"Cualquier oferta es buena si quieres poder"

Entre Dos Tierras - Héroes del Silencio


El Comandante lucía sorprendido por lo que dijimos acerca de Annie.

Así como nosotros también lo estamos. Nadie esperaba ese repentino despertar que surgió en una época equivocada. Annie Leonhardt debía despertar como en 7 años más tarde, o en menos tiempo. El punto era que Annie no tuvo que haber despertado ahora. Probablemente el Demonio tuvo algo ver.

Nerian tenía una ligera sospecha de que el Cara de Cabra tuvo algo que ver. Y si él no podía sonsacarle la información, las patadas mortales de Synnove gustosamente lo harían. En cierta medida, a Nerian le sorprendía esa impulsividad inusual en Grahem; había un porque y era algo totalmente comprensible, pero incluso Kayne supo controlarse de algún modo. El rubio también sospechaba algo con él y el Demonio...

Mientras tanto, cuando Erwin se sintió un poco intimidado. Si lo que decían ellos acerca de Annie Leonhardt era verdad, ¿entonces cuántos eventos más podrían cambiar? Su estadía en esta época podría acarrear problemas en tiempo. No era como si quisiera que se fueran ahora mismo a su época actual, sobretodo Heinrich, pero de algún modo esto iba a afectarles a todos.

—¿Cuál creen que sea la causa de esto? —preguntó Erwin —Deben tener alguna hipótesis de los sucesos que pueden adelantarse o atrasarse, ¿cierto?.

Sin embargo nadie daba una respuesta, nadie que no fueran Nerian y un silencioso y nervioso Grahem.

—Lo cierto es que fue el Demonio, de eso estoy seguro, Papá —comentó Heinrich y Erwin se sintió bien por el cómo era llamado por su hijo

Todos coincidían con el joven Smith, pero Nerian estaba seguro de que se trataba de algo más. Algo que Grahem sabía y que no dudaría en sacarle.

—La cuestión consiste en ¿porqué el Demonio liberaría a Annie? —el Comandante necesitaba respuestas, la incertidumbre le carcomía.

—Tengo una teoría, pero puede ser un tanto errónea —habló, después de todo, Kayne —Quizá, el Demonio sabía que, al liberar a Annie, alteraria una orden de eventos que fueran perjudiciales para él. Y al darse cuenta de ello, liberó a... Annie Leonhardt, estando consiente de que eso aún no debía suceder.

Erwin analizó con detalle lo dicho por el hijo de Armin. Ahora, lo verdaderamente importante es descubrir que era eso que afectaría al Demonio.

—Algo importante, quizá —mencionó analítico.

"Algo importante" pensó con un inmenso temor Grahem, quien comenzaba a sentir la culpa en sus entrañas. Recuerda aquel sueño donde se reunió con el Demonio, en donde este le prometió liberar a Annie a cambio de una cosa...

"Mata a tu padre"

Era cuestión de tiempo para que el Demonio viniera a reclamar su parte y esto, definitivamente sería el final de Grahem.

Al ver que por el momento no había mucho por indagar, si no analizar, Erwin decidió finalizar esa pequeña reunión que convocó con los habitantes del futuro. Después de que vinieran a darle el mensaje al Comandante acerca de Annie Leonhardt, su hijo le dio el dato de que esta no era la época donde Annie debía salir. En ese momento, Erwin y los demás se sintieron un tanto abrumados ante la idea de un posible cambio de eventos en la historia.

Realmente no fue un llamado a una reunión como tal de parte de Erwin para analizar sobre eso, sino que, literalmente, después de aquel mensaje, Erwin fue, literalmente, arrastrado por los habitantes del futuro a la oficina de aquella Base Provisional. No tuvo tiempo de reclamar nada, pero, por alguna razón, fue un tanto cómica la forma en como esos niños lo arrastraron hasta la oficina. Recordó cuando el obligaba a su padre a hablarle sobre el mundo exterior.

No estuvieron mucho tiempo, puesto que no había mucha información, salvo por lo que dijo Kayne y estaba el mensajero de Hange a la espera de órdenes.

—Creo que debemos dejar esto zanjado —dijo Erwin un tanto resignado de no encontrar más información —Pero a raíz de que no disponemos con más información, lo mejor será enfocarnos en el presente

—Alto —habló Grahem, sorprendiendo a la mayoría.

Grahem se detuvo a analizar con creces, las palabras de Kayne. No quería arriesgar a su futura madre... a que estuviera a merced del Demonio, lo mejor era permanecer juntos. Además, temía que, si no cumplía su parte del trato, el Demonio le haría algo a Annie. Y eso no estaba dentro de sus planes.

—¿Grahem? —llamó el Comandante.

—Sugiero que Annie Leonhardt sea traída con nosotros...

Sus palabras desconcertaron a todos los presentes, no esperaban tal comentario de parte de él, sobretodo Erwin Smith.

—¿Porqué? —fue lo único que atinó decir el Comandante.

Grahem vaciló unos momentos, estaba pensando emocionalmente, pero también lo hacía con la cabeza. Si estudiaba la situación, el Demonio probablemente iría con Annie, un punto donde no hay conocimiento sobre él y por ende, podría manipularla con facilidad. Grahem temía que el Demonio tomara la forma de Reiner Braun o Berthold Hoover y la convenciera de unirse a él.

—Annie Leonhardt está sin un ápice de conocimiento acerca del Demonio, por eso la atacaría con más facilidad a pesar de sus poderes de Titán. O peor aún, la convencería de unirse a él y provocar que Annie traiga más aliados y, quién sabe, ejércitos...

Erwin meditó la palabras del Kirschtein menor con lentitud. Era lógico en gran parte. Annie Leonhardt era un punto bastante vulnerable en estos instantes. Y si no se apresuraban pronto, sería envuelta por otras ramas militares.

—Bien, ordenaré que sea traída, confío en tu decisión Grahem Kirschtein.

Todos asientieron ante lo dicho por Erwin. Este los vio sumamente cansados y pensó que, después de tantas penurias que pasaron en su futuro, sería bueno que tuvieran un merecido descanso. Sobretodo después de los eventos recientes con Kenny Ackerman. Y no solo ellos estaban agotados, también sus amigos y sus subordinados.

