Dos meses después
Dejo la última caja de mis pertenencias en el suelo de mi nuevo apartamento no muy lejos de casa de papá y mamá y de la mansión Agreste y me limpio el sudor de mi frente.
A pesar de que estamos en pleno Diciembre tener que descargar y subir cajas al apartamento provoca el mismo efecto que un día en pleno de Julio a 38C.
—Y este es el último mueble.
Me giro para mirar a Luka y le sonrío. Fue el primero en ofrecerme su ayuda cuando le dije que me mudaría de casas de mis padre y como siempre, ha cumplido con su palabra. Él ha sido quien ha alquilado un camión para llevar todos los mueves nuevos que he comprado y todas las cajas.
—No sé cómo agradecerte esto Luka.
Luka sonríe y me coge de la cintura acercándome a él. Ese acto me toma por sorpresa. Hace dos años que no había esta clase de contacto entre nosotros y que lo haga de imprevisto es, raro.
—A mi se me ocurre una forma...
—Luka... Sabes que con gusto lo haría. Pero no es el momento, necesito tiempo.
Luka suspira y asiente dejando de agarrarme. Me quiero concentrar en mi trabajo y necesito un tiempo antes de estar con alguien, aunque sea tan solo acostarnos.
—Lo siento, se me había olvidado eso del, tiempo.
Una de las primas cosas que hablé con Luka cuando llegué hace tres meses fue que no iba a pasar nada entre nosotros si yo no daba el paso. Trabajar con los Agreste cada vez era más agotador y la aparición de Vilder me tenía apenas sin tiempo. Además, mis padres estaban empezado a sospechar de que algo había en mi vida que me dejaba tan agotada, por eso había decidido mudarme a un apartamento con los dos primeros sueldos que me había dado Gabriel.
Luka se rasca la nuca avergonzado y mira hacia otro lado.
—Será mejor que desembalemos las cajas.
—Sí, será mejor.
Unos tacones se escuchan en el pasillo y Chloé entra por la puerta con un café en la mano. Supuestamente iba a venir a ayudar, pero llega una hora tarde.
—Oh, pero si ya habéis terminando. No me habéis dejado nada.
—A buenas horas mangas verdes.
Me rio y comienzo a sacar los platos y vasos de las cajas.
—Cállate —Chloé dirige su mirada de mí a Luka, el cual está moviendo los muebles que ha dejado en la entrada y de nuevo a mí— A ver, ¿qué está pasando aquí? Noto mucha tensión.
Luka y yo dejamos lo que estamos haciendo por unos segundos y nos miramos, para seguir haciendo lo que segundos antes habíamos dejado de hacer, dejado a Chloé ofendida por nuestro silencio.
Muevo la pierna desesperadamente esperando a que uno de los tantos publicistas de mi padre termine la reunión programada a última hora. Habla sobre la publicidad de la marca en los anuncios navideños, de como aumentan las ventas de la marca en estas fechas y de como Marinette ha traído un soplo de aire fresco a los diseños.
Lo que no entiendo muy bien es porque mi padre me ha mandando a mi a esta reunión cuando sabía perfectamente que quería ayudar a Marinette con su mudanza antes de que lo hiciera Luka. Pero por la foto que ha subido Chloé a su Instagram, Luka ha sido el que la ha ayudado.
Me lleva mucha ventaja.
Estos dos meses no he podido avanzar nada, por mucho que manteniese a Marinette ocupada en su oficina. Ah, me pilló los bocetos que le robaba. Maldito el día que me pilló saliendo de su despacho con todos los bocetos. Desde entonces cada vez que salía lo echaba con llave.
La nueva forma para mantenerla ocupada vino de parte de mi padre, por una vez hacia algo par ayudarme, pues este le había encomendado a Marinette los diseños de la temporada de primavera-verano del año que viene. Y esta solo iba del despacho a su casa.
Y bueno, por las noches yo iba a que me ayudase a conquistarla sin que ella supiera que era a ella a quien quería conquistar.
Veo la hora en el reloj de pared del despacho de reuniones y al ver que son las tres de la tarde me levanto. La reunión ha durado dos horas, y me niego a aguantar un segundo más.
—Señores, creo que voy a finalizar la reunión porque me estáis taladrado la cabeza con cosas que ya sabíamos y tengo cosas que hacer. Cualquier duda, a mi padre, que es el jefe.
