_ Después de Kanon de Géminis, Ikki de Leo, el legendario caballero de bronce quien pudo heredar la armadura de Fénix, la cual había sido ansiada desde tiempos mitológicos, es el más fuerte en esta guerra santa.

_ ¿Un Dios conoce mi existencia? – bufó confiado.

_ Por supuesto, aquella myth cloth que portaste, la hice yo mismo y fue solamente usada en la primera guerra santa de todos los tiempos, contra Ares.

_ "¿Ares, el Dios de la guerra violenta?" – se cuestionó el imponente.

_ Pero, sabes que ahora la constelación que te protege, no porta las propiedades de su antecesora, ¿verdad? – lo miró desafiante a lo que Ikki sudó levemente. – Si mueres portando la armadura del sagrado León dorado, no has de revivir, caballero Ikki.


_ Este es un desafío nuevo para Ikki, ya que su poder ha incrementado, pero a la vez se ha limitado. – expresó preocupada Saori. – Tengo un mal presentimiento.

_ ¿Con respecto a Fénix? – preguntó Hugo.

_ No, no es Ikki. Hay algo que no estoy considerando en esta batalla, pero qué… - golpeó con ambos puños la mesa.

_ "¿Cómo puede ser? Esta mujer está cambiando demasiado… en tan poco tiempo sus palabras, manera de actuar y pensar son de una persona diferente."

_ ¿En qué estás pensando, caballero de Copa? – el hombre se puso nervioso.

_ Nada, mi Diosa.

_ Es hora de que se retiren tú y el caballero del reloj a la batalla, consideren dejar un poco de la medicina divina en cada casa del zodíaco. Zephyr, si usas tus habilidades junto a Hugo, podrás corregir fracturas graves, deben explorar sus poderes.

_ Sus palabras son órdenes, Atenea. – ambos se estaban marchando con la máxima rapidez posible.

_ Y por favor, activen el laberinto.

_ ¿La herencia de Afrodita de Piscis? ¡Pero eso nos va imposibilitar a nosotros también de socorrerla!

_ Por favor, hazlo.

_ "¿Qué está planeando?" – se preguntó Hugo. – En seguida.


_ ¡Talon, lárgate de aquí!

_ Sabes perfectamente que Kanon te acabaría solo, Aquiles.

_ Parece que me subestimas demasiado. – lo miró fastidiado.

_ Muy bien, mejor llevarme dos pájaros de un solo tiro.

_ ¿¡Qué!? – contestó fastidiado el herrero de la Sarisa.

_ ¡OTRA DIMENSIÓN! – el hombre de larga cabellera Azul oscura lanzó su ataque.

_ ¿Qué es esto? – preguntó Tekko.

_ ¿Acaso eres idiota? Nos está lanzando a otro universo. ¡AHHHH! – empezó a gritar por el impulso de con una energía cósmica, aquella vara antigua de ataque se clavó al suelo.

_ ¿¡Qué!? – no podía creerlo géminis.

_ Mi lugar es la tierra, no quieras mandarme a otro lado.

_ ¿¡Cómo…!?

_ Las armas hechas por nuestro mismísimo Dios, no son nada más y nada menos que herencia terrestre. Por eso su espíritu está apegada a esta.

_ Ya veo, me he confiado. – rio Kanon. – Está bien, voy a ponerme serio.

_ ¡Tuviste tu turno! – gritó Talon quien se movió a mucha velocidad.

Por unos segundos Kanon lo veía por la derecha y por otros a la izquierda, entonces comenzó a querer meterle golpes por todo el cuerpo con sus tekko. Unos aparatos de metal que se agarran haciendo de la mano un puño.

_ ¡Tus ataques son muy lentos!

_ ¡LLUVIA DE ESTRELLAS! – gritó Talon subiendo la velocidad.

_ ¡AH! – logró darle. - ¿Qué me ha golpeado…? – preguntó en el suelo. - ¡Estoy seguro de haber esquivado cada intento ofensivo!

_ Mis ataques son como chispas, Kanon de Géminis, lanzan polvo de estrellas como fuegos artificiales.

_ "Pensé que sus ataques eran como los meteoros de Pegaso."

_ Basta, Talon. – Aquiles lo agarró del hombro. – Es mi oponente, ya lárgate.

_ Siempre tan grosero. – sacó su mano de manera tosca. – No me voy a ir.

_ Te lo advertí.

La Sarisa se la clavó en el talón a su compañero de armas.

_ Tú… - lo miró con repulsión Kanon. – Has atacado a tu propio amigo.

_ Yo no tengo amigos, cada una de estas personas me es indiferente a excepción de mi Dios. – contestó Aquiles. - ¿Te duele el talón, Talon? – se burló.

_ ¿Te crees muy gracioso, Aquiles? – dijo lanzando alaridos.

_ Ya cállate. – le tiró un golpe en la nuca dejándolo inconsciente.

_ ¡Qué clase de hombre eres! – se levantó.

