Capítulo 22.
Distrito de Chiyoda City. Tokio, Japón.
Hotel De Angelis.
Las noches del mes de octubre comenzaban a ser cada vez más frías en Japón, prueba ineludible de que el invierno se aproximaba; el otoño cumplía con su parte, haciendo caer las hojas de los árboles y cubriendo los senderos con una delgada capa crujiente de hojas de diversas tonalidades. Gino caminaba distraídamente entre los obscuros senderos de los jardines del hotel, apenas iluminados por algunas lámparas esparcidas a cada cierta distancia, respirando hondo y sintiendo el aire frío de la noche penetrar en sus pulmones.
Esa noche, Hernández se había negado a bajar a cenar, alegando que no se sentía bien y que prefería intentar dormir, a lo que sus compañeros no pudieron objetarle al respecto, dejándolo solo en su habitación; y si bien era cierto que él no tenía hambre, la verdad era que tampoco tenía ganas de tener compañía en este momento, por lo que había inventado esa historia para estar a solas. Sin embargo, Gino no se sentía con ánimos de estar encerrado en su habitación, esa claustrofobia que había experimentado en los vestidores del estadio lo perseguía a donde fuera, asfixiándolo y no permitiéndole sentirse a gusto en ningún lugar cerrado, por lo que había decidido bajar a los jardines a tomar un poco de aire.
Gino llegó entonces a un pequeño claro, en donde se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra un enorme árbol, para luego flexionar sus piernas, pegándolas a su pecho en un intento de rodearlas con sus brazos. Había intentado mantener una expresión optimista en su rostro el resto de la tarde, delante de sus compañeros, pero ahora que estaba solo no quería aguantar más; dejó que su mirada se perdiera en las luces que se mostraban más allá del hotel, en la enorme manta lumínica de la ciudad y reflexionó sobre lo que el entrenador le había dicho hacia un par de horas, éste había sido muy claro con él al respecto, le había dicho que no lo dejaría volver a jugar en el próximo partido y sabía que cumpliría su palabra pues siempre lo hacía, así que Gino sabía que estaba absolutamente fuera del torneo.
Un escalofrío recorrió su piel pues se había salido de su habitación sin su chamarra porque no deseaba pasar de nuevo, por lo menos no por ese día, por todo el engorroso proceso de intentar ponerse otra prenda de vestir; aun traía la ropa ligera que se había colocado durante la tarde en los vestidores pero eso no le importó mucho, pues su mente estaba muy ocupada en otras cosas, seguía sin creer que no habían podido pasar ni siquiera de la primera ronda, peor aún ni siquiera habían conseguido ganar ni un solo partido, el portero sentía que había decepcionado a todos aquellos que habían puesto sus esperanzas en él y eso le dolía incluso más que la derrota en sí.
Irracionalmente, Gino sentía que había traicionado la confianza de todos a su alrededor, de sus amigos y familiares, del entrenador, de sus compañeros de equipo, incluso del mismo Salvatore, a quien en ese momento no deseaba ver pues sabía bien que le había pedido que confiara en él y en el equipo para conseguir llegar a la siguiente ronda y había fallado estrepitosamente; al final quien había tenido la razón desde un inicio había sido el defensor y no él, y Hernández esperaba que en cualquier momento que lo viera, Salvatore le soltara un "te lo dije", con esa mirada burlona y arrogante que solía poner.
"Y tendría toda la razón para hacerlo", pensó.
Gino le había prometido algo y no lo había podido cumplir, en muchas ocasiones había considerado que Salvatore se pasaba con esas actitudes de arrogancia, superioridad y crueldad innecesaria, con esos comentarios ácidos y cargados de veneno puro pero ahora creía que él se merecía todo eso y más. Gino volvió a sentir un escalofrío recorrer su cuerpo por lo que se desdobló la pequeña porción de tela que formaba el cuello de la playera tipo polo que se encontraba usando en ese instante para cubrirse un poco con ésta alrededor de su cuello, los vendajes en sus brazos servían mucho en este momento pues eran como una capa protectora que los cubría en parte ya que la playera era de manga corta.
