A fin de sobrevivir, las personas deben de cambiar. Dejar morir a su antiguo yo y renacer en uno más fuerte y capaz que el anterior.

Miguel Rivera estaba en medio de ese proceso.

Cuando llegó a la casa Hamada, todo dulzura e inocencia, no quería nada más que conocer y abrazar a su mejor amigo en persona, y luego ayudarle en todo lo posible a avanzar en su investigación contra el Hanahaki.

Era todo lo que quería. De hecho, era lo único que quería, tras haber cumplido su sueño de cantar.

Pero una persona así de ingenua no era apta para la supervivencia en el mundo de las flores asesinas, y pronto la realidad se le echó encima sin piedad: una a una, las mentiras de sus seres queridos se apilaron encima de Miguel a la par que los cempasúchiles empezaron a florecer en sus pulmones, todos peleando por el primer lugar en quitarle los lentes color de rosa que le ayudaban a seguir adelante.

Fue el primer cempasúchitl en atravesar su piel quien clamó dichos lentes para sí, aquel fatídico día del compromiso de Tadashi. Fue ese cempasúchitl el que le desplazó a la locura, iniciando la lenta y agonizante muerte de su inocencia casi infantil. Quien le hizo conocer los miedos a la muerte y a decir la verdad, al grade de creer que, si mentía respecto a su condición, de algún modo podría salvar a todos aún si moría él.

Su cuerpo no había muerto, pero la esperanza que tenía en el mundo recibió un buen golpe ese día. Y el resto de cempasúchiles continuaron quitándosela, absorbiendo la luz que le quedaba a través de la sangre que le succionaban sin parar.

Aguantó un tiempo, pero una vez terminó en el hospital cuidando de su voz y sin poder mover el cuerpo, tuvo que aceptar su derrota: aceptar que las cosas jamás volverían a ser como antes, y aceptar que honestamente ya se había cansado y hartado de tratar de cambiarlas.

Se rindió y dejó ir el último rastro de ingenuidad que le quedaba, admitiendo que la enfermedad era más fuerte de lo que pensaba.

No importaba que ya que se hubiera operado, que su voz estuviera mejorando, que hubiera corregido los errores cometidos en la confusión o el desespero, o haber iniciado una relación con Hiro. El Hanahaki le había hecho un daño tan profundo e irreversible, que había dejado huella en su psique: ahora los traumas residuales le causaban pesadillas y terrores nocturnos a diario.

Ya era bastante malo que eso no se fuera a curar pronto, pero lo peor era que no solo lo había dejado secuelas psicológicas a él, si no que a Hiro también.

Las pesadillas de Miguel le atormentaban con su propia muerte a manos de flores que le inmovilizaban y desangraban al punto del desespero, sin poder pedir ayuda ni decir adiós a ninguno de sus amigos, familiares, novio o seres queridos en general… por quedarse mudo mientras moría. Las pesadillas de Hiro revivían el infierno de su sobredosis (desde el vómito hasta la asfixia), y una vez le dejaban agonizando en el suelo, le daban una estocada final mostrándole la imagen de su novio alejándose para ir con su hermano, o la imagen de sus seres queridos muertos.

Ambos muchachos siempre terminaban despertando hechos un mar de lágrimas y temblores para luego buscar cobijo y cariño de modo caso desesperado en los besos y abrazos del otro, gesto que pronto se convirtió en una señal de que otra pesadilla había ocurrido, haciendo que su pareja se esforzara en darles cariño, acunarles en un abrazo y recordarles que aquí estaban y no se iban a ir, no iban a dejar de amarlos, que eran una persona maravillosa a quién no cambiarían por nada en el mundo, que no se estaban muriendo, sólo estaban asustados.

"No va pasar nada, Hiro. Te quiero a ti y solo a ti. Sólo fue una pesadilla… otra pesadilla."

"Aquí estoy, Miguel. Aquí estoy aún… llora lo que necesites para sacarlo. Tienes voz, estás vivo aún."

"Te juro que te quiero. Te quiero muchísimo."

"No vas a morir. No vas a morir, yo me encargaré de que no te mueras. Sólo... resiste un poco más, un poco más… ya casi acaba."

Ya casi acaba.

Era triste que Miguel ya no pudiera creerse esas palabras.

Sabía que estaban agotando a Hiro y que estaban lejos de terminar. Hasta Baymax se daba cuenta de lo mucho que Hamada cambiaba cuando tenía un mal sueño, porque le seguía a todos lados, como aterrado de perderlo, y siempre terminaba buscando su contacto.

Y antes lo hubiera encontrado adorable y con gusto habría recibido todo su cariño. Pero ahora que sentía que había perdido un poco de luz, bueno, a veces era adorable, a veces no. Porque sabía que Hiro no era cariñoso, si no que estaba aterrado, y eso le partía el corazón y le recordaba que no había ninguna garantía de todo estaría bien.

Con cada pequeña mentira y acontecimiento negativo sucedido, su ingenuidad pereció no sin antes darle un cachetazo de realidad en la cara. En éste mundo, en el mundo real, Miguel se veía forzado a abrir sus ojos ante la deprimente realidad de que...

El amor no puede hacer nada ante la muerte una vez que sucede.

La familia no siempre se tiene la confianza que debería.

Tus seres queridos te van a mentir.

Las relaciones amorosas no lo conquistan todo sólo por existir.

Tú no vas a mejorar sólo por haber encontrado novio, y si no mejoras sólo le vas a llenar de carga a él.

No sabes cuándo te vas a morir, o cuándo se va a morir nadie que tu quieras.

Es cansado reparar errores y cagadas de tu pasado, y un trabajo constante que no siempre te será reconocido.

De hecho, es tu obligación.

El sexo no es una "prueba de amor", la verdadera prueba es soportar el estrés de que tu pareja no sea perfecta y aceptar que a veces le preocuparán cosas que ya debería de haber entendido que no van a suceder, y a veces te va a recordar otras que te duele recordar.

Y el sexo tampoco va a hacer que mágicamente empiece a gustarte tu cuerpo (sobre todo si quedó con cicatrices por culpa de la operación que te quitó las flores del Hanahaki de encima).

No vas a saber si aún puedes soportar más estrés o si te estás rindiendo demasiado aprisa.

No vas a volver a estar seguro de estar tomando la decisión correcta.

Y, sobre todo, la inocencia nunca regresa una vez que empiezas a perderla.

Podía entender por qué estuvieron mintiéndole todo éste tiempo, aunque no los justificaba por ello.

Y, de todos modos, los esfuerzos que hicieron por protegerlo fueron en vano... Las mentiras sólo hicieron más doloroso y complicado el proceso de pérdida. La única memoria que le quedaba del niño inocente que alguna vez había sido eran las cicatrices que las flores habían abierto en su piel.

—Siento que has cambiado un poco. —Le susurró Hiro una vez, por la noche, mientras compartían la cama y Marco dormía plácidamente en la cama libre.

—¿Cómo así? —Inquirió Miguel.

—No sé… te siento más…

Hiro torció la boca, buscando la palabra correcta. "Maduro" no lo cubría. Era algo más oscuro.

—...Creo que el Hanahaki te… te hizo cambiar en algo.

Miguel buscó los ojos inquisitivos de Hiro en la oscuridad. Le miraban con una tristeza que el moreno supo entender y devolverle de un modo que era casi reconfortante, porque podía entenderlo.

—Tú también cambiaste mucho cuando el Hanahaki llegó.

Hiro guardó silencio.

—…Lo sé. Me gustaría que no fuera así.

—...A mí también.

Y entonces ambos se abrazaban y guardaban silencio. Mientras la enfermedad siguiera libre, no podían parar a tomar un descanso.

A veces, Miguel asumía la pérdida de su inocencia como un doloroso duelo. Añoraba los días en que todo era más simple y brillante. Apenas unos meses atrás, pensaba que todo mejoraría por conocer y ver en persona a su amigo-por-internet, por darle un abrazo. Que salvarían el mundo del Hanahaki juntos, que encontrarían una vacuna, que jugarían a muchos videojuegos juntos, que no pasaría nada por tener un pequeño crush con Tadashi, que Hiro no sentía nada por él más que amistad, que si se enfermaba se pondría mejor porque el genio era tan inteligente que siempre sabía lo que hacía y tenía un plan para todo que siempre funcionaba, que con darle un platito de fruta y hacerle caso y respetar sus límites sería suficiente para auxiliarlo, que Marco no tenía ninguna razón para mentirle, que la muerte no podía alcanzarles de nuevo.

Las cicatrices de su piel eran el vergonzoso recordatorio del alto precio que pagó por pasarse de imbécil y creerse el cuento de que "tidi vi i istir bin ñi ñi ñi", al carajo el optimismo.

Pero... había veces, otras veces, en que interpretaba sus cicatrices como las de una batalla que había peleado y ganado. El recuerdo de que dicha pérdida de inocencia había sido como quitarse una venda gruesa de los ojos. Una dura batalla que no sabía que venía, y que, aún cuando le atrapó con la guardia baja y cero entrenamiento, había logrado conquistar y ganar y había vivido para contarlo, de un modo que jamás permitiría que volviera a suceder.

Ya no se creía cualquier mentira o engaño pendejo, y ya sabía cuando la gente empezaba a mentirse a sí misma y por ende a mentirle a los demás. Podía entender los albures y coqueteos de su hermano y usarlos para provocar la líbido de Hiro. Líbido sobre la que podía actuar ahora que sus heridas estaban cerrando y sus piernas empezaban a responder… y ya podía tener sexo con él con menos restricciones/culpa y de modos más atrevidos.

(Esa debía de ser su parte favorita. Cuando la pulsión de muerte y la pulsión de vida se combinan con el deseo del sexo, daban pie a prácticas oscuras y subidas de tono, que no disfrutaría con nadie más que con Hiro, a quien le tenía absoluta confianza y deseo para practicarlas. Por supuesto, ninguno de ellos duró virgen mucho tiempo de ningún lado del cuerpo. Era genial saber que su novio estaba feliz estando arriba como abajo, usando la parte corporal que fuera, sólo porque se trataba de Miguel.)

Su hermano ya no podía hacerle promesas vacías, y ahora lo tomaba más en serio. Aguantaba más que antes gracias a la nueva malicia que había adquirido y podía detectar cosas que antes le hubieran pasado desapercibidas.

Como los coqueteos que Kyle empezaba a lanzar contra su hermano mayor. Ahora, lejos de no captarlos, de avergonzarle, o de confundirle, le hacían reír por lo bajo.

Marco era muy, muy bueno coqueteando, y llevaba aprovechándose de ello varios años (a juzgar por las escapadas nocturnas que antes no entendía y ahora sí). Pero él también era muy firme cuando había que serlo, educado con la mano dura de mamá Elena y no la dulcificada de mamá Coco, por lo cual también era dominante y no se dejaba ganar con facilidad.

P-E-R-O.

...Cuando era Kyle específicamente quien le coqueteaba, era como si Marco olvidara qué hacer y su sistema entero de murallas colapsara: tropezaba con cualquier átomo del aire, maldecía más, se abochornaba con los piropos, enrojecía, se encabronaba de su vergüenza, y salía huyendo como un ratón al que le hubieran pisado la cola… o el orgullo.

—¡TÚ ME MUERDES OTRA VEZ Y YO TE MUERDO PERO EL PITO, PINCHE CHINO CHINGAQUEDITO! —Advirtió Marco a Kyle.

—Uy, goloso y ansioso. —Dijo Miguel.

Marco enrojeció mientras que Kyle cambiaba su risa por una tos.

—¡El carne molida de allá se calla! ¡Que todos tus problemas son por pendejo o por metiche!

—…Es decir, que no lo niegas.

(El Rivera menor tuvo que huir de la furia, histeria y amenazas de muerte física del mayor para refugiarse con Hiro haciéndose el inocente, mientras Kyle contenía a un Marco especialmente emputado.)

