_ Te daré toda mi vida si es necesario.
Las palabras de Seiya le llenaban el alma, sentía una cálida sensación. Sonrío y acarició el rostro del castaño, feliz, correspondida. Sin embargo, se espantó cuando se percató que había algo detrás de él.
_ ¿¡Seiya!?
Unas bellas alas blancas brotaron de su espalda… Pero era una sombra que agarraba sus brazos con fuerza.
_ ¿¡Quién eres!?
_ No olvides quién eres y por qué estás aquí, Atenea.
_ ¡Ah! – dio un gemido por la falta de aire, después de quitar su cabeza de la armadura de copa. – Seiya… - se angustió.
_ Kanon de Géminis, el que fue capaz de engañar a mi soberano tío: Poseidón.
_ Él mismo.
_ Traicionaste a Atenea, intentando matarla; por lo que fuiste encerrado en Cabo Sunion; después manipulaste al ejército marino para vengarte; y después blandiste tu puño contra aquel que te recibió en su armada. ¿Cómo puede la princesa Atenea recibirte después de todo eso?
_ Ella nunca dejó de tener fe en que regresaría al camino digno, a pesar de que le fallé tantas veces. Ahora sólo vivo para redimirme por mis pecados. Para acabar con todos los males de este mundo y después recibir el castigo que tengan los Dioses para mí.
_ Palabras honorables para un ser traicionero. – respondió Aquiles.
_ ¿Eres tú el más fuerte de esta armada?
_ Sí, yo he de acabar contigo, por burlarte de seres divinos.
_ Aquiles, tú eres muy impulsivo, no creo que puedas manejar esta batalla. – Helén le agarró el hombro.
_ ¡Quién te has creído! – lo agarró del cuello molesto.
_ ¡Suelta a Helén, ser inservible! – se molestó Helena.
_ Vaya, parece que no hay armonía entre tu ejército, Dios Hefesto.
_ Bien, Aquiles, te dejaré pelear contra Kanon.
_ ¿¡En serio!? – se emocionó el joven de ojos azules.
_ Por favor, no me defraudes.
_ ¡No lo haré, mi señor! – sonrió emocionado.
_ Prosigamos. – corrieron a la dirección que buscaban.
_ Superior Kanon, ¿va a dejarlos pasar? – preguntó Evan.
_ No tengo otra alternativa. Y bien… - cerró los ojos. - ¿Vas a atacarme tú también, caballero de Tekko?
_ ¡Son dos! – gritó asustado el caballero del can menor.
_ ¡ALAS DEL CIELO!
Unas energías en forma de alas salieron de su espalda, expandiéndose por toda la casa de Aries. Las plumas destellaron como una lluvia de estrellas, cegando e hiriendo a los hombres.
_ ¡FILO DE FUEGO! – las plumas se quemaron desapareciendo.
Alec con su mandoble lanzó una energía cósmica que hirió a Ícaro. Y aprovechando el descuido, el caballero de Aries decidió lanzarse.
_ ¡EXTINCIÓN ESTELAR! – atacó Kiarad a Alec.
Al ver que Alec iba a recibir un ataque brutal de frente y sin defensa, Pirito se asustó.
_ ¡Detente! ¡MAZA VESÁNICA!
_ "¡No, eso va a matarlo!" – se asustó Tomás.
¡ESTOCADA DEL DIOS! ¡ALAS DEL CIELO!
Silencio total
_ ¡Dios mío! – una voz femenina ingresó al área. - ¡Está muerto!
Los herreros del fuego pararon, mirando incluso curiosos a los caballeros que se paraban en frente de la casa de Cáncer.
_ ¡Yo soy Pierre de la constelación de Pintor! – su cabello era un marrón calizo y sus ojos celestes fuertes, grandes, de rostro alargado y nariz estilo romano.
_ ¡Yo soy Narcisse de la constelación de Lira, caballero de Plata! – su cabellera era rubia y sus ojos marrones y pequeños, pero rasgados. Su nariz era puntiaguda.
_ ¡Yo soy Aristeo de la constelación de Escultor! – pronunció un hombre con todos los rasgos griegos.
_ ¿Es esto el club de Arte o el santuario de Atenea? – preguntó Helena.
_ ¡Están jugando con nosotros! – se alteró un poco Bía, lanzando uno de sus sais (como un puñal muy filudo hacia ellos.
