Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
Capítulo veinticinco
Edward
— Te amo, Isabella. —Atraje su mano entre las mías acercando mis labios a su dorso, dejé un beso—. Gracias por la oportunidad.
No respondió solo no dejaba de observarme con atención, apresó su labio inferior entre sus dientes. Mientras me permití acercarme hasta que nuestras exhalaciones chocaron entre sí. No se alejó en ningún momento, noté como se agitó su respiración y su pecho comenzó a subir y bajar con velocidad. Cuando tuve sus labios a escasos centímetros, cerró sus ojos y supe que era mi oportunidad, me estaba dando permiso para que la besara. Y así lo hice.
Mis labios se movieron con suavidad sobre los de ella, con una mano sujete su mentón. La sensación de sentir la exquisitez de sus labios de nuevo era majestuoso, sentí como llevó sus manos a mi cuello tirando de mí para acercarme mucho más a ella, decidí tentar más a mi suerte adentrando mi lengua en su boca, explorando cada rincón, adueñándome de nuevo de su dulce sabor. Despacio me fui inclinando sobre la camilla sin que ella soltara su agarre de mí, ahora sus manos estaban en mi camisa tirando con tal fuerza que me hacía casi caer sobre ella, a la vez que mis manos acariciaban su rostro con mucha ternura.
— Debes dormir, mi amor —susurré sobre sus labios dejando otro corto beso—. Descansa.
— Dormí toda la noche —dijo enfurruñada apresando mi labio entre sus dientes—. Quiero ver a Carlie, ¿a qué hora la traerán?
— La enfermera mencionó que vendría con ella cuando estuviese llorando. Hace rato fui a los cuneros y era la única bebé que dormía tranquila.
— Espero que siga así. Estoy muy ansiosa por tenerla de nuevo en mis brazos, necesito mirar su pequeño rostro y saber que es real, Edward.
Escuchar su tono ilusionado me hacía pensar que nuestro tema favorito de ahora en adelante sería nuestra hija.
— Le avise a mi madre que era abuela. Ella llegará en unas horas, espero no te incomode que esté presente.
Isabella miró sus manos en su regazo.
— Isabella, me gustaría que le dejes acercarse a Carlie. Esme no tiene la culpa de los errores que cometí, amor.
— No es eso. Ella es bienvenida —sonrió dando un suave apretón a mi mano—. Es que Sue me habló de Charlie y no sé qué creer.
— ¿Qué te dijo?
— Qué la está pasando mal. Que no quiere seguir con sus terapias y qué ha decidido vivir en completa soledad y abandono. Según Sue; él está arrepentido, pero tiene miedo buscarme y ser rechazado.
No confiaba en Swan. Podía hacer mil conjeturas tratando de disolver el dilema de su supuesta compunción. Quizá estaba tramando llamar la atención de su hija y la única opción que le era más efectiva sería la de conmover a través del arrepentimiento o lástima para que Isabella volviera a él. No obstante era su padre y ella siempre tendría la última palabra respecto a su relación.
— ¿Qué piensas hacer? —removí un mechón de su cabello y lo llevé tras de su oreja.
— Conozco a Charlie. Sé que buscará de alguna manera u otra que vuelva a su lado —me sonrió con tristeza—. Él nunca cambiará, he perdido la esperanza.
La enfermera interrumpió arrastrando el pequeño cunero dónde estaba nuestra hija pegando fuertes chillidos. Nos sonrió depositando en los brazos de mi esposa el diminuto cuerpo envuelto en una manta rosada, quedé anonadado cuando su disgusto fue liberado tras succionar el pezón de su madre comenzando a mamar con brío sin importar que se atragantase.
— Tranquila, cariño —susurré lleno de admiración mientras arrastraba mi dedo por su suave y delicada frente.
Ella era perfecta: su incipiente cabello era el mismo tono que el mío, con un botoncito por nariz y una diminuta boca rosa. Su cuerpo regordete era lo justo para un bebé de 4 kilos y medio.
— Es igual a ti, Edward.
— No es verdad. Mi niña es hermosamente perfecta.
— Dame un beso —exigió mi mujer y no pude hacer otra cosa que complacerla.
