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Imprevistos

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Yelena leyó el comunicado.

La peor forma de enterarse de las cosas era por medio de los comunicados impresos, porque significaba dos cosas: que las decisiones las tomaron sin consultarle, y que la ignoraron despreciando su opinión.

Le dio mucha rabia porque ella era su superior, y quien debía dar su opinión sobre eso. Gennadi aún era parte de su escuadrón aunque se había reducido bastante sus salidas de combate. Seguía encargándose de las cuestiones administrativas del escuadrón y no se retrasaba en la entrega de los informes, por lo que no tenía quejas sobre su desempeño. Dividía su tiempo en el escuadrón Ángel en las mañanas, el escuadrón de entrenamiento en las tardes y su asignación especial en la tarde-noche.

Era curioso que desde que lo conocía él siempre había sido Capitán de la Fuerza Aérea, curiosamente lo siguió siendo a pesar de haber sido una pieza clave para ganar la Guerra de Unificación y lo condecoraron. Yelena recordaba muchos casos en el ejército ruso donde un oficial ascendía automáticamente luego de una misión excepcional, el primero que pensaba era Yuri Gagarin, que partió al espacio como Primer Teniente y regreso a la Tierra como Mayor, sin pasar por Capitán.

Se alegraba que por fin Gennadi ascendiera a Mayor, pero significaba que tendría nuevos deberes, nuevos privilegios y que estuviera en el mismo escalón que ella. Yelena respetaba mucho la cadena de mando porque así uno estaba claro quien mandaba a quien. También tenía en cuenta el tema de la antigüedad, por ejemplo, a pesar de tener varios oficiales con el grado de Mayor en el organigrama, la de más antigüedad era ella, luego venia Focker, detrás Karpov —en realidad Teniente Comandante pero era el rango equivalente—, luego Larrazábal —también Teniente Comandante —, finalmente Doherty.

Gennadi era parte del grupo pero no del equipo. Sabía que de un momento a otro a Isabella Verkaik la iban a ascender a Segundo Teniente, lo que iba a crear cierta desavenencia entre algunos que aún eran Sargentos y apenas tendrían la oportunidad de ascender a partir de noviembre. Aun Gennadi e Isabella no habían aclarado lo suyo, aunque todos en la milicia lo sabían. No es que a Yelena le molestara, estaba segura que pocos iban a aguantar 8 meses encerrado en esta nave sin terminar teniendo nada con nadie, ella misma sabia eso por experiencia propia y no lo podía negar. Además lo de esos dos venía desde hacía tiempo cuando Isabella apenas se estaba entrenando. Aunque ahora que lo pensaba, ella misma era un poquito hipócrita, porque ella y Gene tampoco habían formalizado nada, aunque lo de ellos era otro nivel.

Lanzó el documento por sobre su hombro y fue a caer en una gran caja que tenía rotulada como "documentos por revisar" o como le gustaba decir, la caja de los documentos olvidados.

Tenía otros temas importantes que tratar.

Estaba sufriendo los efectos de la falta de nicotina, había dejado de fumar, y no por voluntad propia, sino porque no conseguía cigarrillos, si había era a precios exorbitantes, y tenía que decidir entre comprar otras cosas o fumar, y su cabello tenia prioridad.

Sí, su cabello era uno de esos temas importantes. A pesar de los mitos y creencias populares de la nave, ella no estaba encaneciendo, de hecho su madre, cuando murió a los 60 años, aún tenía el cabello rubio platinado... no era la mejor comparación, pero si un buen ejemplo. El cabello de Yelena tenía cierta peculiaridad que en su juventud le hizo el blanco de muchas bromas y le llevó a gastarse toneladas de tintes. Solamente Ivan Karpov le había visto con su cabello al natural, en la época que estuvo de permiso luego del fin de la guerra. Gene Doherty lo sabía porque le había mostrado fotografías de cuando era joven, pero nadie más abordo lo sabía. A Gene le había parecido muy adorable, y que en lugar de ocultarlo debería buscar una forma de volverlo algo que hiciera juego con el resto de ella. Había decidido que lo haría, pero igualmente tendría su alijo de tintes. Su cabello crecía bastante rápido así que para dentro de unas semanas se notaría y en navidad lo tendría largo.

Por otra parte estaba lo de la entrevista de la semana pasada. Luego del reportaje que hizo Katy hubo una respuesta positiva del público a pesar de haber aparecido en formato impreso y querían que hiciera otra, esta vez para televisión. Eso le angustiaba más que salir a combatir. No especificaron si sería grabada o en vivo, pero ambas opciones le inquietaban. La entrevista pasada fue más como un favor de amistad, pero seguro la televisada sería algo más formal, y seguramente tendría a alguien de la comandancia asesorando que podía o no decir.

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El gigante extraterrestre parecía estar acostumbrándose a su cautiverio. Aunque en veces tenia arranques de ira y empezaba a golpear las paredes. La comunicación con él había dado muchos resultados, pero su información era muy limitada, seguramente era un piloto de bajo rango, el equivalente de que los extraterrestres esperaran capturar a Roy Focker y terminaran teniendo a uno de los aprendices.

"Debe gustarle," dijo el Mayor Gennadi Engel. "Se puso feliz cuando se lo dieron."

El gigante estaba comiendo, no la comida que se había preparado sino un traída de la nave investigada.

