Capítulo 27: Noche de Luna Nueva

Lily se observó en el espejo y contuvo una mueca de tristeza. Qué diferente se había imaginado ese momento. Sobre todo por el hecho de que al bajar las escaleras del hall esperaba encontrarse a un pletórico James Potter esperando para cogerla de la mano y entrar juntos al Gran Comedor, y celebrar el inicio de una nueva aventura después de Hogwarts. Suspiró lánguidamente y se retocó uno de los mechones de pelo color rojo oscuro, que Estelle se había encargado de ondular con esmero durante toda la tarde.

Lily llevaba un ajustado vestido color granate que al final su madre le había mandado por lechuza, con un escote en forma de corazón y hombros caídos, que se ajustaba como un guante a su cintura, y se adaptaba suavemente a la curva de sus caderas. El pelo lo llevaba semi recogido, con ondulaciones que caían sobre su escote y sobre sus hombros desnudos. No llevaba muchas joyas, tan solo unos delicados y discretos pendientes de nácar alargados que su madre le había regalado al cumplir la mayoría de edad.

Se encontraba pensando en qué llevaría James puesto en aquella cena de gala, y como se sentiría el joven por el hecho de que no pudiera compartir con sus padres aquella noche de graduación por culpa del maldito Voldemort, cuando Estelle la sacó de sus tribulaciones al entrar por la puerta de la habitación.

-No está en la sala común tampoco- dijo un poco agobiada. La joven se dirigió a su baúl y se sentó en él con gesto preocupado.

- Tal vez se haya arreglado en casa de Ada.

Se referían a Yasmine, que desde que compartiera con ellas y los chicos la cena durante la noche anterior en la orilla del lago tras acabar los exámenes apenas había vuelto a coincidir con ninguno de ellos durante todo el día.

-No lo entiendo, ¿qué es lo que le ocurre?- Estelle hundió la cara en sus manos y Lily supo que estaba haciendo un esfuerzo enorme por no llorar. Ella se sentía igual, sin embargo, sabía que Estelle no podía notar el agujero negro de desesperación que ella tenía en el estómago al pensar en Yasmine desde hacía ya meses. Era como si tuviese la certeza absoluta de que su amiga estaba en peligro y no dejaba que nadie le ayudase, cerrándose herméticamente a todos los que la rodeaban.

-Estás preciosa, Est- le dijo con suavidad Lily, intentando que la otra pelirroja pensase en otra cosa. Y era cierto. Estelle se había arreglado a conciencia. Se había puesto el vaporoso vestido azul celeste de tirantes anchos que se había comprado aquella mañana en la tienda de Hogsmeade. El traje se ajustaba en su pecho y luego caía en varias capas de chiffon, dándole un aspecto liviano y etéreo. Se había recogido el cabello en un moño bajo que dejaba caer algunos mechones rizados, y llevaba una gargantilla plateada que le había regalado Lise Simons, también al cumplir la mayoría de edad. – a Remus lo vas a dejar sin palabras- añadió con fingida malicia.

Consiguió con su comentario hacer sonreír a la chica e incluso que se sonrojase un poco.

Espero que le guste- dijo con voz queda. Lily bufó ante el comentario, como si no contemplase ninguna otra opción, y ambas se echaron a reír con ganas, aunque aún sintiendo con fuerza la ausencia de su morena amiga.

Yasmine no lloraba. Al menos por fuera. Pero el gesto imperturbable de su rostro, siempre lleno de emociones y vida, distaba mucho de lo que ella había sido siempre.

Se contempló en el espejo de cuerpo entero del dormitorio de Ada y se sorprendió al descubrir la carencia de sensaciones positivas que siempre sentía ante eventos de ese tipo. Notó vagamente la ausencia de sus dos mejores amigas como una sacudida en su estómago, pero todos esos momentos ahora parecían muy lejanos en sus recuerdos, como si hubiesen pertenecido a otra vida distinta a la que tenía ahora.

Su vestido, se lo había prestado Ada, y la anciana profesora le aseguró enigmáticamente que cuando acabase aquella noche le diría a quien pertenecía. Ni siquiera había sentido curiosidad sobre la identidad de la misteriosa dueña del vestido, algo tan raro en ella que no se reconocía. Aún así, al ponerse la prenda, se sintió extrañamente reconfortada, como si alguien o algo que la quería con una intensidad infinita la abrazasen por completo. Era un vestido de tela blanca que a pesar de estar impoluto se adivinaba que tenía muchos años de antigüedad. Era de tirantes, ajustado en el pecho, la cintura y las caderas, y luego caía más liviano en un tejido de raso fluido hasta los pies. Tenía una larga apertura en la pierna que llegaba un poco por encima de la rodilla. En el pecho tenía unos finos adornos de pedrería que brillaban en diferentes colores según les diese la luz. En su peinado, Ada había trabajado a conciencia, haciéndole una bonita trenza espigada que también dejaba algún que otro estudiado mechón de pelo castaño más suelto, dándole un aspecto más romántico y desenfadado. Yasmine si se sorprendió al descubrir el extraño don de Ada para peinarla, ya que ella siempre iba con su pelo corto y puntiagudo que apenas se arreglaba un poco. Observó el reflejo de la anciana en el espejo, que se movía frenéticamente de un lado a otro de la cabaña buscando unos zapatos para aquella noche, y se preguntó cuantas cosas más no sabría de ella, al igual que la anciana ignoraba que aquella noche podría ser la última que la viese con vida.

-No me puedo creer que haya venido- Sirius crispó sus puños en un gesto de rabia e impotencia, y sus elegantes rasgos dibujaron una mueca amarga.

-¿De quien hablas?- James se terminó de retocar el cuello de su camisa frente al espejo, sin mucho entusiasmo, cuando vio como su amigo levantaba en alto un pergamino que tenía una breve nota escrita con una letra estilizada de color vino.

-Mi madre- contestó simplemente el joven. Hizo una bola con el papel y la tiró al otro extremo de la habitación, donde estaba su baúl abierto. James no contestó. Aquella noche estaba más sensible de lo normal. Ver a todos sus amigos rodeados de sus seres queridos solo le hacía recordar con dolor que sus padres ya no estarían allí nunca más para presenciar los momentos importantes de su vida, y pronto su pensamiento se redirigió hacia cierta pelirroja tozuda cuyo distanciamiento lo estaba trayendo de cabeza. Por un momento pensó en mandar todos sus prejuicios y miedos a la mierda e ir a por ella y pedirle matrimonio directamente.

