Amaba a mi madre más que a nada en el mundo. De modo que por ella me dio todo su amor, toda su devoción.

-Y tú lo imitaste y decidiste hacerle la vida imposible a tu hermanastra.

Naoko se encogió de hombros.

-Me molestaba, siempre se cruzaba en mi camino, y además apenas estamos emparentadas.

-De acuerdo, Naoko. ¿A qué viene todo esto? ¿Cómo piensas impedir que tu padre le diga la verdad a la prensa?

-Antes de venir al hospital llamé al abogado Flourite y le conté lo que papá amenazaba con hacer. Flourite rió y dijo que la abuela había previsto que sucedería y que había tomado medidas para impedir que papá tuviera éxito.

-¿Y cuáles fueron esas medidas?

-No lo sé.

-Supongo que alguna clase de adopción legal -dijo Shaoran-, hecha conjuntamente entre tu abuela y la madre de Sakura.

-Sería típico de ella -reconoció Naoko-. ¡Esa vieja miserable y...!

-Sigue con lo que querías decirme, Naoko.

-Bien. A cambio de cinco millones de dólares, permaneceré callada con respecto a esto; Sakura nunca se enterará de la verdad. -Al ver que Shaoran enarcaba una ceja, agregó-: De acuerdo, por cinco millones de dólares tu mujer no se enterará de que su madre era una puta y ella es una bastarda.

Shaoran lanzó una carcajada.

-¿Y qué te hace pensar que su ex padre no gritará la verdad a los cuatro vientos sólo para vengarse?

-No dudes de que él también intentará llegar a un acuerdo contigo. En cuanto se tranquilice y reflexione acerca de la situación.

Shaoran permaneció largo rato callado. Naoko, una excelente abogada, supo que no debía moverse ni hablar.

-De acuerdo -dijo él por fin.

-¿Así de simple? ¿Me darás los cinco millones sin más?

-De eso, nada. No te daré un maldito centavo.

-¿No te das cuenta del mal que esto le causaría a tu maravillosa y fabulosamente rica mujercita?

- Sakura nunca se enterará, al menos por ti. En cuanto al juez, tendrá que vérselas conmigo.

-De manera que no estás dispuesto a llegar a un acuerdo.

-No.

-Muy bien. Despertemos a Sakura para decirle la verdad.

Cuando trató de pasar junto a Shaoran, él la cogió del brazo.

-Baja la voz, Naoko. Me niego a que la despiertes. Escucharás lo que tengo que decirte. Verás, quiero hacer un trato contigo.

-No tienes nada que ofrecer -contestó ella, pero Naoko advirtió una expresión de cautela en sus ojos.

-Tu maravillosa madre -dijo él en voz muy baja-. La mujer a quien tu padre adoraba, la que murió, y a raíz de quien todas las siguientes sólo fueron malas copias de esa mujer perfecta. Eres idéntica a ella y por eso tu padre te idolatra.

-¿Qué pasa con mi madre?

Sakura notó temor en su voz, un temor disimulado, pero real.

-¿Te gustaría que te diera las señas de tu madre, Naoko?

Ella se alejó como si acabara de darle una bofetada.

-¡Mientes!

-¡Baja la voz o te sacaré a empellones de la habitación!

No fue necesario que lo hiciera. Naoko pasó corriendo por su lado y salió. Shaoran fue tras ella. No sonreía, pero era algo que debía hacerse y él era el indicado para llevarlo a cabo. Y sería él quien pusiera fin al asunto.

Ella estaba de pie en el pasillo, con los ojos cerrados, la cabeza apoyada contra la pared.

-Mientes, ¿verdad? -preguntó, sin abrir los ojos.

-Pregúntaselo a tu encantador padre.

-Mamá ha muerto. Murió cuando yo tenía seis años. Papá pasó a recogerme por la escuela y me dijo que se había ido al cielo. Lloró y me abrazó. Está muerta. Yo odié a Nadeshiko cuando él la trajo a casa. Y ella demostró lo que era, ¿verdad? Una zorra que tuvo a Sakura, una bastarda. ¡Al año de estar casada con papá ya se acostaba con otro! ¡Mi madre ha muerto, maldito cabrón!