"Es su comida," comentó la Mayor Gina Baltrow. "Es muy alimenticia con un alto contenido de calorías."

Los paquetes de raciones pesaban como 20 kilos cada uno y consistían en una especie de puré espeso, una galleta y una gelatina algo dura. Era comida sintética, y tenía la bondad de no necesitar refrigeración y no eran perecederas, ideales como raciones de combate. Aparte de lo que trajeron para analizar, a Baltrow se trajo toda la comida que encontraron para alimentar al gigante.

El análisis químico encontró muchos nutrientes en cantidad y estado puro, limitándose a lo esencial para la alimentación, en su composición se eliminaba gran parte de los componentes que no eran asimilados por el organismo, por lo que no necesitaba comer en grandes cantidades. Era interesante, aparte de la carne sintética que se producía en biorreactores de Macross, la alimentación humana era de productos naturales, sea vegetales cultivados en las plantas hidropónicas o la propia carne que proviene de las células de un animal. Esto salió de una maquina donde al inicio metían productos bioquímicos y del otro lado salía listo para consumir. No encontraron ningún componente extraño ajeno a los propósitos de alimentación, al menos no en proporciones medibles.

Baltrow tenía un trozo de galleta en la mano y desmenuzó un trocito entre sus dedos, era quebradiza pero no soltaba migas sino pequeñas conchas. Engel se quedó mirando el envase de laboratorio de cristal donde había una cantidad de puré, y antes que alguien hiciera algo, tomó un poco con el dedo y lo probó.

"¡No hagas eso!" exclamó Isabella alarmada. "¡Te puedes envenenar! ¡Escúpelo!"

"No perderíamos nada," dijo Baltrow.

"Sabe cómo brócoli... pero dulce," dijo para luego volver a probar otro poco e Isabella trataba de quitarle el envase.

"Toma," Baltrow le tendió una mitad del trozo de galleta. "Ve si no sabe a tierra."

"Sabe cómo arroz," dijo Engel luego de probarla.

Baltrow se quedó viendo el otro trozo de galleta que tenía en la mano y le dio un pequeño mordisco y se dio cuenta que tenía razón, no sabía mal pero tampoco era un manjar y dio otro mordisco más grande. Isabella miraba a sus superiores comiendo la comida extraterrestre, se encogió de hombros como diciendo 'qué más da' y se arriesgó con la gelatina y encontró que tenía un sabor indefinido entre chuleta de cerdo y pollo frito.

"Perdón," dijo Gloval entrando. "No quería interrumpir su comida," se quedó mirando un poco confundido que sus subordinados estuvieran comiendo en envases de laboratorio.

"Es un experimento de fagocitación controlada de productos extraterrestres," dijo Baltrow tratando de confundir más al Capitán y evitar bochornosas explicaciones.

"Nos comemos su comida," dijo Engel mientras probaba la galleta con un poco de puré.

"¿En qué puedo ayudarle, señor?" preguntó Baltrow insistiendo en evitar preguntas.

"En unos días pasaremos cerca de un asteroide, y necesito que analice si tiene lo que necesitamos para los proyectos para cambiar el rumbo para interceptarlo."

"Pondré a mi equipo a trabajar en eso," dijo la mujer tomando notas en su tableta masticando disimuladamente. "¿Otra cosa?"

La lista de solicitudes del Capitán era larga, y al final hasta Isabella terminó teniendo las manos llenas de tantas asignaciones.

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Los aprendices tenían libre su tiempo a partir de las 7 de la tarde, y debían regresar al cuartel a más tardar a las 10.30 de la noche. En vista que podría morir mañana en alguna misión, los superiores no les negaban sus salidas siempre que regresaran sobrios. Para aprovechar la noche, Kiernan, Max Jenius y Hayao Kakizaki salieron apenas dieron las 7 de la tarde, los chicos se vistieron de forma casual pero formal, pensando que irían al cine o alguna otra parte, pero Kiernan, apareciendo con un arrebatador look y los llevó a otra parte.

Kiernan estaba... se veía... muy bien. Sexy pero no demasiado. Verdaderamente en algunos casos el uniforme escondía muchas cosas. Tenía una blusa off shoulder que dejaba sus hombros al descubierto, blanca con un estampado en los bordes que parecía hindú. Una falda roja estrecha aunque ligeramente holgada con una corta abertura de un lado para facilitarle caminar, porque la falda era corta por encima de la rodilla, mostrando las piernas que por primera vez veía Max en esa mujer.

La Disco Bamboo House era la casa de fiestas más grande de la ciudad. Siempre había un motivo para una fiesta, desde celebrar el cumpleaños del gato hasta simplemente estar vivos. El espectáculo era muy variado, desde grupos de música en vivo, concursos de baile, etc., suficientes para mantener a los presentes apartados de la realidad. Este sitio era el consumidor de la mitad del licor producido en la nave, desde licor de maíz hasta verdadera cerveza. Si algo tenía un alto grado de alcohol seguramente lo tenían allí.

La música era fuerte pero no molesta y permitía conversar. Kiernan se adueñó de una mesa y antes que se sentarán apareció una de las camareras. Max nunca había entrado aquí, pero Kakizaki si, e indudablemente Kiernan, que tomó a la chica de los hombros, se acercó bastante y le habló al oído, intercambiaron unas palabras, y que Max no alcanzó a escuchar.

