Capítulo 28: La batalla del lago
Yasmine corría como nunca lo había hecho en su vida, cosa bastante difícil teniendo en cuenta el dolor palpitante que sentía en su costado y que cada vez se hacía mayor. Corría tan deprisa que ni siquiera reparó en la presencia que cruzaba por delante suya justo y cuando salía del pasadizo que llevaba a las mazmorras, por lo que se dio de bruces con la mismísima profesora McGonagall, y ambas cayeron al suelo en un choque estrepitoso.
-¡Pero qué demonios!- gritó la profesora asustada- ¡Por las barbas de Merlín señorita Roberts!, ¿Es que no mira usted por donde va?- se levantó sacudiéndose la túnica de gala de cuadros escoceses cuando reparó en el vestido ensangrentado de la joven- ¿qué demonios le ha pasado?- gritó intentando acercarse a ella para examinarla de cerca.
-¡No!- chilló Yasmine alejándose unos pasos atrás- esto no es nada profesora, no se preocupe- contuvo un jadeo de dolor y compuso la sonrisa más encantadora que pudo teniendo en cuenta las circunstancias- necesito ver al profesor Dumbledore, es urgente, urgente de verdad- dijo ella sin vacilar- iba a buscarlo ahora mismo al Gran Come…
-Pierde usted el tiempo señorita- la cortó McGonagall algo airada por el rechazo de la joven- no está en el castillo.
Yasmine abrió la boca de la sorpresa tanto que hubiese podido caber el expreso de Hogwarts entero dentro de ella.
-¿Cómo?- preguntó con un hilo de voz- ¿Por qué?
-Eso no es asunto suyo, pero le ordeno que vaya inmediatamente a la enfermería, y se quede allí toda la noche, vamos a bloquear las puertas de las casas de Hogwarts y las del Gran Comedor hasta que estemos seguros de que todo va bien.
-¿Qué quiere decir con eso? ¿Qué ha pasado? ¡No puede dejarme así! ¡Mi familia está aquí!- gritó exasperada y realmente nerviosa. Se abalanzó sobre la profesora implorante, y esta vez fue ella la que se retiró antes de que la joven la alcanzase.
-Señorita Roberts por favor- le advirtió la mujer con severidad- escúcheme…- se acercó a ella como si no quisiese hablar muy alto, a pesar de que no había nadie más en el pasillo- ese que se hace llamar Lord Voldemort…- dijo con un hilo de voz, mientras la recorría un escalofrío evidente- ha entrado en el ministerio, y el profesor no descarta que el colegio sea uno de sus objetivos hoy… demasiados magos y brujas importantes reunidos en un mismo lugar.- y consiguió dejar a Yasmine completamente sin habla.- vaya usted a la enfermería inmediatamente o tomaré medidas al respecto, ahora, si me lo permite, tengo tareas importantes que hacer- y sin más, la dejó allí, mientras su cerebro trabajaba a toda velocidad buscando un plan B, el mismo que Lord Voldemort había planeado en caso de que ella decidiese intentar escapar de la tarea que le había encomendado.
…
Sin embargo, en las bocas abiertas por la sorpresa de Lily, Remus, James, Sirius y Estelle no hubiese cabido un expreso, sino dos, después de la bomba que Peter acababa de soltar por su boca. Lucas había aprovechado que Estelle se había llevado a los padres de Remus a la mesa de su madre, para encargarse de entretenerla y que su hermana y sus amigos estuviesen tranquilos, ignorando completamente la gravedad real del asunto.
-¿Qué estaba haciendo que?- el primero en hablar fue Sirius.
-¿Con quien?- el segundo James.
-¿Dónde?- y el tercero Remus.
-¡Eso es mentira!- rechazó enfadada Estelle.
- ¿Seguro que no te has drogado?- preguntó Lily con desconfianza.
-¡No!- se defendió el aludido.- ¡he intentado decíroslo pero no me ha dado tiempo! He visto como Regulus y Snape salían juntos del Gran Comedor y como nunca se les ha conocido ninguna novia he sospechado que tal vez ellos… bueno ya sabéis- rio nerviosamente ante las cejas alzadas de sus compañeros- por eso he sacado el mapa, para ver que hacían, lo que no esperaba es que Yasmine se les uniese, y los tres puntos estaban tan juntos que si no estaban haciendo un trío estaban jugando al twister. Después Snape ha salido corriendo y ha desaparecido, Regulus se ha ido y por último Roberts – se siguió justificando Peter. Volvió a dejarlos a todos sin habla.
-Eso debe estar mal, dame el mapa- replicó Sirius, que no daba crédito. Su cabeza iba a explotar con tanta información. Le arrancó el mapa a su amigo de las manos mientras Lily se preguntaba como sabía Peter sobre la existencia del twister, aunque prefirió no indagar en el tema por si le contaba algo desagradable. – Yasmine se acaba de separar de la etiqueta de McGonagall…. y Snape y Regulus no aparecen por ningún lado- miró enfadado a Peter.- ¿estás seguro de lo que has visto?- él se negaba a aceptar que Yasmine tuviera nada que ver con el detestable de Snivellus o su desagradable hermano.
-Pero… pero…- Peter titubeó mientras Sirius le tiraba el mapa enfadado.
-Vale, vale, chicos... yo creo que lo mejor es que vayamos a buscar a Yasmine, a Regulus, y a Snape y les preguntemos… tenemos el mapa.
-Pero Snape y Regulus no aparecen- repuso Estelle echándole un vistazo al pergamino, que había cogido al vuelo- y Yasmine está a punto de desaparecer.
-¿Cómo? Eso no es posible- la contradijo James, Estelle le tendió el mapa con el ceño fruncido.
-Se os ha debido olvidar dibujar algo porque acaba de salir por esa esquina del mapa y ya no se la ve- le contestó ella.
-Vale, entonces tendremos que buscarlos sin el mapa. Supongo que lo más probable es que estén por los terrenos, que son los más amplios, y algunos no los hemos representado- dedujo Remus intentando poner solución a los inconvenientes que iban surgiendo.
-Nos dividiremos.- decidió James entonces, siempre al mando.
-Yo quiero buscar a Snape- lo interrumpió Lily.
-¿Qué?- James volvió a abrir la boca alucinado, a él le hubiesen cabido tres expresos de Hogwarts y aún sobraría espacio.
-Fue mi amigo mucho tiempo, y sé que jamás me haría daño, y me dirá la verdad…- estaba segura de que aquello no haría más que enfurecer a James, pero sabía que o actuaban rápido o habrían perdido a Yasmine para siempre.
-NO pienso dejarte sola con ese energúmeno- se negó en rotundo James.
-Chicos, chicos, calmaos- Estelle intentó poner serenidad a la conversación- James tienes que confiar en Lily.
-¡En quien no confío es en él!- gritó James exasperado.- y vosotros tampoco deberíais.
-¡Basta! – exclamó la pelirroja de ojos verdes- Snape jamás hablará en tu presencia James, así que ponte esa maldita capa de invisibilidad que tienes, y vienes conmigo sin que te vea. ¿Está claro?- su tono fue tan contundente y su solución tan sencilla que James no pudo replicar - Remus y Estelle, vosotros id a buscar a Yasmine por el lugar que ha desaparecido.
