Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
«19»
Pese a haber jurado que no volvería a pisar la habitación de lady Kushina, a la mañana siguiente Hinata le llevó la bandeja del desayuno a la cama. Se dijo a sí misma que solo lo hacía para comprobar en qué medida sus infusiones le habían ayudado, pero en realidad quería comprobar el supuesto cambio de actitud de la mujer. Puede que Naruto creyera que su madre había comprendido que ella no quería hacerle daño, pero Hinata lo dudaba mucho.
Pero la dama estaba durmiendo desde hacía poco, según la doncella apostada junto a su cama, así que Hinata no la despertó y le dijo a la doncella que dejara la fuente en la cocina para que el desayuno no se enfriara. Dormir era más importante que comer para la recuperación de Kushina, a condición de que comiera cuando estaba despierta.
No sabía dónde se encontraba Naruto en esa gran casa y prefería no averiguarlo.
Decidió ir de compras, con la esperanza de que ello la distrajera y dejara de pensar que solo faltaban dos días para la boda. No se trataba de que tuviesen que esperar hasta que leyeran las amonestaciones por tercera vez, cuando ya disponían de la orden y del permiso de matrimonio del príncipe; se limitó a suponer que aguardarían hasta el último momento del plazo que le dieron a Naruto.
Cogió su pelliza y luego fue en busca del mayordomo para pedirle que preparara el carruaje de los Uzumaki.
—He de hacer unas compras, pero sobre todo tengo ganas de recorrer la ciudad y visitar algunos de los lugares sobre los cuales leí ayer.
—No deje de visitar los jardines de Vauxhall, milady; en esta época del año son especialmente vistosos, aunque merece la pena hacer una excursión de todo un día, dado que hay tantas amenidades distintas para ver.
—Entonces hoy solo echaré un vistazo —contestó Hinata, sonriendo.
—Por supuesto. Estoy seguro que otro día su señoría querrá acompañarla a una visita más prolongada a los jardines.
¿Lo querría? Ya había estado en tres de sus casas, y él no le había mostrado ninguna de ellas... y sabía que esa era su primera visita a Londres; debería haberle ofrecido visitar esa ciudad que él conocía tan bien...
A juzgar por su expresión disgustada, al cochero de los Uzumaki no le entusiasmaba la excursión, pero tal vez era su expresión habitual. Los dos lacayos que la acompañaban se mostraron reservados y no la miraron directamente a los ojos. Ella no los conocía y tal vez no tendría oportunidad de conocerlos si ella y Naruto no se quedaban en Londres.
Y también ignoraba qué planeaba hacer cuando su madre se recuperase, si es que lo hacía. Había mencionado que solía pasar al menos la mitad del año en la ciudad con Kushina, pero ¿aún querría hacerlo cuando tuviese una esposa? Eran cosas que tal vez no podría comentar con él, pero, por otra parte, ¿cuándo hablaban de temas triviales? El día antes, de camino a la botica, no había visto gran cosa de Londres, no mientras Naruto estaba sentado a su lado en el coche de alquiler, cuyo asiento era tan estrecho que los hombros de ambos se rozaban. Durante ese breve trayecto lo único que ocupó sus pensamientos fue él.
Por ser su primera excursión a través de esa vieja ciudad debería estar más excitada, y lo habría estado... si hubiera acudido con su tía para pasar la prometida temporada social. Una idea muy extraña, teniendo en cuenta sus sentimientos por Mikoto, o más bien la ausencia de estos. ¿Tenía razón Kurenai? ¿Acaso Hinata había reprimido esos sentimientos durante tanto tiempo que realmente habían desaparecido, o solo estaban enterrados demasiado profundamente como para seguir afectándola?. Llorar no era algo que le gustara y ya había derramado demasiadas lágrimas cuando era más joven.
El cochero se negó a avanzar más hacia el sur, pero la condujo lo bastante cerca de los muelles de Londres para ver el Támesis y todas las naves ancladas en el río. Había tantas... y al verlas volvió a pensar que tal vez debería comprar un pasaje en una de ellas y desaparecer en alguna parte del mundo.
Pero Kurenai no estaba allí para aconsejarla o acceder a acompañarla, así que fue una idea muy fugaz. Puede que su amiga atribuyera el hecho de que volviera a considerar esa opción al nerviosismo causado por la boda inminente. Pero Hinata quería aquella boda, la había querido en cuanto vio a Naruto. Sin embargo, en ese momento la idea de la noche de bodas la ponía nerviosa.
