Los siguientes días fueron bastante extraños para Satoshi. Mucha gente llegaba a la tienda y Serena tuvo que mantenerse todo el dia ocupada y sin siquiera mirarlo. Algo le decía que parte de eso era responsable la noche que hablaron. Pero no intentó decir nada, aprovechaba esos dias para visitar a algunos amigos y volver cuando comenzaba a anochecer.

Ese detalle fue bastante notable para las chicas. La niña Mankey (el nuevo apodo que Satoshi le dio con todo el amor-odio del mundo, pero sólo él conocía) se la pasaba asqueando la situación. Hasta ese punto, ya habían notado cierta tensión en ambos mayores y preferían no meterse (hablar entre ella sí, porque pueden), pero una de ellas le animaba diciendo que las chicas son blabla esto y blabla aquello, que al menos le dijera algo bonito sin quería que ella se rindiera y le hiciera caso.

—Dile o haz algo bonito.

—¿Como qué?

—¿No tienes algún apodo para ella?

—No, me gusta pronunciar su nombre como es.

—¿Por qué no intentas inventarle uno?

De todas formas, no lo hizo.

Esos días de silencio, la observaba cuando se cruzaban y trató de llamar su atención con cuidado. Serena le daba miradas nerviosas y eso también lo tenía pensativo. ¿Porqué su anterior pareja la llamó "una tranquila depresión que desaparece por momentos"? Era mentira, Serena no era así. Ella siempre se mostraba feliz y contagiaba su alegría en sus presentaciones, y de su calma cuando hablaba con alguien. Serena era un sueño raro de imaginar.

Se detuvo en seco cuando una ola de dudas disparó su cabeza.

¿Conocía él a Serena completamente?

Ahora que lo pensaba, eran muy pocas las cosas negativas que recordaba haber visto de ella. Si tuviera que hacer una lista, fácilmente pondría comenzaría escribiendo: Es cariñosa, es decidida cuando se lo propone, bastante comprensiva y saca carácter cuando se lo requiere. Él mismo lo decía: "Serena estará bien. Serena es fuerte".

Pero, ¿era cierto?

Miró a Dawn llorar muchas veces, dudar y fallar a May y Misty. Competía bastante con Iris. Conoció a cada uno de sus compañeros y los apoyó en esos momentos de debilidad. Pero Serena...

Serena casi nunca le mostró sus inseguridades y miedos. Se sorprendió de verla desaparecer algunas noches en el campamento y regresar en silencio; se sorprendió de lo bien que se tomó el haber perdido en su primera presentación, simplemente saliendo y luego regresando con un nuevo atuendo; se sorprendió de la venda en su mano y de la cual jamás mencionó su origen. Y sobretodo, se sorprendió del semblante triste que llevaba unos días antes de despedirse en Kalos, el cual pudo irse después de la batalla que le propuso y un "gracias, Satoshi". ¿Qué había detrás de todo eso?

"Serena estará bien. Serena es fuerte"

Quizás, él jamás se tomó el tiempo de conocerla completamente. Intentaría hacerlo esos días que la veía distante.

Sea como fuera, en todo ese tiempo, Satoshi no abrió la boca para decirle algo a Serena. Sólo quería escucharla hablar. Si esa descripción del cantante tenía razón, entonces se estaba perdiendo un lado de Serena que debía proteger. No quería pensar que incluso Gladion era capaz de hablarle de sus problemas o miedos, pero no ella. Tenía que descubrirlo.

Ese día, mientras arrancaba la hierba seca frente a la tienda con ayuda de su pokemon, ambos pudieron verla.

Ella era todo un performance, no habían sido pocas las veces en donde él y las demás jovencitas la sorprendían escuchándola tararear mientras dibujaba y comenzaba a coser en su máquina. Casi era sorprendente el grado de amor que le tenía a su trabajo.

Bastaba con observarla aquella tarde, sonriendo a cada persona que entraba y nunca perdiendo la calma, para comprender que Serena era feliz. Quizá por esa actitud y cariño fue que la gente empezó a concurrir con frecuencia, tenerla de compañía era tener unos minutos de su cariño.

Por otro lado, las futuras concursantes a Reina de Kalos no se decidían entre seguir admirando a Serena o preguntarse cuando se iba a ir ese chico, que ya era incómodo tenerlo ahí. Satoshi se las arregló para que un par de ellas lo quisieran y dejaran de molestar.

Lo mejor de todo, fue darse cuenta que todo ese afecto, la dedicación, dulzura y paciencia que demostraba, era el mismo que ella le obsequiaba todos los días; desde que volvieron a estar juntos, desde que se separaron y ahora.

No se imaginaba que parte de esa alegría era por el simple hecho de tenerlo a su lado. La nostalgia brotaría en cuanto él se fuera.

Pero cuando algunos ramos de flores fueron plantados y la tierra fue regada, Satoshi pudo notar por primera un rostro preocupado, que desaparecía rápidamente después de sonreírle a alguien. Por lo menos tres veces en un día, y una muy notable cuando cruzaron miradas fugazmente.

Quizás era incómodo para ella haberse metido en una parte de su pasado sentimental y se sentía mal por eso, pensando que era mejor dejarlo en paz esos días; pero él nunca se daba por vencido. No podía rendirse ahora. Vino porque Serena le invitó, porque quería explicar cómo llegó a la conclusión de que ella era la "mejor chica que había conocido" y nadie iba a superar eso. Tenia que decírselo.

Y ella tenía que creérselo.

