Lo sé, a ti también te duele

Daddy - Coldplay


Eren Jaeger podía ser alguien cuyos sentimientos podrían ser enterrados en lo más recóndito de su corazón. No obstante, cuando uno tiene la determinación en sepultar emociones, tiende a fallar en el proceso.

Eren entendió eso cuando le dijeron que su hija mayor nació con muchísimas deficiencias corporales, por el simple hecho de que el cuerpo de su esposa, la Reina Historia, ya no era apto para producir bebés. No después de haberla forzado a procrear anteriormente.

Sin embargo, cuando el castaño vio por primera vez el rostro angelical de su pequeña, quedó prendado de ella. No tenía la fuerza para no mostrar el amor que un padre debía mostrar a sus hijos.

A pesar de toda la penuria que Eren experimentó en el momento que le revelaron la desgracia de que perdería a su hija, reunió todo el valor que poseía en sí mismo para darle la contra a las órdenes de la Realeza. Se le había prohibido verla debido a protocolos de seguridad que se aplicaron con la pequeña Claennis, ya que habían muchas personas (así como naciones) que querían llevársela para fines perversos. Empero, Eren, a pesar de que le rogó mil veces a Historia para que esta le dejara ver a su hija, la rubia le respondió con indiferencia. No había reacción alguna con la Reina cuando Eren hablaba de su hija, cuando trataba de hacerla entrar en razón para que Claennis regresara con ellos

"¿Dónde llevaste a nuestra hija?" le exigió Eren sumamente preocupado. Historia estaba recostada en su cama, en su estado depresivo sin mejora alguna. "¡Está a salvo en la Base provisional de la Legión! mandé personal a que la cuidara, ¿contento?"


"¿Porqué no haces que pare el absurdo protocolo?" le había dicho Eren cuando intentó razonar con ella otra vez. Historia le respondía con neutralidad.


"Ya pasó tiempo desde que se llevaron a Vincent y Zinerva, Historia tienes que levantarte" intentó persuadirla con eso, pero solo aumentó la depresión en la chica. "Y a ti, ¿qué te importa? eran mis hijos, no los tuyos" le recriminó Historia con furia a su actual esposo.

Eren no encontraba la manera en hacer reaccionar a Historia para que parara con todo, porque, más que una medida de seguridad, Historia quería lejos a su hija y era algo que Eren ya no podía soportar

"¿Cómo hicieron Mikasa y el Capitán para afrontar la pérdida de su primer hijo?" era la duda que carcomía a Eren.

La única vez que la vio fue cuando había nacido. Tiene el recuerdo muy presente. Eren la tenía en sus brazos y la miraba embelesado por sus ojos verdes, tan parecidos a los suyos. Y cuando miró a Historia para ver si compartía la misma felicidad que él, el resultado lo dejó impactado.

Ella no tenía ni una pizca de felicidad. Nada, a diferencia de sus primeros dos hijos, Vincent y Zinerva. Y a pesar de que Eren no era su padre, el poco tiempo que los tuvo, los cuidó y los quiso como si fuera su progenitor. Hasta que se los llevaron a Marley y Historia cayó en ése estado depresivo, aún más cuando le dijeron que debía tener más hijos para reemplazar a los que perdió.

Ese había sido el arranque hacia su odio hacia la vida, arrastrando a su primogénita con ello.

Aún así, Eren no estaba dispuesto a que Historia no cambiara de decisión. Habían pasado ya, casi tres años desde la última vez que vio a Claennis, pero la Reina estaba decidida en no dejar que Eren, ni nadie la viera. Sin embargo, Eren insistió tanto en que por lo menos fuera ella la que viera por un mísero día a Claennis, que terminó por convencer a su esposa para que ya no molestara. El Jaeger le pidió que le contara todo lo que le diría y haría. Pensó que quizá habría una esperanza de que Historia cambiara de parecer y que le permitiera convivir con Claennis.

Pero sus esperanzas se desmoronaron, así como surgieron.

Historia partió una mañana hacia la Base provisional a conocer a su hija y Eren quedó a cargo del Castillo, esperanzado de que las cosas mejoraran. La Reina llevó a guardias consigo para que vigilaran bien. Historia se quedó varios días allá y Eren no recibía noticias de su esposa, ni de nada.

