Segunda parte
Fue por esos días que Serena tuvo una metida de pata terrible con su ajustado presupuesto y Satoshi tuvo que tomar el control de la tienda toda la mañana para permitir que ella viajara a Unova.
—Nuestro primer día solos y nadie resultó herido-bromeaba mientras cerraba la tienda. -Mañana entraremos a las nueve y media, niñas.
—No podemos entrar tan tarde sólo porque Serena no está. -El carácter tan fuerte de la chica provocó que Satoshi la llamara "Deci", porque tenía porte de andar decidida todo el rato. Y con cariño, porque su apariencia de muñeca adorable seguía ahí a pesar del mal carácter. Queria apodarla Anabel, pero tan malo no era.
—Nosotros no sabemos la mayoria de precios, Deci. Sólo será estos dias.
—Satoshi tiene razón.-Opinó otra niña
—Serena se enojará si se entera.
—Deci, dije nueve y media. Si pierdes tán rápido los estribos asustarás a la gente con tu cara enojada. ¿Estás segura que quieres ser Reina de Kalos?
—¡Sí! ¡Por eso es importante no perder la rutina!
—Esta no es una rutina. Es un favor. Nueve, si eso te hace sentir mejor.
—No.
—Nueve.
—Vendré a la hora de siempre.
—Si quieres. Pero estará cerrado así que te quedarás afuera y desayunaras tierra.
Otra vez la niña frunció el ceño y se fue sin despedirse, mascullando algo que Satoshi nuevamente prefirió ignorar.
—Deci nos da miedo.
—No debería, tienen la misma edad.
—Es la favorita de Serena. Sabe que nos llevamos mal y no le dice nada.
—¿Como?
—¡Ella es mala!
—¡Y mucho peor! La otraotraotra vez cuando Serena descubrió que rompimos una falda, Deci nos culpo y Serena le creyó
—¡Y ella tambien se la había probado!
—Si no fuera porque propuso lo de venir a trabajar aquí, no le hablaríamos.
—No odien a Deci.-Satoshi trató de bajar la tensión del ambiente. -Por cierto, ¿cuanto les paga Serena?
Las chicas se miraron con una sonrisa conspiranoica.—No nos paga. Nosotras nos ofrecimos. Le dijimos que nuestra paga sería que nos entrenara a las cinco para las presentaciones todos los días. Nos costó mucho convencerla.
—¡Y lo logramos!
—Por eso nos vamos temprano y podemos faltar si queremos.
—Pero, Satoshi ¿Por qué te quedas? Vienes seguido y nos haces compañía.
El mayor buscó un lugar para sentarse y las demás lo siguieron como un rebaño.
—Serena y yo somos buenos amigos, pero por algunos problemas nos dejamos de ver. Y como ya la encontré, decidí visitarla. Quiero quedarme con ella una temporada y ayudarla en lo que pueda antes de irme.
Obviamente se agarró de pura mentira para que le creyeran. No pensaba decir lo otro, ¿para qué?, no las quería husmeando, menos a Deci.
—¿A dónde te irás?
—¿Por qué no te quedas en Kalos para intentar ser campeón?
—¿Tú no trabajas?
Satoshi las calló con un movimiento de mano. —Primero a ti: Me gustan los lugares nuevos. Me gusta ser un entrenador, llevo muchos años en esto. Ya recorrí Kalos y gané sus medallas, necesito otro lugar. Y sí trabajo, pero estoy de vacaciones.
—¿Volverás cuando ganes todas las medallas? Nunca hemos visto medallas directamente.
—¡Sí, sí! ¡Enséñanos todas tus medallas!
—¿Y copas, tienes copas?
—¿Cuántas ligas has ganado?
—¡Fotos!
Satoshi no pudo evitar recordar con un aire de nostalgia la escuela de Alola— "Mis estudiantes ya deben tener quince años." -pensó.