-Prongs, tío…- Sirius se acarició incómodo la nunca interpretando correctamente el silencio de su amigo- lo siento… hubiese preferido que no viniera la verdad- y volvió a bufar, apartándose un mechón de flequillo rebelde del rostro, aún serio.

Por suerte para James, la llegada de Remus lo libró de contestar a la disculpa de su amigo.

El chico de ojos dorados entró a la habitación con una sonrisa bobalicona bailándole en el rostro.

-¿Qué tal está Estelle?- preguntó el joven de gafas con malicia.

-Precio… ¡eh! ¿Cómo lo has…?

-Solo se te pone esa cara cuando ves a la PPP, tío- se burló Sirius.

-¿PPP?- Remus alzó una ceja desconfiado.

-Pequeña Pelirroja Pecosa- aclaró James.

-¿Otra vez estáis con eso?- Remus puso los ojos en blanco aburrido. – eso es de la prehistoria.

-Si con la prehistoria te refieres a hace un año, que fue justo y cuando conseguí conquistar a la pelirroja de mis amores, entonces sí.- replicó James replicando la sonrisa de su amigo.

-Conquistar…. Que optimista- rio Sirius olvidándose momentáneamente de su madre.

-¡Mira, Pad!, ahora a Prongs se le ha puesto la cara que se le pone cuando ve a la PLL.- replicó Remus con los ojos dorados entrecerrados con malicia.

-¿PLL?- esta vez fue James el confuso.

-¡Pelirroja Loca y Lista!- y Remus se ganó un cojinazo de James, que no borró la sonrisa floja de su rostro.

…FLASHBACK…

Torre de Astronomía, junio de 1977.

-Te estaba buscando, princesa- James se acercó a Lily ágilmente trepando por las almenas de la torre de astronomía. La pelirroja respondió al saludo lanzándole una mirada desconfiada entre las sombras.

-¿Qué haces aquí Potter?- le preguntó secamente.

James pareció inmune a la hostilidad de la chica y se aproximó más a ella, que intentó recular pero no había mucho más espacio tras de sí, por lo que bufó y se cruzó de brazos indignada.

-Vaya, esto es una ACE.- repuso James asomándose al borde de la torre y observando la oscuridad de los terrenos de Hogwarts- ¿no te daría pena si me tropezase y me precipitase al vacío?- el chico de gafas compuso una mueca de tristeza que casi hizo reír a Lily, pero por suerte se contuvo a tiempo antes de darle al joven esa satisfacción.

-¿ACE?- se volvió intentando aparentar la máxima indiferencia posible.

-Altura Considerablemente Escalofriante- aclaró James diligentemente.

-¡Así que eso es lo que habéis estado haciendo durante estos exámenes!- entendió Lily por fin, ahora rio con ganas sin esconderse- teníais a la mitad de alumnos de sexto locos con vuestras siglas, todos pensaban que eran hechizos secretos o yo que se qué-hizo un gesto con la mano que daba a entender que ella lo había considerado una pérdida de tiempo desde el principio.

-¿Y tú que creías que era?- James se acercó a Lily, más intrigado que seductor, y maravillado por su risa. No eran muchas las veces que ella se reía solo por y para él. Lily puso una mano entre ambos impidiendo que el chico se acercase aún más a ella, pues apenas estaban a un palmo.

-Si te acercas más, tú si que estarás a una DCE- le advirtió fríamente. James alzó las manos como si indicase que estaba desarmado y se alejó de espaldas, apoyando la espalda sobre la pared de una de las almenas. Después se cruzó de brazos y sonrió.

-¿Y bien? Ahora que no estoy a una Distancia Considerablemente Escalofriante, ¿qué creías que era?

-Alguna forma secreta de insultar a los que no os caían bien. – dijo mirando al cielo surcado de estrellas y después a James.

-Algo de eso también ha habido- concedió el chico tranquilamente.

-¿Y a mí como me llamabas?- y de repente Lily se sorprendió acercándose a James en la misma actitud seductora que él había tenido con ella. El joven pareció ponerse nervioso, pero a pesar de que la realidad era que se debía a la súbita actitud de Lily, ella pensó que era por las siglas que le habían puesto. Entrecerró los ojos mosqueada ante el silencio de James.- ¿y bien?

-Bueno…- el chico se revolvió el pelo nervioso- para Sirius, Remus y Pet eres la PLL- empezó el chico.

-Pelirroja….

-Loca y Lista- terminó James cerrando los ojos y esperando el golpe. Un golpe que no llegó. Cuando abrió los ojos Lily estaba más cerca que antes, y sintió como si su corazón quisiese salir desbocado por su boca. Tal y como se sintió la primera vez que la vio, con tan solo once años, solo que por aquel entonces no era capaz de entender el por qué, y esa sensación le molestaba, así que se metía con ella. Cuando empezó a entender sus sentimientos, meterse con ella era la única forma que tenía de estar cerca suya, ¿por qué ahora tenía un miedo horrible de hacerla sentir mal?

-Loca… - Lily puso los ojos en blanco. Se asomó a la torre y una ráfaga de viento le levantó el pelo rojo, que llevaba suelto. Un aroma a lirios, fresco y dulce, invadió por completo a James.

-Yo no pienso que estés loca, Lily…- James se acercó a ella y sin darse casi cuenta, puso una suave mano sobre su hombro, y ella sintió un escalofrío que no era por culpa de la temperatura.- es solo una broma- se justificó él-lo siento- añadió al fin.

¿James Potter diciendo lo siento? Seguro que había oído mal. Lily lo miró extrañada, y por primera vez en seis años vio al hombre en el que James se estaba convirtiendo. La miraba muy serio, y también por primera vez, y tan solo como les había pasado en contadas ocasiones, su mirada verde pareció conectarse sin remedio a la castaña de James. ¿Qué estaba pasando?

-Creo que eres la mujer… másincreíblequeheconocidonunca- lo dijo atropelladamente, como si no tuviese pensado decirlo y al empezar a hacerlo no hubiese sabido como terminar.

-James…- Lily pareció olvidarse de la DCE y se encaró a él, cogiendo la mano del chico y estrechándola con una suavidad extrema.