Después de lo que él había dicho durante la cena, supuso que esa noche ocuparía la misma cama que el zorro. Y esa vez en una bonita habitación, con vino y a lo mejor algunos dulces y... ¿resultaría tan asombroso como la primera vez o sería horrendo?.
Dado que se sentía atrapado por ella, escuchaba a su madre menospreciando su carácter, y, además, su primo acababa de recordarle que no debía confiar en ella.
Podría ser eso último.
Al final logró alcanzar Vauxhall, pero se negó a abandonar el carruaje y entrar en los jardines. Willis tenía razón: allí dentro habría demasiado para ver y prefería no hacerlo a solas. No obstante, hizo un recorrido a través de Hyde Park, a lo largo del camino que los fines de semana se llenaban de carruajes de la alta sociedad, pues era un destacado lugar de encuentro o para ser visto. Anexo al camino se encontraba Rotten Row, donde Hinata confió en que un día montaría a lomos de Rebel. También vio la iglesia de San Jorge en Hannover Square, donde se celebraban todas las bodas de la alta sociedad, y se preguntó si ella se casaría allí.
Se le ocurrió que quizá sus tíos acudían a esos lugares con frecuencia, pero ninguno de los dos jamás la llevaría consigo. Tenía un familiar en Londres pero nunca iría a ninguna parte con él. Hasta tenía un prometido, pero el único lugar al que la había llevado era la tienda de un boticario... para comprar remedios para su madre. Se sentía muy sola en esa ciudad, ni siquiera estaba Kurenai y la doncella no llegaría hasta dentro de un par de días.
Puso fin a la excursión en Bond Street y abandonó el carruaje para ir en busca de zapatos, y tal vez otra botica donde comprar algo para preparar un ungüento para las llagas que le habían salido en los pies; las botas de montar no eran un calzado indicado para todos los días. Ambos lacayos la siguieron a cierta distancia, pero no entraron en las tiendas con ella. Entró en muchas, incluso tras comprar un par de zapatos nuevos que se puso de inmediato, y en una de las tiendas calle abajo incluso encontró caléndulas para preparar un ungüento.
Gastar dinero en las grandes tiendas de Londres resultó menos divertido de lo esperado, pero siguió comprando o más bien contemplando escaparates, porque no tenía prisa por volver a la casa de los Uzumaki. A lo mejor Naruto creería que había huido y se inquietaría... o se regocijaría.
Apretó los dientes y entró en otra tienda antes de notar la clase de tienda que era:vendían telas, telas londinenses. No necesitaba telas, tenía un guardarropa nuevo, y, sin embargo, no pudo resistir la tentación de contemplar las selecciones disponibles en la ciudad portuaria más grande del país.
—¡Diablos, Hinata! ¡Ya empezaba a creer que nunca te detendrías!
Ella pegó un respingo. ¿Es que Sasuke la había estado siguiendo?
—Guarda esto, date prisa.
No sabía qué había depositado en su mano, pero cerró el puño de manera instintiva y guardó el objeto en el bolsillo de su pelliza. Al ver que él miraba por encima del hombro hacia la parte delantera de la tienda para comprobar si uno de los lacayos dirigía la mirada al interior, se puso todavía más nerviosa.
—¿Y ahora qué estás tramando, Sasuke?
—No me hables en ese tono cuando solo te estoy ayudando.
—¿Cómo me ayudaste cuando le dijiste a Naruto que había prometido envenenarlo?. Esa clase de ayuda podría haber significado mi muerte, ¿o acaso ese era el plan?
—Hubiese resuelto nuestro problema —contestó Sasuke, encogiéndose de hombros. Sus palabras no la sorprendieron: eran las esperadas, a él no le importaría.
—Sea lo que sea que acabas de darme, me desharé de ello. No pienso envenenarlo por ningún motivo, y ciertamente no porque tú me lo pidas.
—No es veneno —insistió él—. Solo algo que lo mareará y lo desorientará lo bastante como para echarte con cajas destempladas. Me conformaré con que él lo pierda todo cuando lo haga.
Ella no le creyó; era demasiado cobarde para querer que Naruto siguiera vivo, aunque fuera un indigente; no después de lo que Sasuke había hecho para justificar esos duelos.
—¿De verdad crees que él seguirá intentando matarte después de que me haya casado con él? Pues no lo hará, ¿sabes? Es un hombre más honorable que tú y no matará a un miembro de la familia... a diferencia de ti. Aunque darte una tremenda paliza... eso sí que está permitido.
