Perdida en tu mirada, capitulo 25
Capítulo Final
Las luces rojas y la sirena de una ambulancia se escuchaban acercarse. Albert tomado de la mano de Candy no quería alejarse de ella. Sara, Mason y Archie sentían profunda tristeza por Albert quien lloraba desconsoladamente.
_ ¡Candy mi amor! por favor, no me abandones, no me dejes. Yo, yo no podría vivir sin ti. Te amo y siempre, siempre te amaré. _ El dolor que sentía en su corazón al ver a su amada era más fuerte que el dolor de su brazo quebrado.
Los paramédicos llegaban a la escena. Colocando a Candy en la camilla para trasladarla al hospital más cercano. Había perdido mucha sangre y su pulso cada vez era menos palpable.
_ Señor por favor retírese, déjenos hacer nuestro trabajo. _ decía la enfermera moviendo el cabello de Candy y colocando un collarín.
La enfermera casi se queda sin palabras al reconocer a Candy.
Ella le había salvado la vida hacia unos años atrás.
_ ¡Es Candice, Candice White!... Vamos de prisa... la llevaremos al hospital Santa Juana.
_ Pero el hospital Santa Juana está más retirado Franny. _ decía su compañera.
_ hagan lo que les digo, esto es de vida o muerte. _ Al escuchar hospital Santa Juana, Albert inmediatamente recordó al doctor Leonard.
_ ¡Si!... Santa Juana, el doctor Leonard podrá salvarla.
_ Y usted está mal herido. Vamos suba, se irá con nosotros mientras le atendemos. _ La ambulancia se puso en marcha rumbo al hospital.
Sara, Mason y Archie les seguían. Al llegar al hospital, Franny pidió que buscaran de inmediato al Dr. Leonard. El rostro de Candy comenzaba a inflamarse. El sangrado superficial se había detenido por lo que eran malas noticias, Candy comenzaba a sangrar internamente.
_ Rápido a la sala de operaciones... Preparen quirófano... _ Franny es una enfermera distinta a las demás, con conocimientos especiales como los de Candy, era una lástima que por ser mujer no podría ejercer como médico.
La enfermera que atendía a Albert en la sala de emergencias salió casi volando cuando Albert escuchó la palabra quirófano, se puso de pie haciendo que la enfermera soltara de golpe el brazo y cayera sentada en el piso. Archie quien estaba cerca de ellos le ayudó a ponerse de pie, disculpándose por su tío. La chica asintió aceptando la disculpa.
_ Tío por Dios, no arreglas nada con ponerte así. _ alzando la voz Archie hablo a Albert quien no entraba en razón. Sara lloraba en los brazos de Mason.
_ Joven William. _ dijo una profunda voz. _ haremos todo lo que esté en nuestras manos para salvarla, permita que le atiendan el brazo, eso podría tener consecuencias graves. ― Albert se tranquilizó un poco. El dolor de su corazón era más fuerte que el de su brazo. El Dr. Leonard operaria a Candy. Albert asintió, con lágrimas en su rostro le pidió que la salvará.
Al siguiente día por la mañana el accidente había sido noticia en todos los periódicos de Chicago.
Samantha después de asegurarse que la ambulancia saliera camino a la zona del accidente, pidió a Stare que la llevara a la oficina del alguacil a poner la denuncia. Declaró todo. Ella por ser menor de edad no podían retenerla por mucho tiempo. No habían pruebas para detenerla. Además, ella no fue participe de provocar el accidente. El haber desalojado los niños del hogar de Pony, no era un delito ya que el propietario aceptó vender la propiedad.
Después de rendir sus declaraciones, Stare y la tía Elroy decidieron llevarla junto con ellos a la mansión.
Stare estaba nervioso, no había podido dormir, se sentía mal, culpable por mentirle a la tía Elroy.
Hotel Astoria
En el hotel Astoria como cada mañana el periódico estaba colocado en la charola junto al desayuno. Susana y Frank habían tenido una discusión fuerte tanto que Frank nuevamente golpeo a Susana.
Poco a poco el amor que Susana sentía por Frank se convertía en odio.
Observando los moretones en sus brazos y piernas, Susana lloraba amargamente. Cuando de pronto escuchó un sonido.
_ ¡No... no puede ser!...Candy mi Candy... _ decía Frank mientras se colocaba su abrigo saliendo de la habitación dejando a Susana sola. Ella al recoger el periódico del piso se dispuso a leer la noticia.
