CAPITULO 25. Solo llamadas a larga distancia, comunicadas en sueños.

Aun si por las mañanas recibía sus medicamentos nunca dejo de sentirse triste.

Evocaba a cada segundo del día a cada persona con la que alguna vez tuvo contacto e irremediablemente su depresión lejos de curarse solo empeoraba. Tenía noches difíciles donde sus pesadillas la mantenían despierta y ansiosa, a veces perturbada y fuera de sí, por lo que recibía calmantes e inyecciones en sus ya demasiado amoratados brazos.

Los primeros meses de estadía en aquel lejano lugar que se escondía entre un bosque alejado de la ciudad los había pasado con mucha dificultad. A pesar de que a Mebuki se le había dicho que aquella institución contaba con el personal y el profesionalismo adecuados y autorizados por la ley lo cierto es que sus métodos para los pacientes más graves distaban de cumplir las normas, pues ella misma sufrió de terapias agresivas y maltratos que no le contó a su familia cuando venían de visita para que no la sacaran de ahí.

Porque quería creer que era necesario estar ahí si quería curarse.

Al menos había valido la pena y ahora podía disfrutar de mejor trato y beneficios ofrecidos por el avance y mejoría en su estado. Su madre venía a verla cada semana y aunque no había cambiado su manera de ser, siempre tan hiriente y criticona, la mujer era en ese mismo momento su más grande apoyo y estaban trabajando en reconstruir su relación como mejor podían. Por otro lado, su padre, aunque si lo había hecho, el ir a visitarla no era muy común en él, pero estaba consciente de las razones y no se sentía herida por ello pues pasaban ratos amenos entre ellos. Sus hermanos estaban repartidos los tres entre ambos continentes, Sasori estaba acompañándola en Suiza al igual que Gaara y Nagato seguía estando en el país del fuego, aunque ya no residía en Konoha. Pero los tres eran constantes con sus visitas y siempre llevaban pequeños regalos para ella.

Seguramente Ino la regañaría si viera las fachas en las que siempre andaba por el sanatorio, como muchas otras veces su madre lo hubiera hecho de no ser porque había firmado las reglas de la institución ella misma. Desde el día en que salió de Konoha había mantenido su cabello tan corto como podía, siempre en un estilo pixie que apenas mostraba signos de comenzar a cambiar era regresado a su lugar, todavía no tenía permitido usar pendientes como a los 17 cuando eran su cosa preferida, todos los días vestía el uniforme que consistía en un ligero vestido color hueso y que gracias a sus avances había sustituido a su bata de paciente o su camisa de fuerza, de forma obvia tampoco podía usar maquillaje y sencillamente no contaba con un espejo.

Ino la hubiera llamado desaliñada con toda seguridad.

La verdad era que desde que había avanzado a pasos lentos en su tratamiento y había sido colocada en el pabellón para los pacientes más o menos estables, tenía el día ocupado en distintas tareas para no pensar en cosas que no debía. Por ejemplo, tenía un taller de pintura maravilloso donde la dejaban pintar cualquier cosa que quisiera y donde el tiempo a emplear era el que ella prefiriera, sin embargo, no podía considerarse buena para eso, no lograba plasmar cosas hermosas o dignas de ser observadas como su antes amiga podía hacer.

Hinata le daría unas tutorías si tan solo pudiera.

También en ocasiones asistía a las terapias de lectura y escritura. Una de sus actividades favoritas y que la hacía sentirse muy aproximada a su antigua vida, cuando estaba en St. Akatsuki. La encargada del taller era una mujer muy estricta en todo el sentido de la palabra y le había enseñado de muy mala gana a usar las máquinas para escribir con las que debían trabajar, pero también le había enseñado y recomendado distintas lecturas que en sus momentos más oscuros y reflexivos le habían ayudado mucho.

Pero con todo y eso no podía escribir nada tan hermoso como lo que probablemente aquel chico lograría con sus amplios conocimientos y su mente tan brillante.

Hubiera preferido leer cualquier cosa que Neji escribiera.

Tenía un amigo que había hecho hacia muy poco, del pabellón de la terapia de conversión. Nunca habían compartido sus nombres, pero si sus historias y la de él había tocado su corazón por todas las cosas que había tenido que pasar dentro y fuera de la institución. Era una persona noble, buena y valiente, que ante todo se mantenía positivo y la contagiaba de alegría con su humor tan alegre.