-Yo…- el chico parecía azorado y nervioso. Ni mucho menos había sombra de aquel adolescente pesado y agobiante que no la dejaba respirar ni un segundo sin acosarla. Aquello se estaba volviendo peligroso. Pero no quería dejar de tocar su mano, es más, era la sensación más agradable que había tenido en mucho tiempo, y seguro que era más agradable si le acariciaba aquellos bíceps torneados que tenía… "¡Lily!" gritó una vocecita aguda y enfadada en su cabeza. Notó la otra mano de James, igual de suave, acariciar su nuca, y el vello de todo su cuerpo se erizó automáticamente. Los labios del chico estaban tan cerca que casi podía oler su aliento, ¡y cuanto le apetecía besarlo! Pero por suerte para ella, o por desgracia, la vocecita apareció de nuevo en su cabeza "Te está mintiendo, es James Seductor Potter, y esto va en contra de tus principios". Y de muy mala gana, Lily se separó torpemente del chico y puso de nuevo una distancia considerablemente prudente entre ellos.

-Esto no es buena idea- e igual de torpemente, y sin dejar de mirarlo, Lily abandonó la torre de Astronomía. A partir de aquella noche, nada volvería a ser igual para ella, se pasaría todo un verano pensando en James Potter como no lo había hecho nunca, y el resto… era historia.

…FIN DEL FLASHBACK…

Ya de vuelta a 1978 y en la habitación de los chicos…

-¡Pero jamás le dijiste a Lily que tú la llamabas MFM!- Remus le devolvió el cojinazo y sacó a James del pozo de sus recuerdos.

- Mi Futura Mujer…- sonrió nostálgico y de nuevo le dieron unas ganas locas de tirar su orgullo por tierra e ir a pedirle matrimonio. Por suerte esta vez fue Peter quien se lo impidió, apareciendo en la puerta ataviado con una elegante túnica de cuadros esmeraldas que su madre le había comprado.

-¡Vamos tíos! ¡No sabéis como están nuestras compañeras de séptimo con vestidos de noche!

En aquella ocasión fue él el que se ganó una tanda de cojinazos sin piedad.

Casi a las ocho en punto, el hall del castillo estaba más animado que nunca. Los alumnos de séptimo se arremolinaban en torno a sus familias, y se presentaban unos a otros con alegría.

Lily bajó las escaleras junto a Estelle, y no tardó mucho en localizar a James al lado de sus padres, que parecían algo perdidos, pero maravillados por el entorno mágico del castillo. Dumbledore había desactivado los hechizos antimuggles para los familiares no mágicos que acompañarían a los alumnos aquella noche. El joven de gafas hacía reír a Allendra Evans, y su marido le lanzaba nerviosas miradas de desconfianza mientras buscaba con la mirada a su hija Lily. Por fin la localizó y una amplia sonrisa se dibujó en su rostro. James siguió la mirada de Timothy Evans y a Lily se le olvidó por completo el simple hecho de respirar. Los ojos de James eran un cúmulo de emociones que ni siquiera supo definir, pero que la turbaron tanto como lo parecía estar él. Hizo un gran acopio de fuerza y tras decirle a Estelle que se reuniría ahora con ella y su familia, se encaminó hacia ellos.

-¡Lily querida, estás espectacular!- Allendra abrazó a su hija sin dejar de mirarla de arriba abajo. James la miró a los ojos, y ella pudo sentir, sin que el chico dijese nada, que estaba totalmente de acuerdo con su madre.

-¡Ven aquí, mi princesa!- Tim Evans liberó a Lily del abrazo de su madre y la estrechó con fuerza, mientras por encima del hombro de su hija lanzaba una mirada de dura advertencia a James.

-Papá, yo también me alegro de veros…- El abrazo comenzó a alargarse más de la cuenta mientras Tim le hacía señas a James de que lo estaría vigilando, y el chico solo pudo sonreír nerviosamente y revolverse el pelo incómodo.-¡Papá! – Lily se separó bruscamente de su padre, que inmediatamente adoptó una postura normal que no daba lugar a sospechas. Allendra reía con ganas mientras agarraba del brazo a James, y Lily les lanzó una mirada desconfiada.

-Bueno, señor y señora Evans, ha sido un placer verlos, como siempre…- James depositó un pomposo beso en la mano de la madre de Lily e inclinó la cabeza ante su padre. – Lily…- la chica asintió mientras dejaba que James le diese un suave abrazo, y sintió como los corazones de ambos latían a gran velocidad. Después se alejó lentamente hacia la familia de Remus, que estaban conversando alegremente con la madre de Peter. Sirius estaba unos pasos más apartado, al lado de su hermano Regulus y de una mujer alta de pelo azabache con un único mechón blanco en el lado derecho de la cabeza y recogido en un estirado moño. Sus facciones duras, hubiesen sido tan bellas como las de su hijo si no hubiesen tenido esa expresión de desdén constante dibujada en ellas. La mujer parecía reprender a su hijo mayor por algo mientras este estaba más ocupado en lanzar miradas de deseo y asombro a Yasmine, que ya había aparecido y se había reunido con su familia cerca de la entrada del castillo. Regulus también observaba a la castaña, pero su mirada era tan hermética que nadie habría podido adivinar lo que sentía al ver a la joven.

-Vamos con Estelle, os presentaré a su hermano y su madre- Lily hizo una seña a sus padres y ambos la siguieron entre el tumulto de alumnos y familiares.

Lise Simons estaba pletórica, ver graduarse a su hija, tan radiante con aquel vestido azul cielo, hacía que inevitablemente se le llenasen los ojos de lágrimas a cada instante.

Lucas, su hermano mayor, la abrazaba cariñosamente mientras le preguntaba discretamente al oído donde estaba su futuro cuñado, y Estelle se sonrojaba y reía nerviosamente mientras era incapaz de contener el cruce de miradas con Remus, que a pesar de estar con sus padres y con James, tampoco dejaba de mirar maravillado a la pelirroja de ojos azules. Algo le decía que aquella noche por fin podrían dar rienda suelta a su pasión sin que nadie les interrumpiese, más que nada porque estaba dispuesto a utilizar si hacía falta cualquiera de las maldiciones imperdonables contra quien osase hacerlo.