Sintió la emoción recorrer su pecho cuando vio llegar la carruaje donde venía Historia. Tenía una leve esperanza de que su esposa cambió de opinión con respecto a su hija y que la haya traído consigo. "Quizás y si cambió de opinión, Eren, solo queda esperar" le había dicho Armin para tranquilizarlo. Pero la espera no sirvió para nada. Historia llegó sola. "Solo fui a perder el tiempo", le recriminó a su esposo y se dirigió a sus aposentos a descansar.

La tristeza embargó a Eren cuando uno de los guardias le relató a detalle el trato que Historia tuvo con su hija. Lo dicho por el guardia dio paso a la furia impulsiva que siempre dominaba a Eren y se dirigió rápido a la alcoba que compartía con Historia. "¡Majestad, la Reina quiere descansar!" le gritó el guardia, pero Eren estaba reacio a escuchar a alguien.

Cuando llegó a confrontar a su esposa, la furia habló por él. Le dijo todas sus verdades, acerca de su descuido con su hija y lo mucho que él siempre ha añorado verla y convivir con ella. Fueron las palabras mas hirientes que Historia había escuchado en su vida.

"Dices que tu madre, fue mala contigo, pero tú eres exactamente lo mismo, o incluso peor que ella

"Aunque ignores a nuestra hija toda la vida, ella no va a desaparecer como quieres"


A partir de ese momento, Historia pareció meditar lo que dijo, Eren, por primera vez. No volvió a ir a la Base, pero Historia hacía de todo para que no faltara algún abastecimiento económico en la Base. Incluso, se dispuso a mandar guardia "especial". En primer lugar, Eren no estaba muy de acuerdo en mandar a Annie Leonhardt (quien recientemente salió de su estado de cristalización) a vigilar a su hija, no podía. Grande fue su sorpresa cuando Jean Kirschtein se ofreció a vigilar a Annie para que no hiciera algún daño. Eren le preguntó el porqué de su decisión, pero lo único que Jean le respondió, fue que debía hablar con Annie acerca de la muerte de un viejo amigo suyo...

Pasó tiempo desde que ambos se fueron a cuidar a su hija y Eren juntó el valor para ir a ver su pequeña, por primera vez. Le dijo a Historia que tenía que ir para verificar que Annie no haya comenzado alguna anomalía. La excusa no fue para nada creíble, pero Historia ya no replicó nada.

Eren partió en una fresca mañana, emocionado por ver a su hija por primera vez. Se sintió frustrado por no llevar algo para ella, pero sus ganas de verla pronto aumentaron sus prisas.

Cuando dio con la Base, la cual era una cabaña bastante grande y espaciosa, Eren salió de la carruaje y se sorprendió de ver a Annie tomando la mano de Jean, justo en el marco de la puerta. Al parecer estaban sumidos en su ambiente, ya que aún no notaban su presencia, pero si alguien más.

—¡Hola, Señor!

Eren dio un brinco cuando escuchó la voz de una niña a su lado. Traía un vestido de matices cafés y unos zapatos del mismo color. Su cabellera castaña le llegaba hasta sus diminutos hombros y sus ojos pigmentados de esmeraldas lo observaban con curiosidad y una bella e inocente sonrisa.

—¿Claennis?

—¿Cómo sabe mi nombre?

Pero Eren ya no la escuchaba, cayó de rodillas frente a la pequeña que no dejaba de verle sorprendida. Sostuvo sus pequeñitos hombros y las lágrimas surgieron de imprevisto. Eren no recordaba cuando fue la última vez que lloró de felicidad.

Quizás eso se debía a que nunca había llorado de felicidad...

—¿Señor?

La estrujó con sus grandes brazos contra sí mismo, no quería separarse de ella por ningún motivo. Pero todo hermoso momento tiene su final. Cuando se tuvo que separar de ella, tuvo que decirle los motivos de su pequeña visita. "Hola, Claennis, me llamo Eren Jaeger, soy tu padre". La pequeña lo miró con tanta sorpresa, con tanta inocencia que su corazón comenzaba a latir con mucha más fuerza, pero no se esperó lo que ella le había dicho: "¿Qué es un padre?"