—Tú eres el CEO de la empresa, señor Agreste.
—Eso es solo apariencia, mi padre es el que la dirige. O sea, ¿vosotros no pondrías a un Dios griego como yo como imagen de la empresa?
Los publicistas se miran entre sí y yo sonrío levantándome de la mesa.
—Au revoir, mon amies.
Y despidiéndome salgo del despacho en dirección a la entrada principal de la empresa. Una vez en el aparcamiento, Plagg sale de mi chaqueta poniendo los ojos en blanco. Desde que lo conozco es el gesto que más le he visto a hacer, consecuencias de ser tan diferentes.
Antes de que diga nada, pongo el coche en marcha y me dirijo a la nueva dirección de Marinette, que gracias a Chloé he podido conseguir. Pero al llegar a la calle, y darme cuenta que está demasiado cerca de mi casa y que es una tontería ir en coche, me doy una torta mental y doy la vuelta para dejar el coche de nuevo en el garaje. Hay que reducir el uso del CO2.
La verdad que me voy a presentar en el apartamento de Marinette por sorpresa, porque me apuesto lo que sea a que a ella no le hará nada de gracia verme allí. Además de que seguramente ya hayan terminado de colocar todos los muebles. Pero le he comprado una maceta de begonias, que gracias a nuestros encuentros nocturnos he logrado saber que es su flor favorita.
Marinette cerró por décima vez sus ojos sin querer y me reí por ver como de agotada estaba. Desde que habíamos empezado nuestra sesión nocturna de Ayuda a Chat Noir, como ella lo había llamado, no había dejado de cerrar los ojos y dar cabezadas.
—¿Día duro, princess?
Marinette asintió y bostezó— El cab- Mi jefe me esconde los bocetos que hago y tengo que repetirlos, me gusta dibujar y diseñar, pero no es agradable tener que repetir bocetos dos veces al día. Cansa mucho.
Golpe bajo para la persona que está debajo de la mascara.
—Bueno, sigamos contigo. ¿Algo nuevo qué hayas pensado?
—Pues... Ahora la chica se va a mudar, había pensado regalarle algo.
Marinette frunció el ceño y miró las flores que tenía en la terraza.— Si yo fuese esa chica, me gustaría que me regalasen una maceta con flores. Mis favoritas son las begonias, podrías regalarle unas camelias, o unas rosas.
Me había costado un montón encontrar estas dichosas flores. ¿Cómo era posible que ninguna floristería de París las tuviera? Ni que todas las personas que conociesen a Marinette se hubieran puesto de acuerdo para comprarle una puñetera maceta de begonias.
Al llegar al apartamento de la de pelos azulados, Adrien quería lanzar la maceta que había llevado con él a cualquiera que pasara por allí. Eran varias las razones de aquello, una era que como siempre, Luka le había sacado ventaja y había sido quien la había ayudado con la mudanza.
La otra era porque, efectivamente, todas las personas que conocían a Marinette le habían regalado una maceta de begonias. Y tanto el rellanno como el interior del apartamento estaba repleto de flores.
—Oh, Adrien —Marinette parpadeó al ver a Adrien en la puerta de su apartamento— ¿Cómo has sabido mi nueva dirección?
—Te diría que lo he mirado en tu expediente, pero aún no te ha dado tiempo a cambiarla.
—Chloé, ¿verdad?
—Sep. ¡Te he traído un regalo! —el rubio puso entre ambos las begonias y Marinette se sorprendió.— Son tus flores favoritas, ¿no?
—¿Y cómo sabes tú eso?
En ese momento Adrien se dio cuenta del grave error que acababa de cometer. El que sabía que sus flores favoritas eran las begonias era Chat, no él. ¿Qué son las misma persona? Si ¿Qué Marinette no lo sabía? También.
—Eh... —el modelo y CEO de la marca Agreste pensó en la excusa que le diría a Marinette, y como siempre, usó la misma— Chloé. ¿Puedo pasar?
Marinette se hizo a un lado dejandole entrar y al ver que no solo estaba Luka, sino también Chloé el alma se le salió del cuerpo. Debería dejar de usar la excusa de Chloé para todo. Su rubia amiga de la infancia le sonrió al verle pero al ver las begonias entrecerró los ojos, Luka por su parte le saludó con la cabeza. Ambos estaban sentados en una isla en medio de la cocina de diseño americano de la casa de Marinette mientras tomaban café en unas tazas que parecían ser nuevas.
