Landline
Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.
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Capítulo 25
Edward no la llamó.
Bella se acostó en su cama y observó el teléfono. Intentaba descifrar si podía ver la magia si miraba lo suficiente. Si el teléfono destellaba o brillaba o hacia algún ruido extraño como Freaky Friday (54).
Uno de los perros, el macho, rondaba por el dormitorio. Se paró cerca de la cama ladrando hasta que Bella lo llevó con ella.
—No me gustas —dijo—. Ni siquiera se tu nombre. En mi cabeza, te llamo "El Dulce" y al otro "El Que Luce Como Un Ladrillo"
Sí sabía sus nombres. Eran Porky y Petunia.
Porky acarició con el hocico el estómago de Bella y gimoteó. Rozó sus nudillos en la piel de la parte trasera de su cuello.
La puerta se encontraba abierta, y Rose entró.
—Aún estoy bien —dijo Bella. La comprobaba desde que regresaron del centro comercial y corrió hacia su dormitorio para dar vueltas alrededor del teléfono.
—Te traje Pringles —dijo.
—No quiero Pringles.
Rose se acercó y se sentó en la cama.
—Bueno, ahora mientes. — Sacudió la lata de papas sobre el cubrecama, y Bella y Porky comenzaron a comérselas. Cuando la lata se vació, Rose limpió sus dedos en los pantalones de terciopelo prestados de Bella y se acostó en la cama al lado del perro—. ¿Te encuentras bien?
Bella no respondió. En cambio, comenzó a llorar.
Porky trepó hasta su regazo.
—Odia cuando las personas lloran —dijo Rosalie.
—Bueno, lo odio, y con esto aún más.
—No lo odias.
—Lo hago —dijo Bella—. Su cara esta siempre mojada, y la mejor cosa a lo que huele es a pedacitos de tocino.
— ¿Por qué no llamas a Edward?
—Probablemente no se encuentra en casa. Además, no quiero hablar con él si no quiere hablar conmigo.
—Tal vez lo harás cambiar de parecer.
Bella trató de suavizar las arrugas sobre los ojos de Porky.
—Si tú y Edward se separan —preguntó Rose—, ¿te mudarás de regreso aquí?
— ¿Por qué? ¿Te molesto?
—No. Como que me gusta tenerte aquí. Es como tener a una hermana. — Rosalie le dio con el codo a Bella—. Oye. Se supone que digas "No estamos separándonos. Edward sólo visita a su mamá".
Bella se encogió de hombros.
Después de un minuto o más, Rose le dio con el codo de nuevo.
—Tengo hambre —dijo.
— ¿Dónde está mamá?
—En la fiesta de Navidad de su trabajo.
—Podríamos hacer más manzanas con queso —dijo Bella.
—Me comí todas las rebanadas de queso. —Rosalie se dio la vuelta y descansó su cabeza en su mano—. Supongo que podríamos ordenar una pizza...
Bella forzó una sonrisa que sabía no saldría por cuenta propia.
—Eso suena perfecto.
—Supongo que podría llamar a Angelo's —dijo Rose.
—Perfecto —dijo Bella—, pero diles que no queremos ninguna de esas pizzas equivocadas. Si nos dan una pizza equivocada, la devolvemos.
Rose le sonrió de vuelta.
— ¿Te gusta los corazones de alcachofas? (55)
—Me encantan los corazones de alcachofas. Adoro todos los corazones.
Rose se levantó y presionó remarcar en su teléfono. Ordenó la pizza, sacudiendo ya su pierna y mordiendo su labio.
—Esperaré en la sala —dijo tan pronto como terminó la llamada.
—Buena idea. —concordó Bella.
Bella y Porky regresaron a sus miradas melancólicas. Bella al teléfono. Porky a Bella.
—Lo siento —dijo, rascando debajo de su collar—. Pero realmente no me agradas. —Pensó en Bree. A Bree le gustaban los carlinos; decía que lucían como gatitos realmente feos. "Miau" diría Bree, acercándose a la cara de Porky tan cerca como él le permitiría (El cual, para crédito de Porky, era bastante cerca.)
—Miau —dijo Bella ahora.
Porky estornudó.
Ambos carlinos amaban a Edward. Bella sabía que los alimentaba con comida de la mesa (Porque era muy generoso. Y porque odiaba la comida de su mamá). Tan pronto como Edward se sentaba en el sofá, comenzaban a morder sus pantalones hasta que tenía a ambos en su regazo. Así es como Edward terminaba cada Acción de Gracias y cada Navidad, con dos niñas chiquitas y dos perros pequeños amontonados en su regazo. Edward, cansado y aburrido, pero sonriendo a Bella desde el otro lado del cuarto, sus hoyuelos jugando a las escondidas con ella.
