Ella sólo creía amarlo. Draco sabía que eso no era posible.

— Hermione, eres muy especial...

La joven movió la cabeza y levantó una mano para detenerlo.

— No creo que pueda oírte cantar mis alabanzas. Y antes de que sigas, déjame decirte que no puedo sentir lo que siento por ti y ser tu amiga.

Draco negó con la cabeza.

— No, no creo que podamos ser amigos. Ha sido una noche estupenda y tú eres una persona maravillosa, pero no es probable que nuestros caminos se vuelvan a cruzar. Algún día harás muy feliz a alguien...

Ella apartó el rostro y se abrazó como si tuviera frío a pesar del calor sofocante.

— Creo que es hora de que te vayas.

Draco se colgó la cámara al hombro.

— Te enviaré las fotos por correo cuando las revele. Dame un par de días.

Ella lo acompañó a la puerta.

— Envíame la factura.

— No. Eso ya lo hablamos. Nada de factura, ¿de acuerdo?

— Pues entonces te debo una fiesta. Pero sería más cómodo que me cobraras.

— Espero que encuentres al hombre de tus sueños, Hermione.

Ella lo miró a los ojos.

— Ya lo he encontrado.

Draco salió por la puerta y cerró la puerta tras de sí. Ella estaba equivocada. Y un día le daría las gracias.

El móvil de Hermione empezó a sonar. Por un momento pensó que podía ser Draco que se había dado cuenta de que la noche anterior había sido especial. Pero no. Era el número de Harry.

— Hola.

— ¿Draco sigue ahí?

— No. Llámalo a su móvil.

— No quiero hablar con él, sólo quiero saber si sigue allí. Tengo que pasarme — dijo él.

Hermione no tenía tiempo para sus dramas.

— Me parece que no. No es un buen momento. No estoy de humor.

— Tengo algo que quiero enseñarte — insistió él.

Hermione se sentía demasiado apática y desgraciada para discutir mucho.

— Como quieras. Pásate.

— ¿Puedo llevar a Neville?

Por lo menos le pedía permiso.

— ¿No vas a ninguna parte sin él? — Harry se echó a reír.

— No seas mala.

— Está bien. Haz lo que quieras.

Mientras esperaba, se dedicó a arreglar el apartamento y arreglarse ella. Que la hubieran rechazado no implicaba que tuviera que abandonarse. Harry y Neville llegaron con cafés con hielo, panecillos, queso de untar y jamón cocido. La cafeína estaba bien. Y la comida mejor aún.