"El aire de esta noche es más frío que el de los días anteriores, quizás debería volver", pensó, pero no se movió ni un centímetro de su posición actual.
Hernández entonces apoyó sus brazos sobre sus rodillas y su frente sobre los brazos ocultando su rostro y cerró los ojos suspirando; de pronto, escuchó que alguien le llamaba desde muy cerca, entonces Gino levantó la mirada para encontrarse con Valentino, quien se acercaba y se acuclillaba delante de él.
- ¿Qué estás haciendo aquí?.- preguntó el mediocampista, preocupado.
- No gran cosa, sólo deseaba tomar un poco de aire fresco.- comentó Gino, intentando restarle importancia al asunto.
Fue entonces cuando Hernández notó que Valentino venía acompañado por Marco, Alonzo y Franco, además de los fisioterapeutas, Fabio y Alessio e incluso para su enorme sorpresa, Gentile venía también con ellos.
- ¿Qué es lo que sucede?.- preguntó Gino, bastante curioso-. ¿Qué están tramando?
- Vamos a ir a buscar un trago.- respondió tranquilamente Valentino.
- ¿Un trago?.- cuestionó Hernández, enarcando una ceja.
- Encontramos en el Maps un bar muy recomendado en el distrito de Shinjuku.- sonrió Alonzo-. Dicen que no te puedes ir de Japón si probar el Sake.
- Uhm, y de seguro ustedes ya lo han probado.- respondió Gino.
- No, ahí si te equivocas, es por eso que queremos ir.- respondió Valentino.- ¿Quieres venir con nosotros? Te caería bien un buen trago.- sonrió, con malicia.
- A todos nos vendría bien.- agregó Alonzo-. Es por eso que vamos, y después del Sake podríamos continuar probando las otras bebidas que tengan.- bromeó.
- No sé.- respondió Gino, sin ganas-. Mejor váyanse ustedes.
- ¡Anda, vamos! Aunque sea sólo un rato.- insistió Valentino.
Luego de un momento en que Gino lo consideró y en que sus compañeros le insistieron un tanto más, él por fin se convenció.
"¡Qué más da! Total, si ya no puedo jugar de nuevo en el torneo, qué importa si tomo un par de copas", pensó.
- ¡Está bien! Vamos entonces.- respondió Hernández, a lo que todos se alegraron.
El dichoso bar, localizado en el sector comercial más importante de la ciudad y sobre una de sus principales avenidas, no se hallaba tan lejos del hotel por lo que los jóvenes no tardaron mucho en llegar al sitio en cuestión; una vez adentro, tomaron asiento en una de sus mesas para después ordenar la famosa bebida y, cuando por fin tuvieron la botella frente a ellos, los jóvenes se sirvieron, decidiendo probarla todos al mismo tiempo.
- ¿Sabían que no es correcto llamar a esta bebida como Sake?.- comentó Marco mirando el vaso de cerámica frente a él que contenía el líquido que sus compañeros le habían servido.
- ¿Ah, no? ¿Y qué se supone que es?.- se burló Alonzo-. Si no lo es, entonces vamos mejor por un buen vino.
- No seas idiota.- respondió Marco-. Lo que digo es que se supone que esto es más bien Nihonshu, pues el nombre Sake es propiamente dicho o hace referencia a la bebida alcohólica en sí y el nihonshu es el nombre para esta bebida que es vino de arroz.
- Mejor cállate y bebe de una buena vez.- respondió Gentile, a lo que todos estuvieron de acuerdo y tomaron su bebida de un solo trago, para luego hacer gestos por lo fuerte que era.
Luego Valentino rellenó de nuevo los vasos de todos para continuar con otra ronda y así siguieron hasta que los ánimos de algunos de ellos se levantaron gracias al alcohol; la conversación se tornó alegre y entretenida pasando entre las burlas y anécdotas de todo tipo que eran contadas por los jugadores a los fisioterapeutas, quienes estaban disfrutando mucho del momento y la compañía; el licor no dejaba de llegar a la mesa y tan pronto como llegaba se iba consumiendo, pues cada que alguno de ellos tenía su vaso vacío, de inmediato era rellenado por otro de sus compañeros, estaban ahí para emborracharse y olvidarlo todo y era lo que sin lugar a dudas se encontraban haciendo.
