Aclaración:
Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la adaptación.
La historia es una adaptación, al final estará el nombre original y autor
«20»
Mientras Naruto atravesaba el salón de baile pensó que tal vez no había sido buena idea dejar a Hinata con uno de los Uchiha, sobre todo con su tía. Los tíos de Hinata habían albergado planes específicos para su hija: una temporada social en Londres, y a lo mejor un marido cuidadosamente seleccionado. No le sorprendería que Mikoto fuese quien había animado a Sasuke a provocarlo el otro día. Toda la familia hubiera querido que él rechazara a Hinata, pero como no lo había hecho, puede que la madre y el hijo todavía siguieran urdiendo un plan para lograrlo.
Aunque su propia madre intentaba poner buena cara al mal tiempo, sabía que aún sufría una profunda pena por Ino y que cada vez que viera a Hinata recordaría dicha pena. Esos recelos no dejaban de torturarlo.
—Tu futura novia no parece muy contenta hablando con esa mujer —comentó Kiba en tono casual, y recorrió la pista a su lado.
Naruto se detuvo y le echó un vistazo a Hinata.
—Esa es su tía. Ella dijo que su familia no le gustaba, pero ha dicho un montón de cosas y no tengo ni idea de lo que es verdad y lo que no lo es.
—Pues esa es una afirmación desagradable, amigo mío. No avanzarás si dudas de todo lo que ella dice.
«¿Avanzar?», pensó Naruto.
—Ella reconoció claramente que acostumbra a ocultar sus sentimientos. Eso al menos es verdad.
—¿O quizás era una mentira? —Pero, de pronto, Kiba rio—. Y yo que creí envidiarte cuando la vi esta noche. Dijiste que era bonita, pero esa palabra no describe a tu prometida. Preséntamela: a mí me importaría un maldito comino si ella me ocultara algo.
—No.
Sin dejar de clavar la mirada en Hinata, Kiba añadió:
—Estaría encantado de alejarla de ti, sacarla del país. Puedes decir que la raptaron; podría ser cierto. Y entonces nadie te culparía, ¿eh?
—Se supone que estas comprometido
—Bueno y ¿eso importa?, por tenerla yo olvidaría que lo estoy
—Porque no cierras esa boca, o si quieres te la cierro yo
—¿Vas a retarme a duelo?
—Estas apunto de que lo haga, además si la alejo de mí, Solo supondría perder todo lo que poseo.
—Bueno, podría esperar hasta después de la boda antes de eliminar esa espina clavada en tu cuerpo.
—Ella no es una espina —masculló Naruto—, pero tú me estás fastidiando. Lárgate.
Naruto fue el primero en alejarse, sabía que su amigo no lo haría. Desde que había conocido a Hinata no lograba quitársela de la cabeza e incluso un par de veces llegó a pensar que podría hacer algo más que tolerarla. Esa noche que pasaron juntos ella había encendido su pasión y lo había satisfecho tan completamente... Sería tan fácil amarla.
si... ¡Si! Había demasiados «si». Y, sin embargo, estaba abordando a otra mujer con el permiso de Hinata para serle infiel a causa de ese estúpido trato que él ni siquiera comprendía.
Tenía toda la intención de aceptarlo si eso era lo que ella quería, pero, demasiado tarde, acababa de darse cuenta de que no quería aceptarlo. En ese preciso instante alguien se interpuso en su camino y recordó todo lo que había sentido el día que Hinata llegó a su hogar.
El príncipe regente con tres de sus aduladores a sus espaldas se interponían en el camino de Naruto; el príncipe presentaba su habitual aspecto de dandy: vestía un frac de satén verde amarillento de solapas muy anchas y elegantes pantalones blancos. Al parecer, los pantalones extralargos eran un invento de Beau Brummel, el gran amigo del regente, así que desde luego que los llevaría. La mayoría de la alta sociedad londinense ya imitaba el estilo especial de Brummel; quizás hasta la muy abullonada corbata de encaje del regente era obra de Brummel, probablemente para ocultar su papada. Pero el hombre tenía casi cincuenta años y ningún atavío elegante podía ocultar la vida disipada que llevaba.
Naruto sabía que el miembro de la realeza podía hacer acto de presencia esa noche; solo había confiado en que no lo hiciera. Y era obvio que Prinny ya había estado en el salón de baile antes de la llegada de Naruto y Hinata, porque de lo contrario el revuelo que siempre armaba su llegada hubiese alertado a Naruto. Mala suerte. Una advertencia con antelación le hubiera permitido disimular lo que sentía en ese momento.