Fue también por uno de esos días que una de las chicas notó por fin que el brazalete que Satoshi llevaba tenía un diseño femenino. Se lo mencionó creyendo que se había equivocado, y él tuvo que inventarse una excusa para que no sospechara nada; prefería que todo ese asunto quedara entre la ex performer y él, asunto todavía no cerrado porque no quería molestarla ahora que más ocupada estaba. También fue por esos días de bastante trabajo para la ex reina y sus futuras copias que Satoshi sentía que sobraba ahí. Al día siguiente no fue a la tienda, sino que se quedó en el Centro Pokemon para pedir prestada la cocina un rato.
Regresó después de dos horas con una enorme tartaleta de fresa en la mano (le faltaban fresas porque le dio hambre en el camino).
—¡Sorpresa! ¡Vayan a lavarse las manos, niñas!
—¡POOOSTRE!
Serena salió curiosa del despacho cuando escuchó chillar de emoción a las chicas. Ver embarrados de crema el hocico y patas de los pokemon y a su amigo bastante ocupado con un cuchillo le quitó la curiosidad para reemplazarla por ganas de comer. Satoshi la sintió asomándose sobre su hombro, dejó el cuchillo para prestarle atención con una sonrisa.
—No recuerdo cuando fue la última vez que comí ese postre. -Serena tomó un plato, estaba visiblemente feliz -¡Gracias por comprarnos una!
—No la compré. Yo la hice.
—¿Qué? -la mujer clavó sus ojos en el postre- ¿Tú la hiciste?
—Lulú me enseñó una noche. No es difícil, ya puedo hacerlo de memoria.
Satoshi sintió ligeramente que le corazón se le aceleraba cuando la miró dando el primer bocado.
—¿Te gusta? –preguntó con repentina suavidad.
Serena lo miró a los ojos. Ese brillo de emoción infantil estaba presente. Se acordó del día que le regaló el collar en Alola y de lo mucho que Satoshi se había esforzado en la celebración del matrimonio para que se sienta bien y todo sea de su agrado. Un brillo que solo aparecía cuando hacía algo que le gustaba.
Tenía la fuerte impresión de que Satoshi necesitaba que valorara los detalles que intentaba tener con ella.
Sábado y domingo no pasó nada interesante, al contrario, esos días se la pasó hablando con Serena mientras ella entrenaba las rutinas con dos de las niñas. Le invitó a dar algunas caminatas por las rutas a modo de ejercicio y despues de un baño, Satoshi le pidió salir a cualquier lugar cercano. Serena decía que sí a todo, luego se arrepentía cuando le tocaba regresaba a su departamento para darse cuenta que había descuidado su trabajo. A Satoshi no le molestaba sentarse solo para verla dibujar durante horas, pero no dijo nada cuando le molestó que ella se aprovechara del cuerpo masculino para utilizarlo de maniquí. Satoshi estaba rígidamente parado en la pequeña sala sobre una banca, con los brazos en la cintura, rodeado de una cinta métrica y con Serena al lado izquierdo, arrodillada mientras sacaba alfileres de su boca para colocarlos en la basta.
—Cuidado con esos alfileres.
—Estaré bien, Satoshi, es imposible que me los trague.
—Si respiras y hablas puede pasar.
—Ya te dije que no hay de qué preocuparse -Serena sonreía por verlo tan miedoso.
—Arceus, me pones nervioso.
—No demoraré mucho, ya casi termin-.
—¿Te conté cuando el grupo de mi expedición casi se ahoga en el mar? -la interrumpió para que dejara de hablar.
Serena frunció el ceño. Satoshi tenía muchas marcas en los brazos y las piernas. Aunque no lo desfiguraban, provocaban muchas preguntas. —¿Cuantas veces estuviste en peligro?
—La pregunta sería "fuera de peligro".
—Me sorprende que estés feliz y completo.
—No morí antes y no creo que muera ahora... ¡Pero tú podrías morir si sigues hablando con esos alfileres en la boca!
—No todavía. -lo provocó- no hasta que Elesa modele uno de mis trajes. Después de eso, tal vez.
Satoshi pestañeó ante esa respuesta. —¿Eso te gustaría?
