Capítulo 20

Sakura miró la casa que se extendía frente a ella. El techo de color rojo le recordaba a los templos budistas, aunque la forma era completamente distinta, en lugar de las curvas hacia afuera en las orillas, este techo caía plano hacia abajo, encontrándose con las paredes de color blanco de la casa.

La calle donde se encontraba era una residencial, tapizada con árboles y arbustos que denotaban tranquilidad.

"Hogar dulce hogar" escuchó la voz de Aoi a su lado.

"Que bonita casa." Dijo ella con amabilidad.

"Gracias, pero anda, vamos adentro de una vez." Dijo él rodeando sus hombros con su brazo en un gesto relajado. A Sakura no le molestaba su cercanía. Aoi era una persona muy confiada y así como se lo había dicho al conocerlo, no era el mejor en saber mantener el espacio personal de otros. Sin embargo, no era algo que la incomodara. A estas alturas ya se había acostumbrado al chico.

Caminó a su lado hasta que con la llave abrió la puerta.

El interior de la casa era muy… limpio. Tenía un aspecto minimalista, lleno de luz proveniente de las ventanas. El piso de madera de bamboo casi brillaba. Todo lo contrario al departamento de Aoi en la ciudad. Sakura había ido un par de veces para terminar algún reporte o estudiar, pero prefería hacerlo en su propio apartamento o en la escuela. Aoi tenía un desastre en la forma de ropa tirada por todas partes y trastes sucios.

Debido a que la casa de su madre se ubicaba en la isla de Lantau, se había mudado a la ciudad de Hong Kong desde la preparatoria. Claro que su madre ayudaba a pagar la renta. Pero por lo que veía el estilo de vida de Aoi era totalmente opuesto al de su madre.

"Ya llegamos" dijo Aoi mientras se quitaban los zapatos en el recibidor.

"Justo a tiempo para la hora de la comida" escuchó una melodiosa voz desde una de las habitaciones al fondo. Se escuchaba alegre.

"¿Vienes seguido a visitar a tu madre?" le preguntó curiosa.

"No tan seguido como me gustaría" respondió la voz femenina antes de que su amigo pudiera decir algo. Sakura volteó para encontrarse con una atractiva mujer quien les sonreía dándoles la bienvenida.

La madre de Aoi era… totalmente distinta a su hijo. Probablemente si los viera juntos no habría pensado que eran madre e hijo. Ella contrario a los tonos oscuros de Aoi tenía un largo cabello pelirrojo, su tez era más pálida que la de Aoi aunque también era bastante alta. Y sus ojos cobrizos contrastaban con aquellos negros de su hijo.

Sakura se quedó mirando esos ojos color cobre por unos segundos, pensando que los había visto antes en alguna parte.

"Y bien, ¿Quién es esta chica tan linda?"

La pregunta la sacó de su ensimismamiento, pero Aoi fue el que respondió. "Ella es Sakura Kinomoto, una amiga de la universidad."

"Mucho gusto" dijo Sakura regresándole la sonrisa a la mujer, extendiendo su mano hasta ella.

"El gusto es mío" respondió estrechando su mano suavemente. "Soy Kaho Mizuki, pero por favor llámame Kaho."

Sus ojos cobrizos se enfocaron en ella y Sakura sintió como si la mujer estuviera viendo a través de su alma.

"¿Qué has preparado para comer?" las distrajo la voz del chico quien ya había desaparecido por una de las puertas.

Kaho sonrió y le dijo a Sakura, "será mejor que pases, la comida siempre es excelente antes de escuchar cualquier historia, ¿no crees?" y con eso, la soltó de la mano, desviando su mirada, siguió el camino que había tomado Aoi.

¿Qué historia?

"La comida estuvo deliciosa" dijo Sakura con aprecio, sintiendo su estómago más que satisfecho.

"Me alegro que te haya gustado, no es tan común que Aoi traiga a sus amigos a casa. Aquí entre nos, no es fan de venir a visitar a su madre." Dijo Kaho guiñándole el ojo.

"Vengo cada mes, además, no muchos quieren venir hasta acá, son casi tres horas de camino." Respondió su hijo.

Kaho rio. "Bueno, agradezco que hayan venido esta vez, entonces."

"Sakura estaba muy interesada en conocerte y ver tu biblioteca."

"¿Te gustan los libros de historia Sakura?"

Sakura asintió sonriente. "Sí, me gustan mucho los libros. Mi papá era arqueólogo y tenía también una colección bastante grande."

"¿Arqueología? Que interesante, tal vez, Aoi, tienen más en común de lo que piensan entonces."

Sakura parpadeó confusa, aun así, no preguntó respecto al comentario. Tenía que ver si aquel libro que le había comentado Aoi se encontraba ahí. "De hecho, ahorita estoy ayudando a una amiga, estudia diseño de modas y está estudiando sobre vestimentas en épocas antiguas" dijo mientras buscaba en su pequeña bolsa, la hoja doblada con el boceto del traje que había visto. "Tomoyo está buscando un estilo como este y bueno… Aoi me comentó que le pareció ver el mismo estilo una vez en un libro." Repuso pasándole la hoja.