-Yo iré a por Regulus- decidió Sirius. Quería tener unas palabritas con su querido hermano menor y sobre que asuntos se traía con su… su… con Yasmine.
-¡Pad! ¿Tienes el espejo?- James se refería al espejo de mano por el que se comunicaban cuando estaban en vacaciones o castigados, o en los pocos momentos en los que no estaban juntos.
-Mierda, me lo dejé en la cabaña de mi tío, pero puedo aparecerme allí y recogerlo en un momento, nos comunicaremos por ahí para saber como vamos.
-Vale, entonces lo haremos así. ¿Remus? ¿Sigues teniendo el colgante?- y en esta ocasión, James se refería al colgante que utilizaron la noche de la excursión en el bosque prohibido con las chicas y que habían transformado en trasladores en las vacaciones de navidad. En Hogwarts no podían utilizarlos, pero habían hecho un conjuro para que en él apareciese el lugar donde se encontraba cada uno de ellos. Es decir, si Remus estaba en el campo de quidditch y quería comunicárselo a James y Sirius, en los collares de sus dos amigos aparecían las palabras "campo de quidditch", y brillaban con intensidad durante un minuto.
-Esto… sí…- se sonrojó levemente al sacar el colgante del bolsillo de su túnica, y lanzó una mirada de disculpa a Estelle.
-¡Eh! Eso era…
-Sí, tuyo…
-Vaya…- Estelle enrojeció tanto como solía hacerlo cuando se avergonzaba y los dos bajaron la cabeza, evitando mirarse.
-¿Peter?- preguntó James, dejándole algo de intimidad a la pareja.
-Y yo me quedaré vigilando en la puerta del Gran Comedor con el mapa por si pasa algo fuera de lo normal, y si pasa iré a buscaros- decidió el enano traidor. Sirius suspiró poniendo los ojos en blanco y le pasó a Peter su colgante gris para que pudiera comunicar su situación o ver la de sus amigos, sin embargo nadie protestó porque quisiera quedarse fuera de peligro, teniendo en cuenta sus resultados en el laberinto… nadie quería tenerlo en su equipo.
…
Yasmine corría ahora a todo lo que daban sus pulmones por los terrenos de Hogwarts. ¡Ada! Ella era su solución, ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Había visto luz en su cabaña a través de una de las ventanas del castillo y dedujo que había abandonado ya el baile, por suerte para ella.
No se podía creer que todo lo que tan meticulosamente había planeado durante meses se fuera al traste en cuestión de segundos. Destruir a la serpiente chivata había derivado en su propia destrucción; cuando más necesitaba a Dumbledore, se iba del colegio, y ahora su última carta era Ada, si ella le fallaba, no habría nada que hacer, solo esperar a que él apareciese y acabase con ella y todos sus seres queridos. ¿Cómo había podido salir todo tan mal? Llegó atropelladamente a la cabaña de la profesora, y la aporreó como hizo meses antes, el fatídico día que cortó con Sirius por la fuerza y conoció a Joe, el becario de su anciana amiga. Interrumpió una acalorada charla dentro de la casa y Ada abrió la puerta con brusquedad.
-¡Muchacha!- exclamó la profesora. Su expresión era de sorpresa, y para sorpresa de Yasmine, también de disgusto.- ¡No deberías estar aquí!- gritó en voz más baja.
-¿Quién ha venido, Ada?- preguntó interesada la voz de Joe en el interior de la casita.
-Ada necesito tu ayuda es urgente por favor- imploró Yasmine con lágrimas en los ojos, retirando las manos y mostrándole el costado derecho.
-¿Qué demonios?- la mujer contuvo una exclamación de asombro al ver el vestido manchado de sangre de su pupila, y a regañadientes, la ayudó a entrar en la cabaña.
-¿Qué es lo que sucede?- preguntó Yasmine cuando vio la sonrisa de extraña satisfacción que se le dibujó a Joe en el rostro.
- Te estaba esperando- dijo de forma escalofriante el chico de gafas sin montura.
-¿Cómo?- Yasmine estaba aturdida, por el dolor y el cansancio, y creyó no haberle oído bien.
-Sí…- Ada se interpuso entre Joe y Yasmine, dándole la espalda al joven, al parecer a ella tampoco le estaba gustando la actitud de su becario- Joe lleva insistiendo demasiado rato en que debíamos ir a buscarte, pero yo le he dicho que estarías con tus amigos- Ada palpó a través del vestido la herida de Yasmine, que gritó de dolor. -¿cómo te has hecho esto niña?- preguntó clavando los ojos grises en los castaños de ella. Yasmine estaba incómoda, no quería hablar delante de Joe.
-Necesito hablar contigo a solas por favor, Ada- suplicó Yasmine.
-Ya la has oído, muchacho- Ada se giró y se encaró al joven, que seguía sonriendo, y se llevaba la mano al bolsillo con suma tranquilidad.- vuelve al baile y déjanos solas- ordenó la anciana con un severo tono de acero en la voz. Pero Joe parecía tener otros planes, empezó a negar con la cabeza lentamente, sin borrar aquella sonrisa escalofriante de sus labios.
-No, no, no- avanzó, ahora con la varita en alto, hacia la anciana y la gryffindor- la señorita Roberts se viene conmigo, AHORA.
-¿Cómo?- Ada levantó también su varita, avanzando con ella en alto y esquivando con un escudo mágico un haz de luz verde que acababa de salir de la varita del chico. La mujer salió despedida contra una de las paredes del pequeño saloncito por la fuerza del impacto del hechizo contra su escudo.
-¡NO! ¡Ada!- Yasmine gritó e interpuso su cuerpo entre la anciana y el joven, un Joe que estaba cambiando físicamente a una velocidad vertiginosa, su pelo corto y negro, se convirtió en una larga melena plateada, y sus ojos castaños se tornaron grises, fríos y crueles, y perdió unos cuantos centímetros de altura… Lucius Malfoy se alzaba imponente y malvado delante de ellas, y Yasmine se preguntó si su pesadilla podía empeorar más de lo que ya lo había hecho hasta ese momento.
- Has sido una leoncita mala, ¿verdad?…- se acercó a Yasmine, y clavó sus dedos sin piedad en la herida del costado de la chica, que comenzó a sangrar más profusamente. Yasmine gritó de puro dolor.
-¡Déjala!- ordenó Ada, intentando acercarse, pero ella también estaba debilitada por el golpe y apenas atinó a ponerse de rodillas.
-Ya averiguaremos como has conseguido deshacerte de ella... Al menos habrás aprendido la lección… que uno nunca deja el lado oscuro… y mucho menos en vida- se rio satisfecho, empujando a la joven contra Ada.- Está bien… esto va a ser divertido… a mi amo le gustará que te lleve conmigo, Ada Millow, tú que llevas tantos años luchando en nuestra contra- y con un rápido movimiento de varita, decenas de cuerdas duras y negras salieron de la nada, atando de pies y manos tanto a Yasmine como a la profesora, que se retorcía con todas sus fuerzas. – vamos a dar un pequeño paseo al centro del lago.- con otro movimiento de varita, ambas mujeres se elevaron del suelo y comenzaron una extraña comitiva, cerrada por el mortífago rubio, saliendo por la puerta de la coqueta cabaña de Ada Millow y avanzando en la densa oscuridad de aquella noche sin luna.