Sintió las lágrimas brotando nuevamente.
Porky gimió.
—Oh Dios —dijo, sentándose—. Debo hacer algo.
Miró una vez más al teléfono. No sonó.
—Vamos. —Colocó al perro en el suelo y dejó el cuarto.
— ¿Qué haces? —preguntó Rosalie. Había soltado su cabello, lo rizó con algo, y esperaba en la puerta, literalmente apoyándose contra el marco.
—Enloquecer —dijo Bella.
— ¿No puedes hacer eso en tu dormitorio?
—Pensé que te preocupabas por mí.
—Lo estaba. Lo estaré. Pero ahora… —Señaló enfáticamente a la puerta—...la pizza se encuentra en camino.
—Eso es lo que pasa cuando ordenas una.
—Correcto —dijo Rosalie, mirando desorbitadamente a Bella—. La pizza estará aquí en cualquier momento.
—Oh, claro —dijo Bella—. Sólo…
El timbre sonó. Rose saltó.
—Sacaré mis ropas de la secadora.
Rose asintió.
—Podría tomar tiempo… —continuó Bella—. Sólo... grita o algo cuando la pizza llegue aquí.
Rosalie asintió de nuevo. El timbre sonó de nuevo. Bella tenía ganas de decirle a Rose que nada de eso importaba, que su dramatismo por su chico de la pizza no era nada comparado a la magia del teléfono del destino que destruía la vida de Bella, pero en cambio dio la vuelta deliberadamente hacia el cuarto de lavado.
Tan pronto como Bella estuvo cerca de la puerta, escuchó el gimoteo.
Porky se encontraba afuera parado cerca de la sacadora abierta, ladrándole.
—Maldición, Rose. —Rose debió haber dejado a Petunia en la secadora de nuevo, para que tomara una siesta en las ropas cálidas y limpias de Bella.
Bella bajó unos pasos en los escalones, irritada con cada cosa viviente en la casa. Porky la miró y ladró.
— ¿Cuál es el problema? —preguntó Bella—. ¿Quieres babear sobre todas mis ropas también?
Se inclinó sobre la secadora para buscar a la otra, a la grande que parecía algo como un ladrillo. Allí fue cuando Bella vio la sangre.
—Oh Dios…
Porky comenzó a ladrar de nuevo. Bella se agachó en frente de la secadora, tratando de no bloquear la luz. Todo lo que podía ver era una pila de ropas con sangre. La camisa de Edward de Metálica se hallaba encima, moviéndose; la quitó del camino. Petunia se doblaba debajo, royéndole a algo, algo oscuro y ondulado.
—Oh Dios, oh Dios… ¡Rosalie! —gritó Bella. Saltó y corrió a la casa—. ¡Rose!
Cuando llegó a la cocina, Rose se hallaba de pie frente a la puerta principal, mirando a Bella como si estuviera planeando como matarla más tarde. El chico de la pizza se encontraba de pie…
Oh. El chico de la pizza era una chica.
Más pequeña que Rosalie, usaba pantalones oscuros, una camiseta de manga corta debajo de sus tirantes finos de cuero, y una gorra que decía ANGELO'S. La chica lucia algo así como Wesley Crusher (56), pero más bonita y con mejores brazos. Era una buena apariencia.
Huh, pensó Bella, luego lo dijo en voz alta—: Rosalie. Es Petunia.
— ¿Qué?
—Petunia está teniendo un bebe.
— ¿Qué?
— ¡Petunia! —dijo Bella, con más énfasis—. ¡Está teniendo cachorritos en la secadora!
—No, no lo está. Tendrá una cesárea en dos semanas.
— ¡Genial! —gritó Bella—. ¡Iré a decirle!
— ¡Oh Dios! —gritó Rosalie. Corrió pasando a Bella hacia el cuarto de lavado. Bella corrió detrás de ella hasta la puerta.
Rosalie se arrodilló en frente de la secadora e inmediatamente gritó. Porky corría de un lado para el otro por el piso de losas. Sonaba más como un repiqueteo de uñas contra un escritorio de metal. Ya se encontraba ronco de tanto ladrar.
—Oh Dios, oh Dios, oh Dios —coreaba Rosalie.
—Vaya —dijo alguien.
La chica de la pizza apareció cerca de Bella en las escaleras. —Vaya — dijo de nuevo, arrodillándose detrás de Rosalie.
—Va a morir —dijo Rose.
La chica tocó su hombro.
—No lo hará.
