Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, esto no es mío, ojalá lo fuera.

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Hyakkoryōran

Por St. Yukiona.

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Invierno: Ren

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—Ren.

También conocido como loto, brota durante el invierno, pero florece hasta finales de la primavera. Se dice que cuando Budah nació en su forma terrenal, dio siete pasos, y de sus huellas nacieron flores ren, su significado está unido a la pureza espiritual.

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Los pasos de la mujer se perdieron, sus tacones dando contra el piso mientras buscaba esconderse de la gente de Konoha. Yuuri suspiró mirando hacia donde ella se ha ido para limpiarse la boca. El beso de la muerte dado por el propio demonio. Muerde su dedo pulgar haciendo varios sellos con la mano, imprimiendo más chakra del normal porque la invocación que estaba haciendo no era cualquier invocación. No eran sus cuervos usuales, no eran Kuroii ni Shiroii. En su lugar aparece Karakuro, el padre de los gemelos, el rey cuervo que lo observa fijamente y la presencia de ese animal le hiela la sangre. Se postra enseguida porque no es cualquier cuervo.

—Necesito su ayuda —dijo Yuuri con la cabeza baja.

—Hmp... —el cuervo graznó moviendo su cabeza—. ¿Qué querría el gran Yuuri Katsuki de mí? ¿qué es eso tan grande que te ves en la necesidad de invocarme, Yuuri?

El moreno alzó su mirada.

—He traicionado a Konoha por su propio bien.

Los ojos rojos del emplumado al que le cuelgan joyas de su cuello y su pico está recubierto de oro le atraviesan, pero al cuervo no le puede mentir, no le debe mentir.

—Yo he cumplido una misión de infiltración, y ahora lo más probable es que me ejecuten o me encierren de por vida —murmuró seriamente.

—¿El pergamino que le diste a Kuroii hace días?

—Son las bitácoras para el hokage, se las he dado a él para que se las entregue personalmente apenas Mila llegue a Konoha... ahora que he visto a los ANBU sé que Mila llegó sana y salva a Konoha y han venido por mí...

—¿Y qué quieres que haga? ¿Me invocaste para que sea tu mensajero? No me hagas reír, Yuuri Katsuki —las alas se batieron amenazando con huir.

—No... es sobre un nuevo contrato.

—Tienes un contrato y es inquebrantable...

Yuuri negó.

—Es para aquel que nacerá de mi semilla...

El cuervo afiló la mirada.

—Ese que nacerá de mi semilla... quiero que tenga un contrato con ustedes... —sus dos manos se recargaron del suelo y su frente se postró en una posición de sumisión total—. Se lo ruego, Karakuro-dono.

—Ese que nacerá de tu semilla... —el cuervo lo sospesó un segundo—. Has sido un buen usuario, uno fuerte, Yuuri Katsuki, y has respetado las normas...

—Gracias, Karakuro-dono.

El cuervo giró su cabeza y graznó.

—Cuando alcance la edad suficiente-

—Cuando pueda manipular de forma adecuada su chakra, ustedes los humanos no crecen todos iguales... y puede que sea un anciano pero si en su interior no posee "la semilla madura", no se hará efectivo el contrario, Yuuri Katsuki —interrumpió el cuervo.

Yuuri se incorporó y estuvo de acuerdo con lo que le dijo el cuervo.

—Personalmente me presentaré ante él... y lo traeré a entrenar a la Yermo de los huesos.

—Gracias, Karakuro-dono —el Yermo de los huesos era donde los cuervos vivían, y sólo se podía llegar por medio de invitación de los cuervos familiares, de caso contrario, era imposible llegar hasta ahí por medios propios. Yuuri se sintió tranquilo y confiaba en que el hijo de Viktor y suyo lograría simpatizar con Karakuro como para ser entrenado por él.

—Se acercan —dijo el cuervo mientras se disponía a volar. El shinobi tomó aire y notó como un shinobi de Vegetales huía. Lo habían descubierto—. Suerte, Yuuri Katsuki, te daré unos segundos —inquirió el enorme animal antes de alzar vuelo y despegar hacia el sentido contrario de donde había corrido Yuuri para perseguir a aquel ninja de Vegetales.

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Cuando la semilla esté madura, y el fruto pueda crecer, la tempestad y el calor harán de él un fruto bueno o uno podrido incapaz de florecer.

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—Cao Bin —el hombre se detuvo girando su mirada hacia el Hokage que estaba detrás de él. Más atrás Mink-So, su asesora que le observaba con la misma seriedad de toda la vida.

—Yakov —responde el hombre de ojos rasgados, que enarca una de sus delgadas cejas, es mucho más bajo que Yakov, quizás una o dos cabezas más pequeño que Yakov que en sus mejores años llegó a medir hasta un metro con ochenta, ahora por la edad ha empezado a encoger su altura, los problemas con su espalda y columna son cosa que ni siquiera el ninjutsu médico son capaces de corregir. Aún así, Yakov sigue imprimiendo una imponente presencia a donde va, todo parece llenarse con sólo él aparecerse, aunque Cao Bin es difícil de impresionar, Yakov y Cao Bin se conocen desde la infancia, fueron compañeros de equipo y ahora entre los dos tomaban las decisiones más complicadas al frente de la aldea, Cao Bin como asesor de defensa y Yakov como el líder. La esposa de Yakov, Maria Nikiforov, fue la tercera integrante de ese equipo, ahora solo Cao y Yakov eran supervivientes.

