DISCLAIMER: TODOS LOS PERSONAJES PERTENECEN A STEPHANIE MEYER Y A LA SAGA CREPÚSCULO.
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¡Hooola de nuevo!
Una semana más muchísimas gracias por vuestro apoyo y vuestras teorías. No os imagináis lo mucho que me río con algunas y lo mucho que me asusta lo mucho que acertáis con otras.
No me quiero enrollar mucho porque el capítulo me ha vuelto a quedar súper largo… Os hablo de esto al final. Sin más os dejo con Bella.
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SECRETOS
BPOV
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Era lunes y volvía a la rutina en Swan's Networks después de mi fructífera semana en Nueva York.
Nada podía ir peor, pensé desmotivada mientras preparaba mi café sola en casa. Edward se había marchado poco después de salir el sol para poder cambiarse de ropa e ir a la empresa.
Suspiré cansada de solo pensarlo.
Tenía tantas ganas de volver a mí día a día como pavor de enfrentarme a todo lo que me esperaba.
Saber que Jessica compartiría espacio conmigo y con Edward seguía sin entusiasmarme. No le había comentado nada a Edward porque no quería que pensara que era una obsesiva pero no estaba tan segura como él que Jessica fuera a aceptar de la noche a la mañana dejar de ser su pareja. Era una preocupación bastante parasita en mi mente. Por mucho que intentara no pensar en ella volvía una y otra vez a aparecer.
Intenté enviar esos pensamientos al fondo de mi mente, una vez más, y salir disparada para la empresa o no llegaría a tiempo. Teníamos demasiadas cosas pendientes como para permitirme el lujo de llegar tarde.
Conduje tranquila sorteando el tráfico de hora punta para encontrar la más grata sorpresa cuando llegué a mi plaza de parking.
Edward estaba apoyado en su coche esperándome con un vaso de té en la mano.
Aparqué con una sonrisa idiota sintiéndome increíblemente afortunada por lo que estaba viviendo.
-Buenos días.- le saludé al bajar de mi coche para encontrarme un despampanante Edward. El olor a su colonia me inundó haciéndome sentir un poco más en casa. Era extraño como nos acostumbramos a estos pequeños detalles en tan poco tiempo.
Edward miró por encima de mí misteriosamente antes de acercarse y dejar un rápido beso en mis labios.
-Ahora sí son buenos días. – dijo con una sonrisa torcida en su perfecto rostro.
-Habíamos quedado que nada de muestras de cariño en público. – le recordé intentando sonar amenazadora pero comenzaba a asimilar que era mantequilla en las manos de Edward.
-Discrepo. – puntualizó mientras me pasaba la taza de té helado y me dejaba espacio para encaminarnos al ascensor. – Te dije que te daría tiempo, en ningún momento prometí no besar esos labios tan tentadores que tienes. – se defendió lamentablemente. Me limité a rodar los ojos como respuesta.
-Lo mires por donde lo mires eso es manipular la realidad a tu favor. – repliqué por el simple placer de intentar pillar a Edward en un descuido. Era demasiado rápido y siempre jugaba a ganar.
-Quizás pero no es algo por lo que vaya a pedir perdón. –me contestó mientras me acorralaba contra la pared del ascensor.
-Edward…. – intenté parar una fuerza demasiado potente.
-Bella no puedo apartarme ni resistirme a ti. No me pidas que lo haga. – pidió casi suplicante antes de besarme intensamente, derritiéndome por dentro.
Puse una de mis manos en sus hombros para poder apoyarme. Mis piernas no tenían fuerzas para aguantar mi propio peso cuando Edward se proponía usar todos sus encantos para desarmarme.
-¿Qué me estás haciendo pequeña?- me preguntó apoyando su cabeza en mi frente mirándome intensamente.
Sonreí tímida. Era extraño acostumbrarse a este Edward que parecía no poder separarse de mí pero lo era más a escucharlo usar apodos cariñosos. Nadie me había vuelto a llamar pequeña desde que Charlie murió. Quizás ocasionalmente Carlise. Y aunque era extraño pensarlo mi corazón se sentía arropado cuando Edward lo usaba. Estaba reservado solo a personas extremadamente importantes para mí.
-Tengo que hablar contigo de una cosa. Te veo en tu despacho en media hora. – me dijo obligándose a separarse de mí cuando la campana del ascensor nos informó que habíamos llegado a nuestra planta.
-Hola mundo real. – suspiré justo antes que se abrieran las puertas haciendo reír débilmente a Edward.
Swan's Networks nos esperaba como si nada hubiera pasado en este último mes.
Todo hervía con la misma intensidad de siempre. Todo el mundo trabajaba pendiente de su ordenador. Iban arriba y abajo con sus mentes en cualquier asunto evitando chocar con quien se cruzara por su camino por puro acto mecánico.
Pude ver a Rose y Sky al fondo del gran espacio en común. Por el semblante de ambos parecían discutir algo realmente serio.