Pero aquella arma le dio directamente en la cabeza a Pierre, sin embargo estaba inmóvil y cayó una gota de pintura.
_ ¡Es de mala educación arruinar un cuadro! – gritó.
_ Estamos en una ilusión, tengan cuidado. – Pélope por favor, destruye aquel anexo.
Pélope era un joven muy alto, de tez trigueña, de ojos miel y pestañas largas. Cabello negro corto y nariz respingada. Uno de los más jóvenes del grupo de la herrería del fuego.
_ A la orden.
Con la Kopis Griega que poseía incluida a su armadura, cortó el cuadro y un gran brillo salió de este.
_ Así que este es el paso a la casa de Cáncer. No crean en nada de lo que ven, van a querer retenernos.
Caminaron mirando para todos los lados, sospechando y lento. Había dos estatuas de cangrejo a los costados de la puerta principal.
_ ¡Posición de defensa! – todos formaron un círculo que daba la espalda hacia el centro.
Entonces las dos estatuas tomaron vida y agarraron de la pierna a los herreros Helén y Paris.
_ ¿¡Qué está pasando!?
Hari destruyó aquellas estructuras con rapidez.
_ Tengan cuidado.
Caminaron un poco más pero el pasadizo estaba repleto de estatuas de caras (semejantes a las honorificas griegas) pero con terror denotado en sus rostros.
_ Había oído que la casa de cáncer era de por sí un lugar escalofriante, el más cercano al inframundo. Pero esto superó a mis expectativas. – comentó Hari.
_ Tranquilos, sólo tratan de atemorizarnos. – respondió soberbia Helena.
Pero en ese momento empezaron a gritar como almas en pena y atacaron a los herreros con sus manos tratando de ahorcarlos.
_ ¡Hari! – gritó Hefesto.
_ ¡Lo tengo! – el hombre de rasgos hindús lanzó su shakram decapitando todas las cabezas de las estatuas.
Pero no se imaginaron que así, sin cabeza, seguirían atacando.
_ Esto definitivamente es culpa del club de arte. – dijo fastidiado Pélope.
Mientras se defendía se apoyó a la columna pero esta empezó a derretirse.
_ ¿¡Qué sucede!?
_ Todo se está deshaciendo. – gritó Bía.
_ Es… ¿Es pintura?
_ ¡Bienvenidos a la casa de cáncer, parece que se equivocaron de lugar. Nosotros los reubicaremos… pero al infierno! – gritó Pierre.
_ ¡Muy osado de tu parte hablarle así a un Dios! – gritó Hefesto. – ¡Paren esta ilusión ahora mismo!
_ ¡Los osados son ustedes! – la pintura los bañó a todos y empezó a quemar sus pieles. – Ahora morirán por el ácido, mi gran obra de arte: ¡LA ESCENA DE COLOR LETAL!
_ ¡REFLEJO DE FORMACIÓN ESTELAR! – gritó Cratos, cuya égida lanzó una energía como sonda que se llevó toda la pintura y la hizo saltar al alrededor. - Te atrapé. – sonrió.
_ ¡Pierre! – gritó Aristeo.
_ Vas a morir con tu propia arma. – proclamó Helena.
Helén lo miró apenado, odiaba ver herida a la gente, a no ser que sean malas personas. Se cuestionaba si era realmente correcto lo que estaban haciendo, privar a la Diosa Atenea de estar con su gente, recuperarla y conservarla cuando ella era símbolo de armonía entre naciones.
_ ¡Ah…! – gemía de dolor mientras su piel se quemaba.
_ El poder la égida es defensivo e impasible, capaz de devolver el mismo ataque. ¡Vas a pagar por burlarte de nosotros!
_ Sacre bleu… - dijo llorando. – Moriré con honor.
_ ¿Hay alguna manera de curarlo? – se acercó Hefesto.
_ No, sus heridas son intensas.
_ Le devolviste todo el ácido en nuestros cuerpos sólo a él, ningún humano puede sobrevivir a esto, Cratos. – renegó Helén.
_ El ejército de Atenea mató a mi hermano menor, merecen perecer.
_ ¡¿Pierre?! – la tristeza en la voz del caballero del escultor se oía. - ¡Reacciona Pierre!
_ ¡Voy a vengarlo, Aristeo! – reclamó Narcisse. - ¡CANTO DE LA DONCELLA!
_ ¿¡Qué!?
