Nuestra familia

Miroku dio la vuelta sobre el cielo de Mónaco, enfocando su visión en todos los vehículos que remotamente se parecían a una camioneta. Había volado sobre el maldito principado entero dos veces y aun así no la había encontrado. ¿Y si Sango abandonó la camioneta y tomó otro auto? Tenía un arma, después de todo, sería fácil para ella forzar a alguien fuera de su vehículo. ¿Y si buscar la camioneta era una pérdida de tiempo que podría costar a Sango su vida?

Inuyasha volaba también. Kagome buscaba en tierra con Oliver, ya que ninguno de ellos era capaz de volar. Había pasado casi media hora y no había señales de Sango o Nathaniel. ¿Podría haber salido de Mónaco tan rápido? ¿En qué dirección se habrá ido? Maldita sea, ¿Por qué había hecho esto? ¡Ese maldito esquivo de demonio no valía la pena!

- ¡Inuno! - Miroku dijo de pronto en voz alta. Se dirigió a la azotea más cercana, marcando en su móvil mientras bajaba.

- ¿La encontraste? - Fueron las primeras palabras de su sire.

- No ¿Pero no puedes rastrearla de otra manera? Hace unos meses, perdiste tus visiones del futuro, ¿No han vuelto desde entonces? ¿O puedes usar tu poder para ver dónde está Sango ahora? - dijo Miroku en breve.

- Mis visiones no ha regresado. No veo nada... y no puedo usar mi poder para determinar la ubicación de Sango. Eso también se ha ido. - Sonó como si Inuno suspirara.

- ¡Por qué diablos no has encontrado una manera de arreglar eso! - Miroku casi gritó en el móvil, el miedo volviéndolo irracional.

- Nunca te he pedido ni una vez que utilices tu poder por mí antes. ¿Por qué ahora, cuando te necesito más, no me sirves de nada? - Colgó antes de Inuno pudiera responder, queriendo de mantener su línea libre en caso de que Sango llamara.

Ella todavía tenía el teléfono que le había dado. Había estado en el asiento trasero junto con el arma. Miroku trató de calmar el pánico en aumento mientras se elevaba en cielos de nuevo. El destino no podía ser tan cruel como para hacerle esto dos veces, ¿cierto? O tal vez el Destino era exactamente tan cruel, dejándolo enamorarse de otra humana, sólo para que la muerte la arrancara de su lado.

Raum enfrentó a Sango, sus ojos negros iluminados con brasas rojas y su cabello castaño claro moviéndose en la brisa fría que venía del agua. Vestía pantalones vaqueros y una camiseta con "¿Tienes azufre?" estampado en el frente de la misma. Si no supiera lo que era, el aspecto extrañamente normal de Raum no la haría mirarlo dos veces. Pero sabía lo que era, y el olor a azufre la envolvía como un abrazo no deseado.

- ¿Te atreves a llamarme aquí, tan cerca del agua salada? ¿Crees que te hace estar más segura? Estoy muy, muy decepcionado de ti. Te aprovechaste de mi bondad, rompiste nuestro acuerdo… - dijo Raum, avanzando un paso hacia ella.

- Raum… Mira detrás de ti. - Sango le interrumpió.

El demonio se volvió lentamente y luego se hizo eco de su risa. Saltó hacia Nathaniel y se apoderó de él en un apretón alegre, oscilando en torno a él con el mismo tipo de desinhibida exuberancia con que Miroku le había hecho girar la otra noche.

- Nathaniel, mi protegido perdido hace tanto tiempo, ¡Estoy tan feliz de verte de nuevo! - exclamó Raum. Incluso le dio un beso a Nathaniel de lleno en la boca, con el sonido de una manotada.

- Ah, sabes tan desesperadamente dulce. Tengo la intención de divertirme contigo, lo sabes. - Nathaniel gritó algo que el demonio hizo. Sango no pudo ver lo que era a través de la espalda de Raum, pero lo que haya sido, fue doloroso.

- ¿Crees que eso duele? No tienes idea de lo que es la agonía, tu inmundo y pequeño mentiroso, pero lo harás. Para siempre. - Raum siseó, su tono cambiando de alegre a algo tan bajo, que Sango apenas podía oírle.