La saludé en cuanto me divisó con una gran sonrisa. Seguía reluciente y, a pesar que sus semanas de vacaciones quedaban casi en el olvido, tenía ese leve moreno en su piel que hacía resaltar aún más su pelo rubio y ojos azules. No me extrañaba que Emmet estuviera eclipsado por ella.
Había hablado varias veces con él de Rose. Como era de esperar Rose no se lo estaba poniendo fácil. Emmet disfrutaba del proceso de conquista pero con ella estaba sudando la gota gorda. Era divertido ver como ambos estaban colados el uno por el otro y aunque insistían en que no tenían nada a todas luces eran una pareja.
-Nos vemos en un rato. – me dijo Edward devolviéndome a la realidad.
Noté como se movía extraño. Sus ojos chillaban las ganas que tenía de acercarse a mí para despedirse como seguramente deseaba pero se aguantó.
-Gracias. – murmuré en voz quedada.
Era difícil para él pero estaba convencida que no era el momento para que nuestra relación saliera a la luz. Apenas llevábamos unos días juntos y teniendo en cuenta nuestro pasado de desavenencias era demasiado precipitado. Además en la empresa seguíamos teniendo uno de los principales problemas: Jessica.
Edward me guiñó un ojo disimuladamente dejándome saber que había entendido mi mensaje antes de irse para su despacho.
Saludé a Sue con cariño. De las mejores decisiones que tomé cuando llegué a esta empresa fue dejarla a mi lado. Siempre había sido una fiel compañera de papá y ahora cuidaba de mí como ninguna otra secretaria podría hacerlo.
No tuve tiempo ni de encender el ordenador cuando escuché la puerta de mi despacho abrirse.
-¡Al fin vuelves a casa! ¡Bienvenida! – celebró Rose con una sonrisa reluciente en su rostro acercándose a mí con los brazos abiertos lista para estrujarme en un caluroso abrazo.
Al parecer tenían demasiadas cosas en común con Emmet.
-¡Cuantas ganas tenía de verte! – le dije sinceramente.
Rose se había convertido en un gran pilar para mí, laboralmente hablando, pero sobre todo se había convertido en una amiga muy especial. Era de esas personas que sabían dar tanto como recibir. Siempre las encontrabas cuando las necesitabas sin esperar nada a cambio.
-Vamos me tienes que poner al día del imbécil ese de Marcus y yo tengo que contarte sobre la fiesta antes de tratar algún que otro tema más peliagudo. – anunció tirando de mi hasta el sofá de mi despacho.
Rose había sido el pilar que aguantó el temporal desde Seattle mientras Edward y yo batallábamos en Nueva York la falsa demanda de plagio, así que sabía bastante bien todo lo que había sucedido pero aproveché para explicarle cómo había acabado todo y ella hizo lo mismo con los preparativos de la cena de gala y los pequeños inconvenientes que habían surgido durante nuestra ausencia.
-Eres maravillosa, Rose. Has hecho un gran trabajo estos días. Mucho más del que te tocaba y aun así volvemos y todo está controlado. Muchas gracias por el esfuerzo. – le agradecí sincera sabiendo que lo que había hecho no era fácil. Seguramente había requerido de mucho trabajo y mucho tiempo de su parte.
-No te creas que lo he hecho sola. Sky y Sue han sido los mejores. Tienes que plantearte subirles el sueldo o darles unos días extra en navidad. – me propuso alabando el trabajo de los demás, algo que no solía pasar.
-Lo tendré en cuenta. – le dije anotando mentalmente todo lo que me había dicho. En momento de dificultad era cuando salía a relucir el verdadero sentir y valía de la gente con la que trabajabas.
-Y no me gustaría tener que decirte esto porque sé que es algo así como miembro de tu familia…. Pero tenemos un problema con Jessica. – dijo mucho más seria de lo que había estado hasta ahora.
-¿Qué quieres decir? – pregunté obviando su fallido parentesco, ya habría tiempo de ponerla al día.
-Sé que ha estado de vacaciones pero hemos detectado conexiones extrañas desde, precisamente, el lugar de residencia de sus padres. Sé que quizás esté pecando de desconfiada pero teniendo en cuenta su comportamiento siempre sospechoso preferiría pecar de malpensada. – me explicó.
Desde hacía tiempo Rose tenía la misma queja de Jessica. Constantemente parecía distraída en el trabajo. Demasiados errores que sus compañeros tapaban y demasiados accesos a material de la empresa que claramente no tenía porque consultar.
-Hablaré con los encargados de seguridad. Quizás podamos poner claves de acceso por departamentos o nivel de responsabilidad más elaboradas de las que tenemos. – comenté. Al parecer no solucionábamos un problema que nos crecía otro.
-¿Y Edward como se lo tomará? – preguntó incomoda.
-No creo que sea un problema. Además… - suspiré calculando si debía ser sincera con Rose sobre la nueva situación entre Edward y yo, pero teniendo en cuenta lo que teníamos entre manos y que la ruptura solo haría que empeorar el comportamiento de Jessica decidí contarle la verdad a mi amiga. – Edward y Jessica rompieron este verano. – solté la bomba dejando a un lado mi relación con Edward. No quería que Emmet fuera el último en enterarse.
