La noche había caído, ella estaba sentada en la mesa, terminando de leer un libro mientras su madre se acercaba con un plato de sopa de vegetales. A Rey le agradaba, pero solo de noche, porque en el día, el calor abrazador de Jakku era demasiado sofocante para un alimento caliente. En las noches, todo se entibiaba, aunque a medida que iba haciéndose cada vez más tarde, el frío podía ser intolerable, sobre todo en invierno.
Rey agradeció a su madre, tomó la cuchara, sacó un poco del apetecible caldo y lo sopló para que estuviera a una temperatura que pudiera soportar sin quemarse. Apenas saboreaba la primera cucharada, la puerta se abrió, dejando entrar a un hombre joven, de barba y bigote, que llevaba un mono de trabajo. Ella se levantó a saludarlo, abrazándose a sus piernas, mirando hacia arriba y esperando que él la tomara en brazos.
"Estás un poco grande para esto" Habló el hombre intentando sonar molesto "Está bien, solo déjame saludar a tu madre".
El hombre se alejó rumbo a la cocina, mientras ella volvía a su plato de sopa. Comenzó a soplar una nueva cucharada, cuando una luz cegadora, seguida de una explosión, remeció el pequeño departamento. Nunca más pudo volver a ver a sus padres.
-Siempre es un buen momento querida Rey, cuéntame ¿Sucedió algo? –Se escuchó la voz al otro lado.
-Encontré lo que quiero estudiar –Rey sonó entusiasmada.
-¿Es en serio? Me alegra mucho.
-Las clases comienzan en dos semanas, pero necesito costearlo
-Oh… -Ahora el tono sonaba preocupado.
Rey conocía ese tono, era el que usaba Mara para decirle que no
-Pensé que me habías dicho que podías conseguirme una beca con tu jefe.
-Claro, solo que en este momento es complicado… comienzan las elecciones y estamos bajo investigación por probidad. Tal vez para el próximo año cariño.
La chica estaba desilusionada, había esperado mucho tiempo para tener esa "revelación" y ahora todo se estancaba. Suspiró frustrada, tomó aire y habló.
-Gracias tía de todas formas. Lamento haberte molestado.
-Lo siento cariño… Debiste tomar mi oferta cuando era posible.
-No te preocupes, encontraré la forma… Y tía… Espero que gane la senadora Organa…
Colgó el teléfono y lo dejó caer en el sofá. Se levantó muy molesta, mientras hacía cálculos mentales con respecto a sus ganancias. Retomaría su puesto al día siguiente, pero no obtendría el pago por los días que faltó y fue reemplazada gracias a Ben y por supuesto que tampoco tendría las propinas de aquellos turnos. De todas formas, al menos en un par de meses, si podría costear el instituto, aunque quedaría muy apretada para otros gastos. Aunque quedaba otro asunto, tenía que acortar sus turnos para asistir a clases en las tardes.
Tal vez se había apresurado, pero la emoción de encontrar algo que parecía hecho para ella, había sido más fuerte. Se sentó otra vez y comenzó a sentirse mal por haberle dicho a su tía lo de la senadora Organa. Se iba a disculpar, pero no esta noche.
BB8 se acercó a la puerta meneando la cola, era casi seguro que venía Poe junto con Finn por el pasillo. Se levantó a abrir, pero se sorprendió de que fuera Ben el que estaba al otro lado.
Se lanzó a sus brazos, siendo levantada por él, entrándola a la casa. Cerró la puerta tras de sí y buscó su rostro para besarla, se detuvo cuando vio lagrimas caer de aquellos bonitos ojos.
-¿Te ha pasado algo? ¿Alguien te ha dañado? –Su voz tomó un leve cariz de ira contenida.
-No… no… es solo que… -Se separó de él para mirarle de frente, secándose los ojos con las mangas- Me ilusioné falsamente…
Ben se sintió helado, aquello sonaba a que había sido engañada o que él mismo hubiese hecho algo malo. Con algo de culpa, le tendió la mano y la llevó al sofá, esperando que ella se tranquilizara y aclarara sus palabras.