Quizá no debería haber acabado el comentario con una sonrisa irónica. La cólera enrojeció el rostro de Sasuke, pero cuando alzó el puño ella adelantó el mentón y gruñó:
—Adelante, atrévete. Me encantaría verte en prisión por pegarme y si crees que no gritaré como una loca para ver qué pasa, te equivocas.
—Zorra —gruñó Sasuke mientras se alejaba.
—Ultrajador de inocentes —dijo ella, alzando la voz, pero solo para que él pudiera oírla.
Sasuke no se detuvo, pero Hinata vio que apretaba los puños y al salir casi rompió la puerta de la tienda de un portazo. Pero resultaba que era la primera vez que ella le hablaba de ese modo; a lo mejor hacía años que debería haberle dejado claro lo mucho que lo odiaba, en vez de esforzarse por evitar su presencia. ¿Creía que ella le había perdonado u olvidado el dolor que le causó cuando era demasiado joven como para saber cómo impedírselo?
No fue necesario que olfateara el contenido de la botellita que él le había dado antes de arrojarla a un cubo de basura. No tenía duda de que se trataba de alguna clase de veneno, pese a que Sasuke lo había negado. Él no abandonaría el intento de deshacerse de Naruto por un motivo muy sencillo: porque hasta que no lo hiciera no se sentiría a salvo.
Esa tarde, cuando Hinata regresó a la residencia de los Uzumaki, no tardó en oír que su señoría había regresado a casa con un caballo nuevo, pero hasta que no se encontró en su habitación, descansando, no se le ocurrió que el hecho de que Naruto hubiese vuelto con un caballo nuevo solo podía significar una cosa: que ya tenía una amante, que había encontrado una muy rápidamente, o bien que incluso la había encontrado la noche antes, después de la cena. Fuera como fuese, supuso que el caballo era para ella, para sellar el trato. Debería ir a echarle un vistazo... en caso de que lograra dejar de llorar.
—Así que todo va así de mal, ¿verdad?
—¡Kurenai! —exclamó Hinata y brincó de la cama riendo—. Has llegado con antelación.
—Me aseguré de ello; a Chõji no le gustó que nos turnáramos conduciendo el carruaje, pero me mostré persuasiva.
—¿Dándole una paliza?
La doncella solto una carcajada. Al parecer, no hubo incidentes en el viaje de Kurenai a Londres y pudoresumirlo en pocas palabras: lo desagradable que resultaba dormir en un carruaje en movimiento. El viaje de Hinata había sido ajetreado y memorable, pero pasó por alto los detalles y le resultó imposible mencionar la noche de bodas anticipada de la que había disfrutado antes de llegar a Londres. Lo haría, pero tal vez después de la boda, cuando no resultara tan embarazoso y no recibiría una reprimenda.
Pero no dejó de mencionar su encontronazo con Sasuke y la exasperante conducta de Naruto.
—Pasó la noche con otra mujer —concluyó Hinata.
—¿Ah, sí, Estas segura de eso?. Pero todavía no está casado y tú aún no has hecho que te ame.
—¿Realmente pretendes decirme que lo que sucede antes de la boda no tiene importancia?
—Dado que la boda no fue idea suya, y que jamás te propuso matrimonio... Sí, claro que sí. Bien, si ocurre después del casamiento hay una hierba que nunca formó parte de mis existencias que, según dicen, impide que un hombre pueda desempeñarse en la cama. Veré si puedo encontrar algunos ejemplares aquí en Londres. Siempre quise administrársela a alguien para ver si es cierto, solo que nunca me topé con un hombre que me disgustara lo bastante como para administrársela.
—¿De un modo permanente?
—No, por supuesto que no. —Kurenai le guiñó un ojo—. No te haría semejante cosa.
Hinata tardó unos instantes en darse cuenta de que Kurenai solo trataba de animarla contándole tonterías. Sin embargo, su afirmación de que la infidelidad de Naruto no debía contar antes de la boda era razonable, sobre todo porque el trato había sido idea de ella.
Cuando trajeron los baúles ayudó a Kurenai a desempacarlos, pero en cuanto los lacayos abandonaron la habitación alguien llamó a la puerta con suavidad. Naruto era el último al que esperaba encontrar en el pasillo. Iba vestido para salir, ¿o tal vez acababa de regresar? De inmediato, Hinata imaginó la mujer con la que él habría pasado la noche... ¿y quizá también la mañana? «Tal vez debí haber exigido un caballo por cada copulación», se dijo, gruñendo para sus adentros.