-¡Hola Lily! ¡Estas preciosa!- Lucas dejó de abrazar a su hermana, y levantó a la otra pelirroja del suelo en uno de sus abrazos de oso. Lucas era alto y robusto y levantarla fue sumamente fácil para él. Lily rio divertida y le dio un cariñoso beso en la mejilla, mientras sus padres saludaban a la madre de Estelle y el padre de Lily fichaba a Lucas como otro posible objetivo a mantener vigilado aquella noche a causa de aquel efusivo abrazo. Estaba a punto de hacerle al joven de pelo rizado el mismo gesto de "te estoy vigilando" que había hecho con James cuando Lily contuvo un gritito de alegría y señaló a algún punto tras Lucas.

-¡Es Yasmine!- y efectivamente, la joven de pelo castaño se había abierto paso desde la puerta del hall del castillo hasta avanzar hacia sus amigas. Detrás la seguían sus padres y dos de sus tres hermanos: Owen, con aquel aire rebelde aunque aún aniñado bailando en su redondo rostro; y Michelle, que llevaba un impresionante vestido negro ajustado y el pelo rubio normalmente rizado totalmente liso. Su madre, una mujer de pelo corto entrecano, alta y delgada, pero con curvas, de rostro alargado y gesto solemne, regañaba disimuladamente a Michelle por su vestimenta mientras su padre, se reía escandalosamente de la última broma que Owen había gastado al profesor de pociones durante una de sus clases. Su hijo se lo estaba contando con pelos y señales y el hombre estaba rojo de la risa.

-Hola chicas- saludó Yasmine.- estáis preciosas- y a pesar del halo de automatismo que había en su voz, sus amigas pudieron notar también algo de cariño en ella.

-Tú también lo estás- Lily respiró hondo y la abrazó, fingiendo una total normalidad que a Estelle le fue muy difícil imitar. Y es que sí, Yasmine estaba despampanante con aquel vestido blanco ajustado de raso y aquel peinado trenzado, pero había algo en ella tan totalmente diferente a lo que estaban acostumbradas que apenas la reconocían. Parecía como si apenas pudiese respirar y sus grandes ojos marrones no encontrasen ningún sitio donde posarse más de un segundo. No había rastro de su emotividad característica, Yasmine era en aquel momento un robot con todos sus sentimientos guardados bajo llave, y ninguna de las dos pelirrojas sabía explicar el por qué de aquel comportamiento. Estelle imitó a Lily, abrazándola, y notó a su amiga castaña tensa y rígida, como si además de no poder respirar tampoco pudiese moverse con fluidez.

-Será mejor que nos preparemos, ahí llega Dumbledore- la rubia Kate, ataviada con una túnica rosa palo y vaporosa, apareció de repente tras ellos y tras saludar rápidamente al grupo señaló a la parte de arriba de las majestuosas escaleras de la entrada, donde Dumbledore y la plantilla de profesores al completo empezó a desfilar lentamente hacia la entrada del Gran Comedor.

Todos los alumnos se dispusieron formado un pasillo por el cual se abrió camino la comitiva docente del colegio. Estaban acompañados por el asesor del ministro de magia, que no había podido personarse aquella noche, y escoltados por el director del Departamento de Seguridad Mágica, Bartemius Crouch y varios aurores que miraban alternativamente a uno y otro lado buscando algún indicio de que pudiese cometerse algún tipo de atentado en cualquier momento.

La presencia de Bartemius Crouch, un hombre de formas severas y rictus imperturbable, tuvo diferentes reacciones en algunos de los jóvenes. A James lo recorrió un escalofrío de placer al imaginarse como auror en el departamento de seguridad mágica, y Yasmine relajó ligeramente el semblante, sintiéndose mínimamente más segura al pensar que su familia estaría en buenas manos aquella terrible noche de luna nueva. Hasta casi se le escapó una leve sonrisa al enfocar a lo lejos a Sirius, que la miraba de arriba abajo con esa sonrisa suya tan característica y tan transparente en sus intenciones. A Sirius, la túnica de gala azul marino le quedaba tan desenfadadamente bien, que Yasmine tuvo que reprimir el suspiro de placer que se les escapaba a todas las féminas que pasaban al lado del joven, aunque la visión del chico logró que durante una milésima de segundo olvidase que su mundo estaba a punto de cambiar en tan solo unas horas.

-Cariño, tenemos que entrar- Mary Roberts, asió a su hija suavemente del brazo sacándola de sus ensoñaciones, y Yasmine no pudo sostener la mirada marrón café de su madre, que se acercó a su oído y le susurró- tenemos que hablar, estoy muy preocupada por ti.

Yasmine no supo como aguantó las inmensas ganas de derrumbarse y llorar a moco tendido junto a su madre mientras todos entraban al Gran Comedor, de confesarle todo lo que pasaba y sentirse por primera vez en mucho tiempo segura y a salvo en sus brazos, pero lo hizo. Parpadeó un par de veces para alejar el miedo y la angustia y volvió a recomponer el gesto carente de emociones que había reinado en su rostro desde el inicio del día.

-Cuando termine la cena- le prometió con voz queda mientras esta vez era ella la que empujaba suavemente a su madre al interior de la estancia.

El Gran Comedor, estaba igual de bien ataviado para la ocasión como todos los asistentes a aquella cena de gala.

Había numerosas bandas de tejido suave, de los colores de las cuatro casas, distribuidas en cuatro zonas que formaban las cuatro esquinas de un cuadrado, y bajo ellas, había grupos de hasta cuatro mesas donde los alumnos podrían elegir donde sentarse con sus familiares. En el centro del Gran Comedor, quedaba un gran espacio donde había un pequeño escenario en el que el profesor Dumbledore sostenía un pergamino alargado con los nombres de los alumnos que se graduaban.

Slughorn, McGonagall, Fitlwick y Sprout se situaban tras el director, sosteniendo numerosas bandas de tela del color de sus casas. Cuando todos los presentes se encontraron dentro de la estancia, Dumbledore alzó las manos en un gesto que acalló todas las voces.