—¡Mucho!-Serena se quitó los alfileres y los colocó en una mesita para coger otra cinta métrica y medir su abdomen. —¿Has oído de Kalm? Es diseñador. Lo conocí cuando era reina. Él diseñó una temporada completa para mí y nos volvimos amigos. Ahora trabaja en Unova. Cada año gana el concurso regional de moda. Su diseños son todo un sueño, por eso Elesa los luce. Yo no puedo diseñar algo tan extravagante, pero quiero intentarlo. Quisiera concursar. Será el próximo año en Nimbasa City.
—¿Y por qué me mides a mi, si el traje es para mujer?
—Porque mis demás maniquíes están ocupados y necesito tres trajes.
—¿No altera la forma?
—Sí, pero creo que funcionará bien.
Ambos se quedaron en silencio cuando Serena tomó asiento ante su mesa de trabajo para empezar a escribir números. Satoshi se sentó en la misma banca donde estuvo parado, jugueteando con la cinta métrica rosa enredada en su torso.
—¿Y cuál es el premio?
—Pues..., dinero. Y la promoción de tu imagen. Te dedican la portada en la revista de moda de esa región. Las infaltables entrevistas y muchos contratos. De solo pensarlo, empiezo a emocionarme.
—¿De verdad? -Satoshi no podía dejar de sonreír- Me gustaría verte concursar.
—¿Te gustaría?- ella repitió, mirando de reojo a su compañero.
—De verdad. Hace años que no voy a Unova. Tampoco he ido a ese tipo de concursos, no sabía que existían.
—No creo que un entrenador tenga que saber que existen esos concursos.
—Ahora lo sé y de verdad quiero verte participar.
—Pero yo no modelaré ninguno de mis diseños. -explicó- Debo conseguir a una chica muy hermosa y con buena personalidad para que lo haga. Lo bonito ahí no llama la atención a nadie.
—Estoy seguro que si tu los modelas, quedará perfecto.
—Gracias por tus palabras. -le dedicó una sonrisa dulce.- pero no puedo hacerlo. Necesito una modelo que llame la atención del jurado. Debe ser hermosa...
—Encajas...
—Atrevida...
—Uhm...
—Buena personalidad...
—Ajá.
—Que cautive...
—Tambien...
—Y que no cobre tan caro..., mi presupuesto no me-
—¡DAWN!
—¿Qué?- Serena giró a verlo cuando su grito la sobresaltó. Abrió los ojos en su máxima expresión cuando la tomó de los hombros con entusiasmo.
—¡Tengo a la persona perfecta para ti! Es todo eso, ¡es todo eso!
—¡Qué!-Serena dejó a un lado sus dibujos y se acercó más a él.- ¿Conoces a alguien así?
—¡Sí! Se llama Dawn, es una vieja amiga. Es coordinadora y es todo lo que tú necesitas. ¡Haré un viaje a Sinnoh y le hablaré de ti! El año pasado la visité y está disponible porque se tomó vacaciones indefinidas.
—Satoshi, eso es maravilloso...¿Ha-Harías eso por mí?
—¿Crees que es mucho mejor si la traigo?
—Pero no quiero interrumpirle sus vacaciones.
—Cuando ella dice "año sabático" es porque no quiere hacer nada, la conozco bien. Lo mismo pasa con los años bisietos, son pura excusa, desde que gana dinero por ser Top Coordinadora se la pasa en viajes y comprando ropa. Pero es la mejor persona que podrías conocer. Ella no me dice que no. ¿Qué dices? Puedo traerla y dejarla en Sinnoh si quieres, estoy seguro que Dawn es la indicada. Confía en mi, quiero que ganes y ella te ayudará.
— ¡Ahora de verdad quiero conocerla!
— ¡Vamos a ganar ese concurso sí o sí!
Serena abrazó su cuaderno de dibujo y lo miró sonrojada de entusiasmo. Le hacía muy feliz que Satoshi demostrara interés en lo que le gustaba.
—¿Puedes llamarla ahora para asegurarnos?
—Después de almorzar lo haré. No podemos trabajar bien con el estómago vacío.
Era algo en lo que estaban de acuerdo.
Aunque Satoshi había encontrado algo que le contradecía a Serena: Los días muertos. De esos días donde ni la mosca tiene ganas de entrar a tu lugar de trabajo sólo para recordarte que ahí no entraba nadie. A él le gustaba esos días, porque eran tranquilos y frescos. Si se aburría, podía salir temprano y dedicarle tiempo a todos los pokemon de la tienda; pero a Serena le preocupaba lo suficiente como para mantenerla de pie todo el rato.