Sin importar lo que sucediera más tarde, en ese momento, Sango estaba contenta por todo lo que había hecho en las últimas dos horas. No podría haber vivido enviando a cualquier persona a sufrir lo que Raum había planeado para Nathaniel. Sí, Nathaniel había hecho el trato con el demonio, pero maldita sea, había pagado ya suficiente por eso durante su tiempo con Web. Había sido un niño estúpido que cometió un error terrible, pero no debería tener que ser eternamente castigado por ello. Y si sobrevivía a lo que haría a continuación, se dejaría de castigar a sí misma, también. Por dejar que mataran a Randy, por el aborto involuntario... todo. Es tiempo de que los dos seamos perdonados, Sango se dio cuenta. Más que tiempo.

- Oye Raum - dijo ella, alzando la voz.

- Quiero salir de aquí, pero primero quiero probar que puedes darme mi pago. - El demonio se dio la vuelta, todavía sosteniendo a Nathaniel en un abrazo más apretado que el que un amante usaría.

- Oh, ¿En serio? ¿Y cómo crees que tendría que probar eso? - dijo Raum. El peligroso desafío en la voz del demonio hubiera hecho a Sango retroceder temblando hace cinco semanas, pero esta noche no. Encontró esa mirada teñida de rojo sin pestañear.

- Prometiste que si te entregaba a Nathaniel, dejarías a mi familia tranquila para siempre. Y que me quitarías estas marcas y tu esencia fuera de mí, convirtiéndome en una humana normal. Se podría decir que me siento un poco recelosa hacia ti después de todo lo que he pasado, así que ¿Por qué no me muestras primero que voy a sobrevivir cuando me quites las marcas? O correré tan rápido como pueda de vuelta con los yokais, y puedes tratar de perseguirme mientras cargas a Nathaniel. - Una sonrisa se dibujó alrededor de los labios de Raum.

- Eres una pequeña habladora ahora, ¿no? Me gusta este lado de ti, Sango. Es muy atractivo. - La forma en que hizo hincapié en que la última palabra se arrastró sobre la piel de Sango, pero sabía que por eso lo había hecho.

- Quítale las marcas a Nathaniel. Déjame ver que es normal de nuevo. Luego quítame las mías y podemos ir por caminos separados, yo sola y tú con él. Como acordaste. - Raum quería que se encogiera y se asustara, pero si ella dejaba que la pusiera nerviosa una sola vez, no tendría el coraje de seguir adelante con el resto.

- No lo hagas, por favor. Eso es demasiado rápido. ¿No quieres torturarme mientras sea capaz de curarme una y otra vez? ¿No has querido hacerme gritar por mucho tiempo, Raum? ¡No puedes hacer eso si soy humano! - rogó Nathaniel. Las lágrimas se filtraron de sus ojos, y la desesperación en su rostro era palpable.

Inteligente táctica, pensó Sango. La expresión del demonio había sido escéptica cuando Sango había terminado de hablar, pero después de escuchar a Nathaniel, sonrió con la anticipación malévola de tal manera que parte de ella quiso huir de la mera visión. No te atrevas, se ordenó ella. Puedes vencerlo. Nunca esperará que pelees.

- Por qué, Nathaniel, te has vuelto más inteligente en estas largas últimas décadas, ¿no? Ya sabes, no importa lo que haga contigo, será mejor que lo que sucederá una vez que seas humano y pueda matarte. Tenía la intención de tomarme mi tiempo jugando contigo primero, pero… - Raum parecía realmente convencido de ese acto… demonio tonto no pudo evitar pensar.

- ¡Sí, sí, juega conmigo! Me lo merezco, te lo has ganado... - Gritó Nathaniel. Derramó más lágrimas.

- ¡Pero esto será aún más divertido! - dijo Raum, su voz convirtiéndose en un rugido salvaje.

Luego Raum tomó los antebrazos de Nathaniel, las manos del demonio cubriendo los intrincados tatuajes, antes de que hundiera sus dedos en el interior de la piel Nathaniel. El gritó de Nathaniel, fue agudo y penetrante. El olor a azufre aumentó, mientras que una nebulosa zumbarte parecía llenar el aire.

- ¿Sientes eso? - gruñó Raum.