—No me informaron de que era una beldad —comentó el príncipe, contemplando a Hinata por encima del hombro de Naruto, antes de sonreírle y afirmar—: debes de estar complacido.
—A vos no os agradaría saber lo que siento, alteza.
Naruto lo dijo en tono tan frío que el regente se puso un poco nervioso.
—Sí, bueno, al menos estás obedeciendo. Sigue así.
El pequeño grupo continuó recorriendo el borde de la pista de baile. Naruto permaneció inmóvil, procurando reprimir sentimientos que podían llevarlo a la horca. Pensar que su vida podía cambiar por completo porque ese hombre era incapaz de vivir con la fortuna que el Parlamento ya le había concedido... tenía que gastarla y encima acumular deudas a causa de las cuales otro hombre hacía tiempo que hubiese acabado en la cárcel por moroso.
Pero entonces uno de los acompañantes del príncipe se le acerco, el marqués Otsutsuki, uno de los mejores amigos del príncipe regente y le dijo:
—Como dijo su alteza, si hubiese sabido que era una hermosa mujer, no le hubiera presionado a que hicieran el arreglo, de todas formas solo quedan dos días para que se cumpla el plazo, si la rechazas yo con gusto la recibiré.
Naruto, tuvo que contenerse, no quería ser enviado a la horca, por una razón diferente del arreglo del príncipe. Echó un vistazo por encima del hombro para asegurarse de que el regente no se acercaba a Hinata. No lo hacía. Una sola mirada bastó para que su ira se desvaneciera: era irónico, ella solía causarla, pero no esa noche.
Siguió avanzando hacia Shion Mõryõ. Había oído que ella se había vuelto a casar tras la breve aventura amorosa de ambos que únicamente duró una semana, pero no lograba recordar el nombre de su nuevo marido. Rubia y de ojos violeta, era excepcionalmente bonita, pero no despertó el interés de él durante mucho tiempo: sus estados de ánimo eran demasiado volubles y, además, era demasiado dependiente. ¿O tal vez esa había sido Shizuka? Demasiadas amantes. Supuso que a lo mejor empezaba a hartarse un poco.
—Shion. —Le cogió la mano para depositar un beso cortés en sus dedos antes de indicar la pista de baile con la otra mano—. ¿Bailamos?
Ella le lanzó una amplia sonrisa y aceptó el brazo que él le ofrecía, pero solo habían dado dos vueltas alrededor de la pista cuando ella lo miró, arqueó una ceja con expresión enfurruñada y dijo:
—Tardaste mucho en regresar a mi lado después de dejar a Sâra. No imagino qué le veías. Está aquí, dicho sea de paso.
—No lo había notado.
No trató de descubrir a Sâra Rõran entre la multitud porque se estaba esforzando por no dirigirle la mirada a Hinata para comprobar si ella estaba observando su interpretación.
Shion resopló.
—No finjas que solo tienes ojos para mí cuando tienes una prometida con ese aspecto.
Era verdad: ninguna de las presentes le llegaba a la suela de los zapatos a Hinata Hyuga. Si se dedicaba a darles calabazas a todas sus antiguas amantes y encontrar otras nuevas, resultaría difícil explicar por qué podría preferir a cualquier otra antes que a su propia esposa.
De momento, esquivó el tema diciendo:
—Es complicado. Está arreglado, por así decir.
Eso provocó la risa de Shion.
—¿Así que correrás tus últimas aventuras antes de la boda?
Al parecer, Shion estaba dispuesta a retomar su aventura a pesar de haber vuelto a casarse, pero él optó por emprender otro camino.
—En realidad necesito que me hagas un favor, si no te importa... y recuerda que nos separamos amistosamente.
Ella fruncio el ceño.
—Fingí. Estaba destrozada.
Él logró no soltar una carcajada.
—¿Es por eso que volviste a casarte con tanta rapidez?
Ella sonrió, al tiempo que agitaba una mano con gesto desdeñoso.
—Él es increíblemente rico. ¿Cómo podía negarme a convertirme en su esposa?
—Me temo que como ya no eres una viuda eres fruto prohibido.
—¿Por qué has de ser tan escrupuloso? —preguntó Shion, suspirando— De acuerdo, ¿cuál es ese favor que puedo hacerte, cielo?