-No, no ha muerto. -Tuvo ganas de decirle que posiblemente su madre había abandonado al juez a causa de las infidelidades de éste, y que también la había abandonado a ella, su hija, pero simplemente no tuvo valor para pronunciar esas palabras.

Entonces, en un instante, Naoko cambió y su mirada se volvió tan gélida como su voz.

-Entonces, ¿cuál es el trato, Shaoran? Es posible que lo que dices sea cierto, pero ¿qué importancia tiene? Carece de cualquier valor.

-En primer lugar, es muy probable que a tu padre le importara. Dudo que tenga ganas de enfrentarse, no sólo con su mentira sino con la mujer en sí. ¿Quién sabe? Ya que crees que la amaba tanto, tal vez cuando la vuelva a ver consiga convencerla de que se divorcie de su actual marido y regrese a su lado.

-¡Está muerta!

-Tal vez ella esté dispuesta a volar a Tokio para que se la presentes a todos tus amigos de la alta sociedad. Quizá hasta le gustara conocer a su nieta de Milán, ¿no te parece?

-¡Lo que dices es mentira!

-Me pregunto cuántos hermanastros y hermanastras tendrás. ¿Crees que todos serán inteligentes, hermosos y encantadores como tú?

Ella le dio una bofetada. Con mucha calma, Shaoran le tomó ambas manos y las sostuvo mientras seguía hablando.

-Debo admitir que estoy encantado de que no seas mi cuñada. Es probable que tengas algunas cosas buenas, todo el mundo las tiene; pero ¡basta de tonterías! No le dirás una sola palabra a Sakura acerca de su madre. Volarás a Kyoto y le dirás a tu papaíto que en cuanto abra la boca, tendrá a su ex esposa ante la puerta de su casa. Si quiere un escándalo, lo tendrá. ¿Me has comprendido, Naoko?

-Espero que Sakura te abandone.

-Todavía ni siquiera hemos tenido una luna de miel -dijo Shaoran, y soltó la carcajada. Pero de inmediato añadió en tono grave-: Debo confesar que le agradezco a tu padre el que no te haya contado lo de Sakura, porque en ese caso la habrías atormentado más de lo que lo has hecho. Y ahora vete, Naoko. Vete y no vuelvas nunca más.

Le soltó las muñecas. Ella se las frotó. Después se alejó caminando lentamente, pero sin mirar hacia atrás. Shaoran suspiró. Esperaba haber hecho lo correcto. En realidad, lo que Naoko o su padre hicieran carecía de importancia. Cuando llegara el momento indicado le diría a Sakura la verdad acerca de su padre y su madre. Tenía la impresión de que, a la larga, le haría bien saber que no era hija del juez.

Se preguntó si la madre de Naoko seguiría con vida.

Treinta minutos más tarde, Sakura estaba despierta y Wei y Shaoran se sentaron en el borde de su cama.

-Bien, Sakura -dijo Wei-, prácticamente hemos desechado a los miembros de tu familia como sospechosos. Creo que la dirección correcta es la que supone Shaoran.

-¿Y cuál es?

-Que alguien quiere vengarse de él. Y lo quieren hacer a través de ti.

-¿Y se te ocurre quién puede ser? -preguntó ella mirando a Shaoran.

-Sí, se me ocurren varias posibilidades. Por desgracia... -respiró hondo- Kamui ha muerto. Pero no te preocupes, cariño, llegaremos al fondo de esto, y muy pronto.

Sakura sintió deseos de llorar. ¡No era justo! Se sentía terriblemente vulnerable e indefensa. Shaoran comprendió lo que le ocurría y con mucha tranquilidad, sacó la 38 de la sobaquera y se la entregó.

-Guarda esto en el cajón de la mesilla de noche. El seguro está puesto. Si alguien se acerca a ti con intenciones de hacerte daño, no vaciles. Quita el seguro, apunta y aprieta el gatillo. ¿De acuerdo?

Wei estuvo por mencionar que había un policía de uniforme montando guardia en la puerta, pero no lo hizo. La vez anterior eso no había servido de nada. Le dio una palmada a Sakura en el hombro, y se marchó.

Shaoran dormiría en la habitación, para cuidar mejor de ella. Entró en el cuarto de baño a lavarse los dientes y tomar una ducha. Pocos minutos después salió vistiendo una bata que ella no le conocía. Lo miró, enarcando una ceja.

