Landline
Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.
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Capítulo 24
Bella colocó el teléfono amarillo giratorio en la cama delante de ella y se quedó mirándolo. Resistió el impulso de comprobar el tono, por si acaso Edward llamaba en ese exacto segundo.
Esto lo cambiaba todo.
¿No?
Si Edward ya se le había propuesto en el pasado, entonces Bella ya debió haberlo convencido en el futuro. No importaba lo que pasaba ahora. Lo que dijo ella. Él llamaría de nuevo.
Sea lo que sea que Bella hizo después, ya sucedió. Ella caminaba en sus propias pisadas, no existía nada que pudiera estropear.
Se acercó al teléfono y levantó el auricular a su oreja, dejándolo de golpe de nuevo sobre la mesa tan pronto como se escuchó un tono de llamada.
Esto es sobre lo que iba toda esta semana, preservar las cosas como están. Tal vez debería estar agradecida por eso...
Pero Bella pensaba, esperaba, que este desfasaje en el tiempo le estuviera ofreciendo una oportunidad de algo mejor.
Dios, ¿de todas formas, de qué sirve un teléfono mágico? No es una máquina del tiempo.
Bella no podía cambiar el pasado, sólo podía hablar en él. Si Bella tuviera una máquina del tiempo adecuada, tal vez podría arreglar de verdad su matrimonio. Podría volver al momento en el que todo empezó a ir mal, y cambiar el rumbo.
Excepto...
En realidad no hubo un momento como ese.
Las cosas no iban mal entre Edward y Bella. Las cosas siempre se encontraban mal, y siempre bien. Su matrimonio era como un conjunto de balanzas en constante equilibrio. Y luego, en algún momento, cuando ninguno de los dos prestaba atención, se desequilibró hacia lo malo, y quedó establecida allí. Ahora sólo una enorme cantidad de lo bueno lo cambiaría de nuevo. Una cantidad imposible de lo bueno.
Lo bueno que quedaba entre ellos no tenía el peso suficiente...
Los besos que aún se sentían como besos. Las notas que Edward pegaba en el refrigerador cuando Bella llegaba tarde a casa. (Una tortuga soñolienta en caricatura con las palabras en una burbuja diciéndole que en el estante inferior estaban las enchiladas que sobraron). Miradas compartidas, cuando una de las niñas decía algo tonto. La forma en que Edward aún ponía el brazo a su alrededor cuando todos iban al cine. (Probablemente así se sentía más cómodo).
Gran parte de lo que todavía era bueno entre ellos era por Alice y Bree, aunque ellas se encontraran entre ellos.
Bella se encontraba bastante segura que tener hijos era lo peor que podías hacer en un matrimonio. Claro, podías sobrevivirlo. Podías sobrevivir a una roca gigante que cae sobre tu cabeza, pero no quiere decir que fuera bueno para ti.
Los niños llevaban una cantidad insondable de tiempo y energía. Tenían preferencia sobre todo lo que tenías por ofrecer.
Al final del día, después de trabajar, después de tratar de pasar alguna clase de tiempo significativo con Alice y Bree, Bella generalmente se sentía demasiado cansada como para hacer las cosas bien con Edward antes de caer dormida. Así que las cosas continuaban mal. Y las chicas seguían dándoles algo más de qué hablar, algo más en lo que centrarse...
Algo más que amar.
Cuando Bella y Edward se sonreían el uno al otro, casi siempre era por encima de las cabezas de Alice y Bree.
Y Bella no sabía si se arriesgaría a cambiar eso... incluso si pudiera.
Tener hijos envió un tornado a través de su matrimonio, pero los hizo felices. Incluso si pudiera reconstruir todo tal y como se encontraba antes, no querría.
Si Bella pudiera hablar consigo misma en el pasado, antes de que la balanza se inclinara, ¿qué diría? ¿Qué podría decir?
Ámalo.
Ámalo más.
¿Cambiaría algo?
Cuando Bella estaba de ocho meses de embarazo de Alice, Edward y ella todavía no se habían decidido por una guardería.
Bella pensó que quizá deberían conseguir una niñera. Casi podían permitirse una. Jasper y ella comenzaban a trabajar en su tercer espectáculo, una comedia para una cadena de televisión sobre cuatro compañeros de cuarto incompatibles que pasaban el rato en una cafetería. Edward lo llamó Store-Brand Friends.
Edward entonces trabajaba en investigación farmacéutica. Por un tiempo pensó en la escuela de posgrado, pero no sabía lo que quería estudiar, así que consiguió un trabajo en un laboratorio. Luego consiguió en otro laboratorio. Lo odiaba, pero al menos tenía un mejor horario que Bella. Edward terminaba todos los días a las cinco, y hacía la cena en casa a las seis.
Había una buena guardería en el estudio que estaban considerando. Fueron y la visitaron, y Bella puso sus nombres en la lista de espera.
Iba a estar bien, dijo Edward. Todo iba a estar bien.
Simplemente todo sucedía demasiado rápido.
Siempre asumieron que algún día tendrían hijos, pero en realidad no hablaron sobre los detalles. Lo más cerca que llegaron, fue en esa primera cita, cuando Bella dijo que quería niños y Edward no discutió.
Después de haber estado casados por siete años, parecía que probablemente debieron seguir adelante con ello, intentándolo, no hablándolo. Bella ya tenía treinta y muchas de sus amigas habían tenido problemas de fertilidad...
Quedó embarazada el primer mes que dejaron de usar condones.