—Cerraré temprano hoy. -le dijo en un día prácticamente muerto y estando solos. - Iré por las llaves.
—Te ayudaré a cerrar. ¿Vamos por un helado? Hace demasiado calor.
Serena no dijo nada y cerró la puerta principal sin asegurarla. Caminó hasta el pasillo que la llevaba a la trastienda para salir del local por la puerta que servía como salida de emergencia. Satoshi la miró desaparecer mientras guardaba algunas cosas en una vitrina. Pikachu se había quedado dormido junto a la caja registradora y le dio pena levantarlo. Se cruzaron en su vista los únicos dos pokemon de la tienda que andaban jugando con una pelotita de golf.
—¿Pueden avisarnos si viene alguien? Estaremos atrás.
Apagó unas cuantas luces antes de salir. Abrió la puerta de la trastienda y la encontró afuera, sentada en un banco viejo y escribiendo en su teléfono. Satoshi se sentó, tratando de no hacer bulla para no interrumpirla. Alcanzó a ver la hierva marchita en la zona que demostraba haber sido antes un jardín. Ya se encargaría de darle vida después. Serena guardó el aparato cuando lo oyó suspirar. En condiciones normales, verlo tan cerca la agitaría, pero ya se estaba acostumbrando a verlo a su lado.
—¿Serena? ¿No ibas a cerrar?
—Sí, pero esperaré una hora más. Tengo algo de tiempo antes de ir al entrenamiento y no quiero volver a mi departamento.
—Casi es de noche y el calor sigue.
—No me puedo quejar, en invierno estaré pidiendo que ya venga el verano.
—El invierno es horrible cuando viajas. Tienes calor y frío a la vez. -comenzó una pequeña charla.
—No lo sabía. Nunca viajé en temporada de invierno. En Hoenn el calor es constante.
—Lo sé. Deberías intentarlo.
—Algún día lo haré.
Ambos mayores se sonrieron antes de guardar silencio otra vez. Serena miró de reojo el brazalete en la muñeca de su amigo. Algo le decía que era un buen momento para hablar de lo que Satoshi quería. Apretó lo labios, comenzaba a sentirse nerviosa.
—Creo que ya puedes devolverme mi brazalete?
—No. Todavía no. -Satoshi estiró su manga para ocultarlo de su vista. -Primero quiero escucharte.
—Es que no entiendo qué es lo que debo decir.
—¿Es tan importante para ti este brazalete?
—¡Mucho! Me lo dio la primera persona que me ayudó en Hoenn. Él era muy...era increíble. -Serena suspiró con encanto- No pensé que los hombres fueran coordinadores tan difíciles de vencer. Me enseñó muchas cosas. Cuando entré a los concursos y logré ganar dos listones, él me lo regaló. Se fue a Johto después de eso. No lo volví a ver. Pero me alegra que sea así, estaría decepcionado si supiera que dejé los concursos. Nunca entendió que sólo era un paso a mi meta principal.
Serena le regaló una sonrisa a la nada, pensando en muchas cosas de su pasado y deseando tener el adorno en su muñeca para sentir que Drew seguía con ella.
Pero recordó la razón por la que se lo dio. Satoshi lo había mantenido con él todo el tiempo, igual que ella con el pañuelo. Eso le provocaba un cosquilleo en la garganta. Deseaba que él pudiera haber experimentado el mismo nivel de valor que ella le dio al pañuelo. Pero algo dentro de ella le obligaba a creer que eso no había sucedido. Se alisó la falda para apoyar sus manos en ella mientras volvía a suspirar.
—Satoshi, ¿pensabas en algo cuando mirabas el brazalete?
El joven no se sentía con ganas de una nueva ronda de preguntas, pero esa sería la excepción.
—Sí. Un tiempo después. Cada vez que lo miraba, yo-
—Espera. -Serena lo sorprendió cuando le cubrió la boca con la palma de su mano. -Me gustaría decirte algo antes.
