El tiempo transcurrió con ambos Yuris intentando y logrando llevar bien su relación de nuevo, incluso podría decirse que estaban mejor que antes ya que el rubio se dejaba querer un poco más, aunque aún no habían llegado a hablar del celo de Yuri o de tener sexo siendo el japonés el activo. Intentaban mantener la comunicación, ya sea viéndose, llamándose o enviándose mensajes, no pasaban más de una hora sin saber del otro a excepción de cuando era la instancia de dormir.
Con el tiempo llegó el momento de la última sesión en la clínica. Yuuri estaba nervioso, pero el hecho de que el rubio lo acompañara lograba que en cierto modo ese sentimiento decayera un poco y hasta podía decir que por momento se sentía tranquilo. Hicieron lo mismo de la vez anterior, pero esta vez el doctor les avisó que debían esperar a los resultados que estarían en dos días para saber si el tratamiento había surtido efecto o no. De lo contrario tendrían que ver otra manera de lograr el objetivo.
—Todo saldrá bien, no seas pesimista —regañó Yuri a su omega cuando iban camino a casa, podía sentir a Yuuri incluso más nervioso que en la clínica y si seguía así le daría un ataque de ansiedad. Ya lo conocía.
—Pero es que… ¿Qué pasará si no funciona? Habrá sido en vano ¿Y si vuelvo a tener mi celo al encontrarme con Víctor? ¿Y si él no puede controlarse? ¿Y si…?
— ¡Ya! —le gritó el rubio sin afán de alterarse, pero le era un poco complicado cuando el japonés se ponía a hacer un montón de supuestos que ni siquiera sucedían aún. Yuuri cerró la boca un poco sorprendido por el grito de Yuri y es que su novio en las últimas semanas había estado bastante complaciente con él, tanto que no parecía él mismo, en cierto modo le había agradado escucharlo gritar ya que pensaba que el rubio explotaría en cualquier momento por guardarse tantas cosas— saldrá bien y si no, buscaran otra manera. No es el fin del mundo.
—Sí —respondió el azabache sonriendo y Yuri rodó los ojos, su novio era un masoquista que sonreía cuando lo trataba mal.
Esa tarde estudiaron juntos en la casa del ruso. Aunque no estaban en la misma carrera, ni año ambos estaban en temporada de exámenes. Yuri se jactaba de que siempre le iba bien mientras comían unos pasteles que su abuelo había preparado para ellos, le decía a Yuuri que él siempre era una de las mejores notas.
—Si Otabek no te enseñara, no habrías aprobado nada, Yuratchka —dijo el anciano cuando pasó por el lado de los chicos y lo escuchó alardear.
— ¡Abuelo! Aún así el mérito es mío.
—Sí y que Otabek ya haya estudiado lo mismo que tú y supiera en que enfocarse para enseñarte no tiene nada que ver —rio el anciano, le gustaba un poco molestar a su nieto frente a Yuuri. Estaba feliz de que ambos estuvieran enamorados ya que se hacían bien el uno al otro, todo lo que su nieto no tenía, el otro omega si y viceversa.
Yuuri pudo relajarse en ese ambiente, se dijo a si mismo que dejaría de pensar en los resultados del tratamiento hasta tenerlos, de nada servía preocuparse ahora además que debía estudiar o terminaría reprobando.
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El día en que sabrían los resultados llegó, al parecer todo estaba bien por lo que el paso final sería la cita con Víctor, Yuri aún estaba en negación respecto a ese tema, pero no había mucho que pudiera hacer, un trato era un trato.
El rubio tenía miedo ¿Y si al conocerse en persona se llevaban mejor que por mensajes? ¿Y si Yuuri sentía que lo… amaba? Las inseguridades llegando a él nuevamente, no quería que sucediera, pero Otabek tenía razón al decirle que algo así pasaría tarde o temprano y era mejor que fuera ahora, así sabría la verdad cuanto antes, si es que Yuuri al final quería estar con Víctor o no. Aún así le dolía pensar que tal vez su omega lo dejaría por otro.