-Queridos alumnos, y familiares- dijo amablemente, sonriendo con aquellos ojos azul eléctrico- una nueva etapa se cierra otro año más en Hogwarts, y aquí estamos, todos reunidos para celebrarlo- muchos alumnos, que hasta ese mismo momento no se habían dado cuenta de la realidad que suponía acabar el último curso de estudio, y de que dejaban atrás el que había sido su hogar durante lo últimos siete años, compusieron extraños gestos de tristeza.- pero esto, queridos, es solo el comienzo de otra nueva gran aventura- añadió el director consciente de las emociones encontradas de sus alumnos- una enorme y gran aventura- repitió, para que a ninguno le cupiese la menor duda de que lo mejor estaba por llegar.- sin más dilación, daremos paso a la ceremonia de graduación, ¡me muero de hambre!, ¿vosotros no?- y se frotó la barriga relajando el ambiente y levantando una carcajada general de los asistentes.

Uno a uno, Dumbledore fue nombrando a los alumnos de séptimo de las cuatro casas, y por mucho que intentasen aguantar la emoción, hasta los mismos profesores no podían reprimir más de una lágrima de tristeza.

Sirius y James sonrieron seductoramente a McGonagall cuando les entregó su banda, y ella les regañó entre risas y lágrimas y les pidió que nunca cambiasen pasara lo que pasase, aunque a ella la hubiesen traído de cabeza con sus travesuras desde el día en que habían pisado el colegio por primera vez.

Los padres de Remus se abrazaban contemplando orgullosos a su hijo mientras este se preguntaba que sería de su vida tras Hogwarts, y sintiendo la punzada de agobio que lo embargaba cuando pensaba que nadie querría contratarlo por su condición. Sin embargo, sus oscuros pensamientos se disiparon al ver a una radiante Estelle sonriéndole mientras ella iba a recoger su banda. Su mirada dorada se cruzó entonces con la de Lucas Simons, que le devolvió una sonrisa divertida y cortés al darse cuenta de que por fin había localizado a su cuñado, y le gustaba mucho más que el pedante de Adrien Wilkinson.

Yasmine también recogió su banda, intentando que apenas se notase su nerviosismo y evitando la mirada azul de Dumbledore, pues pensaba que el anciano director podría haberle leído el pensamiento en cuestión de segundos si hubiese querido, y regresó rápidamente con su familia tras bajar del escenario.

Cuando todos los alumnos hubieron recogido su respectiva banda, con tan solo una palmada Dumbledore hizo desaparecer el escenario del centro de la sala, y lo permutó por una enorme mesa redonda de manteles blancos y engalanada en dorado. El escenario reapareció donde antes estaba la mesa de profesores y les prometió que un importante grupo había accedido a tocar aquella noche tras la cena.

Lily, Estelle, Yasmine, Kate e Iona se dirigieron entonces a una de las mesas, y las ocuparon con sus respectivos familiares.

Así mismo hicieron los merodeadores, salvo Sirius, cuya madre insistió en que se sentasen en una de las mesas de Ravenclaw junto a Claudy White y su snob y sangre limpia familia. Como no era una cena estrictamente protocolaria, nadie puso impedimento, y la rubia ravenclaw se sintió henchida de placer al ver al joven moreno de ojos grises sentado en su mesa. Sin embargo, la felicidad no le duró mucho, puesto que cuando no llevaban ni cinco minutos de cena, Sirius sin probar bocado y pensando en como librarse de aquello sin hacer explotar la mesa y a sus integrantes en el proceso, Remus y James aparecieron tras la silla de la estirada madre de su amigo.

-Señora Black, usted queda muy bien en la decoración de esta mesa- le dijo James alegremente sin ocultar para nada la doble intención de su frase.

-Pero a su hijo el color azul le sienta terriblemente mal- añadió Remus como si fuera algo tan obvio que era increíble que nadie se diese cuenta.

-El gris vale- concedió James.

-Pero el azul…- Remus miró despectivamente la túnica de su amigo, que los observaba divertido, y ambos chicos lo apuntaron con la varita sin titubear. Claudy, y sus amigas snob ahogaron un gritito de asombro, cuando el hechizo conjurado sin palabras de Remus y James cambiaron el color azul oscuro de la túnica de Sirius a un extravagante tono naranja por la mezcla de amarillo y rojo que cada uno hizo.

-¡Dijimos amarillo!- exclamó James.

-¡Dijimos rojo!- contradijo Remus.

-Parece un butanero- añadió divertida la madre de Lily, desde la mesa de al lado, que se había reído mucho con la escena. Su hija y su marido corearon su afirmación y el resto permaneció con gesto imperturbable, ya que no entendían demasiado de butaneros o trabajos muggles. La madre de Sirius les lanzó una mirada llena de odio racista.

-Pues este butonero- repuso Sirius tajantemente mientras se levantaba bruscamente de la silla- se va a butonear a su mesa.- y cogiendo por los hombros a sus dos amigos, dejó a su snob y enfurecida madre sentada con sus amigos especímenes de sangre limpia.

-Es butanero- le corrigió la madre de Lily, y se sonrojó al ver la sonrisa seductora que el chico le envió mientras el señor Evans anotaba otro nombre más a su lista de futuros homicidios.

La cena fue animada y divertida, hasta Yasmine, con su sempiterno gesto carente de emociones, rio algunas de las bromas del hermano de Estelle y escuchó interesada junto a sus padres algunos de las cirugías más espectaculares que realizaban los muggles.

-¡ Tubitos en las arterias! ¡Clavos para arreglar huesos!- el señor Roberts estaba maravillado, y se planteaba seriamente colarse en alguno de esos hospitales para ver en persona aquellas maravillas de las que hablaba Timothy.- ¡y sin dolor! Maldita poción crecehuesos- añadió tan desconcertado como sorprendido.

Sin embargo, el señor Evans encontraba muy útil evitar una cirugía a la hora de reconstruir un hueso, y el debate sobre los pros y los contras de cada tratamiento les estaba llevando toda la cena.

Las madre de las tres chicas estaban enfrascadas en una interesante conversación sobre lo que depararía al futuro de la comunidad mágica, y de paso ponían al día a la madre de Lily, que lanzaba fugaces miradas de preocupación a su hija, mientras ella trataba en vano de quitarle hierro al asunto.

-Estarán bien- replicó de repente Mary Roberts con plena convicción- observó a sus tres hijos detenidamente y después posó su mirada castaña en todos y cada uno de los jóvenes gryffindor que estaban sentados en la cena- creo que son una de las generaciones mejor preparadas para luchar… y ganar.- Yasmine sintió una profunda oleada de admiración por aquella mujer que era su madre, y la llenó de una valentía repentina que esperaba estar muy lejos de sentir hasta ese momento. De ese modo, cuando apenas faltaba una hora para la media noche, y estaban sirviendo los postres, Yasmine se levantó de la mesa discretamente alegando que debía ir al baño y abandonó el Gran Comedor con paso firme y ligero. Faltaba media hora para su cita con Snape y Regulus, pero antes quería dejar una nota de despedida a su familia y amigos.

