-Lexa...por favor, si quieres que me ponga de rodillas y te suplique lo haré y estoy segura de que Abby también...pero tenemos que hacer esto- la representante miraba a la doctora buscando apoyo por su parte, a lo que ella, con los brazos cruzados sobre el pecho, correspondía meneando la cabeza de un lado hacia otro en gesto de negación.
-¿Cómo demonios puedes ser tan cabezota, Alexandra Woods?
Lexa miraba entre divertida y desafiante a las dos mujeres desde su posición en la camilla, tenía todo el torso al descubierto, su médica había retirado los puntos de sutura para volver a coserle y en ese momento estaba trasmitiéndole las noticias sobre su hombro.
-¿Te da miedo, comandante? ¿Una agujita te da miedo después de tener a ese Raccoon de mascota?- esta vez fue Lincoln el que interrumpió en la habitación, venía impecablemente vestido con unos vaqueros blancos y esa chaqueta de cuero que le gustaba tanto - Vaya, así que nuestra gran Heda tiene miedo de..
- Lincoln, cállate - la mirada de Lexa fulminó a su amigo - es simplemente que no creo que sea necesario, además, ¿tú qué haces aquí?.
- Me he pasado a ver si el golpe te había endulzado ese carácter de pura raza que tienes, pero seguiremos probando suerte la próxima vez - se encogió de manera divertida mientras Abby sonreía, aquel chico sabía como llevar a Lexa, vió como se volvía haciendo una reverencia hacia ella y hacia Anya - Anya, doctora Griffin...espera, ¿tienes algo que ver con Clarke Griffin?
Lexa entornó los ojos al escuchar ese nombre mientras Abby sonreía al escuchar el nombre de su hija.
- ¿Clarke? ¡Claro! Hasta donde tengo entendido Clarke sigue siendo mi única hija.
La comandante seguía gruñiendo ante la conversación, a lo que Anya no perdía ningún detalle, era realmente raro esas extrañas reacciones de su amiga. Normalmente, y por normalmente quería decir siempre, la morena nunca expresaba ningún tipo de sentimiento. Su frialdad era algo a lo que se había acostumbrado, a veces incluso si no la conociera realmente podría haber pensado que Lexa carecía de sentir. Le gustaba encerrarse en si misma y hablar poco o nada sobre lo que verdaderamente le preocupaba, siendo sus únicas preocupaciones temas relacionados con su trabajo. La máscara de Heda llevaba acompañándola bastante tiempo, incluso antes de que esta misma existiera, recordaba una de pocas veces en la que su amiga se había abierto a ella, mostrando que a pesar de todo el escudo no siempre lo salvaba todo. Fue en una de las enésimas conquistas de su amiga, tras dejar con el corazón roto a otra enamoradiza presa, cuando Lexa acudió a su amiga.
- Anya, creo que estoy vacía - dijo mirándola a los ojos, con el temor reflejado en el verdor de su iris.
- Cariño, ¿por qué dices eso? Tu vida no es para nada vacía, has luchado por todo lo que tienes, has establecido el plan de tu vida tan al milímetro que tienes todo lo que quieres, el trabajo de tus sueños, unos amigos que te adoran, tener a cada mujer que te plazca..
- Ese es el problema Anya, lo tengo todo, toda mi vida está completa, pero soy yo ¿sabes? El problema lo tengo yo, no soy capaz de sentir nada, estoy vacía. Acabo de cortar lazos con otra persona, otra más ¿vale? y no pasa nada porque sabes que yo no me comprometo y creo que suelo ser bastante clara en eso - la representante asintió, una de las cosas que poco se le podía negar a Lexa es que no fuera sincera, que no durará más de un mes con nadie era tema aparte -ella es increíblemente buena, todo lo que cualquier persona querría tener en su vida, y mientras lloraba, mientras me suplicaba que podríamos hacerlo no he sido capaz de sentir nada. Ni rabia, ni pena por sus lágrimas, ni dolor por el suyo... nada. ¿Sabes lo que es eso? Saber que aunque no puedas quererla nunca, saber que se merece algo mejor, pero mirarla y no ser capaz de sentir nada más que indiferencia.
- Pero Lexa tú..
- ...Anya solo deseaba irme de allí, no me ha salido ni siquiera abrazarla, no he podido desear nada más que salir corriendo de allí, no estoy pidiendo ni siquiera intentar quererla, pero solamente un poco de empatía, de " no puede ser, pero qué gran lástima que sea así". No soy capaz de sentir nada más en este mundo que rabia, que este mal genio por bandera, ¿Anya y si solo soy una muerta en vida?
Lexa se derrumbó en el sofá sujetando la cabeza entre sus manos, en un gesto tan típico de agobio que su amiga inmediatamente supo que estaba pasándolo mal, que el escudo había caido.