Jean y Annie llegaron con él para recibirlo. Ambos hicieron la típica inclinación real para saludar a quien era su Rey. Pero Eren nunca se acostumbró a esos tratos. Una vez casado con Historia, se le tuvo que nombrar Rey, y aunque Historia le haya permitido seguir con sus libertades, el título ya era suyo. "No se inclinen, es vergonzoso", le recriminó Eren.

El Kirschtein le preguntó el porqué después de años, por fin se dignó en conocer a su hija. Claennis seguía presente y Eren simplemente la miraba con una sonrisa que la niña correspondía. El padre le había agradado, a pesar de que le resultara muy llorón para ser la primera vez que lo veía.

Eren, le anunció que estaba haciendo todo lo posible para finalizar con ese absurdo protocolo y que Claennis regresara a su hogar. Esta vez, Eren se prometió que ni nadie, ni Historia, le separarían de su hija otra vez.

Jean no estaba de acuerdo, Annie menos. Pero cuando el castaño les recordaba su realidad, ambos callaban: "¿Debo recordarles que Claennis sí es mi hija?" Y justo cuando Annie quería desquitarse a golpes, mareos repentinos la atacaban, incluso llegando a los vómitos... Eren ya tenía una idea de que pasaba entre esos dos.

Dejándo de lado a Jean y Annie, Eren dedicó esos escasos días para estar con su hija, platicar con ella, jugar con ella, reír con ella. Pero sabía que los finales ocurrían tarde o temprano. Su visita tendría un final, la despedida con su hija tendría un final. Su hija tendría un final. Eren se sintió el mayor estúpido por haber olvidado ese gran detalle. Y lo recordó hasta que vio a su primogénita sangrar por su nariz. Su pequeña le dijo que era normal en ella, pero Eren sentía miedo por la niña.

"Oye Papá, ¿cuándo me voy a morir?" le preguntó con lo que muchos confundían con inocencia, pero era todo lo contrario. Por alguna razón, Claennis estaba demasiado consciente de su estado. "Las mujeres que me enseñaban cosas de Princesa, me dijeron que soy defectuosa y que por eso me voy a morir". La pequeña Jaeger no vio como se llenaron de lágrimas los ojos de su padre. ¿Cómo explicarle a una niña de menos de tres años que nació con deficiencias en todo su cuerpo y que su vida no iba a pasar más de los quince años? No lo sabía. No pudo decir nada.

Ese día, algo de la humanidad de Eren Jaeger se había perdido. Desde ese día se dispuso a hacer lo que sea con tal de salvar a su hija.

Y lo que Jean le dijo, ayudó a matar a su humanidad. Jean le hizo algo horrible a su hija.

—¡¿Estás demente, Jean?! —Jean sabía que merecía los reclamos del Jaeger.

—Fueron órdenes, Eren —intentó defenderse. Pero todo era inútil.

—¿Te gustaría que yo mandara a alguien que te importa a que te mate? —siguió recriminando —¡Imagina lo que podría sentir Claennis si se entera que su gran ídolo, el Capitán Kirschtein, le inyectó un suero titanico que podría matarla con tan sólo un grito! Debería matarte yo mismo.

La furia de Eren no tenía límites.

—Eren, sé que lo que hice estuvo mal, pero debes entender que si no aplicaba ese suero en tu hija, moriría de forma más rápida y dolorosa —a Jean también le dolía ver sufrir a Claennis. En todo el tiempo de ausencia de Eren e Historia, Annie y él cumplieron la función de padres, por lo tanto, se preocupaban demasiado por ella. La Leonhardt también sabía de la condición de Claennis y estaba igual de dolida que él, pero con la diferencia de que sentía un ligero rencor hacia Historia por haber permitido que Claennis creciera sin algún tratamiento médico.

—Además, fue un engaño de Hizuru y lo sabes, Jean sería incapaz de hacer algo contra Claennis —intervino Annie defendiendo a un abrumado Jean.

Eren pareció meditarlo un momento y lo entendía, pero ese rencor hacia Jean Kirschtein jamás se fue.