Retiró su mano y bajó el rostro con un gesto de pena. Satoshi se la quedó mirando fijamente.—Cada vez que miraba tu pañuelo, pensaba cosas como: "¿Cómo estará?", "¿Se acordará de mi?", "¿lo volveré a ver de verdad?" Lo guardé mientras pensaba que en cualquier momento podría verte. Suena tonto, pero creía que podía pasar.
Él ensanchó los ojos por la impresión. —Serena, es lo que yo pensaba.
Serena se fijó en la hierba seca bajo sus pies. Por un momento, pareció perderse en su propio asombro. Ninguno dijo nada cuando un grillo empezó a cantar, quizás por querer oírlo o por no saber qué decir en esos momentos.
—Aún así, tu...
Satoshi ya sabía a qué se refería. Respiró profundamente para no enojarse.
—Satoshi... ¿cómo sabías que estabas enamorado de verdad?
Algo le decía que Serena tuvo que haberse enterado de su anterior relación. Quería enojarse por eso, pero reunió toda la paciencia que tenía, no quería responder algo de lo que se arrepintiera después. Tomó aire para llenar sus pulmones y exhalar con suavidad.
—Pues, sentía que ella era todo lo que quería.
—¿Todo lo que querías?
—Sí. Pero se acabó. No me di cuenta en qué momento.
Serena reflexionó sobre su respuesta antes de asentir levemente.
—Entiendo.
El silencio otra vez se presentó, pero a diferencia de las otras ocasiones, ahora comenzaba a ser incómodo.
—¿Y qué se siente? ¿qué se siente terminar con alguien?
Se arrepintió profundamente cuando Satoshi se encogió de hombros y apoyó los brazos en sus rodillas, sin contestar. No sabía cómo interpretar el gesto, lo que hizo que empezara a sentir nervios y vergüenza por meterse en algo que no debía.
—¡Siento haber preguntado! Perdóname, no debí meterme.
—Esta bien -el chico trató de calmarla con un tono de voz comprensivo, aunque su rostro todavía tuviera un gesto extraño.-Supongo que tienes curiosidad.
Frunció el ceño cuando trató de explicarle, la situación le pareció muy rara, rayando a lo incómodo.
—Es como..., como si perdieras algo.
—¿Perder?
—Como estuvieras incompleto. Arrancarte un pedazo. ¿Entiendes? -en realidad, ni él se entendía bien. Sólo lo sintió una vez pero estaba seguro de no querer repetirlo nunca, fue la sensación más extraña de su vida.
—¿Y dura mucho esa sensación?
Un largo suspiro hizo subir y bajar sus hombros.— Creo que depende de porqué se terminó. No estoy seguro, me duró varios días. No quería que nadie me hable. Pikachu me electrocutó porque se había hartado de mi actitud.
—Lo siento. -volvió a disculparse.
—No pasa nada; no lo sabías. No terminamos mal, hablamos de vez en cuando.
Serena alzó la vista y lo miró con timidez. Logró desviar los ojos hacia delante antes de hacer contacto visual y se arregló el pelo con suavidad. Satoshi ya sabía que aquel gesto era recurrente en ella cuando estaba nerviosa.
—Me siento mejor.
—¿Por qué?
—Es que...-Serena se fijó en la pantalla de su móvil y empezó a deslizar el dedo. -Hace casi un año salí con alguien de forma seria. Pero no me sentí como tú cuando dejamos de vernos. Tal vez no sentía nada en realidad.
—¿Por qué saldrías con alguien que no quieres?-el entrenador estaba sorprendido- ¿Y quién era?
Serena detuvo su búsqueda y levantó el objeto para mostrarle una foto. Satoshi abrió los ojos en toda su expresión.
—Se llama Ashley.
Le dio el móvil. Satoshi observó la foto con mucho cuidado, todavía sin salir de su asombro. El chico se veía normal, pensó, lo sorprendente era el contexto de la foto. Estaba sobre un escenario, tocando una guitarra acústica mientras cantaba. No estaba mal; bonito rostro, músico, al parecer alegre y algo extravagante por la ropa que llevaba.
—Pero...¿qué pasó?