-Comienza del principio, pecosa…
-Encontré lo que quiero hacer por el resto de mi vida –Ben no entendió, pero se sintió aliviado de no haberla jodido- Es solo que… -Rey suspiró e intentó contener las lágrimas- No puedo pagarlo…
-Continua –Pidió Ben haciendo sus conclusiones de para donde iba aquel asunto.
-Tía Mara me ofreció una beca, pero ahora no puede… época de elecciones…
-Entiendo eso –Ben se levantó a buscar servilletas a la cocina y volvió en un instante, tendiéndoselas a Rey.
-Aunque ahora pague un tercio de la renta… debo bajar las horas en el Takodana, así que tampoco me alcanzaría… Tendría que buscar otro empleo… O estudiar el próximo año…
-¿Cuándo comienzan las clases? –Preguntó Ben.
Rey tomó su teléfono y se lo acercó a Ben. Él leyó con atención la fecha de inicio, la duración, que era de un año y medio, luego práctica profesional y titulación. En total dos años. Vio el valor, algo que para él no significaba nada considerando su propia fortuna personal. Hizo los cálculos mentales y se le ocurrió ofrecerle el dinero, pero decidió que tal vez eso sería humillante para Rey y él verdaderamente no estaba interesado en parecer su Sugar Daddy a los ojos de nadie.
Le pasó el teléfono a ella y se acercó para besarle la frente.
-La inscripción es gratuita, toma el cupo.
-Pero Ben… ¿Y si no puedo pagarlo? –Todavía sus ojos estaban cristalinos por las lágrimas.
-Nunca pierdas la fe, no parece propio de ti –Dijo abrazándola.
Rey iba a decir algo, pero la puerta se abrió, entrando Fin y Poe cargando bolsas y riendo. Ambos se quedaron serios cuando Rey les miró con los ojos hinchados.
-¿Le hiciste algo? –Preguntó Finn enfurecido.
-No Finn, solo estábamos hablando, de hecho Ben me estaba consolando.
-Yo… Lo siento Ben… -Dijo Finn avergonzado.
-Estoy acostumbrado -Se encogió de hombros.
A Rey se le encogió el corazón de escuchar aquello. Los demás no parecieron notarlo.
-¿Van a cenar con nosotros? –Interrumpió Poe para suavizar los ánimos- Nos podrías contar que pasó durante la cena.
-Se los podría contar después, Ben me invitó a cenar… Yo los esperaba para que BB8 no se quedara solo demasiado tiempo–Rey miró a Ben que lucía una sonrisa de agradecimiento.
-Está bien, apenas vuelvas, no importa la hora… -Finn la abrazó un instante- Te veo luego Peanut.
Ella asintió, tomó su teléfono y esperó a que Ben se levantara también. Él se despidió de la pareja y salió tras ella, que comenzaba a subir la escalera. Apuró el paso para llegar al siguiente piso, deteniéndola frente a él. Ella le miró con curiosidad, la cual fue satisfecha cuando Ben atrapó su boca en un beso dulce y cadencioso.
-Te tengo una sorpresa –Sonrió para ella- Pero tienes que alcanzarme.
Rey no alcanzó a decir nada, porque Ben ya estaba dando grandes zancadas y llegando al piso siguiente. Entre chillidos y risas llegaron casi al mismo tiempo. Agitados y sonrientes, se detuvieron en la puerta y se miraron de frente.
Ben sacó sus llaves y abrió con cuidado. Rey miró hacia adentro y vio que todo estaba iluminado con velas. Miró a Ben con sorpresa, buscando su aprobación para entrar. Él hizo un ademán para que entrara, siguiéndola una vez que ella se adentró en el departamento.
-Hux se ha ido, pero como agradecimiento por hospedarlo, nos ha preparado esta hermosa cena.
-¿Él cocina? –Preguntó Rey mientras era ayudada por Ben para sentarse.
-Sí, lo hace muy bien, incluso, tiene su propio restaurant y sé que le está yendo muy bien –Ben descorchó una botella de vino y le sirvió a Rey- ¿Recuerdas donde te llevé a cenar?