…
Sirius se estremeció al salir al exterior de aquella oscura noche. La ausencia de la luna solo lo hacía sentir una inquietud aún mayor de la que ya sentía por la desaparición de Yasmine. Corrió todo lo que pudo atravesando los terrenos húmedos del castillo hasta llegar a la verja que conducía al camino exterior de Hogwarts, y sin más dilación, se apareció pensando en la cabaña de su tío Alphard.
Era una ventosa noche en la costa del sur de Inglaterra. Las malas hierbas habían doblado su tamaño desde que él se había ido de allí en Navidad, y todo su trabajo en la rehabilitación de la casa parecía haber sido en vano. Pero no pensaba en aquel momento en algo tan banal como el estado deplorable de la vivienda, entró bruscamente en el pequeño saloncito y se encaminó a la habitación superior. Allí, encima de la mesita de noche, se encontraba el espejo de mano que utilizaba para comunicarse con James. Lo cogió y contempló su propio reflejo.
-¡James Potter!- exclamó el chico de ojos grises hablándole al espejo- el aludido apareció en el cristal, su cara estaba crispada por la ira.
-Será mejor que te des prisa, tenemos que encontrar a Yasmine ya.
-¿Pero qué? – Sirius necesitaba más información, pero escuchó a Lily apremiar a James a lo lejos.
-¡Tú vuelve!- exclamó el animago de gafas. Y su imagen desapareció del espejo.
Sirius no esperó más, bajó los escalones de la casa de un solo salto y justo y cuando estaba a punto de salir por la puerta, vio una pequeña nota tirada en mitad del suelo del saloncito. Un feo ave negra entregando una carta a Yasmine el día de Navidad le vino a la cabeza en un flash repentino, y no lo dudó. Cogió la nota y la leyó con la escasa luz de la luna que entraba por las sucias ventanas. Era una letra estilizada, escrita con tinta oscura.
"En los acantilados, ya. Tenemos a tu hermana. Hoy has hecho algo muy peligroso. La vida de tus seres queridos está en tus manos."
Su corazón comenzó a latir desbocado en su pecho. Un extraño puzzle al que no encontraba mucho sentido empezaba a cobrar forma en su cabeza. Y por primera vez, podía vislumbrar el grave problema en el que Yasmine estaba metida. La urgencia que sintió, hizo que se apareciese casi sin proponérselo de nuevo de vuelta al castillo. Y de repente, se olvidó por completo de buscar a Regulus. El tiempo se les agotaba. Necesitaban encontrar a Yasmine inmediatamente.
…
Justo y cuando Sirius, Estelle y Remus se marchaban por la puerta de la entrada del castillo, James y Lily se quedaron solos en la entrada.
-Ponte la capa James- le urgió Lily.
-¿Cómo sabías que la llevaba encima?- preguntó el chico asombrado.
-Siempre la llevas. Siempre estás preparado-razonó ella como si fuese lo más obvio del mundo. – tienes que seguirme.
-¿A dónde?- preguntó un James ya invisible.
-Sé donde encontrar a Snape- dijo ella con seguridad.
-¿Cómo?- James estaba atónito.
-James, hay cosas que no habéis terminado de dibujar en el mapa, me he fijado alguna vez. Algún árbol, algún recoveco en los jardines, poca cosa, eso sí, he de admitir que es un gran trabajo, pero no está el árbol que entra en el lago, el que cubre el embarcadero que está al lado del castillo, ahí descansábamos siempre Severus y yo durante los primeros años.
-¿Severus? ¿Y como sabes que estará allí?- James estaba realmente celoso, y Lily estaba empezando a pensar que no había sido buena idea que fuese con ella.
- No tenemos tiempo para esas tonterías. - le advirtió.- y no lo sé, es un pálpito- Lily había aprendido durante los últimos meses que cuando tenía un pálpito, debía confiar en él.
James gruñó molesto, y se dedicó a rumiar sus celos en silencio, pero siguió a la pelirroja al exterior y comenzaron a rodear todo el castillo. Tardaron poco rato en llegar, pero, al parecer, la intuición de la gryffindor era más que acertada. Una figura alta y delgada, vestida de negro, contemplaba la lisa superficie oscura del lago.
-Quédate aquí- le susurró a James- ni se te ocurra moverte o seré yo misma quien acabe contigo- le advirtió duramente. James hizo un ruidito de afirmación que no gustó nada a Lily, pero confió en que el chico no se movería de allí.
Se acercó a la figura negra, y cuando estaba a un par de metros de él, se paró sobresaltada por el sonido de su voz.
-Lilian, ¿qué haces aquí?- dijo con voz grave su ex amigo.
-Severus…¿cómo sabías …?
El chico se volvió, y sus pequeños ojos negros brillaron al ver a la pelirroja. Quiso decirle que reconocería su aroma a lirios a kilómetros de distancia, pero se encogió de hombros.
-Te he oído.- contestó simplemente.
-Severus…
-Tienes que irte de aquí, Lilian.- dijo el chico con angustia. – ahora.
-Pero Yasmine…- el joven slytherin bufó al oír el nombre de la chica.
-¡Yasmine! ¡Se acabó! Pero tú…- se acercó a ella bruscamente y Lily se retiró asustada, oyó un ruido de pisadas pertenecientes a James, que se aproximaba tras ella para protegerla, pero entonces Lily gritó.
-¡No!- y Snape paró en seco y las pisadas cesaron. La advertencia había funcionado.
-Tienes que huir Lilian, y… jamás pensé que te diría esto, pero si quieres de verdad a Potter, llévatelo a él también.- parecía que pronunciar aquellas palabras era lo más duro que Snape había hecho en su vida.
-No nos podemos ir sin ella.- replicó Lily enfadada.
-¿Pero es que aún no lo habéis entendido? ¡Ella es la trampa! ¡Lo quiere a él! ¡Y tú podrías morir por culpa de todo esto!- Lily había visto a Snape pocas veces así de alterado, pero el terror que sentía por las palabras que estaba diciendo era mayor que el que sentía por su estado anímico.- ¡tienes que irte por favor!- le suplicó slytherin, casi de rodillas.- si te pasa algo yo…
-¿Qué ha sucedido, Severus?- Lily se agachó junto al chico, y le cogió las manos de dedos largos y huesudos, parecía que Snape estaba a punto de echarse a llorar.
-Él la atrapó… como una serpiente a un ratón… al principio solo quería tener una espía en Hogwarts, en la casa de Dumbledore, y ella era la más débil, pero al final, al final… ella es el cebo… él sabe que no la dejaréis sola… ¡malditos gryffindors estúpidos!- Lily estaba empezando a entenderlo todo, era urgente encontrar a Yasmine, podía hasta sentir el dolor y la pena que su amiga había tenido que aguantar durante todo ese tiempo.
-¿Dónde está? ¿Por qué estabas con ella?- Lily necesitaba respuestas, aunque sabía que el tiempo se acababa.
