Sebastian con clara preocupación miraba el rostro aún dormido de su amado que no despertaba a pesar de las horas que habían pasado, aunque si tenía un evidente y pequeño golpe en la parte trasera de su cabeza le parecía extraño que le haya afectado a tal magnitud, tanto para no recuperar todavía la consciencia. Habían conseguido pasar la noche en una casa abandonada a una distancia prudencial de la anterior alejados de su esposo y de Mathew. Recostado a su lado lo abrazaba cariñoso acariciaba con uno de sus dedos su rostro como estudiando devotamente cada centimetro de su bello rostro dormido cuanto extrañaba oír su dulce voz, su profunda mirada, sus dulces besos; las horas parecían eternas pero Sebastian no se apartó de su lado.
-Papá nunca te había visto tan triste. -Le hablaba Noah con un gesto de pesar cuando lo sorprendía al amanecer semioscuro infernal, tocando su hombro se sentaba con ellos en la cama.- Verás que pronto despierta.
-¿Y si no despierta? ¿Qué haré con mi vida?
-No te pongas dramático yo sé que lo amas mucho, y cuando despierte te va a regañar por andar tan deprimido además ya se me ocurrió una idea -Hizo una pausa- Trae a Mathew, es el único que puede saber que sucedió con Ciel y que logre despertarlo.
-No creo que sea buena idea. -Masculló en voz baja Sebastian aunque era cierto el único que ahora podría ayudarlos con sus bastos conocimientos infernales.
-Por mi no te preocupes, yo me iré a mi cuarto y no lo veré... Podemos hacer este pequeño sacrificio por Ciel.
Sebastian dudaba si debía dejar su orgullo de padre ofendido o mantenerse en su posición de no deberle un favor a ese demonio que lastimó a su primogénito, pero como dijo este, era un pequeño sacrificio a pagar por el despertar del dulce Ciel. A pesar de su rostro aún golpeado, los labios de Noah esbozaban una sonrisa para animar a su padre mientras se le acercaba.
-No me gusta verte triste y a tu nieto tampoco le gusta... -Susurraba con ternura tocándose el vientre- Lo puedo sentir un poco ¿Quieres tocarlo?
-Ah un nieto... Aún sigo pensando que soy un demonio muy joven para ser abuelo -Con una menuda sonrisa hablaba Sebastian tratando de animarse le tocaba el vientre donde sintió un leve latido emocionándose un poco- Ciertamente estás embarazado, tenía la esperanza que fuera una broma tuya todo esto ya que eres un niño todavía.
-Que estés enamorado de un jovencito no te hace joven, ya tienes tu edad así que debes aceptar lo de ser abuelo.
Sebastian sólo sonreía al oír la burla de su hijo aún así seguía tocándolo le era relajante sentir el latidito del pequeño demonio que se gestaba en Noah no pudo evitar mirar de reojo con cierta melancolía al semidemonio dormido.
-Quiero tener muchos hijos con Ciel... -Esperanzado sin dejar de sonreír susurraba al verlo, ya que ese era uno de sus más ansiados anhelos.
-Y los tendrán... Pero para eso Ciel debe despertar así que busca a Mathew. -Le animaba Noah empujándolo sutil casi lo obligaba a que se marchara.
Sebastian dudoso se marchaba, de nuevo los dejándolos solos no sabía si eso era buena idea pero era la única opción que tenían, al despedirse de su hijo prometió regresar lo antes posible con prisa el demonio se desplazaba por el frío infierno.
Minutos después regresaba llegaba de inmediato a la habitación de Ciel, Noah escondido trataba de percibir la presencia de Mathew no sintiéndola salía de su escondite para ir con su padre.
-¿Qué sucedió? -Cuestionaba confundido Noah al verlo solo con Ciel.
-No lo encontré... Creo que se esconde.
-Tanto le aterra casarse conmigo -Con un puchero Noah resentido murmuraba- Tampoco es que esté yo muy feliz de casarme con él, tendré a este bebé yo solo.
Sebastian podía notar el evidente despecho y resentimiento en sus palabras pero era obvio que eran impulsados por el amor que sentía aunque lo negara. Suspirando miraba tristemente a Ciel a quien aún tenía que verlo en ese estado.
-Supongo que solo tenemos que esperar, más tarde saldré de nuevo a buscarlo.