—¿Dónde estuviste? —pregunta con calma el mayor invitando al otro a caminar rumbo a la sala de junta de guerra.

—Envié a Hajime a que revisara la cantidad de plantas medicinales que hay en los campos protegidos... —responde sin titubear—. Minako ha pedido un inventario detallado, y los médicos no pueden ir a hacer eso por si mismo por la barrera que hemos hecho —explica el hombre andando con calma.

Yakov mira a Cao Bin más serio.

—Hajime-kun debía de cuidar de Ren —azuza Mink-So atreviéndose a interrumpir.

—He ido en lugar de Hajime-kun, necesitaba tomarme un respiro —dice sinceramente Cao y a Yakov le basto.

—Todos necesitamos un respiro, pero los niños necesitan supervisión —inquiere Yakov complacido con que Cao Bin no dejara a Ren solo, pero Mink-So no puede evitar enarcar la ceja. Cao Bin odia a los niños, a los adolescentes, a las mujeres, a los enfermos, a los ancianos. Prácticamente, Cao Bin odia a todos, los ve como amenazas y problemas. ¿Entonces qué hacía con Ren?

—Tu muchacho tiene madera para ser ninja —señala Cao y Yakov sonríe afirmando.

—Sí, sí... Viktor dice que quiere ser Hokage, el pobre no tiene idea —confiesa Yakov antes de pararse frente a la puerta que empuja, dentro está el consejo, Mink-So hace una reverencia quedándose fuera de la junta, en el interior los kunoichis y los ninjas más sobresalientes en su rama. Las puertas fueron cerradas por Cao Bin que observaron fijamente a Mink-So, la mujer lanza una mirada de odio antes de que las puertas queden selladas.

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La explosión es cerca de Viktor y éste logra formar una gruesa pared de hielo que apenas se fragmenta cuando el estruendo detona, aún así lo reciente en sus oídos y su mirada busca desesperadamente el siguiente ataque, y lo venir de frente. Combate cuerpo a cuerpo y Viktor desvía el golpe, patea, gira, juego de manos, de pies. Lanza un par de kunais explosivas hacia sombras que se mueven en la lejanía, y el grito de los herido los alcanza a percibir, se pega a su espalda algo, y se quita el chaleco, el cual explota a dos metros de él.

—Mila —grita Viktor y la mujer le tira un pergamino que Viktor coge en el aire, para liberarlo y activar una lluvia de kunais.

Sin embargo, Viktor es descuidado y no se dio cuenta que pisa una trampa que lo alza por los aires, su pie se enredó en una soga y Viktor trata de cortar el hilo pero alguien le lanza varios shuriken y Viktor se protege con sus propios brazos los puntos vitales. Yuri y Mila saltan para dar cara a los enemigos mientras su capitán se libera. No tiene tiempo de respirar le atacan por detrás.

Le queda muy poco chakra y muy poca energía, exprime tanto como puede sin dejar de moverse, dejar de moverse es igual a quedar muerto. Ahora pelea contra una kunoichi que usa una espada negra, a Viktor le suena de algún lado y recuerda haber visto a esa mujer antes, gime alejándose tanto como puede porque le hace frente con sus shukakus de hielo, sus fieras garras, sin embargo un mal paso hace que el filo de aquella arma le roce el brazo y maldice el albino, girándose con violencia para dar varios pasos y atravesar por el costado a la mujer, a esta la sangre le brota de la boca antes de caer muerta.

Viktor se pega contra un árbol mientras toca su herida y ve la sangre que moja su camisa oscura, maldice nuevamente, y las piernas le flaquean antes de caer de rodillas y después de bruces al piso. Escucha que gritan su nombre. Él no tiene energías para seguir luchando. No tiene ganas. Quiere estar con Yuuri. Caeen un vacío donde la oscuridad la consumía de a poco, nada de aquella batalla tenía sentido si al final iba a haber otra guerra, otra pelea, otro motivo por el cuál pelear. En sus oídos latía su nombre en voz de uno de sus alumnos, quizás Mila, quizás Yuri... quizás Georgi.

Seung-Gil, que los acompañaba había caído horas antes y desconocían su estado pues habían estado en constante batalla y ni siquiera tuvieron tiempo de detenerse a cerciorarse de que estuviera vivo. Siente miseria correrle la sangre e inundarle el cerebro junto con aquella toxina que el filo de la katana tenía, la carne se le contamino.

¿Así se sentía morir? Llenarse de angustia y sentimientos enfermos de impotencia y frustración. ¿Ese era el cruel castigo para las escorias que abandonaban a sus amigos? ¿Qué traicionaban a sus amores? "Lo siento, Yuuri, creo que hasta aquí llegue", piensa entonces. "Lo siento, niños", quiso decirles pero es demasiado tarde.

