EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CAPITULO XXII

A la mañana siguiente como era domingo se levantaron más tarde de lo normal, cosa rara para Anthony quien siempre era el primero en despertar ante los rayos del sol, pero las náuseas nocturnas de Candy se le habían contagiado así como los antojos, ya habían desayunado y limpiaban ambos el departamento, cuando llamaron a la puerta.

Candy abría la puerta con un pañuelo en la cabeza cubriendo su cabello, para que no le estorbara en su rostro a la hora de hacer su deberes del hogar, su overol de mezclilla que era con el que estaba más cómoda a la hora de limpiar su hogar y el plumero en mano que utilizaba en esos momentos para sacudir el polvo de los muebles. Anthony se encontraba en la cocina limpiando todo para que quedara brillante.

-Buenas tardes Candy. – Dijo sonriente Stear.

-Buenas tardes gatita. – Dijo Archie entrando ambos al ver que no interrumpían nada.

Anthony salía de la cocina con las mangas de su camisa dobladas y con sus manos jabonosas al escuchar la voz de sus primos.

-Stear, Archie, bienvenidos. – Les decía feliz y con una gran sonrisa producto de una maravillosa noche y de un grato despertar.

-Anthony hermano ¿Pero que le has hecho Candy? – Dijo Stear dramatizando. – Anthony no te preocupes venimos a salvarte. – Dijo nuevamente en el mismo tono.

-Jajajajaja ¿Qué sucede Stear? – Decía riendo del drama que interpretaba su primo.

-Vaya que eres dramático. – Dijo Candy divertida.

-Venimos por ustedes para ir a pasear al lago Michigan. – Dijo Archie invitando a ambos para disfrutar del domingo, antes de que el rubio tuviera que encerrarse nuevamente en el hospital.

-¿Al lago Michigan? – preguntó Candy curiosa, ahora era su turno de divertirse con ellos, esa burla que habían tenido de su esposo no se quedaría en blanco. Stear y Archie asentían felices confirmando la pregunta de Candy. -¿Desde cuándo no me invitan al lago? – Decía haciendo una mímica como pensando sin poder recordar. Archie y Stear se quedaron viendo sin comprender del todo a lo que se refería su prima. - ¡AAAAAAAAAhhhhhhhhhhhhhhhhhh! ¡Ya me acordé! – Dijo de pronto. – Fue el día que salí con Flamy, Judi, Nataly y Eleanor por primera vez, íbamos a conocer la ciudad. – Dijo Candy riendo mientras Stear ya Archie hacían memoria y pronto recordaban el incidente del automóvil.

-Ya recordamos Candy, no es necesario que lo repitas. – Dijo nervioso Stear.

-¿Qué sucedió Candy? – Pregunto curioso Anthony intuía por el tono de voz de Candy y por los nervios que mostraban sus dos primos algo había pasado que por alguna razón no querían que Candy hablara.

-Nada Anthony, vayan a cambiarse que aquí los esperamos.

-¿Seguro Stear?

-Anda Candy apúrense, que tenemos que ir por Patty y Annie. – Decía nervioso Stear.

-¿Crees que dirá algo? – Dijo Archie preocupado.

-No lo creo Archie, pero por si las dudas hay que mantenerla vigilada, según yo nunca le dijo a Annie y a Patty nada.

-La gatita no se atreverá.

-Si nos volvemos a burlar de Anthony, no estés tan seguro hermano… - dijo Stear muy pensativo.

Las tres parejas iban felices paseando cerca del lago, Candy, Annie y Patty llevaban sombrillas por que el calor estaba muy fuerte y la temperatura amenazaba con aumentar.

-Amor ¿Estas segura que puedes seguir? – Preguntaba Anthony siempre al pendiente de su princesa, como todo buen esposo.

-Vamos a sentarnos un poco. – Dijo Candy comenzándose a sentir fatigada y se dirigieron a una banca que estaba bajo un árbol.

-¡Aahh! Que rico huele. – Dijo Stear aspirando el aire puro que desprendía el agua combinado con el aroma verdoso de los árboles. - ¡Helados! – Gritó emocionado.

