Buen Día. Deseo que les vaya bien a todos

Pasó relativamente poco tiempo, así que...

En el capítulo anterior: Una nueva temporada llega, el otoño baña con su melancolía la escuela Otonokizaka. Pronto habrá un festival en la escuela, algo que emociona mucho a Nozomi. Sin embargo, Eli está emocionada por las elecciones a presidente del consejo estudiantil. Por azares del destino, las dos chicas dividen sus caminos sin saber que están construyendo una gran brecha entre ellas.

Disfruten el capítulo.


XXI

¿Puede ser una bruja una linda chica?


Sabes, en ocasiones me detengo a pensar muy seriamente en lo que hice en aquel lejano y melancólico otoño. Las decisiones que tomé, que llevaron desencadenar una serie de sucesos que lentamente se desprendían de mis dedos. Era como ese cuento del hilo rojo, el cual mantenía a Nozomi y a mi unidas. Pero ese hilo, en ese momento, era frágil, tan frágil que cualquier ráfaga de viento lo podría romper.

Claro que nos sabía las consecuencias que traerian mis decisiones, e incluso sabiéndolas, creo que estaba lo suficientemente cegada por alcanzar mis metas que volvería a caer una y otra vez en mi terquedad de no ver lo que tenía frente a mis ojos. Pero esa terquedad, esa necedad de sobresalir entre mis demás compañeras, no era un juego, y mucho menos era algo que yo hubiera elegido por mi cuenta; era mi responsabilidad. Así que, por primera vez, decidí ser todo lo egoísta que podía, todo lo desconsiderada, todo lo ciega al punto de perder de vista mi verdadero objetivo. Lo que hacía por la escuela no era mi elección, sino mi decisión. Porque, a fin de cuentas, la egoísta no era yo… Era Nozomi.

Faltaban pocos días para el festival escolar. En esos días de lluvia tranquila y colores crepusculares, Otonokizaka tenía un aire y un ambiente estival en post del festival de puertas abiertas. Se podía percibir la felicidad y la emoción, pero también la tensión y la desesperación debido a que el día del festival estaba cada vez más cerca.

Para mí no era la excepción, me sentía nerviosa cada que las clases terminaban y tenía tiempo de planear mi campaña para la presidencia del consejo estudiantil. Las estudiantes de mi clase se amontonaban todas las tardes para planear la casa embrujada que habían decidido hacer.

Yo estaba decidida a no ayudarles, ya que no quería ser partícipe de lo que mi clase hiciera. Después del día en que insultaron a Nozomi, ni siquiera me interesé un poco en lo que hicieran. Sin embargo, alguien sí que estaba entusiasmada en ayudar, y aceptaba cualquier encargo, cuál pequeño que fuera, para sentirse participe del festival.

—Cortando, me paso la vida cortando. Oh, Homura-chan, todo lo que hago es cortar. Cuando será el día en que un príncipe vendrá a rescatarme de este suplicio de cargar estas horrible y afiladas tijeras de… —Nozomi estaba muy animada conforme los días del festival se acercaban—, tijeras de … —Llevándose el filo de las tijeras a la barbilla, miró dubitativa el pedazo de cartón que estaba cortando. Preocupada, me acerqué a ella y le arrebaté las tijeras.

—Ten más cuidado Nozomi —Tomé las tijeras con sumo cuidado y se las di de nuevo. Sus ojos verdes como las esmeraldas me veían fijamente y un brillo casi blanco apareció en sus pupilas.

—Oh, Homura-chan —Una sonrisa maliciosa apareció en sus labios—. Que horrible monstruo se atreve a arrebatarme mis hermosas tijeras. Es lo único que tengo para trabajar, y ahora un horrible, feo, malhumorado, tonto y molesto monstruo me ha quitado mi único trabajo.

A pesar de que los días avanzaban, el humor de Nozomi estaba frágil y cambiante. En ocasiones estaba feliz, pero a veces no sabía si estaba de verdad enojada o solo jugaba conmigo. Al menos ya me hablaba, antes ni siquiera me dirigía la palabra. Días anteriores ni siquiera me vio a los ojos. Así qué, que me dijera algo de una forma tan poética y hermosa me hizo sentir que las cosas poco a poco se iban calmando dentro de ella. No me molestaban tanto los insultos, ya que al menos parecía prestar atención en que yo también estaba ocupada planeando mi candidatura.

—Deja de decir eso y ponte a trabajar si no quieres que la idiota de la representante te regañe.

—Este monstruo tiene corazón, Homura-chan. Amablemente le regresó las tijeras a Nozomi y por fin puedo trabajar. Gracias monstruo bondadoso, cortare un poco de cartón para agradecerte.

—Puedes dejar de llamarme así.

—No —Nozomi volvió su mirada al cartón que había en su mesa y liberó una ligera e inocente risita.

Suspire mientras veía como, infantilmente, se llevaba una mano a los labios y volvía a trabajar en los que hacía. Decidí no molestarla más. En ese momento tenía que concentrarme en todo lo que tenía que decir en mi discurso de candidatura, así que no me detuve a conversar más con ella. Sin embargo, no hizo falta hablar, porque fue Nozomi la que volvió a iniciar la conversación.

—Oh, señorita… —Sin volver su mirada, la voz de Nozomi salió temblorosa y titubeante de sus labios; seca y tranquila, como si quisiera imitar a una anciana—. Toma este fruto tan verde que tengo aquí, para poder hacer que me digas toda la verdad —Esbocé una sonrisa sin dejar de transcribir mi discurso que ya casi estaba terminado. Reí ante la tonta forma de comportarse de Nozomi.

—¿Qué estás haciendo? —Volví a reír y vi de reojo su rostro, ella parecía alegre.

—Si tomas este delicioso fruto… —Puso las tijeras de nuevo frente a mí—. Te concederé toda mi ayuda para que puedas volver al escenario como una hermosa bailarina.

—Espera… —La miré con sospecha. Nunca le había contado que en el pasado solía bailar ballet, así que me dejó un poco desconcertada su comentario. Pero, a juzgar por la actitud de Nozomi en ese momento, pensé que quizás solo era parte de su juego—. No, no importa —Dejé mi pluma en mi pupitre y me concentre por completo en su rostro—. Nozomi, lo siento, pero no tengo tiempo de jugar, tengo que terminar esto y…

—¡Oh, el monstruo regreso, y ahora es más grande y feo!

—Oye… —Suspire y tome de nuevo la pluma de mi pupitre—. De verdad tenías muchas ganas de hacer esa obra de teatro, ¿verdad? ¿Por eso te comportas así?

—Usted, señorita maleducada, no tiene idea de lo que habla —Ahora imitaba a una mujer que parecía acaudalada.

—Suficiente, Nozomi. No tengo tiempo de jugar y me comienzas a confundir. No sé si estás hablando en serio o solo te burlas de mí.

—Me burlo de ti —Dijo sonriendo juguetonamente.

—¿Sí? Pues no tengo tiempo para eso —Nozomi miró de nuevo hacia su escritorio, donde el pedazo de cartón aún esperaba. Sus mejillas se inflaron en un puchero y, sin precaución, daba grandes tijeretazos al aire—. ¡Deja de hacer eso, te vas a lastimar!

—Tú nunca tienes tiempo cundo quiero hablarte ¿verdad? —La voz de Nozomi se volvió sombría. No sabía si seguía actuando o de verdad hablaba en serio—. Déjame en paz, yo puedo hacer esto por mi cuenta. No soy una niñita tonta como tú piensas.

—Nozomi, lo que estás haciendo es peligroso, puedes lastimar a alguien.

—¡Mandona y tonta Elichi! —Traté de volver a mi trabajo, a pesar de su hostil comentario. Pero no pasó mucho tiempo para que ella se diera cuenta de que pretendía ignorarla—. Ah, ahora me ignoraras sin decir nada. Eres una tonta, Elichi.

—Oye, creo que te estás pasando con los insultos.

—¡Y yo creo que sigues siendo tonta a pesar de todas las veces que te lo he dicho! —Gritó fuerte, con una voz que no parecía ser de ella. Su rostro estaba rojo y su pecho se expandía y contraía con desesperación. Su ceño estaba fruncido y sus ojos me miraban amenazadores.

Esa era la imagen que últimamente tenía de Nozomi, con ese enojo remarcado en sus facciones. No quería admitirlo, pero incluso yo sabía que tenía que ignorar esos berrinches que eran más y más constantes en ella. Me causaba cierto malestar ignorarla, pero incluso yo sabía que no podía hacer nada contra esos repentinos ataques de furia que últimamente tenía Nozomi. En ocasiones como esa, era inevitable no pensar que…

—No eres nada linda —Musité solo para mí, sin pretender que ella me escuchara. Sin embargo, sus mejillas se pusieron aún más rojas. La sangre caliente escalaba hasta sus orejas y parecía que echaban humo por la frustración que seguramente sentía.

