Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling. No hay ninguna intención de lucro ni de infringir el copyright. La trama es enteramente mía así como los personajes originales que puedan llegar a aparecer.
N/A:
PRIMERO QUE NADA: Disculpen la tardanza, la vida me puso en circunstancia de stress que bloquearon mi capacidad de escribir. Nada serio, solo que el trabajo se puso heavy metal.
SEGUNDO: Este cap. es una pausa en la historia, un tiempo de humanidad para los personajes. El próximo capítulo retoma la situación post batalla del ED.
TERCERO: Gracias Lectoras/es!
MILES DE GRACIAS CON TODA MI SER!
Como siempre por todo su hermoso apoyo me da el alimento para el alma que necesito para escribir! No dejen de hacerlo si? Después de taaanto tiempo sin publicar necesito reviews que me digan que piensan, que opinan, que se preguntan… todo!
Agradecimientos especiales, por supuesto, a Mary Eagle Med, por todo su apoyo incondicional! Su trabajo de revisión y corrección es precioso, todo un arte.
RECOMENDACIÓN DE FIC: No soy muy fan de leer OS porque me dejan con sed de más… pero este OS, es especial, es perfecto, es espectacular! Háganse un favor y lean "mayo, vals, whiskey e hidromiel" de Mary Eagle Med. Es imperdible.
Los Límites de Hermione Granger
Capitulo 23:
Desperté sintiendo un cuerpo removerse a mi lado. Mis ojos pesaban demasiado, por lo que apenas pude abrirlos un milímetro. Tenía un dolor de cabeza semejante al ocasionado por la resaca. Pero no, no era alcohol lo que producía mi malestar, sino casi dos días sin descanso, con batallas y rituales de por medio, eso era. Y ahora, al despertar, mi cuerpo me advertía que debía seguir durmiendo, que aún no me terminaba de recuperar.
Me estiré un poco, buscando mejorar la posición de mi espalda. Estaba todo contracturado y uno de mis brazos, el que estaba torcido bajo mi cabeza, se encontraba adormecido. La sangre volvió hasta la punta de mis dedos, arrastrando ese desagradable cosquilleo.
Rezongué en voz alta.
— Shh, shh… Vuelve a dormir. — me susurró la voz de Hermione a mi lado.
Acarició mi cuero cabelludo con sus dedos unos instantes, y otro gruñido, esta vez de placer, se escapó de mi garganta.
— ¿Qué hora es? — pregunté con mi voz rasposa.
— No estoy del todo segura… Hace unos instantes, Crabbe y Goyle quisieron venir a despertarte, pero Zabini los detuvo alegando que "los matarías si se atreven a abrir la cortina, y que más vale se apresuren a vestirse porque dentro de poco acabará el desayuno". — me dijo en voz baja, parando para largar una leve risilla. — ¿Me pregunto si será porque eres un gruñón por las mañanas o porque Zabini sabía de la misión de anoche?
— Oh, te aseguro que no sabe nada de nuestra aventura nocturna. La verdad es que Crabbe y Goyle no aprenden. Odio que me despierten… Blaise estaba siendo sensato, eso es todo.
— Sí, bueno, entonces creo que deben ser cerca de las once de la mañana. Zabini se quedó un rato por el cuarto haciendo algo de ruido, y luego lo oí marcharse.— me acarició la mejilla mientras hablaba.
— ¿Crees que Theo y Potter sigan durmiendo?— cuestioné contra su cuello, en el cual había sumergido mi rostro, una vez más, después de estirar un poco la espalda.
— Sí. Me asomé unos instantes después de que se fuera tu amigo. Las cortinas de la cama de al lado siguen cerradas. Dudo que Harry haya siquiera sido capaz de despertarse. Además, sería imposible que se haya marchado del cuarto sin mí, ya sabes, "¡¿Y dejarte en el nido de las serpientes?!¡¿Sola?!" —hizo mímica de su amigo.
Bufé, conteniendo una risa.
— Cuando tienes razón, tienes razón. — comenté con sorna.
