La vigésima sexta vez que odié a Katniss Everdeen, fue el día de que me hizo tenerle empatía.

Después de mi abrazo con Gale, me di cuenta de que estaba amaneciendo. Nos tomó por sorpresa, ¿cuánto habíamos durado hablando?

Me apresuré a despedirme e irme, tenía que fingir que había dormido serenamente para mínimo, no preocupar a nadie.

La verdad es que quería que todo terminara ya. ¿Qué esperaban para acabar con Snow? Ya había la suficiente gente para hacerlo, los Distritos lo esperaban. Yo ya estaba harta del Distrito Trece. Era lo mismo todos los días, y todo era muy aburrido desde la ropa.

Toda mi vida había sido tragedia y acción. Aunque no extrañaba la parte de la tragedia y me quería deshacer de ella, sí que extrañaba la otra. Todos los días era una aventura si lo quiero decir en un lenguaje florido. Amaba la Academia.

Ahora ni siquiera podía hacer ejercicio por mi cuenta en el Trece, por el bebé. Y añoraba eso. En ese Distrito por sí mismo había acciones muy limitadas, embarazada, era un martirio.

Deseaba ir a mi casa. Estaba aburrida.

También sabía que, cuando regresara al Dos, sería un nuevo comienzo. Una nueva vida. No importaba cómo, la rebelión se ganara o se perdiera, al pisar mi Distrito, mi vida habría cambiado.

Todo nuevo. Sin mi familia más que Enobaria y ahora, mi hermano. Esperando un hijo. Era más que obvio que, si la rebelión era un fracaso, yo abandonaría la Academia de todos modos por mi hijo. Y de ganarse, no habría necesidad de asistir. El qué haría al volver me llenaba de duda, pero a la vez, sabía que era lo que estaba esperando: que mi vida tomara un giro a la dirección correcta. Que vinieran cosas buenas después de una larga tormenta. Que todos los pedazos de mi alma que me habían sido arrebatados, se quemaran, se convirtieran en cenizas y me dejaran renacer.

No tuve posibilidad de escoger a mi familia, nadie la tiene. Y aún así, debía dejarlos atrás. Tampoco elegí de quién enamorarme, sólo sucedió, y por más que me doliera hasta lo más profundo de mi ser, debía entender que James había muerto siendo la mejor versión de sí mismo: la que creía en el bien. Él no hacía nada en vano, ni hablaba en vano. Sólo aportaba cosas buenas.

Como Gale, no podía quedarme llorando, tenía que avanzar en mi nuevo mundo.

Él me habló de su padre con una sonrisa en el rostro. Y yo quería hacer lo mismo. James detestaba verme llorar. Mi padre siempre reprimió nuestras lágrimas. Mi mamá decía que nada valía la pena para llorar.

Decidí que era el momento de avanzar. De recordar con cariño, de no olvidar, y de crecer. Sabía que el contexto en el que estaba pronto cambiaría para bien o para mal y debía estar lista para ello.

Apreté el dije que James me había regalado en mi cumpleaños y le hice una promesa silenciosa: ser feliz y tener a nuestro hijo, como lo habíamos planeado. Aunque los sueños eran en plural. También, no permitir que nuestro hijo se sintiera como yo me había llegado a sentir, y de ser posible, nadie más.

El dije me daba seguridad, sentía que él estaba conmigo y él siempre había sido mi lugar seguro.

Sería madre. Tendría mi propia familia por más pequeña que fuera, era el momento de pasar la página y escribir otra historia. Tal vez no sabía nada sobre ningún concreto, pero sí sabía lo que quería: que mi hijo no pasara por lo mismo que yo.

Siempre sentí que era niño. Siempre lo supe.

Cerré los ojos, con esperanza e incluso una sonrisa. Me dije que al despertar, todo sería diferente.

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No tengo idea de si dormí una hora o dormí quince, pero nunca me había sentido tan descansada y en paz. Enobaria me despertó, diciéndome que me diera prisa o no encontraríamos dónde sentarnos. No sabía de qué hablaba, pero doblé la sábana con la que había dormido y después me cepillé el cabello. Sonreí al espejo y la tía me preguntó por qué me veía tan radiante.

Fue ahí cuando me dijo que Finnick y Annie se casarían, tanto como para una propo como para su propio placer. Susurrando, me dijo, algo nerviosa: "Pero no tenemos que ir si no quieres."

Sé por qué lo decía. Pero le dije que estaba bien. Después insistió en que me encontraría un buen hombre, a lo que yo rodé los ojos.

