EN BUSCA DE LA FELICIDAD
CAPITULO XXI
Mientras tanto Anthony observaba maravillado a su bella esposa, veía que su vestido se ajustaba a su silueta la cual aún no tenía rastros de su embarazo, su cintura estaba igual de pequeña y su vientre seguía plano, aunque sus caderas estaban un poco más prominentes al igual que su busto, pero era poco perceptible a los demás, pero para él que tenía bien estudiada su anatomía saltaba a la vista. Su vestido era rojo pasión, como ella misma, se ajustaba a su cintura y con el escote palabra de honor y la soltura de la falda la hacía lucir bella y elegante, el cabello recogido dejaba a la vista su delicado y blanco cuello al igual que sus hombros. Las joyas que portaba eran finas y delicadas y en su mano portaba las argollas tanto de compromiso como de casada y un brazalete con el emblema Andrew. Anthony giraba su argolla de matrimonio feliz de saberla su mujer, su esposa, su amante y cómplice de juegos dentro de la alcoba, se acercó por su espalda encontrándose sus ojos en el reflejo del espejo.
-Te ves bellísima princesa. – Le dijo con un susurro al oído haciendo que la piel de su cuerpo se erizara por completo, sintiendo su aliento en su oído y su voz ronca como un susurro.
Candy lo miró con esa mirada de deseo que tenía por él, fijando sus ojos en los suyos y bajando su mirada poco a poco hasta llegar a sus carnosos labios. Anthony sonreía porque reconocía esa sensación que le proporcionaba esa mirada.
-Tú eres el que me hace ver así. – Le dijo con el mismo tono de voz aferrando sus manos a las de él que tenía en su cintura mientras se recargaba en su pecho y se abandonaba a los dulces besos que recorrían su cuello.
Tocaron a la puerta interrumpiendo ese momento tan mágico que ambos compartían, consiguiendo que sus respiraciones se agitaran y sus sentidos despertaran buscando un poco más de acción.
-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony un poco fuerte para que lo escucharan, su voz se había debilitado ante las sensaciones que estaba viviendo.
-Señor Brower, los están esperando. – Dijo la voz tímida de la mucama, Anthony pensaba que era mejor seguir en el departamento ahí nadie interrumpía los momentos de intimidad con su esposa.
-En un momento vamos. – Dijo un poco más tranquilo, mientras Candy le dirigía una mirada traviesa al verlo desesperarse por la interrupción. Vaya que amaba esa faceta tan apasionada de su rubio, amaba que la amara de esa forma, que la necesitara tanto como ella a él, la besó una vez más dulcemente para terminar de tranquilizar el latido de su corazón, aferrándola hacía su cuerpo.
-¿Vamos señora Brower? – Le dijo pícaramente.
-Vamos señor Brower. – Le contestó de la misma manera, caminando lentamente a la salida, mientras su amado la seguía de cerca deleitándose con las curvas de su esposa.
Albert, la tía abuela, Dorothy, Archie, Annie, Stear y Patty ya estaban en el corredor listos para bajar al salón a hacer acto de presencia, siendo la tía abuela la primera en avanzar seguida de Albert y Dorothy. El señor Simmons avanzaba a las escaleras para tomar caballerosamente la mano de Elroy y así anunciar la boda y el compromiso del patriarca William Andrew con la señorita Dorothy Simmons.
Los invitados veían con asombro a la pareja, las chicas se sorprendían al ver que el tío abuelo que tanto habían creído un viejo verde, resultó ser un guapísimo joven con cara de ángel y se desposaría con una bella joven hija de un reconocido millonario de Lakewood Illinois.
Sara, Neal y Eliza, dudaban si conocían a la futura novia, se llamaba igual que su antigua mucama, pero habían dicho que era una Simmons, seguramente era una hija que vivía en el extranjero, esta joven si tenía porte y elegancia. Las damas se sentían tristes al saber que solo una semana después sería el tan lujoso matrimonio y solo tendrían una semana para disfrutar soltero a tan guapo caballero.