Él le tendió una tarjeta plegada.
—He aceptado una de las invitaciones recibidas por mi madre que me incluían; la mayoría de sus amigos esperan que en esta época del año me encuentre en la ciudad. Has de estar preparada a las ocho de la noche. Ah, y vístete de manera adecuada: asistiremos a un baile.
Hinata dejó de pensar en él y otra mujer en el acto.
—¿Una fiesta, ahora que tu madre está tan enferma?
—Está mejorando. Ve a comprobarlo tú misma... y fue ella quien lo sugirió.
—¿Es que sabes bailar?
—Puede que con cuatro piernas sea un tanto torpe, pero hoy solo son dos —dijo, bajando la vista y contemplando sus piernas.
Sus palabras burlonas la hicieron sonreír.
—No quise insinuar eso.
—¿Solo que soy un palurdo de Yorkshire que jamás aprendió a bailar?
Ella puso los ojos en blanco y, en el mismo tono burlón, indicó:
—Sí, precisamente eso.
—Bueno, en todo caso nuestra asistencia tiene un propósito: demostrarle al príncipe lo bien que nos llevamos.
—¿Él asistirá a la fiesta?
—Tal vez. A veces ha honrado las fiestas de lady Haruno con su presencia. Son viejos amigos. Así que nada de peleas esta noche.
Naruto se marchó, pero ella apenas lo notó porque la excitación causada por la idea de asistir a su primer baile empezó a adueñarse de ella. Se volvió hacia Kurenai y dijo:
—Desempaca...
—Oí lo que dijo. Creí que dijiste que como su madre estaba tan enferma era necesario que viajaras apresuradamente a Londres con él.
—Lo estaba, pero por lo visto tus recetas resultan eficaces. No he vuelto a comprobarlo personalmente, mi presencia la trastorna, así que no me acerqué a ella. Le caí muy mal.
—Yo detestaba a la mujer que podía haberse convertido en mi suegra. Mi madre detestaba a la suya; no es necesario que hagas lo mismo, ella se convertirá en la abuela de tus hijos, procura tenerle aprecio en bien de ellos.
Eso era algo que no se le había ocurrido. Mikoto también podría ser su abuela, a la que confiaba que solo verían rara vez, así que sería bonito que tuvieran al menos una abuela que los adorara y los mimara. Asintió con la cabeza y se dirigió directamente a la habitación de Kushina.
En esa ocasión la dama no estaba dormida. Cuando Hinata se acercó a la cama notó que Kushina ya no estaba tan pálida, incluso sus labios volvían a estar lisos y la mirada de sus ojos era vivaz. Quizás el médico se había equivocado al diagnosticarla, porque en ese momento no parecía una moribunda en absoluto.
—Me preguntaba si volverías a visitar a tu paciente —le dijo la mujer.
¿Le había sonreído un poco?
—No creía que lo deseara.
—Reconozco que soy una paciente desastrosa. Te pido disculpas. —Era una bonita manera de referirse a esas horribles circunstancias, pero Kushina no se disponía a pasarlas por alto, así sin más—. No había comprendido cuán absurda y ridícula era la amenaza que pendía sobre nuestras cabezas, incluida la tuya. Que el regente se apoderaría de todo lo que poseemos, el título, las casas, las minas de carbón, las naves de Naruto... Nos hubiera convertido en indigentes sin darnos ninguna opción en el asunto.
—Creo que lo consideró una oportunidad. Para que el tiro le salga por la culata sería necesario que pensara que en realidad nos había hecho un favor.
Kushina sonrió.
—Me gusta tu manera de pensar, muchacha. Lo mismo se me ocurrió a mí. Eso sí que lo enfurecería, ¿verdad?
Hinata se sonrojó ligeramente y comentó:
—No puedo atribuirme el mérito por ello. Quien tuvo la idea de que esta noche debíamos interpretar nuestros papeles en el baile fue su hijo, en caso de que el príncipe esté presente, para causar la impresión de que el matrimonio nos complace.
Kushina carraspeó.
—No tengo intención de andar con rodeos sobre el asunto, querida mía. Estoy segura de que sabes que Naruto confiaba en que lo rechazarías; es capaz de ser muy cortante, por desgracia, pero tú no regresaste a casa corriendo. Así sea. Admito que ninguno de vosotros tiene una opción en este asunto, así que todos nosotros hemos de poner buena cara al mal tiempo. —Hinata albergaba una pizca de duda acerca de la sinceridad de esas palabras, hasta que Kushina añadió—: Y... gracias por curar la pierna de Naruto y a mí también. Comprendo que no tenías por qué hacer lo uno ni lo otro, pero nos ayudaste de todos modos. Tienes un buen corazón, Hinata Hyuga. Es asombroso, teniendo en cuenta el linaje del que provienes.