-Es nueva -dijo él-. No quise escandalizar a las enfermeras ni a los médicos. Aquí no puedo ir desnudo como a ti te gusta.

-¿Piensas dormir conmigo?

Shaoran suspiró. Le hubiera encantado, pero tenía miedo de hacerle daño,

-¿Qué te parece si te tengo abrazada hasta que te duermas? -La tomó suavemente entre sus brazos y Sakura suspiró.

-¡No puedo creer que Kamui nos haya jugado la mala pasada de morirse! -exclamó ella.

-Yo tampoco.

-¿Qué haremos ahora?

-Repasaré todos los casos de que me ocupé durante mis últimos tres años en el cuerpo. Me tomará algún tiempo, pero llegaré a la solución del asunto. No debes preocuparte. -La frase le resultó completamente hueca.

-No me preocuparé -aseguró ella, acomodándose contra él.

Shaoran comprendió, sorprendido, que Sakura estaba ahí, que era su esposa y que lo amaba. Le dio un beso en la sien.

-Eres valiente y dura...

-¿Y la mujer con quien más has gozado en la cama?

-Sí. Hay una historia que quiero contarte. Tal vez debí hacerlo antes, tal vez no. Se trata de una muchacha...

-¿Una de tus antiguas novias?

-No. ¿Recuerdas que te dije que estuve en París en 2012, en la misma época que tú? - Sakura asintió, pero él se dio cuenta de que se retraía, trataba de ocultarse tras su caparazón, de defenderse. Se apresuró a agregar-: Si, por supuesto que lo recuerdas. Amo Francia, también te lo he dicho. De todos modos, cuando iba por París en moto, un maldito Peugeot chocó contra mí. Tuve suerte. Volé por los aires y caí sobre unos arbustos. Pero me rompí un brazo. Llamaron a una ambulancia que me llevó a la sala de urgencias del hospital St. Catherine. Mientras estaba completamente solo en un cubículo, esperando, a que un médico se ocupase de mí, entraron en el cubículo contiguo con una chica que había sido violada. Ella y yo sólo estábamos separados por una cortina.

-¡No, Shaoran! ¡Maldita sea, no...!

-Chist. Déjame continuar -dijo él-. Oí sus gritos, sus exclamaciones, su llanto y escuché lo que decían los médicos, que no se interesaban demasiado por ella porque era extranjera. Y por fin vi cuando la sacaban en la camilla. Después, ya en el aeropuerto, listo para volver a casa, compré un periódico y leí toda la historia. Nada de lo que decía me pareció cierto, y yo debía saberlo, puesto que había estado en esa sala de urgencias. Y nunca olvidé su nombre. Se llamaba Sakura Kinomoto. Recuerdo haber pensado que no era posible que alguien tuviera que soportar tantas humillaciones, tantas mentiras, por parte de los medios, y eso modificó algo en mi interior.

Ella lloraba en silencio.

Él la abrazó y continuó en voz baja:

-Tu violación cambió algo muy importante dentro de mí, Sakura. Hasta entonces no había comprendido la indignidad de una violación, la humillación que significa, la desesperanza que produce en una mujer. En realidad, uno de los motivos por los que renuncié al cuerpo fue una violación, una chiquita de catorce años que fue violada por su tío.

Tú tuviste más suerte que ella, Sakura. Sobreviviste porque eres fuerte. Y afortunadamente para mí, te encontré y ahora estamos juntos para siempre. ¿De acuerdo? -Se sentía maravillosamente liberado de algo que necesitaba decir-. Muy pronto solucionaremos este otro problema, y después nos espera Tomoeda, una casa blanca, un perro y media docena de hijos. ¿Te parece bien?

Silencio.

-También hay muchas cosas aquí, en Tokio, Shaoran -dijo Sakura por fin-. Nuevas experiencias, cosas que nunca he hecho y que siempre he querido hacer. ¿No quieres que las hagamos juntos? Además, adoro nuestro apartamento. No quiero dejarlo.

-Ya te dije que soy un tipo fácil de contentar. Haremos lo que tú prefieras.