Al rato la chica trajo una cerveza para cada uno y un par de platos con entremeses. Max no bebía muy seguido, pero la cerveza que trajeron estaba muy buena. Luego cayó en cuenta que Kiernan no había pagado ni antes ni después.

"Trabaje aquí un tiempo," dijo Kiernan respondiendo la pregunta no formulada, y se acercó a Max para hablarle en tono cómplice: "Es un buen sitio para conseguir información."

Max gruñó, ya se iba a poner con sus cosas de espías.

Luego de una segunda ronda de cervezas, Kakizaki sacó a bailar a Kiernan y más de uno intentó arrebatársela, incluyendo un par de chicas que dudaban de su orientación sexual al verla bailar. El chico estaba feliz de ser la envidia del lugar y Kiernan contribuía bastante a aumentar la envidia con sus movimientos de baile.

Max era muy tímido, pero Kiernan lo sacó igualmente a la pista.

"Si es tu primera vez," susurró en su oído con tono insinuante que le causó un escalofrío, "te voy a enseñar cómo se hace."

El joven no recordaba cuando fue la última vez que estuvo tan cerca de una chica, y Kiernan se movía sin ninguna inhibición al ritmo de la música. Quizá fueron las cervezas, pero Max estaba siguiendo el ritmo, y se sintió relajado mientras se movía, y no sintió vergüenza en moverse también, quizá su problema había sido el temor a que dirían los demás, pero todos estaban concentrados en lo suyo, y se sorprendió a si mismo cuando en un momento del baile puso sus manos en la cintura de Kiernan y esta no se quejó. La chica estaba tan cerca que el calor que sentía Max venia de ella y no del ambiente. Kiernan estaba concentrada, tenía los ojos cerrados.

No supo cuánto tiempo estuvieron así y regresaron a la mesa. La misma camarera vino con otra ronda.

"Esta es la última, Yuri. Mañana tengo que salir a volar."

"Visita más seguido, Kiki, no esperes a que te asciendan a General."

A modo de despedida Kiernan la tomó de los hombros y luego se dieron un beso doble, primero en la mejilla izquierda, luego en la derecha.

Kiernan tenía las mejillas sonrojadas por la bebida, Max se sentía un poco mareado y Kakizaki parecía que la cerveza no le afectó en nada aunque las risotadas que profería no eran normales, al menos para las risotadas cotidianas que daba. Ya era hora de irse, no estaban dispuestos a que –nuevamente– les llamaran la atención por llegar tarde. Los chicos se levantaron y empezaron a salir.

"¡Uy que niña tan linda!" dice uno de los sujetos de una mesa a la cual se estaban acercando.

Eran cuatro tipos, ni tan jóvenes ni tan viejos. Tenían su mesa llena de botellas y platos. Por la cantidad de botellas vacías era fácil inferir que estaban ebrios o cerca de estarlo.

Kiernan ni se inmutó, ya estaba acostumbrada que los hombres le lancen piropos, no se consideraba una modelo pero si tenía un cuerpo mucho mejor formado que otras mujeres. No tenía nada que esconder, si les gustaba mirar que miraran y recordaran, siempre que no tocaran ni tomaran fotografías.

"Quédate aquí con nosotros, linda, te queremos conocer," dijo uno moviendo una silla para ella.

A los ebrios no pareció agradarles que les ignorara y se pusieron más insistentes.

"¿Sera que te están pagando mucho? Por ese cuerpo tan bello debes cobrar bastante."

"Debes follar duro y delicioso," dijo otro.

A Kiernan no le gustó el tono de los comentarios, porque al parecer estaban asumiendo que era una prostituta. Bamboo House era el sitio donde ese tipo de trabajadoras encontraban a sus clientes e iban al motel cruzando la calle. Aceleró el paso, obligando a Max y Kakizaki a seguirle el ritmo.

"Esas nalgas hay que darles duro. Necesitas a dos para que te den como es."

El sujeto puntualizó su comentario dándole una nalgada a Kiernan cuando pasó al lado de la mesa.

Fue suficiente, Kiernan se detuvo de golpe, asustando a sus dos acompañantes.

"Son más que suficiente, en cambio tu tendrías que venir con una docena iguales a ti y no sentiría nada."

"Ah, es que hablas," dijo el sujeto, algo ofendido por lo que dijo la chica. "Me imagino que esa boquita tuya tan bella debe servir para otras cosas más que para hablar."

"Si, muerdo."

"¿Cuánto nos cobras por toda la noche?"

"No tienen suficiente para pagar mi tarifa."

"Kiernan," dijo Max susurrando. "Ya déjalos."

"Aja," dijo Kiernan alzando la voz a propósito. "¿Tengo culpa que ese tipo tenga el pene y la hombría tan pequeños?"

Absolutamente todos se quedaron paralizados, salvo el tipo al que se refería, que empezó a temblar de la rabia.

"¡Eres una maldita puta!" exclamó el tipo levantándose su silla.

"Si, la mejor del pueblo, pero creo a ti no te cobraría por lastima de esa ramita que debes de tener, puede que hasta sea yo quien te quite la virginidad. Soy delicada con los niños que están aprendiendo."

"¡Ya! ¡Quédate quieta!" insistió Max agarrándola del brazo.

"Verdad," dijo soltándose de su agarre. "Dejemos que este grupito de maricas se cojan entre ellos."