— Siempre tengo razón. — me respondió con fingida altanería. — Volvamos a dormir… estaba por volver a soñar cuando te despertaste. Necesito, necesitamos, seguir durmiendo.
— Repito. Cuando tienes razón, tienes razón.
La siguiente vez que desperté, varias cosas habían mejorado. Para empezar, mi dolor de cabeza se había ido. Los músculos de mi espalda se sentían menos trabados. Mis piernas y brazos abrazaban el cálido cuerpo de Hermione de manera relajada. Mi cerebro parecía más lúcido, más activo y enérgico.
Y, para continuar con la lista de mejorías, al parecer no solo era mi cerebro el que estaba más lúcido, más activo y enérgico.
Apreté mi abrazo, atrayendo el cuerpo de la muchacha contra mi firme erección matutina. Si es que se le podía decir matutina cuando seguro ya era bien tarde.
La curvatura de su espalda onduló contra mi estómago, haciendo que su trasero se friccionara deliciosamente todo a lo largo de mi despabilado… miembro. Luego se quedó estática. Al parecer, Hermione seguía dormida.
Entonces decidí que sería mejor resolver eso y darle un despertar glorioso.
Volví a apretar mi abrazo, siendo yo quien ondulaba las caderas esta vez. Llevé mi mano libre, la que no estaba atrapada por su cuerpo, lentamente desde sus costillas hasta sus caderas, donde le masajeé un poco los músculos de sus costados.
La oí gruñir suavemente.
Como no dio otra señal, seguí bajando mi mano por su muslo, donde encontré gran parte de la piel expuesta. Su falda era un bulto de telas arrugadas entre sus piernas; telas que planeaba sacar del camino si podía salirme con la mía.
Acaricié hacia arriba una vez más, apretando la piel contra el hueso de su cadera, para bajar nuevamente.
Otro gruñido escapó de su pecho.
Repetí el patrón de movimiento, llevando mi mano, centímetro a centímetro, cada vez más cerca de su centro, usando mis dedos para tirar levemente de las arrugas de su falda para despejar poco a poco el lugar al que deseaba acceder.
Entonces, los gruñidos pasaron a ser gemidos, y su cuerpo, hasta recién relajado, comenzó a hacer pequeñas fuerzas para apretarse contra el mío.
Una vez más, su trasero condenaba a mi entrepierna con estimulantes caricias. Y yo, mientras tanto, deseaba con todo mi ser que no estuviésemos vestidos.
Lo deseaba, pero no por ello iba a hacer algo al respecto. Aún me daba algo de vergüenza preguntar, insinuar o sugerir algo como eso. Mostrar más piel. Rozarnos con más piel. Además, le temía al rechazo.
¿Y si me dice que no?
Si me decía que no, pues debería esperar hasta que me dijera que sí.
— Draco...— me llamó con voz ronca, dejando colgado mi nombre en suspenso.
— ¿Sí? — pregunté luego de unos segundos más de silenciosas caricias.
Hermione no me respondió verbalmente, pero sí de manera física. Arqueó su espalda de manera pronunciada, acercó más su centro a mi entrepierna, alineando su cálido rincón a mi longitud hirviente, dejándome totalmente enloquecido. Además, por si fuera poco, tomó mi deambulante mano y la llevó directo entre los pliegues de su falda. Era una clara invitación a pasar.
Y, claramente, no voy a ignorarla.
Llevé mi mano hasta el borde superior de su ropa interior, acariciando levemente. Luego bajé las yemas de mis dedos de manera suave, pasando un milisegundo por su clítoris, siguiendo de largo a través de sus pliegues.
Ya podía sentir la humedad. No tanto como que estuviera mojada, pero su centro emanaba un calor y una humedad que hablaba de que Hermione claramente estaba disfrutando.
La idea de poder darle placer me dio una buena dosis de confianza. Y por eso, y sólo por eso, me animé a preguntar, insinuar y sugerirle que diéramos un paso más.
— ¿Hermione? — la llamé en un susurro contra su nuca.
Otra vez, su respuesta fue física. Ella se acurrucó más contra mi pecho, acunándose en la curvatura que formaba mi cuerpo.