Shaoran y Wei estaban en la comisaría, revisando viejos expedientes. Shaoran le había dicho a Sakura que le llevaría algunos para que juntos les echasen un vistazo. Ya debía de estar por llegar.

A Sakura le dolía el brazo y tenía ganas de frotárselo, pero cuando intentó hacerlo el dolor la hizo desistir. La cara también le dolía, y de vez en cuando se llevaba los dedos a los trozos de esparadrapo que cubrían las cicatrices.

Tenía ganas de levantarse y caminar. Por fin no pudo aguantar más. Apartó la sábana y la manta que la cubrían y apoyó los pies en el suelo.

Se sintió mareada, de modo que bajó la cabeza y respiró hondo. Entonces le dolieron las costillas. Soltó una maldición. Tenía veinticinco años y se sentía vieja y débil.

Pronto terminaría todo. Muy pronto. Debía tener paciencia. Pero ya no aguantaba más.

Oyó que la puerta se abría y, sin volverse, preguntó:

-¿Eres tú, Shaoran? ¡Me alegro de que hayas vuelto! ¿Qué has encontrado?

Pero en el vano de la puerta vio a un médico de bata blanca y estetoscopio al cuello. Tenía una historia clínica en la mano. Sonreía. La saludó con una inclinación de la cabeza y cerró la puerta.

-¿Quién es usted?

-Soy el doctor Len. El doctor Nakuru me ha pedido que pasara a aplicarle una inyección. -Sacó una jeringuilla del bolsillo y se acercó a ella-. Se la daré en el brazo. ¿Puede volver a acostarse, por favor?

Sakura estaba paralizada. Nakuru no era doctor sino doctora. Era mujer.

El hombre avanzaba hacia ella, con una sonrisa profesional. Sakura nunca lo había visto. No, no, se estaba comportando como una tonta... Era médico, tenía que serlo... Lo estudió con detenimiento, pero estaba segura de no haberlo visto antes. Ese hombre había ido a matarla.

No tenía modo de huir. Hizo lo único que se le ocurrió. Abrió la boca y gritó con toda la fuerza de sus pulmones, una y otra vez.

En un instante él saltó sobre ella y la arrojó de espaldas sobre la cama, con las piernas colgando a un costado. Trataba de inmovilizarla apoyando el brazo derecho contra el pecho de Sakura. En la mano derecha sostenía la jeringuilla.

Sakura volvió a gritar.

-¡Cállate, zorra! -El hombre levantó la mano para pegarle, pero ella se echó hacia atrás y levantó las piernas. Cuando sus rodillas le golpearon la espalda, el hombre gritó y cayó de costado.

Sakura se sintió presa del pánico; pero enseguida sonrió. Sonreía cuando abrió de un tirón el cajón de la mesilla de noche. Sonreía cuando empuñó la 38 y le apuntó. Él meneaba la cabeza, pálido de furia. Se levantó de inmediato con la jeringuilla en alto para que ella no pudiera arrancársela de la mano de un puntapié. Entonces vio la pistola.

-¿De modo que ese cabrón te dio un arma? -inquirió, abalanzándose sobre ella.

Sakura apretó el gatillo. La jeringuilla voló por los aires. El individuo se llevó una mano a la muñeca. Los dedos empezaron a cubrírsele de sangre.

La miró fijamente.

-¡No, maldita zorra! -gritó.

Sakura volvió a disparar. Esa vez no sucedió nada.

-¡Mierda! -exclamó Sakura arrojándole el arma. No le dio, pero no importaba. En un instante había saltado de la cama y estaba sobre él, pegándole frenéticamente. El hombre se retorció y consiguió liberarse, trató de pegarle, pero el dolor de la muñeca lo inmovilizó. Sakura le dio un puñetazo en el cuello. El falso médico salió corriendo de la habitación. Sakura se quedó mirando fijamente la puerta, jadeando.

Cuando Shaoran como Wei entraron en tromba, Sakura estaba de pie y empuñaba la pistola.

-¡Maldición, Shaoran, no se puede confiar en la tecnología! -exclamó, mirándolo-. Esta cosa ha disparado una vez, pero la segunda ha fallado.

-¡Dios mío! -exclamó Shaoran, mirando a Sakura y luego la pistola.