—Gracias por las begonias, pero como puedes comprobar tengo ya unas cuentas y no sé donde voy a meter tantas.
Marinette señaló con los manos todas y cada unas de las macetas de begonias de su apartamento y Adrien hizo una mueca encogiéndose de hombros, la basura era buena opción, pero para las de los demás, la suya no.
—Deben de haberse agotado las begonias en todo París —ante las palabras de Luka Adrien apretó la mandíbula.— ¿Quieres café, Adrien?
—Si, he tenido una larga reunión, mi cuerpo necesita cafeína.
—Es descafeinado —dijo Marinette colocando la begonias de Adrien en una de las encimeras de la cocina.
El mundo, una vez más, se había puesto en contra de Adrien.
—Pónmelo igualmente —Adrien se sentó al lado de Chloé, la cual se le quedó mirando seria, Adrien al notar su mirada la miró— ¿Qué?
—¿Para que has venido? Pensé que me habías pedido la dirección de Marinette para cambiarla en su expediente.
Luka colocó la taza de café delante de Adrien y este la cogió bebiéndose de un trago el contenido. Necesitaba evadir la pregunta de Chloé como fuese.
—Marinette, ¿qué tal los diseños?
—¿Cuales? ¿Los que me quitas o los que te escondo para que no me los quites?
Golpe bajo.
—¿Perdón? —Luka miró a Adrien con las cejas arqueadas y este para evitar su mirada cogió la cafetera y se llenó de nuevo la taza— Puede que a Chloé le evadas la pregunta, pero a mí no. ¿A qué se refiere Marinette?
—S-son imaginaciones suyas. Pierde los diseños y se cree que yo se los robó. Como si no tuviera cosas más importantes que hacer.
Marinette abrió la boca sorprendida y decidida a no aguantar la presencia de Adrien en su nueva casa le quitó la taza justo cuando el rubio iba a darle un sorbo. Adrien la miró parpadeando.
—Fuera. Te he dejado entrar por amabilidad, pero pensándolo bien no te lo mereces.
—Oye, que no he hecho nada.
—Ah, claro. No has hecho nada. Adrien, fuera. Al final voy a denunciarte por acoso.
—¡Eh! ¡Eso es mentira!
—Adrikins, mejor vete. No armes más escándalo.
—¡Qué he traído una planta!
Al ver la mirada seria de Marinette no puso ninguna pega más y se levantó del taburete yendo a la puerta. Sin darse cuenta siempre lo arruinaba, todo estaba bien hasta que había negado que robaba los bocetos.
Plagg se movió dentro de su chaqueta obligandole a que se disculpara, la mirada de decepción de Chloé y la mirada seria de Luka le presionaban más a hacerlo. Pero hasta que no vio como Marinette hacia una mueca dolida por su negación no abrió la puerta a la vez que se giraba.
—Lo siento, Marinette. Desde que llegaste no hago más que cagarla, no entiendo como me las arreglo para hacerlo. De verdad que lo siento. Sí, te robo los bocetos, pero lo hago para que te quedes más tiempo en la oficina conmigo, aunque te encierres en tu despacho. Siento mucho hacerte repetir el trabajo. —Adrien hizo una mueca y miró a Chloé.— Chloé, siento usarte como escusa para todo. Eres mi única esperanza —cuando llegó a Luka se paró.— A ti no te voy a pedir perdón, porque no hay nada de lo que arrepentirse.
Y diciendo esa última frase Adrien salió del apartamento cerrando la puerta.
Termino de secarme el pelo con el secador y me siento en mi cama mirando a un punto fijo. Es mi primera noche en mi nuevo apartamento y me la voy a pasar en vela por culpa de Adrien. Nunca pensé que pediría perdón por robar mis bocetos y mucho menos por cagarla tanto conmigo, por eso que lo haya hecho me ha desconcertado demasiado y no he dejado de pensar en eso en todo el día.
Eso fue al medio día, y ahora mismo, a las diez de la noche, sigue rondando mi cabeza.
Creo que Adrien intenta llevarse bien conmigo pero no sabe como, por eso siempre la caga. Además de que yo siempre estoy a la defensiva con él, razón numero uno por la que creo que la caga tanto. ¡Pero es que no puedo no estar a la defensiva con él!
