N/A: helou, gubai. ¡Espero les guste!


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Capítulo 22.

Admitir y aceptar no es lo mismo

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Por su rostro cruzó confusión y arrepentimiento.

—¡Está bien! —Lucy no quería verle de esa manera. Estaba bien si no lo recordaba, no quería aturdirlo con cosas que tal vez sólo habían sucedido por el alcohol en sus venas, incluso si lo recordaba y quería ignorar el hecho, ella lo aceptaría porque cualquier cosa que él quisiera, la haría—. No pasó nada.

Se soltó de su agarre y rebuscó nuevamente en su closet el gel para quemaduras. Cuando lo encontró, Natsu todavía no le quitaba los ojos inquisitivos de encima.

—Toma— le entregó el bote de plástico—, es para el ardor. Esperaré afuera.

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Se escabulló a su habitación en cuanto tuvo la oportunidad; huyendo de su compañera en completo silencio hasta que entró en su habitación y cerró la puerta discretamente; todavía cargaba su ropa entre sus manos, cuestionándose sobre cómo había terminado de esa manera. Cuando notó que su camiseta y su abrigo estaban tirados por el suelo, su intuición le hizo una muy mala broma.

¿Y qué si había estado…con ella? Lucy no lo haría. Ella no quería tener nada que ver con él en ese sentido, ¿pero por qué la amabilidad y el hablarle de nuevo con familiaridad como si las últimas semanas no hubiesen sido un maldito infierno?

Recordaba imágenes de la noche anterior. Recordaba a Gajeel riéndose, la calle helada, todos los brindis con whiskey, tequila y vodka…diablos, si le quedaban tres neuronas después de tanto alcohol, estaría sorprendido. Su cabeza seguía palpitando cuando buscó ropa nueva en su clóset, nuevos jeans, una camiseta verde, bóxers limpios y el par de botas pesadas debajo de su cama.

Tenía que hablar con Gajeel antes de hacer alguna tontería, quería saber cómo demonios había terminado con el nombre de Lucy sobre su pecho.

Su teléfono le mostró un mensaje de su amiga detective, Erza. Al parecer trabajaban por ahora en trabajo de oficina, genial. Escuchó a Lucy bañarse y decidió salir por unos segundos para buscar comida; Happy corrió hacia él y ronroneó mientras se acariciaba contra sus piernas.

—También te extraño amiguito—sacó rápidamente un bote de agua y un poco de comida fría, asegurándose que la puerta del baño siguiera cerrada. Cuando giró hacia la mesa de grafito, tuvo que pestañear varias veces.

¿Había soñado nuevamente con Lucy?

Tenía un vago recuerdo de haberse caído de ahí, de una sonrisa, de unos labios.

La puerta del baño se abrió y Lucy salió secando su cabello y enrollada en una toalla rosa; cruzó hacia su habitación sin mirar en su dirección y él aprovechó para pasar de regreso a la suya sin alertarla de su presencia.

Mientras caminaba, otro recuerdo de ir tambaleándose por el pasillo se hizo presente.

Sólo sentía que su cabeza explotaría más, lo dejó por la paz devorando su comida sobre su cama y mirando las fotos en su teléfono. Gajeel aparecía en una con la camiseta hacia arriba, el tatuador estaba concentrado en su trabajo y una mano, que solo podía ser la de él, tenía un dedo pulgar arriba.

Rodó los ojos. Había otra donde salía con un libro de tatuajes en las piernas.

Las ultimas solo eran un flash borroso de tinta negra, piel y algo más; le envió un mensaje a Gajeel antes de correr hacia el baño para darse una buena ducha.

Vibró solo una vez y contestó aun con los boxers puestos—, hey, ¿cómo vas con eso?

—¿Recuerdas que pasó anoche?

Gruñó del otro lado de la línea.

—Recuerdo algunas cosas, pero no recuerdo como llegue a casa de Levy ni nada de lo que pasó después, ¿por qué? —hubo una pausa—, mierda, no me digas que lo hiciste.

—¿Qué cosa?

—¿Te tiraste a la conejita?

—¿Qué? —hizo una cara de disgusto, no por Lucy, más bien por como lo había mencionado, como si tener sexo con su mejor amiga fuese algo que no le alterara los nervios o que de solo pensarlo le hiciese sentir todas esas explosiones en su cabeza—, ¡no! ¿de qué estás hablando?

—Bueno, creo que dijiste que irías a rogarle algo, supuse que a eso te referías.