Ambos demonios resguardarían el largo sueño del joven demonio que aún no despertaba, Sebastian justificó la ausencia en su "trabajo" con cualquier pretexto no podía dejar a Ciel solo. Casi por la noche el joven demonio abría los ojos lentamente confundido miraba a su alrededor topándose con la mirada amorosa de su demonio que sonreía aliviado y emocionado al verlo despertar.
-Sebastian... -Susurró su nombre al sentir su abrazo, no tenía idea de cuánto había dormido pero por la fuerza de ese ansioso abrazo supuso que fueron largas horas.
-Tenía tanto miedo que no despertaras más.
Ciel al oír la desesperación en su voz se conmovía, sabía que Sebastian lo amaba pero no a tal punto, tomando su rostro lo llenaba de besos para calmarlo y corresponder a su amor.
-Oye... No iba a dejarte solo cuando nuestra eternidad juntos apenas empieza. -le susurraba sobre los labios dándole un dulce pero profundo beso ignorando que Noah los miraba.
-Lamento interrumpir su idílico saludo lleno de amor, -Noah murmuraba acercándose a la pareja que embelesada se besaba- me alegra que estés bien Ciel.
-Noah... ¿Estás bien? Yo... No pude hacer nada por ti.
-Si estoy bien bueno estamos bien -Susurró tocándose el vientre- No lo lamentes, yo siendo un demonio natural no tengo tu valentía ojalá la tuviera, gracias por ayudarme.
-No me des las gracias, no hice más que aparecer y ser lanzado a la pared. -Apenado el ex conde admitía sintiendo la mano de su amigo rozar la suya a modo de agradecimiento.
-Ciel... -Interrumpía Sebastian mirando su rostro fijamente- ¿Te duele algo? ¿Te sientes bien?
-Me duele un poco la cabeza y la espalda pero nada que me vaya a matar no seas tan preocupón -Sonrojado decía al ver la seriedad con la que hablaba- Por cierto ¿Dónde estamos?
-No ibamos a quedarnos con ese demonio psicópata. Estamos lejos de esa casa.
Ciel al oir la respuesta de Sebastian miraba a través ventana el frío exterior que los rodeaba, ese infierno oscuro al que ya se estaba acostumbrando, su mirada se perdió por un instante recordando un extraño sueño que había tenido pero no quería preocuparlos así que decidió callarlo quizás se los contaría después o simplemente lo olvidaría.
-Tengo hambre... -Le dijo Ciel a su amado con un notorio sonrojo pues sentía como le rugían las entrañas como cuando era humano y moría de hambre.
-¿Hambre de comida o de mi? -Coqueto Sebastian le cuestionaba, solo sintió como el joven en respuesta le miraba mal- Extrañaba tanto tus gestos malhumorados.
Uniendo sus labios se besaban de nuevo ante la mirada de Noah que los dejaba solos, le deprimía un poco ver esas muestras de amor que el ya no tenía.
-Sebastian... Tengo hambre hablo en serio... -Entre besos le decía- Busca comida mientras me baño y después hacemos todo lo que tu quieras.
El demonio mayor le obedecía gustoso que feliz se sentía de tenerlo de nuevo de esta manera aunque sea dándole órdenes, pensaba en lo adorable era verlo dormir pero si duda alguna amaba mucho más sentirlo despierto rebosante de vida. Ciel lo miró alejarse seguramente a prepararle algo delicioso de comer mientras el se prestaba ir a tomar un baño, tenía una extraña sensación de suciedad embargarle, sensación que quería quitarla antes de estar con Sebastian en intimidad después.
Mientras se bañaba con aparente tranquilidad en esa tina con agua tibia que Sebastian le había preparado antes, trataba de evitar confusos pensamientos que le aturdían un poco. La voz de ese demonio llamado Claude le atormentaban extrañamente, que raro evocar el recuerdo de alguien en quien no había pensado hace tiempo. Tal vez todo era una tonta idea suya una alteración en su mente divagante, terminó de bañarse vistiéndose con ropa ligera que sospechaba no duraría mucho en su cuerpo pensaba traviesamente, saliendo encontraba a su demonio esperándolo con una charola de postres y té en la cama.
-Tengo tanta hambre que me comeré todo. -En un coqueto susurro hablaba Ciel acercándose a la cama, se relamía los labios al ver esos deliciosos postres ofrecidos que más consentido podía sentirse. Su demonio si que conocía sus debilidades entre ellas el gusto todavía un poco humano que conservaba al deleitarse de ciertos sabores de alimentos.