Las jóvenes veían con tristeza a los otros dos galanes futuros a comprometerse, los Cornwell que al igual que el patriarca eran muy apuestos, pero lo que más llamó la atención fue el joven rubio ojos azules que estaba acompañado por una bella chica ojos verdes y pecosa. Eliza volteaba a ver a Anthony ilusionada de verlo y Neal fruncía el ceño al ver que Candy estaba acompañada por su primo "debía esperar eso" pensó el moreno. Los compromisos a anunciar eran los de los Cornwell y el patriarca, eso quería decir que ese apuesto joven rubio estaba soltero, eso hizo de pronto que todas las jóvenes casaderas del lugar comenzaran a retocar sus peinados y vestidos, buscando la manera de que fueran notadas por él.
Después del anuncio del compromiso de cada uno de los interesados se propició el baile en el cual comenzó con Albert y Dorothy haciendo gala de los pasos de baile, Albert dirigía a su prometida con sumo cuidado para evitarle un problema con su embarazo, Anthony y Candy los observaban cuidadosamente.
Patty y Stear los seguían en ese baile de compromiso uniéndose después Archie y Annie, por último los padres de los interesados se unían al igual que Candy y Anthony, quienes causaban furor ante los presentes, quienes se preguntaban de ambos bandos si estaban solteros.
Los invitados después de terminar el baile de compromiso se acercaron a felicitar a las parejas, sintiendo Candy que alguien le tocaba el hombro muy confianzudamente, al voltear el rostro se encontró con una sonrisa nada agradable que la enfrentaba de medio lado.
-¡Neal! –Dijo sorprendida poniendo sobre aviso al rubio quien rápidamente la puso detrás de él.
-¿Qué es lo que quieres Neal? – Preguntó firme, pero advirtiendo con la mirada que no iba a permitir que se le acercara.
-Vaya primito, no tienes de qué preocuparte, yo solo vengo a saludar a la dama. – Dijo esto último recorriéndola de pies a cabeza, haciendo que Anthony apretara su puño en señal de que estaba molesto, Candy sintió la tensión y puso su mano en su hombro para relajarlo. – Veo que no me mintieron al hablarme de tu regreso primito. – Dijo esto no muy feliz. – No importa de todas formas vengo a invitarte a bailar Candy. – Dijo dirigiendo su mirada a la verdosa de la chica quien se sorprendió con lo dicho por aquel odioso moreno.
-Eso no se va a poder. – Dijo Anthony aparentando tranquilidad para no armar un escándalo pero tenía ganas de agarrarlo por las solapas de su smoking y llevarlo al jardín para cobrarle todas las que le debía.
-¿Y se puede saber por qué? – Preguntó ya más ofuscado el moreno, sabía que no se atrevería a hacer una escena frente a todos, pero lo que Neal olvidaba era que estaba bien visto que se le diera un escarmiento a la persona que osara faltar al respeto a una dama casada. Neal no había tomado atención a las alianzas que llevaban los rubios, ni al anillo de compromiso que lucía la rubia quien se cubría los labios con su mano izquierda preocupada por lo que haría su esposo al moreno.
Las miradas retadoras de ambos chicos no se hicieron esperar, y Stear y Archie se pusieron en alerta a lo que veían sus ojos, cuando en eso escucharon una voz chillona a sus espaldas.
-¡Anthony!- Dijo Eliza no importándole alzar mucho la voz, para que este se diera cuenta de su presencia. -¿Cómo estás primo? – Decía emocionada no tardando en abrazarlo mientras detrás de ella llegaba Michael su esposo, integrándose al grupo pero sintiéndose incómodo por la reacción de su esposa que no era desapercibida por nadie.
-Que tal Eliza, ¿Cómo estás? – Dijo Anthony amable mientras Candy se sentía molesta por la acción de esa pelirroja insolente que al parecer no respetaba ni a su marido ni al de ella.