"¿Ahora por qué estás enojado?"Viktor sonríe, ese es Yuuri mirándolo con sus hermosos ojos avellana, dejando de doblar la yukata sobre el tatami para acercarse a él. "¿No piensas abrir la boca?" Qué estúpido había sido Viktor al pensar que siempre tendría todo eso para él. "No... creo que no...".Yuuri acercándose a él, Yuuri presionando sus labios torpemente contra los suyos, Yuuri retirándole los cabellos blancos del rostro para mirarlo de frente. "¿Ni siquiera así?".Yuuri sonriendo para él, sólo para él. El mundo había tenido significado entonces, y ahora...

"Papá... ¿No te vas a levantar?"Las manitas pequeñas y regordetas de Umi y el peso muerto de Ren acostándose sobre él. "Papá..."

Así como la conciencia se le fue, regresa.

Sus ojos se cegaron de primer momento justo en que los abre, empujando ese estado deplorable en que la toxina lo tiene, lucha contra la naturaleza para no morir. Gira antes que la katana de un nuevo enemigo le rompa el cráneo, saca rápido las tres últimas shuriken que le quedaban en su bolsillo para ganarse tiempo mientras el espadachín las elude con su arma, Viktor se incorpora y tiene que saltar hacia atrás varias veces, está mareado y el cuerpo no le reacciona, pero la ventaja es que no siente dolor de heridas, solo el estupor general, un trance como si estuviera drogado, agita su mano haciendo varios sellos con ellas para volver a crear unas garras, las cuales impregna con las últimas gotas de chakra en un abrir de cerrar de ojos al mismo tiempo que corre hacia el espadachín para hacerle frente.

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—Existen tres tipos de sellados —explica Cao Bin.

Es sexto día del castigo de Ren. Hajime es quien supuestamente debe de supervisar al menor, sin embargo, por algún motivo siempre tiene encargos que hacer por parte de Cao Bin-sama. Eran tareas complicadas pero no peligrosas, el chico no le encontró nada particularmente extraño que decidiera hacerse cargo de Ren ese tiempo que llevaba acabo las misiones. Quizás Hajime era demasiado inocente, o simplemente prefería no especular, porque con Cao Bin nunca se sabía nada.

—Las restricciones, los bloqueos y los rango S —dice Cao Bin.

No están en la casa Nikiforov, están en un campo entrenamiento que usualmente nadie utiliza, solo algunos ANBU pero por ordenes del Hokage, en Konoha no hay fuerza ANBU como tal, sólo un par de ellos que protegen la bóveda de la aldea junto con objetos de suma importancia y valor shinobi: pergaminos prohibidos, llaves de sellados, bitácoras y records de criminales, junto con los expedientes personales de todos los shinobis que hay y hubieron en la aldea, así como los registros de misiones pasadas y sus resultados. Alto valor en esas cámaras.

En medio del campo hay tres conejos que comen pasto y Ren los observa flexionado. Les acaricia la cabeza, desde siempre le han gustado los animales, las plantas y las nubes. No le gusta mucho el frío porque mata las plantas y los animales deben de huir, pero le gusta la lluvia porque le moja la cara y le hace cosquilla en la piel. Alza su mirada azul al hombre que le observa con seriedad.

—Restricción, bloqueo y los de seguridad... ¿cierto? ¿A eso se refiere con "rango s"? —pregunta Ren y Cao Bin entreabre sus labios, pero afirma complacido.

—¿Cómo sabes eso?

—Lo leí en un libro de papá —cuenta el niño y acaricia la cabeza de uno de los conejos que no huyen porque los animales también se sienten cómodos con Ren.

—¿Y los has visto alguna vez? ¿los has presenciado, Ren?

El niño niega lentamente mirando a Cao Bin sin dejar de acariciar esa cabeza pequeña y peluda, le gustan sus orejitas que se alzan. Es como si los animales sintieran el peligro. Y Cao Bin no pierde el tiempo, hace un par de sellos y estampa su mano contra el suelo, líneas negras que parecen leyendas escritas a manos se extienden desde la palma del hombre para reptar por el cuerpo del conejo impidiéndole la movilidad, el conejo no puede mover porque esas manchas negras le cubren todo el cuerpo, Ren retira la mano observando sorprendido.

—Restricción —anuncia Cao Bin. Vuelve a agitar sus manos haciendo jutsus manuales de forma tan rápida que Ren se marea. Muerde su dedo y la sangre gotea en el piso, el camino de la sangre de su dedo al suelo es lenta, pero una vez ésta toca la superficie, ésta recorre con velocidad el camino hasta el segundo conejo que queda atrapado de pronto en un circulo de luz que le impide moverse fuera de ese límite. La luz funge como paredes y Ren intenta tocar pero siente el calor que emite y sabe que es peligroso.

—Obstrucción.

