Estaban todos reunidos, mirándose fijamente, los ojos de Hyakuya le ardían, quería llorar, pero era muy orgullosa como para hacerlo frente a sus amigos y enemigos. Hiyori, quien estaba ahí para despedirse y desearles suerte con su hijo en brazos, escondió al pequeño en su pecho alejándolo de ellos en un intento de protegerlo.

—¡Ahora! —ordenó Yuuta, antes de que pudiesen hacer algo ellos para atacarlos, Hikari y los demás tomaron a alguien enemigo para teletransportarse a otro lugar y no darles tiempo de tocar a Hiyori o al bebé, al parecer, Hyakuya y Tomoyo tenían esa habilidad también. Se fueron lejos de la casa dejando ahí a Hiyori, el bebé y Yukine, a un bosque lejos de la civilización para que no pudiesen involucrar a alguien más.

Los enemigos los miraron enojados, en especial Hikaru a su hermana, y ella en su pequeña venganza le sonrió victoriosa.

—¡Volveremos a-…! —quiso decir el pelirrojo pero el demonio lo detuvo.

—No hay tiempo, después de terminar con ellos volveremos por el monstruo —dijo Yuuta sonriendo hacia Hikari.

—¿Monstruo…? —se atrevió a preguntar ella, no quería sacar conclusiones solo con lo que escuchaba.

—El pequeño y horrendo bebé —la provocó una de las hermanas Sugita. Hikari se contuvo muy bien para no abalanzarse a atacarla como animal salvaje, al menos no aún.

—Siempre has sido mejor que yo… pero esta vez no estoy sola ni soy tan débil como cuando tú me agredías con tus amigotes —dijo la rubia lanzándole una sonrisa confiada.

Tomoyo salió de detrás de Hyakuya Hikari con su arma y una mirada asesina, giró y le disparó a Hikaru en la pierna, pero él no se inmutó.

Ya se había decidido con quien pelearía Tomoyo.

—¡Kokki! —llamó la diosa a su regalía para estar preparada ante cualquier cosa.

Yuuta hizo brillar sus ojos color carmesí y se abalanzó contra la pelirrosa pensando que iba a ser una presa fácil, pero ella se defendió con su abanico haciendo un agujero de donde salían ayakashis obligando al pelinegro de dieciocho años a combatir con ellos, los demonios y los ayakashis no se llevan bien, Kofuku ya lo sabía.

Una chica de largo cabello negro de aparentemente veinte años y cuernos un poco más pequeños que los de Yuuta, su hermano, fue contra Hyakuya mientras brillaban identificables ojos rojos, la rubia rápidamente se defendió, solo con haber elegido pelear contra la oji-verde se supo que lo estaba haciendo por Hikaru, se veía rabia en sus ojos cada vez que lanzaba esferas de energía color rojo y la oji-verde con increíbles rápidos movimientos las esquivaba.

—¡No puedes vencer a mi novia Yamato, Nee-chan! —exclamó Hikaru sin dejar de ver a Tomoyo para defenderse también de los disparos, una luz color naranja cubrían sus puños y pies haciendo parecer que provocaban que los golpes de él fueran más graves y agresivos, golpeó a Tomoyo en el estómago, pero ella tampoco se inmutó ante sus ataques, era una pelea muy igualada.

«¿¡Novia!?» pensó Hyakuya abriendo los ojos con sorpresa «Así que… ella se llama Yamato»

Yamato río como si estuviese presumiendo ser novia de Hikaru y le volvió a atacar.

La chica que había provocado a Hikari tenía unos dieciséis años, cabello corto hasta los hombros y los mismos ojos rojos de los Sugita, ella sacó de sus pensamientos a Hikari atacándola con rayos color amarillos que le salían de las palmas de las manos, por suerte, Hikari reaccionó a tiempo y los esquivó.

—¿Crees poder vencerme a mí, Sugita Saya, con esa espada? —habló ella mientras reía burlona.

Tomoyo al darse cuenta de que Hikari solo podía pelear a corta distancia con Ameni rápidamente le gritó sin quitar su mirada de Hikaru.

—¡Hikari-chan, devuelve a Ameni-chan! ¡Yo les daré estas armas para que ella peleé con esa niña que pierde el tiempo en el árbol, dizque nos iba a matar porque no se contenía!