Comencé siendo tierno, pero con Isabella no se podía ir despacio. Una vez que nuestros labios estuvieron sincronizados, ella avasalló mi boca como toda una salvaje, metió su lengua en mi cavidad para después morder con pasión mi labio entre sus dientes. Me había dolido, sí, aunque también me había hecho gemir en su boca.
— Oh… ¡Hola, papás! —la inoportuna voz de Bree resonó en la habitación.
Molesto me separé de Isabella y volví mi mirada a la puerta. Me erguí de inmediato cuando supe que teníamos público, pues no solo mi hermana nos miraba, sino también estaban con ella; Jenks, Seth, Jasper y Tanya quienes esperaban en la entrada conteniendo una sonrisa en sus labios.
— ¡Felicidades! —expresó Jenks con ese gesto severo el cual deshizo cuando posó su mirada en Carlie—. Es una bebé hermosa, hija. Edward —se dirigió a mí— tendrás que cuidarla mucho porque te aseguro que los chicos la rondarán desde muy joven.
Arrugue la frente.
— Parece que todo está bien, papá. —Jasper palmeo mi espalda— si no entramos estabas a punto de subirte encima de Bella. Está de más preguntar si ya volvieron, cierto.
Suspiré a la vez que le devolvía el manotazo en su espalda.
— Quiero gritar de felicidad.
Observe ilusionado como rodeaban a mi mujer con pregunta tras pregunta mientras Tanya cargaba en brazos a mi niña y Jenks miraba de reojo a dónde nosotros estábamos.
— Necesito buscar un agente de bienes raíces, urgente. Quiero comprar una casa para mi esposa.
Jasper abrió sus grandes ojos azules y me sonrió llevando sus manos a los bolsillos de su pantalón.
— Creo que la paternidad te volverá todo un anciano.
— Jasper es en serio. Quiero regalarle una casa a Isabella. Tenemos que buscar opciones, tal vez prefiera un apartamento. Estoy preocupado por conseguir un lugar donde Carlie pueda tener un hogar feliz y lleno de amor.
— Lo sé, Edward, me da gusto saber que quieres hacer todo bien. Pero, ¿no crees qué una casa debe ser elegida por los dos? Entiendo que quieres sorprender a Bella y ser un esposo espléndido. Te aconsejo que lo hables con ella antes de tomar una decisión.
Guardé silencio al darme cuenta que la opinión de Jasper era razonable. Era tanta mi necesitada de darle todo, que me olvidaba de lo más importante, la opinión de mi esposa.
Llevé mi mano a mi frente; también necesita comprar unas nuevas alianzas matrimoniales.
— Me acompañas afuera —pidió Jenks saliendo por la puerta.
Dejé un beso en los labios de Isabella ante los murmullos de burla de Seth y Bree. Seguí casi a zancadas los pasos de Jenks hasta el jardín trasero del hospital.
Jenks estaba fumando tabaco. Tenía entendido que tenía prohibido hacerlo, este viejo no entendía razones.
— ¿Pasa algo?
— Me da gusto que estén de nuevo juntos —admitió con una ligera sonrisa—. No hace falta que te diga que la cuides mucho porque sé que lo harás. Si te pedí hablar es por otro asunto.
Negó.
— Necesito tu firma. —Pidió Jenks exponiendo unos documentos en mis manos.
No respondí solo leí con determinada atención la hoja redactada entre mis manos nombrándome director ejecutivo, Isabella me estaba cediendo de nuevo el cargo y eso no era lo sorprendente, sino darme cuenta que no era temporal.
— ¿Sabes lo qué significa? —mi pregunta hizo arquear las cejas a Jenks.
— Te está dando todo el poder absoluto de Swan's Corporation. Es decir, en pocas palabras te está diciendo que confía en ti, Bella te ama y esa es su forma de demostrarlo.
— No lo veo de esa manera —apile los documentos, dejándolos de nuevo en el folder, sin firmar—. Siento como si Swan estuviera aquí, obligándome de nuevo a firmar algo que no me corresponde. No los firmaré.
— Cómo quieras —tomó el folder de mis manos mirando los documentos sin mucho interés—. Aquí solo estoy cumpliendo con lo que se me encomendó, pero si no quieres tampoco te voy a obligar —hizo un chasquido de dientes seguido por un largo suspiro—. Ella misma redactó los documentos que te hacen dueño de todo lo que tiene. No lo tomes de la manera en que lo estás haciendo, míralo como un acto de amor y confianza… Bella es muy generosa.