Si los otros tipos les parecía divertida la situación, ahora no. Los tipos se levantaron y no les importó lanzar las sillas al suelo causando un gran alboroto.

"¡Mírenlos!" exclamó Kiernan con falso asombro. "Hacen falta cuatro para poder conmigo. Al que me tumbe le dejo que haga conmigo lo que quiera gratis," terminó diciendo mientras se tocaba un seno, apretándolo abriendo y cerrando la mano sobre él.

Los tipos se acercaron dispuestos a matarlos... o tumbar a Kiernan. La gente de las otras mesas saltó para quitarse del camino, cuando uno de los tipos agarró una botella.

"Si lo sé no vengo," dijo Kakizaki cuadrándose para defenderse, de hecho la escena era extraña porque Kiernan era quien estaba delante de ellos y seguía insultando a los tipos con el tamaño de sus miembros y dándoles sugerencias de lo que podían hacerse entre ellos mismos.

El que empezó a insultar a Kiernan fue quien la atacó, le lanzó un golpe sin importarle que fuera mujer. Max estaba por ir a ayudarla, pero ya tenía encima a uno de los tipos. Él que tenía la botella quería usarla como garrote, pero Kakizaki le dio un golpe en el pecho, haciéndolo caer sobre la mesa y volcándola junto con las botellas y platos.

Max recibió un golpe en el rostro y perdió los anteojos, intentaba darle un golpe en la garganta con la mano en un golpe de karate al tipo para dejarlo fuera de combate, pero el sujeto supo bloquear sus golpes. Por un minuto la pelea era solo entre ellos, pero el sujeto que peleaba con Kakizaki, tomó una silla y, en el movimiento para pegarle con ella, golpeó en la quijada a un tipo que solo había sido un espectador, y en un instinto muy humano de ira inducida, se metió en la pelea para golpear al sujeto que estaba aun con la silla en las manos.

El cuarto tipo lanzó una botella con la intención de golpear a Kiernan en la cabeza, pero falló por poco y le dio en el pecho a una chica e inevitablemente los acompañantes de esta se lanzaron a pelear también.

Al segundo minuto la situación era confusa, porque Max y Kakizaki terminaron peleando con gente que ni habían visto y Kiernan agarró a una chica por el cabello y la aventó contra el tipo con que peleaba.

"No lo está haciendo mal," dijo Kakizaki riéndose y limpiándose un poco de sangre de su labio roto.

"No la alabes, que esto es culpa de ella," dijo Max apartando con el pie una silla destrozada.

A pesar de su corta cantidad de ropa, Kiernan no mostraba mucho cuando daba patadas y golpes. No tenía más fuerza que el sujeto, pero sabía dónde golpear, intentando darle en las rodillas, la entrepierna, la garganta, los lados de la cabeza o picarle los ojos, si el sujeto no pasara casi toda la pelea cubriéndose hubiera podido ganarle de un solo golpe.

Escucharon el ulular de una sirena. En la nave no habían policías civiles sino militares patrullando las calles, apenas reportaron el alboroto un par de jeeps cargados de soldados llegaron a la Disco Bamboo House. Ya era costumbre los alborotos aquí, pero no como lo que pasaría a continuación.

"Lo único bueno es que todo esto va a acabar," dijo Kakizaki cuando la gente empezó a quedarse relativamente quieta cuando escucharon a los soldados.

"Esto lo soluciono," dijo Kiernan. "No nos atraparan vivos."

"Va a sacar su cápsula suicida, y se va a poner dramática," comento Max suspirando.

"Me temo que se pondrá peor," dijo Kakizaki, resignado a caer preso.

"¡FUEGO! ¡FUEGO!" gritó Kiernan histérica a todo pulmón, luego de subirse a una mesa. "¡VAMOS A MORIR QUEMADOS!"

Eso fue todo, pero bastaba. Si hubo un momento de caótica calma este llegó a su fin con esas palabras, nadie iba a quedarse para asegurarse si era cierto que había un incendio. Absolutamente todos, incluyendo los dueños del establecimiento, las camareras y algunas parejas semidesnudas que salían de los baños y cuartos de servicio, empezaron a correr a las puertas en estampida. Al huir el gentío volcó la mesa donde estaba aún montada Kiernan y la chica no se mató porque fue atrapada en el aire por sus compañeros.

El mar de gente escapando era tal que los soldados en las entradas no pudieron contenerlos y los soldados más inteligentes —o más cobardes según a quien pregunten— saltaron fuera del camino de la desbandada para no ser atropellados.

Ni siquiera durante la alerta de ataque extraterrestre la gente salía con tanta urgencia de un lugar y era una suerte que el edificio estuviera certificado para desalojo porque si no, hubiera habido más de un muerto.

Aprovechando su corpulencia, Kakizaki iba delante empujando a la gente y halando a Max y Kiernan y el trio iba recibiendo codazos, golpes y apretones pero lograron pasar por la puerta a la calle. No se dieron cuenta en que momento el volumen de gente en estampida fue tal que arrancaron las puertas y el establecimiento vomitaba gente que desembocaba en la calle. Los automóviles que venían tuvieron que esquivar a la gente que corría fuera del local huyendo en todas direcciones. Un taxi chocó contra la vidriera del local de videojuegos al lado de la disco y varios vehículos chocaron entre si bloqueando la calle y causando una congestión a pesar de ser tan tarde en la noche.