—¡Bien! —dijo Hikari quien evitaba ser tocada por los rayos amarillos —¿Escuchaste eso Red Lion?

» Si lo escuché, puedes devolverme mi forma humana ahora «le dijo la peliblanca a Hikari y ella lo hizo.

Tomoyo guardo su arma y rápidamente le lanzó a Hikari y a Ameni dos revólveres que traía guardadas de repuesto, era una para cada una, ellas exitosamente lograron tomarlas y gracias a la castaña ya estaban cargadas. La oji-gris volvió a sacar su pistola, aprovechó para cargarla y volvió contra Hikaru.

Yui bajó del árbol y se dirigió a la peliblanca. Ameni tenía que ser inteligente pues ella no tenía repuestos para la pistola. Comenzó a dispararle con buena puntería, pero la niña era demasiado veloz, sacó la daga y comenzó a rodear, perseguir y prácticamente jugar con la regalía, pues si hubiese querido lastimarla ya lo hubiera hecho, sólo quería entretenerse un poco sin que sus hermanos le dijeran algo.

—¡Alto! —ordenó un hombre desde lo profundo del bosque haciendo que todos pararan, salió hasta la vista de todos con el ceño fruncido acompañado de un cabizbajo chico pelirrojo, el hombre era muy parecido a los Sugita, lo delataban sus ojos rojos y su cabello azabache. —Yo me encargaré de quitárselo, joder, ustedes se complican demasiado la vida.

—Padre… —dijo Yuuta con temor.

—Me presento, soy Sugita Kyo, padre de Yamato de veinte años, Yuuta de dieciocho, Saya de dieciséis y Yui de diez —hablaba mientras se acercaba peligrosamente a Hikari.

De un momento a otro Kyo le atravesó completamente el pecho a Hikari con la mano, ella se quedó en shock y sus ojos se tornaron violetas por un segundo, del otro lado de la semidiosa estaba la mano ensangrentada del hombre sujetando una gema de color azul, un gran zafiro que brillaba.

—Debieron ir completamente al grano, sabían que el Doctor Iki había hecho un pacto con mi hermano gemelo, su tío Sugita Mirai, haciendo que el zafiro hecho con lágrimas curativas estuviera en el pecho de su nieto o nieta a cambio de su propia alma, también Mirai hacia cualquier cosa por cualquier alma, incluso dar estúpidamente la gema de la inmortalidad —explicó sin remordimiento sacando su brazo de Hikari y ella calló de rodillas para después desmayarse mientras escuchaba como los suyos gritaban su nombre.

[...]

Hikari se despertó en un hospital, estaba confundida y su cabeza dolía, trató de sentarse, pero sintió que algo apretaba en su dorso, levantó la cobija y miró debajo de la vestimenta de paciente, notó que desde su estómago hasta su cuello había vendajes.

«¿Cómo sobreviví a eso?» pensó «¿No me había atravesado todo el pecho?»

Después de unos minutos en los que estuvo aburrida, de pronto una enfermera entró a la habitación apuntando algo, pero al levantar la vista y verla se sorprendió y salió mientras llamaba a un tal Doctor Kyûta.

«¿Acaso estuve en coma? No jodas, si es así, me muero»

El doctor al entrar estaba serio y se posicionó frente a Hikari. Le hicieron un largo procedimiento de preguntas en las cuales creía estar segura de su respuesta, pero las reacciones del doctor decían otra cosa.

Un tiempo después, entró su madre a hablar con ella y Hikari en todo ese tiempo no podía sacarse la duda de su cabeza, quería preguntarlo, pero no sabía si sería bueno, exactamente por eso no se lo preguntó al médico.

—Mamá… —llamó la ojiazul, notando hasta ese momento que su cabello estaba casi igual de largo como antes de conocer a Hyakuya y a Tomoyo aumentando la posibilidad de lo que creía —¿Qué… año es?

Hiyori sabía que esa pregunta no pudo ser evitada, era muy evidente.

—Pensé que te lo habían dicho, pero, si quieres saber cuanto pasó pues… fueron cuatro años —respondió la mayor con tristeza, a punto de llorar al acordarse —Hikari, actualmente tienes diecinueve años.

Ella abrió los ojos con sorpresa.

¿Qué…?