Palabra: familia.
¿Si tuvieras que elegir, Katsuki Bakugo?
Follow the morning star
On a land when darkness failed
The passion left unholy
Now you found yourself
We have nowhere to go, no one to wish us well
A cry to find a home, our stories they will tell
Fallen Angels, Black Veil Brides
Caos. Quien quiera que esté organizando esa llamada «purga» de héroes los está obligando a salir a la calle a como dé lugar de la manera más rastrera posible: usando a los civiles como rehenes de una guerra no declarada.
No han logrado arrestar a nadie.
(Pero tampoco ha caído nadie todavía).
Supuestos robos a los que llegan demasiado tarde. Accidentes en los que tienen que elegir entre salvar a alguien o arrestar a alguien. La elección siempre es la salvación. A Katsuki le ha costado aprender que no sirve de nada ganar si no puedes salvar a nadie.
Llevan veinticuatro horas de patrulla casi permanente. Se han estado turnando con Uraraka y Jirou para descansar. Nadie sabe muy bien lo que está pasando, pero hay incidentes demasiado cronometrados en todas partes, nada parece casualidad. Las peores esperanzas de todo el mundo se confirman cuando Todoroki recibe una llamada de su padre en la que le dice que no sabe nada de Fuyumi —su hermana mayor— y todo el mundo oye a Todoroki soltar groserías —algo que normalmente nunca hace— antes de largarse y llamar a alguien para que lo cubra.
Los villanos empiezan a dejarse ver un poco más pasadas las cuarenta y ocho horas, cuando los héroes están agotados. Apenas si se han arrestado a unas cuantas personas porque la estrategia de atacar y correr da demasiado buen resultado. Katsuki está enfrascado en una pelea con un idiota con una lengua muy larga —un tipo que tiene parte de alguna clase de lagarto, está seguro— y no alcanza a ver dónde y contra quién está peleando Eijiro, cuando la lengua del tipo lo atrapa y está a punto de volársela con una explosión cuando siente una pistola en la sien.
—Katsuki Bakugo —dice una vez. Voltea a ver con el rabillo del ojo y sólo ve una figura encapuchada—. Eres todo un héroe, ¿no?
Muy bien, una mano puede volarle la lengua a uno, la otra mano puede deshacerse del otro.
—Estoy a punto de volarle los sesos a uno de ustedes dos, yo diría que sí. —Tuerce la sonrisa.
En realidad no va a volarle los sesos a nadie. Katsuki es mucho ladrar, pero poca mordida. Hace su trabajo. Atrapa a los villanos. Y a veces los deja más golpeados de lo que debería. Pero todavía no ha dejado a nadie con el cerebro embarrado en el pavimento, aunque lo ha deseado muchas veces.
—Antes de hacerlo quizá quieras comprobar cómo están tus padres —repite el tipo de la pistola en su sien.
Katsuki se está tardando en reaccionar. Cada segundo que pasa es un segundo en el que el villano puede apretar el gatillo y una bala puede impactar en su cráneo. Pero esas palabras lo paralizan. Un momento.
Luego se llena de rabia y provoca una explosión para hacer que el tipo de la lengua enorme lo suelte. Él se empuja hace arriba, saliendo del rango de la pistola lo más posible. No le gustan las armas de fuego y con razón. Logra noquear al tipo de la lengua —o al menos herirlo lo suficiente como para que deje de dar pelea— y luego se lanza encima del de la pistola, tirándola a un lado.
Error.
No sabe cuál es su singularidad.
Cosa que descubre cuando las manos del tipo se vuelven brillantes, tan brillantes que duelen y duras, demasiado duras. Las explosiones o les hacen gran cosa y, aunque son sólo sus manos, Katsuki no puede alcanzar otra parte de su cuerpo.
Un golpe lo derriba y antes de que pueda reaccionar las manos están sobre su cuello.
«Diamante», piensa.
Y se ahoga. Y mientras se ahoga no se puede concentrar y no puede explotar nada. Y apenas si queda oxígeno y no entiende qué está pasando.
—Si tuvieras que elegir entre arrestarme y salvar a tu madre, Katsuki Bakugo, ¿qué elegirías? —oye, pero suena lejano.
Y luego un golpe.
La presión sobre su cuello desaparece.
—¡Katsuki!
Su reacción es de alivio. Es Eijiro, que noqueó al villano. Katsuki se incorpora y tose hasta que recupera el aliento. Eijiro casi se le lanza encima. Están entre villanos inconscientes. Es la primera vez en cuarenta y ocho horas que logran arrestar a alguien antes de que huya.
Y Katsuki no puede pensar en el triunfo.
—¿Estás bien? —oye que Eijiro pregunta.
Pero él saca el celular. Marca a su casa. Un timbre. Dos. Tres. Cuatro. La espera se hace interminable y luego salta el buzón. Otra vez y es lo mismo: un timbre y luego otro y otro y otro y otro y otro y el buzón.
Grita.
(Eijiro lo mira alarmado).
No hace caso de lo que está pasando a su lado. Intenta acordarse de quien patrulla el barrio de sus padres, pero su mente está nublada y no puede pensar correctamente. Hace años que no le pasa esto.
—Carajo.
—¿Todo bien?
—¿Sabes si hay alguien en mi antiguo barrio? ¿Un héroe? ¿Alguien?
—Deku fue a verificar si su madre estaba…
Eso es todo lo que necesita. Busca el número de Izuku en el celular y lo marca, rogando por que conteste. Lo hace al cuarto intento.
—¡Kacchan, no estoy en posición para…!
—¡Ve a casa de mis padres! —espeta—. ¡O manda a alguien! ¡Me da igual!
—¿Kacchan…?
—¡Casa de mis padres, Deku! —Tiene un pésimo presentimiento. Por fin Eijiro entiende lo que está pasando y le dirige una mirada alarmada—. ¡Por favor!
—¡Sí, claro, Kacchan… ¿estás bien?!
—¡No te preocupes por mí!
Luego la llamada se corta y Katsuki siente ganas de dejarse caer, de derrumbarse allí mismo. Pero Eijiro le extiende el brazo para darle la mano y él la acepta.
—Vamos —le dice—. ¿Casa de tus padres?
Katsuki tiene un pésimo presentimiento.
(Su presentimiento es correcto).
Palabras: 969.
1) Lo único que puedo decir es que no me arrepiento de nada en la forma en la que usé la palabra familia. De absolutamente nada.
2) Supongo que ya saben que soy muy fan de los papás de Bakugo porque su ship dynamic me fascina. Y Mitsuki es todo un personaje. Pero ustedes todavía no saben qué pasó.
Andrea Poulain