-Anthony, no podía créelo cuando nos enteramos, no sabes que gusto me dio enterarme. – Decía apresurada sin importarle presentar a su marido, Michael optó por presentarse él mismo.
-Buenas noches doctor Brower, Señora. – Dijo dirigiéndose a Candy, pero los Leagan no prestaron mucha atención.
-Muy buenas noches Dr. Lawler. – Contestó Anthony atento a un superior.
-¿Se conocen? – Preguntó Eliza sorprendida.
-El doctor Brower, es uno de los estudiantes destacados de la universidad de Cambridge. – Dijo Michael tranquilamente. Eliza no dijo nada, cuando iba a hablar, Neal tomó la mano de Candy al comenzar nuevamente el baile. Anthony sintió que Candy era llevada a un lado de él y se giró inmediatamente dejando con la palabra en la boca a Eliza.
-Te dije que no se iba a poder Neal. – Le dijo Anthony aún más molesto, levantando la voz, no alcanzado a escuchar los demás por la música que ya comenzaba.
-¡Suéltame Neal! – Dijo Candy soltándose de golpe de la mano al mismo tiempo.
-¡Vamos Candy! No me digas que sigues prefiriendo a mi primito. – Dijo con sarcasmo y Anthony se puso delante de él muy cerca de su rostro retadoramente, Neal sintió miedo por la mirada de Anthony, más no se movió para no parecer el cobarde que era. Michael se puso entre los dos caballeros discretamente, bueno entre el caballero y el gusano para que no pasara a mayores y se armara un escándalo, Archie y Stear ya se acercaban para ver que hacía el gusano de Neal y Albert observaba a lo lejos, esperando que las cosas no se salieran de control, confiando en el buen juicio de Anthony.
-Neal. – dijo Michael. – Ya te dijo el Dr. Brower que no molestes a su esposa. – Le dijo ya más molesto con su cuñado y avergonzado con los Brower. – Disculpe usted señora Brower. – Volvió a decir.
-¿Señora? ¿Qué dices Michael? – Dijo Eliza sorprendida.
-¿Qué estás diciendo cuñado? – Preguntó Neal más molesto que sorprendido por lo que decían.
-¡Lo que oíste Neal, Candy es mi esposa!, por eso no te permito, ni que bailes con ella, ni que te acerques a ella, ni que le hables. – Dijo Anthony fríamente. – Así que si no quieres tener problemas, ni que te cobre todas las ofensas que le has hecho, es mejor que te alejes de ella. – Volvió a decir molesto, Michael lo miró advirtiendo que no se preocupara y se llevó a ambos Leagan molestos.
-¡Suéltame cuñado!- Dijo Neal dirigiéndose a otro lado del salón junto a su madre quien ponía cara de indignación por lo sucedido.
-¡Ella no se lo merece! – Dijo Eliza ofendida.
-¿Y tú si lo mereces? – Preguntó Michael muy serio a su esposa, ella lo miró disgustada, pero al ver la cara que le dirigía su madre cambio la expresión de su rostro.
-No amor, no entiendes, Candy es una oportunista, ella no se merece a un marido como Anthony. – Dijo tratando de arreglar lo que había dicho.
-Eliza, por lo que he visto el Doctor Brower es muy feliz al lado de su esposa, sé que es una buena muchacha, lástima que no puedo decir lo mismo de ti querida. – Le dijo tranquilamente mientras Sara se sorprendía por sus palabras.
-¡Michael como se atreve! Elisita es una dama.
