Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es Nolebucgrl, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is Nolebucgrl, I just translate.
A todos los chicos de los que me enamoré
Capítulo 20
—No puedo agradecerte lo suficiente por permitirme formar parte de esto, Bella.
Le sonreí a Elizabeth por el espejo, ya que no podía darme la vuelta mientras ella me peinaba.
—Yo debería agradecerte a ti. No puedo decir que soy una experta con todo esto de ser una chica, al menos no cuando se trata de cabello y maquillaje.
—Es porque no lo necesitas. Tu piel brilla. —Tocó ligeramente mi mejilla—. Recuerdo los tiempos en que yo tampoco necesitaba maquillaje.
Por favor.
—Fácilmente podrías pasar por la hermana ligeramente mayor de Edward si quisieras. —Puede que estuviera exagerando un poco, pero en verdad se veía mucho más cerca de los treinta que de los cuarenta.
Elizabeth soltó una carcajada.
—¡Ligeramente mayor, mi no tan firme trasero! Pero qué dulce eres al decirlo.
Negué ligeramente con la cabeza, teniendo cuidado de no arruinar lo que fuera que ella estuviera haciendo ahí atrás.
—Estoy siendo honesta. Eres hermosa.
Sonrió ante eso.
—Gracias. Me alegra que los pienses. —Suspiro—. Ha pasado mucho tiempo desde que escuché eso.
No podía ser.
—Entonces es porque no estabas escuchando. Estoy segura que todos lo piensan.
Elizabeth desecho el comentario con un gesto de su mano.
—Soy una divorciada de treinta y nueve años. No es como que los hombres hagan fila para salir conmigo.
Hmm. Nos estábamos metiendo en aguas turbias con esto, pero tenía preguntas que quería hacer, y cuando el tema salía con Edward, él solía cerrarse o cambiarme el tema, o besarme. No era necesario decir que prefería la última opción.
—Bueno, tampoco puedo decir que alguien estuviera ansioso por salir conmigo, no hasta que me tope con tu hijo.
Se rio de eso.
—No lo creo. Creo que probablemente no lo notabas porque no estabas viendo.
Sonreí. Ahí la tenía.
—Uno podría decir lo mismo de ti.
Sus lindos ojos verdes se encontraron con los míos en el espejo mientras lo pensaba.
—Bien, es posible. En realidad, no he pensado en salir con nadie desde mi divorcio.
Y ahí estaba mi entrada.
—Edward no habla mucho sobre eso.
Sonrío con tristeza.
—No me sorprende. Creo él reaccionó peor que yo a todo el asunto.
Eso era extraño.
—¿Por qué? —Entonces me di cuenta que tal vez estaba siendo metiche, y no quería hacerla odiarme—. Lo siento. Tal vez no quieres hablar sobre eso.
—No. No me molesta. A Edward lo tomó por sorpresa, de la forma en que reaccionan los chicos porque en realidad no se dan cuenta de lo que pasa a menos de que sus padres peleen constantemente, y nosotros no peleábamos. Ya teníamos tiempo que nos estábamos alejando, mucho antes de que Carlisle conociera a Esme. —Arrugó la cara—. No quiere decir que yo lo acepté bien cuando me dijo que se había enamorado de alguien más, pero tampoco me sorprendió.
Eso era triste. No podía imaginarme dejar de amar a alguien con quien se suponía que pasaría el resto de mi vida. Tan horrible como había sido la enfermedad de mi mamá, ella y papá se habían manteniendo unidos hasta el día en que murió.
—Lo siento.
Sonrió mientras me acomodaba un mechón de cabello detrás del oído.
—No pasa nada. Separarnos fue lo correcto para ambos. No puedo decir que somos amigos, pero no le guardo rencor a Carlisle.
Eso era algo bueno.
—Entonces, ¿por qué Edward está tan enojado con él?
Elizabeth puso su mano en mi hombro.
—Porque necesitaba alguien a quién culpar y, ante sus ojos, Carlisle fue quién nos dejó. Yo no podía permanecer en la casa donde comenzamos nuestras vidas, así que nos mudamos, e incluso si sólo fue a unas cuadras, él fue desarraigado. Y su padre se casó y tuvo otro bebé. No lo admitirá, pero estoy segura que se siente reemplazado. Carlisle intentó pasar tiempo con él cuando recién nos divorciamos, pero Edward se resistió, y ya era lo suficientemente mayor como para que nosotros tuviéramos que respetar su opinión. No puedes mandar a un adolescente de un lado a otro si él no quiere.
Tenía sentido, pero me seguía sintiendo triste por él.
—Creo que se está perdiendo de mucho.