El único que se mantenía de cierto modo más reservado y cauteloso era Gino, quien por más que intentaba olvidar todo, lo cierto era que no podía disimular esa expresión que lo había acompañado durante el día.
- ¿Quieres dejar de culparte de una buena vez, Hernández?.- espetó Salvatore de pronto, no sin cierta dureza en la voz, al tiempo en que le servía una nueva tanda de licor al portero.
Salvatore había estado buscando durante gran parte de la tarde un lugar tranquilo y solitario en donde se pudiera perder de los demás, su habitación no había sido opción debido a que pensó que Gino seguramente se encontraría ahí pues al regresar al hotel no se le veía con un buen semblante, pero cuando Gentile halló la tan anhelada soledad, ésta le jugó en su contra pues de inmediato sus pensamientos llegaron por montones, golpeándolo uno a uno sin descanso.
El defensor intentó entonces distraerse observando a las huéspedes del hotel, escuchando música en su reproductor portátil, incluso trató de pensar en un nuevo modo de ir a molestar a sus compañeros, todo con tal de borrar su mente y disipar los pensamientos que le aquejaban; sin embargo, nada de esto le funcionó, por más que intentaba no podía sacarse de su cabeza lo que había sucedido ese día y cuán molesto se encontraba al respecto. Salvatore respiró hondo esperando que todo el mal humor que tenía desapareciera pero no fue así.
Estaban eliminados por más que Valentino hubiera querido decir lo contrario en los vestidores, él era mucho más realista y sabía que esa combinación de resultados era, aparte de ridícula, casi imposible de lograr, sobre todo porque la gran mayoría de esa combinación no estaba en sus manos para que se llevara a cabo, así que Salvatore no guardaba esperanzas al respecto, ya no había nada más que hacer que sólo aceptar la estúpida realidad. El desafío contra Japón y contra el idiota de Aoi Shingo tampoco se llevaría a cabo pues el entrenador le había dejado muy en claro al salir de los vestidores, en un tono de voz demasiado severo e innecesario a su parecer, que él tampoco jugaría en el próximo encuentro.
Salvatore entonces miró hacia la enorme avenida que se extendía frente a él, a las afueras del extenso terreno del hotel, y pensó que Japón sólo lo había visto fracasar, ni siquiera había podido tener su enfrentamiento contra Aoi y mucho menos había podido demostrar lo que en verdad valía, lo que lo hacía sentirse realmente mal al respecto. Tanto Gino como Erika le habían dicho, cada uno por separado, que confiara en el equipo, cosa que había hecho durante la segunda mitad del encuentro, había esperado a que sus compañeros hicieran por primera vez su parte y lograran ganar, aunque fuese con la mínima diferencia, pero ni eso pudieron hacer, confió en ellos y en Gino, quien le pidió que así lo hiciera y al final las cosas resultaron justo como Salvatore había pensado, el creer no había servido de nada.
Pero no era por eso por lo que se encontraba realmente irritado, estaba molesto por el comentario que Valentino le había hecho en los vestidores y no entendía la razón, por más que lo pensaba no podía comprender el porqué de su molestia pues era más que lógico que Valentino pensara que la agarraría contra Gino si todo el tiempo se la pasaba criticando a todos sin distinción alguna; pero lo curioso del caso, y quizás la verdadera razón de su molestia, era que en ese instante Gentile no tenía la menor intención de burlarse de nadie.
A él también le había dolido la derrota por mucho que lo intentara disimular, había tenido la esperanza de continuar en el torneo y también se sentía en cierto modo decepcionado, pues con este resultado le había dado una razón más a su hermano Lucio para que le dijera que no lograba hacer algo que valiera la pena y que era un bueno para nada. Salvatore pensó que en cuanto su hermano se enterara de lo sucedido, le hablaría de inmediato para burlarse él y de su pasión por el soccer, le repetiría una vez más que se fuera a trabajar a su bufete jurídico y que buscara una verdadera profesión, lo que, con sólo pensarlo, lo hizo bufar de la frustración.