- ¡Es el final de tu inmortalidad, muchacho! - ¡Ahora! se dijo Sango a sí misma.

Se rasgó las piernas con las manos en garras, lo que le dio un fresco chorro de dolor. En su mente, se centró en la imagen de una de las criaturas de la Víspera de ese Año Nuevo. Criaturas tan sucias, tan poderosas, que no existían en ninguna parte, sólo en los más oscuros dominios de la magia negra más prohibida. Ese sentimiento de caos ciego se extendió a través de su cuerpo, el mismo que había sentido cuando se transformó en el barco. Esta vez, sin embargo, Sango no trató de luchar contra él. Alimentó el salvajismo, ampliándolo con todas las imágenes horribles de aquella noche. Centrándose en todos los detalles de la criatura que meses de antidepresivos, terapia, y la distancia del mundo no-muerto aún no la habían dejado olvidar.

Su piel se sentía como si explotara, ondas de dolor y de energía sacudiendo todo su cuerpo en relámpagos y explosiones. Sólo una pequeña parte de ella fue consciente de que Raum se dio la vuelta para darle una mirada casi burlona.

- ¿Qué infiernos? - Murmuró él.

Un grito salió de su garganta, tan horrible y fuerte como los sonidos que habían atormentado sus pesadillas. Luego Sango se inclinó y sacó el cuchillo de hueso de la arena. Ella le mostraría al demonio, lo que era el infierno. Con otro rugido sobrenatural, Sango cargó contra Raum. Miroku sintió la vibración en su bolsillo, incluso con el viento agitándole la ropa. Sacó su móvil, la esperanza saltando en él cuando vio los números de la llamada.

- ¡Sango! ¿Dónde estás? - Gritó mientras contestaba. Un escalofriante y terrible aullido vino desde el fondo antes de Miroku oyera la voz débil de Nathaniel.

- Date prisa. No puedo ayudarla. Ni siquiera puedo decir cuál es... – lo escucho jadear.

- ¿Dónde está ella? - tronó Miroku. Mataría al podrido imbécil si algo le había sucedido a ella. Rasgaría la carne de sus huesos y…

- Bajo uno de los dos muelles comerciales en Vieux Port, Marsella. Date prisa. - Miroku maldijo cuando colgó. Marsella estaba a más de una hora y media de distancia, incluso con su velocidad más rápida. ¿Podría Sango mantener a raya al demonio tanto tiempo? Apuntó con su cuerpo como una bala hacia el norte, incluso mientras marcaba el número de Inuyasha.

- Ella está bajo uno de los dos muelles comerciales en Vieux Port, Marsella. El demonio está ahí. ¿Dónde estás? - Cogió al primer sonido.

- Todavía estoy en La Condamine, casi a dos horas de distancia - dijo Inuyasha con abiertamente frustración. E Inuno estaba aún más lejos en Génova.

- Llega tan rápido como puedas - dijo Miroku, colgando.

Canalizó toda su energía no dentro de su cuerpo, sino a un punto al sudoeste en la distancia. Tenía que estar allí. No aquí, allí. Ahora. Sango lo necesitaba. Ve más rápido. Flashes del cuerpo marchito de Giselle en el fondo de la barranca llenaban su mente… su pelo enrojecido por la sangre, el rostro congelado en el dolor, el cuerpo aún más caliente que la nieve a su alrededor. Ella había estado muerta sólo un par de horas antes de que él llegara ese día. El conocimiento del corto tiempo que había transcurrido entre su llegada y su muerte le había perseguido durante más de un siglo, pero ahora ¿Iba a perder Sango por sólo unos minutos?

No fracasaría. No podía. Ve. Más rápido. El suelo se veía borroso en la nada por debajo de él. Sólo la extensión del agua en el horizonte importaba, le hacía señas como con un susurro, ella está aquí. Si se concentraba lo suficiente, pensaba que casi podía sentir a Sango, podría degustar su lucha contra el demonio como el ácido en la lengua. Ve. Más rápido.