El trio de pilotos corrió en medio del pandemónium y se metieron por un callejón, donde Kiernan le pisó la cola a un gato y este la arañó en la pierna, pero siguieron corriendo por dos cuadras antes de detenerse. Kiernan se apoyó contra una pared mientras que Max y Kakizaki se dejaron caer al suelo.

Se veían horrible, Max sin gafas y un ojo morado. Kakizaki tenía un labio roto, un morado en la mejilla y la chaqueta rota en el cuello. Kiernan tenía un ojo morado, el cabello desarreglado, la falda rota porque alguien intento quitársela de un tirón, una de las mangas de la blusa rota y había perdido un zapato.

"Ya no nos siguen," dijo la chica jadeando y quitándose el zapato que le quedaba y lanzándolo contra los gatos que estaban en el lugar. Había una verdadera epidemia de gatos en la nave.

"No me sorprendería si hubieras querido que nos persiguiera," dijo Max levantándose.

No fueron los únicos que decidieron entrar a ese callejón y por mala suerte entre el grupo que pasó aparecieron dos de los cuatro tipos que iniciaron todo este problema. No ayudaba que uno fuera quien había insultado a Kiernan.

"Puta, maldita loca," dijo el sujeto nada más verla.

"Marica, micro-pene," contestó esta.

El tipo sin más advertencia se lanzó contra Kiernan, esta esquivó el golpe, pero el sujeto para evitar que se le escabullera la agarró por la blusa. Al halarla terminó de romperla de un lado, dejándole con el brassier del seno derecho al descubierto.

Max iba a ayudar a Kiernan, pero desistió cuando la chica le dio una patada en la rodilla al tipo y lo hacía caer, y después le dio con los puños cerrados de ambas manos en ambos lados de la cabeza y cayó dándose fuerte en la cabeza al caer contra el muro.

El amigo del sujeto en lugar de lanzarle un golpe intento abrazarla por la espalda, pero Kiernan le logró dar un golpe con el puño cerrado en la nariz. Debió ser muy doloroso, porque el tipo la soltó y quedó tambaleándose, y Kiernan aprovechó para darle un fuerte y muy doloroso rodillazo en la entrepierna, y cuando el tipo cayó de rodillas Kiernan se aseguró dándole una patada con fuerza en la entrepierna. Lo hubiera castrado si hubiera tenido zapatos.

El tipo se quedó tendido y Kiernan regresó su atención al culpable de todo el problema.

"Ven acá," dijo Kiernan agarrándolo por la camisa para que se sentara contra el muro. "Vamos a hablar seriamente."

El tipo intentó defenderse, pero Kiernan tenía una navaja en la mano. Se veía muy afilada y nadie vio de donde la sacó.

"Te voy a arrancar las bolas y se las voy a dar de comer a los gatos," dijo mientras ponía la punta de la navaja en la entrepierna del tipo.

Max no sabía si meterse a evitar que Kiernan cometiera un crimen o salvar al tipo de ser castrado.

El hombre se tensó cuando ella apretó su mano alrededor de su miembro por encima del pantalón. Apretaba con fuerza y dolía.

"Cambie de opinión," dijo soltándolo. "Se morirían de hambre con tan poca cosa."

Si el tipo se relajó solo un segundo, porque ahora el cuchillo estaba en su cuello.

"La próxima vez que te vea, aunque vayas con tu abuelita, te voy a apuñalar. No serás ni el primero ni al último que apuñale. Y si me llegas a ver, será mejor que agarres para el lado contrario o me mates, porque si me tocas me vas a tener que dejar muerta. Y si mañana me pasa algo pensare que fuiste tú y te voy a ir a matar."

Con eso la chica quitó el cuchillo de su cuello donde le había hecho un pequeño corte y se le quedó mirando un momento. Miró hacia el otro que aún estaba tirado en el sitio donde había caído cuando Kiernan lo golpeó y no se atrevía a moverse. El tipo sentado se puso tenso cuando Kiernan volteó a mirarle.

"Llévatelo," dijo la chica y obedeció, ayudando a su compañero a levantarse y ambos se fueron por el callejón.

Kiernan se les había quedado mirando hasta que cruzaron la calle y salieron de vista, luego se dio la vuelta hacia sus compañeros y se guardó el cuchillo, y Max vio exactamente donde lo llevaba, en una funda que tenía cosida al brassier en la parte bajo el brazo.

Max y Kakizaki aún estaban paralizados. Aunque el par de amigos no podía dejar de admirar el bonito brassier blanco con encajes que podían detallar muy bien por la blusa rota. Tanta era la admiración que notaron que no necesitaba relleno para mantenerse firme.

"No los volveremos a ver," dijo seria, de repente empezó a sonreír cuando se les quedó mirando. "Se ven horribles muchachos, vámonos antes que llegue alguien. Ando con el brassier al aire y la ropa destrozada, pensaran que ustedes me estaban violando."

Max se quitó la camisa y se la dio, poniéndosela sobre los hombros.

"Que caballeroso, pero seguro ninguno se quitara los pantalones para dármelos," dijo señalando su falda rasgada.

Ambos se quedaron mirándose entre sí.

"Es broma," dijo Kiernan riéndose. "Por eso siempre llevo un short debajo de la falda," puntualizó su comentario levantándose la falda por un lado y mostrándolo, "nunca se sabe cuándo una va a ser atacada y casi violada salvajemente por desadaptados."