Miguel disfrutaba de los corajes que hacía su hermano mayor y lo picaba más como desquite de todas las cagadas que Marco le debía... Así que terminó haciendo equipo cómplice con Kyle.

Kyle lo había tenido que meditar, pero una vez que lo pensó con calma, pudo ver todo lo que antes no había visto.

Las flores de sus pulmones ya no salían cuando Hiro estaba con Miguel, aún cuando Miguel se había vuelto más descarado y pervertido con el Hamada. De hecho le echaba porras de lejos. Se habían reducido casi al mínimo, y notaba que ahora sólo actuaban cuando Marco era un imbécil y le lanzaba algún coqueteo a alguien que no fuera Kyle porque le hacía dudar un poco y le recordaba que podía perderlo. Ahora entendía por qué le había encontrado más atractivo paulatinamente, por qué sus afelinados ojos dorados siempre llamaban su atención, de dónde venía su sobreprotección, que la admiración que sentía por él iba al punto de la atracción de alguien que busca llamar la atención del chico que le gusta.

Le gustaba Marco. Y Kyle era un hombre directo y seguro al cual no le daban miedo sus propios sentimientos, por lo cual no tenía ningún problema en decírselo o actuar sobre ello... pero Marco también le debía muchas, por lo cual no había tenido ningún problema en aceptar hacer equipo con Miguel para picar el inflado orgullo de Marco que tanto le impedía de notar que ya todo San Fransokyo sabía de sus sentimientos, menos él.

Amigo, date cuenta.

Era el día que el café cerraba, pero Kyle había venido a visitarlos para jugar videojuegos todos juntos y después sacar a Marco a pasear por la noche, ya que "Miguel quería estar con Hiro" (en realidad sólo quería poner a Marco en un aprieto al dejarlo a solas con su crush, pero si de paso le dejaban a él a solas con Hiro, pues no se iba a quejar).

Marco ya no sabía si era una bendición o una maldición el haber elegido a Kyle como amigo.

—¡Para ser aspirante a America's got cancer, eres infumable! —Se quejó con el rostro rojo, porque Kyle había tratado de desconcentrarlo del videojuego con una leve mordida en el cuello.

—Dice Marco que le gustas mucho. —Rió Miguel por lo bajo.

—Lo sé. —Sonrió Kyle de medio lado.

—...Los sentimientos que Marco exhibe ahora mismo distan mucho de esa conclusión. —Informó Baymax.

—Cualquiera con dos dedos de frente lo puede ver, Baymax, pero verás, desde que éstos dos comparten una misma neurona se han vuelto más pendejos de lo normal. —Bufó con frustración.

El robot blanco se acercó al mayor de los Rivera para darle un abrazo y darle palmaditas en la cabeza.

—There there. No pongas atención al bullying.

Marco no supo si enojarse más de que le trataran como a un niño, o solamente aceptar el abrazo porque Baymax no tenía la culpa de que el coeficiente intelectual de esos dos combinados se catapultara inversamente por debajo de cero.

Hiro soltó una risita leve, pero luego carraspeó y se forzó a ponerse serio.

—Hey, chicos. No es que no me diviertan las bromas, pero Baymax tiene razón, ¿no se están pasando un poco? —Interrumpió.

—Nah. —Soltó Kyle.

—Yo sólo soy una pobre víctima de los apodos de mi hermano insensible. ¡A mí me llama carne picada sin razón!

—Marco, no deberías llamar así a tu hermano, aunque a veces te frustre mucho. Hacerle burla de las cicatrices que tiene en el cuerpo podría hacer daño a su imagen personal. —Dijo Baymax.

—¡¿Qué?! —Marco reclamó. —¡Pero si el cabrón es él!

—¿Yo? ¡Qué malo eres conmigo! ¡Si soy un muy buen hermano! —Dijo Miguel fingiendo un lloriqueo.

—No te preocupes, Miguel, Marco no lo dice en serio. No prestes atención a lo que dice estando alterado.

—¡Pero Baymax! ¡Éste maldito mosca muerta está fingiendo! ¡¿Qué no lo ves?! —Se defendió el mayor.

—Baymax… no es bueno detectando mentiras... —Dijo Hiro con cierta culpa, recordando cómo había aprovechado esa brecha de su programación para alterar la dosis de píldoras meses atrás. — Pero… la sugerencia es bienvenida, lo tendré en cuenta a la hora de implementarlo.

—En ese caso yo quiero aclarar desde ahora que todos los apodos que le ponga a Marco son motes cariñosos que no van a causarle ningún problema a futuro. De hecho, son necesarios para su felicidad. —Mintió Kyle.

—¡Mentiras! —Negó Marco.

—¡Verdad! —Reforzó Miguel.

—...Estoy confundido. Marco no está reaccionando con felicidad. —Baymax inclinó la cabeza a un costado.

—¡Oigan, ya dejen eso, van a descomponer a Baymax! —Reclamó Hiro.

—Nah, es divertido. —Sonrió Kyle.

Hiro alzó una ceja. Luego respondió disparándole a Miguel y a Kyle en el friendly fire del videojuego para luego esconder a su personaje tras un bote de basura

—¡Eeeeeh! ¡¿Qué haces?! ¡Me dejaste a tres de vida!—Reclamó Kyle.

—Yo dije, ¡que dejen de confundir a Baymax! El que no haga caso se lleva otro tiro. —Hiro vigiló desde su posición que no fueran a dispararle.

—¡Hiro! —Reclamó Miguel, mirándolo con indignación. —¡¿Soy el amor de tu vida y me disparas por la espalda?!

—Tú ya estabas lleno de cicatrices, no ibas a notar un putazo más. —Se desquitó Marco.

—Marco. —Advirtió Baymax, provocando que el mayor rodara los ojos.

—Sólo defiendo a Baymax, Miguel. —Se justificó Hiro. —No tiene nada que ver en ésto, y de verdad no quisiera que modificar su programación sea más difícil de lo que ya va a ser.

Un disparo sonó en pantalla y Miguel soltó un chillido: Marco lo había matado.

—¡Eeeeeh! ¡¿Pero por qué?! —Reclamó mientras su personaje revivía.

—Hasta la vista, Miguel. —Sonrió socarronamente su hermano mayor.

—¡Hiro, haz algo! —Pidió Miguel.

—¡¿Y-yo qué quieres que haga?! ¡Si tú empezaste a molestarlo!

—No sé… pégale o algo. ¡Tírale el control!

—¡Aaaah, no, luego me va a disparar como tú me haces cuando buscas venganza! No, señor, yo me quedo en mi lado del mapa, el primero que se asome por aquí, muere. —Zanjó Hiro.

Miguel infló los cachetes, conteniendo un puchero. Tener un novio superhéroe es divertido hasta que su sentido justiciero hace que te ganes el doble de regaños cada vez que haces algo poco ético y tienes que pagar por ello.

Aunque... por mucho que ahora estuviera enfadado, admitía que también quería mucho a Hiro... y… bueno, sobre todo, Baymax los había cuidado bastante. Y sí era cierto que no se valía que por estar haciéndole bullying a Marco el robot tuviera que pagarla.

—Uw... —Suspiró, resignándose. —Está bien… Lo siento… no era mi intención confundir a Baymax…

Quitó la vista con los cachetes inflados para no ver la sonrisa de triunfo en los labios de Marco. No iba a perdonarle ésta humillación a su novio.

—Gracias. —Agradeció Hiro.

Con un pucherito y haciéndose la víctima, Miguel lo miró. Se veía lindo cuando sonreía…

...Tal vez sí podía perdonarle ésta humillació-...

—¿Entonces "Pitufo" no es un mote cariñoso? —Interrumpió Baymax para clarificar.

—Claro que lo es. —Sonrió divertido Kyle. —Es un pitufo enojado pero adorable.

—¡ADORABLE EL CHINGAZO QUE TE VOY A METER SI NO TE CALLAS! ¡NO, BAYMAX, NO ES UN MOTE CARIÑOSO! ¡ES QUE KYLE NO TIENE CEREBRO!—Chilló Marco, la mar de rojo y erizado.

Kyle soltó una risita socarrona, admirando la furia de la tigerlily frente a él. A veces se preguntaba si Marco realmente gustaría de él. O si serían buena pareja, con lo mucho que le gustaba molestarlo, pero ¿viendo cómo se enojaba? La verdad era demasiado divertido para preocuparse.

—¡Que sienta lo de Baymax no significa que no me vaya a desquitar contigo, Marco! —Recordó Miguel, empezando a darle caza a su hermano a lo largo y ancho del mapa.

—¿Ya van a empezar otra vez? —Gruñó Hiro.

—¡Yo no le estoy diciendo nada a Baymax! Yo solo quiero vengarme de Marco. —Interrumpió Miguel.

—Kyle sí posee un cerebro funcional. —Dijo Baymax.

—¡PUES NO LO USA MUCHO! —Reclamó Marco a Baymax dando un zapatazo al piso.

—Lo uso bastante, me divierte molestarte. —Rió Kyle.

Balazos.

—¡Eeeeeh! ¡Deja de dispararme tú a mí, me la debes para estar a mano! —Chilló Miguel.

—¿Distraer al de al lado cuenta como refuerzos, Miguel? —Preguntó Kyle, empezando a acercarse a Marco.

—¡Tú te acercas y yo te pateo! —Marco cambió su posición en el sofá para empujar a Kyle lejos de él con las piernas sin dejar de disparar a su hermano en pantalla. Se asemejaba a un gato que negara afecto. —¡Japo, ayúdame!

—Recomendaría tomar un descanso, antes de que se molesten más. —Pidió Baymax.

—¡No! —Respondieron los hermanos Rivera mientras Kyle se partía de risa escondiéndose en unos arbustos para terminar de sanar su baja salud.

Caos general mientras el pobre robot intentaba (en vano porque nadie lo escuchaba) aplacar a todo mundo. Hiro suspiró y, rodando los ojos y ante las protestas de su novio, se acercó para tratar de proteger a Marco o al menos darle refuerzos contra Kyle, a la par que trataba de pensar en un modo de aventajarlo.

—Este… oye, Kyle. ¿Sabías que si molestas mucho a alguien, es porque te gusta? —Fue el intento débil de Hiro por frenar la pelea o al menos acorralar a Kyle para que dejara de picar a Marco.

Los Rivera voltearon a verlo, soltando a la par un coro de "uuuuuh" a modo de reacción al golpe bajo contra Kyle.

Kyle volteó a ver a Hiro con cara de indignación. No es que la insinuación le molestara ya que creía que el japonés tenía razón, pero si Marco se enteraba antes de tiempo de sus planes entonces las cosas ya no iban a ser tan divertidas.

Marco por su parte, aprovechó la distracción para darle un tiro a Miguel que lo volvió a matar, ante lo cual su hermano mayor soltó un chillido de sorpresa.

—Tú. Tú muy bien. —Felicitó Marco a Hiro mirando la baja en la pantalla con una sonrisita socarrona para luego volverse a esconder.

—¡No chingues! ¡¿Otra vez?! ¡Hiro, no lo ayudes! —Se quejó Miguel, al notar que se le escapaba su oportunidad de desquitarse de Marco. —¡Ni a mí me has ayudado así!

—¿Qué? ¡¿Es en serio?! ¡¿Ya se te olvidaron todas las veces que te he salvado el trasero?! —Reclamó Hiro con indignación.

...Retirada, soldado, retirada.

—...Q-quise decir que no me has ayudado así en las últimas 48 horas, amor de mi vida, superhéroe de mi corazón, luz de mi mundo, dueño de mis futuras quincenas, a quien más quiero en éste sistema solar, mi cielito lindo y amor de mis amores. —Intentó corregir Miguel, batiéndole las pestañas y sonriéndole a modo de falsa disculpa a un Hiro que le miraba aún con cierta molestia.

—...Eso no va a funcionar. Me vas a tener que rogar con algo más. —Sonrió de medio lado el Hamada.