Los ojos de Rose casi se salen disparados de sus orbitas.
-¡Y me lo dices ahora! – me acusó aún con cara incrédula.
-Me enteré en Nueva York y todo estaba muy liado. – me excusé. – La cuestión es que quizás deberíamos estar más pendientes de Jessica… - comenté. Rose asintió de acuerdo.
-Suerte que tengo a Sky de mi lado. Ese chico vale su peso en oro. – dijo para mi disfrute.
Unos toques en la puerta nos distrajeron de nuestro tema.
La cabeza despeinada de Edward asomó con una sonrisa cómplice en su cara.
-Después diréis que no soy necesario en esta empresa. ¡Soy el único que trabaja! – nos acusó divertido haciéndonos rodar los ojos a ambas.
-No durarías ni dos días sin nosotras. – le siguió la broma Rose.
Rose y Edward se adoraban pero no podían evitar chincharse cada vez que tenían ocasión.
-Es bueno volverte a ver, rubia. – la saludó con un abrazo afectuoso Edward.
-Lo mismo digo. Ya era hora que volvieras y me trajeras de vuelta a la jefa. – contestó Rose devolviéndole el abrazo.
-Ya te ha contado que le ofrecieron trabajo en la Gran Manzana. – comentó en un intento demasiado mordaz para poderlo maquillar de broma casual.
Edward seguía mosqueado cada vez que algo le recordaba a Aro.
-¿¡Cómo?! – Rose se giró como un resorte hacia mí.
-No es así. Exagera. – me excusé sin querer hablar demasiado del tema. Edward se sentó en una silla que acercó hasta dónde estábamos Rose y yo. – Un viejo compañero de editorial. Nada serio. – acabé intentando no mirar a Edward.
-Más le vale. Tiene que ser gilipollas para pensar que te vas a ir de tu propia empresa. – dijo Rose sin tener ni idea que estaba echando más leña al fuego de Edward.
Solo necesitaba que alguien más le apoyara en su ira irracional.
-Eso mismo pienso yo. – apuntó Edward acomodándose en su silla disfrutando de la reacción de Rose.
-¿Podemos hablar ya de Swan's? – dije intentando volver a la normalidad.
-Podemos. – concluyó Edward mirándome orgulloso con su aportación.
Le hubiese borrado de mil maneras diferentes esa mueca de suficiencia que tenía ahora mismo, pero ninguna de ellas era apta para que Rose las presenciara.
Nos pusimos al día de todo lo que había pasado y las líneas de trabajo que teníamos abiertas. Dejamos el tema de Jessica para nosotras dos, pero si informamos a Edward que aumentaríamos el sistema de seguridad para el acceso a información critica de nuestro servidor. Pareció encantado con la decisión.
-Os dejo. Tengo una reunión con mi departamento para ponerlos firmes. Espero que el sol no les haya achicharrado las neuronas. – dijo Rose en forma de despedida.
Edward esperó en silencio a que Rose se marchara para levantarse y cerrar la puerta con pestillo, no sin antes avisar a Sue que nadie nos molestara.
-¿Asuntos urgentes que tratar Señor Vicepresidente? – dije haciéndome eco de las palabras que le había dicho a mi secretaria.
-Muy urgentes. – aseguró tomándome en sus brazos hasta que mi cuerpo encontró el gran escritorio.
-Ya veo… ¿Me mostrará cuáles son? - dije mientras ponía mis manos en su cuello y me entretenía con su pelo.
-Encantado. – aseguró antes de tomar mi cara entre sus manos y acercarnos dejándome saborear sus labios.
Fue un beso suave, cariñoso. De esos que no quieres que nunca acaben porque te hace sentir electricidad no tanto en tu cuerpo sino en tu corazón. Te hacen sentir que lo que tienes con esa persona es importante.
-Sin duda, importante. – bromeé cuando nos separamos mirando fijamente esos ojos verdes que ardían al encontrarse con los míos.
-He hablado con Jessica. – dijo tensándose sin soltar el agarre de nuestros cuerpos enredados.
Asentí dejándolo continuar.
-Iré a comer con ella hoy para hablar con calma. – me explicó.
Volví a asentir.
Le entendía. Sabía que quería hacer bien las cosas y eso era algo que no le podía reprochar. Jessica y él llevaban dos años juntos, era normal que no quisiera dañarla pero había algo, muy dentro de mí, que no me hacía sentirme segura con esta situación.
-¿Qué piensas? – preguntó acercándose un poco más a mí. Acomodándose entre mis piernas, dejándome claro que no iba a irse sin una respuesta.
-Es tu relación... – comencé a explicarme.
-Era mi relación. – me corrigió seguro dejando un suave beso en la punta de mi nariz.
-Era tu relación – dije de nuevo. – Y eres tú quien debe decidir como terminarla. Respetaré todas tus decisiones. Solo te pido que no dañen a la empresa. Es una situación delicada y no quiero más rumores ni problemas extraños en Swan's. – le pedí sabiendo que si Edward conseguía eso yo podría con todo lo demás.