Con pesadez, todos abandonaron la oficina, excepto Claennis, quien permanecía un tanto inmersa en sus pensamientos. Nerian se detuvo al ver a su pensativa hermana y ya empezó a preocuparse.

—¿Porqué no quieres decirme que te sucede? —exigió Nerian, sin tapujos.

Claennis lo miró un tanto sorprendida por haber sido descubierta por su hermano menor, pero no estaba lista para contarle su secreto aún.

—¿De qué hablas? —preguntó fingiendo no saber de qué hablaba el rubio.

Pero Nerian ya se estaba hartando de esa forma de evadir las cosas de parte de su hermana.

—Desde hace días que no eres tú misma...

—¿Ahora vas a decidir quién soy y qué debo hacer?

—No es eso, solo quiero que estés bien, sabes que puedes hablar conmigo, con Heinrich, con Mamá si así lo quieres —el tono de voz suplicante y enfadoso de Nerian le hizo saber a Claennis que realmente estaba preocupado por ella, pero en cuanto mencionó a su madre, una ola de recuerdos desagradables vino a ella, el abandono principalmente.

Su hermana estaba reacia a ceder a la ayuda del rubio.

—Claennis, ¿qué escondes?

Los ojos de Claennis mostraron una furia que Nerian nunca había visto. Era un lado que jamás vio en su hermana, aquella que siempre aparentaba sonreír al mundo y llevarse de lo mejor con este, sobretodo su madre.

Pero ahora dudaba de todo.

—Olvídalo —finalizó Nerian con fastidio. Claennis simplemente no quería hablar.

Y así, ambos salieron de la oficina, Nerian siendo ayudado por su hermana a pesar de que su ambiente estaba tenso. La castaña comenzaba a sentir un poco de culpa, pues entendía la intención buena de su hermano, pero habían tantos pensamientos que no le permitían ser sincera con él.

El hecho de estar en la cabaña le traía tantos recuerdos de su niñez con Jean y Annie. Por lo tanto, recordar el cariño de ellos, era revivir el rechazo de su madre.

El mismo lugar, las mismas sensaciones.

Creyó haciéndole saber a su progenitora que le había perdonado ese absurdo rechazo. Eso provocó que miles de sensaciones negativas se acumularan en su interior, dando paso a una falsa y sonriente Claennis Jaeger.

Una vez que regresaron a la sala, Erwin dio la orden al soldado y Grahem dio un suspiro de alivio. Pero no fue lo mismo para los demás que quedaron totalmente impactados por la inefable orden de Erwin.

—Comandante, ¡esto es absurdo! —replicó un colérico Eren. Y estaba en su derecho, era quien más indignado se sentía por lo eventos pasados con Annie Leonhardt. Empero, recordó la expresión de tristeza absoluta cuando estuvo a punto de devorarla...

Erwin, no tenía ánimos de discutir la decisión que había tomado. Miró de reojo a Grahem, denotando que en su mirada tenía toda su confianza impuesta en él.

—Grahem dijo que sería lo mejor —todos pusieron su mirada en el joven Kirschtein, sobretodo Eren y Jean —Le di la razón porque ellos vienen del futuro, por lo tanto, tienen mejor noción de los eventos próximos a ocurrir.

Aquella respuesta puso a pensar a Eren y los demás. Si lo que el Comandante decía era cierto, entonces tenían una clara ventaja contra los enemigos prontos a aparecer. Probablemente no sea de la forma más detallada, pero si que habría información importante.

Pero a Jean no le gustaba esto, tenía un incómodo presentimiento...

Nerian y los demás solo veían con un poquito de tristeza el hecho de que Grahem deseaba pasar más tiempo con Annie Leonhardt

Kayne, en específico, compartía el mismo sentimiento, pero para con Sasha.

Solo esperaban que no afectara gran parte de los sucesos futuros.

—Eso sería algo bueno —interrumpe Heinrich —Si tenemos de nuestra parte a Annie Leonhardt, tendríamos una clara ventaja para cuando llegué Reiner Braun y Berthold Hoover...

—¡¿Vendrán de nuevo?!

Heinrich se arrepintió de lo que acababa de revelar, puesto que no midió el tipo de reacción que provocaría en quienes desconocen el futuro. Recibió un golpe en el hombro por parte de Synnove cuando vio su irresponsabilidad.

Nerian creyó inconveniente aclarar ciertos puntos antes que todo.

—Si, pero eso era algo inminente, porque como ustedes quedaron como enemigos y se fueron sin obtener su objetivo, tenían que volver —explicó lo obvio Nerian.

—¿Objetivo? —cuestionó Hange y el menor de los Jaeger asintió.

—Ése objetivo es Eren.

Era de suponerse.

—Entonces dices que volverán —dictó Levi y Nerian asintió afirmando lo dicho.

La expresión de Erwin se tornó pensativa, analizando cada palabra dicha por su hijo y el de Eren. Si lo que decían era cierto, entonces habría mucho que hacer para preparar todo para esa llegada que no sería para nada amistosa.

Erwin frunció el ceño al caer en cuenta que hay muchas cosas que no están conclusas y que les causan demasiado conflicto, aunque la principal era el Demonio...

Espabiló al sentir la mano de Hange en su hombro.

Le agradeció con una expresión suave y se dirigió a los demás.

—Hablaremos de esto más tarde —ordenó con voz gruesa para finalizar el habla, y finalmente, poner en marcha el trámite para que Annie Leonhardt sea traída hacia ellos —Mientras tanto, tengo que hacer un viaje a la Capital para iniciar la orden de la transferencia de Annie Leonhardt con nosotros. Así que, cuando ella venga aquí, quiero que todos estén en alerta, descansen todo lo que puedan porque los siguientes días serán bastante laboriosos —comenzó a caminar hacia la salida para dirigirse con el soldado.

Todos hicieron el saludo correspondiente ante la orden indicada y comenzaron a dirigirse a la cocina por orden del Capitán Levi. Al parecer todos querían hablar sobre el tema de los hijos.

Y antes de que Erwin saliera del lugar, la voz llena de emoción de Heinrich lo detuvo.

—¿Puedo ir contigo, Papá? —la pregunta estaba llena de timidez y Erwin sonrió ante esa actitud tan parecida a Hange. Pensó que sería conveniente pasar tiempo con su hijo, habían tantas preguntas que quería hacerle.