Los ojos de Miguel parecieron brillar con un deje de picardía. Sus alteradas hormonas empezando a captar la oportunidad de un coqueteo con su novio. Baymax lo noto, y por la tendencia de Miguel a ir de cero a cien en un micro-segundo, debería de hacer algo ahora para frenarlos.

El robot alzó un dedo para interrumpirlos.

—Por favor no cojan en la sala, ya es muy diabético verlos juntos todo el rato como para que ahora tengamos que verlos protagonizar una mala porno amateur interracial. —Marco se pinchó el puente de la nariz. —Consíganse un motel.

El robot bajó el dedo.

Miguel volteó a ver a su hermano indignado.

—¡Yo no iba a-...! ¡Kyle, ayúdame porque Hiro no hace nada!

—¡¿Cómo que no hago nada?! —Se quejó Hiro.

Kyle aprovechó el bug y volvió a morder el cuello de Marco. Éste volvió a soltar un chillido y a apartarlo con un manotazo, mientras el chef reía.

—¡Y VUELVE EL SUBNORMAL A COMPETIR POR LOS PREMIOS DARWIN! ¡¿PODRÍAS DEJAR DE SER UN GRANO EN EL TRASERO POR CINCO MINUTOS, O ES DEMASIADO PEDIR PARA TU ESPECIE DE SIMIO?! —Chilló.

—...Estoy aún más confundido. —Fue la única declaración de Baymax en medio de todo el caos, porque llevaba todo éste tiempo intentando sacar algo en claro para concluir que no entendía ni jota de nada.

Una llamada al celular de Kyle cortó el caos y desvió la atención de todos. Kyle revisó la pantalla de su celular para ver si valía la pena cortar la llamada o era necesario atenderla, pero lo que vio le hizo quedarse helado en su asiento.

No era su celular personal el que estaba sonando. Era el celular especial con número privado que Honey Lemon le había dado para comunicación exclusiva, en caso de emergencia con cualquier cosa que tuviera que ver con la investigación y para no arriesgarse a que fueran a ponerle un rastreador o que sacaran su número de cualquier lado… el celular que llevaba muchas semanas sin sonar. Y el nombre en la pantalla era...

Tadashi.

...Tenía varias semanas que no veía ese nombre por ningún lado. Desde que el Hamada se había recluido con seguridad máxima en quién sabe dónde, incluso habían limitado sus llamadas a ese número tan seguro, por si acaso...

...Si estaba llamando ahora… algo importante debía haber sucedido.

Intentando disimular sus nervios para no alarmar a los muchachos, fue a atender su llamada en privado, excusándose de que era un amigo al que había preguntado información sobre el sitio al que planeaba llevar a Marco.

Solicitó una pausa que sabía que no iba a ser respetada por esos tres y que iba a terminar con su personaje hecho pulpa en pantalla. Los tres chicos se encogieron de hombros y asintieron, Kyle se levantó y fue a contestar su teléfono, efectivamente notando que instantes después de alejarse los tres quitaban la pausa para seguir jugando (aunque al menos Hiro tuvo la decencia de mover su personaje a un lugar seguro y a salvo de la furia encapsulada del Rivera mayor, que exigía su sangre).

Agradeció el hecho de que el alto volumen con el que jugaban apagara un poco el sonido de la llamada y, mirando por encima de su hombro, contestó la llamada en voz baja escondiendo su sonido tras cuanto mueble y pared pudo encontrar, para no llamar la atención de nadie.

—¿Contraseña? —Susurró al contestar, por seguridad.

—"Prueba otro ángulo". —Respondió la voz al otro lado.

Kyle bajó la guardia, y procedió a cerrar las cortinas a su alrededor

—¿...Tadashi…? ¿De verdad eres tú…?

—¡Kyle! Sí, soy Tadashi... —El mayor se escuchaba agitado. —Yo… ¿por dónde empiezo…? Bueno, primero que nada… ¿me escuchas bien? ¿Estás en un sitio seguro?

—Sí, estoy solo y bloqueando el sonido tras barreras de muebles y paredes como me dijiste que hiciera. Los chicos están jugando videojuegos, pero por si acaso mantengo la voz baja. ¿Necesitamos más privacidad?

—No, con esa es más que suficiente. Es lo máximo que nos podemos permitir por el momento.

—Llevamos mucho tiempo sin escuchar de ti… más que el reporte diario de Baymax avisándonos de que seguías con vida. ¿Qué ha pasado?

—Bueno, recordarás que pudimos trabajar con el ejemplar de ese cempasúchitl hasta llegar a un prototipo de vacuna… Y que la estábamos probando con variantes y eso, por si acaso no fuera a funcionar, ¿verdad?

—Ajá. ¿Falló algo?

—No, al contrario. Hemos llegado a una que funciona del todo. Hicimos pruebas éstos últimos días y… ya se puede utilizar en humanos. Creo… no, confirmo… que está lista para usarse.

El chef casi tiró el celular al oír la noticia. Sus ojos se abrieron de la sorpresa, así como hizo su boca.

La humanidad entera llevaba años sumida en un mundo de oscuridad y muerte a manos de pétalos malditos, cambiando sus estilos de vida para minimizar las muertes lo más que les era posible… y ahora… ¿ahora había una vacuna…?

¿...Estaba soñando? ¿Era en serio...? ¿De verdad estaban a nada de la libertad? Tadashi no bromearía con algo así… ¿Era de verdad? ¿Ésta pesadilla entera estaba a nada de terminarse…? Ya ni siquiera recordaba cómo era la vida antes de todo este desastre… Se sentía tan…. tan raro, pensar en que ya hubiera una vacuna funcional a escasos kilómetros de donde ellos se encontraban, y que uno de sus conocidos fuera quien la hubiera hallado...

La visión del cempasúchitl rojo succionando la vida de Miguel, producto de la maldición de inmunidad que tenía… aún le provocaba pesadillas por la noche, a pesar de tener unos meses ya. Y… sin embargo, pensar que tras todo éste tiempo… ese cempasúchitl podría por fin la clave que pondría fin a todo éste tormento… Se escuchaba tan… tan… tan raro.

—… ¿Es… es de verdad? —Preguntó con la voz temblorosa. —Te golpearé si estás mintiendo.

—Nuestras pruebas salieron positivas. Lo hemos estado avalando sin parar… ni siquiera he dormido, pero… no importa. ¡Tienen que vacunarse! Antes que cualquier otra cosa pase, ¡necesito ponerlos a salvo a todos ustedes!

—E-espera, es demasiado para procesar en poco tiempo… —Kyle se tomó la cabeza.

Demasiadas emociones se le juntaban en un remolino. Todo le daba vueltas, empezaba a sentirse agobiado. Tenía hasta ganas de llorar, y ni siquiera sabía si era de felicidad, agobio o estrés acumulado que por fin iba a poder dejar salir.

¿Todo al mismo tiempo?

Por fin se iba a terminar todo… ¿por fin se iba a terminar todo? ¿Lo haría? Lo haría. ¿Sí? Esperaba que sí. ¿Y si no? ¿Y si sí? ¿Iban a ser libres? ...Iban a ser libres...

—¡Kyle, por favor! ¡Podemos salvarles la vida! ¡La enfermedad fue cosa del pasado! ¡Ya no regresará! —La felicidad y la urgencia se mezclaban por igual en la voz del Hamada mayor.

Kyle respiró hondo. Sentía que su boca empezaba a secarse.

No era tiempo para llorar. No aún. Tenía que estabilizarse y moverse con urgencia.

—… Dime qué necesitamos para vacunarnos. —Respondió.

—Puedo tener listas las vacunas de Hiro, Miguel y tuya mañana mismo, porque no están enfermos. Pero… Marco es la parte difícil, porque él sí lo está.

Kyle se pateó mentalmente por no mencionarle a Tadashi que sus gardenias habían regresado.

Sabía que no era del todo su culpa, ya que todo se había movido demasiado rápido como para poder hablar de… muchas cosas, en realidad… muchas cosas que tendrían que hablar tarde o temprano, pero. Aún así. Sentía culpa por no luchar por encontrar un pequeño hueco de conversación antes.

—¿Qué pasa con Marco?

—Necesito que se opere de sus flores. No puedo vacunarlo mientras esté enfermo, pero preferiría vacunarlo lo antes posible, antes de que ésto salga de modo masivo al mercado y arriesgarnos a que se quede sin una vacuna y deba esperar a ello… si pasa eso, podría morir o enfermar de nuevo, y no quiero tomar esos riesgos. ¿Crees que podrías ayudarme agendando una cita para operarlo lo antes posible? Hablaré con el instituto para ver si podemos financiar esa operación de modo urgente...

Kyle alzó una ceja.

...Quizá… no había ninguna necesidad de mandar a Marco al hospital, ahora que lo pensaba.

...Lo único que tenía que hacer, si su teoría era correcta… era declararse al Rivera. Y, si tenía razón… mañana mismo los cuatro podrían vacunarse. ¡Sí!

...Pero no quería ser demasiado optimista, aún había dudas dentro de él que mantenían a las flores vivas… Marco seguía aferrado a la idea de que le gustaba Miguel. Y, si daba un paso en falso ahora mismo, podrían perder la vacuna para siempre.

Aún recordaba cómo le había ido a Hiro con un plan optimista similar, aquel fatídico catorce de Febrero donde, cuando más convencido parecía de que Miguel le correspondía, más le habían rechazado y más se había puesto en riesgo… al punto de casi morir de una sobredosis meses más tarde.

Si su plan no funcionaba… si fallaba, si Marco le decía que había malinterpretado todo y no tenía ese tipo de sentimientos por él (o si los tenía, pero no los aceptaba)… Irían al hospital de inmediato. Y se quitarían las gardenias, las celosías, y se vacunarían, y jamás tendrían que hablar de nada de ésto de nuevo.

Las gardenias en su interior parecían tan nerviosas como él mismo lo estaba.

—Tadashi. Tengo…. tengo un plan. Pero no te puedo asegurar que funcionará. —Inició.

—¿Qué? ¿De qué hablas?

—Es que… hay una pequeña posibilidad de que Marco no necesite una operación y pueda curarse hoy mismo. Entonces podríamos recibir la vacuna los cuatro juntos, sin problema. Ni siquiera tendría que pisar un hospital, ni tendrías que pedir financiamiento a la Universidad.

—...No te sigo.

—Es una posibilidad que a Marco le correspondan… pero no estoy seguro de si él me corresponde a mí.

Lo único que hacía que el silencio no fuera tan incómodo eran los gritos de Marco, Miguel y Hiro en la sala mientras se aniquilaban mutuamente en el shooter de su preferencia.

—¿...Eras tú? ¿Eras tú entonces…? E-espera…entonces… ¿estás enfermo también…? Honey… Honey, ¿hay una silla? Necesito sentarme.

—Eres un exagerado, no estoy tan mal gracias a mis sospechas de que me corresponden. —Gruñó Kyle. —No voy a entrar en los cursis detalles porque ni es el momento ni es algo que me guste hacer, pero sólo quiero que sepas que, si tengo razón, iremos mañana mismo a vacunarnos los cuatro a donde nos digas.

—Y si… ¿no tienes razón...?

Kyle se mordió el labio, no queriendo pensar en eso pero sabiendo que debía hacerlo, por seguridad propia y de Marco, quien, independientemente de si le correspondía o no, seguía siendo un ser querido en riesgo. Tras un breve silencio, tomó aire, exhaló, y habló de nuevo.

—En ese caso, te pediré una lista de los hospitales que podrían atendernos lo antes posible.

Tadashi guardó silencio un momento antes de dejar salir un bufido de angustia.

—Kyle… por favor, ten mucho, MUCHO cuidado. Esas flores crecen en un momento… de verdad espero que estés en lo correcto, porque de otro modo es muy arriesgado.