Por otro lado, Estelle no cesaba de lanzar miradas a la mesa de los merodeadores, donde la túnica de Sirius había vuelto a adquirir su elegante tono azul marino. Allí, James y el susodicho se dedicaban a poner en evidencia a Peter y Remus delante de sus propios padres, lo cual estaba sacando de quicio a Peter que lloriqueaba implorando piedad (su madre no llevaba muy bien sus líos con jovencitas desvergonzadas) y resbalando a Remus totalmente, que solo tenía la cabeza puesta en cierta pelirroja pecosa.

Sirius se reía estruendosamente de la colleja que la señora Pettigrew propinó a su hijo cuando se enteró que había estado saliendo en secreto con una descocada hufflepuff, información aportada por James, cuando vio a cierta castaña misteriosa salir decididamente del Gran Comedor, e igual de decidido, se levantó tras ella y la siguió. Y como fue costumbre durante la semana de castigo de Estelle y Remus, la alcanzó justo casi antes de entrar por el retrato de la Dama Gorda. Ella lo miró, no había miedo, ni duda en su rostro, él la miró y la deseó más que nunca. La Dama Gorda abrió el cuadro sin contraseña antes de volver a presenciar un espectáculo de aquellos dos, y antes de que ninguno pudiera hacer o decir nada, se encontraban en el cuarto de los merodeadores besándose como si el mundo fuese a terminar si dejaban de hacerlo.

Cuando faltaban cinco minutos para las once y media de la noche, Severus Snape se disculpó con su madre Eileen, y se levantó de la mesa arrastrando su túnica de gala negra, que no se diferenciaba mucho del resto de sus túnicas diarias. Había visto a Yasmine abandonar la sala hacía algo más de media hora, pero también a Black ir tras ella, por lo que esperaba que el entrometido del gryffindor no la distrajese y ella no se dejase distraer, el tiempo había empezado a correr y lo peor, es que lo había hecho en su contra.

Con un gesto seco, indicó a Regulus que debía marcharse también, y el joven se levantó con elegante desdén de la mesa de ravenclaws en la que cenaba sin dar explicaciones a su madre, que se dedicaba a reír las gracias de la alta cuna sangre limpia de Inglaterra y no le importaba demasiado a donde fuese su hijo. Ambos abandonaron la sala sin que nadie más que una persona reparase en ello.

- Yasmine…- Sirius cerró los ojos extasiado y apoyó su cabeza en el pecho desnudo de la joven.- ha sido…

- Increíble- terminó ella, respirando entrecortadamente. Había sido incluso mejor que aquella noche de navidad a pesar del poco tiempo del que disponían.

El joven de ojos grises levantó la cabeza y la miró profundamente, la besó en los labios, lenta y apasionadamente, y aquello se hubiese perpetuado toda la noche si Yasmine no se hubiese fijado en que el reloj de pulsera de Sirius marcaba casi las once y media.

-¡Mierda! ¡Tenemos que irnos!- se incorporó bruscamente pero el joven le impidió salir de la cama.

-¡No! ¡Que le den al mundo! Quedémonos aquí… - empezó a recorrer su cuello con un camino hecho de pequeños besos, ella quiso reír pero lo único en lo que pensaba era en vestirse para evitar que Sirius viese sin querer a la pequeña culebra. Había habido tanta pasión desmedida en la última media hora que entendía que el muchacho no hubiese reparado en ella, pero ahora que estaban algo más tranquilos era un riesgo que no quería correr.

-¡Vamos! Nos están esperando, se estarán preguntado donde estamos- le imploró ella terminando de ponerse los tacones y ajustándose el peinado.

-¿Nos veremos cuando se vayan todos?- le preguntó él de repente serio, observando con la cabeza ladeada como ella intentaba subirse la cremallera.

-¿Qué?- pero Yasmine parecía no entender que quería decir.

-Cuando se vayan todos… - Sirius se acercó por detrás y acarició la espalda de la chica, erizando el vello de todo su cuerpo, le subió con una delicadeza extrema la cremallera del vestido y la abrazo igual de suavemente por detrás, besando su nuca. Yasmine tembló, no sabía que sería de ella en las próximas horas.

-Claro…- le respondió con un hilo de voz.

-¿Lo prometes?- Sirius susurró a su oído, y sus palabras parecían música, tan deseables como irreales.

- Lo prometo- ella se giró y se encaró a él. Sus ojos castaños estaban repletos de lágrimas, acarició la piel blanca del rostro de Sirius y sus labios, y lo besó larga y profundamente.- ve tu primero, dentro de un rato iré yo- y lo empujó con suavidad fuera de la habitación, mientras el joven la miraba como si fuera la última vez que fuese a verla.

-Llegas tarde- Yasmine había oído muchas veces esas palabras de la boca de Snape, pero nunca con la crispación de esa noche. El joven tenía los pequeños ojos negros entrecerrados, mientras la instaba a acercarse a ellos con prisa.

-Lo siento- contestó ella con voz queda.

-Quítate el vestido- esta vez fue Regulus el que habló, se aproximó a ella con una suavidad que le recordó mucho a Sirius hacia tan solo unos minutos, mientras le besaba el cuello. Ella obedeció algo cohibida, quedándose tan solo con la ropa interior, y se sonrojó aún más cuando percibió el brillo de apreciación en los ojos castaños de Regulus. Snape sin embargo no miraba, rebuscaba en una bolsita de tela que tenía bajo la túnica y sacaba el ungüento que utilizaron para eliminar el tatuaje del lirio. A Yasmine le repugnó incluso más que la primera vez que lo vio, con ese color sangre brillando maliciosamente a la luz de la única antorcha que alumbraba la mazmorra.

- Date prisa, Black, no tenemos mucho tiempo- Snape parecía deseoso de largarse de allí. Su amo había dado claras órdenes de que quería a Potter en la orilla del lago más alejada del castillo una hora pasada la medianoche, y no podría poner a salvo a Lily si no conseguía ayudar a Yasmine. Si la joven alertaba a Dumbledore, a su amo no le quedaría más remedio que posponer su plan de aquella noche. Era la única manera que tenía de evitar que Lily se entrometiese, pero si fallaban… un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando oyó a Regulus conjurar.