Sintió como si una gota helada resbalara por su espalda. ¿Esta preocupación era una situación que Serena no quería compartirle? Quería que ella confiara en él.

No se aguantó el ser ignorado a las once de la mañana y entró como una ráfaga al despacho para tomarla del brazo y sacarla de allí como sea.

—¡Satoshi! ¡Qué haces!

—¡Tienes que ver esto, no vas a creerlo! ¡Es increíble! ¡Vamos!

Satoshi trató de no ser tan rápido porque los zapatos de la chica eran altos y no le dejaba correr con tranquilidad. Ignoró olímpicamente las miradas de las niñas y les gritó un ¡ya venimos! y caso cerrado. ¡Tráenos algo! gritó una de ellas y Deci tenía razón, creo que sí quiere otra cosa. Wak. Podríamos probarnos las faldas que llegaron hoy. ¿Pero, y si se da cuenta? No te preocupes, yo estudié corte y confección. Si Serena se hubiera enterado que se andaban probando la ropa, era seguro que andaría enojada con ellas y hasta les cancelaría el entrenamiento, pero ahora andaba más ocupada en saber a dónde se la estaban llevando a plena luz del día y con tanta gente mirándolos. Empezó a agitarse y a respirar por la boca, casi tropieza subiendo un puente de piedra donde Satoshi por fin se detuvo.

—¿Cómo hacen las mujeres para correr con esos zapatos? Verte es una tortura.

Serena se apoyó en sus rodillas para poder respirar, le dolía el pecho. Satoshi esperó a que su respiración se regulara. Todavía no la soltaba.

—Ya no haces mucho ejercicio. -sonrió- Antes no te cansabas tan rápido.

—Antes... entrenaba... todos los... días... Dios...

—Espérame aquí, te compraré una limonada.

Satoshi regresó con dos latas frías y le entregó una a su amiga. Serena recuperó el aliento completamente después de tres sorbos. Terminaron de cruzar el puente y se sentaron en una banca. No se sentí mucho calor, pero prefirieron buscar un sitio con sombra de árboles.

—¿Mejor?

—Sí. Gracias. -la ex reina masajeó suavemente sus rodillas.- Eso dolió un poco, pero supongo que estabas ansioso porque es algo increíble lo que quieres mostrarme.

—¿Mostrarte?

—¿Qué querías mostrarme?

—Ya conoces todo aquí, ¿qué iba a mostrarte?

Eso terminó por confundirla aún más. Dejó la lata vacía con un golpe en el asiento. Satoshi sonrió de forma disimulada al verla fuera de sus cinco sentidos.

—No es gracioso. -se quejó- ¿Ibas a mostrarme nada? Duele correr con estos zapatos. Y ahora estoy sudando, eso no es bueno.

—Solo quería salir contigo. El día está estupendo.

Serena cruzó con cuidado una pierna. Su falda era corta. Sintió que esa respuesta le ablandó el corazón.

—Debiste decirlo.

—Quería, pero haz estado muy callada. -replicó- ¿Estás molesta conmigo? Ni siquiera se qué hice.

—¿Molesta? Oh no. No estoy molesta. Por favor no pienses eso. Es solo que, yo dije cosas inapropiadas y sentía que te incomodaba.

—Te he dicho más de una vez que no me molesta. Olvida todo. Vine porque quiero estar contigo, ¿no quieres eso también? No lo echemos a perder.

—Me confundí un poco...-se vio a si misma infantil al tomar sus mechones de cabello y tratar de ocultar su rostro. Si quieres que lo olvide lo haré, le di muchas vueltas sin darme cuenta. Y sí quiero estar contigo. -respondió con suavidad.

—Arreglado. Ya lo estamos hablando.

—Soy toda oídos para ti. Pero debo volver al trabajo.

—Entonces, te recogeré a las siete para cenar. Te acompañaré de regreso.

Satoshi le dio la espalda y se arrodilló, llevando los brazos hacía atrás. —Ven, voy a llevarte. Perdón por hacerte correr. Pero en serio debes hacer más ejercicio.

—¡Puedo caminar!- Serena sacudió los brazos como reflejo de sus nervios- ¡De verdad no necesitas!

—¡Sube! -soltó una risa, no la veía, pero intuía que estaba nerviosa- Apuesto a que no pesas nada.

Serena no estaba del todo convencida, pero se inclinó hacia él, rodeando sus hombros con sus brazos. Cuando sintió que tocaba sus piernas y la levantaba, el sentimiento de inquietud fue disminuyendo poco a poco. La personalidad de Satoshi la tranquilizó mientras seguían hablando e hizo que disfrutara la caminata de regreso.

—Lo sabía, no pesas nada. ¿Tú comes?-bromeó sin verla.

—Yo pensé que había subido de peso.

—¿Por dónde? Yo te veo muy bien.

—Gracias por plantar flores frente a la tienda. -se apoyó mejor en su espalda- las regaré todos los días.

—¿Te gustan? Mi madre combinaba rosas, gerberas y claveles; pensé que quedarían bien frente a los aparadores.

—Claro que sí.

La caminata se detuvo de forma abrupta cuando Serena le pidió que la bajara.

—Bájame aquí, nos faltan dos cuadras.

—No le veo el problema.

—No quiero que ellas me vean así.

—Ya inventaré una excusa de porqué te tengo en mi espalda. La que me preocupa es Deci, es muy fisgona. Creo que les compraré un pastel de chocolate para mantenerlas calladitas.