- Lexa, mírame - se arrodilló frente a ella sujetándole la barbilla - Una persona que carece de sentimientos no se preocuparía por todo lo que me estás diciendo. Eres la persona más buena que conozco Woods y lo supe antes de descubrir ese inmenso talento que tienes. Te duele no sentir, pero ya tienes ahí un sentimiento, tal vez esta chica de la que me hablas esperase otra reacción de ti tanto como la esperabas tú de ti misma, pero eso son cosas que salen, no puedes obligarte, ni nadie puede obligarte a eso.
- Pero entonces me darás la razón en que si no me sale es porque carezco de ese tipo de sentimientos.
- No cariño, no podemos mostrar los mismos sentimientos hacia todas las personas, hay personas empáticas, agradables, que están siempre de buen humor.. y coincidirás conmigo en que no encajas en ninguna de esas cualidades - Lexa puso cara de escepticismo ante la manera de animarla de su amiga, mientras esta le sonreía de lado - esas personas siempre van a actuar según les dicte su comportamiento, pero te aseguro que no siempre van a acertar, no siempre les va a salir ser como son. Hay situaciones en la vida que te hacen ver lo que nunca querrías ver de ti mismo. Tú tienes otras muchas virtudes Alexandra, y el hecho de que te preocupes porque no te salió un mínimo gesto de compasión solo demuestra que no estás vacía.
-Pero..
Anya puso un dedo en los labios de Lexa silenciándola.
- Escúchame y hazlo por una vez en tu vida - rió - ¿recuerdas todas esas donaciones que haces a mil causas benéficas?
- Si
- ¿Todos esos safaris solidarios donde tengo que pelearme con los medios para que no se sepa tu vena filantrópica?
- Si
- Esto también es una forma de sentir Lexa. Sabes que puedes ayudar y lo haces. Podrías llamar a la prensa y quedar como la humanitaria del año, pero sin embargo tu intención es pura, te sale ayudar a los demás. Tal vez no repartas besos, ni abrazos a diestro y siniestro, tal vez no seas la mejor persona de la que enamorarse de este mundo...
- Anya..
- Vale, vale, ya paro. Pero con todo esto solo quiero decirte que sientes más de lo que te gustaría amiga mía, y algún día te darás cuenta de que esas cosas no se fuerzan, simplemente salen solas.
- Gracias Anya. De verdad - Lexa sonrió con esa mueca forzada y cansada que tanto se había acostumbrado a ver durante tantos años.
- De gracias nada, espero una invitación al mejor restaurante de Los Ángeles la próxima vez que vayamos.
- Sabes que eso está hecho, pero tendrás que pedir que lo cierren solo para la superestrella Heda - Lexa rompió en carcajadas, ahora si, esa risa clara que tan pocas veces le parecía a Anya aparecer.
- Anda ven aquí - su amiga la refugió en sus brazos mientras Lexa se hacía pequeña.
- Anya...
- Dime
- Tan solo prométeme que.. - parecía que a la gran comandante le daba vergüenza pronunciar las siguientes palabras.
- ...suéltalo...
- ... que no le dirás nada de esto a Lincoln - la miró con ojitos de niña pequeña y Anya estalló en una carcajada.
- Te lo prometo comandante. Tu secreto está a salvo conmigo.
Desde aquel día pocos sucesos habían hecho a Lexa mostrar tanto sus sentimientos como ahora cada vez que escuchaba el nombre de Clarke Griffin. "Esto puede ser algo muy bueno" pensó finalmente entrecerrando los ojos mientras Lincoln seguía con su galantería.
- Abby, tengo que pedirte que me perdones, ya sé de donde le viene toda esa belleza a tu pequeña rubia...
Lexa cada vez tenía más tensionada la mandíbula mientras sus puños se cerraban más y más.
- Lincoln - interrumpió - Abby es mía. Lo siento, si algún día se pasa al lado oscuro será conmigo, ¿verdad Abby?
La doctora rió mientras cruzaba los brazos.
- Te equivocas Heda, como siempre, conmigo no tendría que cruzarse a ningún lado porque ya está en el "lado correcto".
- ¿Pero te piensas que puedes venir aquí a intentar ligar con mi médico?
Lincoln enseñó su perfecta dentadura blanca mientras le guiñaba un ojo y besaba la mano de Abby.
- Un placer volver a verte, Abby...
- ¡Anya!
- Chicos, parad ya, parecéis dos leones en celo pero sin el parecéis - Anya se llevó las manos a la sien masajeando sus ideas mientras cerraba los ojos - Lincoln ya puedes volver al set de rodaje e informar a Marcus de que su actriz principal está en perfectas condiciones.