La mujer guardó el aparato con una visible tristeza en su rostro, e inútilmente disimulada.
— Nada. Eso pasó
—¿Te hizo algo malo?
—No. -Serena lucía confundida. - En la cuarta salida descubrí que... era muy bueno, pero no sentía que fuera lo que estaba buscando. Se lo dije en una de nuestras citas.
—No puede ser. -Satoshi negó con la cabeza. -¿No reaccionó mal?
—Creo que no. -respondió con un tono áspero- Me hizo sentir peor.
—¿Él lo sabe?
—No lo sé.-Serena estaba visiblemente molesta. —Pero creo que estuvo bien, supongo. Cuando le dije que no podía seguir, me miró asustado y luego dijo que era tan difícil estar con una chica como yo. No quería dejarme, pero me confesó que no sabía cómo tratarme cuando me miraba nostálgica. Él era músico, así que me describió como "una tranquila depresión que desaparece por momentos". Es un buen chico y lo dejé ir por tonta. Por eso estoy sola. Perdí a alguien que me quería de verdad por..., por...
—Está bien. -Satoshi posó tranquilamente su mano sobre las manos de Serena, intentando calmarla. Esa acción la tensó, pero recuperó la calma con lentitud tras un suspiro. -Supongo que es mejor sentirte enojada ahora.
—¿De verdad?
—Estoy seguro que te sentirás mejor cuando cierres ese tema. Él te quería, merecía que tu lo quieras de la misma forma. Si no, no tenía caso. No vale la pena.
Serena retiró con suavidad sus manos.
—No dejaré de sentirme culpable.
—Serena.
Quería cambiar de tema como sea. Pensó que si ella había hecho una pregunta personal, él también podía hacer lo mismo. Serena le dirigió su mirada azul al oír su nombre.
—¿Puedo preguntar yo también?
Asintió, dudosa.
—También es algo muy, muy personal.
—Bien..., es justo.
Satoshi sintió que ya se arrepentía, pero sacudió su cabeza y trató de desplazar la sensación. Ella intentó explorar un área que él trató de olvidar, era su turno de hacer lo mismo.
—Mi pregunta es: ¿Qué se siente querer a alguien por tanto tiempo?
Serena cerró los puños sobre su regazo, arrugando ligeramente la tela de su falda. La pregunta fue como un balde de agua fría
—¿Cómo?
—¿Es difícil?
La chica se mordió la lengua para no reclamar. Se limitó a mirar el piso, incapaz de pronunciar palabra por sentir su garganta seca. Pero era justo que le preguntara después de su intromisión anterior.
—Se siente extraño... -comenzó-Te sientes tonto y a veces triste. -se arregló un mechón de pelo mientras ahogaba una pequeña risa avergonzada. -¿Difícil? Un poquito. No te entiendes para nada. No puedes controlarlo completamente.
Satoshi no se esperaba una respuesta así.—¿Por qué si te hacía sentir así, me seguías queriendo?
Sintió que se había pasado cuando Serena se quedó muda y apretó los labios, pero por la forma de su respiración y levantar ligeramente las manos, podía notar que estaba pensando.
—En realidad...Ni yo misma me lo explico. No es algo que yo estoy forzando, te lo juro. Es como si cada vez que te miro después de separarnos, una parte de mí es feliz y se niega a serlo con alguien más... No puedo mirar a alguien más de la misma forma que te miro a tí. No lo puedo explicar.
Agradecía que él permaneciera en silencio, sus propias palabras la hacían pensar. Satoshi llamaba, su sola presencia llamaba a su corazón a latir por él, a sufrir cada pequeña cosa y ser feliz por cada detalle -sin intención-que él tuviera.
—Sabía qué clase de persona eres.-continuó- Era imposible que alguna vez tú vayas a sentirte de la misma forma. Pero fue como si a una parte de mí no le importara.
—¿Lo sabías?-el recuerdo de su madre empezó a sentirse.- ¿Entonces, por qué?
—Decidí intentarlo.
—¿Pero, porqué?
Las dudas llegaron a la mente del chico, en multitud y con sentimientos muy descontrolados. No tenía sentido para él.
