Retomando el contacto II
Jennifer Morrison dio una quinta media vuelta sobre sí misma y acomodó por enésima vez la almohada. Dormir para ella siempre era una de las partes encantadoras de la vida. Poder cerrar los ojos y dejarse llevar al mundo donde su inconsciente quisiera. La sensación de relajación del cuerpo y la mente frente a la puerta abierta hacia la desconexión total era algo que ella solía considerar como el Shangri-la de la vida moderna.
Ser actriz y tener un mundo al que complacer podía ser muy estresante, pero iba a peor en la era de las redes sociales. Antes, te podían perseguir los paparazzi y poco más. Hoy, todo el mundo es un paparazzi. Cada bendita persona de esta tierra tiene un teléfono, exige una foto o, simplemente, la saca sin preguntar. Todos quieren saber sobre ella hasta lo que nunca expondrían sobre sí mismos. Era consciente de que ser una persona pública conlleva un precio, pero era algo agotador.
Así que dormir era una recompensa a una vida haciendo lo que le gustaba hacer y soportando a cambio muchas cosas que no le gustaban tanto. Desde pequeña había sido algo perezosa y todos eran conscientes de sus legendarias siestas allí donde cayera, por lo que una noche en la que tuviera dificultades para dormir le resultaba una circunstancia muy inapropiada, incluso ridícula. Sin embargo, hoy era una de esas noches.
Bufó mirando el techo de su apartamento. Sentía el cuerpo agotado después de pasar la tarde con su agente revisando el contrato para Under the bridge con la productora. Era un momento importante, el momento de avanzar después de años atada a un mismo personaje, tendría que estar pletórica, pero solo podía pensar en una cosa. En un dato casi curioso que le había revelado su agente.
Ella tenía contacto con todos sus ex compañeros de Once Upon a Time o al menos con los que era más cercana. Con algunos coincidía en convenciones, atada a un contrato casi tácito que la obligaba a viajar de sitio en sitio para firmar autógrafos y sacarse fotos. A veces, aunque cada vez menos, para participar de paneles y dar alguna entrevista con los fans. Las mismas preguntas, las mismas respuestas. Con el tiempo, casi que se había ensayado de memoria las réplicas porque seguro alguna de las preguntas del repertorio caería, o todas. Todo sus ex compañeros de reparto y ella lo pasaban una o varias veces al año.
Ella veía a la mayoría en estos casi improvisados encuentros y a otros, con quienes mantenía mejor relación, los veía porque quería y quedaba con ellos para pasar el rato. Como con Jaime. Aunque había otras personas con las que no coincidía y tampoco intentaba coincidir. ¿Para qué mentir? Había una única persona con la que no intentaba coincidir nunca. Habían comenzado con buen pie en el show, pero a mediados de la cuarta temporada la relación se fue al garete. Simplemente, se alejaron y dejaron de insistir en acercarse.
Lana y ella, según el mundo entero, no se soportaban, pero ella sabía que durante casi cuatro años habían compartido muchos momentos y se habían animado a hacerse bromas y a tener detalles la una con la otra. Incluso, en los cuartos de hora en los que no grababan durante los años siguientes, aún con parte del peso emocional de sus personajes encima, se atrevían a abrazarse fuera de cámara o a tomarse las manos. Pero una vez que el maquillaje quedaba a un lado y que Regina o Emma terminaban en algun cajón del camerino junto al guion del día siguiente, la relación se tensaba y desaparecía ni bien cada una tomaba su rumbo.
No se trataba de una cuestión de cartel o de envidia. Jenn era perfectamente consciente de que Regina Mills fue uno de los personajes mejor construidos de la serie y que gran parte de eso era mérito le pertenecía a Lana. Ella no se sentía ni más ni menos por compartir el protagonismo de la serie con ella. Al contrario, la sinergia entre los personajes siempre le había parecido atractiva y la relación Emma-Regina era de sus favoritas. Lana y ella habían disfrutado mucho de sus momentos en pantalla, trabajaban bien juntas. Aunque fuera de cámara simplemente rozaban la apatía. Cuando abandonó la serie, la apatía transmutó a nada. Absolutamente nada.