—No seas pesimista —como si fuera una mala broma, Otabek le repitió sus mismas palabras sin saberlo.
— ¿Qué hay de ti? Parece como si te hubieran abandonado —"justo en el clavo" pensó el moreno cuando escuchó a su amigo, pero no le diría nada.
—No pasa nada, enfócate en Yuuri —su amigo frunció el ceño y Otabek sabía que le seguiría insistiendo más tarde. Se conocían prácticamente de toda la vida, Yuri era una de las pocas personas que se daba cuenta de sus cambios de expresión o de cómo se sentía.
El rubio prefirió dejar el tema por el momento ya que sabía que su amigo se lo diría tarde o temprano, pero si se demoraba mucho se lo sacaría a golpes. Cambiaron el tema de la conversación por el bien de ambos, al parecer cada uno tenía sus propios líos amorosos y era mejor dejar de pensar en ello por un rato y distraerse.
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Yuuri estaba nervioso, el día de la cita con Víctor había llegado, su novio ya estaba informado. Yuri le hizo prometer que mantendría el teléfono prendido, que lo llamaría si cualquier cosa ocurría y que le contestaría si lo llamaba. Respiró profundo al llegar al restaurante donde Víctor había hecho reservaciones, era el mismo lugar donde le llegó su celo de manera repentina la primera vez, recordaba claramente aquellos ojos azules los cuales ahora sabía eran de su destinado, al parecer el alfa quería jugar con su mente.
—Te ves muy guapo —habló una persona tras él, la cual lo hizo saltar de su asiento al tomarlo desprevenido— buenas tardes, Yuuri —su voz calmada lograba tranquilizar el ambiente alrededor de él, Víctor pasó su mano por el costado de Yuuri dejando frente a él una rosa azul— para ti.
El corazón del omega latió con fuerza, tomo la flor entre sus manos y agradeció por el obsequio— no deberías haberte molestado, Víctor.
—Es una cita, esto es normal —se sentó frente al azabache observándolo con una sonrisa en su rostro.
—Entonces… esto haces con cualquiera —asumió el japonés y Víctor solo sonrió sin responder, al parecer le gustaba evadir las preguntas.
—Y dime, Yuuri ¿Qué quieres ordenar? —con un gesto de su mano hizo que el mozo apareciera de inmediato trayéndoles el menú a ambos.
Yuuri ordenó lo que le pareció sabía mejor junto a un jugo de frutas naturales y un postre de chocolate que sonaba bien, aunque nunca lo había probado. Víctor ordenó lo mismo que el japonés a excepción del jugo, el cual cambió por un vino que sonaba caro.
El mozo que era un beta, asintió y se retiró de inmediato para poder traerles su orden.
Comenzaron una conversación como esas que tenían a través de mensajes, Víctor hizo alusión al día en que se vieron por primera vez, le comentó que en ese momento sintió algo, pero no le tomó mayor importancia al estar en una cita de negocios con una persona demasiado importante, también le dijo que al salir del lugar pudo sentir levemente su aroma por el celo y que cuando se encontraron la segunda vez pudo conectar las cosas y darse cuenta que se encontró con su destinado.
Yuuri escuchó su explicación para luego decirle que él también ato cabos cuando se encontraron la segunda vez. Cortaron ese tema después, ya que al japonés parecía incomodarle y Víctor no quería que Yuuri se fijara en él solo porque eran destinados.
Siguieron hablando sobre sus vidas, conociéndose mejor y Víctor se atrevió a preguntar sobre la relación que tenía Yuuri con el otro omega, el platinado se sentía un poco idiota al ver como el rostro del azabache se ilumino por completo al tocar ese tema de conversación. Si bien al estar cerca de él, Yuuri se veía feliz y cómodo como si se atrajeran mutuamente, cuando se puso a hablar sobre el rubio, se veía radiante y hasta el alfa podía notar eso, sobre todo en el cambio en su aroma el cual de por si era bastante tentador a pesar de no estar en celo, ahora lo era mucho más. Las feromonas de Yuuri se disparaban inconscientemente al hablar de su pareja.