—Gracias por ser tan bueno con ellas. -Serena no sabía qué más decirle para hacerle ver lo feliz que estaba. -a los pokemon tambien les gustará.

—Buena idea. ¿Y a tí se te antoja algo?

—Dicen que el curry de Sinnoh es delicioso. Abrieron un pequeño restaurante a la vuelta de la esquina y me gustaría probar.

—Te vas a asfixiar.

—¿Eh? De verdad me gustaría probarlo.

Media hora después, Serena se estaba muriendo por tanto picante y Satoshi terminó por comerse lo que dejó. En compensación le compró una dona y la tarde se fue en eso. Además, por primera vez desde que llegó, pudo ir a ver el entrenamiento completo de las chicas. Serena volvió a verlo a los ojos y a sonreírle con normalidad, como si nunca hubiera dicho u ocurrido algo incómodo.

—Qué bueno que cenamos antes, no pensé que esto se alargaría.

—Odio admitir que la niña Mankey tienen mejor presentación que las cuatro.

—No le digas así. -Serena se sentía horrible por reírse -Pero tienes razón. No le digas que es buena.

—¿Por qué?

—Por que podría dejar de entrenar y volverse orgullosa.

—¿Se puede ser más orgullosa? Deci es muy competitiva. No creo que se conforme con Kalos, querrá irse a todas las regiones.

—Se parece a tí, ¿verdad?

—¿Pero tú como sabes? No me conoces. -le contestó burlón y queriéndola mucho.

Serena le sacó la puntita de la lengua para restarle importancia a su comentario.

—Quiero volver a la tienda. Tengo que terminar un diseño para este viernes si quiero comenzar pronto a hacerlo realidad.

—¿Quieres que te acompañe?

—No es necesario. Demoraré mucho y debes estar cansado.

—Estoy más que despierto.

Serena dejó oír una pequeña risa. No iba a darle la contra. Le gustaba dejarle ganar en ese tipo de situaciones. Despidió a las niñas y caminó junto a Satoshi rumbo a la boutique. Era una de sus noches favoritas, lo tenía a su lado y no tenía intenciones de decirle adiós tan rápido. Apenas marcaban las ocho y media en su reloj de pulsera.

Una noche bonita y estrellada.

Pensó en sus años como reina de Kalos. Con tantas personas que le decían en persona y por redes sociales que la querían. Eso la hacía sonreír como tonta, totalmente extasiada de cariño. Los mensajes de odio hacia su persona o la típica prensa amarillista y rosa dejaron de tener peso cuando aprendió a vivir independiente de sus sentimientos. Dejarse querer, eso había elegido, pero aún así, la imagen del entrenador de Kanto llegaba a su mente como un rayo, eclipsando sus deseos de conocer a otras personas.

Se enojaba consigo misma, no importaba que tan amables y dulces fueran con ella, no eran Satoshi, ese era el punto, sentía pena por ellos, porque era injusto que ella no ponga de su parte en la relación. Ahora, en su realidad, mientras más se esforzaba él en estar a su lado, menos ganas tenía de que se fuera. Y volvería a pasar todo aquello.

Pero no podía pedirle que se quede. Aunque ella lo necesitara, no significaba que ella le hiciera falta a él.

Si lograba recibir un maravilloso "sí" o un terrible "no", la ayudaría demasiado a cerrar todo eso. Todos merecían ser felices en esa historia. Por como veía las cosas, Satoshi la consideraba como una persona importante para su vida, pero hasta ahí. Pero quería oírlo de su boca. Lo iba a querer por mucho tiempo, de eso no había duda. La persona correcta algún día llegaría, alguien que la amara como era.

Ese pensamiento la siguió mientras caminaban de regreso. Estuvo callada. Satoshi quería respetar su silencio, no esperaba que iniciara una conversación, pero cuando lo hizo, no supo qué pensar.

—Las personas creen que sólo sirvo para esto, ¿verdad?

—¿A qué te refieres? —Satoshi alzó los hombros con incomodidad.

—Qué me consideran inútil para algo que no sea esto.

—No es cierto. ¿Estás bien? ¿Por qué de repente quieres saber algo así?—le preguntó, comenzaba a preocuparse.

Serena recuperó rápidamente la compostura. —¿Puedo pedirte un favor?

—Lo que quieras.

Respiró suavemente antes de contestar. —¿Me prometes que me dirás siempre la verdad? No importa si es mala.

Era un favor tan extraño como sus preguntas anteriores. Notaba que para ella era demasiado importante que lo cumpliera. Sus ojos azules estaban perdidos en él, esperando una respuesta.

—Está bien. Te lo prometo.

—Las personas creen que sólo sirvo para esto, ¿verdad?

—Sí —Satoshi contestó al final. La expresión que ella puso se le clavó en el corazón.

—¿Pero..., por qué? —Parecía un poco abatida.

—Ehm, por diferentes motivos, supongo —dijo sin precisar, intentando no ahondar nada.

—Pero ¿por qué exactamente? ¿Es porque no quiero entrenar a mis pokemon para las batallas? ¿O es porque siempre intento verme bien? ¿O porque prefiero dedicarme a cosas que no involucran mucho a los pokemon?

Satoshi no quería seguir hablando del tema. Lo único que se le ocurrió fue un:

—Algo así, supongo.

—¿Tú también crees que sólo sirvo para esto? —preguntó con hilo de voz, estaba visiblemente desanimada.