— Yo no quiero su nobleza de esa manera, porque esto —señalé los documentos— le obligará a quedarse conmigo y no quiero eso, así no.
— Edward, si estás dispuesto a seguir junto a Bella. Debes saber que la Corporación es tu lugar. Tienes que ser consciente que Bella necesitará de alguien que la apoye, estará ausente por su maternidad. Después vendrán otras cosas, cómo citas médicas con Carlie, guardería, bailables y todo lo que conlleva a estar involucrado en la vida de un infante. ¿Qué pasará con sus propios sueños? Tendrá que volver a olvidarse de todo por estar metida en una oficina para seguir administrando el futuro de sus hijos. —Hizo un chasquido de dientes—. No te compliques la existencia, muchacho. Isabella no es una chica común como ella pretende ser, hay mucho dinero en su entorno, creo ya tienes una idea de lo que hablo.
— Estoy muy viejo para velar por su futuro —continuó— Charlie siempre supo que eras tú el indicado para hacerse cargo de la Corporación. El hecho de que tu esposa sea la sucesora, te convierte a ti en el dueño de todo lo que ella posee.
— Entiendo lo que dices, sin embargo, no estoy de acuerdo en ello —pasé mis manos por mi pelo en un acto reflejo de exasperación—. Aceptar la dirección de las empresas, me convierte de manera automática en lo que Swan siempre quiso. Es como un maldito recordatorio de cómo empezó nuestra relación.
— Eso es lo que hay, Edward. Tú sabes si lo tomas o lo dejas.
No era tan sencillo como se escuchaba, aceptar, sería vivir siempre a la sombra de Swan.
No podría tomar una decisión; no sin antes hablar con Isabella.
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El rostro de Isabella estaba sonrojado al recibir los consejos de mi madre. Aún se portaba tímida cuando Esme le explicaba con ternura cómo evitar la congestión mamaria. Ella estaba produciendo leche en exceso porque Carlie prefería dormir que comer a sus horas.
— Intenta de nuevo, cariño —dijo Esme mientras maniobraba el pequeño cuerpo de mi hija para que se prendiera del pezón de su madre—. ¿Estás adolorida?
Isabella asintió con un gesto.
— Iré a buscar algunos paños calientes —explicó mamá—. Necesitarás ponerlos sobre tus pechos y darás suaves masajes, Bella. Debemos evitar la mastitis.
— ¿Eso es malo? —preguntó alarmada haciéndome poner alerta.
— Es una infección a causa de la obstrucción de las glándulas. Es muy dolorosa puede causar fiebre y provoca que tu leche no pueda ser consumida por Carlie. No te asustes —le dio un apretón a su hombro descubierto—. Es muy común en mamás primerizas.
— Hijo, ayúdame a buscar paños o cualquier otra cosa para humedecer.
Guié a mi madre al cuarto de lavandería y busqué entre los cajones. Si bien la relación entre ellas podía salir natural. Era normal que Isabella se sintiera cohibida al mostrar sus pechos a su suegra.
— Gracias, mamá —besé su frente cuando tuve en mis manos los paños que necesitaba—. Isabella debe estar deseando tener con ella a su madre. Qué le enseñe cada cosa que desconoce sobre la maternidad. Al estar su nana lejos, eres lo mas cercano a una mamá para ella.
— Oh, hijo, no agradezcas. Para mí es un honor cuidar de tu esposa.
— Mamá, ¿qué opinas de ella?
— Bella es muy dulce, hijo. Me agrada
Me emocioné al saber que podrían llevarse bien. Después de tres días viviendo todos juntos y apretados no había tenido oportunidad de hablar a solas con mi madre. Cuando Esme llegó al hospital el encuentro fue espontáneo y presuroso porque el horario de visitas había terminado, al día siguiente Isabella y Carlie estaban dadas de alta, así que al volver al apartamento de mi mujer me dediqué a cuidar de ellas sin despegarme un solo momento.
— Tengo planeado regalarle una casa.