Para el último, Cao Bin mira fijamente a Ren y el niño entre abre sus labios viendo como el hombre saca un pergamino para desenvolverlo, tirándolo hacia arriba, hace varios sellos manuales y antes de que el pergamino caiga al suelo, el hombre señala al niño y el scroll se dirige hacia el menor pero cambia de dirección directo al último conejo que ha intentado a huir, pero antes de caer tras su último salto buscando escapar, queda enrollado por una especie de venda y el conejo se vuelve un bulto incapaz de moverse en el suelo.

—Seguridad.

Ren agitado mira al conejo, después a los otros dos.

—¿Está... muerto? —pregunta Ren asustado, no puede negarlo, está asustado y mira el bulto que es aquel bonito conejo en el piso, lo toca y se siente solo la dureza del cuerpo, no hay calor, no hay movimiento, no percibe latidos.

—Está sellado... no está muerto, pero no está vivo... está "congelado" —infiere el hombre acomodándose su chaleco ninja.

Ren parpadea y carga al conejo mientras lo abraza.

—¿Pue-puedes liberarlo? —se lo entrega en las manos a Cao Bin y enarca la ceja. El hombre coma al conejo, deja sus dedos frente a su rostro.

—Liberar... —el pergamino, la barrera de luz cede y las manchas en el cuerpo del otro conejo desaparecen. Los tres animales quedan libres y huyen. Cao Bin mira a Ren que los observa irse.

—¿Quieres aprender a hacer eso, Ren?

El niño alza la cabeza rápidamente hacia el adulto que le extiende una kunai, el niño la coge entre sus manos y la observa esperando instrucciones obedientemente.

—Tráeme las orejas de esos conejos... y te enseñaré a hacerlo —le pide.

El día anterior Cao Bin le mostró como caminar sobre el agua usando su chakra, y el anterior como escalar árboles usando su chakra, pero a cambio le pidió que le quitara la piel a la ardilla que el día anterior había tenido que cazar como pago a enseñarle sobre los tipos de chakra. El anterior a ese le mostró los ejercicios básicos para correr más rápido y como usar las bombas de humo.

Cao Bin se relame los labios cuando el niño corre siguiendo el rastro de los conejos. El Hokage se equivoca, Ren no es ni como Viktor ni como Yuuri, le recuerda a otra persona, a otra persona que han querido borrar de la historia de esos gemelos, pero que él recuerda perfectamente.

Al terminar ese día Cao Bin y Ren caminan en silencio. El niño ha quedado más silencioso y taciturno que de costumbre, Cao notó el llanto sofocado en los ojos enrojecidos del menor, y su cuerpo temblar como una luna reflejada en el mar, le llevó las orejas de los conejos como solicitó y Cao le mostró como hacer sellados de restricción, que eran los más sencillos.

—No podré entrenarte más —dice convencido el mayor.

—¿Qué? —Ren gira su mirada al mayor.

—No puede ser mi discípulo alguien tan débil, Ren —declara Cao deteniendo su andar—. No puedes llorar por quitarle la vida a un conejo, un simple conejo, además te pedí que le cortaras las orejas, no que los asesinaras.

—Pero iban a sufrir... estaban sufriendo —arremete el niño y muerde sus labios.

—Sí, estaban sufriendo pero es un recordatorio para que te esfuerces más en aprender los jutsus... sin embargo un shinobi no encuentra la gloria ni la fuerza en lamentaciones absurdas... pensé que eras diferente Ren, pero veo que no es así —el adulto gira su mirada con cierta indignación impresa en sus serias expresiones para después desaparecer de un suspiro.

Ren observa en silencio el vacío que dejó su sensei y quiere llorar nuevamente pero se niega hacerlo, restriega sus ojos para correr a casa. Phichit está a punto de llegar junto con Umi, no quiere meterse en problemas así que apresura su paso.

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—¿Qué hiciste en el día, Ren-chan? —pregunta Phichit cuando ve los cuadernos del niño en blanco, no ha hecho las actividades que le ha dejado hacer para esos días.

Ren taciturno mira el exterior, la nieve cae, no puede borrar de su cabeza la nieve acumulada en aquel bosque manchada de sangre. Mira de reojo a su hermano que se recarga de él también para ver la nieve caer.

—Estuve entrenando —infiere el niño con tranquilidad.

—Entrenando —dice Phichit y se pregunta si Hajime ha estado entrenando con Ren, le preocupa que el niño pase mucho tiempo solo, pero es inevitable son dos semanas y sonríe acercándose a los gemelos. Los abraza por la espalda recargando su rostro entre los rostros de los niños que sonríen para ver a su sensei—. Vale, vale... ¿Qué tal si cenamos fuera? Hoy hace buena noche —comenta—. Podemos abrigarnos bien e ir por algo de katsudon.

Los gemelos parecen que algo en su interior hacen cortocircuito pues saltan al mismo tiempo en sincronía y con la sonrisa estampada en su rostro infantil.

—¡Katsudon! —gimen mientras que corren por sus abrigos, bufandas y gorros.

Ren usa un gorro morado, y Umi uno azul. Se ayudan uno al otro para abirgarse y Phichit hace lo propio mientras que los espera con paciencia, ajusta la bufanda de cada uno para después salir halando una sombrilla que los cubrirá a los tres.