—Pero es mucho más veloz. Tenemos que intentarlo, no podemos arriesgarnos a perder la vacuna ni a retrasar su lanzamiento al mercado.

—En ese caso… Bien, esperaré noticias de ti y de Marco. Yo… de verdad te deseo suerte. Si tienes razón, déjamelo saber, porque es imperativo que vengan a vacunarse cuanto antes.

—Si tengo razón, iremos mañana sin falta. Empezaré desde ya, sólo dime la hora y el lugar dónde nos debemos presentar.

—Mañana a las… 8 de la mañana. A esa hora podemos pasar por Hiro y Miguel al café... y si hay suerte, por ti y por Marco también.

—Entendido. Si puedo tener todo listo antes, ¿te aviso?

—Oh, sería GENIAL si pudieras tener todo listo antes, porque de madrugada hay mucha menos gente en la calle y menos testigos que vean hacia dónde se dirigen.

—Entendido. Y… gracias por llamar, Tadashi, van a estar muy felices cuando se enteren.

—Gracias por la paciencia y por cuidarlos por tanto tiempo. Pronto todo terminara, lo prometo. Estoy tan harto de ésta enfermedad como tú.

—Y quién no lo estaría… Bueno, adiós. Debo ponerme en marcha.

—Adiós y cuídense, Kyle.

El chef colgó la llamada, y notó que sentía las piernas de gelatina. Era demasiada información que procesar en tan poco tiempo… pero…

Si podía tenerlos listos esa misma noche, o madrugada, sería perfecto. Así que no tenía tiempo que perder.

Dando grandes zancadas urgentes, regresó a la sala y dio una fuerte palmada que alarmó a todos.

—Muy bien, señoritas, ya quiten eso. El recreo llegó a su fin. —Anunció.

—Salvado por la campana como siempre, Miguel. —Se quejó Marco.

—¿Qué pasa, Kyle? —Preguntó Hiro, preocupado al ver la expresión indescifrable del rostro de Kyle.

El chef dio un vistazo a los Rivera, evaluando qué tan inteligente sería dejarles saber el asunto entero, y si en algo podría afectar no poder ejecutar su plan con Marco a solas. Quién sabe, a lo mejor sería una buena idea dejarles sab-...Luego respondió a Hiro en japonés, para dejarlos tan fuera del asunto como le fuera posible.

—¡No es justo! ¡Sólo porque te dieron un juego fácil de entender pudiste ganarme! —Se quejó Miguel.

—Sólo estás celoso de mi aprendizaje y reflejos rápidos. Tú, por otro lado, tienes dedos de estómago y el sentido común de un guajolote tragando maíz en Nochebuena, así que eso contribuye a tu derrota. —Rió Marco.

—¡Marco...! ¡No sé qué es manos de estómago, pero tú más, por si acaso!

—Que todo lo que toca lo hace mie-...

—¡Hiiiirooooo! —Pidió auxilio Miguel. —¡Marco me está haciendo bullying y diciendo malas palabras!

—Orgullosamente confirmo que sí y que se lo merece por estar de chingaquedito. Se escribe "karma" y se pronuncia "ándele, qué bueno, por culero". —Declaró Marco con orgullo.

—¡Míralo, míraloooooo! —Miguel empezó a ofenderse más. —¿Lo escuchas? ¡¿Lo estás viendo?! ¿Ves cómo se está pavoneando? ¡Míralo, el muy maldito está sonriendoooo! ¡Marco, yaaa, le voy a decir a mi abuelitaaaaaa!

Kyle alzó una ceja. No, no sería buena idea decirles aquí. Le hizo a Hiro una señal de que tuviera paciencia antes de empezar a repartir tareas e instrucciones.

—Marco, ve a alistarte que nos vamos de aquí en dirección al club. —Pidió Kyle. —Miguel, ya que te vas a quedar con Hiro y para evitar que Marco te siga molestando, ¿podrías hacerme el favor de revisar si tienen suficiente comida en el refrigerador? Nosotros nos encargaremos de guardar la consola.

Miguel asintió felizmente para luego sacarle la lengua a su hermano y desaparecer de ahí. Marco ignoró su berrinche y alzó una ceja en dirección a Kyle. Se enderezó, sacando el pecho y cruzando los brazos por encima del mismo. Torció su boca en una sonrisa retadora, ladeó ligeramente su cadera hacia un costado y le miró con desafío en su mirada dorada.

—Uy, el patrón... ¿Y qué o por qué debería de hacerte caso? —Cuestionó, con una ceja alzada. —Tú no me dices qué hacer, ni a qué hora.

—Porque si no lo haces volveré a morderte el cuello y te sacaré de la casa así como estás vestido. —Zanjó Kyle.

—Oigan, sigo aquí. —Les recordó Hiro.

El chef se dirigió a Hiro una vez más.

—...Tengo que hablar contigo. En privado. —Dijo Kyle antes de llevarse a Hiro a otro lado.

Marco, ofendido de que dejara de prestársele atención pero contándolo como una pequeña victoria a su favor, se estiró grácilmente como disfrutando de su victoria y se adueñó del espacio, ocupando tanto del mismo como le fuera posible.

Fue un buen momento para que Kyle se llevara a Hiro a la otra habitación y le explicara la llamada que acababa de tener con Tadashi (en japonés por si a alguno de los Rivera se les ocurría fisgonear).

Hiro no se creía que de verdad su hermano hubiera tenido éxito dando con una vacuna… no sólo porque era la mejor noticia del día, si no que también porque eso implicaba que pronto podría ver de nuevo a Tadashi, a ir a la escuela de nuevo, a recuperar su vida normal. Sí, quizá Miguel muy pronto regresara a México… y lo iba a extrañar de verdad, pero… honestamente… prefería tenerlo lejos y a salvo, que cerca y en peligro constante.

No cabía en sí del entusiasmo y la felicidad, y por supuesto que prometió a Kyle que haría lo posible por dormir temprano con Miguel a fin de irse a vacunar lo antes posible.

Le deseó suerte con Marco. Ahora más que nunca, pues mientras antes funcionara, antes podría terminar toda esta pesadilla..

Kyle no necesitó de nada más para despedirse del genio, dejándolo a cargo de la casa, y apurar a Marco para llevárselo al rave más cercano, aunque éste le gruñera, con la excusa de que debían de darse prisa o les quitarían el lugar VIP.

Montaron en su motocicleta y se alejaron mientras Hiro les despedía con la mano desde la puerta del Lucky Cat, junto con un Miguel confundido.

—...Marco siempre está protestando cuando Kyle está cerca, pero de todos modos siempre lo sigue cuando se lo pide. En serio… —Suspiró Miguel.

Hiro le volteó a ver con una sonrisa agridulce, mezclada de tristeza y alegría.

Iban a vacunarse mañana a las 8 de la mañana… Y después… después Miguel regresaría a México, y ya no podría volver a verlo por quién sabe cuánto tiempo… ya no les quedaba mucho tiempo juntos… se había acostumbrado tanto a su compañía y ahora iba a tener que decirle adiós… pero...

Iban a ser libres.

Después de todo lo que había pasado, no tenía el corazón para sabotear la vacuna y pedirle que se quedara más tiempo. Lo más que podía hacer era grabar esa cara suya en su retina, para tener con qué recordarle una vez que se fuera, y entonces poner todo su empeño en sus estudios para poder verlo de nuevo.

Así que sólo le sonrió crípticamente y tomó la cara del moreno entre sus manos, quien se ruborizó y abrió los ojos con sorpresa, extrañadísimo ante el raro comportamiento de su novio. Hiro no solía ser tan afectuoso.

—¿Q-qué pasa? —Preguntó Miguel.

—Hay algo que necesito decirte. ¿Qué te parece si te explico con calma mientras practicas guitarra? —Pidió suavemente Hiro.

Miguel sintió que su cara enrojecía ante tal galantería hasta volverse un tomatito lleno de ternura. Podía sentir lo fuerte que su corazón latía dentro de su pecho, reaccionando a la carita afectuosa de su novio. Asintió levemente. No sabía qué mosca le había picado a su Hir-... ¡A-a su pareja! Pero... no se quejaba.

Hiro le dio un beso en la frente que lo puso aún más rojito y tomó su mano de un modo que hizo su corazoncito mexicano latir con más rapidez. Su sonrisa era la más tranquilizadora, la más bonita, que había visto jamás. No sabía cómo fue tan suertudo de tenerlo de pareja. Ni cómo fue tan ciego de no verlo antes. No chingues, Hiro, esa actitud con esa carita eran un arma mortal, tantito salían a flote y a Miguel ya se le olvidaba el resto de la humanidad.

...Podría acostumbrarse a éste nuevo lado tierno de él, sin protestar.

—¡Bien! Entonces vamos. Hay mucho por explicarte. —Dijo Hamada.

—Eh.. .¿E-está todo bien? Estás raro. —Murmuró Miguel. —D-digo, no me quejo, pero…

—Está más que bien, te lo prometo. Confía en mí.

Miguel se sintió derretir y asintió con la cabeza luego de una breve pausa, apretando ligeramente la mano de su novio entre la suya. Hiro se enterneció y le llevó escaleras arriba, en dirección a su cuarto, donde seguro podrían hablar tranquilamente.

Tenía muchas cosas que contarle.

Llegaron en treinta minutos a la ubicación del club al que el chef quería llevarlo.

Lo primero que Marco notó, y que le hizo aferrarse un poco más a la cintura del chef, fueron las personas haciendo fila hasta el final de la cuadra y el típico mastodonte que cuidaba la entrada… así como un enorme y refulgente letrero de neón con el nombre del club en él. Un letrero que ni de joda se vería en el pueblo mágico de Santa Cecilia. En cambio, parecía todo sacado de las películas americanas distópicas que Hiro amaba y que tanto insistía a Miguel que fueran a ver al cine.

Aunque algo que difería de toda esa ficción, era que las parejas o personas coqueteando eran escasas, todos mantenían una distancia segura de la persona de enfrente, enfrascados en sus grupos de amigos. Con miedo a tocarse o hacer contacto visual… y la música que se oía amortiguada era los típicos hits pop gringos, aunque ninguno hablaba de amor, desamor ni esperanza, todas las letras hablaban de otros temas.

Marco se lo tomó como el oscuro e implícito recordatorio de la cruenta realidad sobre la pandemia que los acechaba, como un recordatorio constante de una muerte próxima. No pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda.

Ese fue el primer anuncio de que no iba a divertirse en absoluto. Pero no dijo nada, hiciéndo un esfuerzo en vano por deshacerse de la sensación de "ésto no está bien" que empezaba a asentarse en su estómago.

Kyle aparcó la motocicleta en el estacionamiento y guardó el folio en su billetera. No dijo mucho, no hacía falta. Sólo le hizo un gesto para animarlo a entrar al club nocturno.

Marco lo siguió. O, mejor dicho, su cuerpo lo siguió mientras que su mente seguía dando vueltas incómodas al asunto entero. Que ésto era casi como los antros de Santa Cecilia, pero no del todo… que la música era animada y para bailar, pero no del todo… que la gente venía a socializar, pero no del todo…

Y que Kyle estuviera acompañándole, pero no del todo. Porque él vivía aquí, él no notaba nada raro. Y Marco sí.

Pero no dijo nada. Y entraron.

La música que sonaba se había magnificado rápidamente y sus tímpanos lo resintieron. El chef le guió hasta una parte del club donde supondría que el mexicano tendría suficiente espacio para poder bailar, pero desde ahí, Marco supo que aunque sus pies se movieran, en realidad él no lo estaba haciendo del todo. ¿Disociación? ¿Paranoia? El sentimiento ominoso se acrecentó.

—Diviér... Aquí nadie... te conoce. —Le gritó Kyle, pero las bocinas ensordecedoras casi apagaron su voz.