— ¡Es maravilloso, Edward! —mamá me abrazó feliz aunque en sus ojos se reflejaba cierta tristeza—. Eso quiere decir que han decidido vivir aquí. Siempre pensé que cuando tuvieras familia volverías a Forks.
— También lo creí. Imaginé a mis hijos corriendo por toda la casa y por tu colorido jardín. Es difícil, mamá, porque nuestros trabajos están aquí.
Esme exhaló con nostalgia.
— Entiendo. Comprendo que debes seguir tu camino, ahora ya eres papá y te toca velar por una preciosa niña y procurar a tu mujer. Me visitarán seguido, ¿verdad?
Me eché a reír pasando mi brazo por sus hombros.
— ¿También podrás cuidar de Carlie cuando necesite tener un viaje a solas con mi esposa?
Mamá estrechó sus ojos y puso sus manos en las caderas. Su rostro se había sonrojado.
— Voy a tener que prepararme porque presiento que cuidaré de muchos nietos más pronto de lo que creo.
— No es así. Isabella es muy joven, me gustaría concentrarnos en Carlie. Ya veremos después…
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— ¿A qué edad tuviste tu primer beso? —escuché a mi hermana preguntar con gran interés a Isabella. Bree llevaba toda la tarde metida en la habitación, recostada en la cama y por los cuchicheos y risas entre ellas, podía deducir que su plática se debía que algo escondían—. ¿Te gustó?
— ¿Eh?... sí.
Isabella mordió su labio ocultando una sonrisa cuando se dio cuenta que la estaba observando. Caminé a dónde la cuna tenía su lugar, al costado derecho de la cama y tomé a mi bebé en mis brazos.
Salí al balcón y contemple el atardecer sosteniendo a mi hija junto a mi pecho. Carlie se hizo una pequeña bola cerrando sus ojos verdes para seguir durmiendo.
Continué escuchando más risas por parte de Bree lo que me hizo pensar que lo hacía a propósito. Porque insistía en conocer cosas que no le correspondía saber.
— Debió haber sido nauseabundo cuando Emmett introdujo su lengua en ti. En sí, todo él es un poco asqueroso porque ya está viejo. En cambio, yo quiero que cuando llegue mi primer beso sea con un chico joven, que también me guste.
— Bueno, a mí me gustaba —confesó Isabella en voz muy baja—. Ya no hablemos de él.
— ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que mi hermano se enfade?
Isabella soltó una carcajada.
— Edward no es celoso. Una vez me lo dijo —comentó mi mujer. Definitivamente, le gustaba ponerme de mal humor.
— Entonces, ¿me ayudarás a convencer a mamá?
— Haré el intento. Aunque, no prometo nada.
Escuché de nuevo risas seguido de un portazo.
— ¡Me daré una ducha, Edward! —anunció Isabella a mi espalda.
Después de unos minutos Carlie se quedó en un profundo sueño siendo momento de dejarla en su cuna.
— Así que… —susurré enganchando mi brazo en la cintura de mi mujer cuando pasó frente a mí, la sostuve por unos segundos antes de recostar su cuerpo en la cama. Ella aguantaba la risa para no despertar a Carlie— te gusta usar mis palabras en mi contra, ¿qué es divertido, señora?
Isabella miró mis labios a la vez que sus dedos los recorrían.
— Eres gracioso, Edward. Porque fuiste tú quien dijo que no eras celoso, solo estoy repitiendo lo que un día mencionaste.
— ¿Estás aceptando qué te gustó que otro te besara?
Sostuve su cara. Isabella se quedó quieta cuando me acerqué a besar sus labios. En verdad intentaba ser tierno y lo más dulce con ella, pero estaba de más cuando su emoción era sobrepasada en segundos, su cuerpo ondulándose contra mi ingle y sus manos tirando de mi pelo. ¡Me volvía loco!
— Tú besas mejor —admitió sin aliento.
Dejé un sonoro beso a su frente para acomodarnos en la cama. A modo que los dos estuviéramos acurrucados.
— ¿Qué te pidió Bree?
— Quiere quedarse y tu madre no acepta. Creo que se ha dado cuenta del interés que existe en Bree por quedarse.
— ¿Interés?