-Intenté ayudarla para protegerte, estuvimos muy cerca… ojalá lo hubiese conseguido, te hubiese puesto a salvo… he fracasado- ahora sí, sollozaba- no te puedo decir donde está o irás a buscarla, Lilian.
-Severus…- suplicó Lily, y se le cayó el alma a los pies cuando entendió que el slytherin jamás le diría donde encontrar a Yasmine.
-¡No! No lo haré… ¡Vete! ¡Huye por favor! ¡Ponte a salvo!- y de repente, se soltó de las manos de la chica con brusquedad, y, en un mitad de una espiral de humo denso y negro, desapareció en mitad de la noche, dejando a Lily y a un anonadado James solos en la oscuridad. Tardaron unos segundos en reaccionar, pero entonces James salió de debajo de la capa y Lily se acercó a él angustiada.
-¡Tenemos que irnos! ¡Busquemos a Remus y Estelle!- apremió Lily a James, que estaba mirando el cristal del espejo mientras se comunicaba con Sirius.
-Sirius ya está en camino, tiene su espejo. – James guardó el suyo en el interior de su túnica y se dispuso a seguir a la pelirroja a toda prisa.
-¡Espera, James!- Lily se detuvo en seco, recordando las palabras de Snape.
-¿Qué ocurre?
-¡Vete!- le gritó ella, empujándole con fuerza, de repente le encontraba sentido a todo.
-¿Cómo? ¡Te has vuelto loca!- le gritó el chico enfadado.
-¡Te quiere a ti! ¿No lo has oído?- ahora los ojos verdes de Lily estaban anegados en lágrimas.
-¡No me voy a ir a ningún lado!- replicó James, ofendido.- vamos a buscar a Yasmine y volveremos todos a casa.
-¡Te quiere matar!- sollozó Lily, intentado empujarle para alejarlo, sin éxito ya que James, más rápido, agarró sus muñecas para impedirlo. El chico de gafas, la atrajo con fuerza hacia su cuerpo y la abrazó. La abrazó tan fuerte que Lily sintió como su angustia se escapaba por sus labios en forma de suspiro por la presión que el chico ejercía sobre ella con sus brazos.
-Lily…- James susurró a su oído, intentando calmarla- esto es la vida real, pero yo también tengo un pálpito, ¿sabes?- Lily sollozó más fuerte aún- creo que hoy no va a morir nadie, ni siquiera yo, ¿Me crees?- Lily asintió, pero quería a James lo más lejos posible del peligro.- vamos a buscar a Yasmine, nos protegeremos, ¿vale? Ella nos necesita. – Lily alzó la mirada para encontrarla con la de James, y lo besó. Echaba tanto de menos los labios de James que fueron como un bálsamo contra su miedo, como el canto de un fénix. Lo tomó de la mano, y corriendo lo más rápido que podían, comenzaron a bordear el castillo de vuelta a la entrada principal.
…
Remus y Estelle salieron a la fresca noche, ella había cambiado sus tacones por unas zapatillas de deporte, que Lily había invocado desde la torre de gryffindor para ambas, de modo que atravesaban a toda velocidad los terrenos del castillo. Antes de que la cabaña de Ada apareciese en su punto de visión, Remus detuvo a Estelle agarrándola de la mano.
-¡Espera!
-¿Qué ocurre?- Estelle no tuvo tiempo a decir nada más, pues Remus la cogió con delicadeza de la nuca con una mano, con la otra apartó un mechón de pelo rojo y rizado de su rostro, y le dio el beso más increíble y apasionado que nunca le habían dado en su vida. Cuando se separaron, a Estelle se le había olvidado su propio nombre, quien era y donde estaban.
-Guau.- fue lo único que pudo decir. Remus sonrió satisfecho.
-Ya podemos seguir- y, cogiéndola de la mano, tiró de ella hacia donde los pasos de Yasmine se habían perdido en el mapa del merodeador.
Cuando estaban a pocos metros de la casa Ada, entendieron que algo no iba bien. La puerta estaba abierta de par en par y las luces encendidas, pero no había nadie en el saloncito de la anciana profesora.
Remus se acercó a la estantería con copas rotas donde el cuerpo de Ada había ido a chocar por la onda expansiva que había provocado el choque de la maldición asesina de Malfoy contra su escudo protector, y Estelle reparó en el suelo manchado del salón.
-¡Mira!- gritó Estelle, acercándose al charquito de sangre que había dejado la herida de Yasmine cuando Malfoy la había apretado- oh Merlín mío, ¿qué ha ocurrido aquí?- empezó a buscar nerviosa por toda la casa, pero estaba tan angustiada que no veía nada.- ¿será de Yasmine?
Remus se acercó a la sangre y la tocó con la punta de los dedos. Se la acercó a la nariz y olió de forma muy parecida a como lo habría hecho un… lobo. La expresión de su gesto no consiguió engañar a Estelle.
-Oh no, oh no- ella empezó a hiperventilar, y Remus la cogió por los hombros y la sacudió brevemente.
-Estelle, es muy poca sangre, será una herida pequeña. La encontraremos, y la ayudaremos, ¿confías en mi?- Estelle vio la seguridad brillando en esos enormes ojos dorados y asintió, tragando saliva e intentando serenarse.- vamos a buscar a los demás. Remus cogió el colgante aguamarina y se lo llevó a los labios, pegándolo a ellos.- Cabaña de Ada Millow.- dijo lentamente. El colgante brilló, y las letras se iluminaron, y así lo hicieron a su vez los colgantes de James y Peter.
…
-Eh, tú, ¿dónde están todos?- Michelle Roberts tocó el hombro de Peter con cierta desgana, sobresaltando al chico, que no esperaba que nadie apareciese así por detrás suya. Ni siquiera reparó en el colgante que Sirius le había prestado y que ahora brillaba colgado en su cuello.
-Mmmm, han salido.- contestó el chico torpemente.
-Eso ya lo veo, ¿dónde está mi hermana?- Peter no era muy inteligente, pero sabía que Michelle intuía que algo no iba bien.
-No lo sabemos, la están buscando- dijo intentando utilizar un tono de voz lo más tranquilizador posible.
-¿Buscándola? ¿Qué haces tú aquí? ¿Y por qué miras eso?- Michelle estaba empezando a impacientarse, pero si quería conseguir rápido que la llevasen con su hermana, tendría que emplear otra táctica, de modo que, se arregló el escote, sonrió lo más coqueta y falsamente que pudo, y adoptó un tono ligeramente seductor- quería decir, Peter Petisito…. -sonrió, y dibujó un corazón con su índice sobre la túnica de gala del chico- si me dices donde podemos encontrarla… prometo salir contigo este verano.
Peter, que no era muy listo, no la vio (o no la quiso ver) venir, de modo que en menos de un segundo, estaban abandonando el Gran Comedor, y le estaba explicando lo buenos magos que eran él y sus amigos, ya que había inventado el mapa que revelaba los secretos mejor escondidos de Hogwarts.
Cinco minutos después de la marcha de Michelle y Peter, McGonagall sellaba las puertas del Gran Comedor, e informaba a los asistentes a la gala que durante las próximas horas debían permanecer allí dentro por su propia seguridad. Tardarían poco en darse cuenta de la ausencia de los ocho alumnos de Gryffindor y los dos de Slytherin.