Pasó el tiempo. El agua oscura en la distancia se convirtió en más que una mancha borrosa bajo el cielo. Los edificios que bordeaban la orilla del mar se cristalizaron en más que deformes e indistinguibles bultos. Después de unos minutos más, pudo distinguir la histórica basílica, con su estatua de oro de la Virgen María como si estuviera mirando por encima de Marsella. Cambió de dirección muy ligeramente para dirigirse al Vieux Port. No falta mucho ahora. Vamos, Sango. Sigue luchando.

Unos minutos más tarde, el contorno de los muelles apareció a la vista. Miroku alineó su cuerpo, tratando de evitar la más mínima resistencia del viento, su capacidad de potencia en su cenit. Sin embargo, no podía ver lo que estaba por debajo de los muelles. No estaba en el ángulo correcto aún, todavía estaba demasiado alto... Miroku se lanzó tan bajo como pudo sin correr el riesgo de chocar con ninguna de las estructuras entre él y su meta. Incluso con el rugido del viento, el primero de los aullidos llegó a su agudo oído. Sonaba como el aullido de los condenados. ¿Eran esos los sonidos de Sango aun batallando con el demonio, o Raum riéndose en su victoria?

Ve. MÁS RÁPIDO.

Divisó la parte más vulnerable de los muelles en los segundos siguientes, que parecían extenderse hacia fuera deformados por el tiempo. Los sonidos provenían del más cercano a él. Miroku se centró en ese, al ver un bulto de un hombre que tenía que ser Nathaniel tendido en la arena. Pero delante de él con el agua hasta las rodillas, dos formas se enfrentaban en un violento combate. Dos formas. Miroku sintió su corazón explotar en su pecho. Sango todavía estaba vivo.

Y sin embargo, sabía que su fuerza se estaba deteriorando. La pérdida de sangre por la lucha, junto con la expulsión de todo su poder para llegar a ella lo más rápidamente que pudo, dejó a Miroku casi mareado con la debilidad invadiéndolo. Había llegado a tiempo para luchar contra el demonio, pero casi no tenía energía. Todo lo que tengo que hacer es mantenerlo a raya hasta que Inuyasha llegue aquí, pensó Miroku sombríamente. Él solo necesitaba mantener viva a Sango por ese tiempo. Podría hacerlo. El demonio quizás no tenía nada de plata, después de todo.

Las figuras que estaban encerradas en un combate a muerte se volvieron más claras con cada segundo que pasaba. Miroku nunca había visto al demonio antes, pero aun de tan lejos, era obvio que ninguno de ellos estaba en forma humana. Dos monstruos igualmente terribles enfrentados entre sí en el oleaje.

Chica inteligente, el pensamiento cruzó por su mente. Sango debe haber arrastrado el demonio al agua salada, sabiendo que le haría daño. Unos segundos más puso de manifiesto que una de las criaturas tenía un cuchillo pálido y huesudo. Miroku no podría distinguir cual era Sango. Una de las criaturas tenía protuberantes músculos, una cabeza enorme y deforme, y un poderoso cuerpo cubierto de piel que parecía estar llena de ampollas. El otro era igual de alto, con una apariencia que parecía ser sacada de la versión más grotesca de la tumba… ¡pero claro!

Miroku se concentró en ellos, moviendo los brazos hacia delante para mantener los puños en una línea recta. Con el furor de la batalla, ninguno era consciente de su acercamiento inminente. Sus gruñidos y aullidos de furia sonaban en sus oídos, uno de ellos ahora muy familiar. Se estrelló contra la enorme criatura con la piel llena de ampollas con toda su velocidad, lanzándola lejos de la otra. Golpeando así, ambos el piso de arena suave, cubriendo a la criatura con agua de mar y su propio cuerpo. El tremendo impacto sorprendió a Miroku también, pero obligó a su cuerpo a retorcerse, sosteniendo a la criatura en la parte superior de él. Sus brazos azotaron en torno a la figura, luchando por mantener la cabeza fija en su posición. La criatura se resistió y se sacudió con tanta fuerza, que Miroku sabía que si no lo dejaba ir pronto, sus brazos serían arrancados de sus articulaciones.

- ¡Sango, ahora! - Trató de gritar, pero agua salada y arena llenaban su boca.