En las convenciones ya no se cruzaban, tampoco en las entrevistas. Vivían las dos en Los Ángeles, pero jamás hacían una tentativa para quedar, incluso si había otras personas presentes, como tampoco se cruzaban en algún evento siquiera por casualidad. Así es como había pasado los últimos 3 años, haciendo de cuenta que Lana no existía. Que sólo importaba Regina en la medida que se trataba de una pregunta que tuviera que contestar sobre la serie.
Desde hacía unos meses intentaba contactar con sus ex compañeros. Se había dado cuenta que sus años como Emma la habían ayudado a conocer gente que merecía la pena y se había esforzado por mantener el contacto o retomarlo. Como con Ginni o Joshua, con quienes había quedado alguna vez, o con Jared y Robert. A Colin, Bex y Emilie los veía en las convenciones. Incluso, cuando estuvo en Londres, quedó un día con Colín y su mujer Helena.
Quedaba Lana. Quería hablarle, saber cómo estaba. Era tan estúpido si se lo ponía a pensar. Después de todo este tiempo, ¿por qué ahora? Quizás, porque recordaba lo bien que lo pasaban juntas cuando querían. Quizás, porque ella era la única con la que no había retomado el contacto. Quizás, porque su agente, que normalmente nunca le hablaba de nadie, había elegido este día para contarle que Lana podría llegar a filmar con Fox por una serie. Una serie sobre la que su agente le había consultado ofrecer una audición. Ella ya estaba con Under the bridge y no había aceptado, pero se preguntaba que hubiera sucedido si hubiera dicho que sí.
Las dos otra vez en una misma serie. Sería algo particular, ¿verdad? Todo el mundo habría dado por sentado que se conocían bien y que serían buenas compañeras. Y, quizás por fuerza de la casualidad, ellas hubieran tenido que actuar así.
¿Qué tan raro podría ser intentar hablar con Lana hoy?
Su móvil volvió a sonar. Había dejado las notificaciones encendidas y no paraba. Hacía mucho tiempo que no solía mirar nada de las redes, si quería algo lo buscaba. Por lo demás lo que caía eran miles de comentarios que no podía leer porque le tomaría el día entero. Mensajes de amor de absolutos desconocidos y desconocidas. ¿Sabrían los fans que era muy difícil poder leerlos a todos y que, por no discriminar, los artistas dejaban de intentarlo? ¿Sabrían que los mensajes bonitos eran en vano individualizados?
¿Qué harían si supieran que ahora mismo ella deseaba poder hablar con Lana Parrilla aunque fuera unos segundos?
Probablemente, alucinar. Tomó su móvil y rastreó el número. Nunca habían hablado después de la quinta temporada de OUAT de forma privada por teléfono.
¿Tendría Lana el mismo número de siempre o lo habría cambiado?
Ella no había borrado el que tenía registrado. Puede que no se siguieran en las redes, pero tenía aquel contacto guardado como una promesa así misma de que ella era más humana que una estrella que juega a la indiferencia con una colega. Al fin y al cabo, gran parte de la culpa de que estuvieran así era suya. Puede que Lana no hiciera muchos esfuerzos para generar un reencuentro, pero ella había comenzado aquel odioso círculo de desinterés.
Ella, que un día cualquiera había decidido no compartir el almuerzo, al otro no fue a una cena con el grupo porque estaba Lana, al siguiente evadió cualquier conversación surgida que no tuviera que ver con la serie. No sabía decir muy bien por qué y nunca quiso cuestionárselo tampoco. Algo que sucedió durante el cuarto año de la serie, la empujó hacia esa situación, pero ella prefería no ahondar demasiado en busca de las causas de su comportamiento. Había decidido mirar para otro lado.
¿Qué haría Lana si ella le mandará un mensaje ahora?