- Pero... ¿estás segura, jefa?
Lexa lo miraba fijamente esperando una de las suyas. Anya abrió los ojos esperando lo mismo mientras su representado ponía cara de preocupación.
- No sé por qué me temo que el golpe le haya dejado grandes secuelas graves y afecte a su poder seductor, a la vista está que Abby ni siquiera la ha mirado desde que he hecho acto de presencia - Lincoln le guiñó un ojo mientras la actriz captaba rápidamente por donde iban sus tiros, ensanchó su sonrisa a la vez que desaparecía entrecerrando la puerta antes de que Lexa pudiera darle alcance.
- Cualquier día de estos conseguiréis matarme con vuestras discusiones de patio de párvulos- elevó los brazos al cielo mientras Abby no dejaba de reír a la par que preparaba - ¡qué digo párvulos! Esas pequeñas criaturas son ángeles comparado con las subidas de tensión que me provocáis.
La sacaba de quicio. Lincoln tenía el poderoso don y el dudoso honor de ostentar el primero de los puestos en la escala Woods de irritabilidad. Y Dios librase a nadie de entrar en esa lista. No sabía si era la testosterona, su casi inexistente sentido del ridículo o el largo tiempo sin... vale, no, eso no, porque en eso estaban empate, porque si de algo estaba segura es que permanecían en virginal y casta situación desde por lo menos la última salida. Empatados. Si. Estaba segura. "Porque estamos empatados ¿no?". Ahora que lo pensaba tampoco pondría la mano en el fuego porque su amigo hubiera aguantado ese largo tiempo en celibato. Y quien decía largo tiempo decía dos semanas, desde aquel escándalo con aquel imbécil.
Lexa daba vueltas en su cabeza como un reloj de precisión suiza, "¿dos semanas?", e ignorando a una Abbie y una Anya que la miraban sin saber que decir, una sonrisa pícara se formó al recordar aquella última vez en una habitación de hotel cualquiera de una noche cualquiera y una ciudad cualquiera. Y sonrío al recordar a Clarke a su lado en aquella habitación que les hizo las veces de hospital. Recordó como había sentía la imperiosa necesidad de besarla. Y después de desnudarla. Y después de abrazarla. Y después de no dejar de buscarla. Y después de acariciar aquel mechón rebelde de su preciosa melena rubia. Sonreía porque estaba perdiéndose entre después, después y después. Y es que ya no había querido parar nada de esa noche con ella y no le hubiera pesado que aquella se hubiera alargado bastantes horas más. Sonreía hasta que ella misma se dio cuenta de la divagación de sus pensamientos. "Vale, no por eso no sonrías Lexa".
Pero entonces como un rayo en mitad de un prado desierto aquella bombilla de su cabeza se encendió y sonrió aún más fuerte porque gracias al cabezahueca del moreno había conseguido encajar todas las piezas del rompecabezas que se traía con la rubia. " Y para terminar mención especial a la mejor actriz de reparto, Costia Williams, en su interpretación magistral en el gran cortometraje Descubriendo a Mrs. Woods, sin tu calentón no hubiera sido nunca posible. Gracias, gracias." Un calentón. Un calentón del quince era lo que se traía ella entre manos, "bueno, para ser sincera, lo que no te traes entre manos, Lexa".
Siguió y siguió indagando como si el tiempo se hubiera parado alrededor y estuviera desentrañando los mismísimos misterios del universo. ¡Cómo podía haber sido tan torpe! Si, definitivamente se trataba de un simple calentón acentuado por aquella apuesta con Lincoln, acentuado también porque era de las pocas que se le había resistido, acentuado por aquel lunar, acentuado por ese azul al mirarla, por... "No divagues, un calentón y punto", y cuando se llevase a aquella universitaria a la cama se acabaría el drama. Fin. Finito. Hasta nunca Clarke Griffin. Qué bien se sentía ahora que todo concordaba con la realidad. Miró a las dos mujeres paradas frente a ella con una sonrisa triunfante y ofreciendo su brazo a la vez que se dirigió a la doctora.
- Ahora soy toda suya doctora Griffin - y en ese momento no supo si aquellas palabras iban dirigidas a aquella Griffin o si por el contrario era una declaración de su subsconciente. Sin embargo o no lo supo o no quiso saberlo porque cualquier intento de divagación en torno a la pequeña Griffin estaban acabadas a partir de ese mismo momento.
Abby la miro sonriéndole mientras le pinchaba el calmante en el brazo y mientras cerraba los ojos con aquella sonrisa causada por su ingenio. Podía evitar las divagaciones pero lo que no pudo evitar fue que el sonido de la risa de la rubia acudiera a su mente como si fuera la banda sonora que llevaba esperando casi toda su vida.