Es cierto, había confiado en su capitán pero no se arrepentía de eso. "Capitán", rio Gentile, pensando en que cada vez que decía esa palabra siempre venía con el apelativo de perfecto, jamás había tomado esas palabras tan en serio como hasta ese día, en donde se había dado cuenta del significado real de esa palabra. Gino le había mostrado ese día lo que era ser un verdadero capitán, lo que era apoyar incondicionalmente a sus compañeros, alentándolos, apoyándolos y sonriendo ante los estúpidos comentarios de los otros, aunque en su mirada se reflejara la inmensa tristeza que llevaba, que demostrara fortaleza a pesar de no poder ni sostener en sus manos su maleta, que diera todo por su equipo, incluso su propia seguridad y ver como los demás le respetaban a pesar de todo y a quien no dudaban en ayudar cuando estaba en sus manos hacerlo.
Salvatore no estaba acostumbrado a ese tipo de reacciones, había crecido con la única idea de que sólo es uno mismo quien importa, que uno tiene que valerse por sí mismo y que no habrá nadie que te apoye o te comprenda, que no se puede esperar ayuda de nadie más y que lo único que importa en el mundo es ganar y demostrar que uno es el mejor, pues el mundo es para los vencedores por lo que no hay nada peor que ser un perdedor, por lo que a Gentile le era un poco difícil procesar toda esta nueva información. No estaba acostumbrado al tipo de persona que solía ser Gino, pero no podía decir que le desagradara del todo. Y en ese momento fue cuando se topó con los demás, que lo habían invitado a ir con ellos al bar a lo que él aceptó pensando que necesitaba de un buen trago en ese momento para olvidar el asunto.
Y luego se encontraron con Gino, terminando en el sitio en donde se hallaban justo en este instante, en una mesa de un bar, con Hernández en frente y a pesar de que nuevamente intentaba ser un buen capitán y no arruinarles la fiesta a los demás en sus ojos, aún se vislumbraba ese dolor que no le dejaba y no era el dolor físico lo que en ese momento estaba presente en él.
- Deja esa cara larga y disfruta de la noche.- continuó diciéndole Salvatore.
- ¿Por qué dices eso?.- preguntó Gino, sorprendido.
- Ya te había dicho antes que eres pésimo para mentir, ¿recuerdas?.- respondió Salvatore, dándole un trago a su bebida.
Gino no supo que responder al respecto, todos solían decirle eso, por lo que sabía perfectamente bien que no era bueno mintiendo, pero él no quería arruinarle la fiesta a los demás y aunque no lo pareciera hacía su mejor esfuerzo por olvidarse por un rato de todo y disfrutar como el resto de sus amigos.
"Quizás lo que necesito es un poco más de licor en la sangre para que esto suceda", pensó el portero, pues ya lo había visto muchas veces antes en sus compañeros.
Gino bajó su mirada a su vaso, el cual se encontraba lleno gracias a Salvatore, había que decir que no había tomado tanto como los demás, pues sólo llevaba unas cuantas copas a diferencia de los otros que ya llevaban por lo menos media botella cada uno, pero por alguna extraña razón él comenzaba a sentirse mal, su cabeza le había empezado a doler, punzándole insistentemente y tenía nauseas. Hernández entonces se levantó queriendo ir al baño y un fuerte mareo lo azotó, teniendo que ser sostenido por Marco para no caer.
- ¿Estás bien, Gino?.- preguntó Marco.
- Sí, sólo necesito ir al baño.- comentó, disculpándose y yéndose lo más rápido que pudo.
- Creo que al capitán ya se le subió el licor.- comentó Alonzo, mirando hacia donde el portero se había ido.
- Me lo llevaré de regreso al hotel.- comentó Salvatore-. Ustedes quédense aquí, en cuanto lo deje botado en su cama, regreso.