-Lo haré. Es por eso que quiero hablar con ella tranquilamente. – me aseguró Edward.
-Está bien. – dije silenciando todos mis miedos. –
Colé mis manos en los bolsillos de su pantalón perfecto de traje y lo acerqué a mí notando como nuestros cuerpos se acoplaban como si fueran uno.
-Cullen quiero que te quede claro algo. – le dije armándome de valor. – No voy a luchar tus batallas pero no me voy a quedar callada si llegan a mi puerta. – le advertí. No me atrevía a decirle todo lo que Rose y yo sospechábamos de Jessica pero no le dejaría marcharse con los ojos cubiertos de vendas.
-Mi pequeña luchadora. – dijo orgulloso antes de volver a besarme.
-Ahora vete. Tengo trabajo que hacer y me distraes. – le dije cuando conseguí separarme de él.
Edward remoloneó un poco pero acabó marchándose siempre con esa sonrisa que podría derretir hasta el polo norte colgando con él.
Recibí un mensaje suyo diciéndome que se iba a comer. Afortunadamente el trabajo me distrajo de pensar demasiado en esa maldita comida y las consecuencias que podría traernos.
Levanté la vista del ordenador cuando en mi teléfono comenzaron a entrar mensajes sin ningún control. No pasaron ni dos segundos antes que sonara, igual que el teléfono de la oficina.
Sue entró con cara de preocupación en mi despacho.
No pude preguntar qué pasaba porque al descolgar el teléfono la voz preocupada de Alice me paralizó.
-¿Has visto el titular del Seattle Times? – me preguntó precipitadamente.
-No. – contesté abriendo una pantalla en mi explorador de internet.
Me quedé congelada cuando vi la portada.
EL HERMANO BIOLÓGICO DE LA HEREDERA MÁS MISTERIOSA DE LA CIUDAD ROMPE SU SILENCIO.
Me quedé paralizada.
Perpleja leyendo esas palabras sin sentido que cambiaban mi vida de un solo golpe.
¿Un hermano biológico?
¿Rompe su silencio?
¿Otra vez mi pasado persiguiéndome?
No podía pensar nada coherente pero a la vez multitud de pensamientos corrían veloces por mi mente creando todo tipo de escenarios…. Provocándome escalofríos que atravesaban mi cuerpo helándome. Desde la noche que huí de la pesadilla que había sido mi vida no había vuelto a sentir tanto miedo como el que me inundaba en estos instantes.
-¿!BELLA?¡ - Sentía la voz de Alice chillar desde el otro lado de la línea pero mis ojos seguían clavados en la foto que había delante de mí.
Era un chico mayor que yo según la noticia. Su pelo y ojos eran oscuros igual que los míos y se parecía demasiado para mi tranquilidad al energúmeno que me engendró. Podía ver una ligera cicatriz en su ceja que le daba dureza a su cara. Teniendo en cuenta quien eran sus padres podría imaginarme cual había la causa de esa marca.
-Señorita Swan. – Sue sacudió mi hombro para devolverme a la realidad.
Pude ver a Rose a su lado que me miraba con la misma cara de preocupación que mi secretaria.
Tenía que ponerme en marcha.
Necesitaba respuestas o acabaría consumida por el dolor y el miedo.
-Alice… - la llamé recuperando mi teléfono que había caído olvidado encima de mi mesa. - ¿Dónde está Carlise? – pregunté escuchando mi propia voz temblar.
-En casa. – aseguró. Me jugaba lo que fuera que no era la primera persona a la que llamaba.
Miré el reloj y eran pasadas las ocho de la tarde.
-¿Dónde está Edward? – pregunté a Rose y Sue. Ambas negaron confusas.
-Voy a ver a tu padre Alice. – aseguré sabiendo que si no la informaba era capaz de llamar a la policía.
-Sue si llama la prensa diles que no tenemos nada que decir y que el departamento de prensa haga un comunicado en la misma línea. – le pedí mientras recogía mis cosas a toda prisa.
-Bella espera. – me pidió Rose. – Déjame que te lleve a dónde sea que vayas. Estás temblando, no quiero que conduzcas en este estado. – me dijo Rose preocupada.
-No es necesario… - intenté excusarme. Sabía cuidarme sola.
-Por favor Bella… O lo haces por las buenas o lo harás por las malas porque no pienso dejarte salir de aquí en ese estado. – me amenazó.
-Vale. – acabé claudicando. En el fondo tenía razón.
Mi mundo se había sacudido y mi mente estaba en otro lugar. Dirigía a Rose por las calles de manera autómata. Mi mente estaba lejos. Los recuerdos de ese ser despreciable volvían a mi mente después de muchos años de estar congelados en lo más hondo de ella.
No entendía nada pero por muchas dudas que tuviera no era capaz de leer más allá de las grandes letras del titular. Temía lo que podía haber escrito allí. No tenía ni idea de que tenía un hermano. Ni siquiera sabía si era verdad pero a juzgar por su aspecto físico bien podría ser verdad.