Le dolió que pensara eso de él. Ya casi habían llegado a la tienda, pero Satoshi se detuvo y la tomó por la muñeca para que lo mirara. Quería analizar su expresión, todavía no entendía de dónde venía tal pregunta. Ella clavó la vista en el suelo, todavía sin acostumbrarse a tenerlo tan cerca.

—¿Por qué preguntas eso? Yo no pienso así.

—¿Me estás mintiendo?

—No. Te estoy diciendo la verdad. Conozco todas las cosas que puedes hacer bien.

—Eres todo lo que a mí me gustaría ser.

—A mi me gusta lo que eres.

—Pero-

—A mi me gusta lo que eres. -la interrumpió, sus ojos castaños le demostraban que hablaba en serio- Si quieres intentar algo más, hazlo, pero no por las personas, sino porque tú quieres. Pero yo no cambiaría nada de ti.

Serena asintió, notando que volvía a su estado de ánimo alegre y recuperaba la compostura. Eso también lo calmó a él. Soltó su muñeca por fin para que pudiera sacar una llave de su bolso y abrir la puerta de la trastienda.

—Espera. Ahora vuelvo. Quiero sacar unas cosas para llevarlas al departamento.

Mientras esperaba, Satoshi trataba de entender de dónde venía esa duda. ¿Él pensaba lo mismo? Sabía muy bien las otras cosas que ella podía hacer, sabía que comparada con los entrenadores y coordinadoras, todo lo que ella hacía era insignificante, ¿pero qué importaba? Serena no tenía necesidad de nada ni de nadie y prueba de eso era ver lo que había logrado. Sí, ella estaba bien así. A pesar de la ropa de marca, ser rostro de belleza en su región y estar en escenarios demostrando lo bella que podía ser, Serena era sencilla. Era tranquilidad y le hacía honor a su nombre. Recordó de todos los momentos que había compartido con Serena, donde estar con ella era estar tranquilo y feliz. Pensó en el campamento y en el perfecto estado que tenía el pañuelo cuando se lo devolvió; pensó en su manera de tener batallas; pensó en las veces que la había visto entrenar y en cómo la había ayudado en su interés de grabar un video para Pokevisión, en los nervios por su primera presentación, en su fracaso. Pensó en todo los problemas que pasaron en Alola, y cómo aún con todo eso, Serena seguía queriendo esa parte de él.

A medida que esas imágenes inundaban su mente, se fue quedando sin aliento. Miró la puerta por donde había entrado, luego alzó la vista hacia el cielo y después miró el pasto seco. Volvió a mirar la puerta.

Era un desastre, una muy mala idea, terrible terrible terrible, se lo repetía sin poder dejar de pensar cómo era posible que se hubiera enamorado de una chica como Serena. Era su opuesto, no había nada que los uniera excepto una frase de no rendirse. Aún así, parecía que podía ignorarlo todo y ser capaz de decirle a las personas que se equivocan, que le importaba poco si le dijeran que ella no era la indicada para él.

Sí, una mala idea.

Pero podría tener sentido.

Para él lo tiene.

Es casi estúpido pero no quiere pensarlo ni hallarle explicación. Ella le acaricia la vida con una sonrisa y es feliz. No necesitaba de grandes aventuras a su lado para sentirse pleno. Admiraba a Serena, la admiraba y necesitaba a alguien como ella en su vida.

—Serena.

Entró y la buscó porque aún no era suficiente.

—¡Ten cuidado cuando entres! Está todo oscuro. ¿Demoré mucho? Estaba a punto de salir.

—Puedo verte un poco.

—Quédate ahí, solo sacaré esta caja.

—¿Cuando quieres de vuelta el brazalete?

—Bueno..., no me lo quieres regresar.

Estaba oscuro pero Satoshi logró sonreírle cuando pudo verla con claridad gracias a la luz de la farola de la calle.

— Ven. -tanteó en la oscuridad hasta encontrar su mano- Quiero que te sientes conmigo un momento ahí afuera.

—Afuera está oscuro tambien, déjame prender la luz para-

—No, no la prendas. Puedo verte muy bien.

La sacó de la oscuridad atrayéndola despacio hacia él para que no tropiece con algo. Ver su rostro le hizo sonreír otra vez y sentirse seguro de lo que pensaba. Todavía tenía su mano y la apretó un poco. Serena lo sintió, no deseaba soltarlo y él tampoco hizo señas de querer hacerlo.

—Te daré tu brazalete. Pero tienes que escucharme primero. Luego, me dirás lo que quiero oir.

—Está bien, quiero saber a qué conclusiones llegaste para creer que soy la "mejor chica que has conocido".

Lo dijo de una forma un poco irónica que él no supo cómo sentirse al respecto. Para ella es como un imposible el que la persona que tanto ha querido, la quiera tambien, y sin ningún tipo de explicación.

—Te lo diré.

"Suave. Haz que sea fácil."

—Sé que no puedes o quieres creer que puedo sentir algo porque a estas alturas es imposible. Pero te dije que tuve tanto tiempo para pensar en tí cuando estuve lejos que tengo mi respuesta.

Apretó un poco más su mano, se sentía cálida. Serena tenía un ligero temblor en sus pupilas. Por dentro hay reclamos por un despertar y respues tardía, pero también hay felicidad, felicidad que no sabe si puede seguir creciendo.

—Quiero... escuchar tu explicación.

¿Pero cómo explicar algo que ni él mismo se explicaba? Incluso si hubieran pasado mil años, no encontraría palabras adecuadas. Satoshi no sabía qué decirle exactamente, pero como esa primera vez que horneó un pastel, decidió intentarlo.