"Lo mejor que te pudo haber pasado fue huir de este canalla, poco hombre.
¿Cómo soportaste tanto Candy? Es un desgraciado que dice amar, pero no es amor, es avaricioso, engreído, su forma de querer es dañina" ― Pensó
Susana ahora veía las cosas con claridad, no valía la pena seguir aferrándose a una persona sin sentimientos como Frank Lee.
Hospital Santa Juana.
Habían pasado las horas y los médicos aun no salían de la sala de operaciones.
Frank preguntaba por Candy, cuando Sara lo observo airada pidiéndole casi a gritos que se largara.
― Mason por favor sácalo a patadas si es necesario del hospital.
― Mason pidió al personal de seguridad que lo alejaran de las instalaciones. Llorando suplicaba que lo dejaran quedarse.
_ Lee no compliques más la vida de la señorita Candy, ya le has hecho mucho daño. Aléjate por favor. _Mason compasivo y sin ánimos de discutir con Frank le pidió amablemente que se retirara. Cuando de pronto Albert se le puso de frente. Al observar como Frank lloraba desconsoladamente sintió compasión por él.
_ Tío después de todo lo que Sara me ha dicho no comprendo cómo puedes hablarle con calma a este Inglés . _ Archie furioso quería romperle la cara.
_ Déjenme a solas con él por favor. _ sorprendido observaba a Albert con el brazo roto, cortaduras en el rostro. Pudo darse cuenta que el accidente había sido más grave de lo que los medios publicaron. Desafortunadamente la peor parte la sufrió Candy. Mason se alejó un poco de ellos.
_ Me imagino cómo te sientes. _ dijo Albert en un tono suave.
_ Cuando conocí a Candy era como un pajarillo lastimado, con temor de cualquier persona que se acercara a ella. _ Albert relató a Frank como Candy llegó a Lakewood huyendo de las maldades que el había hecho con ella. Además de golpearla también había traicionado su amor.
Cada palabra de Albert taladraba el corazón de Frank. La noche que Candy huyo de New York estaba ebrio, inconsciente, por lo que nunca imaginó que la había golpeado de esa manera.
_ Por favor... podría entregarle esta carta. Si... si sale bien de la operación._ Frank con la mano temblorosa entrego la carta que Albert le recibía.
_ El tiempo que ella estuvo contigo fue mucho más que lo que yo he estado con ella. Daría todo lo que tengo por un minuto más junto a Candy.
_ Las lágrimas de Albert corrían por su rostro pronunciando esas palabras, " Daría lo que fuera por estar un minuto más con ella"
Con la cabeza gacha y avergonzado, Frank se alejaba poco a poco mientras Archie le comunicaba a Albert que la operación había terminado.
Corrió de prisa y, aunque las noticias no eran completamente alentadoras, los doctores lograron detener la hemorragia interna.
Frank al escuchar aquellas palabras a una corta distancia, se alejó.
El destino había unido a Candy con un excelente hombre y ser humano.
Caminando por las calles cubiertas de nieve de Chicago, Frank había decidido darse una oportunidad con Susana, cerrando el capítulo con Candy. Pasado las horas y de noche, Frank Lee abrió la puerta de la habitación encontrándose con una nota en cama.
Me regreso con mi madre a Londres.
Me he dado cuenta que no me amas, y que nunca lo harás.
Te deseo lo mejor.
Susana.
Frank sintió una punzada en su corazón, sin Candy, sin Susana, sin familia estaba completamente solo en la vida.
saco una botella de ron y comenzó a beberse hasta la última gota. Completamente borracho, recordando el daño que les causo a Candy y Susana, tomo el revolver en su mano colocándolo en su boca terminó con su vida.
Tres meses después
Habían pasado tres meses desde el trágico accidente. Candy aunque sobrevivió la operación su estado era crítico.
Todo dependería de Dios y de su deseo de vivir. Humanamente ya no había nada que hacer.
_ ¡Sabía que te encontraría aquí!... _ decía Albert al pequeño John mientras colocaba rosas en el cementerio Ardlay.
_ Ven vamos, la rosa especial que has estado cultivando para la bella durmiente esta a punto de reventar el capullo.
― Bella durmiente le decía John a Candy después de pasar más de tres meses en cama, sin despertar. Su pulso era normal, respiraba normalmente pero había algo inexplicable que la mantenía inconsciente.