— ¿No te has dado cuenta? —buscó mis ojos y negué—. Ella y Seth se gustan aunque ninguno se atreva a decirlo. Quizá Esme también lo notó, es por esto que prefiere llevarla de regreso a Forks.
— Tenía entendido que no se soportaban.
— Eso era antes. Mi amor —me regañó dejando un manotazo en mi brazo— necesitas poner atención a tu alrededor.
La estreché a mi cuerpo mis brazos tenían rodeada su cintura y besé su cabeza impregnado de su delicioso olor a champú
— ¿Hablarás con mamá?
— No sé si deba. Tener juntos a un par de adolescentes enamorados no es muy conveniente.
— Tal vez se les pase cuando entren al colegio y convivan con otros chicos de su edad, ¿no crees?
Encogió sus hombros.
— Isabella quiero comprar una casa.
Ella abrió sus ojos y sonrió.
— ¿Hablas en serio?
— Por supuesto, amor. ¿Qué piensas?
— Quiero algo pequeño, pero espacioso, ah, con una cocina enorme.
Comenzó a detallar con ilusión cada espacio qué necesitaba tuviera nuestro hogar hasta una imprescindible vista al mar. Ambos empezamos a dar ideas y en cuestión de minutos habíamos construido una pequeña casa estilo playa.
— ¿Cuándo quieres comenzar a mirar las casas?
— Lo más pronto posible. Necesito que Jenks tenga su propia habitación en nuestra casa —pidió—, así él puede quedarse cuándo quiera. También una habitación para Esme.
— Lo que tú quieras, mi vida.
Si por Isabella fuese tendría viviendo con nosotros a media ciudad, pensé.
— Edward —murmuró después de un largo silencio— no hay ningún problema si no quieres volver a la Corporación. Lo último que quiero es incomodarte.
La hice mirarme.
— Jenks ya te contó.
Asintió.
— ¿Por qué lo hiciste? —Necesita saber cuál era su intención al nombrarlo de nuevo director—. Lo has hecho bien, amor, no me necesitas ahí.
— Porque teniendo la oportunidad de despojarme de todo, no lo hiciste. Además, en quién otro voy a confiar que no sea mi esposo. Jasper es inteligente y se ha portado a la altura de las circunstancias. Solo que ese lugar te corresponde a ti, Edward.
Recargue la cabeza en el respaldar de la cama.
— Mi amor —empecé a jugar con uno de sus mechones, lo enredé en mi dedo una y otra vez— en al empresa que ahora estoy me siento a gusto, no hay demasiado estrés y es bueno para mí. Sin embargo, podemos buscar una solución —la atraje de nuevo a mi regazo— ¿qué te gustaría hacer? Me refiero a los planes que tengas a futuro.
— En un principio no me atraía mucho la idea de suplir a Charlie, pero ahora, realmente me gusta. Obvio tengo mucho que aprender y aún me es difícil lidiar con cada persona que me ve como si fuese insignificante.
La abracé con más fuerza. Comprendía a la perfección de lo que ella hablaba a la vez que me llené de coraje al pensar por todo lo que pasó en estos meses.
— ¿Quién estará cubriendo tu lugar?
— Jenks lo hará.
— ¿Te gustaría que te asesore?
Sus hermosos ojos parecían brillar de emoción.
— Me encantaría.
— No se diga más, cariño —besé sus suaves labios—. Dentro de un mes comenzaremos. Te advierto que seré muy estricto y no seré tolerante, pero puede que me deje convencer por una hermosa castaña.
¡Hola! Aquí traigo un capítulo extra. Díganme qué les pareció. Qué opinan de Edward, ¿será muy estricto con su Bella?
Una disculpa por todos los errores ortográficos o/y gramaticales que puedan encontrar.
Agradecida con las chicas que dejan sus comentarios: Jane Bells, Liz, torrespera172, twifanlight07, Twilight all my love 4 ever, catableu, Nere, nataliastewart, Antonella Masen, Veronica, Vanina Iliana, Lidia, Ime Salinas, Ana, Lili Cullen-Swan, Diannita Robles, bienvenida a Houston! marieisahale, Vanesa: muchísimas felicidades por tu embarazo! Lizdayanna y guest.
¡Nos quedan cinco capítulos!
¡Gracias totales por leer!