—Abofetéame y simula estar enfadada. —Pero ella rio, obligándolo a añadir—: Por favor.
—¿Hablas en serio? ¿Pero con qué fin?
—Lo dicho: es complicado. Pero ten en cuenta que si realmente estabas destrozada cuando nos separamos, hace tiempo que deberías haberme abofeteado, ¿verdad?
—Pues en ese caso... —dijo y le cruzó la cara de un tremendo bofetón.
Hinata no obtuvo una respuesta de su tía. Dos de las amigas de Mikoto se acercaron a ellas de inmediato para ser presentadas y hacer unas cuantas preguntas maliciosas e indiscretas. Hinata no las conocía, no quería conocerlas y por supuesto que no les explicaría cómo había acabado siendo la prometida de un hombre que trató de matar a su primo. Mikoto tampoco ofreció una explicación, pero se las arregló para no parecer grosera.
Entonces apareció Naruto y condujo a Hinata a la pista de baile para poner punto final a la escena que su anterior pareja acababa de montar. Hinata estaba furiosa; culpó a su madre por ello, y no porque Naruto acabara de hacerle una proposición deshonesta a esa mujer.
—Espero que te haya dolido —dijo sin mirarlo; si lo hubiera mirado lo habría fulminado y ella no quería que supiera que estaba furiosa.
—¿Por qué?
Hinata se tragó un gemido, pero tenía una respuesta preparada.
—Porque fracasaste, desde luego.
—Supuse que estarías sumida en una conversación con tu madre —contestó él en tono displicente—. Así que no debías haber visto eso.
—Todos lo vieron, o al menos lo oyeron. Y aquí mi madre tiene demasiados amigos.
Casi no me dirigió la palabra y tampoco me distrajo mientras yo observaba tus progresos... o la ausencia de ellos. Al menos, ella no lo vio. ¿Qué le dijiste a esa mujer para que te rechazara tan violenta y tan rápidamente?
Él se encogió de hombros.
—Lo obvio. O funciona o bien deja de hacerlo.
—¿Con cuánta frecuencia recibes una bofetada?
—Con escasa.
—Así no obtendré ningún nuevo purasangre —dijo ella, resoplando—. A lo mejor deberías demostrar un poco más de delicadeza, ¿sabes?, bailar con ellas unas cuantas veces y conocerlas un poco, si es que todavía no las conoces.
—Me limité a complacerte, puesto que fuiste tú quien la escogió. De hecho, Shion y yo hemos sido amantes y esta noche hay unas cuantas de mis ex amigas aquí. Pero sin contarlas a ellas aún hay algunas mujeres que no conozco... si es que quieres que continúe.
Ella no quería, pero no podía decir eso y se obligó a asentir con la cabeza. Por lo visto a él le daba igual tanto lo uno como lo otro, pero tras lo de la otra noche y el «trato» de pronto había convertido sus nuevas y desagradables sospechas en una diversión. Y ella prefería la diversión incluso si era a sus expensas, al menos hasta después de la boda, porque en esa noche no quería que él se mostrara frío y severo.
Aún se aferraba a la esperanza de que las nupcias cambiaran algo entre ellos. «Piensa en los caballos —se aconsejó a sí misma—, limítate a pensar en los caballos.»
Naruto volvió a dejarla con su madre antes de ir en busca de otra dama con la cual bailar. Antes de empezar a regañarse a sí misma Hinata lanzó miradas furibundas a su espalda; él acababa de brindarle una manera de poner fin a ese absurdo trato y ella no la había aceptado. ¿Qué le estaba pasando? Pero con el tiempo él le sería infiel de todos modos, ¿no? Porque ella no había logrado hacer que la amara, así que debía dejar de... de enfurecerse tanto.
—Ahora podemos hablar —indicó Mikoto—. ¿Qué te parece si salimos a la terraza? Allí gozaremos de mayor privacidad.
Hinata despegó la vista de Naruto, notó que las amigas de Mikoto se habían marchado y siguió a su madre al exterior antes de decirle en tono acusatorio:
—Creí que no conocías a Naruto Uzumaki en absoluto.
—Recuerdo haberlo conocido hace años, pero un mozuelo no guarda ningún parecido con un hombre. Si lo hubiera sabido no habría estado tan afligida...
Hinata la interrumpió en tono frío.
—No finjas sentimientos que no posees, tía. Y ¿qué estás haciendo aquí?