Por otro lado, Heinrich esperaba la respuesta de su padre y, a juzgar por su anterior reacción cuando le dio la noticia de que es su hijo, esperaba a que fuera más abierto para convivir con él.

No tenía idea de cuanto extrañaba convivir con él.

También con su madre, ella sobretodo...

—Claro que si, pero será un poco largo y tenemos que ser realmente cuidadosos, ¿de acuerdo?

Heinrich asiente a lo dicho por su padre.

—Pero, ¿ya no te duele tu herida? —el tono de su gruesa voz había cambiado por completo, pasando a lo preocupado en un santiamén. Heinrich se enterneció por eso, pero ya estaba mucho mejor y estaría aún más animado si pasa tiempo con su familia.

—Estoy mejor, Papá, gracias por preocuparte —sinceramente, el joven Smith no suprimió la sonrisa que quería salir.

—De nada

—Si, ¿Mamá también puede ir? —Heinrich hizo su mayor esfuerzo por no soltar la carcajada que suplicaba por emerger cuando vio el cambio de expresión en el siempre sereno rostro de Erwin.

Erwin no recordaba cuando fue la última vez que sintió nerviosismo. Hace muchos años.

—¡No...! digo... si, quiero decir, ¿podrías... pedírselo tú? —Heinrich asintió eufóricamente y se dirigió con su madre para avisarle que el Comandante Smith quería que la acompañara a la Capital. No esperaba que Hange tuviera una reacción más graciosa que Erwin, puesto que el rostro de ella adquirió un tierno color rojo.

Cuando los tres ya iban en camino hacia su destino, no sin antes de encomendarle el mandato a Levi mientras no estaban, Heinrich se sentía bastante emocionado.

No obstante, una par de ojos color muerte veían toda la felicidad que ellos pasaban.


—¿Tienes hambre? —me preguntó Mamá una vez que estuvimos en la cocina. Yo me sentía un poco tenso por mis miedos hacia Grahem, miedos que no mermaban. Además de que su actitud no coopera en lo absoluto. Sin embargo, en ese instante, recordé que no había ingerido mucho alimento y por lo tanto, sí tenía hambre.

Todos nos encontramos curiosos.

Y debo decir que el ambiente era muy aburrido.

Cuando decidímos revelar nuestras reales identidades, esperaba que, por lo menos, hubiera más... interacción. No esperaba esos semblantes llenos de incomodidad. En cierta forma, comprendía un poco esa incomodidad, puesto que el hecho de tener el conocimiento de con quien vas a... tener familia, podría resultar siendo algo... inesperado.

—No, realmente no —no tenía ánimos de ingerir alimento, pero las tripas en mi estómago me delataron.

Sasha propuso hacer un estofado (al cual el tío Armin se ofreció a ayudar a prepararle) después de que el Capitán Ackerman le diera la orden de preparar la cena para todos. Al parecer se había propuesto a seguir las indicaciones del Comandante con respecto a que todos tomaríamos un debido descanso. Algo que me parecía perfecto, ya que, francamente, me sentía sumamente agotado por tener que esconderme de mis padres de esta época.

No sin antes de haberle echado una mirada a Kenny Ackerman. Me daba miedo, lucía como el Capitán Ackerman de nuestra época pero sin el rostro tan demacrado como el de el viejo aquí presente. Y si lo comparamos con la Mikasa Ackerman de mi tiempo, la notable diferencia de edad era un poco incómoda a vista de los demás. Me sorprendía el ver que a los padres de Synnove no les importaba en los absoluto.

Hablando de Synnove, ella tampoco no le apartaba la mirada. Recuerdo muchas veces como ella decía tener mucha curiosidad sobre cómo influyó ese hombre en la vida de su padre, puesto que una derrotada Synnove me dijo que, cuando su padre se enteró que su madre le relató un poco sobre eso que quería saber de su Tío Abuelo, se molestó muchísimo. Mi Tía fue con quien tuvo que desquitarse...

Claennis también me tenía agobiado, no parecía querer abrirse conmigo a pesar de nuestras actuales circunstancias. No tenía idea de qué podría estar sucediendo con ella en estos momentos, pero esperaba que no fuera algo que le llegue a perjudicar en demasía.

Es mi hermana, mi única familia viva. No sé cómo podría asimilar el hecho de que pueda sucederle algo.

Antes de que siguiera con mis pensamientos, el Capitán Ackerman los interrumpió después de haberle echado una larga mirada a Mikasa Ackerman, quien permanecía sumida en un trance.

—¿Historia será Reina? —preguntó con su tono característico.

Mi respuesta fue asentir y varias miradas cayeron en mi hermana y en mi.

—¿Eso quiere decir que Eren será Rey cuando se case con ella? —indagó el padre de Maggie, provocando un leve sonrojo en mi madre. Mi padre desvió la mirada.

Volví a asentir.

—¿Eso quiere decir que tú eres un príncipe? —esta vez habló Sasha Braus.

—Y Claennis, ¿una princesa? —y secundó Jean Kirschtein.

Mi hermana y nos avergonzamos cuando el Tío Connie y la Tía Sasha querían hacer una reverencia, pero Claennis intervino diciendo que era absurdo porque aún no sucedía.

Asentir fue lo único que atiné a hacer para responder sus preguntas.

El Capitán Ackerman pareció meditar lo que dije por unos momentos.

—Bien, por lo menos tenemos la certeza de que ganaremos. Lo único que nos queda hacer por ahora es elaborar la estrategia para afirmar eso.

—¡Bien! —dijimos todos al unísono.

Sin embargo, sabía que querían saber más...

—¿Cómo es... el futuro? —mi padre fue quién hizo la pregunta. Y sabía porqué. Para él no era nada fácil asimilar la idea de que se convertiría en la destrucción de la humanidad.

Probablemente habrían cosas que pudieron haberse evitado. Otras, quizá no tanto, pero como ahora somos unos intrusos que han irrumpido una línea temporal, nos queda esperar lo mejor, o peor.

Eren Jaeger no tenía idea de el ser en quien se convertirá.

Aún así, yo... tengo tantas ansias por volver a pasar tiempo con él. Porque a pesar de todo, Eren Jaeger seguía siendo mi padre.