-Y es mi esposa señora, sin embargo ahora me doy cuenta de que la primera impresión que tuve de ella era acertada, así que por favor le aconsejo que por favor hable con su hija y la haga cambiar de actitud si no le gustaría tener una hija divorciada.- Le dijo dejándolas con la boca abierta a ambas. – Y tu querida más vale que te comportes y no vuelvas a dejarme en ridículo con tus muestras de afecto hacia tu primo o ya sabes las consecuencias. – Le dijo tranquilamente acercándose a su boca para darle un fugaz beso en los labios, cosa que ofendió a Sara por su atrevimiento delante de todos, sin embargo para Eliza fue algo muy seductor. La llevó a bailar como si nada hubiese pasado ya arreglarían las cosas en su hogar, esa muchacha caprichosa y altanera tendría que conocer otro lado del buen Michael sino quería separarse de ella, la amaba pero no permitiría que lo pusieran en ridículo ante nadie, primero estaba su honor.
Albert se acercó a los Leagan tranquilamente, iba acompañado con una joven con el cabello rubio oscuro, una que Neal conocía muy bien no la veía desde que la había dejado abandonada al tratar de darle celos a Candy. Sara se iba a poner a reclamar pero su esposo la detuvo.
-William, un placer.- Dijo el señor Leagan, y Sara torció el gesto.
-Hola Louis.- Dijo tranquilo sin importar la mirada de Sara. – Ella es Daysi Fellner, me imagino que ya la conocen. – Dijo mientras ponía su vista en Neal y la joven saludaba tímidamente.- Neal, Daysi me ha pedido que la acompañe hasta aquí porque necesita que la acompañes, así que trátala bien sino quieres problemas conmigo. – Dijo tranquilamente y la joven se sentía algo apenada. - ¿Estás segura de ello? – Le preguntó solo a ella antes de retirarse, no se animaba a dejar a tan dulce dama a merced de Neal Leagan, ella asintió agradecida con el ilustre Sr. Andrew. – Señor y Señora Leagan, mañana los espero en mi oficina. – Dijo simplemente obteniendo una respuesta positiva por parte del Sr. Leagan, mas sin embargo Sara lo veía molesta, si las miradas mataran, y Albert se retiró tan tranquilo como se había presentado.
Albert se retiró junto a su prometida y la fiesta continuó mientras los Leagan seguían ofendidos, por el trato obtenido por el patriarca.
-Louis, no puedes permitir el trato que nos han dado. – Decía Sara tratando de no alzar mucho la voz para no llamar la atención, a pesar de todo para ella si eran importante las apariencias.
-No veo que hayan hecho algo malo, Eliza está bailando con su marido, él solo hizo ver los derechos que tiene. Anthony solo defendió su honor y el de su esposa de las impertinencias del idiota de tu hijo y William consiguió una linda señorita de familia que al parecer gusta del vago de tu hijo.
-¡Pero Louis! – Dijo ansiosa la señora Leagan.
-Pero nada querida y compórtate o si no tomaré el ejemplo de Michael, no quiero escándalos, ya mañana veremos que quiere William.- Dicho esto el señor Leagan guardó silencio e hizo una reverencia a su esposa para invitarla a bailar, aceptando esta de mala gana porque no quería un espectáculo, así que salió a bailar junto a los demás invitados.
Neal se sentía ofendido, bailando con la empalagosa de Daysi ¿Qué no tenía dignidad? Él la había abandonado hace un tiempo para ir a reclamarle a Eliza el despido de Candy del hospital y desde entonces no la había vuelto a ver, pensaba que estaba ofendida pero al parecer no era así.
Candy se sentía en las nubes bailando de nuevo en los brazos de Anthony viendo como él le sonreía y la miraba igual que en su primer baile, bueno no igual, ahora compartían cierta complicidad que los llevaba a sonrojarse solo de pensar lo que sus ojos veían en la mirada del otro, ella lo miraba eternamente enamorada.
-¿En qué piensas amor?
-En lo afortunada que soy de tenerte a mi lado nuevamente.
-Yo diría que el afortunado soy yo. –Candy no podía evitar sonrojarse por las palabras de su príncipe no cabía la menor duda que estaban enamorados.