—Si lo hará. Sus cabezas son muy grandes, debe tener una cesárea. Oh Dios. —Rose tomó algunas respiraciones agitadas—. Oh mi Dios.
—Va a estar bien —dijo Bella —. Fue hecha para esto.
—No lo fue. —dijo Rosalie, llorando ahora—. Los carlinos fueron criados para ser inútiles. Debemos llevarla al veterinario.
—Creo que es muy tarde para eso —dijo la chica de la pizza, mirando a la secadora—. Hay cachorros aquí. —Porky corrió por la secadora de nuevo, y la chica lo alzó en brazos, pasando su mano sobre su cráneo y susurrando—: Calla.
—Bien —dijo Bella.
Rosalie aún lloraba y respiraba como si estuviera haciendo todo lo posible para desmayarse.
—Bien —dijo Bella de nuevo—. Rose, muévete.
— ¿Por qué?
—Voy a ayudar a Petunia.
—Ni siquiera te agrada.
—Muévete.
La chica de la pizza jaló a Rose por el codo, y ella retrocedió.
—A mí obstetra tampoco le agradaba —murmuró—. Saca tu teléfono, Rose. Busca en Google "carlinos en parto"
— ¡Lo haría si tuviera un teléfono inteligente! —gritó Rosalie.
—Lo tengo —dijo la chica de la pizza cada vez más impresionada—. Toma… —Le entregó Porky a Rose—…tal vez podríamos conseguir toallas limpias.
— ¿Has hecho esto antes? —preguntó Rosalie esperanzada, tomando al perro y limpiando su rostro con su piel.
—No —dijo la chica —, pero veo Animal Planet.
—Google —dijo Bella, metiendo la mano en la secadora. Petunia excavaba bajo la camiseta de nuevo y temblaba, arrancando algo con su boca. Bella intentó empujar más ropa lejos, así podía ver.
—Bien, bien —dijo la muchacha pizza—. Está cargando. Bien, aquí vamos… dar a luz puede ser especialmente difícil para los carlinos y sus dueños.
—Hasta ahora, todo bien… —dijo Bella—. Se encuentra muy oscuro, no puedo ver nada.
—Oh. —La chica sostuvo su llavero sobre el hombro de Bella—. Hay una linterna
—Eso es muy útil. —Bella tomó el pesado llavero y encontró la linterna de acero inoxidable.
—Ayuda cuando estoy repartiendo pizzas por la noche, para obtener los números de tarjetas de crédito. Bien, aquí dice que tienen embarazos complicados, y debemos estar preparados financieramente para una cesárea…
—Sáltalo —dijo Bella. Petunia se encontraba mojada y manchada con sangre. La cosa en su boca se movía. Oh, Dios, se lo comía.
— ¡Se come los perritos! —gritó Rose. Se apoyaba detrás de Bella con una pila de toallas y tres aguas embotelladas.
—No se los come —dijo la muchacha de la pizza, poniendo su mano en el brazo de Rosalie. Levantó su teléfono para que ambas pudieran ver—. Se encuentra en su saco. Nacen en sacos, y la mamá los mastica hasta que salen. Es una buena señal que los mastique para liberarlos. Dice que los carlinos son notoriamente malas madres. Si no lo hiciera, nosotros tendríamos que hacerlo.
— ¿Tendríamos que masticarlos hasta liberarlos? —preguntó Bella.
La chica miró a Bella como si estuviera loca, pero se las arregló para lucir paciente.
—Tendríamos que utilizar un paño —explicó.
— ¡He traído toallas! —dijo Rosalie.
La chica le sonrió a Rosalie.
—Buen trabajo.
— ¿Qué otra cosa dice? —preguntó Bella.
La todavía-competente-pero-claramente-distraída chica de la pizza volvió a mirar a su teléfono.
—Um… bien, cachorros. Pueden ser de uno a siete.
—Siete —repitió Bella.
—Sacos… —dijo la chica—, masticarlos… Oh, se supone que mastican el cordón umbilical, también.
—Genial.
—Y las placentas, hay una placenta para cada cachorro. Eso es importante. Tienes que buscar las placentas.
— ¿Cómo lucen las placentas?
— ¿Quieres que lo busque en Google?
—No —dijo Bella —, sigue leyendo.
Petunia seguía trabajando en la cosa que se retorcía con los dientes.
— Buena chica —dijo Bella —. Probablemente.
Dio palmaditas a ciegas alrededor de Petunia y retrocedió cuando sintió algo más suave y cálido.
— ¿Qué? —preguntó Rosalie, todavía medio en estado de pánico.