Cinco minutos después encontraron al policía que debía montar guardia delante de la habitación. Se encontraba inconsciente en el lavabo de hombres. Nadie había visto al individuo que había tratado de matar a Sakura. Pero no tenía importancia. Shaoran sabía de quién se trataba.

Una hora y media después, Shaoran, Wei y otros dos policías llegaron a la agencia de corredores de bolsa de Shiro, Humeko, Derisuke y Seishiro. Ya habían estado en la casa del sospechoso, donde sólo encontraron toallas manchadas de sangre y una agenda.

En ese momento, mientras subían al piso catorce del edificio de oficinas, Shaoran dijo:

-He telefoneado para confirmar lo que habíamos leído en la agenda. La secretaria me ha dicho que Kazuhiro Shiro tenía una reunión de directorio en veinte minutos. Es decir, en este momento.

-El tío Kazu -dijo Wei, meneando la cabeza-. ¡Vaya sobrenombre!

-¿Quieres que te cuente la historia ahora o más tarde, Wei?

-Ahora.

Shaoran procedió a contarle la historia de la violación de Subaki por obra del tío Kazu. Aclaró que había descubierto que el tío Kazu era un hombre rico e influyente. Que en el momento del juicio la hermana había modificado su declaración y había salido en defensa de su hermano. Que la grabación de la declaración de Subaki había sido insuficiente para incriminarlo. Que el juez había supuesto que el acusado debía de haberle pagado una fuerte suma a su hermana para que no declarara en su contra, pero que creía firmemente que a partir de ese momento Subaki estaría a salvo.

-No resultó así -continuó Shaoran-. Dos semanas después la chiquilla se arrojó por una ventana de su colegio.

-¿Y fue entonces cuando renunciaste a la policía, Shaoran?

-Sí. Pero tenía que hacer algo para vengar a Subaki. Esperé al tío Kazu frente a su elegante casa de un millón de dólares y le di una paliza. Deseaba matarlo, pero no lo hice. Me dijo que se vengaría. Y yo me reí, Wei, me reí. No lo miré a los ojos. De haberlo hecho, le habría creído.

-Ya hemos llegado -anunció Wei cuando se abrieron las puertas del ascensor.

Al verlos, una mujer se puso de pie. Fruncía el entrecejo y Shaoran comprendió que sabía que no eran miembros del directorio. Su aspecto no correspondía a ese lugar.

-Lo siento, señores -dijo enseguida-, pero el señor Shiro está en una reunión. Denme sus nombres y veré si...

Wei le mostró sus credenciales.

-Soy el sargento Hitoko, señora. Y este es Shaoran Li. Debemos ver al señor Shiro de inmediato.

-Iré a avisarle v...

-¡No! -exclamó Shaoran-. Quiero verlo exactamente donde está en este momento. En la cabecera de su larga mesa de caoba, hablando con una serie de caballeros de más de sesenta años, ¿verdad? Quiero humillarlo.

En ese momento llegó el otro ascensor con los restantes policías.

-Mantened los ojos bien abiertos -indicó Wei-. Ustedes ya han visto la foto de ese individuo. Si trata de huir, disparen, pero no a matar.

Shaoran abrió silenciosamente la doble puerta y entraron. La sala de conferencias tenía nueve metros de largo, estaba alfombrada de un extremo al otro y tenía las paredes recubiertas de madera. En el centro de la habitación había una larga mesa donde había varias bandejas de plata con botellones y vasos de cristal llenos de agua.

De pie en la cabecera del extremo apuesto, el señor Kazuhiro Shiro, el tío Kazu, analizaba el gráfico que colgaba de un trípode.

Había diez personas sentadas en las elegantes sillas que rodeaban la mesa. Sólo seis eran hombres ancianos. Había tres mujeres, todas de más de cincuenta años y muy bien vestidas, y un hombre negro, también anciano. Todos tenían aspecto de personas opulentas, conservadoras y muy respetables.

Shaoran notó que la mano derecha de Shiro colgaba a un lado. Sakura lo había herido en la muñeca derecha.

-Deja que sea quien hable -le dijo Shaoran a Wei.

-De acuerdo.

Shaoran se aclaró la garganta. Todos los presentes se volvieron a mirarlo. Shiro retrocedió y palideció. -Lamento interrumpir la reunión, señores y señoras. Somos de la policía y hemos venido a arrestar al señor Shiro por intento de asesinato.