—¿No estás emocionado, Ren-chan? Ya podrás regresar a la escuela en una semana —dice Phichit.

El aludido mira a su hermano que le observa quietamente apretando su mano en la suya, y Ren afirma silencioso. Se da por bien servido Phichit pero empieza a explicarle que no debe hacer travesuras que debe de portarse bien para que cuando Viktor regrese no se preocupe.

Aunque caminan por la villa y la gente parece no notarlos, Umi parece más persepcible a ello, Ren solo le sostiene la mano mirando al frente. Sin embargo el mayor de los dos se detiene de lleno y Umi es halado a su lado. Phichit también se detiene, está viendo lo mismo que los gemelos están viendo, y contienen el aliento los tres un segundo. La señora Nikiforova, la abuela de Viktor y bisabuela de los gemelos, está frente a ellos, al parecer a ella también le ha parecido muy linda la noche nevada como para salir a comer algo, y los niños se remueven. Umi no puede evitar ocultarse disimuladamente detrás de su hermano que le oculta parcialmente.

—Chulanont-sensei —saluda con elegancia la mujer en una suave reverencia de cabeza, los hombres que acompañan a la mujer, shinobis de bajo nivel también saludan al sensei.

—Señora Nikiforova —regresa el saludo.

La mujer, a pesar de su edad, no demuestra estragos visibles en edad, el rostro ligeramente arrugado y el gesto autoritario es lo que más destacas, seguido de su cabello largo y cano y los espectaculares ojos azules, bastante similares a los de Ren que son más grises que los de Umi. Posee hermosos rasgos que advierten lo bella que fue durante su juventud. Sus ojos enseguida bajan a su nieto que parece ansioso.

—Umi —lo llama y el aludido brinca tenso—. ¿No planeas saludar a tu bisabuela? —cuestiona y el menor hace una leve reverencia. Ignora a Ren y Ren agradece que así sea.

—Con permiso, Nikiforova-sama —inquiere Phichit apurando a los niños que se apresuran a caminar.

—Chulanont-sensei —llama la mujer sin moverse.

—¿Sí? —se gira el hombre amablemente con una sonrisa.

—Cuando veas a mi nieto, dile que necesito hablar con él... —sus ojos se posan en Umi que se encoge otra vez y se adelanta tirando de la mano de su hermano Ren lo sigue sin preguntar.

El moreno observa de reojo a los niños y asiente con una sonrisa apresurándose a alcanzarlos. La mujer no es shinobi pero su esposo si lo fue, y sus dos hijos: La madre de Viktor y el tío del mismo, ahora la única superviviente del clan Nikiforov, al menos la rama directa, es ella. Y es triste, pero ni siquiera por su penosa situación doblega su duro e inflexible carácter.

—Tranquilos... no pasara nada malo —dice el moreno cuando alcanza a los dos niños que silenciosos afirman y aferran sus manos, ya casi llegan al local de Katsudon.

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La semana inicia con tranquilidad. Han pasado dos días desde que Cao Bin le dijo a Ren que no lo entrenaría, y no ha visto al hombre ni por asomo en la aldea, pero sabe donde puede encontrarlo, ha reflexionado bastante sobre su "debilidad" y las palabras de Cao, suena justo recordar el dolor de la muerte de esos conejitos a cambio de volverse más fuerte, es como cuando aprendes taijutsu y los moretones en tu cuerpo quedan como recordatorio de que te estás haciendo más poderoso.

El sábado y el domingo Ren y Umi jugaron casi todo el día, y Ren hizo la tarea de la semana en una hora. Phichit la revisa con ojo crítico, y no encuentra errores, pedirle a Hokage que ascienda más grados a Ren sería lo ideal, pero una cosa es la inteligencia y otra la madurez emocional, y Ren es inmaduro emocionalmente como para poder mezclarse con adolescentes que son inestables. Lo que más le preocupa a la vez que le sorprende al moreno es que Ren parece ser autodidacta, consume las cosas con la misma rapidez con la que una esponja absorbe. Se debe ser cuidadoso porque las cosas que aprende las asimila según se le vaya dirigiendo y cualquiera podría contaminar su espíritu.

—Vamos a cortarles el cabello —dijo el domingo Phichit. Umi es el primero en ir, el corte de toda la vida mientras sonríe feliz agitando los pies en la silla.

Ren observaba nuevamente la fotografía de Yuuri, mientras sus manos se movían lentamente tratando de recordar la posición de manos para el sello de obstrucción, sin embargo, se detiene cuando escucha que su hermano salta hacia las escaleras para bañarse y quitarse los cabellos que le pican en el cuerpo.

—Ren... —llamó Phichit y el niño asiste al llamado.

—Quiero llevarlo largo —respondió seriamente y Phichit ladeó el rostro.

—¿Seguro?

Ren afirmó. Lo dejó ir también a bañarse, el moreno respetaba la decisión del niño, pues no era berrinche ni mucho menos rabieta, era una decisión, quizás los gemelos ya querían empezar a hacer la distinción entre uno y otro. Debía ser complicado tener a alguien parecido a ti, como un clon de sombras que nunca desaparecía.