-Que se me hace que por eso vinieron. – Dijo Candy riendo con sus primos. – Ahora que lo pienso, me acuerdo de la vez que vine con ustedes… - No pudo seguir hablando porque fue interrumpida por Archie.

-¿Gatita quieres un helado? ¿No se te antoja? – Candy comprendió la interrupción, pero quería seguir haciéndolos desatinar.

-Claro Archie, lo quiero de chocolate igual que el que me compraste aquella vez que…

-¡Claro que sí Candy! – Dijo ahora Stear. – Vamos Patty ¿Me acompañas? – Le dijo a su novia para no dejarla ahí junto a Candy.

-Nosotras esperamos aquí. – Dijo Annie sentándose junto a Candy quien miró a Archie divertida.

-¡NO! – Dijo rápido – Acompáñame damita, para ver que sabor se te antoja. – Dijo guiándola hacia los helados, mientras miraba a Candy con súplica y ella se divertía. Candy había captado que algo querían ocultar sus primos desde que los escuchó en el departamento, pero aún no le quitaban la duda de lo que había sucedido aquella visita.

-¿Qué sucede amor? – Se quedó con su amada después de encargar un helado de vainilla para él.

-¿A qué te refieres amor? – Pregunto divertida, viéndolo con una mirada coqueta que le era regresada de la misma forma.

-A lo nerviosos que se pusieron mis primos desde que dijiste que recordabas la visita que tuvieron hace años. – Le dijo travieso al ver el rostro divertido que ponía su Candy, sentándose a su lado dispuesto a escuchar el relato que auguraba sería divertido por la expresión que tenía la pecosa.

-Lo que sucede es que un día Stear y Archie me encontraron a la salida del hospital, cuando yo salía con mis compañeras a conocer Chicago por primera vez, era nuestro día de descanso. Ambos llegaron en el coche de Stear, me llevaba otro de sus inventos de regalo, era un paraguas explosivo. – Recordó feliz Candy el incidente, riendo Anthony al ver que una vez más los inventos del genio de su primo no funcionaban.

-Tendré que hablar con Stear, no quiero que te vuelva a poner en riesgo, con sus inventos. Espero que se consiga otro conejillo de indias.

-Mientras no seas tú amor… o nuestro hijo. –Dijo preocupada.

-No te preocupes princesa, yo no lo permitiría. – Le dijo abrazándola. - ¿Qué sucedió ese día Candy?

-Ah sí, como te decía íbamos de paseo, pero los chicos me invitaban a dar una vuelta, yo no podía dejar a las chicas así que ellos también las invitaron a pasear con nosotros, portándose de lo más gentiles con ellas. – Dijo Candy recordando ese día. – Las chicas empezaron a volarse con lo atento que eran ambos con ellas y comenzaron a hacerle halagos, no tardaron mucho que tanto Archie como Stear se sintieron halagados y terminé dándoles un codazo a ambos y amenazándoles con que les diría a Annie y Patty por andar de coquetos.

-Jajajajaja hay amor, pero por lo que dices no hicieron nada más.

-¡No! Porque no los dejé, sino hubieran seguido de coquetos y eso yo no lo iba a permitir.

-Vaya, veo que mi pecosa salió celosa, ¿Será que a mí también me celarías mi amor?

-Póngame a prueba señor Brower. – Le dijo muy cerca de los labios y mirándolo fijamente a los ojos, dando a entender que no sería conveniente que lo hiciera, dándole un gusto a Anthony el saber que era merecedor del amor de Candy, pero sobre todo que ella era capaz de defenderlo de cualquier mujer. No era como si él le fuera a dar motivos, pero en su ego de hombre le hacía sentir bien que ella lo consideraba suyo.

-No tengo porque hacerlo Señora Brower. – Le dijo coqueto cerrando la distancia entre sus labios, besándola tiernamente, porque había advertido que sus primos ya se acercaban.

-A ver tortolitos. – Dijo Stear viendo a la pareja, entregándoles sus helados a cada uno. – De chocolate para la hermosa dama y de vainilla para el galán. – Dijo entusiasmado.