-¡Tattoo inmovilus!- y a Yasmine ahogar un grito. Snape no titubeó, se lanzó hacia donde Regulus tenía la varita, que era el costado derecho de la joven, y restregó todo el ungüento que pudo sobre la pequeña culebra chivata, que en cuanto entró en contacto con la crema, empezó a chillar y retorcerse de dolor.

Sin embargo, no fue la única que se retorció de dolor. Si bien la última vez Yasmine aguantó estoicamente como el lirio desaparecía dolorosamente de su piel, en aquella ocasión algo parecía no ir del todo bien. La joven comenzó a chillar y a estremecerse como si estuvieran aplicándole cientos de crucios a la vez. Su voz no era aguda como de costumbre sino gutural y profunda, como si salieran miles de gritos de personas diferentes por su garganta. Snape insonorizó la habitación mientras Regulus la abrazaba e intentaba contener el grito de la muchacha, pero pronto se dio cuenta de que en lugar de la quemadura que había aparecido cuando eliminaron la flor, lo que había en lugar de la culebra era una fea y enorme herida sangrante con los bordes candentes, que se iba haciendo más y más grande. Snape lo apartó de un golpe y señaló con su varita la herida de la chica, comenzó a mover los labios con fluidez mientras aplicaba todos los hechizos sanadores que conocía y Regulus se lanzaba a la bolsita de su compañero para buscar la esencia de díctamo. Mientras, Yasmine gritaba y lloraba sin control, convulsionaba como si estuviese teniendo un ataque. Al cabo de unos minutos, la herida sangraba menos profusamente y los bordes parecían los de un pergamino quemado, y unos feos surcos negros, que parecían la tinta de la culebra, se iban abriendo camino en la piel de la joven inundando todo su costado. Ella, de repente y sin aviso, pareció tomar de nuevo el control de su cuerpo, y se encontró hecha una madeja en el suelo, con su cabeza sobre el regazo de Regulus mientras Snape, crispado por los nervios, le lanzaba su vestido sin ningún miramiento.

-¡Vístete! ¡Todo ha salido mal! ¡Tienes muy poco tiempo para buscar a Dumbledore y confesar! – gritaba como un loco, moviéndose como una fiera enjaulada.

-¡Relájate, Snape!- Regulus le lanzó una mirada crítica mientras ayudaba a una aún aturdida Yasmine a ponerse el vestido.

-Tú…- Snape se acercó a menos de un centímetro de la cara de Regulus, que le mantuvo la mirada desafiante- yo tengo mi coartada, pero tú… - más vale que huyas rápido o te encontrarán y te matarán.- y sin decir una palabra más, salió de la habitación sin volver la vista atrás.

-¿Qué? ¿Por qué?- Yasmine lo miró confundida.- Tienes que irte- dijo con un hilo de voz, mientras se agarraba el costado con una mano y contenía el aliento. La sangre empezaba a manchar la tela del vestido, dándole un aspecto bastante siniestro.

- Prefiero morir- respondió Regulus sin titubear- no puedo dejarte sola- Yasmine no sabía si era lástima o aprecio lo que impregnaba sus palabras, lo que estaba claro es que ella misma estaba empezando a pensar con claridad, y la urgencia de la situación parecía empezar a despejar su mente del dolor.

-No digas tonterías- lo cogió de la cara con fuerza- tienes que irte, desaparece. – un espasmo de dolor procedente de la herida abierta la recorrió y se dobló sobre si misma.

-¿Contigo así?- Regulus la ayudó a incorporarse, muy serio.

- Estoy bien, cada vez duele menos- mintió ella, que notaba como el veneno de la tinta de la culebra se iba extendiendo por su piel. Su tiempo se acababa.- ¡Vete por favor! – le imploró ella. – Nadie puede verte conmigo, vete…

Regulus titubeó, al fin y al cabo, había algo que debía hacer antes de morir, algo a lo que llevaba dándole vueltas un tiempo. Había visto lo que había pasado, Yasmine estaba envenenada por el tatuaje maldito de Malfoy, solo esperaba que le diese tiempo a encontrar a Dumbledore para ponerse a salvo antes de que la tinta la intoxicase sin remedio.

-Te volveré a ver- era más una afirmación que una promesa.

Yasmine sonrió, entre sarcástica y divertida.

-Aunque sea en la otra vida- replicó ella, y lo hizo reír a pesar de la situación- gracias por ayudarme, eres un hombre bueno.- lo abrazó, con todo el cariño que sentía por él, por su ayuda, y por su extraña relación, y lo empujó suavemente fuera de la mazmorra como hacía media hora había hecho con su hermano en la torre de Gryffindor. Regulus le lanzó una mirada, una última mirada, que la hizo plantearse si en lugar de hermanos, Sirius y él no serían algo más parecido a gemelos. Suspiró profundamente, se preparó para combatir el dolor, y salió con paso firme de la mazmorra, ocultando con su mano la mancha que ya era claramente visible en su vestido. Necesitaba toda la fuerza que le quedaba para fingir que estaba bien mientras buscaba a Dumbledore en el baile de la cena.

Si retrocedemos en el tiempo, justo y cuando Sirius desaparecía por la puerta del Gran Comedor tras Yasmine, en la mesa de las chicas…

-¿Lo has visto?- le preguntó Estelle a Lily disimuladamente con una sonrisita picarona bailando en sus labios. Se refería a la escena en la que Sirius se marchaba tras Yasmine.

-Lo he visto- afirmó Lily. Pero empezó a encontrarse mal. No es que algo no fuera bien, algo iba muy mal. Bebió un sorbo de su bebida para despejarse, pero empezó a notar aquella ya familiar ansiedad que le daba en momentos determinados, sin embargo, aquella vez, sabía que iba a ir creciendo hasta límites impensables.

-¿Lily estás bien?- Estelle observó como su amiga la miraba ceñuda, y después sacudía la cabeza y se forzaba a sonreír.

-Perfecta.- dijo con fingida tranquilidad.