Creo que era la primera boda a la que asistiría. Aunque no era tan elegante como había el estereotipo en televisión.

Joseph nos esperaba allá, junto con Gale, y hablaban sobre que fue mi hermano quien me arrojó hacia ellos cuando rescataron a Peeta, Johanna y Annie.

"La estoy sacando de mi vida, como dijiste"me susurró Gale, a lo que arqueé una ceja.

"¿Me estás condenando a ser tu nueva 'prima'?" Le cuestioné de igual manera, a lo que se rió. Me respondió que quizá.

He de decir, que aunque no bailé, porque no sabía hacerlo, me la pasé muy bien en la boda. No mentiré, verlos intercambiar sus votos me hizo sentir un poco de envidia en ese momento porque hubiera querido eso para mí y para James, pero nada más. El ambiente estuvo agradable.

Después vi a la chica en llamas con Johanna y empecé a notar que tramaba algo.

Otra vez arrastraría a todos al desastre porque simplemente quería hacerlo. Por terca.

No digo que yo sea o haya sido una inocente palomita, pero sabía que mis problemas eran mis problemas y no de nadie más. Actuaba por mí, por más egoísta que suene.

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Lo que pasó en los días siguientes, se sintió extremadamente lento. Aunque pasó demasiado rápido. En el Trece, se sintió todo muy intenso. Coin no estaba, y la gente se tomaba más libertades de lo común. Aunque aún se percibía cierto órden.

Estábamos jugando cartas cuando Joseph se dio cuenta de que la comandante Paylor nos había estado observando. Yo me sorprendí más que nada, porque se suponía ella no estaba ahí. Le propuso acompañarla, que saldrían de nueva cuenta al frente en diez minutos.

Ambos estábamos tanto sorprendidos como extrañados, pero me miró como pidiendo mi aprobación. Sólo asentí con la cabeza y él le dijo a Paylor que la vería entonces. La intención era terminar nuestro juego pero era imposible: en todas las partidas que habíamos hecho en días anteriores durábamos horas y horas, y en la mayor parte de todas, yo terminaba perdiendo. Enobaria se negaba a jugar con nosotros porque decía que ambos éramos muy inteligentes y la hacíamos sentir estúpida.

Ya lo he dicho, yo nunca me he considerado inteligente, pero la gente a mi alrededor sí. Joseph parecía un pavoreal cada que la tía decía eso. Aunque realmente, nunca ha sido presumido ni nada; sólo valora los cumplidos y yo no sabía hacerlo.

Declaramos un empate pues quedaban cerca de tres minutos para que él se fuera. Lo miré dubitativo, pero se me acercó, y me dijo: "No tengo idea de lo que sea que vaya a pasar conmigo. Estaba esperando el momento indicado para decírtelo, pero no sé si tal vaya a existir. Sé qué pasó con mamá. Lo descubrí en el Capitolio. La encontré... a ella."

Me repetía mentalmente que debía mantenerme fuerte. Volví a limitarme a asentir con la cabeza.

Arrastrando las palabras, hablando a velocidad exagerada me contó que le habían enviado a vigilar dos edificios que habían quedado abandonados, ya que no había mucho trabajo. Y que la encontró ahí, en el sótano de uno de ellos. Donde ella le contó que todo fue a raíz del trabajo 'extra' que Snow les daba a algunos Vencedores. Que ella no quería que nosotros lo supiéramos y que lo hacía precisamente, para protegernos. Que se salía de la casa cuando todos dormíamos y nadie jamás lo había notado. Pero que un día empezaron a exigirle 'demás' y que se negó. Que la encarcelaron un tiempo y le prohibieron salir del Capitolio de cualquier forma, que si lo intentaba, nos matarían. Ella le dijo que terminó en ese sótano hacía tiempo, pero que no se animaba a salir. Joseph empezó a llevarle comida y visitarla todos los días, pero que eso no evitó que se enfermara. Murió, consecuentemente.

Por fin, el rompecabezas se había completado. Sabía de mi mamá. Aunque ya me imaginaba que hubiera muerto, de cualquier forma sentí una opresión en el pecho al confirmarlo. Como fuera, agradecía que esa duda ya se había cerrado.

Después me abrazó para despedirse y prácticamente salió corriendo tras la comandante y sus acompañantes.

Después me empecé a preguntar si el 'mucho trabajo' por lo que James pasaba demasiado tiempo en el Capitolio era aquel y sólo pensarlo me daba escalofríos. Me obligué a dejar de pensar en eso.