Se oyeron exclamaciones de sorpresa.

-¿Qué sucede aquí, Kazuhiro? -¿Quién es este hombre?

Shaoran esperó a que se disipara la agitación. Shiro permanecía en silencio, blanco como el papel. -Supongo que la mayoría de ustedes está enterada del intento de asesinato sufrido por la modelo Ying Fa en una explosión. Pues bien, este individuo, conocido como tío Kazu, le pagó a un hombre llamado Kamui para que la matara. Cuando Kamui fracasó por dos veces, él mismo fue al hospital a hacer el trabajo. Por desgracia para él, su víctima es inteligente y valiente, y le disparó, hiriéndolo en la muñeca derecha. ¿Por favor, tío Kazu, quiere levantar el brazo derecho?

Todos los presentes miraban a Shiro como si se tratara de un desconocido, un ser de otro planeta a quien no comprendían, ni querían comprender.

Kazuhiro Shiro alzó el mentón. -Esto es un error ridículo, señores. En cuanto a la mano vendada, es algo aún más absurdo. Ahora, si quieren pasar a mi oficina, se lo aclararé todo.

Shaoran meneó la cabeza y se dirigió a las personas que rodeaban la mesa.

-¿Quieren saber por qué trataba de matar a Ying Fa? Hace algunos años tuve oportunidad de ayudar a una chiquilla de quince años que acababa de ser violada. Se desangraba. Su tío Kazu la acababa de violar, pero abusaba sexualmente de ella desde los diez años. La pobre chica acabó suicidándose, el tío Kazu quedó en libertad, y yo le propiné una paliza. Juró que se vengaría. Ahora ha tratado de matar a mi mujer. Pero esta vez la justicia no lo dejará escapar sin castigo.

-¡Está loco! ¡Salga de aquí!

-Además -continuó tranquilamente Shaoran-; Sakura Kinomoto o Ying Fa, que es su nombre profesional, tiene una memoria extraordinaria para los rostros. Y lo describió hasta el último detalle.

Se oyeron exclamaciones de sorpresa, especulaciones, frases de indignación, murmullos dubitativos. -Sospecho, señor -dijo Wei, adelantándose-, que encontraremos una herida de bala en su muñeca derecha. Además, tenemos el retrato robot que el dibujante de la policía realizó de acuerdo con la descripción de la señora Sakura Kinomoto. -Extrajo un papel de su bolsillo y se lo pasó al hombre más cercano. El anciano estudió el dibujo sin decir palabra, y se lo pasó a la mujer sentada a su lado.

-Eres tú, Kazihiro -dijo ella en el tono de voz más carente de emoción que Shaoran había oído en su vida. Y lo pasó al siguiente. Cuando el dibujo rodeó la mesa, Shaoran volvió a hablar.

-Ahora les propongo que voten. Los que hayan reconocido al señor Shiro en el dibujo, por favor, levanten la mano.

Reinó un profundo silencio en la habitación. Uno de los ancianos lanzó una exclamación de disgusto y levantó la mano. La siguió otra y luego otra. Hasta que por fin los diez integrantes del directorio tenían la mano en alto.

-¿Está listo, tío Kazu? -preguntó Shaoran.

-Esto es una locura. No iré a ninguna parte con ustedes.

-Lo lamento, señor, pero vendrá. De eso puede estar seguro. -Wei se acercó a Shiro y sacó un par de esposas del bolsillo.

-¿Vendrá voluntariamente o por la fuerza? -preguntó.

-¡Aléjese de mí, maldita sea! ¡Se arrepentirá de esto, Li! Estaré en libertad en menos tiempo del que demoré la vez anterior, ¿me oye? ¡Y entonces esa zorra morirá!

Shaoran se quedó mirando en silencio a Wei, que arrastró al tío Kazu fuera de la habitación. Antes de salir, Shiro se volvió y gritó:

-¡Saldré muy pronto en libertad, Li, y entonces me encargaré de usted, y cuando haya muerto, le llegará el turno a esa zorra!

Shaoran sonrió.

-No es una zorra. Es mi esposa -dijo.

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Nuevamente me disculpo, pero espero que les haya gustado...

muchas gracias por todos sus comentarios...