Su cabeza entera estaba bajo el agua. Ella no podía oírlo, o tal vez estaba demasiado lejos mentalmente para entenderle. La garras de la criatura penetraron en el brazo de Miroku que había sujeto alrededor de su cuello, destrozándolo. Tirando. El dolor y la presión se acumularon a través del cuerpo de Miroku, pero no lo dejó ir. Tendría que hacerle pedazos antes de que liberara a esa monstruosidad de nuevo hacia Sango…

Un grito atravesó los oídos de Miroku, insoportable, incluso a través del capullo de agua y arena. Luego esa pesada criatura en su control comenzó a temblar, sus garras ya no rasgaban a Miroku, sino que se deslizaban hacia afuera en su lugar. El mar se sentía como si hirviera a su alrededor, la espuma nublando la poca visión que tenía, hasta que vio nada más que espuma blanca. Y entonces la criatura de ciento treinta kilos encima de él comenzó encogerse... hasta que fue apartada y nuevas garras se hundieron en su piel.

Miroku dejó que la otra criatura le tirara hacia arriba, sin alejar las monstruosas manos que se apoderaron de él. Parpadeó, tratando quitar la arena de su mirada, pero todavía podía ver el cuerpo rápidamente en descomposición a sus pies. Las cuencas de los ojos eran ennegrecidos agujeros con ese cuchillo de hueso todavía saliendo de uno de ellos. Luego Miroku volvió a la forma descomunal del voraz zombi, doblando la cabeza hacia él.

- ¡Aléjate, no sabes si es ella! - gritó Nathaniel.

- Sí, lo sé - respondió Miroku, suavemente tomando los brazos torcidos y haciendo caso omiso de los aguijones de dolor de las garras todavía hundidas en él

- Está bien, cariño. Puedes parar ahora. Míralo. Lo hiciste. Se ha ido. - Y lo había hecho, tan sorprendente como era. Encantadora, valiente, amable Sango. Asesina de demonios.

Esas garras salieron de sus brazos y la cabeza bestial cayó, mirando hacia abajo como si estuviera avergonzada. Miroku no vaciló. La atrajo hacia sus brazos, notando con ironía que con la forma que había elegido, arrancándola directamente de esa horrible Víspera de Año Nuevo, ahora estaban a la misma altura.

- Está bien, cariño. Se acabó. Puedes volver a mí ahora, Sango, vuelve... - repitió él, acariciándola.

Durante los varios minutos que le tomó arrastrarse a Nathaniel, oliendo fuerte a sangre, el cuerpo de Raum se había convertido en huesos en el oleaje y Sango se había transformado de nuevo en sí misma. Miroku mantuvo un pie sobre los restos del demonio mientras se quitaba la camisa y la cubría con ella. La mayor parte de su ropa había sido destrozada más allá de la decencia en su lucha con Raum, o arrancada de su cuerpo que había crecido en un tamaño mucho más grande.

- Miroku. Me reconociste. Aun así, sabías que era yo. - le susurró al fin, las lágrimas brillando en su mirada.

- Por supuesto que sí - respondió, abrazándola con fuerza. Un alivio abrumador recorrió a través de él, mezclado con alegría mientras el pánico de las últimas horas lo liberaba. Sango estaba a salvo. Estaba entera. No pediría nada más de la vida.

- No podía hacerlo… Lo siento mucho por preocuparte, y por golpear a Oliver, pero no podía darle a Nathaniel. Habría destruido algo en mí que me niego a perder, y no podía arriesgarme a que Raum buscara venganza contra ti, por las bombas de sal, tampoco. - dijo, con voz suave.

- No quiero hablar de eso ahora - Sí, todavía estaba molestó por cómo se había arriesgado a sí misma tan imprudentemente, pero no quería reprenderla en este momento. Estaba demasiado malditamente contento de que ella estuviera viva.

- Miroku... las marcas son permanentes ahora. Sólo Raum podía quitarlas, y está muerto. No puedo morir como soy ahora, a menos que me apuñales a través de los ojos con ese cuchillo de demonio, pero voy a permanecer así. Si no puedes lidiar conmigo, siendo una… una cambia formas, lo entenderé… - Ella tomó una respiración profunda e irregular.

- ¡Chica tonta! - le cortó él, alejándola para mirar sus ojos color avellana.