Eran las 23:45 de la noche. Lana aún estaría despierta porque era del tipo de mujer que dormía lo justo y nada más. No como ella que era una perezosa. Abrió el chat y recordó a Emma Swan encontrándose a Regina, saludándola con un simplísimo "Hey". Y lo hizo. Escribió las tres letras y le dio a enviar. Soltó el móvil como si le quemará y se tapó la cara con las manos, tratando de no imaginarse la cara de Lana cuando recibiera aquel mensaje.
Su teléfono timbró de inmediato y la vibración le dio escalofríos. Lo tomó notando como le temblaban las manos y sentándose en la cama. Lana respondió con aquel "Hey" como si quisiera enviarle un mensaje neutral. ¿O habría pensado como ella en Emma y Regina? Responder con una pregunta cortés era lo más sencillo. Y Lana acabó por preguntarle si era ella, seguro que no se lo creía. Hablaron de Fox y de la nueva serie hasta que, cuando volvió a ser amable, Lana no soportó la extraña presión y la cuestionó por esta conversación inesperada.
Le entró el calor y se empezó a arrepentir, sobre todo cuando Lana no se creyó aquel argumento llamado "nada". No. No lo creyó y, más, no lo quiso olvidar. Comenzó a llamarla. Al final se vio obligada a decirle la verdad y a aceptar esa llamada. Estaba claro que Lana siempre había sido más honesta que ella, mucho más transparente.
Respiró profundo antes de decir nada y apretó el botón de aceptar llamada.
-Hola – su voz sonó algo temblorosa así que cerró los ojos, mientras ponía una mueca de fastidio.
-Hola Jenn – la voz de Lana llegó mucho más segura a sus oídos y a ella la recorrió un temblor más fuerte al oírla – entonces, ¿sí que eres tú?
Jenn sonrió de medio lado todavía nerviosa - ¿aún no te lo creías?
-No y teniendo en cuenta que hemos pasado casi 3 años sin hablar, creo que es lógico mi escepticismo, ¿no?
-Sí, lo es – Jenn pudo sentir a Lana suspirar suavemente.
-Bueno, ¿y cómo es eso de querer retomar el contacto con todos? Aunque, sinceramente, pensé que yo no formaba parte de ese todo tuyo – había un retintín de cinismo en la voz de la actriz.
-Me merezco todo lo que me digas – la rubia se levantó de la cama y caminó por la cocina de su apartamento abriendo la nevera y sirviéndose un vaso de agua, mientras hablaba – sé que yo rompí el contacto entre las dos y que soy yo la que tiene la intención de retomarlo, así que me esforzaré para que dejes de pensar en mi como esa apática con la que trabajabas.
Escuchó a Lana soltar un ruido que no puedo identificar - ¿y en qué quieres convertirte, Jenn?
-En la ex compañera con la que compartir el sushi no es algo tan malo.
-Veo que sigues pensando en comida antes que en cualquier otra cosa – Jenn sonrió sentándose en el sofá al oír las palabras de Lana, abandonando el vaso sobre la mesilla sin beber ni un sorbo -, pero entiendo el concepto – sentenció la morena.
-Y tú sigues entendiéndome más que la media igual que siempre, ¿no?
-Si tú lo dices – por un momento entre las dos reinó una pasiva calma que Lana rompió carraspeando - así que nueva serie, ¿eh?
-Sí, las noticias vuelan por lo que veo – la rubia se acarició el cabello – tengo que ir a grabar mañana algunas secuencias, muy temprano, pero sólo son pruebas previas a la grabación de piloto – dejó caer la mano sobre el reposa brazos acariciando el cuero del sofá – ya sabes cómo funciona.
-Lo sé – Lana hizo una pausa antes de continuar – es tedioso porque no está del todo definido, pero es importante para la pre-producción.
-Ya, bueno, pero no hablemos de mi – pidió Jennifer – cuéntame que tal estas.
-Pues ya sabes, pendiente de tener trabajo, de evento en evento y superando un divorcio – Lana río débilmente – lo mismo que muchos de los mortales, lamentablemente.