Sujeté el borde de su ropa interior con mi pulgar, empujando hacia abajo. Me detuve hasta llegar a rozar muy tenuemente el comienzo de sus pliegues. La oí respirar de forma entrecortada.
— ¿Puedo quitarla por completo? — pregunté dándole un pequeño tirón al elástico.
— Sí... — me contestó en un suspiro agudo.
Apoyándome sobre el codo, levanté un poco mi cuerpo para sacar la prenda lo más delicadamente posible. Quería que inclusive retirarle la ropa fuese un acto estimulante para ella.
Terminé por levantarme del todo, estirando mis brazos a través de sus piernas, acarreando sus pantis conmigo. Una vez que llegué a sus pies, ella misma las pateó hasta el fondo de la cama.
Subí con mis manos entre las sábanas, rozando la mayor cantidad de piel posible. Mantuve mi postura apoyada sobre el codo, para poder alcanzar su mejilla con mis besos y sus ardientes caderas con mi mano libre; mano que no perdió tiempo y se direccionó hacia su pubis.
Luego de uno o dos minutos de acariciarla por fuera, sin apretar demasiado, pasando muy por encima de su clítoris, Hermione ya era un manojo de gemidos suaves y quejumbrosos. Su cuerpo se retorcía sinuosamente.
Y me encantaba.
— ¿Draco…? — me llamó.— ¿Draco?, espera… quiero, quiero que esta vez…
Mientras ella me hablaba, acaricié con intensión entre sus pliegue más internos, consiguiendo cortarle el aliento y, así, el habla.
— Espera. — me pidió. Entonces me detuve. — Quiero que esta vez seamos los dos.— dijo volteando su torso y rostro para mirarme a los ojos.
— ¿Los dos?
— Sí. Yo también quiero tocarte.
Oh, Merlín. Esta chica va a matarme. De placer, va a matarme
Gruñendo, bajé mi boca a la suya en un beso abrasivo, olvidando por completo nuestro aliento cargado de somnolencia.
Continuamos besándonos entre tanto Hermione se iba rotando por completo. Pasó una pierna por mi cadera, dejándome boca arriba con todo su cuerpo pegado a mi costado. Su mano libre sujetaba los pelos de mi nuca, y luego acariciaba mi cuello, mi torso vestido, mi estómago cubierto por la camisa totalmente arrugada, la piel descubierta de mi vientre, hasta llegar al borde de mi pantalón.
Despegó sus labios de los míos y preguntó:
— ¿Puedo desprenderlo al todo?
— Puedes sacarlo todo si por mí fuera. — respondí, ganándome una sonrisa juguetona y fogosa.
En el acto se puso en acción. Empezó por el cinturón e hizo un trabajo veloz con los botones. Pronto, sus dedos suaves se deslizaron a través de la tela de mi ropa interior, posicionando su palma contra toda mi longitud, la cual palpitó en anticipo.
Comencé a llevar mi mano libre nuevamente a su centro, pero en un rápido movimiento, ella extrajo su mano y sujetó mi muñeca.
— Espera. Me dijiste que podía sacarlo todo si yo quería. — susurró.
Soltando el agarre que había afirmado en mi antebrazo, llevó sus dedos al borde de mi pantalón a la altura de mis caderas, tirando hacia abajo. Entendiendo su intención, y en total acuerdo con ella, levanté mi trasero para ayudarla a retirar la insoportable prenda.
Hizo un prolijo trabajo, llevándose consigo también los boxers. Intenté imitarla, y patear hasta abajo toda la tela, pero esta se quedó trabada en mis tobillos. No pude sacarlos, pero no me importó. La impaciencia me ganaba absolutamente.
Retome la posición anterior, tirando de la pierna de Hermione lo suficiente como para que nuestras entrepiernas se rozaran con la parte interna de la pierna del otro. Por suerte su falda estaba totalmente levantada, dejándome sentir todo su calor y humedad directamente contra mi piel.
La simple sensación envió una electricidad placentera desde mis testículos hasta la nuca.