_ ¿Vas a darme tú lecciones de moral?, ¿tú, miembro de la sangre asquerosa de la traición? ¡Tú y tu hermano no eran más que seres insignificantes e inseguros!

_ ¿¡Qué dijiste!? ¡EXPLOSIÓN DE GALAXIAS!, ¡TE HARÉ VOLAR EN MIL PEDAZOS!

Los planetas se juntaron alrededor del caballero de Sarisa, quien solo se movió a mucha velocidad a otro lado.

_ ¡BÓLIDO DE FUEGO! – Aquiles lanzó su sarisa y se transformó en un cometa muy poderoso.

Kanon logró esquivarlo pero atrás de él apareció el herrero de cabellera rubia y penetró su hombro con su arma.

_ Lento.

De ahí se volteó y le dio un puñete como reprenda. Con su arma larga pero muy veloz, manejaba una gran arte de batalla.

_ Ustedes se dignan a llamarse caballeros. Cuando sólo lanzan energía cósmica, ¿qué saben de usar armas como un fiel guerrero?

_ Las armas fueron sólo creadas para herir a las personas en una batalla, nosotros… - se levantó mientras salía sangre de su boca. – …peleamos justamente, no porque queramos… sino por el bien.

_ Sí, es cierto que el arma facilitó la conquista, las guerras, el asesinato e incluso la matanza de pueblos inocentes. Pero también las personas que defendían fervorosamente aquel lugar donde vivían sus seres amados; permitían perder menos vidas humanas en la cacería para llevar alimentos a sus casas. ¡Aquellas armas, de cuerpo a cuerpo, de contacto físico! Pero ustedes, seres asquerosos… - pateó a Kanon tirándolo al suelo. – Crearon las armas de fuego, ¡como los cobardes que son! ¡Las peleas ya no son limpias, es un total insulto a nuestro Dios, el gran herrero!


_ Mi vida sólo es una ofrenda a nuestra Diosa Atenea, así que no me asusta la muerte. Por más que la haya visitado varias veces y haya regresado a la hermosa luz del día, no sucumbiré a la idea de quedarme en el cielo eterno de morir en combate.

_ ¿Cielo eterno? – rio. - ¿Hablas de morir con honor? Más bien, asesinos como tú y tus amigos sólo les queda ir con mi tío Hades, allá… muy abajito.

Todos rieron ante la mirada fastidiada del fénix.

_ ¿Quién de ustedes, miserables, va a enfrentarse a mí?

_ Yo lo haré… - caminó tranquilamente entre todos ellos, Bía.

_ ¿Bía? Eres una doncella… No deberías pelear. – habló Paris.

_ Sí, Bía, se nota que este idiota es un brusco con las mujeres. – fundamentó Pélope.

_ ¿Creen que soy débil por ser mujer? – cerró los ojos pacíficamente.

_ No es eso… - se rascó la cabeza nervioso Paris.

_ Yo me quedaré, ustedes prosigan.

_ Bía…

Hefesto le agarró el hombro, ella lo miró apenada y con ojos profundamente enamorados. Él estaba inseguro, pero aun así sonrió, para dejarle esa imagen.

_ Por favor, ten cuidado. – se abrazaron unos segundos y después él lentamente se separó para irse.

_ ¡ESPEREN! – reclamó el fénix quien iba a pararlos pero una voz lo distrajo.

_ ¡HEY IKKI! – gritó el pequeño Evan. - ¡¿No vas a detenerlos?!

A un paso de entrar, Ikki el león lo empujó, ya que un sai le iba a dar, pero terminó clavándose en el piso.

_ Ay… - dijo nervioso.

_ No interrumpas.

_ ¿No te da pena atacar un niño?

_ Al final todos ustedes, los hombres, son unos animales.

_ Qué agradable mujer. – sonrió para provocarla. – Evan, corre a la casa de Virgo y dile a Shun que tenga cuidado con la mujer de las dagas.

_ ¡Voy! – se agitó y corrió.

_ ¿Hablas de Helena?, ¿no deberías preocuparte ahora mismo por ti?

_ Se ve que no sólo sigues al Dios Hefesto porque es terriblemente atractivo.

_ ¿Te burlas de mí, zopenco? ¿Cómo podrías entender su corazón tan puro?

_ Sé que no es malvado como los otros Dioses.

_ ¿¡Qué!?

_ Yo también tuve un amor como el tuyo, sin egoísmo, algo que me inspiró a seguir cuando creí que todo estaba perdido.

_ ¿Qué puedes saber de amor? ¡Yo sigo a Hefesto por años, sin decirle que no a todo lo que puede desear!

_ Lo viste casarse con otra mujer que sólo apareció en su vida mientras que tú ibas detrás de él todo ese tiempo.

_ ¡Cállate! – se lanzó a apuñalarlo pero esquivaba cada impacto.

_ Tu furia es la que actúa por ti, así no podrás herirme ni un poco. ¡PUÑO FANTASMA DEL FÉNIX!