Albert los observaba desde lejos y no podía evitar darse cuenta de cómo eran observados por las damas y los caballeros, entendiendo la duda de la mayoría al haber escuchado a una que otra dama preguntarse si el guapo rubio de los Andrew era soltero. Definitivamente tendría que hacer algo, no quería que su protegida sufriera un disgusto y dañara a su bebé.
Albert aprovechó el brindis en honor de los compromisos y aprovechó para aclarar esa situación.
-Es un honor para mi prometida y para mí, contar con la presencia de cada uno de ustedes, agradezco hayan tenido la gentileza de celebrar con nosotros nuestro compromiso, pero igual quisiera anunciar algo que es digno de celebrar, y con esto me refiero al regreso de mi querido sobrino Anthony Brower Andrew. – Decía mientras alzaba la copa hacia el lugar donde estaba Anthony, quien sin soltar la mano de Candy hacía una leve reverencia sin entender del todo la presentación de su tío. – Junto a su adorable esposa, mi hija Candis Brower Andrew. – Ahora la atención estaba en la rubia quien como toda una señorita de sociedad agradeció con un gesto hacia los invitados por su atención, el salón estalló en susurros entre las damas y los caballeros que habían mostrado interés entre ambos chicos, sintiendo una oleada de decepción al darse cuenta que ya ambos tenían dueño. Anthony agradeció el gesto de su tío para calmar todas las conjeturas que se habían hecho en torno a su matrimonio, pero siguió la duda de cuando se habían casado, porqué nadie se había enterado y sobre todo el motivo de haberlo hecho en total hermetismo. Las dudas se resolvieron únicamente respondiendo que se había hecho así porque aún no se había hecho una presentación oficial del regreso de Anthony y porque se había realizado en Escocia dicha celebración lugar donde era originario el Clan. Los Leagan se había sentido excluidos de todo al ver que no habían sido requeridos para tan importante evento de los Andrew en dicho lugar, pero sabían que no eran santo de devoción de los Brower. La fiesta de compromiso terminó de lo más tranquila, para Dorothy y Albert, así como los hermanos Cornwell y sus damiselas, Candy y Anthony seguían proporcionándose todo tipo de mimos entre ellos, los Leagan se habían marchado más temprano que de costumbre, Eliza había salido con su esposo quien iba aún indignado con ella y Neal había sido rechazado ahora por Daysi, quien solo había buscado la manera de hacerle pagar a Neal aquel rechazo del que había sido objeto.
Los días pasaron rápidamente y la boda de Albert y Dorothy llegaba por fin. Harold había organizado todo y había puesto a disposición de los Andrew todo lo necesario para que fuera un evento de lo más espectacular.
El sacerdote unía a la pareja quien iba vestida muy elegante, toda la sociedad había sido invitada y la mayoría iba por el simple hecho de formar parte de un evento tan importante. Las invitaciones habían llegado hasta Nueva York a un actor que comenzaba a brillar en teatro, mandando solo una tarjeta de felicitación y una excusa junto con un costoso regalo para los novios y boletos para su próxima obra, no podía asistir porque su esposa no podía viajar, debido a su estado, así que no era de esperarse que fuera, pero Albert había cumplido con invitarlo.
El vestido de Dorothy era amplio y elegante y por más que estuvo cerca de los Leagan a ninguno les pasó por la cabeza quien era Dorothy Simmons, ellos no podían reconocerla ya que estaba más cambiada y no habían sabido que tenía un hermano y mucho menos de quien era hija, todo eso sumado a que Albert los había mandado lejos de Chicago para que el Sr. Leagan atendiera sus negocios en Miami y al ser Neal soltero tenía que irse con ellos. Con Eliza había sido más complicado desterrarla, pero Michael había hecho un excelente trabajo con su esposa y la mantenía a raya lo más posible.
La boda comenzaba majestuosa en el salón, Candy y Anthony convivían alegres con los Cornwell y sus novias.
