*** La historia NO ES MÍA es una ADAPTACIÓN al final, daré el nombre del autor y el nombre original de la historia
**** Los personajes son propiedad de Stephanie Meyer ****

ANTES DE LEER lo que esta cursiva es el pasado


Capítulo 22

Isabella

Rosalie, Emmett, y Jacob se acaban de ir. James, Edward y yo los acompañamos fuera, dijimos nuestras despedidas, y los abrazamos por su arduo trabajo. La cinta era hermosa. Hicieron dos, una que daba un breve resumen de nuestra historia que tienen la intención de compartir con el público, y una solo para nosotros.

Oír a Edward contar su lado de la historia fue duro, pero fue una experiencia reveladora también. Algunas partes me hicieron desgarrarme, otras me hicieron reír. Nessi no podía apartar la mirada. Estaba absorbiendo cada detalle. A medida que los chicos se fueron, prometimos llamar si necesitábamos algo. Nessi solicitó que esta sea la última vez que ellos nos visiten antes de que muera. No quería que la recordaran en su peor momento.

Rosalie, normalmente dura como una piedra, estaba llorando. Decir adiós a Nessi era difícil para ella, tal vez más difícil de lo que imaginaba que sería. En cuanto a Jacob, cuando dijo adiós, sostuvo la mano de Nessi, se inclinó y le susurró algo al oído, antes de besar su mejilla. Es un chico dulce. Emmett estaba masticando sus uñas, le apretó la mano y dio un adiós informal. Me di cuenta de que no sabía qué decir. ¿Qué se puede decir realmente en estas situaciones?

James regresa al interior mientras Edward y yo observamos su camioneta irse. El día es cálido; el verano está en camino. El cornejo en mi patio delantero está empezando a florecer. Planté ese árbol el año que Nessi nació. Está comenzando a florecer de nuevo este año, volviendo a la vida y compartiendo su color, mientras que nuestra hija se está marchitando ante nuestros propios ojos. Mi mirada se traslada a Edward y me da una sonrisa de lado.

―Lamento haberte dejado de la manera que lo hice. De hecho siento haberte solo dejado. Y a pesar de que estás enfadada conmigo en este momento, no voy a dejarte esta vez, Bella. Lo juro.

Sé que estar enojada con él es injusto. No quería que esa noche en el concierto terminara de la forma en que lo hizo. Dando un paso hacia él, dejo que mi cabeza golpee contra su pecho.

―No creo que pueda hacer esto, Edward. No sé cómo dejarla ir.

Sus manos frotan mi espalda mientras su barbilla descansa sobre mi cabeza.

―Me gustaría que tuviéramos una opción en eso, Bella.

La puerta de entrada se abre, y James sale, sorbiendo, sus pequeños dedos limpiando debajo de sus ojos.

―¿Estás bien?

Sacude la cabeza en un no.

―La primera vez que descubrimos que Edward no era compatible, y supimos que teníamos un tiempo limitado, Nessi me dijo que no quiere que le diga adiós. ―Toma una respiración entrecortada―. Le pedí que cuando pensara que era casi la hora, me diera un día con ella. Un último día para pasar el rato. ―Sus ojos vidriosos miran hacia arriba, encontrándose con los míos―. Me pidió ese día. Mañana.

Mi garganta se siente como que se está cerrando. La cabeza de Edward cae y todos permanecemos en silencio por un momento.

―Voy a estar aquí muy temprano ―dice James. Me agacho y lo abrazo antes de que se marche.

Edward toma mi mano y enlaza nuestros dedos mientras lo vemos irse. Él no dice nada. Yo tampoco. Todo lo que podemos hacer ahora es jalar fuerza entre nosotros y esperar que sea suficiente para atravesar esto.

Tiene que serlo.


Edward

Bella durmió en el sofá la noche anterior, mientras yo ocupé la cama. Pero permanezco inquieto toda la noche. Después de dar vueltas durante horas, alrededor de las cinco de la mañana, salgo de la cama, decidiendo que no tengo esperanzas de dormir. Bajo las escaleras hasta donde Bella se encuentra dormida en el sofá, con un brazo colgando sobre su lado. Pero la cama de Nessi está vacía. Escucho algo siendo raspado, parece provenir de la cocina. Siguiéndolo, la encuentro en la cocina, sentada en la mesa con un cuchillo de carnicero gigante.

―¿Qué estas haciendo? ―siseo con miedo, sobresaltándola. Deja caer el cuchillo sobre la mesa―. ¿Estas bien? ―pregunto, calmandome.

―Estoy bien ―logra decir sin aliento.

Cuando enciendo la luz, se estremece.

―Lo siento, princesa. ―La mesa tiene polvo de madera en el centro. La miro interrogándola.

―Quería tallar mi nombre en la mesa, también. Supongo que primero debería haber preguntado.

Al instante, sonrío y levanto el cuchillo.