Lo extraño, esa es la verdad.

Sin embargo, la incertidumbre no se desvanecía, seguía siendo firme en permanecer. Tenía miedo de que el Demonio viniera de nuevo y esta vez, nos matara de una vez por todas. Aquel pensamiento provocó que mis manos comenzaran a temblar.

Y si de algo estaba seguro, era que el Demonio me estaba buscando específicamente a mi.

—Mi mamá llama "Pedazo de Mierda" a mi papá —respondió Synnove en modo de broma y el Capitán Ackerman quedó estoico por aquella respuesta, Mikasa aguantaba una pequeña carcajada —Siempre decía "Ése Pedazo de Mierda está enamorado de su detergente, cuando siempre dice estar enamorado de mi"

Eso no le hizo mucha gracia al Capitán, quien le dio una severa mirada a su futura consorte mientras esta permanecía inmune a esa mirada afilada. Sin embargo, la sonrisa triunfante de Synnove me hizo darme cuenta de que el detalle de que la timidez se hizo presente en el rostro de su madre.

El tal Benjamin, no quiso quedarse atrás, intentando amenizar más su ambiente familiar.

—¿Nuestra Madre tiene celos de un detergente? —metió leña al fuego, pues el Capitán, al escuchar eso, su rostro adoptó una leve expresión burlona, avergonzando más a la Tía Mikasa.

—Vaya, realmente amarás mucho al Capitán como para tener celos de un detergente —Mikasa se prometió a sí misma golpear a Sasha después de ese comentario.

A muchos de nosotros nos hizo gracia el comentario, pero quien adoptó una expresión inefable de sorpresa.

Eso ne extrañó demasiado. Algo no andaba bien con esa relación de familia que él tanto decía.

Ese comentario dio paso a varios más.

—Usted siempre me dice mocosa malcriada —continuó Maggie hacia el Capitán Ackerman y no mostró sorpresa por su comentario.

—Tal vez si lo seas

—Bueno, mi papá consentía mucho lo que quería y a veces solía hacer berrinches porque no me compraba lo que quería —eso lo dijo mirando a Connie Springer. Él le dio una cándida sonrisa al ver a su tan sonriente hija, de la misma forma que Dannie.

De pronto, tanto el Springer como la Gneisenau se miraron y de ahí, ambos se perdieron, pues se sumergieron en su propio mundo romántico y meloso, llegando a incomodar un poco a los presentes. A la Tía Sasha le provocó risa (en un principio), pero pronto tuvo que sacarlos a ambos (forzosamente) de su mundo de dulces. Ganándose un reproche por parte de su compañero.

—¿Qué más? —preguntó un curioso Armin Arlet y Kayne no desaprovechó la oportunidad para conversar con su padre. Se levantó de su silla y se sentó en otra más cerca de su padre y madre.

El Tío Armin era alguien peculiar. Muy gracioso cuando está ebrio y ganándose muchas burlas cuando estaba en ese estado. Por nuestra parte, siempre era divertido pasar tiempo con él cuando iba con nosotros. Reíamos mucho por todos los chistes que solía contarnos. Tenía un aprecio especial a todos nosotros, pero solía visitarnos más a Synnove, Kayne y yo.

—Papá, era alguien que no controla el consumo de la bebida —cuando soltó esa faceta bastante vergonzosa, todos soltaron una carcajada, excepto el Capitán claro,

El Tío Armin estaba sorprendido por descubrir esa futura faceta, un alcohólico de lo peor. Aunque debo admitir que uno bastante divertido.

No obstante, me sorprendió el cambio abrupto en las expresiones de mi padre, la Tía Mikasa y el Armin.

Creo que recordaron algo bastante triste, diría yo.

—¿Te sucede algo, Papá? —quería saber qué le ocurría y así, poder ayudarle de alguna manera.

El me miró sorprendido, como si de pronto hubiera salido de un extraño dilema mental.

Bajó la mirada un tanto... decaído. Me sorprendía la rapidez con la cual sus expresiones cambiaban.

—¿Saben? —comenzó, no sólo dirigiéndose a mi, sino a mis demás compañeros —Mikasa, Armin y yo tuvimos alguien que se parecía muchísimo al Armin del futuro...

Después de que mencionó ese dato importante, los rostros de mis Tíos Armin y Mikasa, adoptaron el mismo decaimiento que mi Papá. Estoy comenzando a creer que tocamos un tema demasiado sensible y si mi padre no quería tocar el tema, lo comprendía en su totalidad. Sin embargo, eso no quería decir que mi curiosidad mermara.

Aunque, contra todo pronóstico, el Tío Armin se había adelantado mencionando el nombre de ese alguien.

—¿Quién diría que terminaría siendo como Hannes?

—¿Y qué le pasó a Hannes? —preguntó Kayne, inocentemente.

Mi padre meditó la respuesta, no tenía ganas de responder esa pregunta. Empero, la Tía Mikasa se había adelantado...

—Está muerto —soltó de golpe y sin tapujos. Fría como siempre.

El tono tan derrotado que utilizó para decir esa simple frase fue motivo para que contagiara a casi todos los que estaban presentes, quienes se miraron compartiendo el sentimiento de derrota.

No me gustaba este ambiente, se suponía que debía conocer más al antiguo Eren Jaeger. Pero una incógnita me llevó a pensar que la partida de "Hannes" no fue el único momento trágico que mi padre tuvo que haber experimentado.

La muerte de mi abuela Carla, según en palabras de mi difunta madre..., fue uno de los sucesos que más marcaron a mi padre. De una manera bastante negativa. Cabe destacar que desde ahí inició su camino de venganza.

Continuo preguntándome si puedo ser capaz de cambiar la situación actual y la futura.

Y antes de que el ambiente fúnebre persistiera, la Tía Sasha anunció que la comida ya estaba lista.

Ella había comenzado a servir, siendo ayudada por Connie, Kayne y Maggie.

Por mi parte, fui ayudado por mi hermana y mi mamá, todos los demás nos dirigimos a la mesa donde al fin probaríamos alimento después de mucho tiempo. Desde la lejanía pude notar como Synnove tomaba dos piezas de pan a escondidas, así como un poco de agua. Estoy seguro que eso era para Kenny Ackerman y su ayudante. Me provocó una leve sonrisa.