Nuevamente el lunes, Ren despide Phichit y a Umi en la puerta, como lleva el fleco un poco más largo de lo usual, Phichit le regaló una horquilla para sostenerse los cabellos que le obstruyen la visión y el niño lo agradeció brindándole muchos besos y abrazos, sin importar que tan maduro o listo fuera en apariencia, Ren seguía siendo un niño sumamente dulce.

Cuando Phichit y Umi desaparecen, él también lo hace, sube corriendo por su ropa, sus accesorios y un pergamino donde ha hecho anotaciones en la noche cuando Umi duerme. Ren aprovecha que aún no hay tanta gente en las calles, y sale por la parte trasera del patio, al escapar ningún vecino lo nota porque Ren ha empezado a practicar la técnica de jutsu cuerpo parpadeante, es nivel genin y es avanzado para su edad pero Ren ya es capaz de hacerlo porque a Cao Bin se lo enseñó.

A Umi le ha dado por regresar a casa hasta la tarde cuando Phichit termina su papeleo, no es porque espere al hombre que los cuida, Umi prefiere quedarse hasta tarde porque ha hecho amistad con Serik, la hermanita de Otabek-sensei que también estudia con ellos en segundo grado, ambos juegan, Umi es muy tímido así que a Ren le da gusto que su gemelo se relacione con otras personas, de igual forma le da oportunidad de entrenar, con Umi no le permiten entrenar porque Umi es peligroso aún al no saber conducir y controlar su kekkei genkai.

El jutsu de cuerpo parpadeante permite al usuario mueva el cuerpo a altas velocidades permitiéndole ir a cortas o a largas distancias a una aceleración casi imposible de ver, él puede utilizarlo como para escapar por el techo de su casa sin ser visto por los vecinos porque estos siempre están dispuestos a contarle a Phichit si el niño sale o no. Esa segunda semana Cao Bin no se aparece por su casa, pero... Ren lo va a buscar, y lo encuentra fácilmente en una casa de té que está cercana al lugar donde suelen entrenar.

—Nikiforov —finge sorpresa Cao dando un sorbo a su bebida—. ¿Qué haces aquí?

—No voy a llorar... enséñame a sellar —inquiere el niño.

Cao Bin ladea el rostro.

—Te enseñaré con dos condición, Ren.

El niño escucha atentamente.

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Viktor sonríe a su escuadrón, es el más fuerte del frente. Mila se encarga de las heridas que ha ido acumulando el shinobi. Más allá Sara y Yuri se encargan de atender a Chris. Se supone que eran los refuerzos en ese punto de control, pero la verdad es que el punto de control ya estaba tomado. Su intervención fue de ayuda, para el país, pero no para sus compañeros que estuvieron ahí antes que ellos. Había varias tumbas que habían escarbado.

—¿Sellaron todos los cuerpos? —Chris y Sara afirman.

—Lo hicimos —Sara le entrega las llaves a Viktor que las toma con cuidado para guardarlas. El hombro que fue dislocado y ahora acomodado le está pasando factura, y se queja en un gruñido mientras que lo mueve para hacer pasar el dolor.

—Yuri, Mila... —los llama. Ambos chicos se acercan hasta su capitán—. Se harán responsable de resguardar de ahora en más las llaves de los sellos —dice el capitán y ambos afirman con un "Sí, señor". Viktor les entrega el pergamino con las claves para romper el sello—. Recuerden que apenas regresemos le tenemos que entregar la bitácora con la ubicación de los cadáveres y las llaves respectivas a Cao Bin —vuelven a responder con un "Sí, señor". Y Viktor queda satisfecho.

Disponen los turnos para descansar, llegaran refuerzos desde el país de la Nieve en dos o tres días, y ellos podrán volver a Konoha. Y Viktor piensa, justamente en eso, se encuentran muy cerca del país de la Nieve, está bastante cerca de donde Yuuri duerme. Mira a su gente y después hacia el horizonte. Le encantaría poder ir, sólo ver que siga ahí, asegurarse, sentirse un poquito más cerca de él pero comprende que el sacrificio de Yuuri fue para mantener fuerte y en paz a Konoha, sin embargo, no han logrado preservar eso por lo que Yuuri luchó. Espera un día, cuando despierte Yuuri, todo se encuentre en tranquilidad y ambos puedan vivir sus días juntos sin tener que estar luchando.

—¿Quieres comer? —pregunta Sara acercándose con un cuenco improvisado de comida, Viktor se gira y sonríe.

—Comida casera de guerra, maravilloso, mi favorita —responde burlón y la chica ríe mientras le entrega la comida.

Viktor la acepta y empieza a comer, mira a la mujer y después hacia donde había estado antes.

—¿Aún sigues pensando en Yuuri-taichou?

—Sí —no titubea ni piensa la respuesta, no le da temor a que la gente lo señale, siempre ha sido de esa manera. Siempre será así.

—Umi y Ren están creciendo... y esta guerra se sigue alargando, Viktor...

El hombre mira de reojo a la mujer y suspira.

—Sara... no me gustan las mujeres.