Si algún hombre no reaccionaba ante una linda chica que llevaba un bonito brassier de encaje sin tirantes —aún no se había abotonado la camisa— y se levantaba la falda para mostrarles su short corto de color rojo igual que la falda, enseñando además sus piernas, seguro tendría algún problema grave y debía ser sacrificado, y ambos sí que tuvieron reacciones fuertes y sus rostros lo reflejaban.

"Vámonos antes que de verdad me quieran violar," dijo Kiernan empujándolos para ir al cuartel.

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Yelena estaba repasando los apuntes del desempeño de los aprendices. En este curso por lo menos nadie ha salido herido como en los otros. Mordía furiosamente un bolígrafo y ya el extremo estaba completamente irreconocible.

"Pase," dijo cuándo tocaron a su puerta del lado del pasillo.

"Reportándome como se me solicitó, Mayor," dijo Kiernan entrando y haciendo un perfecto saludo.

Se quedó mirando a Kiernan. La chica llevaba su uniforme de servicio con falda en perfecto orden y hasta sus zapatos relucían. El cabello recogido en una corta cola de caballo. Pero el enorme hematoma alrededor de su ojo y una venda alrededor de su pierna desentonaban con su pulcro aspecto.

"¿Que te paso?"

"Mayor, anoche estaba con Jenius y Kakizaki en la disco cuando hubo la desbandada," se llevó las manos a la cabeza y continuó narrando en tono cada vez más angustiado: "Fue horrible, no sé cómo comenzó, cuando escapaba me golpearon, me rompieron la ropa, perdí un zapato y alguien me dio una nalgada," se cubrió el rostro con las manos y empezó a agitar la cabeza. "Aún estoy temblando, creo que quede traumada, necesito un psicólogo, un sándwich de ternera y una prueba de embarazo."

"Larrazábal y Deveraux te vieron peleando como si estuvieras en el coliseo romano y después montada en una mesa gritando fuego, y eso causó la desbandada."

"Eso también pasó."

"¿Y bien?"

"¿No le parece interesante que esos dos estuvieran allí juntos a esa hora?"

"¿Y tú y tus amigos que? Se oye más interesante."

"No se haga ideas raras, soy una chica decente y no soy de las que arme tríos con un par de hombres sanos y vigorosos a medianoche, ni de las que amarren a la cama con los restos de su ropa y se deje hacer de todo por turnos o los dos al mismo tiempo hasta que se cansen, y después amanezca sin dormir, trasnochada y adolorida."

"Bastante detallado lo que no te dejas hacer," dijo Yelena intentando, sin éxito, no imaginarse la escena. La mujer se sonrojó cuando dejó que su mente terminara de trabajar contra su voluntad, no es que fuera muy inocente pero, a pesar de que de joven siempre andaba con su amiga Polina, nunca llegó a esos extremos.

"¿Va a echarme de aquí por eso?"

"Lo estoy pensando."

"Jefa, eso fue una force majeure, un acto imprevisto de Dios. Es de esos momentos donde todo escapa de nuestro control humano y tenemos que luchar para sobrevivir... como lo que nos está pasando ahora con los extraterrestres, estamos atrapados en algo más grande que nosotros mismos, una existencia más allá de nosotros y somos parte de un todo entrelazado y debemos luchar o morir y nuestro instinto nos impulsa a sobrevivir, por nosotros mismos, y por nuestros descendiente. ¡Nuestros hijos! Luche pensando en ellos."

Yelena se le quedó viendo, cruzándose de brazos, Kiernan hablaba con una seriedad absoluta.

"¿Cuánto tiempo pasaste pensando ese discurso?"

"Todas las noches me acuesto y paso media hora dando vueltas pensando cosas, por ejemplo anoche antes de dormir me dedique a pensar como eliminar esa plaga de gatos de la ciudad, hice un plan en detalle para acabar con esas bestias y hacer que baje el precio de la carne, saben a conejo. ¿Ha visto que hay verdaderas manadas? Colonias, creo que le llaman. Lo miran a uno con esa mirada arrogante y llena de maldad. Por suerte son animales pequeños, imagínese si fueran del tamaño de un hipopótamo y tuvieran alas..."

"¿Te los quieres comer?" Yelena sacudió la cabeza para apartar la idea, casi caía en la trampa de la chica. "Tus soliloquios no me convencen."

"Tengo otros, con alguno lo lograré."

"Ahorremos tiempo. Eres buena piloto y muy inteligente, pero siempre tienes un problemático detalle en todo. Esto no es una escuela, estamos en una guerra, no te voy a echar. Tienes suerte que nadie más los viera, porque seguro que estaría buscándote la policía o yo estuviera regresándote a trabajar de camarera, a la planta hidropónica, enfermera o lo que dices que hacías antes."

"Si, he trabajado en eso y también..." se interrumpió al ver que Yelena le miraba con ojos estrechos dispuesta a no aceptar más discursos. "¿Le agradezco ahora o espero que dicte mi castigo?" preguntó Kiernan dudando.

"Lo segundo. Cancelo tus días libres y vas a trabajar en las tardes con el equipo de seguridad de mi hangar hasta la hora de la cena."

"Una vez me dieron un entrenamiento en seguridad industrial. Necesitare casco, botas de seguridad y arnés para trabajos en altura."

"No seas graciosa, o trabajaras en calcetines."