Revisaba la pantalla de mi teléfono, esperando alguna señal de Edward no llegó ni un mensaje de él.
El tráfico de esa hora en la ciudad me ayudó a calmarme un poco antes de llegar a casa de Esme y Carlise. No les hubiera hecho ningún bien si me hubiesen visto temblar.
Sin Charlie a mi lado, la única persona que podía darme alguna respuesta a este mar de caos que tenía ahora mismo era Carlise. Sabía que todo lo que hubiera sabido mi padre sobre mi antigua familia biológica también lo sabría él.
Abrí el portón de entrada para encontrar a Esme esperando en la puerta de la casa familiar de los Cullen con cara compungida mirando de un lado a otro esperando a que llegara.
Sin duda Alice les había llamado.
-Puedes entrar. – le ofrecí a Rose cuando aparcó el coche a un lado del camino de entrada. Se había molestado en llevarme hasta aquí, lo mínimo era un poco de cordialidad.
-Pediré un taxi desde dentro. – me dijo guiñándome un ojo dándome un apretón en la pierna infundándome un poco de fuerza.
Era un pequeño gesto pero lo necesitaba en este momento.
Nos bajamos juntas del coche. Esme cambió el gesto y vino, prácticamente, corriendo a mi encuentro.
-Mi dulce niña. – me dijo acariciando mi cara antes de lanzarme a sus maternales brazos.
-No entiendo nada, Esme… - le dije permitiéndole a la única mujer que había podido llamar madre me cobijara.
-Tranquila. Carlise está aquí, seguro que él te dará las respuestas que buscas. – contestó mirándome seria. –
Pocas veces había visto a Esme tan seria. Cada vez tenía más miedo de lo que pudiera descubrir cuando cruzada esa puerta.
-Tengo miedo. – susurré haciendo que tanto Esme como Rose pararan su marcha al escuchar mis palabras.
-No te preocupes, estás en casa. Jamás te pasará nada aquí. – me dijo pasando un brazo a mi alrededor para caminar junto a mí.
Entré en casa de los Cullen y a pesar de la preocupación y miedo a flor de piel me sentí segura. Era una tontería pero cada vez que cruzaba esa puerta era como si nada pudiera ocurrirme tal como Esme había asegurado.
Alice saltó encima de mí.
-He enviado a Jasper para que llame a todo el mundo que conozca para descubrir qué insensato está detrás de esto. – me explicó a velocidad de la luz, como siempre que estaba nerviosa.
-Gracias. – le dije aunque me importaba más el fondo que no quien había publicado la entrevista o cómo la había conseguido. – Aun no la he leído. No... No he podido. – le expliqué a mi amiga.
-Ni falta que hace, solo dice sandeces. – gruñó haciendo un gesto que contrajo su rostro. –
-¿Sabes dónde está Edward? – le pregunté a Alice asegurándome que nadie más nos escuchaba.
-Le he enviado un mensaje y dejado otro en el buzón de voz. – respondió malhumorada.
¿¡Dónde narices se había metido Edward?!
Me había dicho que volvería a la empresa después de la comida con Jessica pero eran pasadas las ocho de la tarde y seguíamos sin saber nada de él. Justo en este momento.
-Bella… - sentí la voz cariñosa y profunda de Carlise llamarme al verme. Venía acompañado de Emmet. – No sé cómo ha podido pasar todo esto. – me dijo mientras me abrazaba haciéndome sentir igual de protegida que lo había hecho su mujer momentos antes.
-Yo tampoco lo sé. – le respondí.
Carlise tenía aspecto serio. Su frente estaba arrugada, llena de preocupación y su rostro estaba contraído en tensión. Sin duda había algo detrás de todo este embrollo que, al parecer, nos había afectado a todos.
-Voy a prepararte una gran taza de té con esos chocolates de menta que tanto te gustan y vamos a tener una charla en familia... – me dijo dejando un beso en mi moflete igual que hacía cuando era pequeña y me escondía en su despacho para que me contara alguna de sus historias.
Asentí dejando que Carlise y Esme se fueran a la cocina a preparar nuestras bebidas.
Emmet llegó a mi lado para envolverme en un abrazo oso.
-Te pareces más al jefe que a ese desgraciado. – dijo con su habitual humor siendo el primero en atacar de frente el tema del que nadie se atrevía a tratar.
-Lo sé. – asentí forzando una sonrisa. – Estoy pensando en dejarme su bigote. – bromeé haciendo alusión al rasgo más característico de mi padre. Mi verdadera familia.
Nos reunimos con Alice y Rose.
Fue algo relajante ver a Emmet nervioso alrededor de Rose. A pesar de la tensión que todos emanábamos fue liberador. Era como recuperar la normalidad de nuestras vidas. Recordar que todo era más sencillo que lo que nos envolvía.
-Rose me ha traído para que no tuviera que conducir. – expliqué al ver que Emmet se limitaba a observarla como un pasmarote. – Podrías llevarla de vuelta a su casa… hemos venido con mi coche, así no tiene que coger un taxi. – aproveché para echarle una mano a mi amigo.