—Yuri es especial para mí, lo amo y eso no va a cambiar, Víctor —le dijo sincero.
Víctor lo escuchó y observó con atención, al parecer ambos omegas eran muy distintos, pero congeniaban bien, de hecho, si él no fuera el destinado de Yuuri, juraría que esos dos omegas si lo eran. Mientras el japonés hablaba Víctor pudo recordar su encuentro con el novio de este, recordó como el chico defendió su relación con Yuuri en todo momento y también como su rostro cambió a uno de miedo al llegar Chris. Ese día Víctor discutió con su amigo, no tenía porque tratar así al otro rubio, aunque fuera su rival amoroso, eso era algo que le molestaba de su mejor amigo, su forma despectiva de tratar a los omegas o betas, aún no entendía como Phichit lo aguantaba.
La comida terminó, pero la cita aún no lo hacía. Víctor llevó a Yuuri a ver una película y dejó que el chico escogiera, al estar tan cerca en los asientos inconscientemente Yuuri cerraba los ojos para inhalar mejor el aroma de Víctor, lo hacía sentirse calmado y seguro, en ciertos momentos sentía la necesidad de acercarse un poco más, pero luchaba contra eso, no debía y no estaba bien. Víctor podía darse cuenta de aquello, pero no lo presionaría, así como habían salido esta vez quizás en el futuro podrían hacerlo de nuevo y varias veces más hasta que la cercanía entre ellos se sintiera normal. Su madre se negó mucho tiempo antes de aceptar a su destinado, el podía esperar por Yuuri y lo haría porque con cada detalle nuevo que conocía sobre él, más sentía que era el indicado, que le gustaba. Que lo amaba.
—Me gustan las películas de humor ¿Y a ti? —se estaban conociendo de a poco y en el omega se notaba cierto interés de saber más de él también.
—Las de acción y un poco las románticas —se sonrojó un poco por confesar su secreto, pero sabía que Yuuri no lo juzgaría solo por eso.
—También son buenas.
Luego del cine siguió la cena y más tarde ir a bailar, para la última actividad Yuuri ya caminaba a pocos centímetros del alfa, reían cada poco rato y ya no nombraba al rubio, aunque seguía en su mente. Víctor intentaba mantenerlo distraído con distintos temas de conversación para que no pensara en el otro omega, pero era inevitable darse cuenta que el japonés aún así lo tenía presente, porque al igual que cuando hablaron de él, cuando se quedaba en silencio y sonreía como si recordara algo, su aroma se volvía muy dulce. Sabía que aquello no era para atraerlo a él.
Bailaron, incluso Yuuri le permitió agarrarlo de la cintura solo porque el baile era de esa manera. Víctor estuvo a punto de perderse en los ojos del contrario y querer besarlo, pero se abstuvo en el último momento, debía ser paciente y eso haría.
—Muchas gracias, me divertí mucho —dejó que el alfa lo fuera a dejar a su casa y el platinado se sintió feliz de poder saber su dirección.
—Gracias a ti por hacerme compañía —tomó su mano y besó el dorso de esta. Yuuri solo sonrió— tal vez… podríamos salir otro día, como amigos —no perdía nada con intentar.
—Creo que estaría bien, Víctor. Me agradas de verdad… aunque no puedo corresponderte de otra manera.
—Yuuri, no voy a mentirte. No me rendiré y seguiré intentando conquistarte —se acercó y besó la mejilla del japonés justo en el momento que el padre de Yuuri salía de casa.
—¡¿Por fin estás con un alfa?! —le preguntó con cierta alegría en su voz y Yuuri no supo que contestarle.