―Creo que es una gran idea, vamos a buscar un cuchillo pequeño. ―Encuentro otro cuchillo, se lo entrego y regresa a su misión. Se muerde el labio mientras trabaja; concentrada. Preparo una taza de café y para el momento en que está lista, ha terminado. Desliza la mano por el grabado y sonríe.

Escribió su nombre debajo del mío, pero en letras más grandes.

―Tratando de superarme, ¿eh? ―bromeo mientras me inclino y beso su cabeza.

―La vida es demasiado corta para ser sutil ―replica en respuesta.

Obtuvo eso del vídeo que hizo Rosalie. Me está citando.

―Eso es cierto, princesa. ―Frunzo el ceño. La vida es demasiado corta.

Nessi y James pasan el día juntos. Trato de mantener mi distancia, dándoles espacio. James es alguien para Nessi que nunca podría ser yo. Siempre ha estado cerca. Es una figura paterna y un amigo, todo en uno. Él ha visto un millón de momentos preciosos; posee un millón de recuerdos de su vida. Quiero odiarlo por eso. Pero no puedo. Se acercó cuando yo no estaba. Nessi es una niña increíble debido a que James jugó un papel en su vida. Estoy agradecido porque se quedó y ayudó a Bella. Por la tarde, ayuda a Nessi a salir a la calle y se sientan en el escalón superior del porche, Nessi se inclina contra él mientras charlan. Bella y yo los comprobamos un par de veces, mientras hablan en voz baja. Después de un tiempo, él la lleva de nuevo al interior y la arropa besando su frente.

―Hasta luego, cocodrilo ―dice, con voz ronca.

―Hasta dentro de un tiempo, cocodrilo ―responde Nessi murmurando, su sonrisa es débil y triste. No es un adiós.

Es hasta luego.

Es hasta que nos volvamos a encontrar.

Así es como Nessi lo desea.

Mi propia garganta comienza a esforzarse, tragando incómodamente muchas veces. James está luchando para no perder la cabeza. Su labio tiembla ligeramente mientras le toma la mano y la besa antes de darse vuelta y salir por la puerta principal sin decir nada más. Lo siento por él. Realmente lo hago. Esto no es fácil para cualquiera de nosotros. Bella lo sigue para asegurarse de que está bien mientras yo me siento en la cama con Nessi y acaricio su pierna. Está acurrucada en su lado, la manta hasta arriba justo debajo de su barbilla. Su expresión es difícil de medir mientras mira a la nada. Mi niña se ve triste. Triste y cansada. Pero demasiado cansada para llorar. Unas punzadas de desconsuelo se clavan en mi pecho. Para todos los efectos, James es su mejor amigo, y acaban de pasar lo que se supone que será su último buen día juntos. Puedo ver que le duele no importa lo fuerte que trate de actuar.

―Te amo, niña ―le digo―. Estoy contigo. ―Solo quiero que sepa que no esta sola. Que a pesar de no poder llevar esta carga por ella, sin importar lo mucho que quiero, estoy aquí. No está sola.


Isabella

Dos días han pasado desde que James dejó nuestra casa llorando. Él ha estado en silencio desde entonces. No lo culpo. Era un desastre. Verlo luchar contra las lágrimas a veces y caerse a pedazos, fue tan condenadamente difícil. Es extraño la cantidad de dolor que hay que experimentar a través de todo esto.

Algunos días no sé si puedo soportar la agonía. Es un abismo sin fin. Una verdadera tortura. Me duele y en silencio rezo por Nessi; mi hermosa niña que se encuentra en la cama esperando su propio deceso. Verla deteriorarse rápidamente, cómo lucha, es un ciclo inconmensurable de tormento. El inmenso dolor llega desde el fondo de mi alma, dejándome en un estado constante de tristeza absoluta. Me duele por Edward. Mi corazón está con él. Él es el padre que está consiguiendo solamente una muestra de lo increíble que realmente es ella.

Su ventana ha sido increíblemente pequeña. Tenerla separada de golpe de su lado es su peor pesadilla hecha realidad. Se mantiene controlado debido a mí, pero sé que está gravemente herido. Y James. ¿Cómo puedo pagar alguna vez a este hombre por lo que ha hecho por mí? ¿Por ayudar a criar a mi pequeña niña? Me duele por él; por su buen corazón. Es el hombre que nunca hubiera tenido que amarla, que no tendría que estar allí para ella todo el tiempo, pero la amaba como si fuera suya. Mi corazón se acelera cada vez que la veo. Con mucho gusto renunciaría a mi propia vida para que pudiera mantener la suya. A Dios no le importaría si hay un ángel más aquí en la Tierra. Ella es el mío, y simplemente no quiero dejarla ir.

La cantidad de dolor inconsolable es inconcebible.