…
-¡Eh, vosotros!- pero Filch, encargado de hacer guardia por los pasillos, se topó de bruces con Peter y Michelle. Peter había insistido en enseñarle a la joven un atajo hacia los terrenos del castillo, que era donde había visto a sus amigos la última vez, pero en realidad estaba buscando un lugar tranquilo donde conversar con ella, o mejor dicho, intentar meterle mano.
-Mierda- Michelle puso los ojos en blanco, iba a tardar más de la cuenta en librarse de aquel gordinflón pesado.
-¡Vosotros no deberíais estar aquí!- gritó Filch.- ¿qué demonios es eso que llevas encima, delincuente!- le gritó a Peter, que llevaba el mapa abierto en las manos. Por suerte, el joven fue rápido y consiguió desactivarlo antes de que el conserje se lo arrancase de un manotazo.
Cuando Filch empezó a tocar el pergamino en blanco, comenzaron a dibujarse finos trazos en el papel que conformaban algunas frases algo hirientes.
"El señor Lunático le ordena que deje de molestar, y de meter sus sucias narices en todos los asuntos"
"El señor Colagusano, no dice nada, ya que ha muerto del hedor que desprende ese sucio conserje"
"El señor Canuto, le aconseja al pelofregona que se lo lave, y de paso lave a su sucia gata también"
"El señor Cornamenta le exige que se lave los pies también, el muy guarro"
Mientras Filch leía en voz alta, Michelle se había escabullido silenciosamente y había dejado a Peter allí solo, temblando ante el peligro… al parecer, Filch iba a usar esa noche las cadenas para colgar alumnos de los pulgares después de muuucho, mucho tiempo.
Y ese fue el fin de la primera era del valiosísimo Mapa del Merodeador, que descansaría en el despacho de Filch hasta la llegada de los gemelos Weasley a Hogwarts.
…
Michelle había notado también la ausencia temprana de Ada Millow, y no sabía si era su instinto fraternal o su intuición pero algo le decía que Yasmine podría estar allí, de modo que cuando quedaba muy poco para las una de la madrugada, Sirius, James, Lily, Estelle, Remus, y por último, una acalorada Michelle, se encontraron reunidos en la pequeña cabaña de la profesora.
-¿Dónde está mi hermana, chicos?- preguntó Michelle con mucha más calma de la que realmente sentía.- ¿qué está pasando aquí?- dijo al ver el semblante de preocupación de todos ellos.
Sirius fue el primero en moverse, se sacó la nota de pergamino arrugado del bolsillo de la túnica y se la mostró a sus amigos, que la leyeron horrorizados.
-Esto fue en la mañana de Navidad, la recibió estando conmigo y se fue muy deprisa y asustada- se culpaba mentalmente de no haber sabido asociar bien los hechos que habían ocurrido aquel día, con el comportamiento tan errático de Yasmine. Sufría lapsus mentales en los que recordaba como ella se despedía en la puerta como si no fuesen a volver a verse nunca más y ahora todo tenía sentido.
-Fue cuando la encontramos en los acantilados- entendió Lily de golpe. Estelle se llevó una mano a la boca, para reprimir el grito de angustia.
- La han estado manejando como han querido, era un cebo- James contó por encima la conversación de Lily con Snape, en lo relacionado con Yasmine, pero no les dijo que lo que Voldemort realmente quería era encontrarlo a él, lo más seguro para matarlo.
-¿Un cebo para qué?- se extrañó Remus.
-Para él- pero Lily no se iba a callar y señaló a James.- lo quiere a él.
-Prongs…- Sirius intentó serenarse, pero estaba muy lejos de conseguirlo. Cerró los ojos y respiró hondo intentado pensar la manera de evitar que su mejor amigo se pusiese en peligro sin tener que encerrarlo bajo llave por la fuerza.
-No vamos a empezar con esto otra vez, superadlo, no me voy a quedar aquí esperando a que volváis de rescatar a Yasmine, olvidad esa idea.- durante unos segundos, todos se quedaron en silencio, meditando su respuesta. A ninguno les hacía gracia meter a James en la boca del lobo, pero sabían que iba a ser misión imposible evitarlo.
-¿Y si lo aturdimos?- propuso Michelle con voz inocente. Recibió diversas miradas, desde la de odio de James, pasando por incredulidad de Estelle, hasta las del resto, que no descartaban del todo la idea de la joven rubia oscura.
- Estás despedida del equipo de quidditch, jovencita- la amenazó el merodeador de gafas.
-El año que viene no estarás- le replicó ella.
-¿Cómo demonios encontramos a Yasmine?- interrumpió Estelle exasperada.
Sirius alzó las manos en un gesto para implorar silencio, puesto que estaba pensando en algo y no lo dejaban concentrarse. De repente, dio un grito de alegría y salió a la carrera de la casita.
-¡Ya sé como encontrarla! ¡ Seguidme!- y obedientemente, el grupo de chicos lo siguió hacia la orilla del lago más próxima a la cabaña de Ada.- ¡Hipogrifos! ¡Ellos sabrán como encontrarla!- y sin esperar a ver las reacciones de sus amigos, se dirigió a Aleas raudo y veloz. La hipogrifo lo recibió con nerviosismo, casi ni hizo falta reverencia alguna, era como si lo hubiese estado esperando.
Ileus estaba tan alterado como Aleas, miraba sin descanso hacia el interior del lago, raspaba el suelo con sus garras y graznaba como si le doliese algo o algo lo impacientase. Sirius no tardó en darse cuenta de la actitud de ambos animales, y supo que ellos también buscaban a las humanas que ellos mismos habían elegido como amigas.
-Esta bien, Michelle, tú no deberías venir, tu hermana me mataría- razonó Sirius, pero antes de que pudiese añadir nada más, la joven Roberts estaba sentada tras él, con una mano agarrando la túnica del chico y la otra apuntando a sus riñones con su varita.
-¿Quieres que te aturda a tí, Siriusín?- le susurró al oído con voz infantil. Sirius resopló con resignación, la cabezonería marca gryffindor era propia de todos sus integrantes.
-Vale, bien entonces, James, Lily, subid con Ileus.- el hipogrifo parecía entender a la perfección las indicaciones del chico, puesto que buscó a los dos jóvenes y se inclinó ante ellos para que subiesen, parecía ansioso por emprender el vuelo en busca de Ada.
Remus y Estelle eligieron otro hipogrifo joven de plumas doradas, que también parecía predispuesto a ayudar, y subieron a él rápidamente.
-Bien: Ileus, Aleas… es vuestro turno, llevadnos con Ada y Yasmine- pidió Sirius con firmeza.
Los animales no lo pensaron, con una brusca sacudida, se elevaron en el aire y comenzaron a planear por la oscura y lisa superficie del lago, siguiendo el rastro que habían dejado sus amigas humanas.
….
Cuando Malfoy abandonó la cabaña con Yasmine y Ada fuertemente atadas y levitando en el aire, tan solo un rato antes de que Estelle y Remus llegasen allí, las condujo al embarcadero que había cerca de una de las lindes del bosque Prohibido, donde les esperaba una pequeña barquita negra de aspecto siniestro.