No noté como el Capitán había abandonado la cocina y seguramente dirigirse hacia donde Kenny estaba. Esta reunión de Ackermans sería más pesada de lo esperado. El tal Benjamin no le quitaba la mirada de encima a Synnove ni a su mamá. A diferencia de todos nosotros, el decidió permanecer de pie. No lo culpaba si estaba rodeado de puros desconocidos.

Habían dos factores que me desconcertaban profundamente. La primera era el porqué Grahem evitaba mucho mi mirada y la de los demás, además de que no estaba muy conversador con el Tío Jean como realmente esperaba.

La segunda muy importante fue cuando mi padre decidió salir de la cabaña sin razón aparente. La Tía Mikasa quería ir con él, pero este se negó rotundamente. Tenía un leve tinte de miedo en su expresión. Mi Tía quería ayudarle y como este se rehusó, le pidió a mi madre que le acompañara. Esta se vio un tanto sorprendida por su petición, pero discretamente aceptó.

Algo no andaba bien

La sensación familiar de alguien que conozco perfectamente, está cerca. Vendrá otra vez, pero ¿Qué es lo que está buscando?

Si tan solo hubiera una señal...


—Es sorprendente —musitó Zeke lleno de fascinación. Pieck secundó su comentario con un asentimiento.

Al igual que Ymir, Berthold, Porco y que decir de Marcelline y Reiner. Estaban fascinados por las habilidades titanicas que su hija poseía.

Tenía tantas similitudes con Reiner, que sería un tanto absurdo si no llegasen a creer que tienen algo en común. Era habilidosa en técnicas de combate, así como la regeneración, además del endurecimiento. Reiner sentía un leve sentimiento de orgullo hacia a ella. No pudo evitar echarle un ojo a la futura madre de su hija, todo indicaba que compartían el mismo sentimiento a juzgar por la mirada de Marcelline.

Cuando ella sintió la mirada del Braun sobre ella, apartó rápidamente la mirada completamente sonrojada y con una pequeña sonrisa boba que Reiner no alcanzó a apreciar.

Con todo ese problema, ninguno ha tenido tiempo para conversar acerca de ellos. Porque obviamente iba a ver algo, pero, en palabras de Berthold, Reiner era un cabeza dura.

—Entonces es cierto —musitó, fascinado el General Magath al ver a Myrcella emerger de su forma Titán. Tanto Reiner como Marcelline y Zeke, fueron a cuidar de ella, se le notaba su agotamiento.

Zeke asintió su comentario.

—¿Pero cómo llegó aquí? —Magath tenía la leve esperanza de que, por lo menos Zeke pudiera responder sus incógnitas, pues nadie lo había hecho desde que lo mandaron a llamar hace unos momentos.

Zeke se preguntaba lo mismo, porque para él era imposible el concepto de viajes en el tiempo. Al menos hasta ahora que Myrcella Braun hizo acto de presencia.

—Ella dice que fue por el poder de la Coordenada —eso último dejó asombrado a Magath, pues tenía una leve idea de la capacidad de la Coordenada, pero no creyó que fuera tanta...

Sea como sea, estaban en desventaja al no contar con ella.

Vieron como la pequeña Myrcella era llevada en una camilla hacia el interior de lugar, se le veía bastante agotada. Zeke y Magath se dirigieron a la Sala de Enfermería donde la niña sería atendida, esperando por muchísimas más respuestas.

Mientras tanto, Reiner escuchaba a su hija balbucear algunas cosas.

—Vincent, ¿cómo es que soportabas esto? —susurró con una voz demasiado aterciopelada.

—¿Vincent? —preguntó un curioso Berthold.

Enseguida, las miradas se posaron en Reiner y Marcelline, esperanzados de que estos respondieran, creyendo que, por que Myrcella ha pasado más tiempo con ellos, tal vez hubiese dicho algo. Ninguno respondió al no tener conocimiento de ello. Habían llegado, por fin a la enfermería, y recostaron a Myrcella en ka camilla más cómoda de la estancia.

La joven Braun, al tomar un fuerte respiro y percatarse de las expresiones de duda de en los rostros de quienes la rodeaban decidió responder.

—Era el hijo mayor del Maestro Zeke —y por un momento, y de haber tenido la fuerzas necesarias, Myrcella hubiera soltado una fuerte carcajada al ver la expresión de su Maestro. —Aunque también tenía otra hija, Zinerva

Zeke quedó bastante sorprendido por lo dicho por Myrcella. Desde que era un infante, su objetivo radicaba en la milicia y en nada más que cumplir sus objetivos. El concepto de familia no estaba dentro de sus visiones, al menos no en el presente, puesto que en el futuro, la situación sería totalmente diferente.

Fue entonces, que Zeke se percató que Myrcella se refirió a Vincent y Zinerva de forma pasada.

"¿Eran?" —había un matiz de tristeza en su voz —¿Dónde están ahora?.

Cuando Myrcella llegó a este tiempo, era consciente de que debía de dar muchísimas explicaciones para poder salvar su futuro. Sin embargo, aún no aceptaba la idea de volver a recordar esos eventos tan desafortunados, recordar todo el dolor que fue provocado por el Demonio. Esa tristeza tan agobiante que experimentó cuando su padre fue devorado por el Demonio y cuando su madre murió quemada.

Comenzó a sentir sus ojos acuosos, producto de todas las emociones negativas que se iban acumulando. Aunque ninguna lágrima llegó a caer cuando sintió las brazos de Marcelline posarse en sus hombros, trasmitiendo toda la calma posible para tranquilizarle.

Myrcella se sintió un poco mejor cuando recibió esa muestra de afecto.

—Zeke deja de... —habló un poco molesto Reiner, al ver el rostro deprimido de su hija, pero esta misma le interrumpió.

—No, Papá, está bien —le dedicó una sonrisa que le transmitió una calma que tranquilizó un poco a Reiner. Y perturbó... Era increíble su parecido con Marcelline.

Zeke se disculpó por lo eso, pero ella repitió que estaba bien.

—Probablemente estén muertos, Maestro, lo siento —eso deprimió a Zeke, tenía la leve esperanza de conocerlo. —Cuando el Demonio pudo más con todos aquí, nos vimos en la obligación de separarnos, Vincent vio como usted fue devorado...