Le recordaba a la feroz y maravillosa Karin cuando hablaban sobre amor.

Y era precisamente esa parte de su antigua vida que más evocaba, con un montón de emociones encontradas y llena de tanto tristeza como felicidad. Pero siempre invadida por la nostalgia y la culpa.

Su amor por aquel muchacho seguía tan intacto como el día que lo descubrió y dudaba que eso fuera a cambiar.

Intentaba dibujar su rostro, escribía su nombre, hablaba sobre él y soñaba con su recuerdo cada que tenía oportunidad. Podía sentir tantas cosas por ese chico a la vez que desgraciadamente la abatía la pena de haberlo abandonado. Aun si estaba convencida de que había sido lo mejor.

No podía darse el lujo de ser egoísta y arruinarle la vida a alguien más como había hecho con su familia. Él de ninguna manera tenía que vivir con la obligación y la desgracia de soportarla con cada uno de los problemas con los que cargaba y cargaría toda su vida. Merecía una vida plena y llena de alegrías que ella no podría ofrecerle por ejemplo en ese momento y que dudaba algún día estar lista para darle.

Podía sentir en su corazón una llama de amor tan poderosa e inextinguible por él que comenzaba a sentir que ardería en ella un día de estos porque contra cada una de las razones que se daba y le daban para olvidarlo y concentrarse en rehacer su vida y terminar su tratamiento, lo cierto es que no iba a dejarlo de amar jamás.

Y eso era algo que en aquel sanatorio no le podían enseñar.


Se despertó esa mañana igual de desganado que todos los días y sin un atisbo de emoción como le sucedía desde hacía algún tiempo.

Se levanto de su cama y se preparó como si fuera cualquier otro día, tomó sus cosas arregladas con antelación para la ocasión y salió de su hogar para terminar con sus planes lo más pronto posible. Sus padres ya lo alcanzarían más adelante.

Al llegar a St. Akatsuki en su motocicleta suspiro fastidiado, la escuela estaba repleta de personas y era de las cosas que más se había temido que pasaran cuando decidía si debía asistir, sin embargo, Naruto no le había dado mucha elección y casi lo obligo con amenazas a ir.

Y hablando de él, justamente se estaba acercando en su dirección.

—¿Se puede saber porque todavía no estas listo? — le dijo como reclamo.

—No iba a conducir con esta mierda puesta — respondió él de lo más natural mientras tomaba un cigarrillo de su bolsillo y lo ponía en su boca, pero antes de encenderlo el rubio se lo arranco de los labios.

—Ya es muy tarde, no tenemos tiempo para esto — Uzumaki tomo la toga y el birrete de su amigo y se los paso para que comenzara a vestirse pues el evento estaba a punto de comenzar y Uchiha solo lo obedeció porque no tenía ánimos de pelear y porque de cierta manera sabía que su idiota amigo tenía razón.

De repente mientras se preparaba su teléfono vibro en su pantalón.

"Felicidades graduado, tu enamorada en algún lugar está orgullosa de ti" decía un mensaje cuyo remitente no había dejado de escribirle nunca y de vez en cuando le enviaba información valiosa que lograba tranquilizarlo.

Este le escribía acerca del estado de su ex novia, pero se rehusaba a darle fotografías o decirle donde estaba, normalmente eran solo mensajes de "esta bien" "le va bien" o simplemente le escribía para burlarse un poco de él pero sus razones tendría y podía darse una idea del porqué, asi como de quien posiblemente estaba detrás de esos mensajes y había robado el teléfono de Naruto, solo que hacía mucho que había olvidado el propósito de averiguar su identidad.

Una vez vestidos ambos entraron a la sala de conferencias de la escuela la cual sería donde se realizaría la ceremonia de graduación. Como sospechó ya todos estaban en sus lugares.

Caminaron entre la multitud y saludo con una sonrisa de lado a Suigetsu, Karin y Juugo que fueron los primeros que se le cruzaron entre las casi interminables filas de estudiantes. Seguido más adelante estaban Hinata e Ino quienes estaban una junta a la otra arreglándose entre ellas, Naruto se acercó a su pelinegra novia y la besó llamando así la atención de ambas chicas quienes saludaron y felicitaron a ambos.