—¿Qué?

—Necesitas dormir, así tal vez recuerdes algunas cosas— le colgó. Maldito imbécil, solo lo había dejado más confundido, ¿le había dicho que iba a rogarle? Se metió a la ducha y dejó que el agua fría se colara por entre su cabello y cuando por fin levantó su cabeza, pudo pensar con más claridad.

Ni la encimera, ni el pasillo había sido un sueño. Se habían besado, estaba seguro; la pregunta real era si ella había dejado que la besase o él se había propasado con ella; por la actitud de su amiga se inclinaba más por la primera, pero luego estaba su ropa tirada por su habitación. De eso sí que no lograba ubicar mucho, más que…pero no podía ser real. Recordaba a Lucy insistiendo, besándole colocando ambas manos en sus mejillas.

Se cambió por fin a ropas limpias e intentó secar lo más que pudo su cabello, asomó su cabeza hacia la habitación de su amiga, listo para enfrentarse a sus consecuencias. Ella era la única que podía decirle que estaba sucediendo y que exactamente había pasado el día anterior.

Vacía.

Cocina vacía.

Sala vacía.

Tal vez no era el único que estaba huyendo. Rascó la parte de atrás de su cabeza, pensando en salir a buscarla pero no tenía idea de a dónde podría haber ido…hasta que escuchó esnifar a alguien en el sofá y cuando se asomó por encima del borde, se encontró con la muchacha recostada, mostrándole la espalda y acariciando las orejas de Happy, ensimismada y con la mirada perdida en el infinito.

Un halo rojo rodeaba sus ojos.

Se sintió culpable de hacerla llorar de nuevo.

—Lucy —la muchacha se tensó pero no se movió de su lugar. Él dejó caer las manos en el respaldo del sofá, dando un paso más y teniendo una mejor vista de la rubia, la cual dejó de jugar con Happy y lo miró de soslayo, esperando por sus palabras. Natsu quería preguntarle qué había sucedido el día anterior, quería saber cómo había terminado en su cama y si algo más había pasado, pero en lugar de formular las preguntas correctas, algo más salió de entre sus labios—: ¿Sientes algo por mí?

Si se hubiese estado mirando en ese momento, se habría dado a sí mismo una mirada incrédula, sorprendida y atónita. Lucy pestañeó, mirándolo sorprendida y permanecieron en silencio por unos minutos completos, hasta que se sentó de golpe, haciendo que Happy saltara de su lugar.

—N-No es lo que quería preguntar— se excusó él, queriendo golpearse. Le había dicho que no la molestaría más con sus sentimientos y al menos quería respetar esa promesa, buscó algo que decirle, cualquier cosa que lo salvara de ese embrollo en el que se había metido solo.

Unas manos llegaron hasta su cara antes de notarlo. Lucy había llegado a él, hincada sobre el sillón y cara con cara, la contempló por un momento más antes de que hablara y cambiara todo de nuevo.

—Ayer no pude decírtelo— pasó un nudo en su garganta—, no sé cómo no me di cuenta antes.

Volvió a romper su promesa.

No lo había soñado.

Lucy pasó ambos brazos por sus hombros, apegándolo a ella y dejándole aspirar el aroma que despedía su cabello.

—Lamento haberlo hecho tan complicado, Natsu— enterró sus dedos entre su cabello y acarició con dulzura su cabeza—. Desde hace mucho tiempo, te he querido más que sólo un amigo, es sólo que…—tensó la fuerza en su abrazo—, me aterra pensar que esto pueda terminar.

Después de un momento analizando sus palabras, quiso regresarle el abrazo…¿estaba bien, no es cierto? Tocarla ahora. Enterró más su cabeza en la unión de su cuello, aspirando el aroma nuevamente y envolviéndola con fuerza contra él, le había dicho que le quería. Que todo ese tiempo había correspondido sus sentimientos pero que, a como era Lucy, había tratado de reprimirlos por miedo.

Tonta.

Torpe.

Quería atacarla, pero se frenaría nuevamente. Había pasado tanto tiempo intentando controlarse que ahora no podía simplemente dejar al Natsu impulsivo salir de su jaula y arruinar todo. Nuevamente Lucy fue la primera en moverse, alejándose lo suficiente para mirarle a los ojos y aunque se había dicho que no haría cualquier estupidez, ambos se lanzaron uno contra el otro, encontrándose en un beso lento, algo que nunca habían podido probar, la reciprocidad de sus sentimientos compartiéndose en ese pequeño instante que pareció parar por completo su universo y la forma en la que el planeta giraba.