-No es necesario. – dijo Rose.
- Yo pensaba quedarme aquí contigo. – dijo Emmet casi al mismo tiempo que Rose haciéndome rodar los ojos por lo obtuso que llegaba a ser.
-Emmet… - le advirtió Alice estupefacta.
-Ven conmigo un segundo. – le pedí sin darle mucha opción porque ya lo estaba arrastrando hasta una pequeña sala contigua al salón.
-¿Se puede saber qué haces? – le pregunté entre dientes pegándole en el brazo para que reaccionara.
-Apoyarte y estar contigo en un momento difícil. De nada. – me respondió ofuscado.
-Y te lo agradezco. – le dije sinceramente. – Pero ahora mismo solo necesito respuestas y solo me las puede dar Carlise. Te llamaré cuando sepa más. Ahora aprovecha que Rose está aquí sin transporte y ayúdala a ella. – le recomendé.
-Has vuelto muy mandona de las vacaciones. – se quejó mirándome inseguro.
Seguramente estaría sopesando si hacerme caso. Emmet siempre era una roca para mí y desde que nos conocimos nunca me había dejado sola en un momento de debilidad.
-Te quiero mucho grandullón pero las respuestas solo las tiene Carlise, ni tan siquiera sé si podremos sacar algo en claro. Seguramente lo único que quiere ese individuo es hacerme daño y sacar dinero en el proceso. – declaré resignada.
-Me voy pero sólo si prometes llamarme y ponerme al día en cuanto tengas esa charla con Carlise. – me dijo claudicando.
-Está bien. – acepté. – Emmet. – le llamé parándolo. - ¿Has leído el artículo? – le pregunté con miedo.
-¿Tú? – preguntó antes de responder. Negué en silencio. – Solo dice porquerías y mentiras. – me aseguró.
-Te quiero mucho grandullón. – le dije lanzándome de nuevo a sus brazos. Respiré profundamente sabiendo que sería el último momento de paz que tendría. La conversación con Carlise no iba a ser fácil.
-Yo también, nena. – me respondió Emmet.
Sentimos una garganta aclararse separándonos.
-¿Interrumpo? – preguntó Edward con gesto serio.
Lo miré fijamente intentando adivinar con solo una ojeada porque había tardado tanto en volver. A su favor podía decir que no tenía cara de haber estado en una gran fiesta precisamente pero aun así algo irracional dentro de mí estaba creciendo.
Había pasado unas horas horribles y él simplemente había desaparecido.
Nadie sabía nada de él. Alice había intentado localizarlo sin respuesta y ahora se presentaba aquí sin más.
Quería chillarle o lanzarle algo, a la vez que deseaba correr a sus brazos y resguardarme sobre ese lugar tan mío para dejar a los latidos de su corazón calmarme. Saber que todo iba a estar bien solo porque él estaba a mi lado.
Emmet rompió el silencio y el cruce de miradas en el que nos habíamos visto envueltos los tres.
-No. – contestó Emmet al ver que no decía nada. – Ya me iba, llevaré a Rose a su casa. – explicó. – Llámame.- me recordó.
Pasó por el lado de Edward que lo saludó sin ganas.
-Por cierto nena, es bueno tenerte de vuelta a pesar de todo esto... No te creas que te has librado – me guiñó un ojo. Definitivamente Alice tenía razón y no había manera de esconderle nada. – A ti también Edward. – añadió sin que el aludido le hiciera caso.
Edward no apartaba la vista de mí.
-¿Cómo estás? – me preguntó acercándose una vez estuvimos a solas.
-¿Dónde estabas? – pregunté sin responder apartándome instintivamente un paso de él.
-No hagas esto Bella… - me advirtió sonando derrotado pasando las manos por su pelo, desesperado. –
Mantuve silencio dejando muy claro que no iba a admitir nada que no fuera su respuesta.
-Fui a comer con Jessica, como ya te dije, y después la acompañé a mi casa para que recogiera sus cosas. – me explicó. – Mi teléfono estaba en silencio y no vi todas las notificaciones hasta que Jessica se fue. Llamé a Sue y me explicó todo. Vine corriendo. – acabó de explicar.
Asentí.
Que conveniente. Al parecer Jessica de repente había olvidado cómo usar unas llaves o como contratar una empresa de mudanza.
-Bella… - nos interrumpió Alice. – Papá te está esperando. – anunció incomoda.
-Vamos. – asentí pasando lo suficientemente lejos de Edward para que no pudiera detenerme con su toque.
Sentía pasos detrás de mí. Alice y Edward iban casi al compás.
Llegué a la sala en la que solíamos reunirnos cuando estábamos todos juntos. Tenía cómodos sofás y una mesa en la que ya esperaba el té y las chocolatinas que Carlise me había prometido.
Me senté en el mismo sofá que estaba Carlise, entre él y Esme.