El mortífago las lanzó sin mucho miramiento contra uno de los extremos de la embarcación, de modo que ambas se sentaron como pudieron en el suelo, muy cerca la una de la otra. Yasmine tenía la cara manchada de tierra y surcada de lágrimas, y los feos surcos de tinta negra procedente del tatuaje destruido empezaban a asomar por la piel de su escote. Ada dirigió una rápida mirada a su amiga y alumna, y una gran arruga de preocupación se dibujó en su entrecejo.
"Sabía que algo no iba bien, niña". Yasmine no sabía si estaba delirando, o soñando, ya que había oído claramente la voz de Ada en su cabeza, pero no la había visto mover los labios. Sin embargo, los ojos grises de la mujer estaban firmemente clavados en los suyos marrones, apenas sin parpadear. "No tengas miedo, nuestra historia está escrita", la voz de Ada volvió a resonar en su cabeza, y a Yasmine le pareció que estaba impregnada en una gran tristeza. "Pero tienes que ser fuerte, más fuerte de lo que ya lo has sido todo este tiempo, aún tienes que descubrir de donde vienes, y lo que eso conlleva". Yasmine abrió mucho los ojos, por primera vez en mucho tiempo parecía escuchar de verdad las palabras de su profesora. "Ese vestido, mi niña, pertenecía a…"
-¡¿Qué estáis haciendo?!- pero Malfoy no la dejó terminar, lanzó un hechizo aturdidor a Ada, que perdió el conocimiento de forma inmediata- maldita bruja terca- y aumentó la velocidad hacia el centro del lago, propulsando la barquita con su varita.
Tan solo un rato después, la pequeña embarcación dio un golpe seco, contra la orilla de tierra de una pequeña isla de escasa vegetación en mitad del lago. La superficie era muy pequeña, como la de una carpa de un circo, y había árboles aislados en algunos de sus extremos. Allí, en mitad del terreno, ardía un fuego verde y amarillo, que no producía ninguna clase de humo, y una figura negra y encapuchada, rodeada de otras tres más, que tenían siniestras máscaras plateadas con forma de calavera cubriendo su rostro, se estremecieron de placer al ver llegar a Malfoy con las dos mujeres. Sin embargo, fue Voldemort el único que habló.
-Esto es estupendo- dijo mientras se frotaba las manos blancas de largos dedos con regocijo. – mi fiel y leal siervo, únete a mis filas- alzó su varita y fue el mismo el que condujo los cuerpos de Ada y Yasmine al centro del círculo, cerca de la hoguera.
Malfoy pasó su mano izquierda por delante de su propio rostro, y una máscara como la de sus compañeros cubrió sus facciones. Se aproximó al círculo y se colocó entre una figura alta y delgada y otra robusta y bajita. Yasmine se preguntó si alguno de los encapuchados serían Regulus o Snape, pero era imposible adivinarlo con esa indumentaria y en aquella densa oscuridad que el fuego no conseguía iluminar del todo.- bien, bien, bien, de modo que al final, la leoncita traviesa nos traicionó como una sucia rata- el tono de Voldemort era de burla, mezclada con diversión- era de esperar…- elevó a Yasmine del suelo y la atrajo hacia él, dejando el rostro de la joven a apenas un palmo del suyo propio. Yasmine se vio reflejada en aquellos ojos rojos que eran más de reptil que de humano, y aunque quiso gritar de puro terror, ni un solo ruido salió de su garganta. Estaba paralizada.- y no solo has firmado tu sentencia de muerte- el mago oscuro, rasgó con su varita el vestido de Yasmine por la zona manchada de sangre, y dejó al aire la fea herida que el tatuaje había dejado- vaya, mi querido Malfoy, uno de los tatuajes más venenosos que existen… admirable- y la figura del mortífago se inclinó ante su amo más que satisfecho por el cumplido- ¿acaso pensabas que te librarías de mí tan fácil?- la sorna era palpable en cada una de sus palabras- bueno, ¿por dónde iba? ¡Aaah, sí! No solo has firmado tu muerte segura, sino que has traído para mí a la primera víctima de tu deslealtad- y con la otra mano, elevó la figura de Ada, hasta colocarla al lado de la de Yasmine.
Ahora las dos estaban de pie, a un par de pasos del mago oscuro. Ada ya había recuperado el conocimiento y miraba el fuego verde con una mezcla de aceptación e incertidumbre. Pero pronto se serenó. Yasmine nunca la había visto así, era como si supiese exactamente qué iba a pasar.
-Otra vez, Ryddle, cara a cara- dijo la mujer, mientras las cuerdas desaparecían de sus muñecas y tobillos, y su varita volaba hacia su mano.
-Pero esta vez, mi poder es mucho mayor que cuando nos encontramos en Albania.- se jactó Voldemort.- hoy conseguiré matarte de una vez- añadió con una seguridad tan aplastante que Yasmine no pudo evitar temblar de arriba abajo.
-Tal vez… -concedió Ada comenzando a caminar alrededor de Voldemort, frente al fuego, midiendo cada paso que daba- pero te recuerdo que de los dos, él único que teme a la muerte eres tú- y sin dar más tregua, un rayo de luz brillante surgió de la varita de Ada, y rebotó en un escudo negro que Voldemort hizo aparecer de la nada con tan solo un gesto de su varita. La boca del mago oscuro se torció, imitando lo que parecía un amago de sonrisa, pero sus ojos brillaron con odio.
-Ada, no por favor- Yasmine intentó moverse pero aún seguía atada, y lo único que consiguió fue tropezar y caer al suelo de rodillas. No podía mirar el duelo, era demasiado doloroso ver a Ada en semejante situación de peligro.
Ada le lanzó una mirada confiada, "resiste, mi niña", parecía decirle. Y el duelo comenzó. Parecía que ambos trabajaban a velocidad aumentada, miles de rayos de colores (la mayoría verdes en el caso de Voldemort) surcaban la densa oscuridad de la noche con una rapidez vertiginosa. Ada, a pesar de su edad, esquivaba y parecía hasta bailar una antigua danza mágica mientras convocaba toda clase de hechizos, algunos que Yasmine no había visto en su vida. Se fijó que los escudos que la protegían casi los lanzaba con la mano contraria a la que sostenía la varita, y eso le llamó mucho la atención, pero al cabo de un rato, la mujer estaba exhausta, mientras Voldemort parecía recién levantado de un sueño reparador. Uno de los hechizos cortantes que el mago lanzó, golpeó a Ada en un costado y la impulsó hacia atrás unos metros, hasta caer boca arriba al lado de Yasmine.
La mujer tosió y escupió un hilito de sangre.
-¡No! – gritó Yasmine, intentando acercarse e interponerse entre su amiga y Voldemort, pero Ada lo impidió con un gesto de su varita, apartando a la joven unos metros de allí. Después la miró, con los ojos grises abiertos de par en par y le gritó.