"Gracias, Mayor," dijo parándose firme. "¿Y que pasara con Max y... digo, los Cabos Jenius y Kakizaki?"

"Te acompañaran en tu asignación. Así que espero que se porten bien o los pondré a limpiar las ventanas por fuera," Yelena se levantó. "Repórtate en la tarde con la Sargento Lunney."

"Daré lo mejor de mí en esto," aseguró la joven.

Yelena le dio un saludo a modo de despedida y Kiernan respondió, al salir de la oficina cerró la puerta, contenta que su vida no tuviera muchos cambios.

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Hacia dos semanas Macross había entrado en el cinturón de asteroides.

Esta zona entre las orbitas de Marte y Júpiter contenía millones de cuerpos y se podría pensar que las rocas están tan cerca que chocan todo el tiempo. Pero el volumen del cinturón era tan grande que la distancia entre dos asteroides era de aproximadamente un millón de kilómetros, por lo que los acercamientos y choques son muy raros.

Siguiendo su trayectoria original Macross pasaría a 50 000 kilómetros a uno de los asteroides del cinturón, el 1999 OR, un asteroide de 3000 metros de longitud y 225 millones de toneladas. Era un asteroide de tipo S, constituido principalmente de silicatos de hierro y magnesio, y trazas de agua y carbono. Era ideal para obtener elementos para elaborar acero de alta aleación de carbono, suficiente para construir Valkyrie y Destroid en cantidades. Era cierto que se podía utilizar las millones de toneladas de metal del casco de Macross, pero era un tipo de compuesto rico en carbono de nanotubos que era difícil de procesar, y ya habían utilizado gran parte del acero usado en la restauración de la nave y no podían quitar más sin comprometer la integridad estructural.

Faltaba una semana para alcanzar al asteroide, en realidad por segunda vez en su viaje a la Tierra hacia un alto total para colocarse en órbita alrededor del Sol. La nave había tenido que reducir la velocidad a lo largo de los meses, ya que a medida que se acercaban al Sol, la densidad de polvo planetario aumentaba y con él el daño al casco, ya que según las mediciones la parte frontal había perdido algunos centímetros de blindaje y el cristal de la burbuja del puente empezaba a mostrar notorias ralladuras. La nueva orbita permitía a Macross interceptar al asteroide a velocidad mínima.

Encargándose de planear la maniobra estaba la Teniente Misa Hayase, quien había calculado y luego llevado a cabo la maniobra, con tanta exactitud que la distancia final al asteroide sería igual a su diámetro. Recibió las felicitaciones de sus compañeras.

"Como siempre perfecta," dijo su amiga Claudia LaSalle dándole una palma en el hombro.

"No digas eso, solo es mecánica orbital básica," respondió Misa algo apenada por el halago.

"La computadora lo pudo haber hecho pero lo hiciste igual de bien."

"¡Ya harás que me sonroje!"

"Deja se ser tan penosa, alegra esa cara y acepta los halagos."

"¡Que emoción! ¡Soy la numero uno! ¡Yupiiiiii!" exclamo Misa incluso dando un ligero salto y estirando las manos sobre su cabeza.

"No te pases, tampoco tanta alegría."

Las chicas del puente se reían a carcajadas, el Capitán Gloval no se encontraban y era uno de esos momentos distendidos. Desde que el proyecto con el gigante extraterrestre había avanzado, Misa tenía un relativo tiempo libre, aunque se dedicaba de lleno a un programa de traducción. Cuando se tuviera algo bien concreto se iba a redactar un comunicado y se le transmitiría a la flota Zentradi. Misa estaba convencida que esta guerra era un terrible malentendido, porque luego de redactar y organizar la cronología de la guerra, estaba claro que los humanos habían disparado primero, y a pesar de la interferencia electrónica que impedía las comunicaciones, las pocas señales que podían captar indicaban que la Tierra aún estaba intacta, o al menos habían emisiones de radio de considerable potencia, algo que no sería posible si el planeta hubiera sido atacado y la civilización destruida.

Tenía fe, su padre era un miembro prominente de las fuerzas militares y era un hombre pragmático que no actuaba sin haber considerado las diferentes opciones luego de analizar los datos de los que dispusiera.

Por otro lado estaban tratando con una raza que había desarrollado viajes interestelares. ¿Qué tan irracional podría ser una raza así?

La respuesta estaría a unos meses en el futuro y no le iba a gustar.

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Su trabajo forzado había comenzado mal, porque al buscar a la Sargento Lunney, Kiernan había cometido un error muy común. A pesar de que haber tenido entrenamiento en armas de fuego, había sido el ahora Mayor Engel y no Lunney quien había dado la instrucción, por lo que Kiernan no la conocía.

"Niñita, busco a la Sargento Lunney," dijo Kiernan de forma algo petulante a la joven cuando llegó al hangar del escuadrón Ángel. Asumió que la chica de baja estatura tenían menos edad que ella y si acaso sería una soldado sin rango.

Fue un incómodo momento, donde Kiernan descubrió que esa niña podía tener tanta autoridad como un General.

Kiernan se había acostumbrado que ser piloto y no la ayudante de otros pilotos. Lunney le encargó expresamente de asegurar a los Valkyrie que regresaban de una misión de patrulla... del lado de afuera, separándola del grupo donde estaban Max y Hayao. Debía estar en la parte de afuera de la esclusa de aire para revisar la nave antes de pasarla al hangar presurizado. Era un castigo por llamarla niña, ni que tuviera la culpa que la Sargento lo pareciera. De hecho debería estar contenta de parecer tan joven, aunque debería bajar unos kilos.