Sonrió con tristeza.
—Así es. Me ha encantado verlo con Alice estas últimas semanas. En definitiva, ella llena el rol de la hermanita que él nunca tuvo.
Me reí de eso. Edward y Alice habían encajado como mantequilla de maní y jalea. Él felizmente la ayudaba con su tarea cuando lo necesitaba, veían películas juntos mientras yo terminaba la mía, y aunque no la dejaba usar esmalte de colores en sus uñas, si aguantaba capas de esmalte transparente junto con sus manicures.
—Son tan lindos cuando están juntos.
—Así es. Y espero que estar cerca de ella lo haga pensar en el hermanito que apenas conoce. Sé que algún día lamentara no haberlo conocido.
Lo haría. Iba a tener que intentar encontrar una forma de que Edward viera a su hermanito sin hacerlo enojarse conmigo. Tendría que pensarlo más.
—Bien, está perfecto. Date la vuelta.
Me paré y me giré hacia Elizabeth. Alzó un espejo para poderme ver la nuca en el enorme espejo del baño. Santa mierda.
—Vaya.
Mi cabello se veía increíble. Quiero decir, se veía como el cabello de una modelo, porque el mío nunca antes se había visto así de bien. No tenía idea de cómo lo había hecho, pero de alguna forma logró sostenerlo en un moño, inmovilizado y lo mantuvo en su lugar con laca para cabello. Tenía puestas dos peinetas muy lindas de flores, una de cada lado, y mi cabello era una masa de rizos, la mayoría se enredaban entre sí y se mantenían en su lugar, con varios mechones cayendo por los lados y la nuca. Era impresionante.
Me giré y abracé fuertemente a Elizabeth.
—¡Gracias! ¡Es hermoso!
Se rio y me correspondió el abrazo.
—Siempre me gustó arreglarme el cabello y deseaba tener una hija para jugar con su cabello por horas. Pero recibí un hijo que nunca se interesó en tener el cabello largo.
Me reí de eso y me imaginé al nuevo novio de Tanya con su coleta. Gracias a Dios Edward no estaba interesado en eso. No me atraía.
—Ahora, ponte ese precioso vestido que mi hijo ayudó a elegir, y te ayudaré a terminar de arreglarte la cara.
¿No había terminado ya con mi cara? No, necesitaba maquillaje más oscuro que combinara con el vestido y el fantástico cabello.
Elizabeth me dejó mientras me ponía el vestido y lo subía por mi cuerpo. Hombre, era muy bonito. Y yo me sentía bonita en él. Anoche me había sentido hermosa, pero esta noche de alguna forma me sentía todavía más.
—¿Me puedes subir el cierre? —le pedí.
Entró de nuevo y jadeó cuando me vio.
—Vas a opacar a todas las otras chicas en ese baile.
No estaba segura sobre eso, pero sabía que me veía como si encajara bien. Elizabeth me subió el cierre y luego comenzó con las brochas de maquillaje y esas cosas. Yo sólo cerré los ojos y me mantuve quieta mientras ella me ponía polvo, delineador y esas cosas.
—Listo. —Retrocedió un paso y me sonrió—. Mírate.
Miré en el espejo y, oh Dios.
—Te ves impresionante. —Elizabeth sacó su celular y comenzó a tomar fotos—. Edward se va a quedar sin palabras cuando te vea.
Sonreí, porque en serio, puede que sí fuera así. ¿Y no sería eso asombroso?
—Eso espero.
—No falta mucho para que lo descubramos. Debería estar aquí en diez minutos. Vamos a que te pongas los zapatos, y luego veremos la joyería.
—No tengo tanta —le dije cuando regresamos a mi habitación. Me puse el pendiente que Edward me había dado—. Puedo ver qué tenía mamá… —me callé cuando metió la mano en la enorme bolsa donde había traído todas sus cosas para el cabello y la cara, sacando un par de cajas de satín.
—Traje estos. Creo que se verán perfectos en ti.
Abrió la caja más pequeña y, santa mierda, eran aretes de diamantes. Al menos se veían como aretes de diamantes. Eran dos gotas alargadas de oro blanco que caían en forma de perla, cubiertas con un montón de diamantes pequeñitos.
—No podría usarlo. —Me moriría si los perdía.
—Por supuesto que sí puedes. Sólo los tengo guardados en mi joyero. —Alzó uno hacia mi oído y señaló el espejo sobre mi escritorio—. Van perfectos con tu cabello y el vestido. Necesitas algo dramático en los oídos con tu cabello peinado así.
No podía negar que parecían como si hubieran sido hechos para el vestido. Elizabeth, sintiendo su victoria, puso el primer arete en mi oreja y luego el otro.