Rey recordó aquella noche, que en realidad no terminó muy bien, pero sin duda tampoco olvidaría la deliciosa comida de aquel lugar.
-Lo recuerdo, aunque nunca me dijiste que era suyo.
-Él no quería decirlo… su padre es militar y su madre era cocinera del ejercito… Una situación familiar difícil, por eso esperó a que comenzara a despegar para hablar sobre ello.
Ben destapó las bandejas y fue sirviendo a Rey y a sí mismo. Ya no parecía que hacía un poco más de cinco minutos que ella se sentía totalmente miserable.
-No estamos aquí para hablar de él, así que salud… Por la novia más bonita e inteligente y que jamás soñé tener.
Rey alzó su copa sonriendo. Por un instante no le preocupó no tener familia, ni dinero.
Ben monopolizó un poco la conversación, sencillamente porque ella estaba callada y quiso que se distrajera. Tal vez abrirse un poco hiciera que ella se olvidara de su pena y encontrara la forma de recuperar la esperanza.
Cuando terminaron de comer, Ben tomó su móvil y eligió una canción que comenzó a sonar en su moderno reproductor de música.
-¿Quieres bailar? –Preguntó acercándole la mano a Rey.
Ella asintió y se levantó. Ben la tomó con suavidad por la cintura y la fue guiando en el reducido espacio libre de la sala. La canción era suave y la aterciopelada voz de la mujer que cantaba, parecía susurrarles al oído.
Rey apoyó su cabeza en el pecho de Ben, pudiendo escuchar levemente el susurro de sus latidos. Estaba segura que él se estaba sumergiendo bajo su piel con cada uno de sus gestos, con la suavidad de su trato y con sus momentos fuertes y malos. Quiso expresarse, pero decidió callar, aún era muy pronto para decir aquellas palabras que su corazón agitado le pedía liberar.
Por su parte él intentaba acallar lo propio. A pesar del poco tiempo sentía que de cierta forma estaban predestinados y que ella lograba reparar de a poco lo roto de su existencia. Sin embargo sus propios miedos detenían que aquellas palabras que anhelaba decir y escuchar, se estancaran antes de ser pronunciadas.
Todavía era muy nuevo todo y él deseaba conquistar, deseaba que no quedaran dudas de sus sentimientos, que no solo fuera su boca la que pronunciara aquello, si no que fuese tan tangible, que les rodeara como un manto invisible.
Por ahora se conformaba con sentirla cerca, con no verla triste, cosas sencillas que parecían reparar su espíritu dolorido. Aunque también temía hacerse adicto a ella. A ponerse intenso, a atosigarla y hacerla sentir ahogada.
-Bésame Ben –Exigió ella para su sorpresa.
Su pedido era una orden, por lo que tomó sus labios con los propios, con suavidad, como si tuviesen toda la vida para hacerlo. Necesitaba tanto estar cerca de ella, ser uno con ella, que tuvo que contenerse. No se sentía listo para tomar aquello que a pesar de estársele ofreciendo, era demasiado valioso para tomarlo con prisa.
Ben se separó de ella, la oscuridad reinando en la habitación, su pecho agitado, su cuerpo pidiendo el de ella.
-Rey, juro que te tomaría aquí mismo, pero no puedo…
-¿Por qué no? –Preguntó con frustración.
-Quiero que todo sea perfecto.
-Para mí, este momento lo era –Rey le abrazó.
-Puede ser, pero siento que estás vulnerable y no quiero sentir que me aproveché de ti en un momento como este.
-Tienes razón –Admitió con frustración.
Se abrazaron y besaron nuevamente. Ben se acercó a buscar su móvil y vio la hora.
-Alguien vuelve a trabajar mañana –Rey hizo un puchero- Por mi te quedabas aquí, pero eres demasiada tentación.
Ella asintió con un dejo de tristeza, pero también estaba cansada, así que le halló razón. Ben la fue a dejar a su departamento, le dio un casto beso y subió nuevamente. Prendió las luces y apagó las velas. Tomó su móvil y marcó el número de Maz. Era hora de poner en marcha su plan.