El resto de los jóvenes aceptó entonces la sugerencia y sólo Alessio se ofreció a acompañar a Gentile. Salvatore entonces alcanzó a Gino en el baño, en donde el portero se encontraba mojándose el rostro pues sentía que éste le ardía.
- No te ves bien.- comentó Salvatore, con mirada seria, en cuanto lo vio-. Será mejor que regresemos al hotel.
Gino lo miró a través del espejo y después con un solo gesto de cabeza aceptó la sugerencia.
"Sí, creo que lo mejor es irse de regreso al hotel", pensó.
Erika se hallaba parada frente a la puerta de su habitación, deslizando su tarjeta magnética en el sensor para poder ingresar, pues venía regresando de la cena que tuvo con Eli, Lily y Genzo. Después de los acontecimientos sucedidos durante el partido esa tarde, la pasante se había olvidado por completo de que las jóvenes estaban en la ciudad, por lo que se había sorprendido mucho al recibir un mensaje de su hermana que la invitaba a cenar con ellos para saber cómo se encontraba. La cena no había sido desagradable sino todo lo contrario, pero Erika continuaba muy preocupada por Gino por lo que se había despedido de los jóvenes antes de lo normal, pretextando que tenía aún algunas cosas pendientes por realizar; sin embargo, no le habían resultado sus planes pues ni su hermana ni sus amigos le habían dejado ir tan pronto y la cena se había extendido mucho más de lo normal.
Después de salir del estadio, Erika había acompañado a Gino en todo momento hasta llegar a su habitación, en donde él se excusó con todos alegando que necesitaba descansar, y aunque Hernández no se hubiera quejado abiertamente, se podía notar claramente en su rostro que le seguían doliendo mucho sus brazos, quizás debido al sobreesfuerzo que hizo en los vestidores, por lo que la pasante, al darse cuenta de que el dolor no había cedido con la inyección que se le aplicó, fue en busca del Dr. Lucchetti para comentarle la situación y al final el galeno le había recetado y administrado al portero medicamentos mucho más fuertes.
Ahora Erika se preguntaba cómo se encontraría Gino, una parte de ella deseaba pasar a su habitación para saber cómo estaba pero la otra le decía que ya era muy tarde, por lo que sería inoportuno y para nada correcto ir a verle en ese momento. La joven entonces entró a su habitación dejando sobre una de las camas tanto su chamarra como el resto de sus pertenencias para dirigirse rumbo al closet y sacar de ahí su pijama, y fue cuando escuchó a las afueras de su habitación las voces tanto de Salvatore como de Alessio que parecían discutir, lo que llamó su atención.
Erika se dijo que no era de su incumbencia lo que esos dos se encontraran haciendo a esas horas en el pasillo, pero al final fue la voz de Gino lo que hizo que la joven se decidiera a salir para saber lo que ocurría, encontrándose al abrir la puerta a los tres jóvenes discutiendo entre sí. Alessio insistía en que sería mejor llamar al Dr. Lucchetti pues el semblante del portero era, a su punto de vista, de preocupación, a lo que Salvatore se negaba alegando que no era así, pues sólo se trataba de una simple borrachera que se le quitaría durmiendo.
- ¡Estoy bien!.- exclamó en ese momento Gino, separándose de ambos jóvenes y recargándose sobre la pared-. Tan sólo abre la maldita puerta, Salvo.
- Yo no creo que estés tan bien.- continuó alegando Alessio, esta vez hacia Gino.
- ¿Qué sucede aquí?.- preguntó Erika mirando a los tres jóvenes, los cuales saltaron por la sorpresa pues ninguno la había oído salir.
Erika entonces miró con detenimiento al portero, preocupándose al instante por él, luego le lanzó una mirada a Alessio buscando una respuesta de su parte, a lo que el joven prefirió evitarla pues no se atrevía a decirle lo que sucedía, y al final fue Salvatore quien cínicamente respondió.