-Escuché que te habías divorciado – la rubia se tensó un momento por hablar del tema.
-¿Dónde? – preguntó Lana.
-Me lo dijo Ginnifer la última vez que la vi, espero no te enfades porque me lo contó – Jenn quería dejar claro que su amiga en común no había sido tan indiscreta sin una razón – la verdad es que le pregunté por ti y por Fred, no tuvo otra opción que decírmelo.
-No pasa nada, no es un secreto tampoco – Lana suspiró con evidente cansancio – se me ocurrió comentarlo en una convención porque lo vi lógico, bueno, sólo dije que estaba soltera, pero todos sacaron la conclusión rápidamente.
-¿Creías que se las pasaría algo así? – le preguntó Jennifer.
-Estaba en Holanda, ¿cómo iba a saber que se enteraría todo el mundo tan rápidamente?
-¿Eres Lana o te han cambiado por una versión de ti un poco más ingenua? Este es el mundo de las redes, lo sabían todos antes de que terminarás de decir la palabra "soltera".
Escuchó la risa de Lana por el auricular del teléfono y le pareció particularmente encantadora. No recordaba lo mucho que le gustaba oírla o verla reír. Tenía un efecto de contagio muy particular así que se notó sonriendo de inmediato.
-Tienes razón, fue totalmente una tontería decirlo.
-¿Estuvo muy mal? – Jenn notó como Lana se quedó en silencio expectante así que aclaró – el divorcio quiero decir.
Lana se tomó unos segundos – tan malo como cualquier otro, supongo, las cosas dejaron de funcionar entre nosotros dos y no vimos la razón para seguir intentándolo.
-Lo siento – no sabía por qué se sentía obligada a decir eso, pero lo dijo – lamento que las cosas no hayan salido como esperabas.
-Bueno, por algo será, ¿no?
-Claro, perdona por preguntarte, lo último que quiero es hostigarte con un tema que te moleste en la primera llamada – se volvió a disculpar.
-No te preocupes, Jenn, era lógico que preguntaras, yo lo mencioné en primer lugar – la voz de Lana sonó sosegada – eso sí, los detalles me los guardaré para algún otro momento.
-Vale, lo siento de nuevo.
-Deja de disculparte ya, por favor.
Jennifer iba a decir "Lo siento", pero se mordió la lengua – creo que es inercial, ¿sabes? Igual estoy disculpándome por todas las putadas que te hice en los últimos tiempos en la serie.
-¿Cómo no hablarme o evitarme como una apestada o no querer comer más sushi conmigo?
-Por ejemplo – Jennifer tragó saliva – me fascina que lleves una lista de todas las putadas.
-Quizás porque siempre he estado esperando a que volvieras para cobrármelas una por una – la voz de Lana sonaba divertida y Jennifer sonrió sintiéndose muy relajada de repente.
-Es usted una rencorosa, Señorita Parrilla.
-Tengo fibra latina, ¿qué esperabas? – contestó Lana siguiéndole la corriente.
-Y tu lado italiano, no lo olvides.
-Oh si, ¡Vendetta! – las dos se rieron y fue como si se reencontraran con una sensación que habían dejado atrás, que habían resignado. Una sensación familiar.
Ambas respiraron profundo – aceptaré que me obligues a hacer cualquier cosa si me permites seguir llamándote de vez en cuando – dijo Jenn de repente.
Se hizo una pequeña pausa y luego Lana habló – realmente quieres retomar el contacto.
-Sí, ya te lo había dicho – la actriz rubia se encogió de hombros – pretendo molestarte hasta que me des el sí, quiero – Jennifer se golpeó mentalmente por haber usado esa mal escogida manera de picar a Lana, estaba por disculparse cuando fue interrumpida por la voz de la otra mujer.
-Si piensas proponerte espera a que al menos me haya tomado una copa – le respondió Lana divertida – no creo que pueda darte una respuesta apropiada sin un grado de alcohol en sangre.