Aquello dejó helados a todos, ése Demonio era imparable. El hecho de que uno de los más fuertes sería devorado los intimidó de gran sobremanera.

—Hubo un punto donde ya no pude verlo, Maestro —a medida que Myrcella hablaba, su voz se entrecortaba más —Ni a él, ni Zinerva, ni siquiera a mi prima Simone...

—¿Prima Simone? —interrumpió una fascinada Pieck, pues ya tenía noción de quien era el padre de esa niña.

Y Myrcella captó la burla en los ojos de su tía.

—Si tía Pieck, ella es hija de mi tío Porco —lo último lo dijo con una tenue sonrisa y leve carcajada, la expresión de Porco era para recordarse. Pieck comenzó a reírse fuerte.

Tenía una expresión de sumo espanto. Ymir y Berthold pensaban quién sería valiente que soporte su carácter de mierda. Reiner se sentía feliz por él, ¿qué decir de Marcelline? Le encantaba la idea de tener uma sobrina que consentir, no más que su hija.

Y aunque ninguno lo dijera, esperaban expectantes la revelación de la Madre. ¿Qué importaba después de todo? Lo más seguro es que ya estuvieran muertos, pensaba con tristeza pesimista, Myrcella.

—¿Y la mamá es...? —Reiner dejó la pregunta en el aire.

Myrcella creyó que si tía Pieck, callaría de golpe.

Muy de golpe.

—Es la tía Pieck —para tensar más la situación, Myrcella dio una sonrisa tonta e irritablemente inocente, para incendiar más la cosa. Como lo intuyó, Pieck cerró la boca abruptamente. Porco quería que se lo tragara la tierra.

El General Magath dio un leve carraspeo para liberar a los futuros padres de esa incomodidad. Pero en el fondo quería reírse, ni qué decir de Zeke.

Porco fue el primero en reaccionar.

—¡¿Quién querría estar ligado a esta fea?! —exclamó totalmente indignado por lo dicho por Myrcella.

Pieck por fin pareció reaccionar ante el insulto.

—Créeme que tampoco es un deleite para mi saber que tendré un hija con un tipo que parece tener la menstruación... ¡TODO EL MALDITO TIEMPO!.

Ambos se miraron con evidente hostilidad. Pieck, de todos los presentes, siempre fue quien más toleró la actitud insoportable de Porco, incluso más que Marcelline, pero en algunos casos, simplemente quería darle un puñetazo convertida en titán.

Si se lo proponía, Porco podía llegar a ser un verdadero patán.

—Corten su pelea Pre-matrimonial —regañó a ambos, Zeke, quería escuchar lo siguiente que Myrcella iba a decir.

Le dio la oportunidad para continuar y así lo hizo. Así que, la joven Braun exhaló fuertemente para proseguir sin que las lágrimas cayeran de su rostro.

—El Demonio de la Infinidad obtuvo un gran poder al dominar la Coordenada. Usted, Maestro, creía que, con un poco de persuasión, podría utilizar ése poder para el bien. Pero nada funcionó —Myrcella recordó cuando su padre se fue a la isla —Obviamente, esto llegó a oídos de el mundo entero y pidieron refuerzos en cualquier parte, quien fuera y como fuera. Eso incluía a los guerreros de Marley. Ustedes partieron a una misión a la isla, para detener a el Demonio, ya que este tenía una ejército de Titanes a su mando, Titanes realmente grandes.

Zeke y los demás parecieron reaccionar ante lo dicho por Myrcella. Si era lo que realmente sospechaban, definitivamente estarían perdidos.

—Los Colosales de los Muros...

Myrcella asintió y, una vez más, las lágrimas se acumularon en sus verdosos ojos. Reiner se acercó a ella y tomó su mano, transmitiendo la tranquilidad necesaria para que su hija se mantuviera lo más serena posible.

—Solo el Maestro Zeke regresó —eso último le costó tanto decirlo, sobretodo porque su padre la miraba totalmente horrorizado.

Nadie podía creer lo que decía. Todo sería un completo desastre.

—Pero no duró mucho tiempo, Maestro —Zeke se desconcertó por la expresión de absoluta tristeza en el rostro de esa chiquilla, nunca había visto tanta desesperación en un infante.

Pero si creía que eso era todo, estaba equivocado.

—El Demonio pudo llegar a Liberio, no sin antes causar una masacre que destruyó gran parte de la nación, por no decir toda —Myrcella comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza, recordar aquellos gritos de la gente angustiada era una tortura —El Maestro Zeke era el último en la línea de defensa, pero no pudo hacerle frente a un monstruo que tenía toda clase de poder, la fantasía no es un concepto muy alejado de la realidad en esta situación. El poder de la Coordenada permite manipular cualquier tipo plano existente, la mente, el cuerpo y el espíritu. Nadie puede contra ello, puede que incluso en estos momentos nos esté manipulando o haciendo alguna otra cosa..

A pesar del tiempo que ha ocurrido a lo largo de la existencia de la Coordenada, nadie ha podido entender completamente el concepto de ella. Es un poder que no tiene límites y que puede ser usado como un objeto divino o un arma mortal. El Demonio de la Infinidad escogió lo último.

—Su hijo lo vio todo, lo siento, Maestro. Cuando el Demonio lo devoró sin compasión.

La joven ya no podía aguantar más las lágrimas acumuladas en sus orbes, las cuales dejó fluir torrencialmente con un alarido que llenó de miedo a todo aquel dentro de esa habitación. Sus padres no hacían más que consolarla.

Zeke estaba horrorizado, inmóvil, por tan frustrante destino que le tocaría. Porco y Pieck, quienes a pesar de no estaban muy de acuerdo con la idea de una hija (por el momento), compartían la misma desesperación que los restantes. Como Ymir y Berthold, la primera no quería aceptar la idea de morir sin por lo menos haber visto una última vez a su querida Historia, el segundo no tenía manera de hilar pensamiento alguno por el miedo que lo embargó.

En cuanto a Reiner, el sólo sentía impotencia. El sentimiento de haber fallado a su familia, era patético...

El General Magath dio la orden de atender a Myrcella Braun lo mejor posible, y se retiró de la enfermería con los ánimos por los suelos. Tenía que hacer algo pronto, próximamente estaría enfrentando a un enemigo al que no se podía vencer solo con la fuerza. Una gran guerra se avecinaba...