Kaho la tomó en sus manos y miró el dibujo. "Mmm… interesante…¿y dices que es para una tarea de la universidad?" preguntó entrecerrando los ojos.

Sakura prefirió no perder tiempo para afirmar, en caso de que pareciera extraño. "¿Has visto algo de ese tipo?"

Kaho miró el boceto nuevamente y luego a Sakura. Sakura no entendía la extrañeza en su mirada. "Sí, hay un libro con una ilustración similar a esta. Aunque es extraño… no es un libro de historia precisamente."

Sakura frunció el ceño confundida. "¿Lo puedo ver?"

Kaho asintió y le sonrió. "¿Por qué no me acompañas a buscarlo?, y aprovecho para enseñarte la biblioteca. Aoi puede encargarse de lavar los trastes mientras tanto."

"Yo también puedo ayudar con los trastes." Dijo Sakura apenada, pero Aoi negó con la cabeza.

"No te preocupes, yo he visto esa biblioteca demasiadas veces. Iré a lavar los trastes y tú aprovecha para acompañar a mamá." Le dijo guiñándole el ojo, sonriente. Ahora que lo pensaba las muecas y expresiones que hacían ambos eran casi iguales.

Sakura siguió a Kaho y descendieron por unas escaleras de madera. Intentó disimular su suspiro de admiración. El cuarto estaba lleno de libros. En verdad era una biblioteca por si solo. Sakura supuso que todo el piso bajo la casa era lo que constituía este cuarto. Kaho avanzó entre los estantes mientras Sakura la seguía, mirando embelesada los libros que tapizaban el lugar, esa parte de la casa era todo menos minimalista.

"Es este" escuchó la voz de Kaho al fondo y puso atención al motivo por el que se encontraba ahí. Sakura avanzó hasta donde se encontraba la mujer adulta y la vio sentarse en un sofá en una de las esquinas. "Ven, siéntate a mi lado." Le dijo. "Decidí poder un sofá porque muchas veces era más práctico que estar subiendo y bajando escaleras." Dijo en un tono risueño. "Practicidad suena mucho más bonito que flojera ¿no crees?"

Sakura sonrió y tomó asiento a lado de la mujer, viendo el libro que le mostraba.

Era un libro no muy grueso, la cubierta de cuero se veía vieja, oscura y desgastada. En la portada se lograba distinguir apenas la figura de un círculo con figuras al centro.

"Este no es exactamente un libro de historia." Dijo Kaho. "Es un libro de leyendas folclóricas que solían contar a los niños en Japón." Abrió el libro, buscando hasta que dió con la página de su interés. "Por lo mismo cuenta con algunas ilustraciones, como ésta." Le dijo indicando una figura de un joven con el mismo traje del boceto que había dibujado Tomoyo.

Sakura se asomó a ver las letras, pero se dio cuenta que no entendía el significado. "Este es un dialecto antiguo, por lo mismo no es tan fácil de leer." Dijo Kaho como adivinando sus pensamientos.

"¿Tú entiendes lo que dice?"

Kaho la miró pensativa por unos momentos. "Sí. ¿Te gustaría que te cuente esta leyenda Sakura?"

Sakura asintió.

"Bien, esta historia es una de amor y resentimiento.

"El reino de Heijo era regido por una familia de hechiceros poderosos. Sin embargo, habían vivido en paz por varios siglos, sin altercados mayores. Uno de los hijos del rey, el que estaba destinado a ocupar la corona después de su padre, era conocido por su gran inteligencia… así como por su arrogancia y egoísmo.

"Aun de joven era déspota y frio. Su mayor anhelo era convertirse en la persona más poderosa para obtener cualquier cosa que deseara. En su reino vivía una mujer que, a pesar de ser de una familia humilde, también poseía magia. Sin embargo, contrario a él, ella la usaba para tratar enfermedades y fusionaba su magia con su trabajo de herbolaria para crear medicina. Esta mujer llamó la atención del príncipe, no sólo por su magia sino también por su belleza. Todos decían que bastaba una mirada a sus ojos esmeralda, sus ondulados cabellos obscuros, su tez de alabastro, para enamorarse de ella.

"El príncipe nunca había conocido el amor, pues nadie a sus ojos era digno de un segundo pensamiento de su parte. Pero tras conocerla no pudo evitar que su mente se dirigiera a ella frecuentemente. Furioso consigo mismo por la falta de concentración en lo que en verdad era de su interés, decidió que la única forma de recuperar el control sobre su propia mente era el convertirse en el dueño de la hermosa joven. Así que el joven príncipe decidió convertirla en su mujer.