-Yo creo que otros son los galanes. –Dijo Anthony divertido, viendo como ambos Cornwell se tensaban con el comentario que les había hecho.

-Provecho. – Dijo Archie al ver a lo que se refería Anthony, viendo a Candy muy sonriente al haber hecho partícipe a su esposo sobre lo acontecido hace tiempo.

Por alguna extraña razón, Candy sintió un fuerte antojo por el helado de vainilla, cosa que nunca le había pasado, ella siempre elegía el chocolate por ser su favorito, le encantaba el sabor dulce y amargo que tenía y siempre era el primero que elegía, por el contrario Anthony prefería el sabor dulce de la vainilla, le recordaba el sabor dulce de su amada. Pero contrario a lo que siempre ocurría también se le antojó el chocolate, no era que no le gustaba, también lo disfrutaba mucho pero prefería el de sabor vainilla, sin embargo en ese momento al ver a Candy degustar su helado favorito no sabía si era por la forma en que ella lo saboreaba pero se le antojó de sobre manera, como si ambos supieran lo que estaban pensando cruzaron sus manos para darle a probar al otro el sabor contrario al que habían elegido, sintiendo Candy un movimiento en su vientre que la hizo pegar un saltito en cuanto sintió el sabor del helado de vainilla en su boca.

-¿Sucede algo hermosa? – Le preguntó Anthony confundido por el brinco que había pegado.

-¿Te encuentras bien Candy? – Preguntó Annie quien fue la única aparte de Anthony que vio la reacción de la rubia al estarlos observando y pensar lo adorable que se veían juntos.

-¡Se movió! – Dijo Candy emocionada hasta las lágrimas, Anthony comprendió rápidamente el comentario de su esposa y se emocionó al instante.

-¿¡En serio!? – Preguntó emocionado. Candy asintió tomándose la mano libre y dirigiéndola a su vientre. Por el tiempo de concepción aún no se podía sentir el movimiento fuera del vientre, pero estaba tan emocionada que quería que su esposo sintiera la emoción que ella había sentido al percibir ese leve movimiento que se producía dentro de ella.

-¿Quién se movió? – Pegunto Archie confuso, pero al ver hacia donde era dirigida la mano de su primo comprendió todo al igual que todos.

-¡Que emoción Candy! – Dijeron Annie y Patty, ambas igual de ilusionadas por la espera del bebé de Anthony y Candy.

-No cabe duda que va a ser todo un torbellino igual que su madre. – Dijo Archie divertido.

-No Archie, será todo un inquieto jinete como su padre. – Dijo Stear, continuando con las discusiones de quien sería el padrino del bebé.

Anthony abrazó por la espalda a Candy, dándole en los labios de comer el helado de ambos, probándolo de vez en cuando, sintiendo Candy una extraña sensación cada vez que probaba ambos helados, era como si ambos sabores le agradaran a su pequeño. Había notado que esos meses su gusto por la comida había variado mucho, y que le gustaban tanto lo dulce como lo salado, pero había desarrollado una aversión por la zanahoria, cosa que nunca había sido así ella siempre había amado la zanahoria sobre todo la crema de zanahoria, pero ahora no soportaba ni su aroma, cosa que el rubio agradecía porque a él no le gustaba en lo más mínimo, sin embargo las cosas saladas también lo tenían cautivado, procurando comer de todo para también mantenerse fuerte.

Una vez que terminaron de pasear, fueron a comer a un pequeño restaurant que estaba cerca del lago que ofrecía una maravillosa vista del lugar, hicieron su pedido, teniendo ambos antojo de una hamburguesa, y los Cornwell les seguían el juego, ellos también pidieron una, sin embargo Annie se decidió por una ensalada y Patty estaba decidida a probar las salchichas.

-Candy, ¿Crees que te comerás todo eso tu sola? – Preguntó sorprendida Annie, quien ya sabía que era una comelona, pero al ver el tamaño de la hamburguesa hasta ella misma lo dudaba.

-No te preocupes Annie, si no puedo mi príncipe se hará cargo de ella. – Dijo sonriente mientras Anthony la veía divertido.