—Repite eso —Sus coletas detrás de ella parecían erizarse; era como un gato enfurecido en ese momento. Sabes, retiro lo dicho, incluso enojada se veía linda; aunque no lo iba a dimitir, porque yo también comenzaba a molestarme—. ¡Repítelo! —Molesta, Nozomi tiró las tijeras al suelo con furia y repentinamente todo el salón de clase se quedó en silencio.

—Estás haciendo un escándalo —Preocupada de ver el enojo en su rostro, me acerqué a ella tratando de tomarla de los hombros, pero, antes de que mis manos la tocaran, me apartó de un manotazo. Fruncí el ceño al sentir el dolor que iba desde mis manos (del lugar que Nozomi me había golpeado) hasta mi corazón. Era como si agujas se clavaran en mi pecho; era doloroso ver a Nozomi comportarse así conmigo—. Suficiente, no voy a tolerar más de tus estúpidos berrinches.

—¡¿Estúpidos?! ¡¿Me dijiste estúpida?!

—No, yo no… —Traté de suavizar mi voz, pero ella volvió a arremeter contra mí.

—Yo solo quiero ayudarte con lo que sea que estés tan ocupada haciendo últimamente. Es todo lo que he querido hacer desde hace semanas y tú solo… tú solo… —Pequeñas y cristalinas lágrimas se acumularan en las comisuras de sus ojos.

—Tranquila, Nozomi.

—¡No me llames así!

—Cálmate, por favor… —Comencé a sentir miedo. Ese enojo ya no era normal. El sentimiento de ver a Nozomi así solo me recordó al día en que me peleé con dos estudiantes—. Por favor, tranquilízate. Me está asustando.

—Pues deberías de estar asustada… —Nozomi se levantó bruscamente de su asiento—. ¡Nozomi ha estado todos los días diciéndote que te ayudaría, pero tú solo me ignoras y finges que no existo!

—Eso no es verdad… —Dije indignada y preocupada; ya ni siquiera sabía cómo hablarle—. Nozomi, entiende que esto es algo que tengo que hacer por mi cuenta, si tú me ayudas solo…

—Solo te retrasaría, ¿verdad? —Volví mi mirada hacia todo el salón de clases. No solía importarme mucho lo que pensaran de mí, pero en ese momento era inevitable no percatarse de la forma en la que nos veían las chicas de la clase; como si fuéramos el espectáculo estelar de la tarde. Incluso Nico, la cual estaba al fondo del salón, veía a Nozomi con un sentimiento de preocupación en su rostro—. Sabes qué, no me importa lo que me digas. Esto se acabó, Eli…

—¿A qué te refieres? —Asustada, la vi directamente a los ojos. Escuché pasos detrás de mí, pero no volteé a ver a la persona que había llegado corriendo a mi lado. Mi mirada estaba perdida, y mis sentidos también, en los ojos llorosos de Nozomi y en las lágrimas que se precipitaban por sus mejillas.

—Ya no quiero ser tu no…

—¡Espera! —Asustada por la palabra que estaba a punto de decir, me acerqué a ella y puse toda mi mano en su boca para silenciar lo que estaba a punto de confesar.

—¡Suéltame! —Nozomi se sacudió con violencia y comenzó a retroceder—. Ya no quiero ser tu… —Paralizada, esperé a que Nozomi soltara esa palabra. Sin embargo, no fui yo la que impidió que eso sucediera, sino que Nico, la chica que había llegado a mi lado antes, tomó a Nozomi de los hombros haciéndola callar.

—Cierra la boca Nozomi —Le dijo con autoridad. Sus ojos color carmesí la veían directamente; esos ojos intimidantes que solo les mostraba a las chicas que molestaban a Nozomi y de vez en cuando a mí—. Estás yendo muy lejos y estás haciendo un estúpido escándalo.

—¡¿Y qué si lo hago?! —Nico le dio un leve golpe en la cabeza. Como si fuera una niña, Nozomi se puso a llorar estruendosamente—. ¡Nico-chan me pego! —Sorprendida, la vi directo a los ojos; veía como esas gigantes gotas de lágrimas caían por sus mejillas. Era como si la marea dentro de ella se hubiera llevado todo su enojo y ahora hubiera traído a una niña pequeña, tan pequeña que me costaba imaginar que fuera la misma Nozomi que conocía—. Todos son malos con Nozomi. Yo solo quería ayudar, y tú y Elichi y todos me molestan y se burlan de mí y… —Ni siquiera parecía saber lo que decía. Sus labios temblaban al igual que todo su cuerpo. Desesperada se pasaba las muñecas por los ojos y trataba de detener las lágrimas que incesantemente caían por su cara.

—Vamos. Salgamos a tomar un poco de aire —La mirada de Nico se apaciguo. Una hermosa sonrisa maternal iluminó su rostro. Al verla, pensé inmediatamente que mis miedos no se harían realidad nuevamente; parecía que ese asunto había terminado.

Di un paso hacia ellas, pretendiendo en acompañarlas para solucionar las cosas. Sin embargo, la mano de Nico frente a mi rostro me detuvo. Tranquilamente negó con la cabeza, haciéndome entender que no era buena idea ir con ellas. Un poco desconcertada, me quedé parada viendo como Nico tomaba de los hombros a la sollozante Nozomi y la sacaba despacio del aula.

Mi corazón latía rápido dentro de mi pecho. Al recordar la mirada frustrada y violenta de Nozomi, no pude evitar sentir como mi corazón se oprimía dolorosamente, y más al recordar lo que casi decía en frente de todas nuestras compañeras. Sentí como si mi corazón tuviera un horrible y pesado tumor, como si, de un momento a otro, se hubiera convertido en piedra. Cada respiración me dolía y por cada segundo que pasaba sentía náuseas y unas increíbles ganas de salir corriendo y llorar como lo había hecho Nozomi.

Pero algo me impedía salir de esa aula, y, a día de hoy puedo decir que mi orgullo me mantuvo firme en no moverme de donde estaba. Me sentía destrozada, temerosa y sumamente triste, pero sabía que no podía salir de ese lugar y encontrarme con Nozomi como si la horrible pelea anterior no hubiera ocurrido. Así que, con pesadez y, completamente derrotada, volví a mi pupitre y, con mis manos temblorosas, tomé de nuevo mi pluma. Traté de concentrarme en mi discurso para poder despejar mi cabeza. A pesar de que las letras aparecían en el papel, era como por arte de magia, ya que no sentía que yo estuviera escribiendo, sino que simplemente aparecían como si fueran horribles bichitos negros y repugnantes. Las ganas de salir corriendo con Nozomi regresaron, pero sabía que no debía hacerlo… porque, en el fondo, sabía que no soportaría verla de frente en ese momento. Sabía que me desmoronaría cuando la viera a los ojos.

.

Pasaron las semanas y el festival ya se encontraba a tan solo unos días. La tensión en el ambiente se podía tocar al entrar en cada aula de la escuela. Las estudiantes preparaban sus presentaciones con premura y los pasillos de la escuela, los días antes del festival, estaban llenos de decoraciones a medio terminar. Como una de mis principales metas era que las estudiantes reconocieran que era una candidata para el puesto de concejo estudiantil, caminaba por las clases y entregaba volantes e información. Al principio pensé que sería una tarea difícil y tediosa, y que las chicas me evitarían por mi antiguo historial en una pelea, pero, sorpresivamente, algunas chicas se acercaban animosas a tomar un volante y me dedicaban una que otra sonrisa; aunque algunas sí que se ponían nerviosas. Algunas chicas me preguntaban si era una extranjera y yo, tratado de fingir muy bien mi amabilidad, tal y como la había practicado, les contestaba cordialmente a esa y a muchas otras preguntas que me hacían. Me preguntaban muchas cosas personales, algo que era cansado de contestar ya que eran cosas que consideraba irrelevantes y hasta idiotas. De cualquier forma, trataba de dar mi mejor cara para poder ganarme su simpatía y así consideraran votar por mí. No obstante, fueron esas preguntas personales las que me hicieron abrir los ojos e hicieron que me diera cuenta de que el puesto al que aspiraba aún estaba muy lejos de mí.

Los días siguientes no pude concentrarme en mi trabajo como lo hacía al principio, ya que en todo momento pensaba en Nozomi. Ella no me volvió a hablar, pero, cuando era inevitable que nuestras miradas se cruzaran, tenía un brillo melancólico en sus ojos; parecía que en cualquier momento rompería en llanto. Tenía miedo de volver a hablarle, y que reaccionara de forma molesta hacia mí, tenía mucho miedo de que me gritara y que se pusiera a llorar de nuevo. Pero tenía más miedo de que reaccionara como aquella lejana primavera; donde su mente se perdio y por un momento me olvidó.

La ignoraba lo más que podía. Cuando era la hora de prepararnos para el festival yo salía casi corriendo del aula y buscaba un lugar donde trabajar lejos de ella. Nozomi no se molestaba ni siquiera en detenerme.