Reanudamos el lánguido beso, pero nuestros labios y lenguas se volvieron torpes al instante, pues la fricción de nuestras caderas destruía toda concentración. Los movimientos oscilantes se transformaban en dispares empujones de uno contra el otro. Pero con cada minuto que pasaba, se tornaban cada vez más pronunciados. Más rítmicos. Más sincronizados.
Gemimos uno en la boca del otro. Hermione se acomodó, dejando su rostro metido en la curvatura de mi cuello, consiguiendo la posición ideal para que su mano libre pudiera meterse entre mi cadera y su pierna y, así, sus dedos fueran capaces de acariciar la punta de mi pene con cada empujón que dábamos uno contra el otro.
Seguí su ejemplo, y fui en búsqueda de su sensible nudo de nervios, encontrando el espacio perfecto para rozarlo con la yema de mis dedos índice y medio.
Nos estimulamos mutuamente, llegando pronto a un nuevo nivel de placeres erráticos. No necesitábamos siquiera mover nuestras manos y dedos. Nuestras caderas hacían todo el trabajo de deslizarse húmedamente contra la pierna y mano del otro.
Los jadeos de ambos eran todo lo que podía oír. El resto era sentirse, moverse, ni siquiera podía pensar. La tensión en la base de mi pelvis comenzaba a ajustar cada vez más, formando una bola energética demasiado intensa como para poder contenerla.
Como para querer contenerla.
Me dejé ir, y mi cuerpo se estiró hacia atrás en una explosión ardiente como pocas veces he sentido.
Mis sentidos se nublaron, pero, a pesar de ello, pude apreciar el momento exacto cuando Hermione siguió mis pasos, girando sus caderas violentamente, una y otra vez, apretando su centro contra mis dedos y, también, mi pierna de manera desesperada.
Su gemido se volvió grito, llenando mis oídos de una nueva oleada de placer. Su voz vibraba por mi cuerpo, a la vez que su espalda vibraba arqueándose hacia arriba. Estiró su cuello, dejando caer la cabeza. Sus ojos estaban en blanco y sus labios abiertos en un sonoro suspiro.
La euforia me impulsó a levantar mi torso para pegarlo al de ella, tirando de sus caderas hacia abajo para apretarlas contra mi mano atrapada sobre mi pierna. Besé su cuello para exponenciar su clímax lo más posible. Acompañándola.
Poco a poco, nos volvimos más y más estáticos, relajando primero las espaldas, para luego recostarnos nuevamente, liberando nuestras manos de entre los cuerpos. Respirando agitados. Sonriendo en plenitud, besando nuestros rostros con ternura. Volviendo a la tierra con tiempo suficiente para recuperar la lucidez, la percepción de la realidad.
Reposamos en los brazos del otro unos cuantos minutos. Podía sentir el contento que emanaba de su cuerpo reflejarse en el mío. Nunca me había sentido tan a gusto conmigo mismo, o con alguien. Nunca antes había sentido tanta conexión y libertad.
Podía acostumbrarme a ello.
Jamás pensé que un orgasmo podía ser tan intenso. Había tenido unos cuantos muy buenos en mi vida, pero todos parecían compartir el mismo nivel de intensidad. En cambio, este… este había sido mucho más fuerte.
— ¡¿Qué demonios?! ¡¿Qué te pasa…?! ¡Potter, aguarda...! ¡Detente! ¡Auch!
Escuché el grito de Nott tras el dosel de la cama. El sonido de movimientos torpes y apresurados se trasladó a la zona entre las camas de Nott y Draco.
Grandioso, ya se habían levantado. Adiós a mi paz, adiós a mi pausa en el tiempo.
— ¡Hermione!— llamó mi amigo. Sonaba desesperado.
¿Qué podría tenerlo tan ridículamente alterado?
— ¡Shh! ¡Calla, Potter, nos delatarás con todo Slytherin!— lo retó Nott con la voz más cargada de frustración que antes.
Volví mi cabeza para ver a Draco a los ojos. Él portaba en su mirada las mismas emociones que yo sentía, confusión y diversión.
