Los personajes de Kingdom Hearts y Fire Emblem: Three Houses no me pertenecen, sus dueños son Disney, Square Enix y Nintendo.

CAPITULO 21 – EL CONFLICTO INTERNO DE INGRID.

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11/4 | Luna del Lobo Rojo. – Patio del monasterio. – de Dia.

Ingrid estaba sentaba en un banco de madera junto a Mercedes y Annette sobre su gran inquietud con respecto a su gran problema.

— ¿Tu padre volvió a enviarte una carta de propuesta de matrimonio? —Annette le preguntó refleja por el tema.

— Si, Annette. Mi padre no deja de insistir que me case con alguien rico de la nobleza por el bien del linaje de mi familia… A decir verdad esto es muy molesto pero no lo puedo decepcionar. —argumentó la rubia mostrando dudas.

— Sé que quieres a tu padre, pero, ¿no piensas que te están obligando por puro interés? —le comentó Mercedes curiosa por el asunto.

— Es lo que he estado pensando… Quiero cumplir mi sueño de ser una mejor mujer caballero de Fódlan y esto es lo que está interfiriendo. —dijo Ingrid afirmando lo que su amiga le comentaba.

— Bueno, yo diría que hagas lo que tengas que hacer y hagas realidad tu sueño. —le aconsejó Annette dándole ánimos.

— Eso es lo que quiero hacer pero… no es fácil. —expresó la rubia frustrada. —No me quiero casar con alguien que no conozco.

— ¿Por qué no hablas con Sora? —le sugirió Mercedes que hiciera esa acción para aclarar sus dudas. — Estoy segura que esto te hará bien.

— ¿Qué? —Ingrid se sonrojaba sorprendida por la declaración. — Eso es…

— Vamos, seguro que él puede ayudarte a tomar una decisión y así salir del problema. —comentó Annette alentándola a enfrentar sus temores.

Ingrid se puso roja al oír ese comentario, a decir verdad, para ella, Sora era como una especie de amor platónico desde la primera vez que se conocieron. Eso fue el detonante para que un gran conflicto interno estallara dentro de su ser y comenzara a debatirse entre seguir los deseos de su padre o sembrar su propio camino.

Era una decisión muy difícil que ella tenía que tomar y además considerar las consecuencias de sus actos.

— Gracias chicas. —agradeció Ingrid poniéndose de pie decidida. —Buscaré a Sora.

— Ojala todo salga bien, Ingrid. —Mercedes le deseaba buena suerte.

Y fue así como la futura mujer caballero emprendió la búsqueda del portador de la llave espada para resolver su dilema.

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Por otro lado, Sora estaba haciendo un brutal entrenamiento junto a sus compañeros de clase bajo la tutela de Catherine, quien a diferencia de Beres, era una maestra muy estricta y exigente llegando al punto de que llegaba a dar miedo a algunos, o incluso la mayoría.

— ¡Vamos chicos! ¡Pueden hacer lo mejor! —bramaba la rubia al ver que los chicos se agotaban en medio entrenamiento.

— ¡Me duelen lo pies! —masculló Caspar haciendo la mueca de dolor al ver las ampollas en esa dicha zona.

— ¡Pues tendrán que aguantarse, niñitas! ¡Sino, no se convertirán en los verdaderos mercenarios! —les ordenó Catherine que no se detuvieran. — ¡Vamos! ¡No es momento para pararse a llorar!

— Catherine sí que da miedo… —pensó Sylvain nervioso, aunque eso no le impedía mantener la calma en momentos como estos.

El entrenamiento que el grupo de las Águilas Negras hacían, consistía en hacer sparring entre ellos, para poder afinar su arte de guerra y para atacar al enemigo.

Todos y cada uno de ellos eligieron a una pareja de entrenamiento; Beres había escogido a Edelgard, Dorothea se juntó con Caspar y Sora se llegó a juntar con la intrépida y la estricta profesora Catherine.

Lo que quería era ver que tan capaz era de seguir su ritmo en lo que los dos chocaban sus respectivas armas espada.