La Marinette de catorce años sigue aún dolida con él. Y conociéndome, si dejo que sea todo normal entre nosotros voy a volver a sucumbir a sus encantos y acabaré enamorada de él. ¡Y me niego!
—Marinette, deja de pensar tanto.
Mi compañera, tanto de piso como de aventuras, se sienta en la almohada mirándome.
—Tikki, ¿crees qué debería dejar de estar a la defensiva con Adrien?
—¿Esto viene por lo que ha pasado hace unas horas?
—¡Si! Adrien se ha disculpado por arruinar todo cuando estábamos "bien", es bastante maduro de su parte. En cambio yo no me he disculpado por tratarlo tan mal. Me gusta verlo sufrir. ¡Oh dios! ¿¡Y si soy una sádica y me gusta ver sufrir a la personas!? ¿¡Acaso soy ahora Christian Grey!?
—¡Marinette! ¡No digas tonterías! Te gusta verle sufrir porque estás empeñada en que Adrien se merece todo lo que está sufriendo, pero te recuerdo que Adrien nunca tuvo la culpa de que no le gustases y mucho menos de haberte ido a Nueva York. Ahora, ¿tú sigues queriendo que sufra? Si es así, sigue haciéndolo, pero no se lo merece; si no, llamale ahora mismo y discúlpate como la adulta que eres.
Tikki tiene razón. Adrien nunca tuvo la culpa, pero me gusta verle sufrir. Es divertido ver como se esfuerza en enmendar el error que cometió al haberme rechazado. Pero no puedo estar toda la vida en esta situación sabiendo que Adrien se está esforzando de verdad.
—Voy a disculparme, pero voy a seguir haciéndole sufrir en algunas cosas. No todo va a ser color de rosa.
Tikki se ríe y vuela hacia mi teléfono trayéndomelo. Lo agarro y lo desbloqueo para buscar el numero de Adrien en la agenda, pero una llamada aparece en la pantalla y me sorprendo al ver que es la persona a la que yo estaba a punto de llamar.
Descuelgo la llamada y me llevo el teléfono a la oreja un tanto extrañada por la repentina llamada de Adrien.
—¿Adrien? ¿Pasa algo?
—Hola señorita, soy Lean, barman del bar del Hotel Le Grand Paris. Le llamo desde el teléfono de su amigo, pues esto está demasiado borracho y no ha dejado de decir su nombre en toda la noche, es usted Marinette, ¿no?
Me levanto de golpe de la cama extrañando a Tikki— Si, soy yo. ¿Tan borracho está?
—Se ha bebido él solo dos botellas de un whisky escocés, se mantiene de pie de milagro.
—Oh dios, gracias por llamarme, ahora mismo voy.
Cuelgo y voy al armario para ponerme ropa decente para ir en busca de Adrien a Le Grand Paris. Tikki me sigue todo el recorrido por mi casa de buscar la ropa, ponermela, coger las llaves de casa y ponerme un abrigo haciéndome preguntas sobre a dónde voy, para qué voy y porqué voy. Tras contestar todas sus preguntas, se mete en un bolsillo del abrigo y salimos juntas de casa yendo al hotel, el cual no está muy lejos de mi nuevo apartamento.
El guardia de la puerta me deja entrar por ser amiga de Chloé, cosa que me hace reír ya que hace diez años me tuve que colar en cierta ocasión fingiendo ser un repartidor de pizza.
Me dirijo al ascensor y una vez dentro pulso el botón del número del restaurante. El hotel me es tan familiar por todas la veces que tuve que venir a ayudar a mi padres que resulta acogedor. Al llegar al piso busco a Adrien por el restaurante y lo veo tumbado sobre la barra, y al ver que lo estoy mirando el barman que me había llamado me saluda con un gesto sobre la frente.
—Siento mucho que hayas tenido que aguantarle, Lean.
—Es mi trabajo, señorita.
—¿Cuanto tiene que pagarte? —saco mi cartela de uno de los bolsillos dispuesta a pagar la cuenta de Adrien.
—3.190€.
Parpadeo al escuchar el precio.
—¿Perdón? ¿Ha dicho 3.190€?
—Sí, las dos botellas de whisky eran The Macallan, cada botella sale a 1.595€.
Guardo mi cartera y miro a Lean— Discúlpeme.
Registro a Adrien en busca de su cartera y al encontrarla la saco para sacar de ella su tarjeta de crédito. Me niego a gastarme 3.000€ en él. Además no puedo permitirme ese pastizal en tan solo dos botellas de whisky.