Ese día debía encargarse del primer Valkyrie que estaba por aterrizar. Había tenido una falla mecánica y tenía prioridad. Antes de pasarlo por la cámara de aire, un equipo revisaba rápidamente que no tuviera fugas. Era engorroso trabajar con un traje espacial, y estaba agradecida cuando se cerró el portón al espacio y se abrió el del hangar. Su función en el equipo de seguridad tenía que ver con todo lo relativo a cuidar como trabajaban los técnicos y prevenir accidentes. Era algo básico, si veía algo con lo que pudiera tropezar alguien lo quitaba del medio. Si alguien hacia algo que parecía inseguro llamarle la atención.

Quien empezó haciendo algo inseguro fue la piloto, que se bajó con el casco en la mano. El casco se quedaba en la cabina o se bajaba con el puesto, era lo básico que enseñaban.

"Sargento, su casco," dijo Kiernan señalándole con un dedo. Estaba empezando a disfrutar a dar órdenes.

La Sargento le dio el casco y no dijo nada. Kiernan la reconoció de inmediato. Era Isabella Verkaik.

"Aseguremos su Valkyrie," dijo Kiernan muy amable, aun esperando que la chica le reconociera.

"Si, hagámoslo," dijo Ivy muy dispuesta y de buen humor, era uno de esos días donde no tendría que salir y tendría todo el tiempo para revisar su Valkyrie.

Era básicamente la misma cosa de revisarlo por fuera pero esta vez en un ambiente con aire. Los armeros llegaron para retirar los misiles y el gunpod. Kiernan iba marcando como realizadas cada una de las actividades del desmontaje que ya estaban impresas en una lista. Al final colocaba el nombre del jefe del equipo de armeros, el suyo propio y el de la piloto con sus respectivas firmas. Luego de que el Valkyrie fue asegurado y llevado al área de mantenimiento donde lo revisarían. Kiernan hablaba hasta por los codos con la piloto y esta le respondía con frases cortas y monosílabos.

"Eres del sur de Alemania," dijo Kiernan. "Por tu acento parecieras de alguna parte de Baviera."

"Múnich," dijo Isabella.

"¡Múnich! ¡Viví en Múnich unos meses!" dijo sorprendida. "Mi padre estaba en una base de la OTAN," Kiernan levantó las manos. "Recuerdo algo de alemán, pero es horrible y sonare como un perro... Wir sind im Oktober, wir haben das Oktoberfest verpasst. Mein papa nahm mich und ließ mich trinken. Ich hatte viel Spaß."

Isabella se quedó sorprendida porque no era horrible, de hecho hablaba con acento Berlinés. Había mucho personal militar alemán en Macross, pero eran de alto rango o especialistas con los que Isabella no tenía tratos. Aparte de sus padres, los amigos de estos y Gennadi, no conversaba con nadie en alemán.

"Ich heiße Kiernan," dijo Kiernan presentándose y extendiendo su mano.

"Ich bin Isabella, ich freue mich, sie kennenzulernen,"respondió Ivy tendiéndole la suya.

"Espero que no sea muy seguido que tu Valkyrie falla, la jefa de seguridad se molesta por todo," dijo Kiernan.

"Siempre es así," dijo Isabella luego de pensarlo, porque aún estaba buscando algún punto a favor de Lunney para no... odiarla, pero era difícil encontrar alguno.

"Olvidemos a esa niña," dijo chasqueando la lengua para restarle importancia. "Seguro tiene alguna frustración o trauma sexual y por eso es así."

Isabella sonrió por primera vez porque el comentario le hizo mucha gracia.

"Cuando quieras aprovechamos para celebrar el oktoberfest," dijo Kiernan en tono cómplice. "Se dé un buen sitio donde se consigue buena cerveza."

"No bebo muy seguido," dijo Isabella, recordando la última vez que bebió, junto con Baltrow y Gennadi, cuando Gina sacó una botella de whiskie para celebrar que habían podido lograr una comunicación fluida –en parte– con el gigante. Lo que pasó después no quería recordarlo.

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Fin Capitulo 23


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Notas / divagaciones del autor:

Se darán cuenta que de unos capítulos para acá la cronología ha divergido mucho de los eventos originales, y de hecho van a cambiar mucho más, no soy amigo de escribir con ese miedo a ser asesinado por no seguir el canon. La idea de los fanfics es escribir las diferentes versiones que se puedan imaginar. Por otro lado, ya la historia difiere enormemente de mi otro fics "En la Tormenta" y se acerca más a la historia de "Réquiem" que también difiere bastante con la cronología canónica, o como hago en "La Guerra no es una Aventura" donde ni yo mismo sé en qué parte de la cronología de Evangelion está alojado.

Solo un adelanto sobre el personaje de Kiernan, es que tiene diferente personalidad dependiendo con quien trate. Con Max y Kakizaki le da a entender que es una agente secreto (¿será verdad?), con Yelena se comporta como una chica multitasking que aprende de todo pero no sabe qué hacer con su conocimiento. Con Isabella ahora es su amiga o va camino a eso. No es que tenga personalidades múltiples, pero lo parece.

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