- No es nada, a tu novio se le pasaron las copas.- comentó desinteresadamente, señalando a Gino con un gesto de cabeza-. Sólo eso.
- ¿Cómo que se le pasaron las copas?.- respondió la pasante, ignorando el resto del comentario anterior-. ¿Me estás diciendo que se fueron a beber?
Erika los miró, queriéndolos fulminar con la mirada, lo que cohibió a Alessio.
- Creo que será mejor que me vaya.- comentó el joven, señalando su habitación-. Salvatore, me avisas si necesitas algo y piénsalo bien, creo que es mejor que llames a Lucchetti.- comento rápidamente, para después despedirse de Erika y salir de ahí lo más rápido posible.
- Cobarde.- susurró Salvatore, una vez que Alessio entró en su habitación.
- ¿Y bien?.- volvió a preguntar Erika, con actitud molesta-. ¿Me vas a responder?
- ¡Sí, lo hicimos!.- le rezongó Salvatore, encarándola-. ¿Qué tiene de malo? No es la primera ni será la última vez que vayamos a un bar a emborracharnos, es lo más común.- comentó cínicamente, a lo que la joven sólo lo miró fijamente dejándolo hablar-. ¿Por qué te pones de ese modo? ¿Jamás habías visto a tu novio borracho? Hernández sólo es un mal bebedor al que se le pasaron las copas, yo bebí incluso más que él y mírame, estoy bien.
- Tú tampoco deberías de haber bebido.- le regaño Erika-. ¿Y cómo es que Alessio lo permitió? Ustedes están tomando medicamentos y si no lo sabes, no deberían mezclarse con licor.
- Yo no.- respondió Salvatore, cínicamente y encogiéndose de hombros-. Hace días que dejé de tomarlos, sino me sirven para volver al campo no tiene caso que los ingiera.
Erika quiso golpear en ese momento al defensor, aparte de cínico era un idiota; la joven se preguntó cómo es que pensaba Gentile recuperarse de una lesión de los ligamentos si no se tomaba los medicamentos indicados, aunado al hecho de que ya se había negado en días anteriores a realizar los ejercicios de rehabilitación.
- ¿Podemos continuar con esta plática adentro?.- interrumpió en ese instante Gino, respirando profundamente y con la cabeza recargada contra la pared, con los ojos cerrados-. Necesito pasar al baño.
Erika y Salvatore se miraron de nuevo y decidieron pausar su discusión para que el defensor finalmente abriera la puerta; Gino entonces entró con prisa a la habitación y se dirigió directamente al baño en donde devolvió lo poco que tenía en el estómago.
- ¿Qué tanto le dieron?.- le preguntó Erika a Salvatore, preocupada.
- Ni tanto.- respondió Gentile, luego de haberse quedado meditándolo un poco antes de responder-. No bebió casi nada, creo que sólo no aguantó el sake.
- ¿Exactamente que es "ni tanto"?.- le preguntó Erika, conteniendo el enojo que sentía en ese momento-. ¡Explícate!
- No sé.- le replicó Salvatore, harto de las preguntas-. Quizás, solamente como tres o cuatro copas.- comentó, irritado, y luego le explicó todo lo que había sucedido en el bar-. Al final decidí traerlo mejor a dormir.
Erika frunció el ceño pues no le agradaba para nada lo que escuchaba.
- Los voy a matar a ambos.- comentó Erika, respirando profundamente-. Lo que sucedió no es que se haya emborrachado, por algo se les dice que no deben tomar alcohol cuando están tomando medicamentos, y sobre todo él.
- ¿Qué?.- preguntó Salvatore sin comprender-. No entiendo, ¿de qué hablas?
Los medicamentos con el alcohol hicieron un efecto adverso.- comenzó a explicar la pasante-. Es por eso que Gino está así.
- ¿Cuáles medicamentos?.- preguntó Gentile, sorprendido.
- En verdad que tú no tienes ni la más mínima idea de nada de lo que sucede a tu alrededor.- comentó Erika, girando sus ojos para después suspirar, en un intento por contenerse-. Si no se trata de ti qué importa, ¿verdad?