Se oían maldiciones por lo bajo, golpes secos y tela siendo agitada por los aires. Y, de pronto, alguien tiró de la cortina que cubría el pequeño rincón de absoluta intimidad que compartíamos con Draco.
— Herm… ¡Hermione! ¡¿Estás bien?!— exclamó Harry, nuestro invasor.
— Harry, cálmate. — le dije exasperada en un susurro.— Claro que estoy bien, ¿de qué hablas?
— Estás toda roja y sudada… — dijo con voz alarmada, pero, pasó su propia observación por alto, como si fuera un niño al que distraes con objetos nuevos. — ¡Vámonos!— exclamó de pronto, dando un paso hacia delante y tomando la colcha que nos cubría, con intención de arrancarla.
Draco, con sus veloces reflejos, consiguió sujetar las telas tirando de ellas hacia nosotros, consiguiendo así conservar nuestra casi escasa intimidad y ocultar un tiempo más nuestra absoluta falta de decencia.
— ¡¿Qué demonios haces, Potter?! — gritó irritado mi compañero de cama. — ¡Lárgate y cierra la maldita cortina!
— ¡No te metas, hurón! Hermione, debes venir conmigo.— me pidió suplicante. Parecía no entender que si quería que fuera con él tenía que hacerle caso a Draco. No estaba viendo que la situación no era del todo, ¿cómo decirlo?, ¿decorosa?
— De acuerdo, Harry. Pero debes soltar las mantas ahora, y también cierra el dosel de la cama, por favor. Estaré contigo en unos minutos.— dije lenta y seriamente.
Me hizo caso de manera reluctante.
Se oyó la carcajada de Nott y la voz de Harry gruñéndole enojado algo en un volumen inentendible.
— Si tú no puedes darte cuenta, yo no voy a decírtelo. — Theodore le contestó en volumen normal y con un tono cantarín y burlesco.
Volvimos a mirarnos con Draco. Había complicidad en sus ojos. Se inclinó para besarme dulcemente, para luego apoyar su frente contra la mía y susurrarme.
— Hermione, recién… lo de recién fue hermoso.
— Sí, lo fue. — respondí igual de secretamente. Besé sus labios, y luego la punta de su nariz. — Debo irme, Harry está… extraño y ¿alterado? Pero… uhm, — titubeé algo nerviosa. — Quiero que sepas que preferiría quedarme aquí contigo, ¿sí?
Asintió y volvió a besarme, dándole una juguetona mordida a mi labio inferior. Luego, rebuscó de su lado el costado de la cama. Extrajo su varita y, con un par de encantamientos, había limpiado nuestros cuerpos de todo rastro de pasión. Y, vaya, sí que había mucho rastro.
Eww… no pienses en ello, Hermione.
Me sentí infinitamente agradecida. Mi cuerpo pedía a gritos una buena ducha, pero la magia sería más que suficiente por ahora.
Me apresuré a acomodar mi ropa, explorando el fondo del colchón en búsqueda de mi ropa interior. Una vez lista, corrí la cortina y me senté al borde de la cama para colocarme los zapatos.
Harry estaba apoyado contra la pared, de brazos cruzados y ceño fruncido. Nott, sentado frente a mí en su propia cama, también se calzaba los pies.
Cuando ya tuve todas mis pertenencias conmigo, me volteé para darle un beso de despedida a Draco, quien sujetó mi nuca con fuerza para retenerme más tiempo.
— Nos vemos más tarde.— susurró.
— Adiós.
Harry tiró de mi brazo impacientemente. En dos segundos, nos tenía a ambos cubiertos por su capa invisible. Theodore nos guio hasta la puerta de salida de su casa en menos de un minuto.
Al salir apresuradamente por la puerta, le susurré un "Adiós y gracias" en el oído de Nott. Harry volvió tirar de mí.