Un día antes del festival, sin embargo, algo cambió. El crepúsculo otoñal alumbraba de ámbar el salón. Nuestras compañeras de clase trabajaban arduamente para darle los últimos toques a la casa embrujada que estaban preparando; no quería admitirlo, pero les había quedado muy bien. Como era usual en esos días, después de que el horario normal de clases (las cuales un par de días atrás se habían suspendido para terminar los preparativos del festival) terminara, me levanté de mi lugar y salí del aula para preparar los últimos detalles para mi candidatura. Por la tarde tenía que entregar algunos volantes y tenía que ir al auditorio a ensayar junto a las otras candidatas para poder determinar los horarios y los tiempos que cada una se tomaría para hablar frente al público. No obstante, antes de salir del salón, una mano se posó en mi hombro, haciendo que me detuviera en seco. Intranquila, y un poco emocionada por sentir el tacto en mi hombro, volteé velozmente mi mirada…

—Nozo… —Pero no era la persona que esperaba ver la que me había detenido. Nozomi estaba en su lugar, cociendo algo de tela para una especie de disfraz, seguramente para la casa embrujada.

—¿Esperabas a alguien más? —Una sonrisa burlona apareció en los labios rosados de Nico, y sus ojos, mostrando soltura, se iluminaron cuando me vieron directamente. Decepcionada por sus palabras, agaché la cabeza y miré al suelo, como si fuera algo más importante que mis propios sentimientos.

—No… —Musité mientras sentía como mi corazón adolorido presionaba más mi pecho.

—Oh, ya veo —Levanté la mirada de nuevo, tratando de ignorar el dolor dentro de mí—. Perdón por haberte dado falsas esperanzas.

—Sabes… —Sentía una terrible dificultad al hablar. No sabía cómo expresarme en ese momento, era como si hubiera olvidado cual era el sonido de mi voz—, no tengo tiempo para conversar contigo, Nico.

—Ya lo sé, has estado bastante ocupada estas semanas —Su sonrisa se hizo más grandes, al punto de que podía ver sus perlados dientes blancos; parecía un gato con esa sonrisa maliciosa en su rostro—. Incluso te tomaste el tiempo necesario para hacer llorar a una chica muy testaruda —Como si fuera una arcada, las ganas de llorar volvieron a mí.

—Si solo te vas a burlar… —Tenía miedo de seguir frente a ella. Lo único que quería era escapar.

—No, no, Ayase… —Nico rió un poco, incluso sentí que la tensión se disipaba entre nosotras—. Hace mucho que no te llamaba así. Ahora me parece sumamente raro —Nico negó con la cabeza, deshaciéndose por completo de lo que estaba diciendo anteriormente—. No estoy aquí para molestarte, solo quería que me escucharas un momento —Nico me miró fijamente. Su sonrisa desapareció y, de nuevo, pude ver ese brillo melancólico que había descubierto en las vacaciones de verano reflejarse en sus ojos—. Tampoco vengo a incomodarte con lo que pasó hace unos días con Nozomi —Sus labios se movieron suavemente, como si el tiempo se detuviera de un momento a otro—. Tú no tuviste la culpa esta vez —Susurró Nico con tranquilidad.

—Perdón, Nico, pero de verdad estoy muy ocupada. Si no te importa, será mejor que me cuentes esto otro día.

—No hay otro día para poder contarte —Despacio, Nico llevó una de sus manos a mi barbilla y me obligó a levantar la mirada—. Mírate, estás horrible…

—Sí que te quieres burlar —Dije con falsa frustración, ni siquiera sabía cómo sentirme ante su hostil comentario.

—No, no es eso. Es solo que… Esas ojeras debajo de tus ojos no hacen que resalte el brillo azul que siempre solían tener. Y ese cabello… Eli, sé que no sueles preocuparte mucho por tu apariencia, pero al menos deberías de darte un tiempo en arreglarte un poco. Pareces una lunática cuando andas por los pasillos repartiendo volantes.

—Eso no es de tu incumbencia.

—Has trabajado mucho —La voz maternal de Nico golpeó fuerte en mi pecho—. Sabes, al verte, no puedo evitar sentir pena por ti.

—Odio que hagas eso. No tienes nada de qué preocuparte por mí.

—Lo sé, lo sé. Eres orgullosa, no dejarías que nadie… —Me miró a los ojos y, saboreando cada letra, volvió a repetir—, que nadie te ayude en lo más mínimo—El rostro de Nozomi imbuido en molestia regresó a mis pensamientos—. Pero entiende que hay cosas que no puedes hacer tú sola. Así que hoy, al menos, vine a ayudarte con eso del concejo estudiantil.

—No necesito ayu…

—Sí, sí, no necesitas ayuda de nadie. Pero Eli, date cuenta de que tú sola no podrás hacer todo por siempre. Necesitas ayuda, aunque no quieras aceptarlo, y ya no puedo quedarme solo viendo —Fue extraña la sensación de libertad que hicieron que mis hombros, de un momento a otro, se destensaran y cayeran suavemente, como si todo el tiempo estuviera soportando un gran peso.

—Si tan preocupada estabas, ¿por qué no me ayudaste antes? —Nico esbozó una sonrisa maliciosa—. No, espera, ya sé la respuesta.

—Así es, quería verte sufrir un poco. Para ver si así te dabas cuenta de lo cabeza dura que estabas siendo —Nico, repentinamente, tomó todos los folletos que tenía en las manos—. Además, es el castigo por hacer llorar a Nozomi —Nico me esbozó una amable y comprensiva sonrisa. No pude evitar sonreírle de la misma manera—. Vamos, te ayudare a entregar estos folletos mientras que tú vas al ensayo en el auditorio. Aunque no lo creas, Nico es una experta en este trabajo, puedo entregar mil folletos a todas las personas en una hora. Tiene que ver con el aura que irradio de confianza y belleza.

—Tu aura más bien parece sombría y desagradable —Nico, irritada, frunció el ceño, pero mantenía su temblorosa y ahora siniestra sonrisa en sus labios. Después de un momento, pensé en sus palabras—. Espera, ¿cómo sabías lo del ensayo?

—Detalles sin importancia. ¿Quieres que te ayude, sí o no? —Me miró escéptica y tratando de desviar claramente la conversación—. Vamos, mientras más ensayes mejor saldrá tu discurso. Además, si te ayudó, esta noche podrás descansar sin más preocupaciones —Nico dejó salir una sarcástica risa—. Bueno, una menos de todas las que seguro tienes.

Sin decir nada más, las dos salimos del aula. Nico se dirigió hacia la explanada central de la escuela, mientras que yo, antes de pasar por el auditorio, fui al baño a arreglarme. No sabía que lo que Nico decía era cierto, pero de verdad mi apariencia era más deplorable de lo que me imaginaba. Después de un rápido arreglo a las ojeras debajo de mis ojos y después de peinar mi desordenado cabello, fui directo al auditorio y ensayé toda la tarde.

Era verdad lo que decía Nico, sentía un peso menos sobre mis hombros, pero no por eso me sentía menos preocupada. Al contrario, ahora tenía más espacio dentro de mi cabeza para pensar en Nozomi, y su indiferencia después de que Nico se propuso en ayudarme. En mi cabeza, una escena perfecta se reproducía incesantemente, en la que después de que Nico me ofrecía su ayuda, Nozomi, animada y con su hermosa sonrisa de siempre, se acercaba a nosotras y también me ayudaba un poco. Pero incluso yo sabía que eso no iba a ser posible.

El día del festival por fin había llegado. Muy temprano por la mañana, la escuela se llenó de un mágico fulgor de las luces del amanecer, blancas y tenues que iluminaban los pasillos decorados y las enormes pancartas que figuraban en la fachada de la escuela. Algunas estudiantes se habían quedado a dormir en la escuela solo para ese día; todas estaban enteramente comprometidas a que todo saliera bien.

Cuando llegue a la escuela, mis compañeras de curso ya se preparaban para inaugurar la casa embrujada. Algunas le daban los últimos retoques a su vestuario. Las luces, tenues y de un intenso color carmesí (parecidas a la sangre), iluminaban el laberíntico espacio que ahora era nuestra clase.

Cuando llegué a la escuela y entré a mi aula, ahí ya estaban Nozomi y Nico, las dos separadas del grupo y conversando entre ellas muy animadamente. Nozomi, mientras cocía lo que restaba de su vestuario, veía a Nico con una bonita y enorme sonrisa. Al verla, no pude evitar sonreír yo también, aunque esa sonrisa me causaba cierta incertidumbre porque sabía que yo no era la razón de ella.

—Buenos días —Insegura aún por sus reacciones, me acerqué a ellas y las saludé normalmente.

Nico volvió la mirada hacia mí, esbozó una sonrisa enorme parecida a la de un gato travieso y correspondió a mi saludo. Sin embargo, una vez que escuché las palabras de Nico, regresé mi mirada a Nozomi, la cual solo se limitaba a sonreírme. Al verla, el sentimiento de incertidumbre dentro de mí desapareció. Sé que quizás no era mucho, pero al verla sonreír, sentí por un momento que lo acontecido días atrás nunca había pasado. Mi corazón latía fuerte en mi pecho, y el sentimiento de preocupación poco a poco desaparecía.

