FUTURO
OLIVER WOOD
Noviembre de 1991
—Wood.
Percy lo ha visto acercarse, y Marcus Flint nunca es un buen presagio. Oliver frunce los labios antes de darse media vuelta; cambia el peso de su cuerpo de una planta del pie a la otra y mira a su amigo, como pidiendo permiso. Weasley lo mira, incrédulo. Arquea sus pobladas cejas pelirrojas y se traga un suspiro: se niega a caer tan bajo.
—Te veo en la Sala Común.
Oliver lo observa marchar con un regusto amargo en el paladar. Tener un segundo a solas en ese caótico castillo parece un imposible.
—¿Y bien? —pregunta— ¿Qué quieres, Flint? —Escruta sus facciones con impaciencia. Como respuesta, Marcus eleva las comisuras de sus labios en un ademán socarrón y de mal gusto: típico— No tengo todo el día.
—He estado hablando con los otros capitanes, vamos a organizar otra fiesta; solo para jugadores, ya sabes. Hufflepuff y Ravenclaw se apuntan.
Oliver se pinza el puente de la nariz. Recuerda la última de esas «casuales» celebraciones de una forma grotescamente detallada. Recuerda sus errores y lo mucho que se ha esforzado por aparentar que esa noche nunca existió.
—Ya fue raro que todos nos reuniéramos en son de paz el año pasado. ¿Qué ganáis fingiendo que os importa una mierda el resto? ¿O que la rivalidad entre casas es sana? ¿Os habéis quedado sin excusas para robar alcohol?
—Te sorprenderá la respuesta, Wood, pero no todo se hace para obtener algo a cambio. No sé cómo funciona vuestra mente de león domesticado, pero en Slytherin solo queremos pasárnoslo bien; cuantas más noches al año, mejor. Y cualquier excusa es buena.
—Ya. ¿Y tú? ¿Tampoco ganas nada?
—Mi interés es de carácter personal —Y Oliver sabe exactamente a qué se refiere.
»Te veo en la reunión, a las siete en el campo de quidditch. Se hará con o sin vosotros.
Sin darle tiempo a responder, se da la vuelta y se encamina a las mazmorras.
«Mi interés es de carácter personal», sus palabras repiquetean en la mente del gryffindor.
—Cabrón —musita, antes de dejarse caer sobre el banco de granito.
Cierra los ojos, apoya las manos sobre su rostro y se prepara para cagarla otra vez, preso de su futuro.
Porque la carne es débil y él sabe que no podrá decir que no.