Me hizo correr tras él, muy incómodamente bajo la capa, por lo menos tres pisos hacia arriba. Hasta que me cansé y lo detuve bruscamente. Mirando para todos lados, corroboré que no hubiese nadie por los pasillos. Arranqué la capa sobre nosotros y, haciéndola un bollo, se la entregué empujándola de manera ruda contra su estómago. Mi amigo aún portaba un rostro cargado de alarma y preocupación.
— ¿Qué te pasa, Harry? ¿De qué huyes? — pregunté un poco enojada.
— ¡No estoy huyendo! ¡Lamento si te saqué de tu nidito de amor con Malfoy! — dijo a la defensiva.
— Nidito de… ¡Oh, por Morgana! ¡¿Nos oíste?! ¡Lo siento, Harry! Creí que el hechizo silenciador duraría más tiempo…
— ¿Oír? ¡No oí nada! ¿De qué me estas habl-...?— comenzó, para luego quedarse mudo cuando, por fin, comprendió.— ¡Eww! ¡No! ¡No quiero ni saberlo! ¡Olvídalo!
Tomó mi brazo para hacerme caminar junto a él. Esta vez, por suerte, a un paso más normal, aunque apresurado.
— Vamos. Necesito bañarme y comer antes de volver a la Sala de los Menesteres para cumplir con mi ronda de vigilancia. — gruñó.
No podía entender que lo tenía tan chinchudo.
— Lo sé. Yo también debo hacer eso antes de ir a hablar con el profesor Snape. Quiero saber qué sucedió con Dumbledore y La Orden… ya deberían haber actuado de alguna forma. — comenté distraída, hasta que recordé la locura de los último cinco minutos. — Pero, ¿Harry? ¿Qué pasó, porqué te levantaste tan alarmado?
— Nada…
— No me mientas, claro que algo debe haber ocurrido para que… Espera.— Lo detuve al pie del siguiente cuerpo de escaleras, para voltearlo y obligarlo a verme a los ojos. Había un par de alumnos en el pasillo contiguo a unos cuantos metros, por lo que decidí susurrarle la pregunta que acababa de dispararse de forma alarmante en mi mente.— ¿Nott te hizo algo? ¡¿Harry, te hizo algo?!
Mi amigo enrojeció de manera furiosa en ese instante. Sus ojos como plato brillaban con algo parecido al miedo.
— No… no… ¿o sí?, no creo… Oh, no lo sé. ¡No lo sé!
— Shh… Tranquilo. Ven, cuéntame. — le calmé, llevándole de la mano hasta uno de los balcones del descanso entre escaleras. Cerré la puerta de vidrio tras nosotros y lo obligué a sentarse en la banca.
— Mortuus Silentium — canté secamente—. Ahora sí. Habla. — le exigí, comenzando a preocuparme un poco también.
— No Hermione, no es algo que… No sé qué decirte. Realmente no estoy seguro de que pasó, o por qué reaccioné así. Pero no debes preocuparte de más…
— Harry, corta con poner excusas. — le interrumpí. Parecía realmente nervioso.— Oí como Theodore maldecía. Unos segundos después, sólo se escuchó cómo te vestías apresuradamente para invadir mi privacidad— dije puntuando el "mi". — ¿Y vas a decirme que no me preocupe? ¡Mírate, estas hecho un manojo de nervios! ¡¿Qué te hizo Nott?!
Tenía que intentar explicarle a Hermione, hacer un esfuerzo y ordenar un poco mis ideas, ¿o serían más bien mis emociones?, porque la muchacha parecía estar a punto de volver a las mazmorras y arrancarle la cabeza de un tirón a Nott por creer que él… que él…
¿Qué demonios hizo él? ¿Me atacó acaso? ¿Me… acosó? ¿Sería esa la palabra? No, definitivamente no.
Respire hondo, juntando coraje para decirle la cosa más vergonzosa del mundo a mi mejor amiga. Ella me observó expectante, pero con suavidad en sus gestos. Parecía haber notado que no me sentía muy cómodo hablando de esto.
— Yo… hace un rato estaba abrazando a Nott…
Tragué en seco, mi voz se había casi apagado.
— ¿Huiste de un abrazo? — me preguntó extrañada.