—No te estoy pidiendo que nos acostemos, Viktor, mucho menos que tengamos hijos... yo no podría darte hijos —explica con tranquilidad en voz baja. No es un tema del que deban hablar en plena guardia pero si no es ahora probablemente no se pueda jamás—. Sólo que ambos estamos en una gran desventaja y esas desventajas... las podemos usar a nuestro favor —la mano de Sara se posa en el brazo de Viktor que observa la frágil mano que puede sostener un arma con firmeza como cualquier otro shinobi. Después suspira.

—Sólo... ¿podemos hablarlo cuando estemos en la aldea?

Ella afirma, y sonríe con debilidad, es lo más que ha logrado en todo ese tiempo. Lo más que ha avanzado desde hace cinco años que Viktor ha quedado como material disponible. Es cierto que es una excelente kunoichi, pero también tiene una casa a la cual debe dar herederos, y probablemente ella no pueda brindar hijos pero Viktor tiene dos, dos pequeños que no tienen una madre.

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El lunes vuelve a llegar y Ren se remueve con total aburrimiento por los pasillos del colegio ninja, sus compañeros parecen bastante entrañables con Umi que se muestra menos tímido, y es obvio, pasó dos semanas lejos de su hermano y se las tuvo que apañar por sí solo, pero contrario a lo que se creería... se adaptó bastante bien. A Ren no le importa, ni siquiera cuando Umi va a jugar invitado por los niños en la hora del receso. Él prefiere quedarse en el salón, comer su bento, y repasar lo que han estado viendo. El timbre suena y de a poco el aula se llena de alumnos otra vez.

Los niños que antes los molestaban ahora van muy de amigos con Umi, a Ren lo ignoran sin embargo es el profesor de ninjutsu el que entra y su semblante se vuelve tenso casi al instante cuando su mirada se cruza con la de Ren.

Por dios, es un niño de seis años. ¿Cuál es el problema si es tan solo un niño? Aclara su garganta, Phichit le ha pedido que si hay algún problema enseguida vaya con él, él se hará cargo. Aspira fuerte y sonríe para entrar.

Ren va amenazado por su abuelo, por Celestino-sensei, por Phichit-sensei y por Umi, así que la clase avanza tranquilamente, hablan sobre los tipos de chakra, pero eos ya lo sabe Ren así que solo pierde sus pensamientos en algún punto lejos de la clase hasta que llega el momento de hacer practica. Ren sale junto con su hermano y los amigos de éste, uno de ellos, Tsubaki, lo empuja "sin querer", es al mismo que casi apuñala hace un mes más o menos. Pero Ren pasa por alto la evidente agresión, sigue andando hasta la arena de entrenamiento. Deben de trabajar en binas.

El destino debe de odiarlo mucho, o debe tener muy mala suerte, o ha de ser algún tipo de "ejercicio" de confianza para que su amistad con Tsubaki surja porque le ha tocado él para el ejercicio.

Es lanzamiento de estrellas ninjas.

Deben lanzarse estrellas y repelerlas con una kunai, secuencia de tres, y después cambian, es peligroso pero deben aprender en algún momento y de niños están más despiertos, más atentos. Ha habido accidentes en otras ocasiones, pero nada grave que lamentar más que cicatrices y uno que otro lloriqueo, nada grave. Aún no ven puntos vitales así que sensei no se preocupa en lo más mínimo.

Pero sensei se relaja demasiado pronto.

Ren lanza primero y Tsubaki las logra evadir, es el turno de Tsubaki y Ren las evade con bastante más facilidad, ni siquiera se mueve de su sitio, se turnan mirándose con resentimiento.

—Eres muy bueno, Copia-kun.

Ren no le responde y lanza sus shurikien.

—Te estoy hablando, Copia-kun.

Ren sigue ignorándolo.

—Con un demonio, ¿te crees mucho? —no grita, lo dice en voz baja para no llamar la atención de sensei, y lanza sus tres shuriken, Ren las esquina pero no advierte una cuarta que lanza después, ésta se le encaja en el brazo al menor y Ren deja caer la kunai, quiere llorar del dolor y alza mirada.

Tsubaki juega con una quinta estrella.

—Eso fue por casi asesinarme, Copia-kun... y esta es para que aprendas a no molestarme.

—¡Tsubaki! —grita el sensei, pero llega demasiado tarde cuando Ren ha hecho los sellos y une sus manos dejándolas caer al piso, donde se emite una luz cerúlea que recorre rápido el suelo hasta Tsubaki dejándolo inmóvil. Manchas negras le recorren el cuerpo y la estrella que estuvo a punto de lanzar caer al piso, pero Tsubaki, no se mueve.

Sensei y el resto de los estudiantes están en silencio, estáticos, y los ojos nerviosos del maestro se fijan en Ren.

—Salgan... ¡Salgan! —ordena el maestro—. Umi, ve por Phichit ¡Rápido! —ordena y el profesor saca una kunai—. No te muevas, Nikiforov —señala atento a los movimientos del niño que asustado se incorpora pero se queda clavado en su lugar porque sensei lo amenaza y aprieta sus labios asustado.