Llevó una mano para acariciar su delicada mejilla y terminó por detrás de su nuca, empujándola hacia él un poco más, saboreando cada instante de ese momento por el que había esperado tanto. Deleitándose con el suave movimiento, se aventuró a saborearla, provocando un jadeo de la rubia que se aferró a sus hombros.

Lucy se separó pestañeando y él le habló de cerca, no alejándose ni remotamente lo suficiente—, ¿nuestro cuarto beso?

Soltó una risita.

—Um, después de ayer perdí la cuenta—el muchacho se alejó un poco más.

—¿Hicimos…?

—No, no, no—pasó parte de su cabello detrás de su oreja—, sólo…nos besamos mucho.

Natsu suspiró aliviado—. Claro, no me habrías dejado propasarme contigo.

—De hecho…—levantó una ceja y ella mordió su labio inferior, con una sonrisita coqueta—, tú no quisiste continuar.

—¿Huh?

¿Su ebrio él era un imbécil? Aunque pensándolo bien, prefería eso mil veces, quería recordar cada cosa cuando estuviese con ella, porque joder, iba a estar con ella.

—Dijiste algo sobre- —Lucy inspiró profundo— no estar ebrio.

—Eh, ¿quién lo hubiera dicho? Que sabio soy bajo la influencia del alcohol.

—¿Eso te lo dijo tu tatuaje?

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Erza pateó el bote de basura y el contenedor metálico golpeó la silla de Laxus, rodando y escupiendo papeles en el suelo del precinto.

—Lo lamento— ignoró el comentario siguiente, dirigiéndose nuevamente ante el pizarrón y marcando con un nuevo pin una zona de la ciudad, donde vivía el presidente de la compañía de Tártaros, Maard Geer.

En las fotos no parecía ser el mismo que habían visto en el condominio abandonado, a diferencia de aquél hombre, este tenía barba y el cabello corto. En una de las fotos, se encontraba a lado de un corvette negro; estaba segura de haber visto ese auto antes, pero no lograba ubicar dónde. Lo más probable era haberlo visto en una calle iluminada…las carreras.

—¡Sí! —apuntó a la foto—, este tipo corrió conmigo.

Cobra se levantó de su asiento de un salto—, te refieres, ¿las carreras ilegales?

—Eso no importa ahora, estoy casi segura de-

Sabía perfectamente quien le confirmará su teoría. Tomó su saco mientras Cobra seguía dándole miradas de estupefacción—, ¿Qué esperas? ¿Vendrás conmigo o no?

—¿No deberíamos notificar primero?

—Sólo quiero confirmar mi teoría— paró un segundo—, haz lo que quieras.

Estaba encendiendo su auto cuando la puerta del copiloto se abrió y el policía brincó dentro, asintiendo con la cabeza y entendiéndose perfectamente mientras manejaba calle arriba.

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Lucy se sintió en el cielo por unos minutos, tiempo que ella hubiese guardado en una pequeña bola de cristal que podría mirar miles de veces antes de dormir como algo que no pensó que pasaría de manera tan sencilla después de todo el sufrimiento de las semanas pasadas, o mejor dicho de años completos de contenerse, de miedo e ignorar los sentimientos que guardaba tan profundamente.

Natsu había brincado sobre el mueble con ella, envolviéndola entre sus brazos y apegando su espalda a su pecho, pasando los brazos por delante de su cintura y recargándose en su hombro. Todavía sentía su respiración en su hombro, se había quedado dormido después de unos cuantos minutos de platicar con ella, preso del sueño a causa de su borrachera del día anterior, así que simplemente se relajó y permaneció jugando en una plataforma de su teléfono. Estaba ganando cuando el agarre a su alrededor aumento y unos labios comenzaron a dejar pequeños besos sobre su cuello.

No se iba a distraer.

Estaba ganando al fin ese estúpido nivel.

Estaba subiendo hacia su oreja.

Mierda—, ¿Qué haces, Natsu?

—Nada — peinó el cabello con la punta de sus dedos, deslizándolos con lenta tortura sobre su piel, ella comenzó a apretar todos los botones que pudo, ya conociendo el final de la partida con antelación. Su compañero comenzó a reírse cuando salió la leyenda—, perdiste.

—¿Y culpa de quién es?