_ ¿¡Qué es esto!? – a su alrededor aparecía fuego. - ¿Crees que le tengo miedo a quemarme, Fénix… o mejor dicho… gatito?

_ Bía…

_ ¿Dios Hefesto, no estaba de camino a la casa de Virgo?

_ ¿Tan fácil te venció el fénix?

_ ¿Qué…? no es posible…

_ Resultaste ser otro peón inservible.

_ ¿Dios… Hefesto?

_ Igual, tú y todos los demás son descartables.

Bía empezó a reír, se acercó tranquilamente a la imagen a la cual era completamente leal. Le acarició el rostro y lo besó.

_ Mi Dios no me diría esas cosas… Fénix. Y por más que las diga, no vas a debilitar mi espíritu de batalla.

_ Aún sigo en lo más profundo de tu mente… ¿Qué te hace pelear?

_ ¿Quieres inmiscuirte en mis recuerdos? ¿¡Quién te ha dado el derecho!?

_ Trato de comprender esta situación…

*flashback*

_ Mamá, mamá… - lloraba una pequeña niña. – ¡Llévenme con mi mamá!

En la mano de la pequeña sólo había una muñeca representando a una heroína.

_ No volverás a ver a tu madre en tu vida…

_ ¡Mamá! – gritaba.

La pequeña agarrada del brazo, fue llevada junto a un gran grupo de niños capturados.

_ ¿Dónde estoy?

_ Ponte bonita para mí, ¿quieres? – se acercó un depravado.

_ ¡Suéltame! – gritaba asustada.

*fin flashback dentro del flashback*

_ Suéltame… - se despertó de aquella pesadilla.

Estiró su brazo viendo la muñeca. Una red de prostitución la había secuestrado, sin poder huir por años, sólo pegándose a la idea de algún día poder salir de aquel martirio. La violaban, la golpeaban. Sus condiciones eran débiles…

_ "¡Mamá, quiero ser una heroína, quiero ser grande y fuerte y ayudar a los demás!"

Los hombres encima de ella, le daba asco, los odiaba. Odiaba la idea de estar viva con ese alrededor, de no tener la fuerza suficiente para huir. De tener miedo, de haber perdido todos sus sueños, su familia. Aquellos seres asquerosos le habían quitado toda oportunidad de vivir.

_ Yo sólo quiero ser fuerte… quiero salir de aquí. – lloraba a mares.

Había logrado esconder un sai dentro de su muñeca, lo cual era lo único que conservaba. Se lo colocó al cuello y se decidió a hacer lo que la quitaría de aquel destino cruel que le fue encomendado.

_ ¿¡Quién eres tú!? – oyó afuera de la puerta y paró.

Un alarido de muerte la asustó, a lo que apuntó a la puerta con la arma.

_ ¿¡Quién está ahí!? – temblaba de miedo.

Un joven trigueño de hermosos ojos claros se acercó.

_ ¿Vas a abusar de mí también? – lloró y se puso el arma en el cuello.

_ ¿Qué te han hecho estos seres malditos…? – se acercó calmado, incluso llorando un poco.

_ ¿¡Por… Por qué lloras!?

_ Lamento que hayas tenido que vivir esto.

_ ¡Aléjate!

El arma se derritió en sus manos, pero no le quemó la piel, sólo se deslizó por el suelo hacia él.

_ ¿¡Eres un héroe!? ¿Has venido a rescatarme? – se desmayó.

Hefesto logró cogerla antes de que cayera al suelo.

_ Sácame de aquí… - él acarició su rostro.

_ No permitiré que nadie más te haga daño. Voy a hacerte fuerte. – dijo mirando la muñeca que ella firmemente sostenía.

_ Eres mi salvador… - derramó unas lágrimas antes de perder la conciencia.

*fin flashback*

_ ¿Estás contento ahora, gatito? – la ilusión desapareció.

_ Eres igual que yo, has venido desde la peor clase de vida que un humano merece. Pero has salido adelante, Bía, como el fénix que renace de las cenizas. Y ahora peleas por lo que crees correcto.

_ El amor es la fuerza que mueve a las personas…

_ Tienes razón. – recordó a Esmeralda.


Los caballeros de Sextante, Serpiente y Red (que son de bronce) salieron volando hacia la puerta de la casa de la Virgen. A lo que Shun corrió inmediatamente a socorrerlos.

_ ¿Están bien?

_ ¡Hasta que llegamos a la mitad del camino, la sexta casa! – anunció Pélope.

Shun los miró molesto, sus compañeros estaban al borde de la muerte, pero ellos sólo entraban triunfantes.

_ Shun, sucesor del hombre más cercano a Dios, ¿no nos das la bienvenida?

_ ¡Váyanse, no quiero atacarlos!

_ Una sencillez tan pura emana de ti, Andrómeda!, ¡yo, Helena de Daga, me enfrentaré a ti! – se paró delante de él, quien estaba arrodillado.

Ella agachó un poco su cuerpo para verlo desde arriba, después rio coquetamente.