Hinata no pudo evitar la risa. Un cumplido y un insulto ambiguo, pero teniendo en cuenta que sus propios sentimientos eran bastante similares, dijo:
—No podemos escoger nuestro linaje, lamentablemente.
—Solo quiero que mi hijo sea feliz. ¿Crees que lo lograrás?
—Sí, creo que es posible si deja de culparme por los pecados cometidos por otros.
—Entonces, tal como dijo Naruto, es él quien carga con la responsabilidad.
Mientras se preparaba apresuradamente para asistir al baile, Hinata atesoró las palabras de Kushina. Le daban esperanzas. ¿Acaso en los Uzumaki había encontrado la familia que siempre anheló?
Naruto dijo que partirían a las ocho de las noche, y solo disponía de unas pocas horas para bañarse, vestirse y arreglarse el peinado, pero con la ayuda de Kurenai lo logró.
Tras peinar el último rizo del lustroso cabello negro de Hinata, Kurenai dio un paso atrás y la contempló.
—Tienes un aspecto... —dijo, pero se interrumpió; parecía a punto de echarse a llorar.
Hinata sonrió.
—¿Tan mal aspecto tengo?
La pregunta arrancó un resoplido de la doncella.
—Nunca has estado más bella. Tu tía te trató muy bien.
La respuesta arrancó un resoplido de Hinata.
—Lo único que hizo fue escoger el color del vestido. Yo escogí el modelo.
—Ojalá pudiera verte esta noche —murmuró Kurenai, y añadió alzando la voz—: Creo que le diré a tu marido que debería hacerte retratar con este vestido.
—No lo hagas. Aparte de que no querrá que exista una prueba de que formo parte de su familia, en todo caso no colgando de una pared, puede que su respuesta te enfade.
Kurenai frunció el ceño.
—¿Qué te ha hecho perder la confianza en ti misma?
—¿Aparte de que se apresuró a aceptar el trato que le ofrecí? ¿O que su ira vuelve a estar a flor de piel tras encontrarse con Sasuke ayer?
—¿Qué trato?
—Da igual. Solo era un trato comercial que algún día podría granjearme su amistad. Al menos eso espero. Y no hagas que me retrase.
Kurenai terminó de abrochar el collar de esmeraldas en torno al cuello de Hinata; las agujas de punta de esmeralda ya habían sido fijadas a su peinado y el brazalete resplandecía en su muñeca. Sus tres vestidos de fiesta habían sido confeccionados a conjunto con esas joyas, todos de un color verde claro distinto, con adornos para diferenciarlos. El que llevaba estaba bordeado de seda de color lima y lentejuelas plateadas... ¡y en la habitación no había ni un solo espejo de tamaño decente, a excepción del suyo de mano!, pero confió en que Kurenai no la dejaría salir por la puerta si todo no estaba perfecto.
—Deberías sonreír cuando lo veas.
—¿Para que no note la ausencia de la pechera? Se disgustó mucho cuando llevé aquel vestido de noche sin pechera.
—Le agradó. Lo único que no le agradó fue el efecto que le causó —afirmó Kurenai en tono monótono.
Hinata soltó una risita. Quizá no debería pensar mucho en lo que Kurenai insinuaba, así que se apresuró a abandonar la habitación. Sonrió al encontrarse con Naruto esperándola al pie de la escalera. Se había cubierto el pecho con un delgado chal rematado de borlas, pues no quería que Naruto notara de inmediato cuán escotado era su vestido.
Era la primera vez que lo veía ataviado de etiqueta: el frac negro, el chaleco gris oscuro por debajo, una impecable corbata blanca perfectamente anudada y sus cabellos morenos formando una coleta perfecta. ¿Es que su ayuda de cámara también había viajado a Londres? Trató de imaginar a Naruto anudando esa elegante corbata pero no pudo.
—Tienes un aspecto muy elegante —dijo ella, y logró no ruborizarse.
—Supongo que eso te complace, ¿no?
Ella empezó a fruncir el ceño hasta que se dio cuenta.
—Sí, desde luego, todas las damas babearán por ti.
—Preferiría que no lo hicieran, pero a condición de que estés complacida...Tú te ves muy bonita… ¿Vamos?