Por la tarde, Otonokizaka ya estaba llena de estudiantes de otras escuelas y de padres de familia que iban a acompañar a sus hijas para ver la escuela. Los clubes escolares ya comenzaban abrir sus respectivos puestos y la casa embrujada de nuestra clase ya comenzaba a atraer la curiosidad de las estudiantes. Algo extraño de todo eso fue que, antes de que comenzara la presentación de los discursos para la presidencia del concejo, volví a mi aula en busca de algo que había olvidado. Sin embargo, ahí no había rastros ni de Nico ni de Nozomi. Nico me importaba un poco menos debido a que sabía que me estaría ayudando a repartir los volantes como el día anterior. Pero se me hizo muy raro no ver a Nozomi a pesar de que se había esmerado mucho en ayudar a la idiota representante de la clase con las pequeñas tareas que le encargaba.

Solo faltaban unos minutos para que me presentara en frente de un auditorio lleno de gente. Mentalmente repasaba mi discurso, mecánicamente, ya que me lo había aprendido de memoria; si podía recordarlo, sabía que nada malo pasaría. Pero aún estaba el factor de los nervios, los cuales, conforme avanzaban los minutos, estos aumentaban haciéndome un gran daño en mi ya de por sí revuelto estómago. No sabía porqué estaba tan nerviosa, no era la primera vez que me presentaba ante un auditorio lleno de gente, e incluso sabía que lo que hacía ahora era menos estresante y vergonzoso que bailar frente a toda esa gente que me juzgaría por cada paso que hiciera bien o mal. Pero la situación que viva ahora era muy diferente, ¿por qué me sentía tan tensa y las ideas chocaban en mi cabeza? Sí, tienes razón en pensar que no solo el discurso vagaba libremente por mi mente, sino también el recuerdo de Nozomi que se sobreponía a esas ideas.

Frente al auditorio, esperaba el momento que llegara mi turno para presentarme. Mis manos estaban temblorosas y sudorosa. La tenue luz iluminaba a todas las estudiantes que ya presenciaban el discurso de una chica de segundo año que entrecortadamente daba su discurso; su voz, a pesar de ser suave y sutil, se escuchaba lejana para mí. Miré a mi alrededor, y me perdí viendo las urnas de votación que estaban a un lado de las escaleras del escenario; solo esas urnas determinarían quién sería la presidenta del concejo estudiantil, y ahora, al verlas ahí, esperando tranquilamente, la idea de ser la elegida se sentía muy, muy lejana.

—Agradezco la participación y el conmovedor discurso de Shirahane, Suoh-san —Habló la directora por el micrófono que estaba sobre el estrado. La chica anterior ya había terminado de dar su discurso, ahora sería mi turno de presentarme—. Le pido a la siguiente candidata que pase al estrado a dar sus propuestas de postulación, por favor —Tardé un poco en reaccionar ante la voz de la directora Minami—. ¿Eh? ¿Ayase, Eli-san? Por favor, la estamos esperando.

Era mi turno. Era también la última candidata. Después de mí, las votaciones comenzarían y ya no habría vuelta atrás. Tenía que hacer un buen papel, y dar mi mejor cara si quería ganar el puesto de presidenta del consejo estudiantil.

Di un paso al frente, dudosa ante mis acciones. Di otro paso, haciendo resonar la madera del auditorio. Di otro paso y sentí como mi corazón se paralizaba dentro de mi pecho. Cuando ya podía vislumbrar el estrado, me detuve repentinamente, y no fue contra mi voluntad, sino que alguien me detuvo.

—Deseo que puedas ser la presidenta… —No volteé a verla, porque, al escuchar su voz, pude sentir como la confianza y el latido de mi corazón regresaban con una increíble vorágine de sentimientos—, Elichi —Sus pasos resonaron detrás de mí, hasta dejar solo un eco eterno dentro de mi cabeza.

En ese momento pensé que era un fantasma, porque no pude sentir su presencia antes. Estaba tan distraída con mi incertidumbre que me costaba mucho pensar que realmente era Nozomi la que me había hablado de la nada; incluso pensé que era una ilusión diciéndome justamente lo que quería escuchar.

Caminé hacia el estrado, más confiada que antes. Miré a la directora, que ya me esperaba con impaciencia. Tome un profundo respiro y después exhale todo el aire, haciendo que este resonara con la amplificación del micrófono que estaba frente a mí. Miré a todas las estudiantes que me veían atentas; a ese mar de ojos curiosos que esperaban el momento en el que comenzará a hablar.

Mecánicamente, comencé a recitar mi discurso. Carecía de sentimiento, solo decía al pie de la letra lo que había planeado, tan metódicamente que seguro me parecería cansado si lo escucho a día de hoy. Sentí como el tiempo fluía dentro de mi cuerpo, conforme las palabras carentes de vida salían de mis labios. Cuando dije las últimas palabras me encontré envuelta en una cálida ovación y en una lluvia de tenues aplausos. Aliviada porque por fin había terminado todo lo que tenía que hacer, suspiré y bajé del estrado, sin quedarme a ver la reacción de las estudiantes; dentro de mi cabeza eso no hacía falta ya que pensaba que lo había hecho muy bien a comparación de las demás candidatas.

Los aplausos repentinos cesaron en el auditorio, mientras yo volvía detrás de bambalinas. Al dar un paso detrás del escenario, me encontré con un sorpresivo encuentro.

—Lo hiciste bastante bien —Nico estaba detrás del escenario y, para mi sorpresa, iba vestida de manera inusual—. Parece que lograste captar la atención de todas las estudiantes. Incluso yo solo bostece un par de veces. Te felicito.

—G-Gracias… —Miraba de arriba abajo su vestimenta ostentosa y que no pegaba nada en ella—. Nico —me atreví a preguntarle—. ¿Por qué vas vestida de esa forma? —Sin embargo, creyendo que mi pregunta se contestaba sola, no insistí más en ello—. Oh, ¿es por la casa embrujada de nuestra clase? ¿No sabía que también participabas? —Una sonrisa apareció en sus labios. Por su expresión, sabía que se iba a burlar de mí en cualquier momento.

—Claro, estoy ayudando en la clase. Después de que casi golpeó a la representante de la clase (cosa que hice solo un poco), me dieron el papel estelar en esa casa de los sustos. Es increíble, ¿verdad?

—Basta, ya sé que te estas burlando de mí —Nico esbozó una sonrisa aún más grande y rió con entusiasmo—. ¡Suficiente, no es divertido! —Mis quejas se vieron interrumpidas de pronto.

—Ahora, y debido al tiempo con el que contamos… —La voz de la directora captó repentinamente mi atención, ella había vuelto al escenario, pero, extrañamente, el estrado que habíamos utilizado para los discursos ya no estaba ahí. Solo estaba la directora que animada sostenía el micrófono cerca de sus labios y hablaba con emoción—, tenemos que empezar con la presentación de los clubes que van a utilizar el auditorio. Las votaciones se pueden llevar a cabo en cualquier momento. Hay encargadas cerca de las urnas que tomaran en cuenta sus votos. Mientras tanto, quiero que disfruten un espectáculo muy especial. Pero primero, quiero que todas las candidatas que se presentaron para el puesto de concejo estudiantil tomen asiento al frente del auditorio, por favor.

—Creo que te llaman, Eli —Extrañada, volví a ver a Nico—. Siéntate lo más cerca del escenario, seguro que es donde podrás ver mejor el espectáculo.

—¿Espectáculo? ¿A qué te…? —Sin poder terminar de hablar, Nico comenzó a empujarme y me obligó a ocupar un lugar frente al escenario. Después, desapareció detrás de mí sin decir una sola palabra.

Nerviosa, miraba hacia todos lados del escenario. El desconcierto no era solo mío, ya que mis compañeras candidatas tampoco parecían saber de lo que se traba el espectáculo y porque habían sido convocadas frente al escenario.

—Nuestro primer acto del día es por parte de… —Animada, la directora soltó una risita—. Lo lamento —Se disculpó mitras volvía a reír con tranquilidad—. El equipo de "Las brujas de la luna plateada" prepararon un espectáculo muy especial para todas nosotras y me pidieron que las candidatas estuvieran presentes para presenciarlo —Una ola de susurros comenzó a tomar posesión del auditorio y todos concordaban en una cosa: no saber de lo que se trataría aquel espectáculo.

La directora salió con pasos apresurados del escenario mientras que un estruendoso sonido, como el pitido sordo de una alarma, anunciaba que estaba punto de comenzar lo que sea que fuera a comenzar. De pronto, el sonido de bisagras rechinantes resonó entre un silencio que poco a poco se iba creando en el auditorio, y el telón color escarlata se fue abriendo de par en par.

Oscuridad, al principio era todo lo que reinaba en el escenario, hasta que una luz blanca de un reflector enfocó a una chica que apareció de rodillas en el centro.