-¡Candy te ves más hermosa cada día! – Decía sus amigas notando que Candy ya tenía un ligero abultamiento en su vientre, que si bien era perceptible para sus amigos aún no lo era para las miradas ajenas.
Harold bailaba con su hija el vals disfrutando de su compañía y sintiéndose orgulloso de ser el portador de tan bella novia, se sentía feliz de que por fin su hija le hubiera permitido ser el que la entregara en el altar.
-Hija, quiero que sepas que estoy muy agradecido por permitirme formar parte de tu felicidad. – Dorothy le sonreía feliz, ella no había guardado rencor como David por su padre, pero aun así le costaba tener una relación más cercana con él.
-Quiero que sepa que aunque estas semanas lo he conocido un poco más, aún me cuesta llamarlo padre.
-No te preocupes hija, con haberme permitido estar contigo es más que suficiente. –Harold sabía que eso era un gran comienzo en su relación y si había sabido ganarse el cariño y el respeto de David, no dudaba que pronto lograría el cariño de Dorothy ella era menos rencorosa y era muy noble al igual que su hermano, definitivamente eso no lo habían heredado de él, pero también aprendería de ellos, aprendería a ser más noble y amable con los demás, de ahora en adelante ya no sería conocido como el viejo gruñón Simmons.
Albert llegó a acompañar a su ahora esposa quien lo esperaba ansiosa para iniciar el baile con su amado, el Sr. Simmons le otorgó el turno a su yerno y se dirigió con paso calmo y elegante hacia donde unos ojos viejos y cansados lo miraban maravillados.
Todos estaban muy felices por la celebración y los novios esperaban ansiosos la huida que emprenderían a media noche en donde se irían a un hotel y después partirían rumbo a Nueva York para iniciar la luna de miel a un rumbo desconocido, queriendo Albert que fuera una sorpresa para su adorable esposa, ella pensaba que a donde la llevara sería maravilloso por ir a su lado, deseaba estar de nueva cuenta entre sus brazos y el destino era lo menos importante para ella.
Llegó la media noche y con ello llegó la partida de los novios, mientras los demás Andrew y los otros invitados se quedaban disfrutando de la fiesta.
-Albert va muy feliz. – Decía Stear quien se había percatado del momento de la huida de su tío y Dorothy.
-Claro que sí Stear, tú también irás muy contento cuando te toque irte de luna de miel con Patty. – Todos se reían ante el sonrojo que tomaba el rostro de Patty por el comentario de Archie.
-Vamos Archie, no apenes a Patty. – Decía Stear feliz de ver la reacción de su amada.
-¿Y para cuándo será la boda? – Preguntó Candy curiosa.
-Dos meses más. – Dijo seguro Stear.
-¡Dos meses! – Contestó asombrada Candy.- Stear quien sabe si en dos meses pueda aún bailar, y si te tardas más tiempo tendré que pasar tu boda sentada.
-Entonces la haremos antes. – Dijo feliz Stear, la verdad es que tenía apuro de casarse con Patty para que ella iniciara los estudios, ahí mismo en Chicago y él quería que los iniciara siendo su esposa, las clases estaban próximas a comenzar y aprovecharía eso para convencerla y partir hasta las vacaciones de diciembre de luna de miel. – Para mí entre más pronto mejor Candy. – Dijo acercando su rostro al de Patty quien solo le gritaba apenada.
-¡Stear! – Todos los demás reían.
-¿Qué? ¿No has escuchado a Candy? No quiere estar muy gorda en nuestra boda, tendremos que celebrarla cuanto antes. – Decía feliz por el pretexto que había creado, ayudado por su prima favorita.
-Por mí no te preocupes gatita, nosotros esperaremos a que nazca mi ahijada y podrás bailar toda la noche.
-¿Tu ahijada? Dirás mi ahijado. – dijo Stear. – Que por ser el mayor me corresponde a mí. – Dijo seguro. – Además yo ya estaré casado y mi Patty querida y yo lo bautizaremos.