Aunque, Catherine podría tener sus propias razones para elegirlo como su compañero de entrenamiento, la forma de que chocaban las hojas afiladas era como si forjaran algo mucho más allá que una camaradería.

La morena comenzó a ver progreso en su estudiante a medida que avanzaban en el sparring, aunque no faltaban las veces que Sora caía al suelo por el golpe infligido por ella.

Pero a pesar de eso, Sora estaba dispuesto a continuar y mejorar su estilo de pelea, para la sorpresa y sonrisa de Catherine.

— ¡Me impresionas, chiquillo! —le hizo un cumplido mientras realizaba una maniobra impresionante con Sora, quien lograba bloquear y por poco hacerla caer hacia atrás.

— Tu igual, Cat. —respondió Sora sonriendo de lado.

Y asi siguieron hasta que finalmente terminó el entrenamiento.

— ¡Nuestro entrenamiento ha terminado! ¡Pueden descansar! —Catherine daba por terminado el entrenamiento.

— ¡Si, profesora! —respondieron todos los demás en unísono.

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Despues de eso, Sora se disponía a despejar su mente recorriendo una parte del monasterio cuando de pronto se escuchó una voz llamándolo, y supo identificar a alguien muy bien.

— ¿Ingrid? —dijo Sora al ver a la futura mujer caballero acercándose.

— ¡Sora! Te he estado buscando por todos lados. —habló la mencionada sonriéndole. — Verás, quería hablar contigo sobre algo muy personal.

— ¿Es algo de suma importancia? —preguntó el pelicafé intuyendo lo que la chica le estaba dando a entender, a lo que ella asintió.

— Verás, yo sé tenemos muy poco tiempo que nos conocemos y no nos hablamos mucho, pero tengo un problema y pues vine a ver si puedes ayudarme. —le explicó Ingrid el motivo por el cual acudió al chico.

— Claro, ¿Qué sucede? —Accedió Sora mientras le preguntaba por el problema.

— Bien, Sora… —pausó Ingrid preparándose para contarle el motivo. —He estado recibiendo muchas cartas, la gran mayoría de ellas eran de mi padre pidiéndome que me casara con alguien proveniente de la nobleza.

— ¿Tu padre te ha estado enviando muchas cartas? —inquirió Sora curioso por la historia. — ¿Por qué razón habrías de casarte con alguien que no conoces?

— ¿Sientes curiosidad? Supongo que no pasa nada si la lees. Vamos agárrala. —Ingrid le daba la dicha carta al pelicafé.

Y la carta del conde de Galatea decía así:

"Mi queridísima hija Ingrid."

"¿Cómo has estado? Espero que tu conducta sea adecuada y no estés causando problemas a nadie."

"Aquí en casa todo va bien. En cuanto a la propuesta de matrimonio con el hijo del vizconde, parece que va a un buen ritmo."

"Con todo, sospecho que en el monasterio de Garreg Mach habrá mejores candidatos."

"Como bien sabes, la supervivencia de nuestro linaje depende de con quién te juntes."

"Eres la única que puede sacar a nuestra familia de esta situación. Todos contamos contigo. No pierdas de vista lo que realmente importa."

— Eso es… ¿Un plan de boda? —dijo finalmente Sora luego de leer la carta pensativo.

— Si, espero que por lo menos te haya hecho reír. —comentó Ingrid esperando burlas de parte de él.

— No creo que valga la pena reírme de algo como esto. —argumentó Sora negando con la cabeza. — Solo un grosero haría una cosa así.

— Gracias, si te mencioné que nunca nos ha faltado dinero, ¿verdad? —agradeció Ingrid su gesto.

— Mmmm si, recuerdo que mencionaste que tu familia se ha esforzado para ahorrar económicamente. —reconoció Sora recordando su conversación de hace tiempo atrás.

— Precisamente, nunca fuimos tan ricos, pero tampoco pobres. —le recalcó Ingrid sobre su estado económico. —Verás, la casa Galatea es una rama de la Familia Daphnel, de la alianza.

— ¿De Daphnel? —preguntó Sora curioso por el nombre.