Se sentía extraña, sentía que su estómago daba vuelco con cada nueva caricia; no que antes no fuese delicado al tratar con ella, ni que no estuviese acostumbrada al contacto físico, pero esto era diferente. Ahora que aceptaba que eso era lo que ella quería… la sacaba de balance.

Al segundo después, se encontró sobre su espalda, contra los cojines del sofá y un par de manos a los lados de su cabeza. Natsu le sonrió desde arriba, divertido.

Había extrañado tanto sus sonrisas, su aroma, su cabello, su simple existencia en su vida más que solo un fantasma que regresaba a su casa e intercambiaba palabras vacías. Llevó las manos detrás su cabeza, acariciando nuevamente su cabello rebelde y obligándolo a bajar a besarle.

Era lento, suave, le transmitía tanto. Cuando se alejó, ella parpadeaba con obnubilación, todavía sintiéndose flotar cuando delineó sus labios con su dedo pulgar, copiando el gesto que el día anterior le había quitado el aire y había encendido la llama. El muchacho lo comprendió antes que ella asimilase lo que le pedía.

Los besos fueron tornándose agresivos, desesperados, profundos y húmedos; sus manos comenzaron a vagar nuevamente, tocándola por encima de la ropa y sintió como el calor aumentaba, derritiéndose como chocolate bajo el sol, sintiendo la dulzura impregnarla de ese sentimiento al que ahora se aferraba. Natsu rompió nuevamente el beso, alejándose para que el aire entrara entre ellos de manera momentánea. Su voz cuando habló, fue tan solo un suspiro necesitado—. Lucy.

Estaba preguntando, realmente preguntando si estaba bien; ella no quería esperar más, ni tan solo un segundo más. Lamió su labio inferior, no queriendo escucharse tan impaciente, pero al final le ganó la mirada lasciva—, por favor.

No esperó más. Lanzándose nuevamente a besarla, apegando su cuerpo hacia el suyo y buscando el final de la pequeña camisa que cubría su piel. Subió con lentitud, acariciando nuevamente con el pulpejo de sus dedos a la mujer que tenía debajo hasta llegar al pedazo de tela que cubría sus pechos, sus malditos, bellos e hipnotizantes pechos.

Hubo un pitido cercano.

Lucy abrió los ojos escandalizada.

El elevador estaba abriéndose.

Natsu miró por encima del reposa brazos del sofá a la pelirroja que entraba seguida de Cobra; el cual después de dar un paso dentro, se quedó petrificado viendo la escena que Erza pasó por alto, avanzando con una sonrisa hacia el sofá hasta que logró notar la cabeza rubia de Lucy debajo de él.

Abrió la boca.

Imitando a Cobra en su lugar, pestañeó hecha de piedra.

Lucy se levantó de golpe, empujándolo hacia atrás y provocando que cayera sin ninguna gracia del sofá, resbalando hasta terminar con el trasero en el suelo. Una venita brincó en su frente mientras se incorporaba, sentándose un poco mejor y dejando descansar un brazo sobre su rodilla. Su amiga juntó sus brazos sobre su torso, apenada y dejándose intimidar por su mirada de reproche. ¿Cómo era posible que un segundo antes se había estado deshaciendo bajo su toque y al siguiente lo mandaba a volar? —, ¡lo siento, lo siento! Lo siento mucho, no quise-

Se mordió nuevamente el labio, haciendo una mueca y encogiéndose de hombros.

Erza, todavía impresionada habló con incredulidad—, L-Lo lamento, no quería int-

—Está bien— él se pasó una mano por el cabello, retirándolo de sus ojos e intentando obligarse a quitar a Lucy de su cerebro por un segundo—, ¿qué pasa?

Erza boqueó.

—Yo, eh —miró de nuevo a Lucy—, necesito un segundo.

Giró sobre sus pies, tomó a Cobra del brazo y lo arrastró dentro de la caja metálica de regreso. Cuando las puertas se cerraron, de dentro salió un grito amortiguado, seco, sorprendido y estupefacto.

Lucy tragó duro, bajando las piernas del sofá y dándole una mirada rápida y nerviosa antes de mirar de nuevo hacia el elevador, que nuevamente se abría. Erza apareció con una sonrisa y Cobra detrás, aturdido.

—Necesito de tu ayuda, Natsu— buscó algo en la chaqueta azul y le mostró una foto. Un corvette negro estaba estacionado en lo que parecía un campo de futbol. Le quitó la foto de las manos, analizando con curiosidad el auto—, tengo la sensación que ha estado en las carreras.