—Oh, por fin puedo regresar aquí, donde todo comenzó —La voz de la chica resonó fuerte en todo el auditorio, como si fuera un potente trueno. Al momento de escucharla, sentí como mis sentidos se agudizaron de una extraña manera. Sabía quién era la que estaba en medio del reflector y, al escucharla, al verla hecha un ovillo en el suelo, no pude evitar perder el aliento.

—¡¿N-Nozomi?! —Grite repentinamente y, al instante, me lleve las manos a la boca para silenciar el repentino grito que ya había salido. Volteé a mi alrededor, las demás chicas se me quedaron viendo por la inoportuna interrupción de esa que parecía ser una obra de teatro.

—He caminado tanto. Viajado por sofocantes desiertos repletos de una inmensa eternidad. Atravesando por las cumbres de las más empinadas montañas. Y navegado por los tormentosos mares del mundo, para finalmente llegar aquí —La mirada de Nozomi se levantó hacia el público, dejándome apreciar su vestimenta completa—, a Otonokizaka, hogar de la más terrible bestia que desde hace años me ha estado atrayendo a su guarida.

De sus hombros colgaba una capa de color negro, con unos extraños y mal hecho bordados de lunas y estrellas; un vestido largo y de color púrpura relucía con el color tenue del reflector que la iluminaba; y en su cabeza llevaba su típico sombrero de bruja, puntiagudo y negro.

Una repentina música dramática inundó el lugar y, de pronto, dos figuras más aparecieron en el escenario. Los reflectores iluminaron a las dos chicas con luces azules y rojas.

—¡¿Quiénes son ustedes?! —Gritó fuerte Nozomi, dirigiéndose a las dos chicas.

Ambas levantaron la mirada hacia el público. Pensé que ya no podría sorprenderme más, pero al verlas a los ojos mi corazón no pudo evitar dar un fuerte brinco dentro de mi pecho. El par de ojos color púrpura de la chica de cabello largo y negro me veían con detenimiento, para después perderse en el resto del público. Lo mismo pasó con la otra chica de cabello color castaño, corto y esponjoso. Ambas llevaban un vestido de una pieza, de color rojo y azul respectivamente. No me podía creer que ellas estuvieran en el escenario… ¿Cómo era que se llamaban? Oh, sí, ya recuerdo: Kumiko y Reina; las chicas que había golpeado.

—¿Así que tú eres esa horrible bruja que busca a la princesa que está encerrada en esta escuela? —Dijo la chica de cabello negro (Reina), mientras veía con desdén a Nozomi.

—¡No hay ninguna princesa aquí, solo un monstruo que devoró todos mis recuerdos!

—Eso no es verdad. Aquí no hay destrucción, perdición u olvido, solo hay una dulce princesa que ha estado dormida por una eternidad —Contestó ahora Kumiko, mientras veía con desinterés a Nozomi.

—¡Mienten! —En ese momento Nozomi parecía estar inmersa en su papel, aunque no sabía muy bien cual era tal papel—. Se que esconden la perdición, sé que esconden lo más peligroso en este mundo. ¡Díganme dónde está! —Repentinamente, y como si fuera una espada, Nozomi desenfundo una varita de madera decorada con luces de colores—, o les dejare caer la peor de todas las maldiciones.

—Espera, espera —Dijo Reina acercándose dramáticamente a ella—. No queremos problemas. Ya suficiente tenemos con cuidar a la princesa después de que cayó dormida por esforzarse demasiado en buscar sus recuerdos perdidos.

—¡No me interesa! —Un fuerte estruendo resonó en el auditorio, mientras que una luz roja tomó posesión del escenario. Nozomi agitaba la varita de un lado a otro y con esos ademanes hacía retroceder a Kumiko y a Reina—. Si aquí hay una princesa como dicen, lo único que puedo hacer es liberarla de sus dos carceleras.

—¿Nosotras, sus carceleras? —Kumiko se acercó despacio hacia Nozomi y, con cada sonido de estruendo que salía de las bocinas del teatro, fingía esquivar los ataques de Nozomi, la cual movía la varita de un lado a otro—. Ella fue la que se buscó su destino. Fue su culpa por no haberte escuchado, ¿recuerdas?

—No sé a lo que te refieres —Nozomi dejó de mover la varita y prestó atención a las palabras de las dos chicas—. ¿Cómo que no me escuchó? —Dramáticamente, se llevó las manos a la cabeza y, como si tuviera un gran dolor, se dejó caer al suelo sin soltarse la cabeza—. ¡Yo no lo recuerdo! ¡Yo no recuerdo nada de lo que me dicen!

—Pero si te duele la conciencia quiere decir que algo dentro de ti quiere salir —Dijo Reina mientras, paso a paso, se acercaba a Nozomi, haciéndola retroceder asustada—. Lo sabes. Tú fuiste la causante de los problemas de la princesa. Tú fuiste la que la dejó en un estado deplorable y al borde de la muerte.

—¡No! Yo no pude haberlo hecho… —La actuación de Nozomi era exagerada. Se tomaba la cabeza como si de verdad le doliera y pequeñas lágrimas escapaban de la comisura de sus ojos. Por un momento pensé que no estaba actuando, haciendo inevitable que recordara de nuevo el día de la pelea que tuve con las que ahora estaba actuando en el escenario—. Yo solo quería ayudarla. Yo estoy aquí para ayudarla.

—Pero no la escuchaste —Kumiko, con una sonrisa autosuficiente, comenzó a acorralar a Nozomi en el borde del escenario—. Ella no quiere tu ayuda. Ya le hiciste suficiente daño. Ahora es mejor que te vayas…

—¡Nunca me iré hasta que sepa la verdad!

—La verdad es que no la ayudaste lo suficiente. Ella quería ser libre. Quería caminar con sus propios pies. Tenía un sueño: ser la primera en tomar el puesto para salvar este lugar. Pero tú fuiste…

—¡Egoísta! —El eco de la voz Kumiko sonó dramáticamente en todo el auditorio. Una intensa luz carmesí iluminó a Nozomi, como si le hubieran asestado un golpe mortal.

—No, yo…

—¡Solo te preocupabas por ti! —Otro estruendo impactó en Nozomi, y ella, actuando sumamente debilitada, llevó su mirada a las baldosas de madera del escenario.

—Eso no es… —Nozomi tomó de nuevo su varita. Sus puños se cerraron y, con furia marcada en su rostro, miró a las dos chicas—. ¡No es cierto! Yo no soy egoísta. Siempre quise ayudarla… Ahora lo recuerdo todo —la mirada de Nozomi se dirigió al público, mientras agitaba su varita de un lado a otro. Un sonido de mágicos cascabeles resonó de pronto y luces claras iluminaron el escenario—. Le otorgue tantas veces mi ayuda, pero ella no podía ver ni escuchar lo que yo decía. ¡Sí! Ella no podía ver ni oír nada porque una maldición cayó sobre ella. Una maldición que la dejó ciega y sorda.

—Eso es verdad, pero… —Nozomi apuntó a las dos chicas con firmeza, y una luz destellante se iluminó con los reflectores. La luz era tan cegadora que, repentinamente, cuando mi mirada se aclaró, vi cómo tanto Kumiko como Reina estaban debilitadas en el suelo.

—Pero también fue mi culpa —Dijo Nozomi con pena, y se volvió hacia el público. Pude ver sus brillantes ojos esmeraldas debajo de su sombrero, y una hermosa sonrisa que iluminaba todo su rostro—. Por mi culpa, y por un hechizo que no salió bien, la princesa de este lugar quedó ciega y sorda. Fue por un ataque estúpido de furia la razón por la que ella está en ese estado, y que quisiera tercamente hacer todo por su cuenta cuando no podía ver ni escuchar —agachó la cabeza con pena y, no sé si era por la emoción del momento, pude ver como un par de lágrimas luminosas caían despacio hacia la madera del escenario—. Ella solo quería ser la princesa de este lugar, y yo le arrebaté ese sueño.

—Es verdad…—Reina se puso de pie y se dirigió a Nozomi—. Fue tu culpa que ella cayera enferma después de que se esforzó tanto.

—Pero tú también te has esforzado por llegar aquí —Kumiko se levantó, corrió a lado de Nozomi y la tomó sorpresivamente de las manos—. Atravesaste múltiples dificultades para llegar de nuevo con tu amada princesa. Cruzaste los más tempestuosos mares de tu conciencia para poder llegar a descubrir la verdad. Lo hiciste bien, bruja de la luna plateada, pero ya es hora de que descanses.

—¡Jamás descansaré! —Nozomi levantó la mirada y apuntó su varita al cielo—. ¡No descansaré hasta encontrarme con mi princesa y regresarle lo que yo le arrebate!

—Comprendo que ese es tu deseo —La voz de Reina parecía comprensiva—. Y ahora que descubriste la verdad y pasaste por un infierno de pruebas, puedes volver a ver a tu princesa —El sonido de una puerta resonó en las bocinas mientras que Reina y Kumiko hacían un ademán a la nada—. Vamos, tu princesa se encuentra por aquí.