"Incluso con dudas, puede salir algo bueno."

Sí, Serena se había convertido en un recuerdo bonito de una chica que se había enamorado de él y le había robado un beso infantil, inocente y sin reclamar uno devuelta. Un curioso recuerdo. Tambien era la que no habia dejado de quererlo mientras él la olvidaba. La había querido por ser su amiga tanto tiempo, pero algo ahí comenzó a distorsionarse cuando regresó y el recuerdo bonito era algo posesivo. Serena era de él y no debía ser así. Pudo darse cuenta a tiempo y quiso cambiarlo todo. ¿Era una mala persona por hacerle eso a alguien tan bueno? Quizás, pero Serena seguía ahí para él sin esperar nada. ¿Era una mala persona? Las cosas en Alola hicieron que conociera de verdad a Serena, su lado bueno que ya disfrutaba y su lado malo, ese que le desesperó, le hizo odiarla un poco y rompió su imagen perfecta de ella. Pero aún así, Serena seguía siendo una figura intocable. Ella decidía cúando romperse y cuando no. Serena lo quiere tanto que hace lo que sea para cuidar de él. Y con todo eso, sigue trasmitiendo felicidad. Empezó a admirar cada detalle de ella, empezó a ver que era muy diferente a otras personas que había conocido. Y luego él intenta probar quererla y Serena se lo niega. Le dice que se vaya, que no le importa que no la quiera, que nunca lograría su meta si él seguía ahí, dándole el brazalete para asegurarle que son amigos. Entonces Serena se convierte en un recuerdo más del montón, como quería. Luego la conoce a ella, su primera novia, una chica bastante alegre y llena de amor para él. La quiere tanto que es sorpresa. ¿Así debía sentirse Serena? Claro, Serena, me ha dado su brazalete. Se lo debo dar. Porque ese dia fui a verla porque me sentía culpable. Había sido un idiota, sí, pero más idiota sería creer que amaba a Serena. No lo hacía, la quería pero no la amaba. Tenía una novia y así eran las cosas. Agradecía no haber cometido la estupidez de estar con ella. Pero debía devolverle el brazalete. Pasó el año y sintió que su amor por la chica a su lado se desvanecía. ¿Se habrá desvanecido el amor de Serena por él? Esperaba verla y reírse juntos de eso. Porque ella era un bonito recuerdo que siempre regresaba.

"Hacer las cosas rápido y hacerlas lenta tienen distintos resultados."

—Regresé a Kanto una temporada cuando terminé con mi ex pareja. En un buen lugar para relajarse. No quería hacer o pensar en nada, pero tu brazalete en mi muñeca siempre me distraía. No me sentía bien, pero quería verte y saber si tu lo estabas.

Serena no dejaba de mirarlo. Cuando hablaba desborda emoción, felicidad, como si estuviera contando algo que le gustaba y le hacía feliz. Miraba al piso y luego a ella, al piso y luego a ella. Soltó su mano cuando estuvo seguro de tener toda su atención.

—¡Quería que supieras que tú me importas! No podía decírtelo porque estabas muy lejos y no debía buscarte. Creo que ese tiempo sumó más y más cosas a mi cabeza y me di cuenta que eres la mejor mujer que he conocido. Todas son increíbles y aprendí mucho de ellas. Pero tú..., tu eres diferente. No se cómo describirte para que lo entiendas, pero no creo que conozca a alguien como tu en toda mi vida.

—Creo que conocerte me hizo mejor persona —Serena le sonrió con amabilidad- Tal vez nunca hubiera abandonado mi casa y seguiría quejándome de mi vida. ¿Hubira sido siempre de esta forma? ¿Te hubiera encontrado? ¿Estarías en otra región completamente distinta?

—Quien sabe. Pero no pienses en eso. Estamos aquí.

—Si hace algunos años me hubieras dicho que pensabas eso, lo hubiera creído tan rápido que no pensaría que es una broma.

—¿Y ahora?

Serena bajó el mentó mientras pensaba. Quería hablar, responderle, gritar de felicidad y llorar de cansancio. Se abrazó a sí misma como si sintiera frío, sabiendo bien que el temblor era por la situación y no producto del clima. ¿Era posible sentir felicidad y tristeza a la vez?

—¿No me crees?

—Te creo. Es solo que...

Dudó un poco, sabiendo que su voz saldría entrecortada si hablaba ahora por sentir que no podía controlar los sentimientos que le recorría todo el cuerpo, por lo que simplemente negó con la cabeza queriendo terminar rápido esa conversación para irse al departamento y llorar en su cama. Le regaló otra sonrisa amable, pero se torció y eso lo preocupó.

—Estoy feliz... Pero se siente tan fácil...

—El que te expusieras así por mi fue un gran dolor de cabeza. Si te hubiera pasado algo, creo que jamás me lo hubiera perdonado. Si te hubiera prestado mas atencion en Alola, tal vez lo hubiera detenido a tiempo. Pero no lo hice y me culpaba cada vez que te recordaba.

—Yo no quería que te sintieras culpable.

—Lo sé, pero, ¿qué más podía hacer? Al menos eso ya desapareció y puedo estar aquí contigo, sin sentir que algo está mal. No quiero que eso se acabe, vine por tí y por nada más.

—Satoshi. Si nunca te hubiera dicho nada, ¿pensarías lo mismo que piensas ahora?