Ella lo precedió al salir por la puerta y dirigirse al carruaje que los esperaba. El cochero le ayudó a montar en el carruaje antes de que Naruto pudiera hacerlo. Hinata se sentó en el asiento delante del que había ocupado el otro día, suponiendo que él se sentaría frente a ella, pero Naruto se sentó a su lado.
Al menos en esa ocasión había espacio suficiente como para que no se rozaran, aunque no parecía tener importancia: él seguía estando demasiado cerca, seguía ocupando sus pensamientos en exceso. Solo dos días más y sabría si casarse con él supondría alguna diferencia...
—Esta noche solo bailarás conmigo, dijo Naruto.
—¿Es lo normal en el caso de una pareja comprometida? —preguntó, mirándolo—¿Es que lo somos?
—Un edicto real niega la necesidad de preguntar, así que sí, lo somos, y ese es el motivo por el cual esta noche no necesitas una dama de compañía. Mi madre se ofreció voluntaria para conseguir una, pero rechacé la oferta. No creí que querrías que una dama de compañía oyera cómo me señalas potenciales amantes.
—¿Es eso lo que estaré haciendo? —preguntó ella, y el rubor le cubrió las mejillas.
—¿Acaso no es lo que tú sugeriste?
Sí, lo era, cuando ella no dejaba de arrojarle incentivos para sellar el trato. Así sea.
«Como cebas así pescas», pensó. Se las arreglaría para hacerlo sin enfadarse con él.
Entonces recordó que quizás él ya tenía una amante y que ese día ya le había llevado el pago por ello. Pero solo para asegurarse, preguntó:
—¿Me compraste un caballo? Me dijeron que hoy regresaste a casa con uno nuevo.
—Así es.
—¿Quién es ella?
—¿El caballo?
—Tu amante.
—Todavía no tengo ninguna. El caballo es para que tú cabalgues mientras estés aquí, puesto que tu yegua está en Konoha Park. Considéralo un regalo de bodas.
—Eso fue... muy considerado de tu parte. Gracias. ¿Es un purasangre?
—Merecedor de ser apareado.
Hinata sonrió para sus adentros; casi le dijo que detuviera el carruaje para poder echarle un vistazo, pero no quería que él supiera cuán complacida estaba. «Este trato puede acabar funcionando —pensó—, si logro pensar en los caballos que recibiré y no en lo que él recibe a cambio.»
Bailar con el hombre más apuesto del salón la noche de su primer baile podría haber sido un sueño hecho realidad. Era embriagador y excitante. Hinata estaba deslumbrada y quería que la noche nunca llegara a su fin.
Provocaron un revuelo considerable cuando llegaron y Naruto anunció que ella era su prometida; no hizo falta que le advirtieran que la sociedad londinense tenía presente los duelos librados por Naruto: dado que el último fue tan público, la noticia había circulado por todas partes. Pero si todos los presentes aún no sabían que él estaba a punto de aliarse precisamente con la familia cuyo heredero había intentado matar, entonces sí lo supieron. Solo ignoraban el motivo, algo que se volvió evidente cuando, de camino a la pista de baile, detuvieron a ambos varias veces y Hinata oyó comentarios como los siguientes: «Que Prinny te pise los dedos de los pies no suele tener resultados tan buenos», «¿Ahora no deberías agradecerle a lord Sasuke?», y todavía más directamente: «¿Qué hizo Sasuke para merecer...?»
Naruto se limitó a alejarse de ese individuo, pero quizá todo el salón se moría por preguntarle por qué se había batido a duelo en primer lugar, lo cual explicaba por qué parecía renuente a abandonar la pista de baile y ya estaban girando al compás del cuarto baile.
Él no era un cobarde, ella lo sabía muy bien. Supuso que solo estaba postergando la ira que esa noche, sin duda, se vería incrementada por los chismosos, y evitando montar una escena a causa de ello, porque después de todo su casamiento no era un tema sobre el que podía mostrarse cortés. Pero ella sí.
—Una sencilla palabra circulará a través del salón y los convencerá de que nosotros...
—¿Se suponía que debía leerte el pensamiento? —la interrumpió Naruto.
—Se te da bastante bien, así que sospecho que sabías exactamente lo que intentaba decir. Pero si esta noche no te molesta que te atosiguen a preguntas sobre nuestro casamiento, entonces no mencionaré una manera genial de evitar que lo hagan.
—Te escucho.
—Si me besas ahora mismo, la gente creerá que el regente nos hizo un favor y que nos casamos por amor.