Luego de aquello procedieron a tomar sus lugares correspondientes más adelante y se prepararon para aburrirse por cerca de una hora.

—La costumbre de llegar tarde es muy propia de ti ¿no? — le dijo al azabache una voz muy conocida para él y que con frecuencia lo irritaba mucho.

—Precisamente — contesto con normalidad. — ¿Y tú no se supone que deberías estar orinándote en los pantalones por tener que dar el discurso de despedida, Neji?

—La vergüenza esa algo para lo que no tengo tiempo, Sasuke.

Ambos rieron levemente. Desde que había salido del hospital luego de su accidente se había acercado un poco como amigo al Hyugga, no podía decir que se trataba de una relación como la que tenía con Naruto, pero al menos se llevaban bien. Conversaban en ocasiones, fumaban juntos si tenían el tiempo y más importante ya no se dedicaban a hacerle la existencia complicada al otro.

Sus diferencias estaban completamente arregladas desde que cierta existencia ya no se interponía entre ambos. Misma por la que cambiarían sin dudar su amistad por volver a ver revoloteando por sus vidas con sus vestidos coquetos y su aroma a flores.

Luego de que Neji diera su discurso, el cual debía admitir había sido muy bueno y la ceremonia que en su momento se sintió interminable finalizara, se encontró con su familia que se reunió alrededor de él para felicitarlo por graduarse de la escuela y no de la correccional de menores.

Desde que había salido de su tratamiento y recuperado completamente su padre se había mantenido pendiente de todo lo que hacía desde las sombras como cualquier Uchiha haría cuando necesita saber de algo, pero eso no lo hacía sentirse menos incómodo. Además, las cosas que su padre seguramente había averiguado seguramente le generaban muchas dudas, pues, aunque asistía a ellas ya no participaba en las carreras que tanto le gustaban, no había vuelto a salir con ninguna chica, había comenzado a beber bastante y con más frecuencia que antes y asistió a sus tutorías para el examen de admisión a la universidad sin falta.

Su madre se comportaba aún más sobreprotectora que antes y casi siempre al salir de noche la mujer se ponía nerviosa y aunque eso lo irritaba hasta cierto punto también la entendía, trataba entonces de comparar la inquietud de Mikoto con lo que él sentía por no saber nada de Sakura. Tenían días donde conversaban durante horas y ella se había convertido en un gran apoyo para él pues no solo lo acompañaba cuando sus sentimientos parecían estar a punto de comérselo, sino que ella no había abandonado la búsqueda de la Haruno y compartía con él la poca información que reunía aun cuando Fugaku e Itachi le dijeron que era mejor perderle la pista a la pelirrosa.

Itachi también lo había ayudado mucho, guiándolo y ofreciéndole cada oportunidad de crecimiento o de sanación que encontraba. Incluso quiso a meterlo a terapia, pero, aunque se lo agradeció rechazo sin dudarlo la opción.

Se encontraba muy agradecido con la familia que tenía y con como al final las cosas habían salido, pero nunca sintió que debía agradecer a alguna fuerza cósmica o divina la mejoría en su vida pues si esta hubiera intervenido de verdad bien hubiera sabido que prefería haber muerto a vivir con la incertidumbre de quizá no volver a ver a Sakura, por más extremo que eso sonara.

—¡Oye Sasuke, te veré esta noche en lo de Ino! — escuchó gritar a Naruto quien estaba rodeado de reporteros que buscaban entrevistar al hijo del alcalde y que el rubio no repelía como él estaba haciendo porque le gustaba la atención y era fantástico encontrándola.

—¡Lo que tu digas super estrella! — le grito de vuelta antes de entrar en la limosina de los Uchiha. Alguien se encargaría de llevarse su motocicleta hasta su casa.

—¿Vas a salir esta noche? — pregunto su padre con una ceja alzada.

—Si, hay varias fiestas organizadas desde hoy en adelante — explico el muchacho mientras comenzaba a escribir un mensaje en su celular. — La fiesta de graduación que prefirieron cambiar a un reventón, la fiesta de consolación para quienes no entraron a la universidad, la fiesta de la última oportunidad para encontrar pareja y la fiesta de despedida.

—¿Y piensas asistir a todas, hijo? — le dijo su madre comenzando a inquietarse.

—¿Acaso tengo algo mejor que hacer? — los miro como si fuera lo más obvio y natural del mundo.