- De acuerdo con lo que acabas de decir, está más a salvo ahora de lo que nunca estarías, incluso como un yokai. Así que me importa una mierda que de vez en cuando cambies de forma. Podrías transformarte en un zombi, un hombre lobo, o un gato de nuevo. Lo que desees. Todavía estaré ahí, y todavía estaré locamente enamorado de ti. - Ella lo abrazó fuertemente.

- Te amo tanto - dijo con voz ahogada.

Miroku regresó su abrazo con la misma pasión, esa sensación de alegría y alivio creciendo aún más profundo. Realmente quería decir lo que había dicho. Si Sango fuera un yokai, bueno, la plata era fácil de conseguir, pero ¿Cuchillos de demonio? Del único que sabía todavía estaba en la órbita del ojo del cadáver de Raum, y Miroku trituraría los restos del demonio hasta sólo dejar polvo, para que no se pudieran forjar más armas de él.

- Nathaniel puede mostrarme la forma de controlar mejor los cambios, pero aun así, nunca tendrás que preocuparte de que me convierta en un gato de nuevo. ¿No lo sabías? Soy alérgica a los gatos. - A pesar de que ella todavía se agarraba a él, Sango se echó a reír.

Sango puso el ramo de flores en la tumba. Estaban mezcladas con piñas. Ella sabía que él las hubiera apreciado más que lilas, tulipanes y rosas. Echó una mirada alrededor del cementerio. La primavera estaba definitivamente en su apogeo, cubriendo las ramas desnudas de los árboles de nuevo en sus capas de hojas. El suelo debajo de ella se sentía suave. Calentado por el sol. No duro y frío, como lo había sido el día en que lo había enterrado.

- Hey - dijo Sango en voz baja, enjugándose una lágrima mientras tocaba la lápida grabada Randolph MacGregor. Amado hijo y esposo.

―Quería decirle que estoy con alguien. Lo conociste antes. Su nombre es Miroku. Sí, lo sé, un yokai, ¿no? No hemos estado juntos mucho tiempo, pero a veces... sólo lo sabes. Lo supe contigo. Te dije que te amaría para siempre, y lo haré. - Sango hizo una pausa para enjugar una lágrima.

- Lo amo también a él, y sé que esto es lo correcto. Puede ser que sea pronto, pero es lo correcto. Y sé que habrías odiado lo que hice a mí misma desde que moriste, por lo que quería decirte que he dejado de lado la culpa y el miedo. Cuando te recuerde, Randy, voy a sonreír, no llorar. Eres una parte de mí. Una de las mejores partes. Sólo quería decirte eso. - Se puso de pie, acariciando la lápida una vez más.

- Y si conoces a alguien llamada Giselle… – susurró.

- dile que sigue siendo parte de Miroku, también. Una parte hermosa. Por favor, darle las gracias por eso. - Sango se llevó los dedos a la boca, besándolos, y luego los puso sobre su nombre.

- Adiós. - Sus ojos estaban secos para el momento en que caminó de vuelta a donde Miroku esperaba junto al auto, pero no habían sido lágrimas de dolor. Fueron de recuerdo, cálidas, y cuando Sango caminó a los brazos de Miroku, estaba sonriendo.

- ¿Listo para irnos, querida? - Le preguntó, besándola en la parte superior de la cabeza.

- Sí, estoy lista. - No necesitó mirar hacia atrás.

- ¿Ahora podré conocer a mi familia? - Nathaniel bajó la ventanilla del asiento trasero.

Él hizo la pregunta con tanta esperanza, que la sonrisa de Sango se ensanchó. Después de esto, iban a casa de sus padres, donde Sango presentaría a Nathaniel al resto de su familia, aun si fueran muy lejanos. Y ella volvería presentarles a Miroku a sus padres como su nuevo yerno. Se habían casado dos veces en las últimas dos semanas. Una vez ante un juez de paz, y una vez al estilo de los yokais cortando las palmas de sus manos y declarándose ante Kagome, Inuyasha, Alten, Koga, Inuno, y un fantasma que Sango todavía no podía ver. Ese matrimonio podía no ser reconocido por la sociedad de yokais, ya que Sango nunca podría cambiar a uno, pero para Miroku, contaba, lo cual era lo único que a ella le importaba.

- Ahora podrás conocer a nuestra familia. -

Fin