Intentó bailar. Las luces multicolores del antro le cegaban y la música ensordecedora entraba sin compasión por sus oídos, sentía las vibraciones de las mismas bocinas por debajo de sus botas cubanas. Era un ambiente completamente diferente a los de los pequeños antros y bares de Santa Cecilia, con muchísimas más personas de las que había llegado a ver en un solo lugar. ¿Ésto era engentarse?

El incómodo fantasma del presque vú se asentó en su ser, haciéndose un huequito junto a la incómoda sensación de uncanny valley que experimentaba.

Era casi como estar de nuevo en Santa Cecilia, en la época de la secundaria. Pero, antes de que pudiera sufrir de una regresión traumática a sus recuerdos de pubertad, había algo que le despertaba de la pesadilla de un modo bastante desagradable: alguien hablaba en inglés o en japonés, o el espacio era más grande, o el neón era más vistoso, o la música no era en español, o la gente no se estaba besando a escondidas. Con lo cual se quedaba atrapado junto a la sensación de que todo, todo, se sentía ajeno…

La desagradable sensación de no encajar con su entorno le era más familiar de lo que quería. Un vivo en el mundo de los muertos, un colegial cogiendo con quien no quiere, una familia donde no se encuentra, un músico entre zapateros, un enfermo que no muere, un hermano incestuoso, un lector en medio de un antro, un mexicano en San Fransokyo.

Ora estaba en Santa Cecilia durante la secundaria (una época horrible), ora en San Fransokyo intentando olvidarse del Hanahaki (otra época horrible). Y alternaba entre el pasado y el presente, y se cancelaban entre sí. Como si soñara a despertarse una y otra vez del mismo sueño horrible y febril, sin nunca despertar del todo.

Sentía que empezaba a quedarse atrapado en el limbo.

No quería quejarse, realmente agradecía el gesto que tuvo Kyle con él. Ya estaba un poco harto de estar encerrado en la casa Hamada desde que salió del hospital, y honestamente Kyle se había esforzado...

Quería disfrutarlo, pero no podía. Bailar estaba haciendo todo peor, sólo incrementaba la desorientación que ya sentía, así que salió de la pista y se recargó en la pared, con la esperanza de calmar el vértigo un poco. A pesar de sentir cómo las fuertes vibraciones revolvían su interior.

Tenía náuseas y ya estaba hastiado del pendejo a lado que no dejaba de gritar, brincar y desparramar su bebida por todo el suelo, solo hacía lodo… Y estaba sudado… Iugh…

No supo en qué momento, Kyle se había retirado de la pista de baile y le había conseguido una cerveza, pareciendo estar al pendiente de él. ¿Tan mal se veía? Se pateó mentalmente por preocupar a su amigo en lugar de dejarlo divertirse y trató de concentrarse en la bebida, pero…es decir… sabía mal, pero no era la cerveza barata que conocía. Era diferente. Ajena. Y le recordaba más que ésta ciudad no era su hogar.

La sensación de querer irse a casa se acrecentó.

No le apetecía para nada, la dejó en una pequeña barra a su suerte.

Cerró los ojos y trató de respirar para calmarse, pero el aire era denso y caliente, además, con olor a humanidad y perfumes y colonias baratos no lo ayudaba para nada. Era una sensación parecida a estar debajo de las cobijas de tigre a mitad del verano, excepto que no completamente así, no del todo, no tan familiar. Era sofocante.

Quiere irse a casa.

La música ni siquiera era buena, nadie cantaba. Sólo era ruido, ruido y más ruido, en los mismos fastidiosos acordes pop de toda la vida. Le estresaba y la cabeza había comenzado a punzarle, pero como a la lejanía. Genial, lo que le faltaba. Ahora empezaba a sentir como si su cuerpo no fuera del todo suyo. ¿Más disociación? Venga, hombre, ¿qué más podía pasarle?

En serio quiere irse a casa.

No lo entendía, ¿cómo el pinche chino aguantaba éste ambiente? Debió formar parte de su entrenamiento en la milicia gringa, aguantaba está tortura de sardinas malolientes y su plus era la jetota de general desmadrugado que siempre tenía.

Aunque… últimamente no la tenía tanto. Se había vuelto irritante de un nuevo modo y honestamente aún no sabía si el cambio había sido para bien o para mal. Pero con lo fuera de lugar que se estaba sintiendo ahora mismo, y con lo ominoso, absurdo, pesadillezco y mareador de la atmósfera a su alrededor, lo ÚLTIMO que quería era otra cosa nueva que fuera familiar pero no encajara del todo, como lo que sentía cuando veía a Kyle.

Ugh… la cabeza le daba vueltas. Pronto no podría pensar en nada, se sentía el protagonista de alguna irracional colaboración entre Lovecraft y Kafka que estaba a nada de volverse loco.

Sólo… sólo déjenle irse a casa con Kyle, para ya no pensar en nada.

Sintió un suave toque en su hombro que le obligó a alzar la vista encontrándose al chef, quién, a pesar de las luces cambiantes, los intervalos brevísimos de oscuridad y el ruido, le devolvía la mirada con cierta preocupación.

—¿Es…. bien…? —Escuchó su voz como en mute.

Marco agradeció como nunca la mirada preocupada de sus ojos oscuros y agradablemente familiares, al grado que se permitió perderse un poco en ellos. Se aferró a su mirada del mismo modo que se aferró a su brazo.

Según él, le dijo "necesito aire". Según. Pero por el ruido a su alrededor, no le constaba si de verdad había dicho algo o sólo había movido la boca al azar.

El chef hizo un suave movimiento con la cabeza para señalar la salida a lo que el mexicano interpretó como una invitación para salir de ese extraño círculo del infierno para aquellos que no eran mononeuronales.

Kyle caminaba por delante de él para lograr abrirle paso entre la muchedumbre, siempre atento a que Marco siguiera detrás de él y el mexicano por su parte, se había aferrado al borde inferior de la playera del chef para poder guiarse, ya que tuvo que usar una de sus manos para cubrir sus ojos ambarinos de la luces que sólo aumentaban sus ganas de vomitar.

Yep, los antros gringos eran horribles.

Quizá su problema fuera que ya estaba viejito, porque al llegar al estacionamiento donde POR FIN ya no había luces, sonido ni alcohol; de inmediato empezó a sentirse mejor en medio de la monotonía gris y aburrida del concreto y el acero. Tenía apenas 19 años, y ya prefería no estar cerca del ambiente de fiesta, vaya. Tal vez el estrés de los últimos meses le envejeció antes de tiempo.

Kyle le llevó hasta donde estaba su motocicleta y le dejó recargarse contra el auto a un costado de ambos para que se recuperara.

—¿Qué pasó? —Preguntó Kyle, su prioridad siendo el asegurarse de que no le habían echado nada en la bebida a Marco.

—Sólo me engenté. Estoy bien. —Respondió el moreno, tratando de mantenerse firme y con orgullo.

Moriría antes que admitirlo, pero la presencia del chef a su lado era reconfortante y tranquilizante para pasar el mal rato de hace un momento.

Kyle le miró inquisitivo, sabía que había algo más ahí. Pero no quería forzarlo a responder, si bien Marco lucía extrañado y un poco ajeno a su entorno no debía obligarlo ya que no sabía cómo podría reaccionar. La verdad no quería estropear el plan.

Pero como el club no funcionó y obtuvo un efecto contraproducente, debía pensar en otra cosa. Una dónde el mexicano se sintiera más cómodo y fuera baja la probabilidad de "engentarlo".

—… ¿Quieres ir al mirador de la otra vez?

La pregunta salió suave por sus labios con algo de inseguridad, muy imperceptible, pero que Marco notó. No iba a negarse, prefería mil veces soportar a Kyle y su bullying a tener que volver al antro lleno de humanidad.

No gracias, quiero vivir.

Marco sonrió con un leve toque de altanería, la única que se pudo permitir después de la crisis y la que al parecer le ayudó a Kyle a calmarse un poco.

—… Vamos.

Así, el chef sacó del bolsillo de su pantalón las llaves de la motocicleta y sacó del compartimiento del asiento los cascos. Le pasó el suyo al mexicano y tan pronto se subió, partieron rápidamente de ahí.

Concentrado en enredar sus manos alrededor de la cintura de Kyle y de escuchar su respiración, Marco ya no dijo nada todo el camino, concentrándose en la calma que el chef le traía. Pudo notar incluso cómo su respiración se calmaba progresivamente, hasta que, al llegar al mirador de la última vez, ya se encontraba mucho mejor.

Bajó de la motocicleta junto con Kyle y procedió a recorrer el jardín con él una vez más, pasando entre las suculentas y las siemprevivas a su alrededor hasta terminar al borde del mirador. ¡Quién fuera una de ellas para no tener que preocuparse de ésta enfermedad del demonio!

Desde la distancia en la que se encontraban, las luces de la ciudad de San Fransokyo parecían hechas de fina y tintineante joyería de oro, mientras que sus anuncios de neón le decoraban como pequeños rubíes, esmeraldas y zafiros decorando una corona. El crepúsculo se derretía, hecho de colores puros, como óleos en una pintura. Y el Golden Gate de temática japonesa se alzaba orgulloso en un rojo encendido, como si fuese un coral gigante emergiendo del agua.

Aunque no se podían ver las estrellas, era una vista preciosa. Y el aroma relajante de la colonia del cocinero aun lado de él, desprovista por completo de cigarro, era un excelente complemento. El mexicano cerró los ojos, sabiendo bien que éste momento iba a terminar grabado en su memoria.

Kyle le miró de reojo, sintiendo sus gardenias temblar en el interior de su pecho. Suspiró.

Tenía que ser firme en ésto, no podía titubear ahora. La timidez tenía que dejársela a los colegiales más jóvenes, no a él, pues ya estaba en sus veintes y tenía que hacerse responsable de ello. Fuera la respuesta que fuera, no podía perder resolución por ello. Sería una lástima que se hubiera equivocado y que Marco de verdad no le correspondiera o no estuviera listo para una relación, sí, pero no podía frenar todo sólo por su temor.

Ésto no era sólo una confesión porque sí. Ésto lo hacía porque existía la esperanza de una vacuna, brillando a la distancia, y él quería lo mejor para el mexicano. Le contemplara o no a él en el panorama.

Trató de suprimir la necesidad de un cigarro, fallando al notar que su mano de modo instintivo buscaba una cajetilla que ya no estaba en su bolsillo. Los ojos dorados de Marco le voltearon a ver con interrogación al notarlo tan serio y se desarmó un poco al verlos centelleando con destellos de polvo de hadas, añadiendo al panorama de oro fundido de la ciudad.

Tuvo que quitar la vista y hacerle una llave de lucha a su pánico para evitar que le hiciera flaquear ahora.

—Tengo algo que confesarte.

—¿Qué cosa?

—...Estoy enamorado de ti.

Los ojos de Marco se abrieron de sorpresa y extrañeza ante el anuncio y, con desconfianza, buscaron alguna indicación de que Kyle estaba bromeando.

Pero Kyle estaba serio.

Marco estuvo a punto de tomárselo en serio pero… vamos, era Kyle. El mexicano rodó los ojos. ¿Tanto quería que cayera en su broma?

—Kyle, soy hermano mayor. —Le miró con una ceja levantada y una sonrisa condescendiente. —Tengo inmunidad a todo tipo de bromas y necesitas más que eso para que caiga. ¿Era todo lo que querías decirme?

—No es una broma. —Frunció el ceño.

—Ay, ajá.

—Marco. —Kyle tomó de los hombros al mexicano y lo obligó a mirarlo a los ojos. —Es en serio.

La única respuesta que obtuvo fue una risita burlona de parte del Rivera que hizo que Kyle resoplara con hastío y resignación.

Sabía que iba a ser difícil convencerlo, pero eso no hacía menos doloroso el hecho de que no le estuviera tomando en serio. El verlo reaccionar con tanta incredulidad al hecho de que alguien podía llegar a quererlo era un acontecimiento que le llenaba de tristeza.

—¿Qué te causa tanta risa? —Preguntó suavemente, mirándole con intensidad a los ojos.