¿Por qué una chica como Serena se había fijado en él? ¿Por qué ella, si él conoció a bastantes chicas antes sin llegar a ese resultado? ¿Por qué, si ya hubieron otros que le demostraron tener sentimientos por ella? ¿Por qué lo quería a él? No tenía sentido.
—Me odio por decir esto pero, -la interrumpió- creo que, fhhh, te mereces a alguien mucho más...que yo ¡no! me refiero a que, creo que no estarías bien. Serena, alguien podría quererte más. Alguien podría quedarse contigo y no tendrías que estar preocupada de su regreso o de no ser suficiente.
Serena suspiró mientras jugueteaba con uno de sus mechones, porque sabía que Satoshi nunca iba a entenderla. Abrió la boca como si fuera a responder, pero en realidad, el recuerdo de un chico la llenó de temor y le hizo dudar otra vez.
—Gladion tenía razón, no saco nada bueno de esto...
Pero, una idea diminuta le hizo sonreír. Tenia razón, Satoshi no podría verla como algo mas, pero él podía verse a si mismo.
—¿Por qué no?-preguntó.
Satoshi se quedó estático. Ahora sí que se confundió. Esa nueva perspectiva era mucho más confusa. ¿Qué razones había para que Serena no lo quiera? Trató de pensarlas, pero sólo recordó que Serena nunca se quejó de él, así que no podían ser válidas. Trató de hallar otras, quizás había.
Aún así, ella parecía ignorarlas. O amarlas.
—Dime porqué no tengo que quererte. Una sola cosa.
—Eso, pues, -no sabía qué decir- supongo que estarías mejor con alguien que esté a tu lado siempre.
—¡Ese no es un motivo! -Serena endulzó la voz sin darse cuenta- Eres un entrenador, viajar es parte de tí. Tiene que ser algo tuyo que evite que yo te quiera.
Satoshi aún intentaba pensar en algo, pero la sonrisa cariñosa de Serena lo hacía imposible. Como si su silencio fuera la respuesta a todo: nada, no había nada.
—¿Y si no hay nada, por qué razones tendría que quererte?-siguió con calma.
Eso es aún más difícil de responder.
—No puedo responder. -se rindió.
—Entonces puedo quererte, ¿verdad?
Satoshi sintió que se congelaba.
—¿Te molestaría si tú me gustases tal y como eres?
Esa fue la primera vez que Satoshi sintió cómo su rostro empezaba a acalorarse para teñirse de rojo, hasta notó cómo cruzó una pierna y empezó a agitarla, inclinándose ligeramente sobre sus rodillas para que su flequillo cayera y le cubriera una parte del rostro.
¿Y por qué no? Nunca se había hecho esa pregunta y tampoco encontraba algo para negarla. Serena se asustó ligeramente cuando no le respondió, pero su imaginación no llegaba a creer que en realidad Satoshi no hablaba porque su corazón está demasiado acelerado, no sabía si de nervios o de emoción, la pregunta fue hecha con una mente inocente pero a la vez tan bien hecha que lo hizo ruborizarse.
El brazalete que fue suyo durante bastante tiempo reflejó el brillo de una bombilla de la calle. Lo miró de la misma forma que lo hizo cuando el tiempo lejos empezó a sentirse. Al mirar atrás, se dio cuenta de que lo que había sentido por su novia era totalmente diferente a lo que sentía por Serena.
Quería soltar todo el revoltijo se sentimientos, pero no podía.
Serena intentó levantarse creyendo que ya lo había arruinado todo, pero no esperó que Satoshi la tomara de la mano para evitar que se fuera. La retiró con rapidez, intentando reprimir un jadeo.
—T-Tengo que cerrar.
Quizás
—¡Espera!
Está enamorada, siempre lo ha estado y el sentimiento sigue ahí, terco y duro ante las diferentes cosas que lo golpean. No quiere irse, todavía no. Nunca le dijeron que dejara de existir y cree que por eso debe seguir viviendo. Se amoldó al tiempo, razonó sus opciones, dejó de ilusionarse y trató de que su dueña aguantara un poco más.
Proxima parte: Mañana a esta misma hora :)