Y entonces estaba ocurriendo. Y todavía no hablaban de ello. No había tiempo. Bella se sentía tan cansada cuando llegaba a casa del trabajo, que casi todas las noches se quedaba dormida en el sofá, en el horario de máxima audiencia. Edward la despertaba y caminaba detrás de ella hasta su estrecha escalera, con las manos apoyadas en sus caderas y la cabeza entre sus omóplatos.
Todo estará bien, dijo.
Bella tenía treinta y siete semanas de embarazo cuando salieron a celebrar su octavo aniversario de boda. Caminaron hasta un restaurante indio cerca de su antigua casa en Silver Lake, y Edward la convenció de tomar un vaso de vino. ("Un vaso de vino tinto no va a hacer daño a estas alturas"). Hablaron un poco más sobre la guardería, era Montessori, dijo Bella, probablemente, por tercera vez en la noche, y los niños tenían su propio huerto.
Una familia india se encontraba sentada en una mesa más allá. Antes de tener a la suya, a Bella se le daba muy mal adivinar las edades de los niños, pero la familia tenía una pequeña niña que debía haber tenido alrededor de un año y medio. Estaba tambaleándose de silla en silla, extendió la mano y agarró el reposabrazos de Bella, sonriéndole triunfalmente. La niña llevaba un vestido de seda rosa y mallas de seda rosa. Tenía una mata de cabello negro y pendientes de oro en las orejas.
—Oh, lo siento —dijo la madre de la niña, inclinándose y colocándola en su regazo.
Bella dejó el vaso en la mesa con demasiada fuerza, y vino salpicó sobre el mantel amarillo.
— ¿Estás bien? —preguntó Edward, sus ojos cayeron a su estómago. Él había estado mirando diferente a Bella desde que comenzó a crecer, como si pudiera romperse en cualquier momento sin previo aviso.
—Estoy bien —dijo ella, pero su barbilla temblaba.
—Bella. —Edward tomó su mano—. ¿Qué pasa?
—No sé lo que estamos haciendo —susurró—. No sé por qué estamos haciendo esto.
— ¿Por qué estamos haciendo qué?
—Tener un bebé —dijo, mirando con lágrimas a la niña envuelta de rosa—. Nosotros... todo de lo que hemos hablado sobre ello, es lo que vamos a hacer con él cuando no estemos aquí. ¿Quién va a criarlo?
—Nosotros.
— ¿De seis a ocho de la noche?
Edward se recostó en su silla.
—Pensé que querías esto.
—Tal vez estaba equivocada. Tal vez no debería tener lo que quiero. Tal vez no lo merezco.
Edward no le dijo que todo iba a estar bien. Parecía demasiado conmocionado como para hablar. O tal vez demasiado enfadado. Se limitó a observar a Bella llorar, con la frente baja, la mandíbula hacia adelante, se negó a terminar su plato de chana masala.
A la mañana siguiente le dijo que renunciaría a su puesto de trabajo.
—No puedes renunciar a tu trabajo —dijo Bella. Ella todavía se hallaba en la cama. Edward le llevó una taza de té negro caliente y un plato de huevos revueltos.
— ¿Por qué no? —dijo—.Lo odio.
Lo odiaba. Había estado allí tres años, la paga era terrible, y su jefe era un ególatra impenitente que le gustaba alardear sobre "curar el cáncer."
—Sí —dijo ella—, pero... ¿Al menos quieres quedarte en casa?
Edward se encogió de hombros.
—Vas a ser miserable si llevamos a este bebé a la guardería.
—Lo superaré —dijo Bella, sabiendo que lo haría, y también sintiéndose culpable por eso.
— ¿No quieres que me quede en casa?
—No he pensado en ello, ¿tú sí?
—No hay nada que pensar —dijo—. Puedo hacer esto. Tu no. No necesitamos mi sueldo.
—Pero… —Bella sintió que debía discutir, pero no sabía por dónde empezar. Y, realmente, realmente, realmente le gustaba esa idea. Ya se sentía mejor sobre el bebé, sabiendo que estaría con Edward, que no estarían entregándoselo (todavía no sabían el sexo, pero habían decido "Alice" o "Eli") a un desconocido durante nueve horas al día.
— ¿Estás seguro? —preguntó, moviéndose para levantarse de la cama. Ella era enorme, Bella se puso así con los dos embarazos, y tenía espasmos en su espalda cada vez que se sentaba. Edward se doblaba delante de ella para que pudiera poner sus brazos alrededor de su cuello, luego la sentaba con las manos en las caderas—. Es un gran sacrificio —dijo.
—El cuidado de mi propio hijo no es un sacrificio. Es lo que hacen los padres.
—Sí, pero ¿estás seguro? ¿No quieres pensarlo?
Edward miraba la cara de Bella, sin sonreír, sólo mirándola a los ojos sin pestañear, para que supiera que hablaba en serio.
—Estoy seguro.
—Está bien —dijo ella, y le dio un beso, sintiéndose ya muy aliviada. Sintiendo algún tipo de satisfacción evolutiva. Como cuando tomó la decisión correcta eligiendo a este hombre; él iba a encontrar todos los mejores soportes para su nido y a cazar a todos los depredadores.
Permanecieron juntos, enroscados sobre la masa de bebé entre ellos, y Bella sintió como todo iba a estar bien.
Así es como Edward se convirtió en un amo de casa.
Así es como Edward echó a perder su carrera incluso antes de haber descubierto lo que quería.
¿Qué pasaría ahora? ¿Si permanecían juntos? (Dios, ¿realmente preguntó eso?)
Bree comenzaría la escuela el próximo año. ¿Entonces Edward volvería a trabajar? ¿Qué iba a querer hacer, qué quería ser?
¿Un detective ferroviario?
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No importa qué tan cerca del final estemos, siempre vamos a seguir descubriendo su pasado.