—¿Es en serio? ¡Pero si es obvio! A mí no me la haces de nuevo y, además, eres malísimo para ésto. Paremos un momento. —Marco hizo un intento por dejar de reír y aclararse la garganta. —Para empezar, llevas molestándome toda la semana sólo porque sí, porque te gusta ser un odioso. Segundo, ¡a ti te gusta Hiro! ¿En serio pensabas que iba a caer por algo así? Encima sabes perfectamente que algo así de genuino arruinaría no solo nuestra amistad, si no también haría las cosas más complicadas que antes, podría matarnos. ¡No eres lo suficientemente ojete para arriesgarnos de ese modo!

Kyle inhaló y exhaló como Baymax le había enseñado, tratando de conservar la calma. ¿Cómo alguien tan inteligente y observador para los detalles más minúsculos podía también ser tan estúpido para lo más obvio y general? Y más importante aún, ¿cómo le había llegado a gustar éste pedazo de imbécil adorable?

—Aunque, en mi opinión, deberías dejar de hacer esas bromas. Mira, yo las aguanto, pero para el resto del mundo no son nada graciosas con el Hanahaki por los alrededores. Tú sí eres una persona decente, no te conviertas en el tipo de ojete que yo fui. —Terminó Marco.

...Y encima, melodramático. Drama queen.

—Te lo puedo demostrar. —Respondió el chef, armándose de paciencia.

—…Bueno, a ver. Inténtalo. —Marco colocó una mano en su cadera en actitud desafiante. Kyle sólo se encogió de hombros.

—Tú lo pediste.

Bajo la luz del crepúsculo y los tintineos de la ciudad que les rodeaba, Kyle se acercó a él y, tomándole las mejillas para que no se quitara y sin darle tiempo a reaccionar, terminó dándole al mexicano el más tierno de los besos que podía concederle.

Era una noche calurosa… pero Marco se congeló en su lugar.

Para él, fue más dulce de lo que esperaba. Si tenía alguna duda respecto a lo que sentía por su amigo, ahí quedó completamente disipada: el latir de su corazón, el calor que emanaba de su cara, el sabor a menta de su boca limpia, la suavidad de su piel en sus manos.

Mientras que por el otro lado, a Marco de pronto una ola de sentimientos confusos empezaban a inundarlo y marearlo peor que en aquel antro horrible, porque la misma persona que le hubo dado puñetazos en el pasado ahora le sostenía con delicadeza. El corazón estaba a punto de salirse de su pecho. Su aliento no oponía resistencia a ser robado.

No podía ser una broma. Ésto iba en serio. Lo cual ya era bastante preocupante por sí solo, pero…

¿Por qué el corazón le estaba latiendo tan fuerte? ¿Por qué sentía la necesidad de cerrar los ojos, corresponderle, y dejarse llevar…?

Aunque estuviera buscando excusas para cortar de un tajo todo contacto y golpear a Kyle hasta reducirlo a una pulpa por jugarle una broma tan pesada, sólo se vió a sí mismo cerrando los ojos y aferrándose a su chaqueta, temiendo soltarle. Hipnotizado por ese beso que era tan diferente a los que hubo recibido en el pasado: dulce, cálido, suave, en su punto. Frenaba el tiempo, fundía colores, prendía un ondulante fuego en sus labios que le recorría hasta llegar a la punta de sus dedos.

Se estaba dejando llevar… debían regresar en algún momento a la realidad…

No quería volver a estar solo, era doloroso. Pero... peor sería vivir en una mentira desatada por una broma pesada. De sólo pensarlo, sentía… sentía...

¿Sentía…?

Éste sentimiento que le había estado persiguiendo por tanto tiempo, cada vez que estaba con él… ¿Podría ser…?

Kyle finalmente se separó, posiblemente para tomar aire. Pero Marco no se aventuró a abrir los ojos, porque estaba llegando a una revelación.

Ya no era Miguel.

Había escupido celosías cuando Kyle coqueteaba con aquella chica, le daba igual si Hiro se comía a su hermano a besos con descaro a centímetros de su cara, constantemente buscaba colarse en la cocina, se preocupaba por su amigo y buscaba hacerlo reír o impresionarlo, sus besos en el cuello le ponían nervioso porque siempre se le quedaban grabados en la memoria, como la vez que lo cargó, le tomó la mano o le sopló en la oreja...

¿Confirmamos su pendejez? Confirmamos.

Se había enamorado irremediablemente, como un idiota, del modo más obvio. Y todo mundo se había dado cuenta, menos él… Y ésta confesión no había sido una broma, había sido planeada. Todo ésto había sido una cita elaborada con la intención de declararse… ¡Ahora era tan claro verlo!

—¿...Ahora me crees que te quiero? —Escuchó su susurro.

Marco se forzó a abrir los ojos al escuchar la voz. Kyle le sonreía sonrisa con paciencia de un modo dulce que le hizo perderse un ratito en su belleza. Señal de que estaba jodido. Muy, muy jodido.

—...Lo decías de verdad. Era de verdad. —Murmuró, y el otro le asintió.

Entonces, Kyle lo quería... así que eso significaba que… que era…

—Si pudieras darme una respuesta, yo-...

...Correspondido.

De pronto, un dolor agudo en sus pulmones le forzó a doblarse por la mitad, a la vez que una tos violenta y el cosquilleo de flores de terciopelo subiendo por su garganta lo invadía, rompiendo por completo el ambiente romántico de hace un momento.

—¡¿Marco?!

Alarmado, Kyle se acercó a intentar ayudar, pero se detuvo al ver cómo de la boca de su amigo caían grandes pedazos de flores de celosía. Pálidas, secas y marchitas.

El corazón le dio un vuelco con renovada esperanza, y dudó entre pedirle una confirmación a Marco para asegurarse de que no estaba soñando, o ayudarlo a toser para evitar que se muriera por ahogamiento, porque parecía estarla pasando de verdad mal.

—E… ¿eso es un-...?

—¡¿Y tú qué crees?! ¡Claro que es un sí, idiota! ¡También me gustas! —Respondió entre arcadas y tosidos. —¡¿Me estoy curando por ti en tu cara y todavía preguntas?! ¡No m-...!

Un nuevo arranque de tos e indignación le impidió poder seguir el regaño a gusto. Pero antes de poder someterse a la humillación y el ridículo, una segunda tos viniendo de parte de su amigo llamó la atención de Marco, forzándole a levantar la vista con ojos llorosos para ver lo que estaba pasando.

Kyle estaba escupiendo cobrizos y marchitos pétalos de gardenia, perfumando todo a su alrededor.

(Como si no hiciera falta romper aún más la atmósfera romántica, ahora los dos se ponían a escupir flores como si les pagaran por ello, vaya.)

—¡Á-ándale, tú! ¡Eso te pasa por-...! —Tosió. —¡...Por pendejo!

Pensó que Kyle le iba a contestar, pero no. El chef sólo empezó a reírse. Y a reírse mucho, porque no podía creerse lo increíblemente desastroso que todo estaba saliendo. Era una risa bastante contagiosa, y Marco sintió como las comisuras de sus propios labios empezaban a curvarse hacia arriba. ¡Agh, no!

—¡¿De qué te ríes?! —Reclamó Marco, haciendo su mejor esfuerzo por no reírse y toser al mismo tiempo. —¡No es gracioso!

—¡Sí lo es! ¡Lo es y mucho! —Siguió riendo el otro entre tos y tos.

Mientras Kyle se partía de risa como si fuera el mejor chiste que hubiera escuchado jamás, Marco aún trataba de poner resistencia… pero llegó el momento en que ya no se pudo contener. Rió, porque era ridículo recibir una declaración de amor para terminar casi vomitando flores momentos después. Tosió, porque era correspondido y no lo sabía. Y pequeñas lágrimas de alivio empezaron a brotar de sus ojos, porque no sabía lo mucho que le hacía falta un descanso, y estaba agradecido que finalmente hubiera llegado.

Pero sobre todo, rió. Y siguió riendo.

Aunque la situación era de lo más caótica y chusca, no le importaba. Había usado máscaras toda su vida como para pretender que necesitaba otra perfección calculada, medida y ejecutada como un reloj suizo. Prefería ésto, aún si no era perfecto, aún si era gracioso, aún si era memeable, aún si le arruinaba su orgullo. Lo prefería mil veces.

Había hecho bien en elegir a Kyle en lugar de a Miguel, aún si no se había dado cuenta de ello. Quizá su vida aún no era un completo desperdicio y había esperanza para él, si al final había elegido algo sano y…

Y…

Bonito.

Pronto la vomitona de flores terminó, dejando a los dos muchachos jadeantes y tumbados en el suelo uno al lado del otro, intentando recuperar el aire en medio de un cielo ya más nocturno y con mucha menos luz del sol que hace un momento.

No había ni una estrella en el cielo, aniquiladas por las luces de la ciudad. Pero que no pudieran verlas no quería decir que no estuvieran ahí.

—…Tadashi encontró una vacuna.

Debió ser como tirarle una cubeta de agua fría en el cerebro al otro.

Marco se incorporó y miró con incredulidad al chef, de alguna manera todo estaba saliendo increíblemente bien, tanto que era sospechoso.

—¿En verdad?

Kyle simplemente le regresó la mirada sin hacer más esfuerzo físico. Y contestó.

—Sí, el plan es ir a vacunarnos mañana por la mañana.

Marco tuvo que dejarse recostar de nuevo en el suelo mientras terminaba de procesar todas las emociones tormentosas y contradictorias que le invadieron.

—…¿O sea que tú, grandísimo mamón, ya sabías lo que yo sentía y por eso me estuviste atormentando?

—Lo sospechaba, pero no lo sabía. Por eso estaba tratando de confirmarlo todo éste tiempo… no era mi intención atormentarte, pero, bueno, quería desquitarme.

—No sé si quiero golpearte o besarte.

—En mi defensa, urgía. Tadashi no puede vacunar a alguien enfermo… Pero si nos curábamos rápido, me dijo que podíamos ir ésta misma madrugada, sin tener que esperar a la mañana. Así que le dije que intentaría declararme y le avisaría como me fue, para ver si podía salvar nuestros traseros o si haría falta una operación.

—¿Tanto así? —Masculló Marco. ¿O sea que Kyle estaba tratando de salvarlos a ambos?

—Sí. Pero no tenía idea de si iba a funcionar. Me alegra que hayas sido tan obvio.

Era tan absurdamente irónico.

Tanto que volvió a reír suavemente mientras entrelazaba su meñique con el de Kyle.

—Eres un maldito. Pero también me acabas de salvar. —Rió por lo bajo. —Bien. Entonces avísale. Iré a donde tú me digas, te daré ese privilegio de mandarme.

—Vaya, ¿estás enfermo o algo así? —Rió Kyle. —Bueno. Sólo prométeme que… no te irás al más allá, Pitufo. No aún.

Apretó un poco el meñique de Marco entre el suyo, y notó que Marco le apretaba de vuelta.

—¿No te lo dije? Iré a donde tú digas y te seguiré a donde quieras. Lo prometo.

Kyle se puso en contacto con Tadashi y con Hiro de un modo muy ágil, dejándoles saber que la operación para confesar su amor había sido todo un éxito, y ambos habían logrado expulsar las flores. Las buenas noticias de que su plan había funcionado, y de que Hiro y Miguel también estaban al tanto, bastaron para agilizar los arreglos para que pudieran vacunarlos esa misma noche.

Tadashi iba a recoger a Hiro y Miguel, pero Kyle ofreció llegar por su cuenta, en la motocicleta, a la dirección que el mayor le había enviado al celular. Por suerte su jefe aceptó, porque agilizaría las cosas para poder vacunarlos a antes.

Y así fue como había terminado montado en su motocicleta, con Marco atrás suyo y abrazándole por la cintura, mientras éste reproducía canciones para amenizar el viaje.