Un suave chirrido resonó en todo el auditorio y, repentinamente, una mesa con rueditas apareció detrás del telón. Mis ojos se abrieron con sorpresa al ver a la chica que menos esperaba acostada en esa mesa. La chica llevaba puesto un vestido desgastado de color azul claro y en la cabeza llevaba una peluca rubia; aunque algunos mechones de su cabello negro salían por los lados. De no haber sido por eso, y porque sus facciones aniñadas se podían ver claramente, jamás pensé que la chica que estaba postrada en esa mesa fuera Nico.

—Oh —Nozomi volvió a captar mi atención—, mi princesa. Perdón por todo el daño que te he hecho. Ahora mismo te…—Nozomi desenfundó su varita y, con un hábil movimiento, apuntó a Nico con ella. Un sonido reverberante de chispas comenzó a reproducirse por los altavoces—. ¡¿Por qué?! ¿Por qué no funciona mi magia?

—La magia no es suficiente para despertarla —Kumiko apareció detrás de Nozomi y se acercó a ella con premura—. ¿Acaso no has aprendido nada de cómo ayudarla?

—Es verdad. Tu arcaica e ineficiente magia no la curará. Necesita algo más puro. Una magia ancestral que siempre ha existido en este mundo —Dijo Reina con una voz tranquila y con sus manos juntas cerca de su pecho.

—Yo… ¡Yo no sé nada de esa magia! —Nozomi se acercó con pena la lecho donde estaba Nico—. Perdóname, mi princesa. Lo único que puedo hacer para aliviar tu pena es pedirte perdón por todo lo que hice. Perdón por ser egoísta, perdón por haberte causado tanto daño… —Despacio, Nozomi se acercó al rostro de Nico y le acarició tiernamente las mejillas—. Perdón por olvidar nuestra promesa… —Los labios de Nozomi se acercaron peligrosamente a la frente de Nico y una vorágine de sentimientos comenzó a brotar en mi pecho y se expandió por todo mi cuerpo. Sin embargo, lejos de que sintiera malestar por ver a Nozomi tan cerca de Nico, el recuerdo de las vacaciones de verano junto con ella regreso a mis pensamientos. Fue entonces cuando recordé el tierno beso que me había dado en la mejilla.

Un mágico sonido tomó posesión de todo el auditorio, y una luz clara iluminó por completo el escenario. El sentimiento que brotaba dentro de mí se sentía cálido en mi pecho y escalaba hasta mi rostro. Ver a Nozomi actuando en el escenario, en una obra que parecía ir dirigida a mí, me hacía sentir sumamente feliz. Tan feliz que no pude contener las ganas de derramar un par de lágrimas que ya empapaban mis mejillas.

—Mmmm —La voz de Nico me hizo volver a la realidad—. ¿Qué fue lo que me paso? —Despacio, Nico se incorporó en la mesa donde descansaba y su mirada inmediatamente fue a parar al rostro de Nozomi—. ¿Eres tú?

—Claro que soy yo… —Nozomi se lanzó a los brazos de Nico y la abrazó con fuerza—. Estoy tan feliz de que hayas despertado.

—¿Pero qué…? —Nico, con premura, se llevó las manos a los oídos y después a los ojos—. Puedo ver… —Esbozó una sonrisa temblorosa—, y también pudo escuchar tu voz.

—Estoy tan feliz… —Nozomi no dejo de abrazar a Nico. Las ganas de gritar volvieron a mí; creo que ya habían estado juntas el tiempo suficiente. Ahora quería subir al escenario y sepáralas—. Oh, mi amada princesa de las estrellas, estoy tan feliz de que vuelvas a ver y oír.

—No… —La voz de Nico iba en decremento—. Realmente nunca deje de oírte cómo piensas. Ni tampoco deje de verte. Es solo que…

—Ya lo sé. Fue mi culpa que solo a mí no me pudieras ver. Fue mi culpa que estuvieras tan exhausta como para mantenerte en pie.

—¡No! También fue mi culpa por no saber cómo actuar frente a ti. También fue mi error por no haber aceptado tu ayuda.

—Princesa —Nozomi se tapó la cara y fingió que sollozaba; aunque en ese momento me parecía que ya no estaba actuando—. Perdóname por todo lo que te he hecho.

—Bruja de la luna plateada… —Nico llevó una mano a las mejillas de Nozomi y la obligó a que la viera a los ojos—. Yo te perdonaría todas las veces que fueran necesarias… para poder verte sonreír.

Las dos se fundieron en un eterno abrazo, mientras que una melódica música resonó de fondo. El chirrido del telón volvió a devorar al ruido y, despacio, las cuatro chicas que interpretaban la obra desaparecieron detrás del telón.

Un mar de aplausos consumió por completo lo que restaba de silencio. No sé si realmente el público aplaudía por compromiso o porque la obra de Nozomi y las demás chicas las habían conmovido. En mi caso, solo sentía el palpitar impávido de mi corazón y escuchaba cada latido en mis orejas. Tenía unas enormes ganas de levantarme e ir a buscar a Nozomi. Pero, cuando apoyé un pie en el suelo para levantarme de mi asiento, las cuatro chicas aparecieron de nuevo en el escenario, entre aclamaciones y aplausos.

Los ojos verdes y hermosos de Nozomi se encontraron con los míos y me dejaron hipnotizada y sin la capacidad de moverme.

—Nozomi hizo un gran esfuerzo para hacer esta obra… —Era tal mi concentración en sus hermosos ojos que no me había dado cuenta de que tenía un micrófono en las manos—. Yo… Yo quería ayudar a Elichi en todo lo que pudiera —Sus palabras me dejaron confundida—. Es ella… —Me señaló con ánimo—. Ella trabajó muy duro, todos los días y sin descanso para poder ser la presidenta del concejo estudiantil —Sus palabras me conmovían al punto de que me sentía derretida por ellas—. Ella es muy trabajadora y siempre me ayuda en todo lo que Nozomi no pueda hacer… —de pronto, comenzó a hacerse el silencio entre las estudiantes—. Siempre se esfuerza por mí y por las demás personas, es muy responsable y siempre me cuida mucho. Me da de comer y juega conmigo. También juega con Homura-chan, aunque hoy no pudo venir porque estaba enferma. Y también… también… —Sus ojos se volvieron a encontrar con los míos; tenían un brillo de vehemencia. Una sincera y bella sonrisa se esbozó en sus labios—, yo la quiero mucho, mucho… Esta obra era lo único que podía hacer para agradecerle todo lo que ha hecho por mí. ¡Y también me divertí mucho en hacer la obra junto a Nicochi, junto a Reina-chan y Kumiko-chan! Así que, por favor, apoyen a mi nov… —Nico se acercó rápidamente a ella y le tapó la boca antes de que dijera algo innecesario.

—Sí, sí, apoyenla y gracias por sus aplausos. —Dijo Nico mientras se llevaba a Nozomi a rastras fuera del escenario. Detrás de ellas, Kumiko y Reina las siguieron para por fin desaparecer detrás del telón.

Me quedé inmersa en mis pensamientos, solo viendo el telón rojo del escenario. No sabía muy bien cómo reaccionar aún. De pronto, el sonido de cuchicheos inundó al auditorio como una marea; en más de una ocasión pude escuchar mi nombre entre los susurros de las estudiantes. Solo me dejé llevar por las olas de las voces, hasta que ya no pude escucharlas más.

Aun un poco indecisa, salí del auditorio. Las estudiantes ya habían comenzado a votar para el puesto de presidenta del consejo estudiantil. Los resultados los darían hasta la clausura del festival.

Caminé por los pasillos de la escuela, viendo entre las clases y con la mente en una sola persona: Nozomi.

La busqué por todas partes: en nuestra clase, en los puestos del festival, pero no la encontré en ningún lado. Era en ella en lo único que podía pensar. Quería encontrarla rápido y… bueno, no sabía qué le diría cuando la encontrará. Quizás me disculparía con ella y le agradecería por las palabras que me había dedicado en el escenario. O quizás le preguntaría porque lo había hecho. Mientras pensaba en eso, continúe caminando sin rumbo en busca de Nozomi.

Mi búsqueda duró horas. La luz del ocaso ya devoraba los pasillos de la escuela y el suave y tibio viento de otoño refrescaba en cada rincón. Estaba un poco cansada de buscar a Nozomi y no encontrarla. Lo único que me quedaba era esperar a escuchar los resultados de la elección, pero era tal mi cansancio que había perdido el interés en ello.

Cansada, fui por mis cosas y, al entrar a mi aula, justamente saliendo de la casa embrujada, pude ver a dos chicas que seguro sabían dónde se encontraba Nozomi.

—Eso fue aterrador

Me acerqué a la pelinegra que había salido de la casa embrujada junto a la chica de cabello esponjoso y castaño.

—Bueno, no me dio tanto miedo como esperaba.

