El pequeño se acercó a Hikari, ya que al parecer era el único rostro que le provocaba confianza, se veía en sus ojos. Todos guardaron silencio, hasta que Kofuku camino hacia ellos y suspiró poniéndose en cuclillas estando casi a la altura de mini Yato.
—Hey, hey, Yato-chan, ¿me recuerdas? —preguntó en voz baja la pelirrosa, tratando de parecer animada sonriendo, aunque ya sabía la respuesta.
Él negó con la cabeza con inocencia, los demás miraban con sorpresa y tristeza a la vez, estaba oscureciendo. Después de agradecerle a Mayu, ella le dedicó una triste sonrisa al pequeño que una vez fue su amo y se marchó, los demás decidieron ir a dentro.
(...)
—Así que... todo esto sucedió en medio año —la pelinegra susurró para todos ya que Yato dormía en su regazo, eran las tres de la madrugada y al pequeño le había dado sueño —Mi vida cambió en solo seis meses, va a ser mi cumpleaños en diez días, ¿y me salen con que otra vez unos locos me quieren matar, tengo un hermano y mi padre es un niño de cinco años?
Nadie digo algo, Yukine levantó la cabeza y fijó su vista en su amo, durmiendo plácidamente en las piernas de Hikari, luego miró su marca de shinki para después fijarse en el bebé que estaba siendo arrullado por Hiyori para que durmiera también.
El niño y el bebé eran casi idénticos, a excepción de los ojos del menor, sus iris de ambos ojos eran color violeta con tonos azul celeste.
Debido que ya eran diez personas involucradas, Hyakuya y Tomoyo propusieron que ellas se fuesen en avión a América y vivir ahí en su antigua casa donde estaban los padres de la rubia, pero los demás se opusieron rápidamente, además de que no querían que ellas se sintiesen como una carga, le verdad es que las necesitaban para poder luchar con aquellas personas porque tenían información sobre ellos y, por si llegaban a la violencia, ellas sabían a lo que se enfrentaban y podrían ayudar.
—¿Y si ellos regresan? —preguntó temerosa la regalía de ojos azules.
—No tendremos de otra, Hikari podría pelear con Ameni-chan, Kofuku-san con Daikoku-san, Hya Hikari podría usar sus habilidades y yo podría usar mi pistola —respondió la oji-gris.
—Espera, espera, espera, ¿habilidades de Hya?, ¿tienes una pistola?, ¿ellos pueden volver? —cuestionó Hikari subiendo un poco su tono de voz y moviéndose haciendo que Yato casi se despertara.
Todos la silenciaron y ella se sonrosó por la vergüenza mientras susurraba disculpas.
—Bueno... sí, las habilidades de Hya Hikari son del ejército impuestas por su padre, y yo efectivamente poseo una pistola —respondió Tomoyo divertida por las primeras preguntas de la ojiazul, pero en la última su ánimo decayó —Y lamentablemente es probable que vuelvan por ti y tu hermano, no se rinden tan fácil y menos si es algo de suma importancia para ellos.
—Esperen de nuevo —habló Yukine —¿Qué haré yo?, ¿me quedaré a cuidar a los niños o qué?
Todos asintieron, él abrió los ojos pues realmente esperaba hacer algo para ayudar activamente en la pelea, al menos había aprendido a aceptar las cosas impuestas por los mayores, hizo un puchero y desvió la mirada, no tenía otra opción más que esperar, aunque le molestaba un poco admitirlo, sin Yato no podría pelear.
—Dejemos a Yato-chan y al bebé durmiendo en la recámara —dijo Kofuku levantándose mirando el reloj en la pared —Es muy tarde para que regresen a casa de Hiyorin.
Hikari con mucho cuidado y algo de esfuerzo cargó al pequeño Yato, Hiyori y el bebé fueron a la recamara donde se solían quedar Yato y Yukine. Hiyori se durmió junto a su hijo en un futón, no causó problemas, casi no lloraba ni se quejaba de algo; Hikari y Yato se durmieron en un futón al lado de otros tres en donde se quedaron Ameni, Hyakuya y Tomoyo mientras que Yukine tuvo que dormir en la sala.
(...)
Ya era medio día y ninguno de los dos, ni Yato ni el bebé habían despertado, sólo que Yato seguía en la habitación y el pequeño estaba dormido en los brazos de Hiyori, sorprendentemente, no se despertó más que dos veces, una a las siete de la mañana y otra a las diez treinta, sólo porque tenía hambre.
—De tal palo tal astilla —comentó Yukine resoplando, él llevaba un mandil color azul y un cucharon en la mano con el que estaba preparando de comer —No puedo creer que me tenga que quedar aquí mientras ustedes van a combatir con unos demonios.
—Bueno, es que... no quisiera ser grosera, pero sin Yato no sirves de prácticamente nada en una pelea —dijo Hikari.
El rubio apretó los puños con enfado y se sonrojó.
—C-cállate, él tampoco puede hacer nada sin mí, no es mi culpa que ahora fuera un niño —se excusó algo avergonzado.
(...)
Todos estaban en la entrada de la casa de la diosa deseándose suerte unos a otros, aunque Yato aún se encontraba durmiendo. Habían decidido buscarlos con la ayuda de Hyakuya y Tomoyo, ellas tenían una de idea de dónde podrían estar y además no querían arriesgar a Hiyori con el bebé ni a al pequeño Yato.
—¿Crees que Ameni sea capaz de atacar por su cuenta? —preguntó Tomoyo a la pelinegra mientras cargaba su arma.
—No lo creo… —respondió Hikari.
—¡Yo lo arreglo! —dijo Hyakuya dándole un golpe con la palma abierta en espalda a Ameni.
—¡Hey! —exclamó ella cambiando sus ojos a rojos.
—Bien, ¿están listos? —preguntó Hyakuya ignorando la queja de la shinki.
—¡Esperen! —gritó el rubio dirigiéndose a la entrada.
—¡Qué! —gritó de igual forma Hikari.
Yukine se acercó a ellos estando sonrojado mientras se quitaba el mandil, al llegar lo arrojó, tomó las muñecas de Ameni y se fue acercando lentamente a ella.
Se iban a besar, ¡se iban a besar!, la peliblanca estaba confundida, Hikari abrió la boca indignada, no quería que un chiquillo le quitara a su tesoro sagrado su primer beso.
Estaban a muy poco de hacerlo, Ameni se sonrojó también ante la cercanía, frunció el ceño y se alejaba ligeramente. Quizás si esta hubiese tenido los ojos azules se hubiese dejado y al final se hubiese desmayado, pero no era así, y no iba a ser algo muy agradable después.
—¡Yukki! —exclamó la pelinegra haciendo que Ameni se convirtiera en katana y Yukine casi se cayera —¡Tonto!
—¡¿Eh?, ¿p-por qué hiciste eso?! —se quejó aún más sonrojado, en respuesta la ojiazul le sacó la lengua.
—Qué infantiles —habló un muchacho —Bueno, Yui-chan, acábalos de una vez.
—¡¿Acabarnos!? —exclamó Hikari.
—Claro que sí, me contuve bastante ayer, hoy no tendrán la misma suerte —dijo la burlona voz de una niña conocida.
—Muy bien Yui-chan~ —canturreó el chico anterior —Y recuerda hacer sufrir a la rubia.
—N-Nii-chan… —gruñó molesta Hyakuya.