—No sé —dijo Bella, alcanzándolo de nuevo. Lo encontró de nuevo, cálido y húmedo. ¿Era un cachorro? Bella levantó lo que parecía una bolsa de sangre, luego la dejó caer —. Placenta.
—Esa es una —dijo la chica con entusiasmo.
— ¿No se supone que debes estar leyendo? —Bella se estiró de nuevo.
—No hay nada más. Ponga al perro cómodo. Asegúrese de que ayude a los cachorros a liberarse. Cuente las placentas. Asegúrese de que cuide…
Bella sintió algo húmedo debajo de Petunia y lo agarró instintivamente.
—Jesús —dijo—. Otro bebé. —Todavía en su saco. Se veía como un embutido crudo. Bella cogió una de las toallas de Rosalie y empezó a frotar en la membrana—. ¿Así?
La chica de la pizza levantó la vista de su teléfono.
—Más fuerte, creo.
Bella frotó el bulto hasta que la piel alrededor de este se quebró y pudo ver el cachorro de color rosa grisáceo en el interior.
— ¿Está vivo? —preguntó Rosalie.
—No sé —contestó Bella. El cachorro era cálido, pero no caliente como la vida. Bella siguió frotando para limpiarlo, las lágrimas cayendo sobre su mano. Petunia se quejó, y la chica de Rose pasó a través de Bella en la secadora para acariciarla.
Rosalie se arrodilló junto a Bella.
— ¿Está vivo? —Lloraba, también.
—No lo sé. —El cachorro se crispó, y Bella lo frotó con más fuerza, masajeándolo con las manos.
—Creo que respira —dijo Rosalie.
—Está frío. —Bella trajo al cachorro hasta su pecho y lo metió dentro de su sudadera, frotando. El cachorro se estremeció y crujió—. Yo creo que…
Rose abrazó a Bella. —Oh Dios.
—Con cuidado —dijo Bella.
La chica de la pizza se sentó detrás de la secadora acunando otro cachorro contra su camisa blanca.
—Oh mi Dios —dijo Rose, y la abrazó, también.
Había tres cachorros.
Y tres placentas.
Finalmente Bella pensó en llamar a su mamá.
Y después llamó al veterinario, quien les habló mientras cortaba el último cordón umbilical y ponía a Petunia cómoda.
Los cachorros recibieron un baño de esponja. Bella se hizo cargo del que aún sostenía en el interior de su camisa. Luego todos ellos fueron metidos de nuevo en la secadora con toallas limpias.
—Es su pequeño nido —dijo Rosalie, acariciando la secadora como si hubiese ayudado.
Bella trató de poner la camisa de Metálica en la lavadora, pero Rosalie la agarró, haciendo una mueca de disgusto.
—Bella, no. Esta es una intervención.
—Rosalie. Esa es la camisa de Edward. De la escuela secundaria.
—Dio su vida por una buena causa.
Bella la soltó. Rosalie le entregó la camiseta a la chica de la pizza, que empezaba a limpiar.
El nombre de la chica de la pizza era Alison, y el rostro de Rosalie la siguió por la habitación como un girasol que persigue la luz del sol.
—Todavía no me gustas —dijo Bella a Petunia, alcanzando y acariciando el estómago flojo del perro—. Mírate, cuidándolos como una campeona. ¿Ahora quién es una notoriamente mala madre?
Los cachorros se encontraban limpios, pero Bella, Rosalie y Alison se hallaban todavía pegajosas con sangre, jugos fetales y vómito de perro, Bella estaba bastante segura.
Su madre lució horrorizada cuando por fin entró en la lavandería, con sus tacones haciendo clic en las escaleras.
—Se encuentra bien —intentó asegurarle Bella—. Todo está bien.
— ¿Dónde se encuentran mis bebés? —le preguntó su madre, asimilando la pila de toallas ensangrentadas y el montón de chicas sangrientas. Rosalie y Alison se sentaban juntas en frente de la secadora. Alison abrazaba a Porky, que se escondió en el baño de la sala durante la mayor parte de la acción. Su manchada camiseta blanca la hacía lucir como un carnicero.
—Justo aquí —dijo Rose—. En la secadora.
La mamá de Bella se apresuró, y Alison rápidamente se levantó para hacer espacio.
—Mi pequeña mamá —dijo la mamá de Bella—. Mi pequeña héroe.
Alison dio un paso atrás.
—Supongo… —dijo, mirando a Rosalie.
La cabeza de Rose se encontraba en la secadora.
—Supongo que debería irme —dijo Alison. Después de unos segundos más, le entregó a Porky a Bella (quien inmediatamente se lo entregó a Phil), a continuación, se limpió las manos en los vaqueros y comenzó a caminar hacia la puerta.