—Pero si estabas temblando y te aferrabas a mi mano con fuerza. Mira, Reina, aun me duele la muñeca.

—Yo no hice tal cosa. Quizás fue…

—D-Disculpen… —Trate de meterme entre su conversación. Las dos volvieron sus miradas hacia mí y me vieron con desconcierto.

—Oh, Ayase —Dijo Reina tratando de guardar la compostura—. ¿Qué quieres? —La actitud de esa chica aún no me agradaba. Aun así, tenía que olvidar eso y preguntarles acerca de Nozomi.

—¿S-Saben dónde está…?

—¿Nozomi? —Dijo Kumiko mientras se llevaba un dedo a los labios—. Sabes, siento que ya tuvimos esta conversación antes. Es como un déjà vu.

—Tienes razón. Fue después de que ella nos golpeó.

—¡Yo no! —Desvié la mirada y sentí como el calor aumentaba en mis mejillas—. ¿Saben en dónde está o no? No quiero perder el tiempo con ustedes.

—No me importaría decirte —Dijo Kumiko—. Está en el mismo lugar donde nos encontraste esa vez.

—¿Puedes ser más específica?

—No. Ahora nos vamos. Si no te importa, quiero bailar con Kumiko en la fogata —Reina tomó a Kumiko de la mano y caminaron las dos juntas por el pasillo.

—¿Qué fue eso? —Suspiré decepcionada mientras pensaba en lo que habían dicho.

Sentí un pinchazo en el corazón al rememorar los recuerdos que me traían sus palabras. Creo que sabía a lo que se refería con déjà vu. Yo también lo recordé, recordé los días después de la pelea, y a mi cabeza regresó el recuerdo de la primera confesión de Nozomi.

—La azotea —Musité.

Caminé veloz hacia las escaleras que llevaban a la azotea. Estaba anocheciendo, lo que quería decir que el festival terminaría pronto. Una suave luz crepuscular, que se había tornado de un misterioso púrpura, iluminaba el cielo. La luna ya se veía en el horizonte; era luna llena y brillaba de un hermoso color plateado.

Al llegar a la azotea y abrir la puerta, una ráfaga de viento golpeó mi rostro; causándome picor en los ojos. Al regresar la mirada, el cielo pintado de púrpura y los últimos albores del ocaso contrastaron con la silueta de la chica que formaba parte de esa efímera pintura.

—Oh, Elichi…

Nozomi estaba acostada boca arriba en el suelo de la azotea. Apenas me vio, una radiante sonrisa, parecida a los rayos de un hermoso amanecer, tomó posesión de su rostro. Despacio, me acerqué hacia ella tranquilamente, mientras que el viento otoñal con olor a cenizas me acariciaba el cuerpo. Sentía una opresión al ver a Nozomi acostada, completamente sola, en ese lugar. Pero su sonrisa me hacía sentir menos temerosa.

—¿Qué pasa? —Su sonrisa se hizo más grande; se veía muy linda.

Aún no sabía qué decir. No había encontrado las palabras que deberían comenzar nuestra conversación después de días sin hablarnos.

—Oh, ¿ya anunciaron al ganador de las elecciones? Estoy segura que Elichi ganara. Es la mejor candidata y, después de lo que dije estoy segura que todas te escogerán —Mis labios temblaron, las palabras querían salir de ellos y por fin lo lograron.

—¿Por qué lo hiciste? —Fue simple y contundente, pero, incluso para mí, esas palabras tenían un sentimiento amenazante; aunque no pretendía que fuera así.

—¿N-No te gusto? —La sonrisa de Nozomi permanecía en su rostro, pero ahora me transmitía tristeza y pena—. Pensé que te gustaría esa sorpresa, pero ya veo que aun sigues enojada conmigo. N-No te culpo, sé que debes de estar muy enojada y que…

—¡No, no! —Me apuré a decir y me acerqué nerviosa a su lado—. No es lo que quise decir —Repentinamente, la tomé de los hombros—. Perdón, Nozomi, no era mi intención que sonara de esa manera.

—¿No estás enojada?

—No, para nada —La miré comprensiva—. Es solo que yo… —Tomé un profundo respiro antes de seguir hablando—. Yo me sentí muy extraña cuando te vi actuar en el escenario, no pensé que harías eso. N-No es como si no me hubiera gustado, de hecho… —Sentí como una sonrisa aparecía involuntariamente en mi rostro—, me gustó, ¡me gustó mucho verte actuar! —Sentí calor en mis mejillas, hasta mis orejas se sentían calientes en ese momento—. Disfrute mucho tu obra de teatro, y tu historia, y lo hermosa que te veías. Me divertí mucho y…

—¡¿De verdad?! —Nozomi se acercó de golpe hacia mí—. Menos mal, pensé que no te iba a gustar, y que te enfadarías más conmigo, y que…

—Nunca podría enfadarme. Es solo que… —agaché la mirada—, es solo que me sorprendió un poco —Dije con timidez. Me sorprendía que pudiera avergonzarme de esa forma tan… infantil.

—Me alegra que te haya gustado, Elichi.

Repentinamente, Nozomi me tomó de las manos. Despacio, hizo que me sentara en el suelo de la azotea como si fuera lo más normal del mundo y, de pronto y sin siquiera avisarme, se acostó en mi regazo.

—¡N-Nozomi! ¿Qué es lo que haces?

—Es cómodo —Dijo tranquilamente—. Es la mejor almohada del mundo.

Mi mirada se quedó perdía en su rostro. Ella descansaba plácidamente en mis piernas. Podía sentir su calor corporal escalar por mi piel, su cabello suave y su dulce aroma parecido a flores de durazno. Dejándome llevar por esa sensación, me quedé en esa posición deseando no moverme jamás.

—Elichi —Su voz resonó incluso más fuerte dentro de mí, haciendo que todos mis sentidos despertasen—. Perdón… —Sorprendida, miré su rostro. Sus ojos estaban cerrados, pero sus párpados temblaban, como si estuviera a punto de llorar—. Perdón por todo lo que te hice.

—¿Nozomi? —Apresurada, negué con la cabeza—. No, tú no hiciste nada malo. Yo fui la que…

—¡No! Eso es una mentira. Tú no tuviste la culpa Elichi —Sus ojos se abrieron. La luz de la luna resplandeció en sus pupilas e iluminó de plateado su blanca piel—. Yo fui muy egoísta esta vez. Fui tan estúpida y terca. Te dije tantas cosas horribles y, y… —Lágrimas comenzaban a deslizarse por sus mejillas—. Realmente no merezco que me perdones. Perdón por comportarme como una niña.

—No es tu… —Nozomi negó desesperada con la cabeza. Sus lágrimas bajaron por mi regazo, empapándome las rodillas.

—Tenía miedo de perderte. Tenía miedo de que te tomaras en serio lo que te dije —Un suave sollozo resonó fuerte entre nosotras, apenas opacado por el sonido del viento crepitante—. No es verdad que ya no quiera ser tu novia —Sus palabras presionaron fuerte mi corazón, pero ya no eran afiladas agujas que se adentraban dentro de mí, sino que ahora eran como dolorosas caricias—. Yo te quiero, Elichi, de verdad te quiero mucho. Pero me sentía tan confundida y tan enojada porque no me ponías atención. Todo lo que quería era gritar y llorar y no sabía qué hacer. Nunca me había pasado y me daba miedo, mucho miedo.

—Nozomi… —Suavemente musité su nombre, sintiendo como con solo eso mi corazón latía con desesperación—. Perdón por no haberme dado cuenta de lo que estabas sufriendo.

—¡No! ¡No fue tu culpa! —La voz de Nozomi era aguda entre los sollozos—. Perdóname.

Despacio, llevé mi mano a su rostro y toqué su suave piel. Traté de enjuagar sus mejillas empapadas por las lágrimas. Su piel irradiaba un calor muy intenso y estaba tan roja como el pasado ocaso. La vi con tristeza a los ojos, esos ojos cristalinos que a gritos me pedían que la perdonara. Con dificultad esbocé una sonrisa y las palabras salieron suavemente de mis labios.

—Te perdono, Nozomi —Una sonrisa temblorosa se dibujó en su rostro—. Yo te perdonaría todas las veces que fueran necesarias… para poder verte sonreír. —Repentinamente reí al recordar y decir una frase de su obra.

—Gracias… —Musitó Nozomi entre suaves hipidos—. Gracias por perdonarme, Elichi…

—Tú también me tienes que perdonar por haberte ignorado todo este tiempo —Nozomi negó con la cabeza y yo solté una suave risa que fue devorada por el viento—. Vamos, ¿acaso no me vas a perdonar? —Nozomi sonrió dulcemente y también rió.

—Te perdono, Elichi —Tranquilamente, apretó los párpados, dejando que las últimas lágrimas se deslizaran por sus mejillas. Un poco más tranquila, presionó suavemente su cabeza contra mi regazo. Su piel estaba sumamente cálida, al punto de sentir como me quemaba— ¿Elichi?