Miro hacia ella. Es hermosa y angelical. Su exterior de porcelana se acentúa con pequeñas pestañas. Está descansando mucho en estos días. Su respiración ha comenzado a volverse dificultosa, sobre todo cuando duerme. Pero incluso cuando está despierta, con cada respiración que toma, hace un sonido casi asfixiante. Su pecho se mueve hacia arriba y hacia abajo violentamente, como si alguien estuviera bombeando aire en su interior, luego lo devuelve justo hacia fuera. La noche

anterior estaba agitada, gimiendo en voz baja en su sueño, mascullando tonterías. Cuando le pregunté lo que necesitaba, su mirada se encontró con la mía con sueño, pero sus ojos parecían vacíos. Ha estado tomando pastillas para el dolor, pero ahora nos hemos movido a un horario. No ha sido fácil. Pero necesita la medicación cada pocas horas para mantenerla de alguna manera cómoda.

Arrastrándome a la cama, me acuesto a su lado. Trazo mi dedo desde la frente hasta su puente de la nariz y de nuevo otra vez hacia arriba. Es algo que solía hacer cuando era pequeña para ayudarla a dormir. Su piel es tan pálida que me está rompiendo el corazón. Sus ojos permanecen cerrados, pero sus párpados se agitan suavemente con mi tacto, y su boca oscila muy ligeramente antes de que se extienda y tome mi mano, apretándola contra su pecho.

Lentamente, pasa su lengua a lo largo de sus azulados labios agrietados, cerrándolos de golpe. Su boca esta siempre tan seca. No siempre fue así. Lo recuerdo como si fuera ayer, su boca color rosa haciendo pucheros, haciendo sonidos para dormir, de arrullo, sus pestañas oscuras revoloteando sobre su inmaculada piel del bebé. Antes, cuando el cáncer era lo más alejado de mi mente. Antes, cuando soñé una vida tan grande y hermosa para ella, llena de felicidad sin fin. Ella iba a gobernar el mundo, en lo que a mí respectaba.

Nunca habría imaginado que mi vibrante y colorida niña sería reducida a esto. Apenas come ahora, un poco de caldo aquí y allá, y solo bebe pequeños sorbos de agua. Es todo lo que puede llegar a tragar.

Mientras la miro, estoy tan abrumadoramente triste que apenas puedo respirar. Haría cualquier cosa por ella. Cualquier cosa. La discusión que Edward y yo tuvimos en el hospital ha sido una pesada carga sobre mí. He odiado que él estuviera en lo correcto. He odiado que hice a Nessi sentir que no podía decirme cosas; pedirme cosas. Ella ha sido tan valiente a través de todo esto; aceptó su destino como un soldado, valiente y sin miedo. No ha tenido ningún control sobre nada de esto, sin embargo, no se ha quejado una vez. Todo lo que quiere es el control de lo que sucede cuando muera.

―Nessi ―susurro su nombre.

Con cuidado, gira la cabeza para hacerme saber que me escucha, pero no del todo. Está tan cansada que parece que no puede abrir los ojos.

―Voy a hacer lo que quieres, nena. ―Trago saliva―. Te daré lo que quieras. Me aseguraré de que suceda exactamente como lo desees. Siento mucho haberte hecho sentir como si no pudieras venir a mí y decirme tus deseos. Debería haber escuchado, y lo siento por no hacerlo. ―Sollozo mientras las lágrimas se deslizan por mi cara. Abrazándola más cerca, presiono mi frente a un lado de su cabeza.

Traga con dificultad, su garganta seca.

―Solo haz lo que dice papá ―murmura. Asiento para que pueda sentir mi respuesta.

He estado esperando por un momento; un momento en que se sentía correcto para tener una última conversación. Un tiempo cuando sepa que ella todavía va a escuchar y comprender lo que estoy diciendo. Ha sido un pensamiento imposible. ¿Cómo puedo decirle adiós? ¿Cómo una madre puede resumir en palabras la profundidad de su amor por su hija? Me desgarra. Pero de alguna manera, debo hacerlo. El tiempo se agota. Y algo en mi interior me dice que es ahora.

―El día en que naciste, mi pecho dolía tanto. Creo que fue porque mi corazón creció diez veces más grande. Es extraño cómo el amor puede hacer daño de esa manera. ―Gimo mientras mis labios tiemblan―. Pero dolía de la mejor manera posible. Te deseaba tanto. Tú fuiste un regalo, algo que pensé que nunca tendría. Tú eres, con mucho, mi mayor logro, Nessi. Me siento honrada de ser tu madre. Ha sido mi mayor privilegio. Gracias por ser más de lo que jamás hubiera esperado. Gracias por la alegría y la risa que has traído a mi vida. Gracias por los besos, las cosquillas y los abrazos. Estoy muy orgullosa de ti, de lo que eres. Te amo mucho bebé.

Está tranquila por un momento y me pregunto si se durmió, si me ha escuchado en absoluto. Entonces, veo una lágrima deslizarse por su mejilla antes de que apriete suavemente mi mano y susurre:

―Te quiero, mami.

Es la última vez que escucho esas palabras de ella.