No se lo creía… de verdad iban a ser libres.

Pero… aún quedaban unos cabos sueltos por atar.

—… Marco.

Lo llamó con voz baja, algo que era extraño a su personalidad, extrañando lo suficiente al mexicano como para voltearse sin dedicarle una mirada de burla, enojo, amor o cualesquiera de toda la montaña rusa de emociones que el chino le ha hecho sentir en el corto lapso de cuarenta y ocho horas.

—Tengo algo que decirte…

Kyle se preparó un poco mentalmente antes de continuar, ya que aquello que estaba a punto de revelar podía cambiar por completo la relación que había construido con él. Sin embargo, ya no quería mentir al respecto de lo que era, ni seguir huyendo de su pasado.

Iba a afrontarlo y sentar las bases de quién era y qué era lo que buscaba. Luchar de ser necesario para asegurar ese hogar.

—Mi verdadero nombre no es Kyle… En realidad me llamo Aran Wang…

...Acababa de empezar y ya le estaba costando seguir. Casi podía sentir los ojos del otro clavados en su espalda.

—Me largué de China hace mucho tiempo atrás. Yo no pertenecía a ese lugar y no pienso regresar. Y la única relación segura que tuve la perdí por… circunstancias…

Se mordió el labio. Las palabras se le atoraban en la garganta.

Maldición, tantos años y seguía costándole trabajo...

Kyle concentró la mirada en el camino, sin querer que los recuerdos de esa lejana tierra lo consumieran. Realmente no se arrepentía de lo que hizo para vengar a Zhí Fang pero, de alguna manera se avergonzaba de ello… y más sabiendo que, después de aquello, regresar a China ya no era ninguna opción, o posiblemente terminaría muerto.

—Mi madre murió de verdad y mi padre murió para mí, no me importa donde esté. Como mis abuelos no me querían en su casa, salí a las calles a ser un dolor de cabeza para el mundo y a meterme en problemas, hasta que encontré… mi primer trabajo.

Era casi una falta de respeto reducir ese pequeño restaurante del Downtown y todas las memorias asociadas a él a algo tan simplón como "su primer trabajo". Pero aún dolía recordarlo, mucho más decirlo.

—Trabajé mucho tiempo en una cocina. Me llevaba bien con el dueño. Pero por éstas… circunstancias… ya no pude ni quise seguir ahí. Así que me largué de China para siempre y vine a San Fransokyo a estudiar gastronomía, con un nombre nuevo. Quería empezar de nuevo. Pero llegó el Hanahaki, mató a la mitad de mi generación de graduación… y aquí estoy.

Sintió como las manos de Marco se afianzaban con más seguridad a su torso, y por un momento se preguntó si acaso estaría asustado o impactado por la revelación. Lo había mantenido tan vago como le fue posible, pero, ¿quizá había sido demasiado?

Pero no. Él le sujetaba con firmeza, sin temblores ni temor, sólo seguridad.

—Bonito nombre, Aran, gusto en conocerte, yo soy Marco y me gustas mucho.

Kyle sintió que una sonrisita de alivio se le escapaba.

—Y no te sobreesfuerces, no me cuentes nada que no estés listo de contarme.

—...Gracias. —Dijo con alivio..

—Sólo permíteme hacerte una pregunta. Ésto va a sonar un tanto egoísta pero prefiero no darle vueltas al asunto: ¿eso afectará lo que sientes por mí o lo que va a pasar con nosot- conmigo? No quiero que me hagas promesas que no puedes cumplir.

—¿Qué? ¡No! No, para nada. No pienso regresar jamás a China. Sólo… temo que… pienses mal de-… —Masculló.

—¡Meeeeeh! No te juzgaré por lo que hayas o no hayas hecho, no soy quién para hacerlo. —Suspiró y recargó su cabeza contra la espalda frente a él. —Yo... tampoco he sido del todo claro.

Una nueva de duda fue desbloqueada en la mente de Kyle. ¿No le había contado todo después de lo que ocurrió en el hospital? Al parecer seguía siendo una caja de sorpresas.

—Yo… —Marco tomó aire. —...No soy un Rivera de verdad.

Si Kyle pudiera voltear para corroborar que no era una jugarreta del mexicano, lo haría. Pero eso podría matarlos en el intento y no, gracias, ya había tenido suficientes roces con la muerte para un día.

—¿A qué te refieres?

—No soy el hermano de Miguel. Soy su medio hermano. Pero el donador de esperma que dizque ayudó a concebirme fue alguien que no temía pegarle a su hijo y esposa, además de ser alcohólico… una hermosa familia feliz. —Rió. —Mi mamá me dijo que aguantó por mí, pero cuando empezó a ver que también a mí me pegaba, empacó todo y se escapó a Santa Cecilia conmigo. Ahí conoció a mi padrastro, se enamoraron, pero luego los Rivera le hicieron un auténtico pancho porque ya tenía un hijo, yyyy bueno, no lo vieron con buenos ojos.

—¿Pancho?

Marco sonrió con ternura al escuchar cómo Kyle tenía problemas para pronunciar el sonido de la "ch", así como para entender los modismos.

—¿Has visto cuando en los realities de la tele empiezan a gritarse todos entre sí y a repartirse culpas?

—Ugh.

—Pues eso. Los Rivera eran las Kardashian y mi mamá y yo éramos los Hilton. Sólo que con versión pirata y con más pobreza y dramón innecesario de fondo.

—Oh… es una interesante comparativa… ¿Y... qué pasó después?

—¿Con mi mamá? No sé, ni ella ni mi padrastro me hablan mucho de ese tiempo. Pero a mí los Rivera no me querían nada, por ser "la bendición ajena". De chiquito me la pasaba pegado a las enaguas de mi mamá o escondido bajo la mesa porque cuando se enojaban conmigo pensaba que me iban a pegar. Leía mucho para no escuchar los tremendos gritos y discusiones que se armaban por mi culpa.

Marco suspiró, recordando su infancia debajo de una mesa y acompañado de algún libro.

—Era raro. Por un lado mi mamá, mi hermanito y mi padrastro me trataban bien y me decían que tenía una familia nueva, y por el otro dicha familia se la pasaba diciéndome que era un bastardo y evitándome cuando les pedía cariño, como si fuera a transformarme en mi padre biológico o como si por mi culpa él fuera a llegar en cualquier momento para hacerles daño. Cuando crecí lo fuí entendiendo, entendí que no era un Rivera, y que si quería el cariño de ésta nueva familia, tenía que ganármelo por mi propio pie, desde cero, y demostrarles que yo no era igual a mi padre.

—Eso… Explica muchas cosas…

Por supuesto, tenía sentido. Kyle lo había visto una y otra vez en niños de la calle. No conseguían amor por ningún lado y sentían que no los iban a querer si eran ellos mismos, así que terminaban transformándose en alguien más agradable a ojos de los demás.

Al parecer, era el orígen de todas las máscaras y el coqueteo de Marco. Máscaras que sinceramente veía cada vez menos y menos cuando se encontraba en su presencia, pero que seguía manteniendo frente a otras personas.

Y si la seguía manteniendo frente a otras personas, entonces...

Un pensamiento algo incómodo empezó a rondar por la cabeza de Kyle.

—¿...Miguel sabe? Lo de que no eres su hermano de sangre.

—¡Pero por suclaro que no! —Rió Marco. —Mi origen es el secreto de la familia, nadie le dijo a los primos que vinieron después de mí, los que eran más pequeños no se acuerdan, y taparon el secreto del resto del pueblo.

—¿Piensas decirle?

—No. Nunca. Sólo traería problemas. Y te agradecería que tampoco le dijeras.

—No pensaba decirle nada, es tu decisión. Pero, ¿puedo preguntar qué tendría de malo el decirle? No es por ser metido ni nada pero-... —Kyle empezó a justificarse, temeroso de ofender a marco con sus palabras.

—Si te lo estoy contando yo, no cuenta exactamente como ser metiche. —Lo tranquilizó el otro.

—...Es sólo que... no lo entiendo… a mí mis abuelos me echaron de casa, pero nunca tuve problema en contarle a mis amistades, buenas o malas. A nadie le pareció demasiado importante ni me dieron la espalda por ello. ¿Por qué a ti sí?

—...Porque es México. —Supiró Marco. —La vida en los pueblos de México es diferente, todo mundo se entera de todo y la reputación y el honor familiar cuentan mucho. Más cuando de ello depende el negocio familiar. Si el chisme se corriera, la familia quedaría en riesgo ante mi padre biológico.

—¿La zapatería?

—Yep. Pero no es todo. Los Rivera aman la tradición y el legado familiar. Si naces en la familia, tienes que ser como ellos. Si quieres ser uno de ellos, tienes que sacrificar lo que haga falta para encajar dentro de ellos. Mi hermano no quería ser zapatero, si no músico, y pregúntale cómo le fue.

—Sí escuché esa historia antes, Hiro me contó.

—Pues ahora imagínate lo que me pasaría si a mí que ni siquiera tengo su sangre, luego del trabajo que a mi mamá le costó conseguirnos una familia donde yo pudiera crecer sano. No podría romperle el corazón de ese modo a la mujer que me salvó la vida. Por eso nada más me adapté, aunque nunca me sentí a gusto en ningún lugar…

—¿Tú de verdad quieres ser músico? ¿O zapatero?

—¿Si te soy sincero? No tengo la más remota idea de lo que quiero hacer de mi vida. —Sonrió Marco. —No me interesa nada. Nada de nada. Seguiré la primer carrera que sea más o menos redituable.

—¿Y por qué nunca le dijiste nada a Miguel?

—...A mi mamá y a mí nos costó mucho trabajo encontrar un lugar en una familia que nos quisiera. No es perfecta, pero me quieren ahora y... con eso me basta. No iba a tirarlo todo por la borda sólo por un tonto amor no correspondido. Para mí, Miguel tiene más valor como mi hermano que como pareja, porque nunca tuve una familia. No quisiera romper eso. Fue de las primeras que pude conseguir con mi propio esfuerzo.

Suspiró e hizo una pausa en su narración, recargando su cara contra la tibia espalda de Kyle. Se sentía bien dejarlo salir todo de una vez.

—Me acuerdo que de chiquito, mi abuela paterna me veía muy mal y estaba de genio todo el rato, y como era la matriarca, si ella no me aceptaba entonces nadie lo hacía. Al principio me daba miedo y pensaba que peleaban todo el tiempo por mi culpa… así que poco a poco intenté demostrarle que no era así. Me subía a un banquito y le ayudaba con las cosas de la casa aunque me quisiera correr, ¿sabes? Iba con mi banquito por todos lados y me ponía a cocinar, a lavar los trastes, a limpiar, a barrer, trapear, hacer bromas, sacar buenas calificaciones. Imagínate a un pendejito ahí de siete u ocho años aprendiendo a hacer arroz.

Kyle sólo lo dejó hablar. No dijo nada, no quería interrumpir. Sonaba a que él realmente necesitaba desahogarse, y no lo iba a frenar.

—Miguel pasaba tiempo con mi bisabuela y mi abuela todo feliz y meco mientras yo entendía y me ganaba el amor a la espartana de mi abuela. Eventualmente se ablandó conmigo y empezó a mandarme a hacer recados, me dejaba acompañarla al mandado, me felicitaba por mis calificaciones. Cuando me enseñó a hacer zapatos, me pidió perdón por todo y me dijo que… que me quería mucho. Nadie antes de mi mamá me había dicho eso. Me dio mucha pena llorar ahí mismo, pero me abrazó y me siguió pidiendo perdón y diciendo que me quería mucho. Y me convertí en su nieto favorito…

Tembló. Intentó contener las lágrimas, pero a juzgar por lo mucho que estaban saliendo de todos modos, perdiéndose en el aire frío de la noche de San Fransokyo, no tuvo mucho éxito con eso.