-No lo creo princesa, me harás engordar con tanta comida jajajaja, si no la terminas la pediremos para llevar. – Le dijo divertido, mientras todos reían felices.

Una vez que terminaron con la enorme hamburguesa y como era de esperarse solo los caballeros habían terminado de comerla, Candy había decidido no continuar si no quería enfermarse, se llenaba muy rápido, pero también muy rápido le daba hambre, pero tenía que comer temprano sino las náuseas la alcanzaban después de las 7 de la tarde.

Llegaron al departamento una vez que habían dejado a Annie y Patty, a Candy le dolían un poco los pies y sentía que comenzaban a inflamarse, Anthony le preparó una pequeña tina con agua tibia para que los descansara y sus primos le ayudaban a acomodarse en el sillón.

-Lo sentimos Candy, sabemos que ya no es apropiado para ti que camines tanto, te prometo que la próxima vez iremos en auto de paseo por el lago.

-¿Quieres volver a revivir los viejos tiempos? – Le dijo Anthony divertido a Stear y Archie.

-¡Vamos Anthony! No creerás lo que dice Candy. – Dijo Stear quejándose.

-Mi princesa no dice mentiras. – Dijo seguro.

-¿Qué fue lo que te dijo? – Preguntó Archie, Anthony les relató lo que Candy le había confiado rápidamente.

-Mmmm. – Dijo Stear. – Si, tienes razón, eso fue lo que pasó.

-Así que estaban de coquetos con las ex compañeras de Candy.- Dijo riéndose de ellos.

-Vamos Anthony, si las vieras no dirías nada de ellas. – Dijo Archie, haciendo muecas de que estaban muy feas.

-¿Tan feas estaban? – Pregunto divertido.

-Pero bien que les coquetearon. – Les dijo Candy una vez más retándolos por cómo se habían comportado a espaldas de sus amigas.

-¡Vamos Candy! No vas a negar que fueron ellas las que comenzaron todo.

-Pero bien que les siguieron el juego los dos, encantados por tantas atenciones, mientras Annie y Patty se la pasan suspirando por ustedes.

-No te preocupes Candy, no tengo ojos para nadie más que para Annie.

-Y yo para Patty, además como dice Archie, tres de las señoritas estaban muy poco agraciadas y la cuarta que era la más agraciada con el carácter que se cargaba la hacía ser la menos deseable de todas. – Dijo Stear siendo sincero. – Pero no podíamos dejar de ser caballeros con ellas, ante todo son unas damas. – Dijo Stear, recordándole a Candy que así era como los habían educado.

-Tienen razón amor, no tenemos la culpa de haber sido educados así. – Dijo siendo honesto.

-Eso no lo discuto amor, sé que los tres son unos caballeros, fue lo primero que noté cuando los conocí a cada uno de ustedes, pero si hubieras visto la cara que pusieron ambos, no era precisamente de caballeros. – Les dijo Candy viéndolos entrecerrando los ojos, mientras ambos Cornwell se rascaban la nuca y ponían de nueva cuenta su cara de pervertidos. - ¿Lo ves? Esa misma cara hicieron. Dijo Candy al verlos como actuaban.

-Jajajajaja ni cómo ayudarlos primos, la verdad es que mi princesa tiene razón, han puesto una cara de pervertidos y si esa misma pusieron ese día, bien merecido se tenían el codazo que les dio Candy.

Los dos reían felices de cómo eran regañados por sus primos y a la vez felices por compartir otro momento como cuando eran niños, cuando Candy siempre los regañaba cuando hacían alguna travesura y no era invitada con ellos.

-Pero no les vas a decir a Annie y a Patty ¿Verdad Candy?

-Sólo si me prometen que no lo volverán a hacer.

-Lo prometemos Candy. – Dijo Stear y Archie asintió.

-No quiero saber cómo le iría a Anthony si hiciera algo semejante. – Dijo Archie.

-Espero que Anthony no quiera averiguarlo. – Dijo viéndolo Candy de reojo y cruzando los brazos, mientras él la abrazaba de lado y la besaba en su mejilla.