_ ¿¡Están viendo a la misma mujer que yo!?
_ Qué tonada más hermosa…
_ De repente me siento débil. – dijo Hefesto.
Aquella bella mujer lo agarraba del rostro.
_ ¡Dios Hefesto! – dijo alterada Bía (cuyos celos se denotaban). - ¡Ugh!
Un Sai cayó justo a las cuerdas de la Lira de Narcisse. Pero con dos tonadas se devolvió hacia la joven. Este le iba a caer en la cabeza, pero Hefesto reaccionó botándolo lejos con el martillo.
_ Lamento haberme desorientado, Bía. – la ayudó a levantarse y ella se sonrojó.
_ Tu antecesor era Orfeo de Lira, ¿no es verdad? Creo que tu melodía es buena pero le falta técnica ofensiva. Lamento tu pérdida.
_ ¡Tonterías! ¡FOTOCOPIA! – unas esculturas idénticas a los herreros del fuego los rodearon.
_ ¡PIRITO, RESPÓNDEME POR FAVOR!
_ ¡Tomás, Tomás!
Galena, la joven de cabellera rubia platinada y ojos celestes rasgados, se acercó y con sus delicadas manos agarró el corazón de Tomás.
_ Tu corazón ha parado, pero no han transcurrido cuatro minutos. Déjame salvarte, fiel caballero. – una cruz se marcó en su pecho como un reloj, este indicaba el tiempo de recuperación. Las manchas moradas de las heridas marcadas en su piel comenzaron a sanar.
_ ¿¡Y Pirito!?
_ Sus heridas son demasiado graves, no hay nada que pueda hacer…
_ ¡No! – Alec se negaba a aceptarlo.
_ Alec, pequeño…
_ ¡Pirito, por favor respóndeme!
_ Quiero que aproveches el tiempo que te queda. – finalmente dio su último respiro para apagarse eternamente.
_ Lo lamento, de verdad. – agregó la joven.
_ ¿¡Lo lamentas!? – lanzó su mandoble para lastimarla.
_ ¡BASTA! – lo detuvo Kiki. – Asume tu derrota.
_ ¡ESTA BATALLA NO HA TERMINADO! – pero sus fuerzas no le dieron y se desmayó.
Galena se acercó a analizarlo.
_ Tiene mucha fiebre.
El análisis de cuerpo completo era una energía luz verde que pasaba de pies a cabeza.
_ ¡Tiene leucemia!, este niño, tan joven…
Ambos lo miraron, apenados.
_ ¿Qué reglas aplicarán estas técnicas? – preguntó Helén.
El joven le dio un martillazo a su estatua y cayó al suelo.
_ ¿¡Acabas de golpearte tú mismo la cabeza!?
_ ¡No, yo ataqué a la fotocopia!
_ Ya veo cómo funcionan, es atacarnos a nosotros mismos el lastimar las esculturas…
_ ¡Paris, ¿qué haces?! – la joven agarró su arco y flecha.
_ Debemos avanzar. – lanzó su arma.
En ese momento, impactó el corazón de Aristeo, pero gracias a su armadura sólo le causó una herida grave (sin embargo no mortal).
_ Ah… - se desmayó.
_ ¡Helado! – La flecha congelante de Paris le dio a Narcisse y él no pudo moverse.- Prosigamos, mejor.
_ Parece que nos quedamos sin dos peones en esta batalla, Hefesto… - caminó a mirar la ventana. – La casa de Géminis, ambos caballos entran en guerra.
Un dolor muy fuerte se colocó en su cabeza.
_ ¿Qué me está pasando?
_ ¡Saori! – se acercó corriendo Seiya.
_ Seiya, vuelve a la casa de sagitario.
_ No trates de ser valiente conmigo. Hay algo en ti que no está bien…
_ Tú siempre preocupándote por mí, Seiya. – lo abrazó. – No dejes que te maten, sin importar qué tan grande sea tu adversario.
_ Saori…
_ La batalla realmente empieza ahora.
_ No creí que llegarían a la casa de Leo. No tengo la obligación de decirles mi nombre, pero tienen que saber quién ha acabado con sus miserables vidas.
_ Vaya arrogancia para recién haber sido ascendido a caballero de Oro.
_ Soy Ikki, sucesor de Aioria de Leo, el protector de esta casa. ¡Y NADIE CRUZARÁ MIENTRAS YO ESTÉ CON VIDA!