-Antes de que digáis nada, no me pienso ir. Formo parte de esta familia y no voy a dejar que me ocultéis nada. Si alguien quiere hacerte daño tendrá que pasar por encima de mí. – declaró Alice sentándose firme en uno de los sofás dejando claro que no tenía ninguna intención de marcharse.
Carlise me miró esperando que fuera yo quien tomara una decisión.
Asentí.
Los secretos solo beneficiaban a quien intentaba hacernos daño. No quería más secretos. No era yo quien tenía que arrepentirse de nada.
Edward, al contrario que su hermana, se sentó sin pedir permiso, tan seguro de sí mismo como siempre.
-No es la primera vez que ese ser despreciable se pone en contacto con nosotros amenazando con contarle a la prensa la verdad sobre tu vida. – comenzó Carlise sin andarse con rodeos. – Tu padre no tenía miedo de su historia ni de lo que la prensa pudiera publicar pero sí del daño que pudieran hacerte sus palabras. – continuó sorprendiéndome.
-¿Charlie lo sabía? – pregunté asombrada.
Papá nunca me había dicho nada. Me dolía que no lo hubiera hecho, al menos así sería consciente de sus intenciones y no hubiera tenido el poder de hacerme daño debido al impacto de la noticia.
-Ambos lo sabíamos. – reconoció tomando mi mano en un apretón algo arrepentido. - La primera vez que se puso en contacto con él fue cuando saliste en la prensa al cumplir la mayoría de edad. Te vio y te reconoció por el parecido con tu madre biológica así que amenazó a Charlie. – explicó dejándome helada al saber que todo esto se remontaba casi diez años.
-¿Qué hizo papá? – pregunté al ver que Carlise paraba su relato.
-Le dio el dinero que pedía. Charlie sabía que no solucionaba nada, tenía claro que estaba cayendo en su trampa, que las amenazas volverían cada vez que necesitara dinero pero no quería que tú sufrieras. – explicó con un leve tono arrepentido.
-¿Por qué no lo denunció? – volví a cuestionar.
-Por lo mismo por lo que le dio el dinero aun sabiendo que era lo que no tenía que hacer. – dijo mirándome a los ojos. Ya tenía la respuesta.
-Para protegerme. – declaré. Carlise asintió cerrando los ojos.
Suspiré sopesando sus palabras.
-¿Es de verdad quien dice ser…? Mi… mi.. hermano… - continué preguntando intentando resolver todos los interrogantes que inundaban mi cabeza.
Carlise buscó la mirada de Esme antes de continuar. No estaba siendo fácil para él remover el pasado.
-Según lo que Charlie pudo descubrir, sí. Vuestros padres lo tuvieron cuando apenas tenían dieciséis años. – continuó tras coger aire. – Él tenía diez años y tú eras una bebé de apenas meses cuando una tía de vuestra madre se lo llevó. No fue nada legal, más bien un acuerdo entre ellos me puedo imaginar el motivo. Nunca volvió. Al parecer su nueva vida tampoco fue una gran suerte. – explicó. –
-Durante mi adopción… - pregunté. Por mucho que fuera un acuerdo entre ellos me sorprendía que durante los trámites no saliera nada a la luz.
-Asuntos sociales buscó al otro hijo del matrimonio pero nunca pudieron encontrar el rastro. – respondió Carlise también confuso. – La primera vez que se puso en contacto con Charlie, tu padre buscó y al parecer esta tía no era familiar directo y quedó todo en el limbo. Fue fácil perderle la pista. Lamentablemente es más fácil engañar a la administración pública de lo que nos pensamos.- acabó Carlise.
Al parecer, cada uno a nuestra manera, habíamos huido del infierno que nuestros padres nos hicieron vivir. No era extraño que no tuviera ningún recuerdo de él. No tenía edad para recordarlo cuando se marchó y sin duda nuestros padres biológicos nunca se molestaron en tener una foto de él ni en mencionarlo nunca. Lo borraron de su vida de la misma manera que renunciaron a mí en cuanto pudieron.
-¿Cómo se llama? – pregunté dándome cuenta que era el único familiar con el que compartía sangre del que tenía constancia y no sabía ni su nombre.
-Anthony Dwyer pero, al parecer, se hace llamar Anthony Brown como el apellido de esta nueva familia. – reveló haciéndome recordar.
Dwyer… el apellido de mi disfuncional familia biológica.
Lo eliminé de mi vida junto a todos sus miembros cuando Charlie me adoptó y nunca más volví a pensar en él. Muchos menos a identificarme con ese apellido.
Cerré los ojos intentando poner orden a todo lo que había descubierto en las últimas horas. Intentar poner orden a todos los sentimientos que sentía.
Tenía sentimientos contradictorios.
Por un lado no me importaba lo más mínimo mi familia biológica y con la poca información que tenía de mi hermano me provocaba el mismo rechazo pero me preguntaba si no éramos dos caras de la misma moneda. Dos seres dañados por los padres que nos habían tocado. No quería pero había algo dentro de mí que me impulsaba a sentarme con él y tener una conversación.