—Alison —dijo Bella—, gracias. Fuiste un salvavidas. Si alguna vez tengo otro bebé, quiero que tú asistas el parto.
Alison agitó su mano, como si no fuera nada, y siguió caminando.
— ¿Quién era esa? —preguntó Phil tan pronto como se perdió de vista.
—Pizza… —dijo Bella, pero se detuvo cuando la cabeza de Rosalie se puso frenética, con la cara llena de pavor—. Rose, ¿me puedes ayudar con algo en la cocina? —Se inclinó y agarró la manga de su hermana, y luego la empujó por las escaleras y dentro de la casa, mientras que la puerta principal se cerraba.
— ¿Qué haces? —exigió Bella.
—Nada —dijo Rosalie, sacudiéndose para alejarse—. ¿Qué haces tú?
—Asegurándome de que no dejes que esa increíblemente atractiva chica-con-mano-dura se marche.
—Bella, no quiero hablar de esto.
—Rose, la chica nos acaba de ayudar a asistir el parto de los bebés.
—Porque es una buena persona.
—No. Debido a que está dispuesta a vadear a través sangre y líquido amniótico sólo para impresionarte.
Rosalie rodó los ojos.
— ¿Qué está mal contigo? —preguntó Bella—. Es obvio que quieres besar a esa chica. Yo como que quiero besar a esa chica. Así que ve y hazlo. O ve, no lo sé, has un progreso en esa dirección en general.
—No es tan fácil, Bella.
—Creo que puede serlo.
—Yo no soy tú. No puedo solo… tomar lo que quiero. Y mamá se encuentra aquí, y va a darse cuenta de que soy gay…
—Va a darse cuenta de todos modos. No le importará.
—Con el tiempo no le importará. Le diré eventualmente. Simplemente, no mientras viva aquí. No quiero, no vale la pena, nada de esto vale la pena. Quiero decir, ¿qué? ¿Me humillo a mí misma? ¿Y asusto a mamá, y probablemente la hiero… y sólo arruino todo por la posibilidad de que tal vez se supone que debo estar con esta chica que ni siquiera conozco?
—Sí —dijo Bella—. Así es como funciona. Exactamente.
Rosalie se cruzó de brazos.
—Oh, no sabes cómo esto funciona, me lo dijiste tú misma. Y eso es después de pasar toda tu vida tratando de averiguarlo. No vale la pena.
Bella no podía dejar de sacudir su cabeza.
—Oh mi Dios, Rosalie, olvida lo que dije. No me escuches. ¿Por qué me escucharías? Por supuesto que vale la pena.
—Pero ni siquiera es nada —dijo Rose, mirando tristemente a la puerta—. Es sólo una oportunidad.
—La oportunidad de ser feliz.
— ¿O la oportunidad de tener el corazón roto cómo tú?
—La oportunidad de estar viva. Para ser… Rosalie, olvida todo lo que dije antes. Vale la pena. ¿Crees que no arriesgaría todo para traer a Edward a esa puerta justo ahora? Así es como funciona. Sigues arriesgándolo todo. Y sigues esperando poder evitar que él se aleje.
—Ella.
—Quienquiera. Jesús.
El timbre sonó, y las dos se volvieron. Después de un segundo, la puerta se abrió y Alison dio cuidadosamente un paso dentro, empujando su largo flequillo fuera de los ojos.
—Lo siento —dijo—. Pensé que todo el mundo seguiría en la parte de atrás, creo que dejé mis llaves en la secadora…
—Yo las traeré —dijo Bella antes de que cualquiera de las chicas pudiera decir nada más—. Estaré enseguida de vuelta. —Apretó el brazo de Rosalie en su camino hacia el cuarto de lavado, luego se sentó junto a su madre, señalando que cachorro era el suyo.
Dejó las llaves de Alison apoyadas encima de la secadora.
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54- Freaky Friday es una película donde aparece Lindsay Lohan. Su mamá es una psicoterapeuta y ella una adolescente. Un día, dos galletas de la suerte las hacen intercambiar sus cuerpos, con la finalidad de que se entiendan mutuamente y dejen de ser enemigas de muerte.
55- Los corazones de alcachofas se hierven y se condimentan con aceite y pimienta y diferentes especias. Se comen como guarnición.
56- Wesley Crusher es un personake ficticio de la serie de televisión Star Trek: La Nueva Generación. Aunque en realidad, lo que importa aquí es la apariencia y no quién es jaja. Sé que ustedes tienen una buena imaginación.
Wow, este capítulo me gusta pero también me asquea y esa Rosalie, yo también me sorprendí bastante.
Gracias por sus comentarios :)