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Los ojos de Hokage se fijan en la ventana de su oficina, Mink-So y Cao Bin se encuentran revisando los reportes del frente. Nota como una parvada de cuervos de pronto ha aparecido sobrevolando la ciudad. Frunce ligeramente el ceño.

—Leroy —un ANBU aparece en medio de su oficina. Hincado frente a Hokage. Mink-So y Cao Bin observan confundidos al líder—. Aumenta la seguridad en las puertas principales, y revisa los refugios para pobladores...

—Sí, señor —el ANBU vuelve a desaparecer en un pestañeo.

—¿Revisar los refugios? —pregunta Cao Bin—. ¿Esperas una invasión, Yakov?

—Nunca está de más asegurarnos... nunca está de más, querido amigo.

Cao Bin frunce el ceño y sigue con su trabajo.

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Phichit también se da cuenta que en el nublado cielo hay una parvada de cuervos, pero le resta importancia y decide seguir impartiendo sus clases, hasta que la puerta se abre de forma apresurada.

—¡Debe venir! —grita Umi asustado, sollozando y todos los alumnos se conmocionan, Phichit corre hacia donde le dice su sobrino, y al entrar no entiende lo que pasa: Está Tenshi Tsubaki petrificado en un jutsu de sellado, Okamura-sensei apuntando a Ren con una kunai y dos profesores más.

—¿Qué...

—Ren ha restringido a Tsubaki —explica el profesor y Ren mira a Phichit asustado, corre hacia él y los senseis están a punto de actuar porque temen lo que pueda hacer, pues todos recuerdan el pequeño desastre que hizo Umi cuando activó su kekkei genkai, y no quieren que nadie salga herido, Phichit está dispuesto a actuar para defender a su pequeño sobrino pero un graznido resuena en la arena de la academia y en una nube de humo Karakuro aparece junto con un grupo de cuervos mucho más pequeños, de un tamaño convencional a su alrededor. El pico del rey cuervo bordeado en oro, las joyas colgando de su cuello, y sus plumas negras y brillantes deslumbran a los presentes. Sus garras decoradas con gemas preciosas se aferran los brazos del niño que gime aterrado, antes de ser lanzado al aire para caer sobre el lomo de la bestia que emprende el vuelo nuevamente, los cuervos más pequeños también vuelan alborotados alrededor de su rey y Ren se aferra ocultando su rostro asustado entre el plumaje negro de donde se aferra.

Los cuervos que han poblado el cielo de la arena en una escena negra como la noche misma y surreal como las estrellas fugaces hacen un infernal sonido que obliga a los shinobis a taparse los oídos, la espiral de su vuelo se transforma en un torbellino hasta que desaparecen en un vórtice que los consume.

—¡Ren! —grita Phichit asustado dándose cuenta que del hijo del ninja más temible de Konoha, no hay rastro.

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—Señor... —aparece Leroy.

Cao Bin que estaba a punto de dar bocado a su ramen al igual que Yakov alzaron la mirada al ANBU.

—Karakuro, el rey cuervo estuvo aquí. No logramos detenerlo.

—¿Karakuro? ¿Quién lo invocó? —exige saber Cao Bin.

Los dos ancianos se observan mientras Leroy guarda silencio buscando la forma de decirlo. Y lo que a los hombres les cruza por la cabeza es el peor de los escenarios, pues sólo hay tres personas capaces de invocar a Karakura, una de ellas estaba muerta, otro al frente de batalla y el último... el último estaba sellado.

—No sabemos quién lo invocó —responde Leroy.

—Envía a revisar el estado de Yuuri Katsuki —ordena de inmediato. Cao Bin se incorpora de golpe mientras que hace su propia invocación, y un perro aparece en una nube de humo.

—Busca a Karakuro —dice Cao de forma autoritaria, y el perro que ha aparecido olisquea el aire.

—Sí, señor —responde desapareciendo de inmediato.

—¿Sucede algo más? —murmura Yakov al ver que Leroy no se ha ido ya rumbo al país de la Nieve para asegurarse de que Yuuri Katsuki siga sellado, el hombre traga saliva detrás de su máscara.

—Ha... Se ha llevado a Ren consigo... —Tanto Cao Bin como Yakov sufrieron de pronto el mismo efecto, su rostro perplejo sin comprender la situación misma—...después de que Ren restringiera a uno de sus compañeros con un jutsu de sellado, señor.

Cao Bin no finge la sorpresa, la siente auténtica, la siente de verdad, una cosa era sellas animales pequeños como han estado entrenando, pero... ¿restringir a una persona? Mira a Yakov y después al ANBU.

—¿Ren? —susurra Yakov.

—Es prioridad encontrar a Ren, y resolver de inmediato el estatus de Yuuri.

—Yo iré —anuncia Cao Bin—. Que los ANBU se encarguen de Ren —ordena.

Yakov afirma.

—¡Mink-So! —llama Yakov y la mujer aparece—. Que venga el encriptador, de inmediato, necesitamos enviar un mensaje al frente —dice. Y aunque no quiere... debe de notificarle a Viktor que su hijo ha desaparecido.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.

(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).