Si todo lo que ella decía era verdad, el futuro estaría sin salvación.


Vincent seguía ejercitándose desde que estaba en este tiempo. Todo el tiempo ha estado alerta y su cuerpo ha estado rogando por un descanso, pero este no se lo permite. Su hermana, Zinerva se preocupa muchísimo por el, teme que ese entrenamiento excesivo le pase más de la cuenta.

Pero es tan terco, le recuerda a el padre de sus medios hermanos.

Vincent practicaba con el tronco de un árbol que estaba a su alcance. Era de los más estables árboles dentro de esa zona en donde se encontraban actualmente refugiados, después de haber asaltado a un grupo de maleantes a los cuales les robaron las pertenencias y las utilizaron a su beneficio. Como tiendas de campaña y muchísima comida. Además de un nuevo Equipo de Maniobras Anti-Personal...

Se toparon con nuevos mercenarios de Kenny Ackerman que, precisamente los buscaban a ellos. No temían, pero todos comparten el sentimiento de fastidio al tener que lidiar con ellos. Al parecer, no eran los únicos que seguían buscando a Nerian Jaeger.

Vincent nunca ha conocido a Nerian, pero, según lo que su padre le explicó en su tiempo de vida, Nerian Jaeger podía ser la clave para que todo esto cesara. Estaba consiente de que su inexperiencia le era una desfavorable desventaja en estos momentos, no importando el hecho de ser portador de un poder hereditario de Titán. Recordó que en este tiempo, su padre debía estar en Marley preparándose para recuperar la Coordenada de este tiempo.

El plan de todos ellos era arriesgado, tomando en cuenta que aún hay Titanes fuera que los podrían hacer añicos.

Zinerva quería detenerlo pero era una tarea imposible, así que solo se dedicó a mirarle. Intentó pedir ayuda a Simone, pero está despectivamente le dijo que si lo que él quería era matarse, que lo hiciera.

Hubo un punto donde Vincent comenzó a sangrar de gran sobremanera de sus nudillos, fue ahí donde Zinerva decidió intervenir, pero antes de que llegara a su hermano, alguien más le detuvo.

—Suficiente —Vincent tuvo que hacer un esfuerzo por no rodar los ojos ante la actitud tan pedante de Raziel.

—¿Tu me obligarás a parar? —respondió con el mismo tono, pero Raziel no se inmutó. Estaba tan acostumbrado a la terquedad de la imprudente de Synnove...

Se preguntaba si ella y su demás familia estarían bien, rogaba porque si.

Así que solo exhaló, muy fuerte.

—Tu hermana está preocupada por ti

—Lo entiendo, pero no te corresponde esa parte

—No, pero no ha cerrado la boca, aunque más bien, intervengo porque causas gracia, ¿te molestó el hecho de que Benjamin se haya esfumado por ir con su familia?

Vincent se sorprendió por la forma en que dejó en evidencia su enfado, por lo general se encargaba de disimularlo bien. Aunque habían personas a las que no podía engañar, como era el caso de su hermana menor, su padre y la rara de su madre adoptiva

—Yo también extraño a mi familia, Vincent... —el Jaeger se calmó un poco al ser tocado en una fibra sensible.

Raziel también se encuentra molesto. Benjamin, se largó inesperadamente, robándose un Equipo de Maniobras Anti-Personal y el demás equipo de mantenimiento para que estos funcionaran mejor, así como provisiones que los ayudarían a su riesgoso plan.

Pero ese altercado de Benjamin Ackerman por ir a conocer a su familia les costó un retraso.

Era arriesgado ir a Marley en sus condiciones, pero sí querían coincidir con el tiempo donde Zeke Jaeger, Reiner Braun y Berthold Hoover regresaban por la Coordenada debían apresurarse en ir a dicha nación para construir un plan de una vez por todas.

—Malditos Ackerman, créeme que no tienes idea de cuanto los odio —masculló con ira.

Raziel seguía serio. Comprendía a Benjamin más que nadie, sin embargo, no aprobaba su arrebato pasional de ninguna manera.

—Siempre supe que era un maldito imbécil —secundó Zinerva llegando a donde se encontraban su hermano y compañero de viaje.

Raziel decidió también provocar a la hermana del impulsivo.

—Un imbécil al que examinabas cada parte de su torso descubierto cuando hacía ejercicios

—¿Perdón? —exclamó Vincent indignado por tal comentario, Zinerva solo le alzó el dedo medio —Olvidemos los malos gustos de Zinerva y concentrémonos en lo importante.

Zinerva no iba a quedarse callada.

—Si estuvieras en mi lugar no dirías eso —Simone creía que Zinerva era una idiota por delatarse de esa forma tan absurda. Recordó con tristeza a su tonta prima Myrcella...

—Nunca estaría interesado en una Ackerman, Zinerva tonta —ella solo rodó los ojos.

Y a Vincent le pareció que era hora de zanjar el asunto.

—Eso no importa ya, Benjamin tampoco, si quiere quedarse es su problema, pero nosotros nos vamos a Marley con o sin él. Muchas personas dependen de la información que nosotros poseemos, no confío en la gente de estos muros, así que iremos a Marley para conseguir la ayuda de mi padre y recuperar a Nerian Jaeger. El Demonio debe ser detenido a toda costa.

Vincent se sorprendió por la determinación que había en su voz, y esa misma fue contagiada a sus compañeros y hermana.

Pero esa fortaleza no les duró mucho porque los cuatro, de forma brutalmente repentina y misteriosa, fueron teletransportados a un misterioso plano astral.

En este había arena blanca y suave por doquier, el cielo era negro y hermosamente estrellado, no había otra cosa que no fueran estrellas. Todos estaban maravillados por la fascinante vista que sus ojos admiraban.

—Okay, es oficial —habló una sorprendida Simone —Me afectaron las drogas que mi mamá tomaba...

En el centro de este plano, se encuentra una enorme luz que iba desde el suelo y se elevaba hasta el estrellado cielo hasta desplegarse en diferentes direcciones de forma quebrada, como una ramificación.

Eso no fue lo perturbante.