—Supongo que está bien, necesitas divertirte — lo apoyo su hermano mayor. —Porque cuando te largues a estudiar, no tendrás mucho tiempo para eso.

Al final y luego de meditarlo un poco había decidido lanzarse a la carrera de cine y fotografía, aun si sus padres no se habían sentido muy conformes con su decisión al final entendieron que un alma libre, creativa y ligeramente melancólica como la suya seria perfecta para ello.

A veces le era demasiado sorprendente pensar en cómo su vida estaba resultando. Realmente jamás planeo nada para su vida desde muy joven como los demás adolescentes hacían, pero sí que lo había comenzado a hacer cuando su romance con Sakura se volvió serio, pues en su futuro la divisó a ella a su lado en todo momento, vio una boda, muchos viajes y destinos que visitar juntos e incluso soñó con hijos.

Pero ahora tenía que idear nuevos planes para su vida en solitario mientras se decidía si reanudar la búsqueda de la Haruno era lo más conveniente. Estudiaría lejos de Konoha y volvería cuando su vida le resultara satisfactoria o encontrase el éxito y quien sabe quizá un día volviera a enamorarse, aunque dudaba llegar a sentir siquiera la mitad de cosas que todavía sentía por Sakura.

El mayor problema que sufrió al despertar de su coma definitivamente fue digerir lo que había sucedido mientras dormía. Los últimos recuerdos de su ex novia consistían en sonrisas suyas, la sensación de sus brazos enredándose en su cintura para sostenerse en la motocicleta, su inconfundible aroma y el sonido de su voz.

Al abrir sus ojos por primera vez después de tanto tiempo la primera persona con la que se encontró fue Itachi quien lo abrazó con fuerza y lloró en su hombro mientras agradecía que hubiera despertado. Luego vio a su madre y a su padre y al ver la angustia de ambos reflejada en sus expresiones y sus palabras se dio cuenta que le había sucedido algo realmente grave.

De inmediato recordó el accidente y automáticamente preguntó por Sakura y si esta se encontraba bien, pero no obtuvo respuesta y hasta lo mandaron a descansar nuevamente y por más insistencia que puso llegando hasta a ponerse un poco agresivo solo le prometieron que hablarían después.

Y cuando ese tiempo llegó solamente le informaron que efectivamente ella se había encontrado con él la noche del accidente y que también había sido internada pero que hacía un año la habían sacado y desde entonces nadie sabía nada de ella o de los Haruno.

Se puso furioso por aquello. Las personas no desaparecen, así como así y menos si pertenecen a un grupo de élite de Konoha del cual siempre se sabe algo. Se le hacía imposible además siquiera pensar en la posibilidad de que ella se hubiera ido sin despedirse de él y más cuando había estado en coma y a punto de perder la vida.

Pero Itachi al adivinar sus pensamientos y comprender como se sentía le explico que la joven había dado toda una guerra por verlo y le platico del alboroto que armó en el hospital. Si bien al principio le fue muy difícil de creer, el desorden de Sakura abría la posibilidad de que fuera cierto, pues tenía la característica de presentar arranques de ira ante estímulos de ese tipo.

Paso días y noches pensando en ella mientras su recuperación avanzaba y cuando al fin luego de algún tiempo pudo ser dado de alta lo primero que hizo fue pedir un nuevo teléfono y solicitarle a Naruto su antiguo número.

Contactó con aquel metiche que tanto se había metido en su relación y aunque le costó trabajo, pues el misterioso sujeto afirmó que ahora que Haruno estaba fuera del juego ya no podían interesarle menos tanto él como Neji, consiguió que le diera la información que tuviera de Sakura a cambio de los últimos chismes de Konoha.

Después de eso las pocas cosas que sabía de ella eran que estaba bien y que estaba en medio de un tratamiento para su condición, así como para controlarla mientras su salud mental se volvía a equilibrar. Pero nunca mencionó donde era exactamente, porque de haberlo sabido no lo habría pensado para ir a verla y ni siquiera el investigador privado de su madre había sabido dar con su paradero.

