Si alguien les preguntara dirían que era algo extremadamente cursi y ridículo, ninguno de ellos dudaría en estallar a carcajadas de encontrar a Dick o Tim en aquella situación con sus respectivas parejas; y sin embargo ahí estaban, perdidos en la inmensidad que veían reflejada en los ojos del otro.
Sucedía ocasionalmente, de repente se encontraban y no hayaban como salir de aquel trance. Aquella mañana, la primera mañana que despertaron y ninguno se encontró con una cama vacía, fue cuando finalmente comprendieron cuán especial podía ser algo como aquello.
Ahí se sintieron completamente seguros, quizá por primera vez, de mostrarse sin máscaras; no se atrevían a expresarlo en palabras, pero sentían que justo ahí, en los ojos del otro, siempre podrían ser ellos mismos. Sin condiciones o reproches.