Le doy la tarjeta a Lean sonriendo— Cobrele.
Lean coge la tarjeta y la pasa por el datáfono, menos mal que los ricos no tiene la opción de tener que poner el pin de la tarjeta por una compra superior a 20€, porque seguramente Adrien hubiera dormido aquí y pagar la cuenta del bar y la habitación a la mañana siguiente.
—Gracias por su consumición, señor Agreste.
Guardo la tarjeta en la cartera y esta de nuevo en la chaqueta de Adrien. Paso uno de sus brazos por mis hombros y le levanto yendo al ascensor para salir de allí.
—Mañana te pienso exigir una subida de sueldo solo por esto Adrien.
Una vez abajo camino lentamente hacia mi casa. Podría llevarlo en este estado a su casa, pero me niego a tener que enfrentarme a las miles de preguntas que el señor Agreste y Nathalie me harían, así que prefiero llevarlo a mi casa y que duerma en la bañera.
Una vez en mi portal, lo dejo en el suelo un momento para buscar las llaves. Cuando logro dar con ellas y abrir la puerta del portal una mano me coge la pierna y grito dándole una patada al dueño de esa mano.
—¡Au! ¡Eres una bruta Marinette!
Al escuchar la voz borracha de Adrien aprieto los puños y respiro profundo.
—¡Ni se te ocurra volver a darme esos sustos, Adrien!
—Perdón, pero, ¿cómo he llegado hasta aquí? Pensé que estaba en el Le Grand Paris.
—Estabas, si. Pero el barman me ha pedido que te recogiese, ¿puedes andar por ti solo? Lo digo para que no te congeles en la calle y entres al edificio.
Adrien asiente y gateando entra. Una vez dentro le ayudo a levantarse y vuelvo a pasar su brazo por los hombros. En Nueva York estaba acostumbrada a cargar a Josh cuando este se emborrachaba en las tantas fiestas de la universidad.
Al llegar a mi apartamento dejo que Adrien se desplome en el suelo y me quito el abrigo, Tikki atraviesa la pared yendo a mi habitación para que Adrien no la vea. Mi rubio jefe gatea hacia el sofá y se sienta mientras sonríe, yo frunzo el ceño.
—¿Por qué sonríes tanto?
—Porque has ido a rescatarme, Marinette. Eres como mi Ladybug personal.
Pongo los ojos en blanco y me acerco. Va a pasar frío si no le doy una manta.
—Lo que tu digas —cojo una manta de uno de los armario y se la doy. Adrien me lo agradece—, ahora a dormir la mona.
Me giro para irme a mi habitación pero Adrien me coge de la mano. A mi que no me venga con las típicas escenas de películas románticas que le meto un puñetazo.
—Gracias por recogerme, Marinette. No sé como agradecértelo.
—Yo si, durmiendo. Mañana tienes que trabajar y tenemos una charla pendiente.
—¿Vas a pedirme que te suba el sueldo?
—¿¡Cómo lo has sabido!?
—Te he escuchado hace un rato. Estaba inconsciente, no sordo.
—Bueno, pues si. Mañana hablamos. A dormir ya.
Me suelto de su agarre y me vuelvo a girar, pero Adrien me vuelve a coger de la mano.
—¡Qué te dejes de escenas cliché de películas románticas! —Adrien hace un gesto con su mano para que me acerque a él y yo, ilusa, lo hago.— ¿Qué?
En un abrir y cerrar de ojos, los labios de Adrien están sobre los míos. Me sorprendo ante tal acto y le empujo tumbándolo en el sofá. Me voy lo más rápido que puedo a mi habitación y cierro con el pestillo por si se le ocurre entrar mientras duermo.
Nota mental: Nunca recoger a Adrien borracho por mucho que exija el camarero.
¡Feliz año nuevo!
Son las 2:21 de la mañana y acabo de terminar este capitulo. Siento mucho la inactividad, pero he tenido tanto lío con los exámenes que apenas he tenido tiempo para escribir y en cuanto me dieron las vacaciones estaba tan agotada mentalmente que solo he pensado en hacer el gandul todas las vacaciones. ¡Pero hoy no ha sido así! Aquí tenéis la actualización que tantos me pedían en los comentarios.
Intentaré actualizar más seguido (no prometo nada que liego no lo cumplo).
¡Nos vemooos!