-Si nunca puse mis ojos en ninguna chica cuando no estabas a mi lado, únicamente teniendo tu recuerdo en mi mente, mucho menos ahora que te tengo a mi lado, no haría una tontería para perder al amor de mi vida. – Le dijo en su oído y Candy se removía gustosa y se refugiaba en su pecho.

-Te amo, Anthony.

-Bien, es hora de irnos. – Dijeron los Cornwell viendo como sus primos ya demandaban su espacio a solas y viendo que el sol ya tenía rato de haberse ocultado, era hora de regresar a la solitaria mansión en donde los esperaba de seguro la tía abuela para cenar.

-Hasta luego muchachos, me saludan a la tía abuela, dígale que en la semana iremos a visitarla. – Dijo Anthony despidiéndolos en la puerta.

Una vez que se fueron sus primos, se regresó a la sala y levantó en brazos a su amada esposa para llevarla a la comodidad de su habitación y llevarle la cena hasta la cama, quería que descansara de ese ajetreado fin de semana y él sería el encargado de hacer que comenzara a relajarse.

Una vez que cenaron se dirigieron a darse un baño con agua tibia para poder descansar. Anthony se dedicó a bañar a su esposa acariciando su cuerpo con el jabón mientras ella se dejaba consentir, él se arrodillaba para besar con delicadeza su vientre y hablarle con palabras dulces y llenas de ternura a ese pequeño fruto de su amor, uno que ya dictaba desde su vientre que era lo que le gustaba de comer y que no, era curioso ver los cambios que iba teniendo su esposa, mientras él se desarrollaba dentro de su ser.

-No sabes cuánto te amo hermosa. –Le decía con admiración total, las palabras no eran suficientes para decir cuánto era su amor por ella cuanto la amaba y la disfrutaba.

-Puedes tratar de demostrármelo de nuevo. – Le dijo coqueta colocándose encima de él marcando ahora ella los movimientos.

Se durmieron agotados después de manifestarse su amor, abrazados uno al otro, mientras sus cuerpos desnudos liberaban el calor que había provocado sus jugueteos, sus rostros no solo reflejaban una relajación total, sino sus sonrisas delataban la felicidad que los embargaba de lleno en su vida, ambos eran felices, habían conseguido por fin esa paz y esa felicidad que por tanto tiempo les había sido negada por culpa de la vida, del destino (de la escritora) pero que ahora los tenía durmiendo en la misma cama, habían formado un hogar y ninguno de los dos podía negar la felicidad que los embargaba.

Esa mañana Candy se levantó tarde y apenas pudo prepararle el desayuno a su amado, él ya se estaba bañando cuando ella apenas comenzaba a preparar su desayuno, ya tenía la ropa lista y salía del baño para terminar de alistarse, mientras Candy lo observaba maravillada de su cuerpo, no podía dejar de admirarlo. Anthony la veía entendiendo su mensaje y le guiñaba un ojo y se retiraba a la habitación para ponerse su uniforme, salió a tomar sus alimentos y tan pronto terminó se dirigió hacia su esposa y la tomó por la cintura dándole un largo beso que la dejó sin aliento.

-Te veo más tarde hermosa. – Le dijo con su hermosa sonrisa, complacido por el estado en el que había dejado a su esposa, quien estaba aún en las nubes por tan maravilloso beso.

-Te veo más tarde mi amor. – Le dijo con una sonrisa boba y Anthony le besaba la nariz por último antes de comenzar su día en el hospital.

El tiempo pasaba rápidamente y Albert regresaba feliz con su esposa de su luna de Miel, el vientre el Dorothy era mucho más notorio, ya estaba cerca de los cinco meses de embarazo, habían regresado para la boda de Stear y Patty la cual pronto se celebraría y sería otro de los acontecimientos del año, habían decidido posponerla hasta que regresara el patriarca del clan para que así pudiera estar presente. Patty había comenzado sus estudios en la universidad donde era bien recibida por los maestros, más no tanto por los alumnos ya que la mayoría eran hombres y se sentían intimidados por los conocimientos de la señorita O'Brian, quien había demostrado que la belleza no estaba peleada con la inteligencia. Stear se sentía sumamente orgulloso de su prometida y lo demostraba con sus andares siempre que iba a recogerla a su institución dejándoles a todos bien claro quién era dueño de tan hermosa mujer.