—¡Sí! Ahora, una última cosa.
Y sacó un brazalete que probablemente también estaba hecho de diamantes.
—No puedo.
—Sí puedes. —Acunó mi barbilla con gentileza—. Son sólo objetos, Bella. Quiero que los uses, para agradecerte por permitirme pasar este tiempo contigo y por la felicidad que le has traído a mi hijo. Sé que estaba deprimido después de que Tanya terminara con él, y detestaba verlo así. No me gustaba esa chica, pero él veía algo en ella que yo no. —Se encogió de hombros—. Me preocupaba que esperara por ella, pero luego tú llegaste, y ahora él sonríe más de lo que lo he visto desde que su papá se mudó. Tú hiciste eso. Déjame hacer este pequeño detalle por ti, algo que tu mamá hubiera hecho si estuviera aquí.
Suspiré mientras deslizaba el brazalete en mi muñeca.
—Mi mamá no tenía diamantes como estos. —No podríamos comprarlos.
—No importa si la joyería es cara o no. Lo que importa es el significado que tiene.
Toqué el pendiente que Edward me había dado y supe que tenía razón en eso.
—Gracias. Prometo que te los regresaré en perfectas condiciones. —En serio, si tenía que elegir entre daño corporal o los diamantes, me sacrificaría.
Sonrió.
—No me preocupa eso. —Cerró la caja del brazalete—. Traje un collar para que te lo pusieras, pero creo que me gusta más que uses el que te dio mi hijo.
Envolví mi mano en el pequeño libro.
—Sólo me lo quito para bañarme y dormir.
—Y a eso me refería con el significado de la joyería. —Me abrazó—. Me encanta. Ahora, vayamos a mostrarles a tu hermana y tu papá lo hermosa que estás.
Me sostuve del brazo de Elizabeth al bajar las escaleras, no quería tropezarme y lastimarme, arruinando así la noche antes de que empezara.
—¡Dios míos! —gritó Ali cuando entré a la sala—. ¡Te ves tan bonita, Bella!
—Gracias, Ali. —Me sostuve lo mejor que pude cuando se lanzó a mis brazos.
—¡Se ve genial en ti! ¡Y tu cabello! ¿Puede hacerle eso a mi cabello, señora Lizzie?
Elizabeth se rio entre dientes y tiró de los mechones de Alice.
—Creo que te mereces tu propio peinado.
—¡Sí! ¿Puede hacerlo luego de que se vayan Edward y Bella?
—Uh, sólo si tu papá está de acuerdo —dijo Elizabeth insegura ya que papá sólo estaba ahí parado, mirándonos.
—¿Papá? —pregunté.
Una lenta sonrisa se apoderó de su cara cuando se puso de pie.
—Bells. Estás hermosa. Te pareces mucho a tu mamá.
Sentí las lágrimas en mis ojos cuando me abrazó. Tan sólo el miedo de arruinar el trabajo de Elizabeth evitó que las derramara. Nunca me había parecido a Mamá. Rose era la que se parecía a ella.
—¿En serio lo crees? —pregunté, pensando que tal vez lo había dicho para ser amable.
—Por supuesto, cariño. —Retrocedió y me sonrió—. Tienes mis colores, pero esa preciosa cara es completamente de tu mamá.
—Gracias, papá.
Sonrió.
—Edward se quedará impactado. —Se giró hacia Elizabeth—. Gracias por arreglar a Bells. No puedo decir que yo sea bueno con todas esas cosas.
Me reí al recordar unas coletas muy chuecas.
—Pero lo intentabas, y eso es lo que cuenta.
Estaba bastante segura de que papá parpadeó para alejar unas cuantas lágrimas.
—Ya estás tan grande. No creo estar listo para eso.
—Todavía me tienes a mí, papi —gorjeó Alice, lanzándole los brazos alrededor de la cintura.
—Así es, cariño. No crezcas como tus hermanas, ¿de acuerdo? —le despeinó el cabello.
—Pero quiero crecer para poder usar vestidos bonitos y peinarme el cabello, ¡igual que Bella! —declaró.
Papá se rio.
—Bien, pero esperemos unos cuantos años, nena. Dale algo de tiempo a tu viejo.
—Bien. Supongo.
Todos nos reímos de la aceptación a regañadientes de Ali de mantenerse pequeña por un rato más. Como si tuviera alguna opción.
El timbre sonó, y sentí mi estómago revolotear cuando Elizabeth se animó y agarró su cámara de la mesa del pasillo.
—Dame un momento. Quiero una foto de su cara en el segundo en que pose sus ojos en ti.