—No lo sé. Estoy siendo sincero contigo. Todavía no me explico porqué ahora me siento así.

—Supongo que podríamos dejar que pase más el tiempo.

—¡Ya tuve bastante tiempo! Si te fueras otra vez, te buscaría. Y sabes que lo voy a hacer.

—Pero te irás ¿verdad? -Serena apretó los dientes, tenía miedo de ponerse a llorar. —¿Sabes? Cuando te dije que tenía una meta que cumplir y no la lograría contigo a mi lado, me refería a...

—A mí, ¿verdad? -Satoshi inclinó la cabeza, quería volver a tomar su mano. -Me di cuenta. Seguiríamos en lo mismo. Yo forzando algo que no existe y tú esperando cosas que no sucederían. Pero ya pasó, estoy en paz conmigo mismo. Gracias por cuidar de mí en la distancia. De verdad lamento que hayas tenido que tomar todas las decisiones.

—No quiero obligarte a que te quedes tanto tiempo.

—No pensemos en eso ahora. Me gustaría poder hacer muchas cosas contigo mientras esté aquí. ¿Qué te gustaría hacer?

Serena no podía dejar de sonreír. Todavía sentía que le temblaba la voz, y que el calor en su rostro no de iba, pero intentaba lucir calmada.

—La última vez que comimos juntos en Alola no salió nada bien. Creo que me gustaría poder reemplazar ese recuerdo.

—Está bien. Buscaré un lugar cercano.

—Tú me invitaste esa vez, es mi turno de invitarte.

—¿Qué? ¿Estas segura?

—¡Sí, sí! Quiero invitarte. Por favor. El dinero no importa porque he estado ahorrando~.

Satoshi apretó con suavidad su mano. Serena podía causarle mucha ternura sin darse cuenta.

—Mañana, entonces. Pero tendrás que dejar el entrenamiento con las niñas

—¡Está bien! Y me gustaría que mañana nos veamos en nuestra cita y no antes. A pesar de que hemos pasado por algunas cosas y hecho otras, nunca hemos tenido una cita. Bueno, no es como si fuera una cita, pero al menos es algo que los dos acordamos hacer juntos.

—¿Quieres una cita? Tendremos algunas, claro, pero aún es temprano si quiere hacer-

—¡Qué te parece tenerla ahora!—Le interrumpió para luego cubrirse la boca y enrojecer rápidamente.—¡S-si quieres también, claro! Y sé que tambien quieres pero, no me refiero a que ahora ¡No eso! Es decir, sé que estoy acelerando las cosas pero me gustaría tener… —terminó por callarse al pensar que ya había arruinado el momento.

Satoshi ya no dijo nada y sonrió para sí mismo antes de soltar su mano. Se puso de pie y entró al lugar para recoger todo lo que Serena no había podido sacar por hablar con él. Parecía satisfecho de sí mismo más que nunca, si es que aquello era posible, ya que siempre tenía una actitud alegre y jovial. Serena también se levantó mientras intentaba ignorar el hecho de que le ardía el rostro. No estaba muy segura si era por haberle dicho sus deseos de tener una cita, por lo cerca que había estado de su rostro o la manera en que Satoshi la miró antes de levantarse. Casi sintió que su alma salía de su cuerpo cuando le pidió acompañarla a su departamento junto con una conversación curiosa, sin mencionar nada de lo anterior.

—Ahora ya puedes darme mi brazalete.

—Mañana. Te juro que mañana.

—Está bien. Será una noche mágica...


—Pikachu, cuando mencionó "noche mágica", no pensé que estaba hablando en serio.

El pokemon eléctrico sacudió sus orejas mientras volvía a leer el mensaje que Serena le había enviado a su entrenador.

"Quiero hacer reservaciones en el teatro restaurante Amelie's

Me dijeron que hoy habrá espectáculo de magia.

Me gustaría verlo

Tengo que buscarte ropa adecuada

Iré a tu hotel a las cinco.

—Si es el tipo de mago que corta a las personas por la mitad, voy a estar muy interesado. Volvamos al departamento, amigo, quiero dormir un poco.

Serena llegó puntual y cargando tres bolsas de compra en cada brazo. Satoshi no tuvo tiempo de invitarla a pasar porque entró solita, entusiasmada y lista para vestirlo.

Tiró las bolsas a la cama (Pikachu tuvo que salir para no ser aplastado) y empezó a sacar varias prendas, girando de vez en cuando a enseñárselos, totalmente ilusionada.

—No estoy segura cual de los tres conjuntos te gustará así que debes de probártelos. Podemos combinar los tres tambien. ¡Tú me dices! Te espero aquí, deprisa.

—¡Serena, saldremos una noche, no toda la semana!

Cerró la boca cuando prestó atención a la chica sentada en su cama. El vestido que llevaba era mucho más elegante de los que solía usar. Usaba maquillaje, brazaletes, unos pendientes largos y su cabello caía delicadamente sobre su hombro descubierto. Al parecer ya venía lista para irse con él. Sabía que era muy importante para ella y probablemente se había esforzado mucho en arreglarse y escojerlo todo. No podía negarse, sería algo cruel. Tomó la ropa de sus brazos y se encerró en el baño sin reclamar. Se la pasó entrando y saliendo con cansancio, Satoshi presentía que Serena no estaba emocionada por él, sino por las prendas.

—Me gusta, pero el anterior tambien te queda perfecto. ¿Cuál quieres?

—Este me gusta. -la verdad es que no quería seguir cambiándose.