- Oye, eso no es verdad.- se defendió el líbero, a quien le había calado el comentario.
- Durante la tarde, el Dr. Lucchetti le cambió los medicamentos a Gino por unos mucho más fuertes ya que no se le disminuía el dolor, dándole analgésicos opioides, los cuales no son para tomarlos a la ligera, se lo dijo el doctor hace rato y al parecer o no lo escuchó, o lo olvidó o simplemente no le importó.- comentó Erika, muy molesta-. Es más que obvio que si se fueron a beber, los medicamentos le iba a causar malestares.
- Ok, ya entendí.- comentó Gentile, a la defensiva-. Pero no te preocupes que yo me puedo ocupar de esto.
- ¡No!.- exclamó Erika de inmediato-. Creo que ya fue suficiente de tu ayuda por una noche, yo me haré cargo-. ¿Cómo te sientes?-. le preguntó a Gino, quien salía en ese instante del baño.
- La verdad, no muy bien.- le confesó a la joven.
Erika suspiró nuevamente para contenerse de reclamarle a Gino su insensatez, se dijo que en este momento era más importante ayudarle que ponerse a decirle todo lo que pensaba con respecto de su dichosa salida.
"Después te diré todo lo que pienso al respecto", pensó la joven.
- Será mejor que te recuestes.- le comentó Erika a Hernández, al tiempo en que le acomodaba las almohadas de su cama para que su cabeza quedara en alto.
Luego la pasante se fue al baño de donde trajo una toalla húmeda que colocó en la nuca del joven.
- Esto te hará sentir mejor.- le comentó Erika, para luego acomodarse a su lado y abrazarlo.
- ¿Te piensas quedar?.- preguntó Salvatore, quien había estado observando la escena sin decir palabra.- ¿Cómo se supone que me vaya a dormir contigo aquí?
- ¿Ahora resulta que eres tímido?.- le respondió la pasante, con sarcasmo.
- No es eso.- se defendió Gentile-. Pero yo suelo dormir desnudo, ¿en serio quieres verme?.- comentó con malicia.
- ¡No comiences, Salvo!.- gruñó Gino, recargando su cabeza sobre el hombro de Erika-. Sabes que eso no es verdad, así que deja de decir idioteces.- agregó sintiendo de repente caer sobre él todo el cansancio físico y mental del día y deseando con toda su alma el poder quedarse dormido.
- Si tanto te molesta mi presencia.- comentó Erika, aventándole su tarjeta-. Ve a dormir a mi habitación, porque yo no me pienso mover de aquí hasta no ver que Gino se encuentra bien.
Gentile lo pensó un instante y al final decidió irse a la otra habitación, pero justo cuando se marchaba Erika le comentó.
- Voy a averiguar quién fue el idiota al que se le ocurrió esta salida y que permitió que ustedes dos tomaran alcohol sabiendo que están tomando medicamentos.- le comentó muy seria-. Y cuando lo averigüe, se las va a ver conmigo.
Luego de un rato, los malestares de Gino por fin habían disminuido al grado de que él había podido conciliar el sueño, por lo que en este momento llevaba ya un tiempo durmiendo tranquilamente entre los brazos de la joven; a esas horas de la madrugada, el frío de la noche comenzaba a incrementar aún más y las cortinas se ondulaban con el aire que ingresaba a través del ventanal, lo que ocasionó que un escalofrió recorriera el cuerpo de Erika pues la pasante había dejado su chamarra sobre la cama cuando salió de la habitación, por lo que consideró si sería buena opción el dirigirse al balcón para cerrar la puerta de cristal y así disminuir un poco el frío.
Suavemente la francesa soltó al portero para no despertarle y se movió de su lugar para lentamente levantarse de la cama y dirigirse al ventanal francés, pero a medio camino notó que sobre la maleta de Gino se encontraba la chamarra de él.
"Y a pesar de estar lesionado de las manos, la chamarra está pulcramente doblada y por el lado correcto de la misma", pensó Erika, divertida.