-Ok, anoto en mi agenda invisible – Jenn escribió en el aire – emborrachar a Lana antes de proponerme.
-Hablando de eso, ¿tú qué? – le preguntó Lana - ¿sigues siendo un espíritu libre?
-Ya sabes como soy, me interesan las cosas sencillas – Jenn se cuadró de hombros - la comida, un puñado de amigos y el libre albedrío.
-¿Piensas seguir así para siempre?
-¿Piensas que tienes algo mejor para proponerme?
Escuchó la risilla de Lana – oh, ahora intercambiamos lo de la propuesta – dijo - sigue siendo la misma respuesta, sin alcohol no hay trato, Jenn.
-Vale, vale – respondió la rubia – ¿y a ti? ¿Qué te interesa?
-Hoy diría que un buen libro, un poco de tiempo para gastar energía con ejercicio físico, un paseo con Lola – Jennifer se perdió en la voz de Lana que se volvió apacible, tan sosegada que se sintió arrastrada por esa sensación – un puñado de amigos, una buena charla.
-Creo que me gusta tu manera de pensar, Lana.
-Gracias, ya ves que también me interesan las cosas sencillas.
-Sí – Jennifer suspiró haciendo una mueca de tranquilidad - ¿cómo está Lola, por cierto?
-Muy bien – la voz de Lana se mostró mucho más agradada con el tema de conversación todavía – es mi consentida favorita, mi compañera. ¿Ava? – preguntó la morena entonces.
-También muy bien, es mi pequeña consentida – Jenn se acomodó en el sofá estirando los pies en la mesa – me da pena tener que dejarla tanto, ¿sabes? Mi hermana la cuida o mis padres, pero no es lo mismo.
-Lo sé, sé lo que se siente, cuando tengo evento por el país trató de llevar a Lola conmigo – confesó Lana – a veces es una faena, pero no me gusta dejarla sola o, bueno, con otras personas.
-Te entiendo, lo hago también, pero si me toca en Europa no hay manera.
-Sí, lo sé – la morena agregó entonces – es bonito ir a eventos o convenciones, pasar tiempo con los fans, pero siempre hay concesiones para hacer.
-Toda magia conlleva un precio – replicó Jenn.
Lana río como muchas veces desde que la había llamado y Jenn supo que le gustaría oírla reír mucho más – tranquila, Dark One, aunque llevas razón – entonces agregó – por cierto, siempre me pregunta alguien por ti.
-Y a mí por ti, Lana – le aseguró Jennifer – no hay convención en que alguien no me pregunte si estamos peleadas o si hablamos.
-¿Qué dirás ahora? ¿La verdad?
-¿Quieres que se nos echen encima, Lana?
-No, así que mejor sonríe y ya, dejemos esto para nosotras dos.
Jenn asintió al teléfono – estoy de acuerdo, así puedo invitarte a cenar sin que nadie nos persiga.
-¿Piensas invitarme a cenar? – la voz de Lana sonó un poco más aguda de lo normal.
-Por supuesto, ahora que te tengo casi convencida por teléfono, me toca llevarlo al plano real – respondió Jenn.
-Te sientes muy confiada tú, ¿no? – Lana sonreía de manera evidente mientras hablaba.
-Todo lo que me deja mi actual estado de euforia por estar hablando contigo después de tanto tiempo.
-¿Tan importante era para ti? – quiso saber Lana.
-Mucho – contestó Jenn – y que sepas que me esmeraré muchísimo más para cenar contigo cualquier día de estos.
-Veremos cómo lo consigues – Lana río mientras lo decía.
-Daré mi mayor esfuerzo – le aseguró la rubia.
Siguieron hablando y riendo durante casi tres cuartos de hora más. Se despidieron con un buenas noches mutuo cuando ambas bostezaron aparatosamente. Jennifer se dejó caer en la cama con una sonrisa totalmente renovada en el rostro y, contrario a lo que le pasaba al intentar dormir antes de la llamada, cerró los ojos y en dos segundos ya estuvo relajada en el mundo de los sueños.