Y en el otro… Estaba papá… Me hubiera gustado que me digiera la verdad. Charlie y yo siempre habíamos hablado de mi adopción y mis padres biológicos sin tabúes. Pero supongo que una cosa es explicarle a tu hija de dónde viene y otra muy distinta poner sobre la mesa la existencia de una familia que nunca conoció. Podía llegar a entender el temor de Charlie. Él sabía el círculo vicioso en el que se metía el primer día que aceptó ceder al chantaje de ese ser sin escrúpulos, pero lo había hecho por mí. Nunca podría echarle en cara nada.
-En algún momento… - comencé a preguntar nerviosa. – Quiso saber algo de mí. – acabé sin saber muy bien porqué estaba preguntando tal cosa. Nunca me había importado lo más mínimo tener contacto con mi pasado, este acontecimiento no debería cambiar nada… Quizás solo buscaba algo a lo que aferraba para convencerme que no era un chantajista que no merecía ni un ápice de benevolencia.
-No. – contestó seguro Carlise rompiendo el silencio tenso que se había creado en la sala después de mi pregunta.
-Y ahora se ha quedado sin nadie que le pague su cheque. ¿Es eso, no? – pregunté teniendo resuelto el gran dilema. No tan complicado a decir verdad.
Todo se reducía a eso.
Dinero.
-Seguramente. – contestó con verdad en su mirada Carlise. Me recordó al primer día que lo conocí en su consulta.
Le pregunté si la auscultación me dolería y me aseguró que no. En cambio cuando le hice la misma pregunta con el análisis de sangre me contestó que el pinchazo sí lo haría. No me engañó y su mirada era exactamente la misma que tenía ahora.
-¿Qué vamos a hacer? – preguntó Alice que mordía sus uñas nerviosa.
-Denunciarlo. – dijimos Edward y yo a la vez.
Miré a Edward por primera vez desde que había comenzado esta conversación. Estaba enfadado pero eso no era una novedad, siempre lo estaba cuando el tema de mis padres biológicos salía a relucir. Tenía sus brazos apoyado sobre sus rodillas y todo su cuerpo irradiaba ira contenida.
-Me parece la mejor opción. – intervino Esme. – Entiendo sus motivos pero era lo que Charlie debió hacer desde el primer momento. – explicó mientras pasaba sus dedos por mi pelo dejando suaves caricias.
-Lo que no entiendo es porque lo ha hecho… No le saldría más a cuenta intentar sacar dinero de alguno de nosotros… Al menos intentarlo… - hipoteticé al aire.
-Quizás lo haya hecho pero al no conseguir contactar con Charlie ésta ha sido su mejor opción. – respondió Alice que había substituido sus uñas por las chocolatinas que devoraba sin piedad.
-No ha intentado contactar con Charlie. – declaró Edward.
Un temblor me recorrió.
-¿Qué quieres decir? – pregunté con miedo al giro que había dado la conversación.
-Que ese ser inhumano no ha intentando contactar con nadie porque si no lo sabría. – me tensé. Edward me miró intentando calmarme pero en estos momentos estaba a punto de explotar.
Tenía tantas ganas de chillar como de llorar.
-¿Por qué lo ibas a saber tú? – ataqué intentando controlar mis emociones. Él no era el culpable de esta situación.
Me concentré en sus ojos como si fueran dos pozos de verdad. Me aferré a ellos y no a los sentimientos que estaba sintiendo.
-Bella… yo era la mano derecha de Charlie… - sentí que el aire se cortó durante unos segundos cuando escuché sus palabras. Negué con la cabeza. –
-Lo sabías. – esta vez no me molesté en preguntar.
-Sí. – afirmó sin dudar.
Al menos le podía conceder la valentía de no mentirme pero eso no cambiaba que mi corazón dejase de estrujarse al sentirse traicionado.
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[**]
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NA:
¡BOOOOM! Os avisé varias veces que habían creado una burbuja muy bonita en Nueva York y que la vuelta a Seattle podría ser complicada… Aunque quizás se ha hecho demasiado difícil… Al parecer tienen varios focos abiertos. ¿Teorías? ¿Saldrá bien parado Edward de esta situación?
Por cierto, me sorprende que este FIC (de todos los que he escrito) es de los que más número de palabras tiene y aun no está acabado. ¡OMG! Lo que me lleva a la siguiente duda. Soy consciente que me están saliendo capítulos más largos de lo habitual…. ¿Se os hacen muy pesados? Porque podría perfectamente dividirlos de otra manera.
LA PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: Me duele mucho decir esto pero vuelvo a no saber cuándo subiré el próximo capítulo. Tengo parte escrito y voy haciendo según tengo tiempo libre pero sabéis que estoy pasando una época complicada y mis horarios han saltado por los aires. LO ÚNICO QUE OS ASEGURO ES QUE EN CUANTO VAYA TENIENDO LOS CAPÍTULOS LOS IRÉ SUBIENDO. La historia está estructurada hasta el final. OS PIDO PACIENCIA.
Un fuerte abrazo
Nos leemos en el próximo ;)