—¿Qué pasa?

—Estoy muy cansada. ¿Te importaría que duerma un poco en esta posición? —Un poco más tranquila, acaricié su rostro, apartando unos cuantos mechones de su hermoso cabello. Quería verla bien, de cerca, ver su sonrisa que poca a poco desaparecía y sus ojos que despacio se ocultaban detrás de sus párpados; realmente parecía estar exhausta— ¡Oh! Pero seguro que tienes que regresar al auditorio para que recibas tu premio por ganar, ¿verdad? —Negué con la cabeza, mientras la veía de forma comprensiva.

—No importa… —Le susurré al oído—. Seguro que estás cansada después de una hermosa actuación en el escenario —Acaricié sus mejillas, era muy suave y en ese momento se sentía… —Trabajaste muy duro ¿verdad, Nozomi? Tu actuación de verdad me conmovió. Pudiste cumplir tu deseo de hacer una obra de teatro.

—Si… —La voz de Nozomi era débil—. La próxima vez… —Su voz apenas si se escuchaba; comenzaba a adormilarse—. La próxima… Elichi y yo… —Sus labios se abrían y cerraban—. Vamos a hacer una obra juntas… —Sonreí al escucharla y, tiernamente, acaricié su cabello.

—Claro… —De su boca entreabierta salía un hilo de aire cálido. Se había quedado profundamente dormida—. Es una promesa.

Nozomi durmió durante todo lo que restaba del festival. Abajo, en la pista de atletismo, ya se escuchaba la música y los gritos de las estudiantes que seguro bailaban alrededor de la fogata. El sonido crepitante y del viento consumió todo silencio, y el fuego de la fogata se levantaba hasta el cielo, pintando la oscuridad con motas color carmesí brillantes. Nozomi durmió y durmió, como la bella durmiente…

Y no volvió despertar.


Espero que les haya gustado este capitulo. La verdad creo que quedo muy bonito. Me gustaria saber mucho su opinión; haganmela saber en la parte de las Reviews (Chale, eso último me recordó a tipico Youtuber chafa jajaja)

Bueno, en el capítulo pasado ya venían premeditando que Nozomi se estaba pasando con la pobre Eli, y que estaba siendo desconsiderada ya que esta historia siempre ha estado centrada en ella. Estoy de acuerdo con eso, pero dejen que les diga que en este capítulo pudimos ver como era el sentir de Nozomi y por el momento difícil y confuso por el que estaba pasaba; recuerden que algo le pasa, lo que hace que sus sentimientos sean más fuertes y doloroso dentro de ella. Por cierto. ¿Qué le habrá pasado al final? ¿Qué creen que pase en el siguiente capítulo? ¿Eli seguirá prestando atención a otras cosas o volverá a su tarea de ayudar a Nozomi? Bueno, para saber qué pasó al final, tendrán que esperar un poquito, ya que el capítulo siguiente es un especial donde descubriremos cómo fue que Nozomi y las demás hicieron la obra de teatro.

Muchisimas gracias por seguir apoyando día con día y actualización tras actualización esta historia. Se que les gusta mucho y yo también estoy disfrutando escribirla últimamente porque poco a poco las piezas de este enorme rompecabezas llamado Linda Locura comienza a encajar en mi cabeza. Mientras respondo las Reviews, quiero decirles algo importante, pero lo publicare en Facebook. No olviden en darle Like a la pagina si quieren saber de qué se trata: Biso47 Fiction

SilentDrago: Bueno, es verdad que Nozomi y Eli no habían peleado, pero esta parte la tenía planeada porque quería que notaran lo inestables que son los sentimientos de Nozomi. No solo fue por la pelea, sino que esperaba que se dieran cuenta de la sobrerreacción de ella para poder descubrir mas misterios en los siguiente capítulos. Por otra parte, no te preocupes por el castigo a la representante de la clase, que, por si nadie noto, fue un cameo de una desvergonzada y cínica chica de otra de mis historias. Finalmente, agradecerte todo el apoyo que siempre le das a esta historia y por regalarme un poco de tu tiempo. Te deseo lo mejor en estos días.

FIRESTORM from Lunarian Empire: Es un gusto de verdad tenerte de vuelta. Me agrado como no tienes idea volver a ver una Review tuya por aquí; me hubiera gustado volver a ver tu show espectacular de entrada, espero que si llega a haber otra Review vuelvan esos momento epico. Por otra parte, lamento leer lo que te paso estos últimos días; de verdad lo entiendo, es algo muy frustrante que se te roben el celular y estar incomunicado del mundo, pero de verdad dejame decirte que aprecio que compartas un poco de tu vida conmigo y que te hayas acordado de mi historia a pesar de todo; de verdad gracias. Pasando a La Review del capitulo, que bueno que te gustaron los capitulos pasado, y me alegra escuchar que los sentimientos de esta historia te hayan conmovido de alguna forma; ya sabes que mi idea es trasmitir lo que en mi cabeza habita de forma que todos lo que leen Linda Locura puedan sentir los sentimientos de Eli y de Nozomi. Por cierto, que buena reacción con lo del capítulo de "YukAri" parece ser que Densa-chan volvió despertar las ganas de golpearla jajaja, pero no la culpes tanto, ella es asi y tiene que vivir con ello cada día; ya es suficiente sufrimiento. Realmente te digo que agradezco mucho el tiempo que me das al leerme, y que realmente no necesitas presionarte por dejar una Review a tiempo, últimamente he comprendido a apreciar esas Reviews inesperadas, como la tuya, que me llenan de alegría y emoción por dentro; además de comprender de que como tú y los demás que me hacen el favor de leer, tiene muchísimas ocupaciones; por eso, aunque suene repetitivo, te agradezco muchisimo por tu tiempo. Y bueno, espero que estes muy bien y nos leemos pronto.

Robin Schultz: Casi no se notó tu ausencia debido a que siempre me apoyas en Facebook, así que sé que siempre estas pendiente a esta historia; muchas gracias. Pero también es bueno volverte a ver por aquí. Y bueno, tienes un buen punto en decir que Nozomi se puso muy mal, pero, como ya dije antes, sus emociones son más agudas y se expresan con más fuerza debido a lo que le pasa. Es otra pista pequeña pero que será importante para capítulos posteriores. Por otra parte, me alegra que esta vez no haya cachetada para Eli, la pobre ya no se merecía tantos golpes después de que le destrozaron el corazón con esa pelea; me gustaria saber a quién cachetareas en el capítulo de ahora. Gracias por tus opiniones respondiendo tus propias preguntas, aunque no lo creas, me ayudaron mucho para escribir este capítulo; fueron como una guía que debía de seguir; y me sorprende que dijeras que tanto Nozomi como Eli tenían esencia de quinceañeras; no lo pensé realmente pero así es... o no se, la verdad no se muy bien cómo se comportan las quinceañeras jajaja. Y bueno, muchísimas gracias por tu apoyo y, por cierto, me sorprende que no te dieras cuenta del personaje oculto en el capítulo pasado; ese cinismo es solo característico de alguien a quien le tengo mucho cariño.

ARAMARU-CHAN 26: Primero que nada, me da mucho gusto que me regales un poco de tu tiempo para comentar la historia y espero que te haya ido bien en tu examen; no te preocupes por el tiempo que haya pasado, yo comprendo que todos estamos ocupados; incluyendome. Bueno, creo que todos concordamos en que Nozomi estaba siendo la caprichosa y me gusto mucho la frase que pusiste de que: en un momento estaba siendo el centro de atención de Eli y al momento siguiente dejó de serlo; tienes infinita razón en eso; la pobre Elichi también tiene cosas que hacer. No debes tener miedo de lo que pase a futuro; aquí entre nos, tengo dos finales posibles pensados, y aun no me decido por ninguno; así que no te preocupes que nada malo pasara ¿verdad? Y no, no va a morir nadie... creo... Bueno, pasando a lo de Sui... La verdad no recuerdo muy bien como pensé en ese personaje. Sui, para mi, tenia que ser la contraparte de Eli, una antagonista que no buscará el amor de la forma en la que lo hacía Eli, sino que tuviera una retorcida obsesión y deseo egoísta, contrapuesto al de Eli. Haces bien en compararlas, y me alegra leerlo ya que era el objetivo principal al escribir a Sui y Eli de esa forma. Después de tanto tiempo, eres la primera en hacermelo saber y te lo agradesco un monton; recibir un comentario acerca de Hechizo después de tanto me hace muy, pero que muy feliz ya que es mi historia favorita de todas las que he escrito. Y bueno, espero pronto leernos; tristemente no me he podido poner al corriente con tu historia; tengo un montón que leer; casi dos libros completos y apenas voya a la mitad de uno... Siento mucho no haber cumplido mis promesas; pero espero que esta semana me dé un poquito de tiempo. Muchisimas gracias por tu apoyo y nos leemos luego.

Sin Mas, Muchisimas Gracias Por leer y Por todo su apoyo y por sus hermosas Reviews. Nos leemos pronto.