-¡Nhalia Roberts, mi niña, el vestido era de Nhalia Roberts!- y justo y cuando terminó la frase, Voldemort la elevó en el aire, y tras emitir una victoriosa carcajada de placer, gritó a la noche:
-¡Avada Kedabra!- y el cuerpo de la anciana recibió el impacto de aquel hechizo verdoso, quedando iluminado y elevado en el aire durante una fracción de segundo, para después caer inerte y sin vida al suelo de tierra, al lado de Yasmine, que miró a esos ojos grises que ya no contenían el alma de su gran amiga Ada.
…
Todos vieron el resplandor verdoso a lo lejos, y oyeron el grito de dolor que rasgó el aire como si lo hubiese cortado un cuchillo. Sirius espoleó a Aleas casi sin darse cuenta y notó como Michelle le clavaba las uñas y emitía un breve sonido de desesperanza. Era su hermana la que había gritado, y si el chico hubiese podido girarse, la habría visto llorar en silencio.
Pero lo más extraño fue el sonido, el graznido de dolor y pérdida que el hipogrifo Ileus emitió mientras aumentaba la velocidad más que el resto, hacia el lugar de donde habían procedido el grito y el resplandor. Lily y James se agarraron bien al animal, y el resto los siguió tan rápido como pudo. En cuestión de menos de un minuto, los tres animales aterrizaban derrapando en la misma superficie de tierra donde acababa de ocurrir el asesinato de la profesora Ada Millow.
Bajaron de los hipogrifos y se acercaron al semicírculo de encapuchados. El fuego verde seguía crepitando sin emitir ningún tipo de humo, y allí, de pie, se erguía imponente la figura de Lord Voldemort. A sus pies, Yasmine, ya liberada de sus ataduras, lloraba sobre el cuerpo inerte de Ada.
-¡No!- Michelle intentó avanzar hacia su hermana, pero Sirius se lo impidió. Fue entonces cuando Yasmine levantó la cabeza y vio frente a ella a sus amigos y a su hermana, y su mirada enloqueció. Sus peores pesadillas se estaban cumpliendo.
-¡¿Qué hacéis aquí?!- chilló ella sin separase del cuerpo de Ada. -¡Largaos!- gritó con ira.
-¡Pero que maleducada es esta niña!- se carcajeó Voldemort, mientras elevaba el cuerpo de la gryffindor y la obligaba a estar de pie, a su lado, y a mirar a sus amigos sin parpadear.
Todos contuvieron el aliento al ver el vestido roto y manchado de sangre de Yasmine, y como los surcos negros de la tinta del tatuaje ya llegaban a su brazo derecho. La herida seguía sangrando sin parar y tenía un feo color oscuro.
-¡Suéltala!- gritó Sirius, lleno de ira y dolor, e intentó correr hacia ella, pero un campo de fuerza invisible se lo impidió.
-No… aún no… con lo que nos estamos divirtiendo- Voldemort compuso una mueca de falsa tristeza.- ¿sabéis qué? No sé si debería matar a vuestra pequeña amiga… a pesar de su evidente deslealtad, al final ha hecho bien el trabajo que le pedimos- rio con ganas, y su mirada roja se posó en James, que elevó su varita en alto apuntando al mago.
-¡Suéltala!- gritó entonces el chico de gafas. Lily, Remus y Sirius imitaron a James, acercándose poco a poco al fuego, cerca de donde reposaba el cuerpo de Ada.
-Coge el cuerpo de Ada y apártalo cuando puedas- le indicó Remus a Estelle, que asintió con los ojos azules muy abiertos y llorosos, como si estuviese en estado de shock.
La chica obedeció, y cuando estuvo fuera de la vista de Voldemort, cubierta por sus amigos, convocó con un hechizo el cuerpo de la profesora y lo dejó al lado de los hipogrifos. Observó como gruesas lágrimas caían de los ojos de Ileus, que tocaba con su pico el rostro de la anciana, con una delicadeza infinita. Estelle sintió a su corazón retorcerse de dolor, pero pronto, alcanzó a Michelle, que tenía los ojos tan abiertos como ella y no dejaba de mirar a su hermana, quien les imploraba sin parar que se marchasen.
Voldemort observó sin pestañear como se llevaban el cuerpo de la profesora, al fin y al cabo, ya estaba muerta, y ninguno de ellos saldría de allí con vida.
-Bueno, bueno, bueno… ¿por dónde empezamos?- Voldemort pareció meditar unos segundos, mientras iba pasando la mirada de uno a otro- ¡Ah, sí!- se giró hacia Yasmine, y conjuró una especie de burbuja transparente de cristal, donde la encerró, elevándola por encima de sus cabezas- a ti te prometí que si me traicionabas, verías morir uno a uno a cada uno de tus seres queridos delante de tus narices, y yo, al contrario que tú, soy un hombre de palabra… espero que disfrutes del espectáculo- observó como Yasmine golpeaba sin cesar la esfera, gritando, pero nada se oía fuera de ella, estaba insonorizada. Sirius lanzó una mirada suplicante a la chica, aquello pintaba mal, esa herida y ese color negro parecían ir consumiéndola sin remedio alguno, y temió que no pudieran escapar a tiempo para salvarla.
-Y ahora, lo echaremos a suertes…- con el dedo índice de la mano derecha en alto, comenzó a cantar mientras iba señalando uno a uno a los gryffindor- pito, pito, gor-go-ri-to… ¡Te tocó a ti!- y sin previo aviso, atrajo a Remus, como si le hubiese enrollado un lazo transparente por la cintura, hacia el centro del círculo.
-¡No! – pero ninguno de ellos iba a esperar a que Voldemort los fuese destruyendo uno a uno, Sirius y James, se colocaron frente al mago tenebroso, a la altura de Remus.
-Tenéis que descubrir como sacar a Yasmine de ahí- susurró James a Lily, Michelle y Estelle. El cerebro de Lily trabajaba a toda velocidad, ¿cómo destruir esa esfera? ¿cómo ayudar a los chicos? Mientras tanto, al ver a los tres merodeadores enfrentarse a Voldemort, los mortífagos hicieron lo propio, alineándose junto a su amo. Los cuatro secuaces de Voldemort alzaron sus varitas a punto de iniciar el duelo.
Y así sucedió, con un gesto, Voldemort ordenó a sus mortífagos que empezaran el ataque. Decenas de hechizos, rayos de luz y maldiciones comenzaron a cruzar el aire de la noche mientras Lily y Estelle lanzaban escudos protectores desde la retaguardia para proteger a sus amigos. Los escudos de Lily eran tan potentes, que las maldiciones de los mortífagos rebotaban intactas, por lo que tenían tarea doble, evitar las maldiciones de los jóvenes y las suyas propias.
Mientras tanto, Michelle les dijo que tenía un plan para sacar de allí a Yasmine, y se alejó hacia la zona donde estaban los hipogrifos.
Yasmine gritaba desesperada dentro de su jaula, mientras observaba impotente como las maldiciones pasaban rozando a sus amigos, y entendió que Voldemort, que podría deshacerse de ellos con solo un chasquido de dedos, quería hacerla sufrir mientras veía como sus amigos iban siendo heridos y cayendo uno por uno.
Sin embargo, y gracias a las duras sesiones de Defensa que habían estado practicando durante tantos años, aquello no iba a ser tan fácil como Voldemort planeaba.