—Así que el amor lo resuelve todo, ¿no?
—No tengo ni idea. Pero no dejará de explicar lo que estás haciendo aquí conmigo.
—Y estropearía mi oportunidad de coquetear con una mujer esta noche, ¿o acaso esa ya no es tu principal preocupación?
Ella no había pensado en eso, solo en ayudarle a evitar una escena violenta; debería dejar de preocuparse por él en vez de por sí misma, pero guardó silencio durante el tiempo suficiente como para que él dejara de bailar y la estrechara entre sus brazos. Y entonces la besó allí mismo, en la pista de baile, distrayéndola de sus pensamientos y encendiendo su pasión. Hinata oyó unos cuantos gritos ahogados. Tal vez uno de ellos surgió de su propia boca. No le importó; nadie tenía importancia mientras los labios de él se deslizaban de manera tan sensual por los suyos. Estaba a punto de rodearle el cuello con los brazos cuando otra pareja de bailarines chocó contra ellos y los separó.
Hinata rio y, sin dejar de sonreír, aprovechó el instante. Cogió a Naruto de la mano y lo condujo hasta el borde de la pista de baile. Nadie se acercó y nadie les hizo preguntas tontas.
—Creo que funcionó —susurró ella—, o funcionó a medias. Sin embargo, puede que esa palabra tarde unos minutos en recorrer el salón.
—No hablaba en serio cuando mencioné las oportunidades estropeadas.
—¿No?
Él se encogió de hombros.
—Según mi experiencia, las mujeres tienden a desear aquello que creen que no pueden obtener.
Ella resopló.
—¡Qué comentario más absurdo!
—Entonces tú aún no lo has experimentado. La naturaleza humana es así y también afecta a los hombres. —Ella estaba muy familiarizada con la naturaleza humana, ¿o es que él seguía sin hablar en serio?—. Además —añadió Naruto—, esta noche hay demasiadas inocentes aquí, así que no importa.
Ella aún no había contemplado a los presentes: estaba demasiado hechizada por las luces, el brillo y los estupendos atavíos... y por su futuro esposo. Pero era muy agradable saber que consideraba que las inocentes estaban prohibidas.
—¿Es un baile de presentación en sociedad para debutantes?
—No, aunque habrían invitado a la cosecha de esta temporada.
Ella deslizó la mirada por la multitud y dijo:
—Ni siquiera la mitad de las mujeres aquí presentes son tan jóvenes como tú insinuaste.
—¿No lo son? Pero resulta que acuden con sus damas de compañía y muy pocas de estas son viejas.
Ella puso los ojos en blanco.
—Pues decide de una vez.
Algunos reducidos grupos de personas no dejaron de acercarse para saludar a Naruto y ser presentados a Hinata, amigos de él que querían darle la enhorabuena por la boda inminente. Un individuo de aspecto libertino dijo:
—Si esto es lo que obtienes batiéndote a duelo debo encontrar a alguien a quien retar.
Naruto rio.
—Te recomendaría un enfoque menos doloroso.
La palabra «doloroso» hizo que, en cuanto se quedaron solos unos minutos, Hinata susurrara:
—¿No sientes dolor tras cuatro bailes? Y no trates de decirme que no sigues sintiendo un poco de dolor.
—¿Eres consciente que tuve esa herida durante una semana antes de que tú y la fiebre hicieran acto de presencia? Ya había empezado a cicatrizar antes de esa interrupción.
—Eso no es una respuesta a mi pregunta.
—Es tolerable —dijo él, encogiéndose de hombros—. No obstante, aún le vendría bien el suave roce de tus manos. ¿A lo mejor otro filtro de amor sería de ayuda...?
Le estaba tomando el pelo. Ella estaba muy segura de haberlo convencido de que no hubo ningún filtro de amor, así que solo se sonrojó un poco, pero que él sonriera le aseguró que las enhorabuenas de sus amistades todavía no lo habían irritado.
Pero entonces una viejecita soltó una nueva pregunta:
—¿Así que todo se trataba de esta chiquilla? ¿De que los Uchiha estaban tan empeñados en que no la consiguieras?
—Sé que adoras cotillear, Hilary, pero procura refrenar tu fantasía y no inventes. Nunca había visto a Hinata antes de que el regente la enviara a Konoha Park. El cómo y los porqués no te incumben.
Aunque lo dijo con una sonrisa, el tono de su voz era lo bastante duro como para que la dama soltara un resoplido enfadado y se alejara. Naruto ya no sonreía. Aquella mirada feroz se había asomado a sus ojos azules y tal vez por eso nadie más se acercó.