Lo perturbador fue la parte donde el Demonio de la Infinidad emergió de él y se dirigió hacia ellos. Intentaron escapar pero no había lugar a donde ir y ni siquiera usar sus poderes era una maldita opción. Pronto, el Demonio los dejó inmóviles con una cadenas que surgieron del suelo y envolvieron cada parte de sus cuerpos.

Vincent se paralizó cuando el Demonio tomó su cabeza para inmovilizarlo en su totalidad.

¿No te ha quedado claro lo que soy capaz de hacer, Vincent?


Eren tuvo la extraña sensación de que algo estaba cerca, una sensación horriblemente familiar y estremecedora.

Sabía que era el Demonio.

En ese momento, Eren se paralizó completamente cuando se percató de su presencia en el comedor. Al parecer sólo él podía percibirlo, ante eso quedó inerte en su totalidad, mientras que su hijo y los demás seguían con sus anécdotas.

Eren luchaba por que no controlara su cuerpo e hiciera algo que lastimara a los suyos. Pero no podría resistirse por mucho tiempo, necesitaba salir de esa cabaña y pensar una forma de liberarse de ése ser que ahora quería apoderarse de él.

Sentía como si estuviera ahogándose y no podía respirar de manera correcta. Una horrible opresión en el pecho que en cualquier momento iba a explotar de no controlarse. No podía pedir ayuda a cualquiera que estuviera dentro de ése lugar. No estaba preparado para decirles a Armin y a Mikasa que él sería el Demonio de la Infinidad y a quien sus hijos y los demás tanto temían. Al que tanto pavor había causado en el mismísimo Kenny Ackerman y Erwin Smith. ¿Con qué cara los vería? ¿Cómo lo verían a él?

Probablemente como lo que en realidad siempre fue.

Un monstruo.

Y no podía decir algo a Historia, ni a sus hijos. Ya estaban demasiado perturbados como para incrementar ése miedo.

Con tan sólo ver el rostro decaído y ojeroso de Claennis, o esa expresión de pavor que Nerian portaba constantemente cuando se le mencionaba al Demonio, era suficiente para que Eren decidiera hacer frente él solo.

Y Historia, ella...

La chica que más lo comprendía, ella debía estar a salvo. No sólo porque sería la futura madre de sus hijos, sino porque era una de las personas más importantes para. Ahora lo era.

Todos morirán...

La voz del Demonio era sumamente perturbante.

En cuanto Sasha anunció que la comida ya estaba preparada, Eren aprovechó esa oportunidad para salir. No quería que nadie le siguiera, así que, aunque no quiso ser brusco con Mikasa, cuando le preguntó su estado, tocó ser un poco agresivo en la respuesta que emitió.

Una vez que se aseguró de que estuviera sólo en esa parte del bosque y que el fresco aire inundara sus fosas nasales, Eren dejó escapar toda esa frustración que lo carcomía lentamente.

De alguna forma, el Demonio trataba de controlarlo y él no podía permitirlo. Y para eso, debía utilizar todo lo que estuviera a su merced para no ceder ante el Demonio. Pero dolía demasiado resistirse, era como si el Demonio estuviera haciendo alguna clase de horrible anomalía dentro de su cuerpo, con la única finalidad de que se rindiera ante su mandato.

—No puedo permitir eso, ¿porqué haces esto?

Eren hablaba con todas las fuerzas que podía, pero cada vez sentía más debilidad.

¿Porqué?

El Demonio se colocó frente a Eren y examinó su rostro como aquella vez que fueron a esa Sala que la Mikasa del pasado y su sobrina Synnove arreglaron por castigo de Levi Ackerman. Aquella vez donde mostró su presencia.

Esto es para salvar el mundo, Eren

—Querrás decir, tu mundo —escupió con ira.

Nuestro mundo, nuestra familia, Eren

Familia, ¿su familia estaría en peligro?

El Mundo exterior quiere ver a nuestra raza muerta, porque sabe que somos fuertes, que tenemos el poder para hacerlos sucumbir ante nosotros y por eso quieren destruirnos —sus orbes verdosos llenos de muerte seguían clavados en su mirada —Nos tienen miedo...

Lo que decía el Demonio, para Eren carecía de poco sentido. ¿El Mundo Exterior los querían muertos? ¿Había gente fuera de estos muros?

Si la respuesta era si, entonces el Demonio no estaba tan fuera de lugar. Y como si leyera su mente, el ser frente a él le enseñó diversos lugares de lo que sería el futuro que les esperaba si estos llegasen a ser libres.

Todos los relatos que había conversado con Armin, todo estaba frente a sus ojos. Tocaba el agua salda, la nieves, las arenas. Veía a muchos niños paseando con sus madres y padres. No existía el odio. Todos con expresiones tan sonrientes, llenos de la paz que Eren siempre ha deseado no solo para él, sino también para sus seres cercanos.

De pronto, las imágenes cambiaron a una donde estaban el, pero más adulto, jugando con una preciosa niña de cabellos oscuros y otro niño más pequeño de cabellos dorados. Junto con ellos, estaba Historia mucho más grande y llena de paz y felicidad. Eren no pudo encontrarla mucho más hermosa.

Los cuatro gozando ser una familia.

Eran tan hermoso, que, quería llorar, la salvación y paz que tanto anhela.

Eren, si tú estás de mi lado, podemos hacer que todo esto definitivamente se cumpla...


Shit :v

Antes que nada, este fanfic tiene más de un año y no recuerdo bien si he hecho comentario al respecto. Hurra, supongo.

No he actualizado capítulos desde Julio :p

En estos últimos meses, he tenido muchísimos conflictos, sobretodo por el horrible bloqueo mental que estuve padeciendo y que sigo padeciendo, aparte el hecho de que inicié mis estudios en facultad y probablemente tenga menos tiempo de escribir, eso creo. No tengo palabras para agradecer a todos que me dieron comentarios tan lindos que hicieron que retomara esto. No iba a abandonarlo, pero no sabía cuando regresar.

En fin, muchas gracias por todo el apoyo, es un gran motivador para continuar esto hasta terminar. Tengo muchas ideas en la cabeza, así que la idea de un bloqueo es baja, no imposible, pero está más que reducida :)Por último, les recomiendo muchísimo la canción que está citada al inicio del capítulo por lo representativa que es.