Yasmine estaba celebrando mentalmente una de las maldiciones lanzadas por Sirius a uno de los mortífagos, y que había conseguido dejarlo fuera de juego, cuando notó como su esfera se movía violentamente. Alzó la vista y vio a su hermana Michelle cabalgando a Ileus. El hipogrifo la miró y pudo distinguir el brillo de la venganza palpitando en sus ojos de pájaro. Entonces, Michelle le ordenó que cogiese la bola de cristal y la estampase contra el suelo, y así lo hizo, de modo que el estruendo ocasionado, además de la lluvia de cristales y el polvo levantado, hizo que la batalla cesase por un momento.
Mientras el polvo desaparecía, Yasmine se incorporó, apareciendo entre los restos de cristal de su celda. Cogió su varita, que llevaba en el interior de un pliegue del vestido, y apuntó con ella a Voldemort sin vacilar.
-Bravo, bravo, bravo- aplaudió el mago, y lanzó un bostezo intencionado, pero sus ojos refulgían de ira.- bueno, creo que ya hemos jugado bastante.
En cuestión de segundos, apuntó con su varita a Ileus, que aún volaba por encima de sus cabezas, y sobre el que Michelle seguía montada, y como si una mano gigante e invisible lo agarrase por completo, los estampó a ambos contra el suelo como momentos antes el hipogrifo había hecho con la bola de cristal. Yasmine gritó asustada, y Estelle corrió a comprobar que Michelle se encontrase a salvo.
-¡Basta!- gritó la joven.- mátame a mí, ¡déjalos a ellos!- casi corrió hacia Voldemort, para interponer su cuerpo entre ella y sus amigos.
-Tú no me importas- pero tan fácil como había quitado a Michelle de en medio, una fuerza invisible la lanzó al suelo de un golpe- te toca a ti- cogió a Sirius, que se elevó en el aire sin remedio alguno, como había hecho con Ada antes de lanzarle la maldición asesina, y lo apuntó con su varita- decidle adiós al primogénito de los Black, ¡oh!, dale recuerdos a tu tío Alphard- se burló. Sirius crispó sus facciones con odio, pero sin rastro de miedo, y justo y cuando el haz de luz verde brillante salía de la varita de Voldemort, directo al corazón del chico, un aleteo fugaz se interpuso en la trayectoria de la maldición. Dos golpes secos se oyeron al caer al suelo. Uno era el del cuerpo de Sirius, que se levantó rápidamente y volvió junto a James, y el otro era el de la hipogrifo Aleas, que había dado su vida para salvar la del animago.
-Está bien - James observó atónito la escena mientras Sirius lamentaba profundamente la muerte del animal alado, con un grito de rabia- nadie más va a morir hoy. Sirius, Remus, acabad con esos mortífagos, y uníos a mí. Lily…- antes de que pudiese ordenarle que se escondiese, ella lo encaró.
-Yo te protegeré, vamos a acabar con ese bastardo de una vez- y había tanta seguridad y firmeza en su verde mirada, que James no pudo contradecirla.
-¿Os queda mucho para organizaros? ¡Me aburro!- se quejó Voldemort mientras Sirius y Remus comenzaban a luchar contra los tres mortífagos que quedaban en pie.
-Por hoy, se ha terminado- le gritó James, acercándose a él- esto es entre tú y yo- y empezó a moverse en círculos en torno a Voldemort, rodeándolo. El mago oscuro lo siguió tan solo con el movimiento de sus ojos rojos.
-Y parece que también entre tu amiguita sangre sucia- señaló entonces con sorna.
- Ella, es parte de mí- sonrió James.- somos un equipo, algo que tú nunca entenderás- y alzando la varita, comenzó el verdadero duelo de la noche. Las palabras de James parecían haber aumentado el poder de los escudos de Lily, cuya duración e intensidad eran tales que podía lanzar ataques mientras aún funcionaban. James lanzaba maldiciones a diestro y siniestro, al igual que Voldemort, y algunas conseguían casi traspasar el escudo de Lily. Al cabo de un rato, algo debilitado, y en un arranque de ira, Voldemort consiguió alcanzar a Lily con una maldición repulsora. La chica cayó varios metros hacia atrás aparentemente inconsciente. Remus y Sirius combatían contra el último mortífago que quedaba, y Estelle intentaba reanimar a una aún desmayada Michelle, mientras le intentaba inmovilizar una de las piernas, que se había roto escandalosamente. En un momento de despiste en el que James quiso comprobar si Lily estaba bien, sucedió. Voldemort rio con maldad, apuntó al chico, y al igual que pasó con Ada y Sirius antes, un rayo de luz verde comenzó a salir de su varita, pero esta vez no fue un hipogrifo el que se interpuso, sino una debilitada Yasmine, que saltó por los aires y recibió casi de pleno el impacto de la maldición asesina de Voldemort. Casi, porque Lily, que se había recuperado rápido de su aturdimiento por la urgencia de la situación, había conseguido convocar uno de sus hechizos, y la maldición solo consiguió alcanzarla parcialmente. El cuerpo de Yasmine se mantuvo en el aire elevado, durante unos segundos que parecieron eternos, para después salir despedido por detrás de James, que observó la escena boquiabierto. Oyó a Sirius gritar desesperado, mientras corría hacia el cuerpo inerte de Yasmine, y después, vio como Voldemort gritaba de ira y apuntaba a Lily sin piedad. La joven tenía la mirada fija en el mago oscuro, y con una mano, le indicó a James que era momento de atacarlo.
Sus ojos se encontraron y de repente lo supieron: juntos, eran invencibles.
James lanzó la maldición aturdidora más potente que sus poderes le permitían, y así lo hizo Lily con uno de sus escudos protectores, el más poderoso que jamás había construido jamás. El hechizo de James chocó contra el rayo verde de Voldemort, pero era mucho más poderoso que el del mago oscuro, que además rebotó en el escudo de Lily, y ambas fuerzas unidas, lanzaron a Voldemort a una distancia de varios metros, hacia una de las orillas de la diminuta isla, donde quedó tumbado boca arriba, estremeciéndose.
El último mortífago que aún seguía luchando contra Remus, al ver a su señor tirado en la orilla, corrió en su ayuda, y justo y cuando un destello de luz dorada llegaba a la superficie de tierra surcando el cielo (era Dumbledore, asido a la larga cola de su fénix), tanto Voldemort como Malfoy desaparecían del lugar envueltos en una humareda negra, así como los cuerpos de los tres mortífagos caídos en combate.
El espectáculo era desolador. Ileus, con ambas alas rotas, y su compañero hipogrifo, custodiaban en un amargo silencio el cuerpo de Ada y de Aleas. Estelle, seguía intentado reanimar a Michelle. Sirius, sentado de rodillas en el suelo con el semblante indescifrable y abrazando el cuerpo inerte de Yasmine como si pensase que así la joven se despertaría, y Remus, Lily y James contemplando a su director como si fuese la viva imagen de la salvación.
-Volvamos al castillo, no hay nada más que hacer aquí- dijo el anciano mago con una pena que le pesaba en el alma y el corazón. Y con tan solo un suave movimiento de su varita, todo empezó a dar vueltas, haciéndolos desaparecer de aquel triste y devastado lugar.