-Está delicioso todo... -Hablaba un poco inetendible Ciel con la boca llena.
-Vaya si que tenías hambre, no vayas a comerme. -Sebastian con una sonrisa divertida le insinuaba.
-Tu eres el postre final... Lo mejor para el final.
Ciel le decía coqueto sentándose sobre su demonio que estaba semiacostado, Sebastian no iba a desaprovechar que su enamorado estaba de buen humor para el amor comenzaba a acariciarlo mientras lo seguía viendo comer.
-Te extrañé tanto... ¿Qué haría sin ti? -Cuestionó vulnerable Sebastian desviando la mirada, ni el podía creer la intensidad de este sentimiento de amor que Ciel le provocaba.
-Seguir viviendo... -Ciel le respondía con sinceridad pero a la vez tristeza, en esta experiencia se dio cuenta de cuan vulnerable era, sin Sebastian seguramente ya estaría muerto. Abrazándolo se reconfortaba en su presencia que le era más dulce que los postres.
-Sin ti no hay vida para mi... Te amo...
Ciel sonrió ante tan dulce y sincera declaración que su demonio enamorado susurraba sobre sus labios haciéndolo estremecer.
-Te amo con todo mi ser... -Era su susurrada respuesta besando sus labios sentía como una lágrima rodaba por su mejilla sonrojada.
Ambos entendían que su amor era complicado pero a la vez tan fuerte como para ser derrotado, eran la debilidad y fortaleza uno del otro, mutuamente, esta breve separación, el miedo de Sebastian solo hizo que Ciel afirmara que este cálido sentir en su frío ser era correspondido, no tenía duda que amaba a su demonio y el lo amaba también con la misma intensidad. El ambiente romántico era propicio para la afirmación de su amor con una entrega mutua de placer que tanto disfrutaban.
Una semana pasó desde ese incidente, que poco a poco fue perdiendo importancia, Ciel tenía sueños extraños que no comprendía y seguía callando, Sebastian a su vez hacia su trabajo con prisa dejando a los dos jóvenes demonios en lugares seguros y variados para despistar a su esposo por si este tenía la intencion de repetir su hazaña anterior. Ellos en otra casa abandonada del infierno esperaban a que el demonio mayor llegara a recogerlos mientras leían y conversaban.
-¿Cómo se siente que un bebé crezca dentro tuyo? -Cuestionó con curiosidad Ciel al ver como Noah se acariciaba el vientre, era una manía que ahora tenía y el no entendía por qué lo hacia.
-¿Por qué preguntas? Ya quieres tener uno.
-¡No! ¡Claro que no! -Le hablaba nervioso y sonrojado el exconde- Todavia no...
Noah lo miraba extrañado, parecía que Ciel le ocultaba algo y no le quería contar.
-Quieres tener un bebé... O... -Se quedó pensativo viéndolo fijamente- ¿Ya estás embarazado?
-No... Eso no... -Nervioso le negaba- No sé, me siento raro... Pero tu dijiste que Sebastian sabría cuando esté en mis días para concebir, no creo que me haya embarazado sin avisarme.
-Bueno... Tú no eres un demonio natural, quien sabe si funciona igual contigo... Además no me sorprendería que mi padre te hubiera preñado ustedes han estado más cariñositos que de costumbre estos días, sexo de día y sexo de noche. A veces me voy a la calle para que mi bebé no los oiga.
-No exageres... Aunque si, desde el susto que le di a Sebastian cuando no despertaba se puso más cariñoso.
-Vaya el miedo es un buen afrodisíaco y yo que pensé que era el amor, lástima que ya no tengo a quien asustar para que me haga el amor salvajemente. -Murmuró triste Noah recordando a Mathew- Yo me di cuenta de mi bebé a la semana, es algo intuitivo tú lo descubrirás solo, ya verás.
El joven cambiaba de tema ya que no le gustaba hablar de su amante que lo abandonó, Ciel no sabía que pensar sobre sus sospechas pero ante la afirmación de su amigo, intuía que esa sensación algo cálida que latía muy suave en lo profundo de su vientre al parecer si era un bebé, se había embarazado sin que Sebastian lo notara, sonreía ilusionado al imaginar su cara de sorpresa y alegría cuando le diera la noticia pues el anhelo de ambos era tener un hijo juntos aunque era repentino sabía que lo haría feliz.
Muchas gracias por leer esta historia 💖