"Sin embargo, aunque esta mujer era noble y gentil, también era fuerte y decidida. Y no importó lo que hiciera el príncipe, ella siempre lo rechazó. Le habló de como su egoísmo, su narcisismo y su crueldad le causaban repulsión. Al ser él, el príncipe de aquel reino, la mujer temió lo que podría ocurrir cuando se convirtiera en rey, así que decidió abandonar el reino de Heijo.

"Viajó hasta el reino vecino, el reino Taika y ahí conoció a otro príncipe. Contrario al joven hechicero, él no poseía magia, pero sí una humildad y pureza de sentimientos que la cautivaron. Así que el príncipe Taika, enamorado de la joven, le pidió que compartiera la vida con él, que permaneciera siempre a su lado.

"Así esta joven se convirtió en su esposa, y después de algunos años el joven se convirtió en rey y ella en su reina. Juntos tuvieron una hija, un bebé con los mismos ojos esmeralda de su madre.

"El príncipe del reino de Heijo sin embargo, obsesionado con aquella joven que se atrevió a rechazarlo prometió que se vengaría y comenzó a incursionar en la magia negra. Según pensaba, sí desarrollaba el máximo poder, nadie se atrevería a ir contra él. Cuando fuera el más poderoso, destruiría a esa mujer y a ese hombre que representaban lo único que nunca podría tener.

"Pasaron algunos años, la hija de la reina había crecido cuando una extraña enfermedad consumió el cuerpo de su madre, terminando con su vida. La joven triste por la pérdida de su madre vivía en el palacio en soledad. Su padre el rey Taika, procuraba acompañarla, pero tras la muerte de su madre una distancia comenzó a crecer entre ellos. Un día la joven conoció a un chico y se enamoraron.

"Este joven resultó ser el hijo del hechicero. El príncipe de reino de Heijo, que le había declarado la guerra al Reino Taika para ese entonces. Ninguno de los dos estaba consciente de quienes eran realmente hasta que la princesa fue comprometida en matrimonio con alguien más.

"El príncipe, en un arranque de locura raptó a la princesa y ambos decidieron que harían lo que fuera por estar juntos. Sin embargo, este príncipe no conocía el pasado de su padre. Por lo mismo no sabía que había llevado a la hija de la mujer con la que su padre estuvo obsesionado por tantos años, a su reino.

"El rey hechicero sabía que la mejor forma de hacerle daño al hombre que le arrebató a la mujer que deseaba era usando a su hija.

"El rey del reino Taika, llevó a su ejercito para recuperar a su hija. Sin embargo, el hechicero amenazó con quitarle la vida a la joven si acaso el rey no le cedía el control total de su reino. El rey ofreció su vida a cambio de la de su hija, pero en un giro de eventos inesperado, el propio hijo del hechicero lo desafió, salvándole la vida al rey Taika. El hechicero hastiado por la pureza de espíritu de su propio hijo decidió matarlo.

"La princesa al ver al joven que amaba en peligro, no lo pensó dos veces y se interpuso en su camino. La espada del hechicero atravesó su corazón.

"Pero algo que no sabían, ni siquiera la misma joven, es que su corazón tenía magia. Un poder espiritual que, si bien había absorbido el ataque, lo había reflejado hacia el hechicero instintivamente. Un poder que no le causó la muerte al hechichero, pero sí destruyó el centro donde habitaba su propio poder espiritual.

"La princesa sin saberlo, con su último suspiro de vida le había arrebatado el poder que tanto había cultivado el hechicero. Al darse cuenta de que su poder espiritual dejaba su cuerpo, odio a la mujer. Odio a la madre y a la hija por igual. Así que con los últimos retazos de magia que aún no salían de su cuerpo, lanzó una maldición al alma de la joven.

"Le arrebataría lo que más quería, las veces que fuera necesario. La maldijo a renacer cuantas veces fuera necesario, la maldijo a morir cada vida de la misma forma. Sacrificándose por el joven que amara. Separándolos en cada una de sus vidas.

"Después de aquellos eventos, el hechicero fue encerrado en un calabozo. Sin poder, sin esperanza murió sólo."

...

Sakura sintió las lágrimas en su rostro.

"¿Qué ocurrió con el príncipe?"

Kaho la miró con tristeza. "Temo que ese es el final de la leyenda. De lo demás sólo nos queda especular. Tal vez murió a causa de la vejez, tal vez se volvió a enamorar, o tal vez vivió el resto de su vida pensando en la felicidad que le fue arrebatada ese día."

Sakura se limpió las lágrimas con la manga de su suéter.

Su maldición sería morir nuevamente en esta vida.

"Gracias por compartir la leyenda." Dijo intentando obtener un tono normal en su voz.

Kaho le sonrió tristemente.


N/A: ¡Hola! ... la maldición se ha revelado, y con ella los acontecimientos ocurridos en aquella vida pasada. Tal vez ahora tienen más sentido todos aquellos sueños...y el prólogo. ¡Muchas gracias por sus comentarios y por seguir la historia! ¡Nos vemos en el capítulo próximo!