—Me hicieron un lugar en la familia como si fuera de sangre, a mi mamá también la aceptaron de lleno, me confió mucho a mi hermano menor y jamás me volvió a faltar nada. ¿Cómo iba a echar todo eso por la borda sólo porque me empezó a gustar mi hermano? ¿Cómo? Hubiera preferido morirme de Hanahaki antes que actuar sobre ello... si Miguel no me hubiera convencido de venir, tarde o temprano la hubiera cagado allá y habría salido mal. La cagué en la secundaria y eso ya fue culpa mía, por pendejo y por dejado, carajo, y me destruyó. No sé qué hubiera pasado si la hubiera cagado con Miguel también. Hubiera perdido todo lo que me quedaba...

Hubo un pequeño silencio.

—Perdóname por contarte ésto. Se suponía que te preguntara sobre ti y terminé hablando de nuevo sobre mí, doy asco.

—No. Gracias por decirme. Me gusta escucharte. —Kyle pensó un poco más en algo que decir, pero no se le ocurría nada. Se mordió el labio. —A mí también me alegra que hayas venido. Y no creo que lo que pasó haya sido tu culpa. Tuviste una vida difícil y eso te afectó, pero no te hace ser mierda. Proteges lo que te importa incluso cuando tú mismo lo quieres sabotear. No mucha gente tiene ese auto-control.

Ahora entendía a lo que el difunto Zhí Fang se refería cuando le decía que los tatuajes "se ganaban" aquel día que se negó a hacerle uno. Marco más que nadie se merecía uno. Pero al parecer él sólo se conformaba con las cosas simples de la vida, porque simplemente asintió y siguió aferrado a la espalda frente a él, soltando un suspiro. Se sentía bien simplemente estar con él y dejar todo salir.

— Sabes… quiero aplicar para la universidad en San Fransokyo.

—¡¿Eh?! ¿No quieres regresar a México? ¿Después de todo lo que me contaste?

— Es un lindo lugar… pero… Nunca fue del todo un hogar donde pudiera ser yo. No lo elegí, sólo lo hice mío después de que mi mamá me llevó ahí… y aún así, creo que nunca fue del todo mío... Honestamente, ni siquiera quiero ser zapatero. —Rió. A mamá Elena le daría un infarto si le oyera decir eso.

Kyle sintió calidez en su pecho, pero lo contuvo. Marco estaba sensible y vulnerable ahora mismo, no era momento de emocionarse.

—Aunque me agrada la idea de tenerte aquí, quiero que pienses muy bien tu decisión. San Fransokyo no es una ciudad ideal, tampoco. Yo vine aquí pensando que podía escapar y empezar de nuevo. Y cuando llegué, me di cuenta de que los errores no se quedaron en China, si no conmigo. No creas que Santa Cecilia va a ser diferente.

—Ya lo sé. Pero no es una decisión de ahorita. Llevaba un tiempo sin sentirme cómodo allá, o no habría hecho lo que hice en secundaria. Aquí… suena raro, pero tengo amigos más genuinos y... bueno, estás tú. Es raro, pero me dan más ganas de hacer cosas.

—¿Y tu familia? ¿Y Miguel?

—Bueno, técnicamente no son del todo mi familia… —Tosió Marco. —… Pero estarán bien. Sé que pueden cuidarse solos. Y sé que puedo mantener el contacto con ellos. Pero… me gustaría darme una oportunidad de hacer memorias bonitas al lado de la gente que sí me integró en su vida sin pedirme nada a cambio.

—Bueno, sí, suena a un buen plan. —Asintió Kyle.

Siguió conduciendo en silencio camino al puente de San Fransokyo, en camino a la ubicación que Tadashi le había enviado.

—O sea contigo, pendejo. Hablo de ti. —Dijo Marco, cuando vio que Kyle no le decía nada

—Espera, ¿qué? ¡¿Yo?!

—Me tuviste más paciencia que nadie, has oído cosas que no le dije a nadie más, me hiciste un lugar en tu cocina y con los amigos de Hiro, has estado cuando te necesité y me hiciste romper muchos conceptos errados que tenía, y me dejaste pagarte con la misma moneda… no porque me lo pidieras, si no porque no lo esperabas, pero yo quise hacerlo, y lo respetaste. — Bajó un poco la voz. —No tienes que decir que sí, pero… me gustaría venir a San Fransokyo y experimentar más de ello. Por primera vez siento... siento que estoy creciendo. No quiero venir a la ciudad sólo porque sí. Quiero venir porque estás aquí. Déjame al menos intentarlo.

Kyle no supo qué contestarle, porque llegó a la ubicación que se le había mandado. A lo lejos podía ver un auto de donde descendían Hiro y Miguel. Frente a ellos estaban Tadashi y Honey. Hablaban de algo, no sabía de qué. Se abrazaban, conversaban. Pudo ver que Wasabi, Fred y Gogo también llegaban, cada uno por separado.

Honey debió de ver la motocicleta de Kyle a lo lejos, porque empezó a saludarlo de lejos, dando brincos de entusiasmo.

Una familia… gente que te quiere…

...El secreto no estaba en la ciudad. Si no en la gente que te rodeaba y las cosas que podías lograr. Eso… eso era lo que la hacía sentirse cualquier casa como un hogar.

Disminuyó la velocidad, buscando donde aparcar.

—… Está bien. Creo que te entiendo un poco. Pero aún así, piénsalo con cuidado.

—...Gracias. —Murmuró Marco. —...Oye… ¿por qué nombre debería llamarte de ahora en adelante? ¿Aran? ¿Wang? ¿Arancito? ¿Chino pendejo?

Kyle soltó una risita mientras aparcaba. Marco y él bajaron pausadamente de la moto. Se les acababa el tiempo de privacidad.

—Hmmm… No lo sé. Sé que es mi nombre de nacimiento, pero creo... que yo tampoco siento ya que me pertenezca del todo. He pensado en cambiarme el nombre a Kyle. Me gusta más y tiene más memorias personales.

—Entonces, te seguiré diciendo Kyle. —Sonrió Marco. —Y así los dos podemos empezar de nuevo aquí. Tú fuera de China y yo lejos de México.

—...Me parece bien. Oye, podrías estudiar gastronomía o literatura, se te dan muy bien.

—Hmmm… supongo que los consideraré. Lo que el japo y Tadashi estudian también me parece muy interesante. Le pediré información a Tadashi de la Universidad en cuanto pueda.

Dejando ahí la moto, se acercaron a la pequeña multitud de sus amistades que se habían formado ahí. Cada una de esas personas había hecho un esfuerzo, mayor o menor, por encontrar la vacuna. Cada una de esas personas lo estaba intentando con todas sus fuerzas. Y ahora también eran parte de ello.

No había estrellas en el cielo de San Fransokyo, pero era porque todas las guardaba dentro de sus edificios. Cada una de esas luces centelleantes era una persona que lo estaba haciendo lo mejor posible. Y aquí, frente a ellos, estaba un pequeño, pequeñito grupo de las mismas, formando una constelación que se negaba a apagarse.

¿Era ésto de lo que hablaba Zhí Fang…?

—¡Kyle! ¡Marco! —Gritó Honey, acercándose a ellos corriendo con una sonrisa enorme.

—¡Hey, güerita! ¿Qué hay? —Contestó Marco, alzando una mano en su dirección para saludar.

—¡Es roja! ¡Es roja!

Ambos hicieron un esfuerzo por enfocar. La entusiasta Honey sostenía en sus manos un frasquito en cuyo interior había un líquido transparente y rojizo, que a Marco recordaba al color de las manzanas acarameladas.

—Debe ser la vacuna. —Opinó Marco, llevándose un dedo a la barbilla y el otro a la cintura en posición pensadora. —¿Crees que terminó por tener el color del cempasúchitl rojo de Miguel, o será más bien un color para tenerla identificada?

—Marco… —Dijo Kyle.

—¿Eh…? ¿Sí, dime?

—Cuando todo ésto acabe… ¿Te gustaría hacerte un tatuaje conmigo?

Marco parpadeó. Luego lo miró con confusión, sin tener ni la más remota idea de el salto olímpico que sus pensamientos acababan de dar, pero Kyle sólo le sonreía enigmáticamente.

Incapaz de descifrar lo que pasaba por su cabeza, el mexicano sólo suspiró, sonrió y se encogió de hombros.

—Claro, ¿por qué no? Pero por ahora, vamos a vacunarnos ¿Sí? quiero terminar con ésta historia de una vez por todas. ¡Hey, Honey! ¡¿Por qué es roja?!

Marco se alejó de Kyle para ir en dirección al pequeño grupo. Kyle lo siguió en silencio.

Las verdaderas siemprevivas estuvieron aquí todo el tiempo.

No acabarán mis flores,

no cesarán mis cantos.

Yo cantor los elevo,

se reparten, se esparcen.

Aún cuando las flores

se marchitan y amarillecen,

serán llevadas allá,

al interior de la casa

del ave de plumas de oro.

—Nezahualcóyotl

¡Hola! Somos Axu e Infinite. ¡Muchas gracias por leer el (ahora sí) último capítulo de "El Cempasúchitl Rojo"! Ésta historia llegó a su final.

Infinite: Gracias por haber seguido esta historia desde el principio, pasaron muchísimas cosas a lo largo de este año (si no mal recuerdo) desde que se escribió este fic. Todos ustedes son fancesillos increíbles y nos sorprendió en más de una ocasión su creatividad.

Agradezcamos y amemos a Axu, que gracias a ella este fic vió la luz y se convirtió en lo que fue. (Conste que los putazos más fuertes fueron de ella cofcofcofespinasentreotroscofcofcof). (?)

Axu: Quiero agradecer a toda la gente que nos tuvo mucha paciencia a lo largo del fic hasta que por fin lo pudimos completar. Fue un año bastante loco para todos, y no pensé que la cosa se alargaría tanto. A veces me cuesta un poco escribir los capítulos (no es como en Tesis, que yo no tenía absolutamente na' mejor que hacer y podía actualizar en friega (?)) así que por eso estoy contenta de que al final todo saliera bien.

Como casi todas las historias que tengo, Cempasúchitl Rojo salió de una idea que tuve suelta en un bloc de notas, pero no me animaba a llevarla a cabo yo sola ya que no estaba del todo familiarizada ni con el mundo del drama (venía saliendo de Tesis apenas), ni con la medicina que requería para llevarse a cabo. Así que le pedí ayuda a Infinite y le pregunté si le interesaría participar en el escrito, y fue un alivio muy grande que me dijera que sí C: si no me hubiera ayudado definitivamente toda la historia se hubiera leído muy diferente o habría tardado más tiempo en ser escrita.

Infinite: Admito que cuando Axu me propuso hacer una collab con ella entré en shock, vamos, ella es increíble y muy buena y akdldkdksk me emocioné y era la primera vez que hacía algo como eso. Una grata experiencia que sin duda a mí me ayudó a crecer como fanficker. ;-;

Axu: aekjdshfasdfsd tú ya escribías bien bonito desde antes, por eso supe que pedirte ayuda era lo más ideal :'DDDD ese es el truco para una collab (?) que te ayude alguien que sea más capaz que tú en las áreas que no dominas tanto, y definitivamente me ayudaste chingos y aprendí mucho de ti :B

Infinite: Entre cerezos y cempasúchil ya está muerto, ahí déjenlo. xD Pero sí, concuerdo mucho contigo. Ambas crecimos y aprendimos muchas cosas. ;-; Ay… Da el feel.

Axu: Espero que se hayan llevado buenas lecciones de aquí, y que les esté ayudando con algunos problemas más graves. Ya sea con salud mental, con fuerzas para seguir adelante si están tratando de ser una mejor persona, traumas, o a superar la muerte o la enfermedad de alguien a quien quieran mucho. La historia de CR fue un poco más fuerte que la de Tesis, pero sigue teniendo mucho valor detrás que espero les pueda ayudar en algo de su vida.

Axu e Infinite, cambio y fuera.

Bye, bye.~