—¿Estas seguro? Quiero que uses esa ropa cuando quieras y no solo para hoy. El teatro nos ofrece muchas cosas y asiste gente importante. Si me van a ver, quiero que este chico no pase desapercibido.

Serena se acercó a él para darle el último vistazo de aprobación y arreglarle el cuello de la camisa.

—Ahora sí te ves como chico de revista. Te ves muy bien.

—Entonces estamos listos. Pikachu, te...

—¿...gustaría acompañar a Pancham? Hay una sección especial para que vean el espectáculo, estoy segura que te gustará.

Serena, no sabía si llevarlo.-le susurró.

Podría aburrirse aquí. Siempre llevo a Pancham cuando asisto y no quiero que esté solo.

Los dos pokemon se unieron y salieron corriendo hacia la salida, sin pokeballs, como si fueran dos infantes cuyos padres los llevaron al parque. Ambos mayores se sonrieron por verlos juguetear en el taxi y hablar en su propio idioma, como si Pancham intentara explicarle el lugar donde estarían.

Serena estaba feliz de haber reservado mesa frente al escenario, con eso Pikachu y Pancham podían irse atrás con los demás pokemon y divertirse a su manera. Adelante sólo se sentaban las personas y algunos pokemon grandes. Satoshi se quedó mirando a un Lucario sentado junto a su hermosa entrenadora, comiendo una especie de fruta y mirando el escenario. Repitió la vista con un Hitmonchan, un Gallade y un Greninja. Al parecer, las chicas que iban solas llevaban a sus pokemon. No pudo fijarse en algo más por la oscuridad del lugar.

—¿Los jóvenes gustarían? -el mozo lo sacó de su observación y lo regresó a su realidad de cabello miel. Serena tomó dos copas que contenían un irreconocible líquido verdoso. Ash agradeció la copa e hizo un ademán para que el mozo se retirara.

—Es licor de menta. Si no te gusta, puedo pedirle que nos traiga otra copa.

—Está bien con esto. No bebo.

—Pero fumas. -Serena sonrió para provocarlo.

Me lo esperaba...-pensó- No, ya no.

—Pero fumaste en el matrimonio.

—Y no he vuelto a hacerlo. —replicó tranquilamente.

—No me gusta que fumes, te hará daño. ¿A qué edad comenzaste?

—Veintidós, creo. No recuerdo. Es muy raro que lo haga. No me gusta el sabor.

—¿Pero, por qué iniciaste?

Satoshi pensó que en circunstancias normales y personas normales se hubiera molestado por tal interrogatorio, pero Serena le devolvió la mirada con una surrealista expresión de inocente curiosidad-preocupación que no pudo negarse. Debía reconocerlo: pudo haber tenido una novia cerca de un año y cuatro meses (había contado el tiempo), sería la primera vez de Serena en una cita con él, pero lo estaba llevando por donde ella quería.

—Una vez la expedición donde estaba se quedó en medio de una tormenta. No podíamos calentarnos con nada y nos preocupaba los pokemon. El guía sacó una botella de Vodka y empezó a repartirla explicando que era efectivo contra el frío. Yo fui el único que no quiso y tambien era el único que estaba temblando. La misma persona me lanzó un cigarrillo y me dijo que si no quería, al menos fumara. Me senti tan mal cuando lo probé que vomité toda una tarde, pero me mantuvo caliente. Desde entonces lo hago.

—¿De casualidad tienes una cajetilla?

—No. Nunca he comprado una. Ya te lo dije, es muy raro. Cuando estoy muy nervioso, y es raro que esté tan nervioso.

—¿Nervios? ¿Eso puede calmarte?

—En realidad no. Sólo lo desplaza. No es fácil de explicar.

Serena afinó los ojos y prestó atención a las marcas en las manos de Satoshi . Las tenía llena de líneas, cicatrices que ya habían sanado pero querían mostrarse para enseñarle a las personas la clase de vida aventurera que llevaba.

—Ya no tienes que sentirte así de nervioso, en la ciudad no hay peligro como en un bosque.

—¿Te digo un secreto? - Satoshi apoyó los brazos en la mesa y giró la cabeza para verla.- Siempre llevo uno conmigo, me salva cuando quiero salir o irme de un lugar sin que me pregunten.

—¿Tienes uno ahora?

—No, no quiero irme a ningún lado. -le sonrió con complicidad, provocando en ella un leve sonrojo.

El telón del escenario bajó y las luces se apagaron por completo. La vela amarilla en su mesa permitió que pueda ver a su compañera, Serena bebió de su copa con lentitud y se acomó en su silla, esperaba que Satoshi disfrutara del espectáculo.

—Por cierto, ¿con quién has venido antes? - Satoshi la miró a los ojos, parecía bastante curioso.

—Con muchas personas. A veces vengo sola. Me gustan las presentaciones. Es como ser performer, pero sin los pokemon y vistiendo elegante. Cuando era reina, me invitaban cada jueves en la noche.

Satoshi no pudo evitar darse cuenta que algunas personas los miraban y se inclinaban para hablar entre ellos. Seguramente reconocían a Serena.

El telón se levantó y apareció un hombre joven vestido de traje negro y una capa. Por los guantes blancos y el antifaz, supo que era el mago. Las mujeres empezaron a alborotarse. Seguramente era muy popular.

—¿Siempre se ponen así con él?-le habló bajito.

Serena sintió cómo le saltaba el corazón.