No lo recordaba.

Pero él en general no tenía buena memoria.

A su lado, Lucy se inclinó a un lado de Erza para espiar la foto—. Sí. Lo vi hace dos semanas más o menos, y antes de eso. Tal vez dos o tres meses.

—¿Cómo puedes recordar eso?

—Pues…lo quería, pero el tipo nunca lo apostó— golpeó su barbilla con su dedo índice—, de hecho, no hizo mucho más que correr en una ocasión y perdió apenas como 35,000 Jewels. El tipo solo se la pasa viendo.

—¿Lo reconocerías?

Natsu se levantó del suelo, acompañando a las chicas que discutían frente a él y escuchando atentamente mientras observaba la foto con escrutinio. Debía haberlo visto antes, pero por más que le pareciera que sí, no lo recordaba, Erza y Lucy seguían discutiendo sobre si era el mismo auto o no, cuando el habló interrumpiendo a ambas—, solo podemos saberlo de una forma, ¿no?

—¿Qué tal si no se aparece por ahí el día de hoy?

Recargó el peso de un pie sobre el otro y miró a Lucy—. Creo que tengo suerte el día de hoy.

Ella se sonrojó, desviando la vista y aclarándose la garganta. Erza pasó su mirada del uno al otro y soltó un suspiro cansino, aceptando que hasta ahora era lo mejor que podía hacer; siempre podría rastrear la placa, pero no se veía de manera clara.

—¿De quién es?

—Creemos que es de Maard Geer pero lo maneja otra persona.

Lucy se cruzó de brazos—. Podemos buscarle hoy.

Natsu tensó los hombros.

—¿Disculpa?

—¿Qué?

—Tú no vas.

Erza volvió a mirar de uno al otro, sintiendo como una barrera de tensión crecía por el medio. Quiso hablar para evitar un confrontamiento pero apenas había emitido un sonido cuando Lucy se giró por completo hacia Natsu, con el ceño fruncido y la mirada de traición en los ojos.

—¿Qué?

—Es peligroso, estoy intentando pr-

—Me estás dejando fuera, puedo cuidarme sola.

—No lo creo.

La rubia apretó los dientes y fue el momento perfecto para que Erza diera media vuelta, escupiera las primeras palabras de despedida que le pasaron por la mente y saliera lo más rápido de ahí.

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Llevaba al menos dos horas esperando por el tipo. El muchacho a su lado, seguía hablando sobre música intentando impresionarla, le hablaba de cerca con una cerveza en la mano mientras ambos se recargaban en la cajuela de la camioneta. Quería estamparle un puño en la cara pero aguantaba porque necesitaba mantener las apariencias.

Se robaba la mirada de la mayoría de los chicos simplemente por estar ahí haciendo nada más que observar los autos que cada vez más se conglomeraban en las calles y los espacios abiertos. La noche era calurosa y tantas personas juntas, estaban comenzando a molestarla… hasta que vio aparecer el auto de su presa. El día de hoy, el chico manejaba su bugatti rojo preferido.

Se echó el cabello hacia atrás, dejando al muchacho hablando solo detrás de ella y caminando, contorneando su cintura y luciendo la falda brillante.

—¡Natsu! —El muchacho dio un respingo en su lugar, apenas bajando de su auto y girando justo al tiempo que ella se colgaba de uno de sus brazos y lo obligaba a mirar hacia ella—, me has hecho esperar demasiado tiempo el día de hoy.

No que lo hubiese visto más veces desde el día de su casa, pero tenía que parecer muy familiar a él para fingir su enamoramiento.

—Sayla, ¿qué haces aquí?

—¿Cómo puedes preguntarme eso, tontito? Quería verte, claro.

El golpe de la puerta del copiloto la distrajo. La chica rubia, Lucy, su amiga-compañera de departamento- quién sabe qué- embarazada, rodó los ojos y se alejó de ambos, caminando con fastidio hacia el lado contrario.

Natsu la tomó de los hombros, zafándose de ella con cuidado—, lo siento Sayla, ya tengo novia.

—¿¡Qué!?

Se encogió de hombros y dio media vuelta, dispuesto a seguirla con si fuese un cachorro.

Pestañeó sorprendida mientras veía como se alejaba, pasando un brazo sobre los hombros de la rubia y diciéndole algo al oído. Lucy la miró por encima del hombro, con una mirada fría.

Le había declarado la guerra.

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N/A: Burn Saylaaaaaaa! ¿Reviews?