Mikoto pegó un respingo y después suspiró.
—Tu tío tenía cosas que hacer en la ciudad; supongo que solo nos quedaremos unos días. Fugaku sugirió que acudiera aquí esta noche para averiguar cómo reaccionaba la alta sociedad frente a la noticia del matrimonio forzoso. Quería que asegurara a la gente que estamos dispuestos a cumplir con el mandato del regente: que te entreguemos en matrimonio a Naruto. ¿Por qué todavía no se han casado?
—Naruto sufrió una grave herida durante ese último duelo y obtuvo permiso de postergar la boda.
Mikoto echó un vistazo al salón de baile.
—Se curó con rapidez, ¿verdad? ¿Gracias a ti?
Hinata arqueó una ceja con expresión curiosa.
—¿Sabes que estoy familiarizada con las hierbas medicinales?
—Por supuesto. Puede que no me hayas hecho muchas confidencias a lo largo de los años, pero tu doncella me lo contó.
—Entonces ¿por qué nunca me pediste ayuda para aliviar los dolores de tu marido?
Mikoto resopló.
—Porque tu tío no se merece nada de tu parte... ¿o acaso lo quieres solo porque es tu tío?
—¿Bromeas? Se limitaba a ser un hombre que de vez en cuando se encontraba en la casa en la que yo vivía, un hombre que procuraba evitar. ¿Es que alguna vez me dieron un motivo para quererlo?
—Exactamente.
—Pero tú lo querías, a pesar de su cruel indiferencia.
Hinata no se sintió incómoda al expresar esa reprobación, pero a la que no podía incluir en dicha reprobación era a Mikoto, y daba igual que fuera verdad que tampoco tenía ningún motivo para querer a Mikoto. Sin embargo, ella logró sorprenderla.
—¿Qué te hace pensar que alguna vez lo amé? Confieso que seguí albergando la esperanza de amarlo cuando aún era joven, pero jamás ocurrió. En cambio me adapté, aprendí a pasar de puntillas en torno a sus ataques de ira y le hice creer que yo era tan cruel e insensible como él. Que haya personas como Fugaku en el mundo es desafortunado: incapaces de amar e incapaces de ser amados. Espero que lord Uzumaki no sea así.
No, Naruto no era así en absoluto; él al menos adoraba a su familia, había estado dispuesto a poner su vida en peligro para vengar a la hermana que adoraba, había viajado precipitadamente a Londres porque estaba muy preocupado por la madre que adoraba. Si fuera capaz de sentir siquiera la mitad de ese amor, ella quizá podría ser dichosa. Pero lo único que le dijo a Mikoto fue lo siguiente:
—Es un hombre bondadoso al que le importan sus amigos y su familia.
Mikoto sonrió.
—Entonces ¿cuándo se celebrará la boda?
—El domingo.
—¿Puedo asistir?
Hinata negó con la cabeza.
—Esa no es una buena idea. Tanto él como su madre detestan a los Uchiha. Puedes agradecerle a tu hijo por ello.
Mikoto frunció el ceño.
—¿Así que eres odiada?
—¿Cómo podría no serlo cuando mi primo dejó embarazada a su hermana? Cuando ella se lo dijo, Sasuke rio. ¡Rio! Que ella se haya suicidado a causa de eso es trágico.
—Eso es... horrible.
Mikoto parecía apenada, y Hinata preguntó:
—¿De verdad no lo sabías?
—No, y creo que tu padre tampoco lo sabe. El año pasado nos enteramos de la existencia de otra joven cuando el padre de ella se presentó y exigió que Sasuke se casara con ella. Fugaku no quería esa alianza y se las arregló para comprar su silencio antes de que se convirtiera en un escándalo. Creo que convencieron a la joven de que se
marchara al extranjero para dar a luz al niño. Confié en que nos lo entregarían, pero Fugaku no lo quiso. Que en cambio se lo entreguen a unos desconocidos y que nunca conoceré a mi nieto es espantoso.
Hinata se quedó muda. Era como escuchar las palabras de una desconocida. ¿Pena por un hijo ilegítimo del cual su adorado Sasuke se había negado a hacerse responsable? ¿Cuántos otros hijos o hijas ilegítimos existían, engendrados descuidadamente por su primo antes de que Fugakuk se pusiera firme? En realidad, Fugaku solo le había prohibido a Sasuke que siguiera seduciendo a más jóvenes inocentes, pero no le prohibió que sedujera a las demás mujeres de Inglaterra.