— No, no. Hermione, no era un simple abrazo. Él también me abrazaba. Y tenía su… su cabeza…
Era tan difícil hablar de esto, porque, para decirlo, era necesario que lo pudiera figurar en mi mente, y, para figurarlo en mi mente, tenía que recordarlo, y recordarlo… era angustiante en más sentidos de los que podía comprender.
— ¿Harry? — me llamó Hermione. Me di cuenta que tenía los ojos apretados y mis manos habían quedado flotando pausadas en el aire.
— Nott, tenía su cabeza aquí, — gesticule en la zona de mi cuello. — y había enterrado su cara acá. — señalé bajo mi oreja, sintiendo como el calor que exponía la vergüenza subía por mi pecho — Su respiración era fuerte y creo que hizo un sonido con su garganta, como, ¿ronroneo? — hice una mueca, no estaba seguro de como describir el sonido que una persona hace al desperezarse medio dormida. —, y eso fue lo que terminó de despertarme, porque ahí sentí su… ¡Ahgg! — me saqué los lentes de un tirón y apreté mis palmas contra mis ojos, frustrado y muerto de humillación — ¡Sentí su erección contra mi pierna! ¡Ya! ¡Lo dije!
— ¿Sentiste su… él te… mientras tu dormías?
— No estaba dormido. Creo que llevaba despierto unos minutos, y lo había estado abrazando intencionalmente, sólo no me había dado cuenta de que era… de que estaba con…— unos segundos de silencio pasaron antes de que pudiera seguir hablando.— Entonces, fue ahí cuando me levanté. Pero, al moverme, me di cuenta de que yo también… — señalé mi entrepierna — ya sabes…
— Oh...
Miré al suelo, quedándome sin palabras.
En mi cabeza, daban vueltas recuerdos de sensaciones nunca vividas, emociones nuevas, miedos viejos y enterrados, ideas alarmantes, imágenes extrañas, placeres intimidantes.
En ese momento, me sentía como un mundo de incógnitas, con mares enredados y tierras inestables. Un mundo inhabitable pero lleno de oportunidades.
— ¿Harry? — mi amiga, sorprendentemente paciente, tomó mi mano para preguntarme con preocupación en sus ojos, y una calidez en su pequeña sonrisa de labios apretados que hablaba de empatía y ausencia de juicio. — No te preocupes, ¿sí? No es algo que no puedas resolver.
— Pero, no sé, ni siquiera, qué es lo que tengo que resolver, Hermione.— Rezongué. Ella apretó mi mano, y rio un poco por lo bajo.
— Bueno, para empezar, Harry, deberías determinar si tienes algún problema con la homosexualidad.— comentó toda petulante la muy descarada. Me miraba alzando sus cejas sugestivamente con su sonrisa maliciosa de sabelotodo plantada en el rostro.
— ¡¿Qué?! ¿Bromeas, verdad? ¡Claro que no! — le respondí indignado.
— Lo imaginaba, tranquilo, Harry. Solo quería molestarte un poco, sé qué clase de persona eres. Pero si me parece válido que te preguntes a ti mismo si tienes algún problema con que tú seas homosexual, ¿sí? Solo medítalo.
— Bien… lo haré. Pero no creo que sea el caso. Si no, ¿por qué habría de reaccionar como lo hice? La verdad es que me siento confundido, enojado y con miedo.
La muchacha, quien no dejaba de mirarme a los ojos con absoluta calma, se removió en el asiento, pero no dijo nada, dando tiempo a mis emociones a manifestarse por sí solas.