Me la pasé con mi tía esos días. Me contó su historia con Alyssa y ella parecía curiosa respecto a mis "inicios" con James. Es que era verdad, no hubo un momento en el que hubiéramos dicho que a partir de ese entonces seríamos pareja. Sólo ambos lo sabíamos y no lo gritamos al mundo. Le conté de nuestro primero beso y me sentí orgullosa de mí por no llorar al recordarlo. Me dijo que todavía no podía creer que estuviera embarazada, pero, ¿yo qué iba a decirle? ¿También planeaba que le contara eso? Pues no.

Llegamos a la conclusión de que ninguna sabía que haría al volver al Distrito. Me pidió que viviera con ella. No estaba segura, yo quería empezar completamente de cero con mi hijo. Pero me convenció argumentando que de todos modos tendría que ir a cuidarme los primeros días después del parto. También me dijo que si vivía con ella podía ayudarme con el bebé para que estudiara.

Que primero era el uno y luego el dos, y que en esta ocasión el uno era prepararme.

Pero yo le dije que no le prometía ir al colegio, no pareció agradarle, pero no me dijo nada.

En cuestión de días Katniss había muerto y reaparecido. Y de pronto, convocaron a mi tía, Annie y Johanna al Capitolio. Fui aunque no era requerida porque no estaba en mis planes quedarme sola en el aburrimiento del 13.

Johanna siempre me jodía, pero me agradaba de una extraña manera. Me di cuenta de que Annie y yo estábamos en igualdad de condiciones: embarazadas y con el padre del bebé muerto. Intenté hablarle, sobre todo porque nunca me había topado con alguien en mis mismas circunstancias, pero o me ignoraba o se ha quedado muda.

Creo que viene desde que le teme o detesta a Enobaria, tal como Johanna, quien no nos creía que éramos familia. Aunque ella después declaró: "Bueno, tú eres una puberta enojada que sabe matar y ella es una mujer amargada que sabe matar. Tiene sentido."

El apodo que Haymitch me puso me daba mucha risa. Si hubiera podido, me lo hubiera tatuado.

Después supe el por qué del llamado. La 'propuesta' de Coin sobre unos Juegos con niños del Capitolio, hijos de funcionarios y otros puestos importantes. Quizá si lo hubiera preguntado en, tal vez, un mes atrás, me hubiera ofrecido voluntaria si es que se hacía, argumentando que mi papá fue el Capitán de los Agentes de la Paz.

Ahora me parecía interesante de ver, pero estaba embarazada y en un proceso de adaptar una nueva vida y postura ante la vida. De dejar todo lo relacionado a la Academia atrás.

Se había acordado que se harían.

Por la tarde sería la ejecución de Snow, llevada a cabo por Katniss. Estaba desesperada por ese momento.

Me topé a Katniss unas dos horas después, cuando yo recorría la mansión presidencial aburrida, y creo que ella lo hacía por ansiedad o algo parecido.

"Ahora entiendo cómo te sentiste." Dijo. Yo estaba de espaldas, viendo por una de las ventanas.

Yo no sabía de qué hablaba.

"Supongo que no fue nada agradable, porque lo dices en tiempo pasado y yo llevo quince años sintiéndome de la mierda."

"¿Era de nosotros? Tú debes de saberlo." Parecía que me rogaba. Pero no sabía a qué se refería aún.

"El que me sientas parte de tu rebelión me conmueve en serio. Es un halago" Le dije sarcástica, exagerando al pellizcarle la mejilla. "Pero, necesito saber de qué estás hablando."

Pareció extrañarse de que no le entendiera.

"Prim murió." Declaró, y sentí en su voz cómo el mundo se le vino encima. "Venía en la brigada médica, y explotaron una bomba."

Su hermana estaba muerta. Primrose Everdeen estaba muerta. Por eso dijo que entendía cómo me había sentido.

La niña por la que se ofreció voluntaria para evitar precisamente ese evento desafortunado, estaba muerta.

Me recordó al momento en que mis hermanos murieron.

《Se lo prometiste a James》 me recordó mi mente.

Yo estaba boquiabierta. Y ella tenía la mirada rota. El recordar la promesa me movió por dentro y no pude evitar extenderle los brazos. Yo de verdad estaba conmocionada.

Ella dudó, pero me abrazó.

Entonces sentí que el ciclo entre nosotras se había cerrado.