Los preparativos de la boda habían corrido por cuenta de la familia Andrew ya que la tía abuela se desvivía por organizar una fiesta de tal magnitud al no haber tenido la oportunidad de hacerlo con su sobrino favorito, ni con el patriarca, sabía que le tocaba a la familia de Patricia, pero al estar ellos tan lejos y al celebrarse la boda ahí en Chicago quería tener el control sobre ello. Nadie había protestado por ello que si bien la interesada era la novia, había decidido delegar a la señora Andrew todo lo relacionado con la boda por lo ocupada que se encontraba con sus estudios, habían acordado hacerla a mediados de noviembre, así no estarían tan apresurados para las fiestas navideñas, aunque habían acordado solo estar un mes fuera, no solo por los estudios de ella, sino porque querían pasar las fiestas decembrinas junto a su familia.

Candy y Anthony por su lado se preparaban para los exámenes finales de ese semestre, y se preparaban porque Candy era muy solidaria con su amado, por más que él le suplicaba que descansara ella prefería acompañarlo en sus largas noches en vela que él tenía que pasarse para poder aprobar los exámenes y pasarlos sin dificultad. Más de una vez tuvo que cobijarla en el sofá que estaba en la sala porque el cansancio la había vencido, quedándose dormida en una incómoda posición pero negándose a dejarlo solo en su labor, Anthony amaba la disposición que ella tenía con él, pero se lamentaba que no dormía lo suficiente, y sabía que era necesario su descanso para que tuviera fuerzas suficientes para continuar bien su embarazo.

En el hospital Anthony seguía barajeando la suerte con la doctora Chapman, quien a veces lucía de lo más insistente cuando le preguntaba alguna que otra duda con relación a las materias que llevaban, lo único agradable era que al estar en grupos diferentes no se cruzaban mucho por el mismo camino. Había llegado por fin la hora de prepararse para el último examen y a nuestro rubio le habían pedido ayuda algunos de sus compañeros quienes estaban ansiosos porque sus notas no eran lo suficientemente buenas como para aprobar satisfactoriamente, así que se permitieron pedirle ayuda a Anthony para poder estudiar, él había aceptado de buena gana ya que solo serían dos los a los que ayudaría a estudiar, el resto de los compañeros habían quedado complacidos con las explicaciones que habían obtenido del rubio durante la estancia en el hospital.

Ambos compañeros platicaban animadamente de la ayuda que recibirían del rubio, cuando fueron escuchados por la famosa Doctora Chapman, la que pronto puso como pretexto que ella también tenía dudas sobre algunos temas que tratarían en la evaluación, queriendo quedar bien ambos caballeros la animaron a que los acompañara a casa del rubio lo cual ella aceptó encantada, por fin vería donde vivía el rubio y estaría más tiempo cerca del él, de ahí se aprovecharía para entablar una amistad más cercana.

Cuando llegaron los tres al departamento la doctora veía muy sorprendida el lugar donde vivía el médico ya que por la elegancia, su forma de vestir y el trato que tenía hacia las personas, daba a entender que era una persona de dinero, no le tomó mucha importancia después de recordar que venía de fuera y después de reflexionar lo cerca que estaba el lugar del hospital se terminó convenciendo que era por eso que vivía ahí. Cuando tocaron a la puerta Anthony se dirigió a abrirla sorprendiéndose no de muy grata manera de que la doctora estuviera ahí con sus dos compañeros.

-Buenas tardes Anthony. – Dijo uno de sus compañeros. – Invitamos a la Doctora Florencia ya que nos comentó que también tenía problemas con los temas que estudiaremos, espero que no tengas inconveniente. – Dijo un poco apenado.