Comenzó a vivir día a día como mejor podía, pero la extraño un poco más conforme el tiempo pasó y no solo él lo hacía. Karin era quien más la evocaba con cariño y parecía estar más preocupada porque ella estuviera bien, Hinata e Ino en ocasiones se presentaban ante él para preguntarle por noticias pero siempre se retiraban insatisfechas cuando él simplemente respondía un "está bien" y Neji le sorprendía siempre lo maduro que era con la situación, aunque se veía triste por la desaparición de Sakura, cuando estaban frente a frente y hablaban de ello podía notarse que estaba furioso y estaba seguro que el Hyugga estaba haciendo una investigación por su cuenta.

Nada volvió a ser lo mismo desde que su motocicleta favorita fue hecha mierda en el accidente y mucho menos después de que la pelirrosa desapareciera.

Las fiestas a las que asistió fueron todas iguales, descontroladas, vivaces pero frívolas y sin emoción para él al final de todo. Le hubiera encantado tener a la Haruno con él para divertirse juntos como muchas veces en el poco tiempo que pudieron ser pareja hicieron, pero al menos Naruto y su equipo de inadaptados lo acompañaron a todos los reventones e hicieron más ameno su tiempo, además de que cuidaron que no se excediera en su consumo de alcohol o drogas como desde que comenzó a sentirse vacío y deprimido había hecho.

En la última de todas, la fiesta de despedida se permitió perderse de la vista de sus "cuidadores" y se escapó para disfrutar sin medida como sus perturbados pensamientos le pedían a gritos. No era un niño para necesitar que lo vigilaran y menos cuando el evento estaba resultando más divertido que los demás.

Bailo con varios desconocidos y se unió a algunos grupos para tomar cualquier cosa que le ofrecían. Si bien algunas chicas se le acercaron se las quito de encima bruscamente a penas lo tocaban, pues sentía repudio por ellas al no tratarse de su adorada pelirrosa.

No lo hacía comúnmente, pero esa noche tomo un poco de coca, no demasiada pues conocía los riesgos y la verdad tampoco estaba buscando terminar tan mal, pero si quería distraerse. Fue entonces que mientras el efecto estaba vigente su mente evocó a Sakura como de sorpresa, pero le fue muy difícil recordarla.

Ya no podía sentir tan vívidamente la textura de su cabello entre sus manos, ni recordaba claramente el sonido de su risa o el toque de sus manos en su rostro. Pero aún y con toda seguridad podía recitar cada una de las palabras de amor que ella le dijo durante su noviazgo al pie de la letra. Esas palabras se habían grabado en su corazón, jamás se podrían borrar.

La fiesta se extendió hacia alrededor de las 3 y salió al balcón de la casa donde esta tenía lugar a respirar un poco de aire. Se comenzaba a aburrir, pero no exactamente del ambiente adentro, sino más profundamente.

De vivir.

Creía que era lo más prudente, lógico y responsable buscar una forma de anteponerse de ahora en adelante, sin importar que las cosas ya no le resultaran tan satisfactorias ni alegres. Seguir creciendo e ir a la escuela y hacer un montón de nuevos planes seria lo mejor, pero realmente no lo emocionaba. Tenía tiempo sintiéndose vacío, pero prefirió siempre pensar que todo estaría bien y que mejoraría con el tiempo.

¿Pero eso sucedería realmente?

Se paro en borde del balcón en el tercer piso de aquel condominio y miro hacia abajo sintiéndose de pronto muy tentando a saltar. Sintió que nada se lo impedía porque ya nada lo ataba a la realidad ni a su existencia.

No le veía caso a nada y cuando pensó que ya había tomado la decisión de arruinar la fiesta con su muerte, recibió la llamada más inesperada e improbable que se pudo imaginar.

Y gracias a quien fuera que eligió contestar y no dejarlo simplemente sonando.

—Felicidades… graduado — escucho apenas respondió el teléfono.

Era su voz, la que necesitaba escuchar justo en ese momento. La más angelical y hermosa de todas, la que escucho en sueños durante y después de que estuvo en coma, la misma que en sus pesadillas lo sacaba de su dolor.

Era ella.

Al reconocerla sintió que el corazón comenzó a volver a latir en su pecho y cada uno de sus sentidos se puso alerta como si realmente ahora si hubiera vuelto a la vida.

—¿Haruno? — pregunto con la voz temblándole en esperanza e impresión.

—Sabía que lo lograrías, Sasuke-kun — dijo ella sabiendo que no necesitaba responder su pregunta pues él ya la había reconocido. — Estoy muy feliz por ti.