Mikoto añadió en tono enfadado:
—Si tu padre debe enfrentarse a otro de los escándalos de Sasuke, habrá consecuencias.
Hinata parpadeó, ni siquiera estaba segura de lo que Mikoto quería decir hasta que comprendió que se refería a lo que Hinata acababa de decir sobre la hermana de Naruto.
—¿Qué consecuencias?
—Fugaku juró desheredarlo.
Hinata casi soltó una carcajada, pero en tono sarcástico, dijo:
—¿De veras? ¿A su preciado heredero?
—No sabes cuán furioso estaba Fugaku. Estoy segura de que hablaba en serio.
—Y ¿qué importancia tendrá eso una vez que Fugaku haya muerto? —preguntó Hinata—. Es viejo. No le quedan muchos años de vida y entonces no habrá nadie que ponga freno a las viles tendencias de Sasuke.
—¿Viles? No es un villano, tiende a sufrir los mismos ataques de ira que su padre y tal vez sea un tanto libertino, pero... Desorbitada, Hinata contempló a su tía y, en tono incrédulo, preguntó:
—¿Es que no conoces a tu hijo?
Mikoto dirigió la mirada a la pista de baile y esquivó la pregunta de modo flagrante.
—Esta noche debía suponer nuestro triunfo. ¿No has notado que los hombres aquí presentes casi no logran despegar la vista de ti?
Hinata no lo había notado, pero deslizó la mirada por el salón mientras trataba de no observar lo que Naruto estaba haciendo y notó que había varios hombres apuestos presentes. Hasta había pensado que a lo mejor se enamoraría esa noche... si hubiese acudido con su tía. Uno de los hombres incluso le guiñó un ojo cuando sus miradas se cruzaron y el guiño no hizo que se ruborizara. Quizá debería haberlo hecho, pero sencillamente no la afectó.
Su madre no había acabado.
—Como estás prometida a Uzumaki no se acercarán. Pero Naruto tampoco logra quitarte los ojos de encima pese a estar bailando con otra. ¿Por qué lo está haciendo?
Hinata descubrió a Naruto a través de las puertas abiertas de la terraza. Estaba bailando con una tercera dama, otra muy bonita.
—Por cortesía —dijo, mintiendo entre dientes y manteniendo la vista clavada en Naruto—. Son amigas de su madre.
Mikoto arqueó las cejas y, en tono elocuente, preguntó:
—Son un poco jóvenes para ser amigas de Kushina Uzumaki, ¿verdad? ¿No te molesta?.
Hinata casi no oyó la pregunta. ¡Acababan de volver a abofetear a Naruto! Hinata puso los ojos en blanco y bromeó, procurando disimular su fastidio.
—Aún no —dijo.
Mikoto suspiró.
—Sasuke nos mintió. Yo no sabía que una tragedia tan atroz era la causa de los duelos. No creí que lord Uzumaki te odiaría a ti.
Esa era una palabra muy dura. Había sido adecuada en su momento, pero no estaba segura de que lo siguiera siendo.
—Me tolera, o me toleraba hasta que Sasuke apareció y trató de convencerme de que lo envenenara... y se aseguró de mencionarle a Naruto que yo lo haría.
Mikoto se puso pálida.
—Tú no harías eso.
—Si eso es una pregunta, tú tampoco me conoces...
—No lo era.
—Pero ese es tu hijo, tía. Malvado, capaz de cometer asesinato y carente de cualquier moral o escrúpulos. Lo único positivo que se puede decir de él es que es apuesto. Es una pena: debería parecer tan malvado como realmente es. Y no quiero oír ni una palabra más sobre ese miserable.
—Entonces ¿quieres que hablemos de lo celosa que estás?
—¿De Sasuke? —Hinata resopló—. No seas ridícula.
—Me refería a tu futuro marido. —Cuando Hinata desvió la mirada, Mikoto añadió—:¿No? Bueno, necesito una copa y sospecho que tú también. ¿Entramos?.
¿Por qué no? Hinata siguió a Mikoto al salón de baile y ambas se dirigieron a una de las mesas dispuestas en los bordes del salón donde servían bebidas. Se sorprendió al ver que su madre vaciaba una copa de champán de un único trago. Ella la imitó.
¿Celosa? ¿Sería por eso que no lograba dejar de estar enfadada?
.
.
Continuará...