El revoloteo se hizo más fuerte, pero papá esperó hasta que ella le indicó con la mano para que abriera la puerta. Me paré en un lado, fuera de su vista.
—Hola Edward —dijo papá mientras su mamá lo declaraba "tan guapo". No lo había visto aún, y sabía que eso debía ser verdad.
—Adelante Bella —me llamó, y respiré profundamente antes de caminar hacia el pasillo.
Mantuve mis ojos en la cara de Edward, queriendo ver qué era lo que su madre estaba tan ansiosa por capturar. Lo que vi fue una sonrisa lenta y sexy extenderse en su cara, seguida por un pequeño movimiento de garganta. No estaba segura de qué era eso, pero estuve segura de que le gustaba lo que veía cuando dijo mi nombre y me ofreció su mano.
Tomé su mano en la mía, y luego me reí porque me hizo girarme, haciéndome girar lejos de él para luego jalarme de manera suave, de forma muy parecida a lo que había hecho en la cafetería con su mano en el bolsillo de mi pantalón el día en que nos convertimos en "pareja".
—Te ves absolutamente preciosa —murmuró, seguía con esa deslumbrante sonrisa.
—Gracias. Igual tú.
No era nada más que la verdad. Edward Cullen era guapo en un día cualquiera, pero ponle un tuxedo y eso se multiplicaba por infinito o algo así. Su traje era negro y le quedaba a la medida, sospechaba que era suyo y no rentado. Suerte de ricos. Me encantaba que su pañuelo en el bolsillo fuera azúl oscuro para combinar con mi vestido.
Oí vagamente el clic de la cámara de Elizabeth una y otra vez, y noté que también mi papá sacaba su celular para tomarnos una foto. Ali estaba saltando y aplaudiendo.
—Se ven como la gente que sale en las películas —nos dijo, lo cual sin duda era un gran halago.
Edward se rio entre dientes y sacó una rosa blanca de no sé dónde, dándosela a mi hermana.
—Un pequeño agradecimiento por elegir el increíble vestido que tu hermana está usando.
Juro por Dios que la cara de mi hermanita se sonrojó y revoloteó sus manos antes de tomar la rosa.
—Gracias. Es muy bonita.
—Igual que tú —le dijo Edward, dándole un beso en la frente. Míster Seductor tenía su juego bien planeado hoy. Estaba en grandes problemas.
Le sonrió a su mamá.
—¿La tienes?
¿Tener qué? Más le valía que no fuera joyería. Ya sentía que debía llevar guardias armados cuidando cada uno de mis pasos.
—Por supuesto, cariño. Deja voy por ella.
Y con eso, se fue hacia mi cocina por una desconocida razón. Me sentí confundida hasta que Elizabeth regreso con una caja que contenía algunas flores y se la dio a Edward.
Abrió la caja y sacó el corsage, que tenía rosas blancas, con listones azules y plateados enredados. Era muy bonito. Edward tomó mi mano izquierda, la que no llevaba el brazalete, y lo puso en mi muñeca.
—Listo. Ahora estás perfecta.
Comencé a negar con la cabeza, pero él alzó la mano y acunó mi mejilla.
—Perfecta. —Y la cámara seguía tomando fotos mientras sus labios se encontraban con los míos en un dulce y suave beso.
Papá se aclaró la garganta, lo que nos hizo separarnos con rapidez.
—Ajem. Bueno, todos podemos estar de acuerdo en que Bella se ve perfecta. ¿Y confío en que regresara a casa en la misma condición?
Edward asintió, sus ojos seguían en mí.
—Bien. —Papá se giró hacia mí—. Ten una increíble noche, cariño. Te ves tan hermosa.
Sentí las lágrimas comenzar de nuevo e intenté alejarlas con rapidez.
—Gracias, papá.
Elizabeth dejó de tomar fotos el tiempo suficiente para abrazarnos a ambos.
—¡Paséensela genial! Compra el paquete de fotos más grande que tengan —le ordenó a su hijo, que se rio y le dijo que sí.
—Te ves muy bonita, Bella —murmuró Alice, envolviendo sus brazos en mi cintura.
—En algún momento tenía que empezar a parecerme a mis hermanas —le dije, haciéndola reír—. Gracias, Ali.
Luego abrazó a Edward.
—Gracias por mi flor.
—Gracias por ser una increíble compañera de compras, Cat. Espero que me ayudes con Navidad este año.
Ella se rio más.
—De acuerdo. ¡Tengo muchas ideas!
—Apuesto que sí.
Edward se giró hacia mí y me ofreció su brazo.
—¿Lista?
Y por primera vez, sí lo estaba.
—Sí. Hagámoslo.