Ella lloraba detrás de la línea, podía escucharla sollozar y sorber su nariz igual que él mismo estaba haciendo por la emoción de estar hablando con ella.

—Yo, yo estoy más feliz por escucharte a ti — le dijo el Uchiha sin poder detener una lagrima rebelde que se le escapo. — Haruno, te extrañe tanto.

—Y yo, yo también a ti.

—¿Dónde estás? ¿Estás en Konoha? — pregunto Sasuke dispuesto a apenas recibir su afirmativa subirse en su moto para ir a buscarla.

—No… — le dijo Sakura sonando aún más triste. — Yo no puedo volver.

—¿Cómo que no puedes? — él comenzó a alarmarse.

—Es que… no estoy lista todavía — respondió la joven.

—Entonces yo iré a donde estas tú — él insistió. — Solo dime donde a donde debo ir.

—No lo entiendes — ella lloro más fuertemente y el corazón del joven se encogió por su sufrimiento. — No estoy lista para que me veas.

—No seas tonta, te lo ruego — pidió él y se dejó caer en el frio suelo abatido. — No he sabido de ti por un año, solo quiero verte. Todos queremos verte, Hinata, Ino, Karin e incluso el idiota de Neji esta tan desesperado como yo.

—Ni siquiera sé si un día pueda regresar — Sakura sonó desanimada. — Quien sabe si vaya a recuperarme, ni siquiera tenía que haberte llamado, pero lo hice porque también quería saber de ti.

—Escuchame… oye, escuchame bien — Sasuke exigió cuando la pelirrosa sollozo con fuerza en el teléfono. — Vas a hacerlo, o yo iré a donde estés tú, si quieres no ahora, porque si es por ti podría esperar el tiempo que tu decidas, pero tiene que ser en una promesa.

—¿Promesa?

—Si, cuando sea el momento, vas volver aquí, o me pedirás que yo te busque, pero prometeme que lo harás — explico él tratando de convencerla, porque no podría resistir perderla otra vez. — Porque siendo honestos no te voy a dejar de amar jamás y a tu a mí tampoco. Tenemos que estar juntos y lo sabes y ninguna condición tuya por mas agresiva que sea va a hacer que me aleje de ti nunca y tu tampoco quieres que nos separemos.

—Lo sé… — ella tartamudeo y por unos segundos un silencio se apodero de la llamada, pero antes de que él dijera algo más, ella respondió. — Lo prometo.

—Bien, no puedes retroceder ahora Haruno o te juro que iré a buscarte, pero para castigarte por todo lo que me provocas — ella rio y Sasuke reconoció aquel tinte infantil en su voz que la caracterizaba cuando estaba feliz. Quizá la esperanza que comenzaba sentir dentro de él ella también la sentía. — Dime si estas bien.

—Lo estoy Sasuke-kun — Sakura fue sincera. — Pero aún tengo un camino largo que recorrer y no sé cuánto me tome.

—El tiempo que necesites… yo igual seguiré aquí — Sasuke se levantó y miro al firmamento que se cernía sobre él y que tantas veces habían visto juntos y juro que pudo sentir que sus corazones se conectaban a través de la distancia. — Hasta que decidas volver a mí.

—Yo me quede en Konoha, Sasuke-kun — respondió ella con dulzura y luego añadió. — Mi corazón se quedó contigo al marcharme.

No pudieron hablar más luego de eso, pues la pelirrosa afirmo que tenía que colgar y se despidieron nuevamente por tiempo indefinido, pero ahora con algo más uniéndolos.

Su promesa no sería en vano, ni falsa, ni mucho menos inservible. Pues realmente se volverían a ver algún día. Bajo circunstancias distintas y mejores condiciones. Pero con el mismo amor de siempre.

Aquel que era hermoso, especial y único, solo de ambos.

Sakura Haruno iba volver en el momento indicado, pero no precisamente para que Sasuke le devolviera su corazón.

El rey de St. Akatsuki nunca regresa lo que roba.

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Un capitulo mas y nos despedimos preciosos. Gracias como siempre por leer, espero les gustara, díganme que les gustaría ver en el final porque aún no lo escribo, pero quiero que todos quedemos contentos.

Déjenme leerlos en un review.

Nos leemos muy pronto.

Bye :D