-No se preocupen, adelante. – Les dijo amablemente, no quedando de otra más que atender a sus invitados de la forma que siempre lo habían enseñado a hacerlo. – Amor. – Dijo Anthony llamando a Candy para que lo acompañara a conocer a las personas que tenía invitadas. -¿Puedes venir un momento por favor? – El doctor James y el doctor Patrick esperaban que llegara la novia del doctor Brower, sin embargo la doctora Chapman no se sintió para nada cómoda con escuchar que la novia estaba presente.

-Candy, amor quiero que conozcas a mis compañeros, ellos son James y Patrick, ambos compañeros del grupo y la doctora Chapman la cual está en otro de los grupos de medicina. – Muchachos les presento a mi esposa, la Sra. Candis Brower Andrew. – La presentó orgulloso, al mismo tiempo que decía la palabra "esposa" Florencia sentía un nudo en el estómago y más cuando al bajar la mirada para inspeccionar a la famosa novia había notado el abultamiento que sobresalía de su vientre "está embarazada" pensó cohibida y sintiéndose culpable por las intenciones con las que había ido a casa del doctor Brower.

-Mucho gusto señora Brower. – Dijeron ambos caballeros al momento de que saludaron a Candy haciendo una reverencia en señal de respeto y como era bien visto en la época.

-Mucho gusto señora. – Fue lo único que pudo decir Florencia ante la mujer que estaba frente a ella, quien siempre había pensado era insignificante para el rubio por ser simplemente una enfermera sin trabajo, nunca se imaginó que aquella muchacha sería la esposa del doctor Brower, no imaginaba que estaba casado siendo tan simplemente un estudiante y estando tan joven, se percató de los anillos que ella llevaba en su mano así como advirtiendo al mismo tiempo la alianza de matrimonio que relucía en el anular izquierdo del rubio. Candy sintió una extraña sensación al momento de saludar a dicha doctora, pero inmediatamente se recompuso al pensar que eran imaginaciones suyas.

Después de haber pasado un rato estudiando en el departamento de los Brower, los compañeros se despedían agradecidos de las atenciones del matrimonio, la señora Brower había resultado ser una maravillosa anfitriona y contrario a lo que creía la doctora había resultado una mujer sumamente inteligente ayudándolos más de una vez con los temas que trataban, definitivamente nunca volvería a desestimar la carrera de enfermería ya que también tenían mucho que enseñar a los médicos.

Florencia se despidió con otro semblante de Candy y Anthony, ahora los veía como un matrimonio y automáticamente lo hacía inalcanzable para ella, se habían ganado el respeto de la doctora y de ahora en adelante Anthony ya no sentiría el coqueteo de la doctora, lo cual noto al momento de que presentó a Candy como su esposa, eso era algo que a él le resultaba satisfactorio, ya que no tendría que lidiar con el constante acecho de la doctora para su persona.

-¿Qué sucede amor? – Le preguntaba Candy al ver a su esposo tan pensativo.

-Nada preciosa, todo está bien. – Le dijo abrazándola y besando su frente para darle a entender que todo estaba bien, él nunca había seguido el juego a la doctora, al contario si no hubiera sido por algunos de sus compañeros que se habían dado cuenta de la incomodidad que sentía el rubio con la doctora y más de una vez lo habían salvado de su insistente coquetería.

Continuará…

Bueno aquí está otro capítulo más, espero que lo hayan disfrutado, muchas gracias por los comentarios que he recibido, como pueden ver no hubo drama con la doctora, al ver que Candy era su esposa y estaba embrazada decidió alejarse y dejarlos en paz, lo bueno que en esa época aún había esa decencia de respetar a los matrimonios y que al saber que estaban casados se respetaba esa relación.

Diana, me alegra saber que te escapas a tu marido para ver los capítulos jajajaja pero no lo desatiendas mucho tenlo contento para que se porte tan bien como nuestro rubio favorito. De nuevo muchas felicidades por tu matrimonio, te deseo toda la felicidad del mundo y gracias por estar al pendiente de la historia, te mando un fuerte abrazo.

Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, solo los he tomado prestados para jugar un poco con ellos y con mi imaginación, lo hago sin fines de lucro es meramente por diversión, espero lo disfruten y sigan al pendiente de la historia, le mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.

Saludos!