La pasante miró alrededor de la habitación y se dio cuenta con mucha facilidad de cuáles eran las pertenencias de Gino y cuáles las de Salvatore, pues el primero tenía todo ordenado y el segundo era un verdadero desastre. La joven sonrió pues Hernández siempre había sido así, era como habito innato que lo llevaba a siempre ordenar las cosas correctamente, jamás se vería que dejara algo tirado en el suelo o mal puesto.
"De seguro que si me pusiera a husmear dentro de su maleta encontraría su uniforme doblado", pensó, sonriendo.
Erika volvió a sentir el escalofrío por el aire que se colaba a través de la ventana y recordó la chamarra, dudando de nuevo en si debería o no usarla sin el consentimiento de su propietario, pero al final se decidió a hacerlo cuando otro escalofrío recorrió su cuerpo, ocasionado por el frío de la noche. La joven entonces tomó la chamarra de su sitio y se la colocó, encogiéndose dentro de ella y aspirando la prenda al percibir el aroma de él que ésta tenía impregnada, suspirando en el proceso para luego pasarse una mano por el cabello apartando un mechón de su rostro, al tiempo en que llegaba al ventanal para cerrar la puerta de cristal, quedándose parada frente a ella mirando la vista que Tokio le mostraba en ese momento, la cual se extendía por todo el horizonte con sus miles de luces que contrastaban con la obscuridad de la habitación.
Después de un rato, Shanks finalmente se decidió a volver a la cama y fue cuando vio que Hernández ya se había girado, extendiéndose sobre el colchón y durmiendo boca abajo con los brazos abrazando la almohada.
"¡Ah! Ya me dejó sin lugar, ya se parece al gato de Eli que nada más te mueves un instante y ocupa tu sitio en el sillón", pensó, divertida.
Erika se acercó a la cama y contempló a Gino durmiendo, mirando fijamente su espalda ancha que la incitaba a tocarle, a poner sus manos sobre ella y recorrerla suavemente hasta llegar hasta su parte baja; la pasante siguió con la mirada sus pensamientos y llegó a la curvatura que hacía el cuerpo del joven al terminar la espalda e iniciar su bien formado trasero, deseando poner sus manos sobre él y apretarlo con fuerza, deseó acariciar ese bien formado cuerpo que se le presentaba frente a ella y llegar a tener un contacto mucho más inapropiado que sólo una simple caricia. Quería poner sus manos debajo de su camisa y sentir su piel, besarlo apasionadamente como aquella vez en su habitación y saborear esos dulces labios para luego morderlos hasta el cansancio.
Shanks intentó recordar cuántas veces en esos tres años había deseado tener el cuerpo de él entre sus brazos, el sentir esas largas y delgadas manos masculinas sobre ella y fusionarse con él en un solo ser, y sólo pudo suspirar. Aún no sabía bien qué pasaría con ellos, no sabía si él iba a querer seguir viéndola en cuanto regresaran a Italia o si simplemente al llegar a Milán cada uno tomaría su propio camino, como si estos días en Japón sólo hubiesen sido un hermoso sueño y al terminar el torneo se tuviera que despertar a la realidad; entonces la francesa respiró hondo para mantener el control y tranquilizarse, haciendo un gran esfuerzo para no caer en la tentación.
"No es ni el lugar ni el momento adecuado", pensó, suspirando y apartándose de la cama en donde él se encontraba para ir a sentarse en la otra.
- Siempre te he llevado debajo de mi piel.- susurró ella, volviéndose a encoger en la chamarra para aspirarla nuevamente.
Después sonrió, recordando una vieja canción que iba muy a cuento en ese momento por lo que comenzó a canturrearla al tiempo en que se acomodaba en la cama.
- I've got you under my skin…I've got you deep in the heart of me…So deep in my heart…That you're really a part of me….- cantó ella en voz baja, que significa: "Te llevo bajo mi piel, en lo profundo de mi corazón, tan profundo en mi corazón, que ya eres realmente una parte de mí".
Nota:
* La canción que Erika canta es "Under my skin" de Franz Sinatra.