-Vamos muchachos no se peleen. – Dijo Anthony. – Después hablaremos de ellos primero hay que esperar a que nazca.
-Nada, nada. – Decía Stear. – El guapo tío Stear bautizará al mini Anthony que viene en camino.
-Para nada. – Decía Archie. – Será una encantadora gatita la cual adorará a su padrino guapo y elegante. –Decía Archie.
Anthony y Candy se separaron del grupo entre risas dejando que esos dos se pusieran de acuerdo en cuál sería el padrino del bebé, para ellos sería difícil decidir por uno de los dos a ambos los querían por igual. Optaron por retirarse a su departamento ya que era muy tarde para Candy y ya comenzaba a sentirse cansada, se despidieron de los Cornwell y de los Simmons, así como de la tía abuela y alguno que otro invitado que ya comenzaba a identificarlos como los Brower-Andrew.
-George. – Dijo la tía abuela. – Llévalos a su departamento.
-No se preocupes tía abuela, tomaremos un coche.
-De ninguna manera, si no quieren quedarse en la mansión por lo menos que George los lleve en el auto. – Dijo la matriarca firme.
-Está bien. – Aceptó Anthony viendo que sería más rápido el trayecto y así su princesa descansaría más rápido.
Una vez que George los dejó, Anthony la tomaba en brazos para que no subiera las escaleras aún podía subir con ella en brazos, su peso no había variado mucho. Candy reía por las ocurrencias de su esposo viendo feliz como le encantaba consentirla y por supuesto ella se dejaba querer.
-¿Sabes una cosa? – Le decía Anthony.
-¿Qué cosa?
-Adoro tu risa, siempre he tenido en mi mente tu risa, varias veces me ayudó a salir adelante. – Le decía mientras la colocaba en el piso para abrir la puerta y Candy lo miraba ilusionada.
-Yo también siempre que me sentía triste evocaba tu risa y tu rostro, pero sobre todo tus ojos, siempre recordaba tus ojos, sobre todo cuando volteaba a ver el cielo. – Le decía fijando su mirada verdosa e ilusionada en la azulada de su príncipe, cerrando de a poco sus ojos para recibir el anhelado beso que ya se había tardado aquella noche.
Una vez dentro del departamento se cerraba esa puerta que los separaba del mundo, en donde podían dar rienda suelta a su amor. Una vez cerrada todo quedaba en la intimidad de su hogar llenándose de sensaciones románticas una vez que cruzaban la puerta de su alcoba.
Continuará…
Bueno hasta aquí llegamos con la fiesta de compromiso de los Cornwell y la boda de el patriarca quien ya se le quemaban las habas por irse de luna de miel con Dorothy, y Stear que está igual que quiere apartar a su damisela antes de que empiece a estudiar y conozca más chicos, no sabe que Patty no podría encontrarse mejor galán que él, ¡tan guapo Stear! Suertuda Patty. Los rubios, pues ellos siguen en su eterna luna de miel y aprovechado cada momento para demostrarse su amor, porque luego que llegue el bebé no los va a dejar mucho jajajajaja ojalá que si para que nos regalen de nuevo otra noche apasionada jajajaja
Bueno hermosas, espero se hayan entretenido un poco con este capítulo y que estén iniciando este nuevo año 2020 con mucho ánimo y sobre todo sin tanto frío como yo, que aquí estoy ante la mesa del comedor escribiendo pero tapada hasta la cabeza jajajaja solo las manos me vuelan en la computadora y ni así se me quita el frío que siento… en fin son las nevadas del norte, lo bueno que no duran mucho.
Les deseo de nueva cuenta un muy feliz año!
Por cierto no publique el otro fic por falta de comentarios, ni modo se queda pendiente hasta que termine este jejejejeje.
Saludos!
Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, los he tomado prestado un poco para hacer una historia a mi gusto y antojo, lo hago sin fines de lucro y no es apto para menores de edad, ni para personas sensibles a este tipo de relatos.