- Bien, pues yo voy a hacer algo muy importante- dijo de repente Estelle, levantándose de la mesa. Sus mejillas rosadas y su pelo ligeramente alborotado, delataban las tres copas de ponche que ya se había tomado.

-¿Qué vas a hacer hermanita?- Lucas la miraba divertido, pero desconfiado.

- Voy a saludar a Remus, para que vea mi vestido de cerca, y así conoceré a sus padres- y sin entender muy bien siquiera lo que ella misma había dicho, se marchó tan campante a la mesa de los merodeadores.

-Espero que tenga suerte- le susurró Remus a James mientras Peter seguía siendo reprendido por su madre y le lanzaba a James miradas de censura.

-Espero que averigüe que demonios le pasa a Yasmine- terció el chico de gafas. – era tan obvio que la joven estaba mal que daban ganas de sacudirla de los hombros y sacarle la información a gritos. De repente su gesto serio se tornó burlón- aunque espero que tengas más suerte tú, amigo – le dijo a Remus dándole un fuerte golpe en la espalda y mirando detrás del licantrópo.

-¿Yo? ¿Por qué?- Remus lo miró intrigado mientras apuraba su copa.

-Porque Estelle viene hacia aquí muy decidida, creo que es hora de que le presentes a tus padres- y sin darse cuenta, de la impresión, Remus vació el contenido de líquido de su boca en plena cara de Peter, que no sabía si ir a acostarse o tirarse al lago para ser devorado por el calamar gigante.

-¡Hola chicos!- saludó la pelirroja alegremente mientas se situaba a un lado del chico de ojos dorados- hola Remus.

-Hola, Estelle- Remus se acarició el pelo de la nuca nervioso- mamá, papá…- los señores Lupin lo miraban intrigado, hasta que una bombilla pareció encenderse en la memoria de su madre.

-¡Un momento cariño!- Hope Lupin sonrió ampliamente- ¡Pero si esta chica es nuestra vecina tan guapa de la que no paras de hablar!- exclamó radiante. Estelle sonrió entre sorprendida y halagada y esta vez fue Remus el que no sabía si tirarse al lago, o de la torre de astronomía.

Una hora más tarde, Lucas Simons se había incorporado a la mesa de los merodadores, ocupando el puesto que la madre de Peter había dejado para irse a hablar con una conocida, e interrogaba a Remus sobre todo lo que podía. A los cinco minutos de empezar a hablar, ya se habían hecho amigos. Estelle charlaba por los codos con los padres de Remus, mayoritariamente de pasteles y de su hijo, y Hope Lupin reía sin parar de forma muy parecida a la de la chica, tal vez también por efecto del ponche que ésta le había ofrecido. Peter, se dedicaba a observar detenidamente el mapa de los merodeadores, y parecía haber algo muy divertido porque no paraba de señalar a un lugar concreto del mapa y abrir mucho los ojos. Sin embargo, ninguno de los presentes le prestaba demasiada atención.

Sirius había reaparecido hacía unos quince minutos, y no paraba de lanzar miradas a la puerta del Gran Comedor esperando la aparición de cierta castaña a la que parecía que se había tragado la tierra. Su ceño fruncido no auguraba nada bueno, así como tampoco la fijación con la que Lily observaba el mismo punto que Sirius, además por el mismo motivo, mientras se iba sintiendo cada vez peor. Y de repente, justo y cuando dieron las doce en punto de la noche, algo cambió.

Un patronus con forma de lince apareció en la mesa de los profesores. Fue de Crouch a Dumbledore, y de éste al ayudante del ministro de magia, y les susurró unas palabras al oído. Los tres se levantaron de la silla como activados por un resorte, y tras una breve mirada, se encaminaron hacia la puerta de salida del Gran Comedor.

Dumbledore se rezagó un poco de los otros dos, y le susurró unas instrucciones a McGonagall al oído, que se llevó una mano al pecho y abrió los ojos desmesuradamente, para después recomponerse, y marcharse junto al director, de la forma más discreta posible.

Pero no lo suficiente discreta como para no haber sido visto por tres de los alumnos más inteligentes de Hogwarts. James y Sirius intercambiaron miradas de preocupación, y Lily, que apenas había respirado mientras observaba lo que ocurría, y casi no podía ocultar su malestar, se levantó de la mesa, donde ya solo quedaban charlando y ajenos a todo sus padres, los de Yasmine y la madre de Estelle, balbuceó una excusa tonta y se dirigió a la mesa de los chicos. Solo ellos y Estelle podrían entenderla.

James la observó acercarse y su gesto preocupado se acentuó al ver la cara pálida de Lily.

-¿Lily?- le hizo aparecer una silla y la obligó a sentarse, pero ella estaba muy nerviosa. Estaba empezando a entenderlo todo, aunque ni ella misma sabía como.

-¡No!- respiró agitadamente, pero intentó calmarse porque los padres de Remus estaban empezando a mirarla extrañados.

- Señor y señora Lupin- dijo entonces Estelle, interponiéndose entre ellos y su amiga.

-Oh, querida, llámame Hope- le regañó coquetamente la madre de Remus.

-Hope, creo que estaríais encantados de conocer a mi madre- y sin más discusión, les guiñó un pícaro ojo a sus amigos y los condujo hasta la mesa de las chicas, donde hizo las pertinentes presentaciones.

- ¿Qué ocurre Lyls?- James agarró con firmeza una de las manos de la pelirroja, que temblaba bruscamente.

-Es… es Yasmine.- Sirius sintió como su corazón le daba un vuelco, ¿es qué Lily sabía que le ocurría?

- ¿Qué es lo que está pasando?- preguntó el chico de ojos grises con más dureza de la que pretendía. James le lanzó una mirada de advertencia.

-¿Y Yasmine?- Estelle llegó corriendo a la mesa del grupo, fijándose en la única ausencia.

-¡Es por ella! ¡No lo sé! ¡No sé lo que le pasa!- se exasperó Lily, que no sabía poner en palabras por qué se sentía mal y por qué sabía que era por ella.

-Hombre…. Algo malo es- comentó Peter en un tono totalmente desenfadado.

-¿Perdona?- le increpó Estelle con cierto asco.

- Que algo malo le debe pasar, cuando la he pillado en el mapa haciendo un trío en las mazmorras con Snape y Regulus Black- replicó él con una amplia sonrisa, como si estuviese descubriendo el cotilleo más jugoso de toda la historia de Hogwarts.