— Si. Mi familia proviene de ella, gracias al apoyo de la familia real, conseguimos a duras penas mantener nuestra reputación entre la nobleza. —comentó Ingrid cabizbaja al decir lo siguiente. —Pero nuestro territorio es pobre y solo dan cosechas mediocres. Nuestra sangre se ha debilitado y ni mi padre ni mis hermanos poseen emblemas.

— Emblemas… Entonces tú… —intuyó Sora a lo que la rubia comentaba.

— Exactamente… Yo sí poseo uno. Por eso, mi padre siempre me vio como la única esperanza de la familia. —afirmó Ingrid revelando sus motivos.

— ¿Y es esa la razón por la tu padre quiere casarte? —cuestionó Sora intrigado, a lo que la chica asintió.

— Los emblemas son muy apreciados entre los nobles. —comentó Ingrid entendiendo la faceta del pelicafé. —Un enlace con una familia importante salvaría nuestra economía y acabaría con nuestra desdicha.

— Ingrid, ¿estás segura de que esto te hará feliz? —la interrogó el portador de la llave espada haciéndola quedarse callada por unos momentos.

Esa pregunta hizo que la rubia ojiverde se quedara sin habla por unos momentos, ninguna de las personas le había hecho esa interrogante como Sora.

Es en ese momento cuando Ingrid vio en él, un rastro de consideración y sinceridad en sus ojos, y la forma que le hablaba le parecía extraña pero agradable.

Todo eso era nuevo para ella, ni Felix, ni Dimitri, y ni Sylvain le llamaba la atención como Sora lo hacía.

— Yo… La verdad no sé qué quiero hacer con mi vida, Sora. —habló la rubia mostrándose dudosa sobre su futuro. — ¡No puedo decepcionar a mi padre, pero tampoco quiero abandonar mi sueño! ¿Sabes lo muy difícil que es esto?

— Sé que quieres a tu padre, Ingrid. —dijo el pelicafé calmándola. — Pero tú eres la dueña de tu vida, de tu corazón, no él, nadie más. Tú eres quien decides como quieres vivir tu vida.

— Yo… dueña de mi vida y mi corazón… —articuló la rubia sorprendida por las palabras de Sora. Fue la primera vez que alguien le dictaba esas palabras. —Gracias, Sora… Tus palabras me consuelan, pero, a pesar de todo, también comprendo a mi padre. No es que yo no le importe. Sin embargo, creo que me has dado la respuesta.

— ¿Ya te has decidido? —preguntó Sora expectante.

— ¿Tú dijiste que soy dueña de mi propio corazón no es así? Bien, creo que ya he tomado mi decisión… —pausó Ingrid para luego mostrarse segura llegando a decir esas palabras. — ¿Y si digo que quiero convertirme en caballero, pero formando parte de tu casa?

— ¡¿Lo dices en serio?! —expresó Sora sorprendido y contento por la respuesta. — ¿Vas a cumplir tu sueño? ¿Y formando parte de nuestra clase?

— Asi es, Sora. —respondió Ingrid de la misma forma decidida. — Formaré parte de tu clase para formarme como toda una caballero.

— Me alegra escuchar eso, aunque tengo que advertirte que Sylvain también está en mi clase. —le mencionó el pelicafé.

— ¿Sylvain está tu clase? ¿No ha hecho nada indebido, cierto? — indagó Ingrid esperando que el pelirrojo no haya cometido una tontería.

— Nah, no te preocupes, lo tenemos bien vigilado. — le afirmó Sora asegurando que no había habido ningún problema con él.

— Ya veo, en cualquier caso, si llego a Sylvain cometer una estupidez, me lo moleré a golpes. —comentó Ingrid de forma chistosa.

— En todo caso, le diré a Beres para que te unas a nosotros. —declaró Sora gustoso.

— Será un honor ser tu compañera de batallas. —respondió Ingrid esbozando una sonrisa cálida, sonrojando al pelicafé.

— Mucho gusto, Ingrid. —dijo Sora estrechando la mano con la de su amiga.

[El grado de apoyo entre Sora e Ingrid ha alcanzo el nivel B]

FIN DEL CAPITULO 21