Pero Eren quería disfrutar de sus últimos momentos de estadía en la Base con su hija y eso fue lo que hizo. No desaprovechaba ningún segundo para estar con Claennis y esta parecía estar a gusto con él.

Hasta el momento en que Eren ya debía irse.

Historia le mandó una carta donde le avisaba que sospechaban de la visita de Eren hacia su hija y que si no se apuraba en regresar, mandarían guardias a buscarlo. El Jaeger no les tenía ni un ápice de miedo. Y estaba completamente seguro de que Jean y Annie tampoco, pero él temía por su esposa y su hija, quien los miraba expectantes mientras leían la carta.

Eren lo sabía, debía partir.

Cuando Eren terminó de alistar sus cosas para su partida, el rostro triste de su hija le partía el alma. Ella lo veía desde la ventana de la Base mientras él subía a la carroza que lo llevaría a su hogar. Eren anhelaba tanto llevarse a su hija con él. Pero debía ser así por ahora, también porque debía ponerse en marcha para arreglar el problema del suero suministrado. Ése suero sería la perdición de su gente si nadie hacía algo. Era una verdadera lástima que su hija haya sido la primer víctima de ese artefacto.

Antes de que partir, Eren les pidió a Annie y Jean que siguieran cumpliendo el trabajo de cuidar a su hija, estos cumplirían sin rechistar.

"Adiós" fue lo único que Eren pudo articular hacia su deprimida hija. La tristeza que sentía en ese momento por ella no le permitía formular una despedida decente.

Cuando el castaño se dispuso a subir a la carroza, vio como su hija salía con prisa de la cabaña, así que para no alargar más el dolor, subió a toda prisa al carruaje y ordenó inmediatamente que emprendiera su camino.

No había notado que su niña comenzó a correr detrás del carruaje y a gritarle que no se fuera, hasta que uno de sus acompañantes le informó acerca de ello.

No Papá, no te vayas!" por fin escuchó los gritos llenos de angustia de su hija. Pero se repetía constantemente que era por su bien, debía marcharse y así evitaría que encontraran a su Claennis

"No me dejes como Mamá lo hizo" suplicó la niña. Eren estaba a nada de salirse del carruaje sin importar que este estuviera en movimiento, incluso uno de sus acompañantes lo miraba con sospecha de lo que estaba a punto de hacer, pues el Jaeger tomó la palanca con la que la puerta se abría.

Pero antes de que toda la fuerza que Eren se autoimpuso para no sucumbir ante los lamentos de la niña, la misma dijo algo que atravesó las barreras de Eren.

¡Quiero ser libre como tú!

Y con eso, Eren salió del carruaje sin importar que continuara moviéndose. Fue demasiado doloroso el golpe que recibió cuando prácticamente salió saltando del carruaje, pero todo eso ya no importó cuando se fue corriendo a alcanzar a su hija

Esas palabras calaron hondo es su ser.

Los guardias que lo acompañaban, salieron apresuradamente a auxiliar a Eren, pero antes de que se dieran cuenta, el castaño ya estaba totalmente lejos de ellos, abrazando a su hija.

Mientras tanto, Annie y Jean fueron a alcanzar a la destrozada niña que seguía llorando y abrazando a su padre, este permanecía de la misma manera. Encerrados en su propia burbuja de sentimientos.

—¿Porqué quieres dejarme tú también?

Eren no podía explicarle la situación, tendría que esperar. Sin embargo, podría hacerle una promesa y eso es lo que le hizo.

—Escúchame, Claennis —la niña enfocó su cristalina mirada en la de su padre —Deberás quedarte aquí con Jean y Annie un poco más. Sólo espérame y te prometo que nadie más, nunca más, te separarán de mi lado. Yo... Te lo prometo, te entregaré la libertad que tanto anhelas. Por ti, por tu madre y por todos...

Los ojos de su niña seguían llorosos, pero esta vez su carita era decorada por una preciosa sonrisa

Cuando Eren finalmente se despidió de su hija y encargándosela a Jean y Annie, quienes juraron protegerla, la mirada de Eren cambió y se juró a sí mismo que debía cumplir esa promesa a como de lugar, sin importar que pierda en el proceso.

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