Hinata tuvo tiempo de echar otro vistazo al salón y notó que una cuarta parte de los presentes eran de mediana edad, madres o padres acompañando a sus hijas. Casi la mitad eran jóvenes que disfrutaban de su primera o segunda temporada social, que se encontraban allí para encontrar el amor o al menos un buen candidato o candidata. Era un mercado matrimonial, tal como Kurenai lo había denominado en tono despectivo. Pero ¿en qué otro lugar del país podían reunirse tantos jóvenes con el fin de conocerse?
Era una oportunidad acordada, eso es lo que era, que se había convertido en una tradición y Hinata hubiera formado parte de ella si no fuera por... Apartó la idea de su cabeza.
Al menos estaba segura de ser la única de su familia que se encontraba allí esa noche. A Sasuke le habían prohibido trasladar su libertinaje a fiestas a las que asistieran debutantes. Hinata opinaba que era la única cosa decente que su tío había hecho.
Ella no había escuchado el enfrentamiento entre padre e hijo, pero sí algunos de los criados y oyó unos cuantos de sus cuchicheos sobre el incidente: «Mantener ese escándalo en secreto costó una maldita fortuna.» «Se lio con la virgen equivocada.»
«Ahora ni siquiera puede asistir a esas fiestas. ¿Cómo se supone que ha de encontrar una novia, eh?»
Pero eso sucedió el año pasado, antes de los duelos. ¿Es que Mikoto estaba al tanto del trágico incidente que implicaba a Ino o a las demás? Quizá no: al fin y al cabo aún adoraba a ese despreciable hijo suyo. Y Fugaku también; su enfado con su hijo nunca duraba mucho tiempo, pero una vez que se ponía firme, se mantenía firme.
Sin dejar de observar la multitud, Hinata comentó:
—Pues allí hay un grupo de damas de tu edad y ninguna de ellas es una inocente. ¿Qué te parece aquella?
Naruto miró en la misma dirección y parecía estar a punto de reír.
—Tendrás que hacerlo mejor que eso si pretendes convencerme de que hablas en serio.
Él nunca había dicho exactamente que aceptaba el trato. Lo único que dijo fue «Ya veremos», así que podía limitarse a estar divirtiéndose a costa de ella... o de lo contrario no creía que ella hablara en serio. Si ella le sugería una joven poco agraciada no cabía duda de que él no lo creería. Así que reprimió todos sus pesares e inclinó la cabeza hacia una mujer bonita que quizá tuviera unos años más que él, pero creyó que eso no tendría importancia.
—¿Esa?
—Tal vez.
Ella apretó los dientes y apretó los puños.
—Deberías invitarla a bailar.
—Primero he de encontrar un perro guardián para ti.
—Dejamos los perros en casa.
Como estaba bromeando se sorprendió un poco cuando él preguntó:
—¿Consideras que Konoha Park es tu casa?
Y ella se sorprendió aún más cuando se dio cuenta de que sí.
—Sí, en realidad. ¿Es que no lo será?
Naruto no respondió a la pregunta; en vez de eso dijo:
—Puede que me eches amantes en los brazos, pero yo no he acordado ni acordare lo mismo contigo. Y acabo de descubrir al perro guardián ideal para ti, uno que ahuyentará a cualquier pretendiente. —Y empezó a conducirla a través de la multitud.
—¿Bailarás con ella?
Él le lanzó una mirada divertida.
—¿No acabas de decirme que lo haga?
—Sí, pero...
—Al menos puedo comprobar si está dispuesta.
—¿Puedes comprobarlo con un único encuentro?
—Desde luego.
Hinata cerró los ojos y después se quedó boquiabierta cuando él se detuvo ante el supuesto «perro guardián». ¡Dios mío, era su tía!
—Nos conocimos hace años, lady Uchiha, así que tal vez no me recuerde. Soy Naruto Uzumaki —dijo él con una leve inclinación de la cabeza—. Encárguese de que su hija no baile con nadie mientras yo me ocupo de otros menesteres... porque ella insistió.
El rubor encendió las mejillas de Hinata a medida que observaba cómo él atravesaba el salón de baile y se acercaba a la dama que ella había señalado, la que era demasiado bonita.
—Así que no resultó ser un zorro después de todo —dijo Mikoto—. En todo caso un animal bastante estupendo. Me parece increíble que haya algo que tengamos que agradecerle al regente.
—¿Qué estás haciendo aquí, tía?
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Continuará...