—Es el amor platónico de todas aquí. Es guapo y sus trucos son fuera de lo común.

—¿Corta a la gente por la mitad?

—A veces.

—Entonces me tiene.

Serena empezó a reírse con suavidad para no interrumpir a las mesas cercanas.

—Espero que disfrutes esta noche. Yo ya lo estoy haciendo.

—Te creo, tu amor platónico está en el escenario. -bromeó, provocando que Serena le propine un golpecito cariñoso en el hombro. —Vamos a comenzarla bien. - Satoshi se quitó el brazalete y lo puso en la mesa. —Ahora sí lo puedes tener.

—No puedo.

—¿Por qué?

—Porque no combina para nada con mi vestido.-Serena de lanzó un guiño- Lo guardaré en mi bolso.

—No es cierto -sonrió.

Aunque el mago estaba ocupado metiéndose espadas en su boca y Serena asustándose al verlo, el entrenador de Pueblo Paleta desvió su vista para verla a ella unos momentos. La poca luz no le impidió disfrutar ver sus brillantes ojos azules, le gustaba verla feliz. En algún momento del show ocurrió algo que hizo que Serena se pegara a su brazo (y las mujeres sin pareja a sus pokemon).

—¡Ese hombre acaba de quitarse la cabeza!

—Es un truco muy bueno.

—¡Se incendió!

—¿¡...Cómo lo hace!?

El primer acto acabó después de media hora y cuando las luces se prendieron, Pikachu y Pancham volvieron con sus entrenadores para que les sirvieran la cena. La comida resultó deliciosa, Satoshi ya entendía porqué debían hacerse reservaciones.

—¿Serena, te das cuenta de que nos estan mirando?

—No te preocupes, ya no existe mi época de cámaras. Aquí nadie nos presta más atención de la necesaria.

—¿Estás segura? Sigues siendo bastante popular.

—"Hacer felices a las personas", es uno de los motivos por el que era performer. La gente me tomó mucho cariño, pero mi época ya pasó. Eres una personas también, ¿verdad? Eso también aplica contigo. Sobretodo contigo. No le haré caso a nadie así que disfrutemos nuestra cena. Tocará un grupo de Jazz al final del segundo acto, ¿te gusta el jazz?

—Eso creo. Pásame el programa, creo iban a cortar a la asistente en el acto dos.

—¡Qué obsesión tienes con ese truco!

—Aquí dice que pedirá participación del público. ¡Estupendo, me voy a ofrecer!

—¡Y yo voy a grabarte!

Serena se perdió en el tiempo y espacio cuando Satoshi la ofreció como voluntaria. Una asistente la tomó de la mano mientras la conducía al escenario y otra empezó a sacar dos espadas. Satoshi sacó el teléfono y empezó a grabar la explicación del truco (que se escuchaba peligroso, empezaba a arrepentirse por mandarla). Serena lo miró con temor mientras se presentaba ante el público a petición del mago.

—Para el siguiente acto de equilibrismo, señorita, le entregaré esta espada. -mostró lentamente el objeto ante el público.- tenga cuidado, tiene bastante filo.

Serena tomó el objeto, pesaba considerablemente. Volvió su vista a Satoshi por unos segundos.

—Me pondré de rodillas. Quiero que intentes equilibrar la punta de la espada en mi cuello con una sola mano mientras estas sentada en mi espalda. A la cuenta de tres. Sostén la espada. Uno...

Pesa...

—Dos...

Solo tengo que apoyar su filo y...

—Tres. Suelte.

Serena y el público soltaron un grito de espanto cuando fueron testigos de cómo la espada le atravesaba la garganta del ilusionista. La música se detuvo de golpe y las asistentes corrieron a apartar a la voluntaria para levantarlo. El hombre pasó un pañuelo por su cuello y desapareció el objeto. La música volvió con más fuerza y las luces empezaron a jugar sobre el escenario. El público se puso de pie mientras gritaban y aplaudían.

—¡Aplausos para la señorita!

Serena hizo una reverencia y bajó corriendo del escenario hacia su mesa, estrellándose contra Satoshi mientras temblaba ligeramente por la fuerte impresión. Satoshi profundizó el abrazo sin dejar de reírse por lo asustada que estaba.

—¡Estuviste increible!

—¡No es verdad! ¡Grité y me asusté!

—¡Eso le dio más realismo! Te mostraré el video cuando salgamos.

—¡Vi cómo atravesaba su cuello! ¡Me duele el corazón! -refunfuñó con voz ahogada desde su escondite en forma de abrazo.

Serena fue la que rompió el contacto después de que terminaran los aplausos y se diera por terminado el servicio de esa noche. Las luces se encendieron y todos los presentes comenzaron a levantarse y movilizarse por el local. La noche acababa de empezar. Ambos terminaron conversando con gente-amigos que acababan de conocer, dos borrachos encantadores, un empresario que buscaba esposa y que les invitó una ronda de bebidas. Serena se alejó un momento para atender una llamada que consideró urgente y apagó el teléfono para siempre, se sentía la mujer más feliz del lugar y pensaba seguir sintiéndolo hasta que se fuera. Nada presuntuosa, solo quería disfrutar algo que nunca había imaginado y todavía no se lo creía; aunque mirara a Satoshi ahí, conversando y viendola llegar para volver a unirse al grupo, extendiendo el brazo sobre sus hombros para recibirla y atraerla hacia él con cariño mientras seguía conversando entretenido y bastante animado.


Proxima parte: mañana a la misma hora ;)