— Estoy confundido porque sentí confort. Me desperté cómodo, sintiendo todo suave y agradable. Me sentía bien, ¿sabes? Acompañado y apreciado, y no de una manera sexual ni nada, simplemente de manera humana. — aclaré, a lo que ella asintió en señal de acuerdo. — Por primera vez en mi vida -al menos que yo recuerde-, me desperté abrazando a alguien, y, al mismo tiempo, sintiendo el abrazo de vuelta. Por primera vez, Hermione. Y eso es lo que me enoja tanto.— gruñí un poco al revivir la emoción en el presente.— Darme cuenta de que, después de tantos años, recién ahora he vivido el confort de otra persona de una manera tan cálida, de una situación que debería haber sido más cotidiana en mi infancia, con una familia. Pero no. Nunca sucedió. Siempre viví la ausencia de contacto con naturalidad. Pero ahora que veo la comparación…— me perdí un segundo en la imaginación. Y luego retomé mi verborrea — Contigo y todos los Weasley, pude empezar a aprender a abrazar, sentirme querido y estar cómodo con ello. Pero… lo de hace un rato, fue único, fue intenso.— respiré abatido, mirando hacia los jardines, dándole tiempo a mi alma para digerir la emoción más difícil de todas.— Y, por último, tengo miedo de no volver a sentir algo así.
N/A: ¿Y bien? ¿Qué les parece? No olvides dejarme un review!
Les dejo las notas de editora, que son siempre divertidas:
La sangre volvió hasta la punta de mis dedos, arrastrando ese desagradable cosquilleo.
N/E: Te juro que me hiciste sentir esa… sensación (?). Muy loco.
Lo deseaba, pero no por ello iba a hacer algo al respecto. Aún me daba algo de vergüenza preguntar, insinuar o sugerir algo como eso. Mostrar más piel. Rozarnos con máspiel. Además, le temía al rechazo.
N/E: Ay, pobechito :c
¿Y si me dice que no?
N/E: Sinceramente, Draco, con esa cara, ¿quién te va a decir que no? Hermione, definitivamente, va a estar muy dispuesta, eh. Y yo también, lol.
Si me decía que no, pues debería esperar hasta que me dijera que sí.
N/E: AY, NO, ME REMATASTE CON ESTA FRASE. LO AMO. FIN.
— Harry, cálmate. — le dije exasperada en un susurro.— Claro que estoy bien, ¿de qué hablas?
— Estás toda roja y sudada… — dijo con voz alarmada, pero, pasó su propia observación por alto, como si fuera un niño al que distraes con objetos nuevos. — ¡Vámonos!
N/E: Es que Harry es imbécil, no hay de otra.
— Si tú no puedes darte cuenta, yo no voy a decírtelo. — Theodore le contestó en volumen normal y con un tono cantarín y burlesco.
N/E: JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, lo amo a él también. Harry is too innocent
— ¿Oír? ¡No oí nada! ¿De qué me estas habl-...?— comenzó, para luego quedarse mudo cuando, por fin, comprendió.— ¡Eww! ¡No! ¡No quiero ni saberlo! ¡Olvídalo!
N/E: Igual amo a Harry, lo encuentro un tierno jajajaja.
— No Hermione, no es algo que… No sé qué decirte. Realmente no estoy seguro de que pasó, o por qué reaccioné así. Pero no debes preocuparte de más…
N/E: Ay, ¡empecé a preocuparme!
¿Qué demonios hizo él? ¿Me atacó acaso? ¿Me… acosó? ¿Sería esa la palabra? No, definitivamente no.
N/E: Ay, ¡empecé a preocuparme!
Entonces, fue ahí cuando me levanté. Pero, al moverme, me di cuenta de que yo también… — señalé mi entrepierna — ya sabes…
N/E: JJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJAJJAJA
En ese momento, me sentía como un mundo de incógnitas, con mares enredados y tierras inestables. Un mundo inhabitable pero lleno de oportunidades.
N/E: Oye, pero ¿en qué momento Harry Pipí en el Pote se convirtió en un poeta?
Darme cuenta de que, después de tantos años, recién ahora he vivido el confort de otra persona de una manera tan cálida, de una situación que debería haber sido más cotidiana en mi infancia, con una familia. Pero no. Nunca sucedió. Siempre viví la ausencia de contacto con naturalidad. Pero ahora que veo la comparación
N/E: Dios, Ange, esto me está llegando al alma. Pobre Harry :c
Sus críticas y opiniones son bienvenidas,
no nos abandonemos,
ya les amo!
Abrazos Cósmicos!