_ ¡Vamos tío!... he orado a Diosito para que cuando el capullo reviente, Candy despierte. _ decía John con lágrimas en su pequeño rostro, sonriendo de alegría. Albert lo abrazó.
_ ¡Pequeño!...con cada rosa que florece deseas lo mismo, y me duele mucho mi pequeño cuando lloras porque los deseos de tu corazón y el mío no suceden.
_ ¡Pero esta vez sí pasará...lo sé, lo siento aquí!. _ respondió John con su manito en el corazón.
Dos meses antes.
_ Lo siento señor William, pero ya no podemos hacer nada por la señorita Dustin. Créame yo más que nadie deseo poder hacer algo más por ella. Pero ya no hay nada que podamos hacer en el hospital.
_ ¡Hijo vamos!... ¡ten ánimo, ten fe!..._ dijo la tía Elroy. Albert, en los últimos treinta días había vivido prácticamente en el hospital, su barba crecida, su cabello largo, delgado, parecía realmente otra persona.
_ ¡Hágale caso a su tía joven William por favor!... _ Sara observaba día con día el sufrimiento de Albert. Las heridas superficiales de Candy habían sanado pero algo impedía que Ella despertara. El respirador artificial ya no era necesario por lo que los médicos le habían desconectado los tubos y movido a una habitación regular. Mas eso no era suficiente para Albert. Lloraba por su amada.
Durante semanas, por la mañana, tarde y noche, Albert leía libros de historias para ella, el periódico, las noticias buenas. La llegada de Annie a la Villa Montgomery, la modificación de la Villa.
No sabía si le escuchaba. Pero eso no impedía hablarle de lo bello que estaba el día, el clima, lo bella que lucía aun dormida.
_ ¡Mi amor por favor despierta Candy!... despierta... no me dejes solo en este mundo. _ musitaba en su pecho cuando se debilitaba al ver que no había reacción por parte de ella. En una de tantas veces que lloraba sentado a la orilla de la cama peinando el cabello de Candy, Sara entraba en la habitación.
_ El Dr. Leonard piensa que la señorita Candy estará mejor en casa, rodeada de todas las personas que la amamos. La primavera se acerca y estoy segura que el clima, el olor de las flores y los pajarillos le harán bien.
Yo la cuidare con mucho amor. ― dijo Sara.
_ Sí... si... eso haremos. _ emocionado, Albert le pidió que se encargara de los arreglos en la mansión Ardlay.
― ¡He decidido que nos casaremos aquí, antes de que salga del hospital!
― ¿Mansión Ardlay? ¿Casarse? Se ha vuelto usted loco...
_ Me volveré loco si usted se opone Sara, me vive recordando cada día que no estamos casados, como si un papel es más importante que mi amor. ― Albert alzando la voz respondió a Sara.
― Discúlpeme Sara no fue mi intension alzarle la voz. ― Albert se disculpó al ver el rostro de Sara, habían pasado semanas que Albert no hablaba con nadie.
― Candy es una mujer. ― dijo en tono suave. ― Estoy seguro que ella haría lo mismo si fuera yo quien estuviera en esa cama.
Ay... por Dios, cuanto diera por estar en su lugar.
_ Sara se conmovió al escuchar las sollozas palabras de Albert.
Un día después Albert y Candy contrajeron matrimonio. Annie, Sara y Sam se encargaron de vestir a Candy con su vestido de novia. Estaba hermosa, parecía una princesa de un cuento de Adas.
Intercambiando los votos, Annie tuvo el honor de responder el SI por Candy.
Archie desde que conoció a Annie se quedó prendado y maravillado de sus ojos azules. Algo especial entre ellos estaba creciendo.
El arrepentimiento genuino de Samantha conmovió a la familia Ardlay, sino hubiera sido porque ella confesó sus delitos y su rápida acción condujo a la detención de Wilson quien fue condenado a diez años de cárcel por intento de asesinato. Lo que sucedió a Candy y Albert, si no hubiera sido por Sam quizás Candy no estaría con vida.
Primavera en la Villa de los Ardlay, Lakewood.
Exactamente el primer día de la primavera, Albert junto a John cortaban las rosas rosita pálida que con amor habían logrado cultivar. Una nueva especie de rosa, que por nombre John le había llamado " Dulce Candy"
_ ¡Mira tío!...mira la rosa dulce Candy ha abierto. ― John trato de correr hacia la habitación donde se encontraba Candy. Cuando Albert lo detuvo.
_ ¡John... espera! ...cortaremos las rosas y las pondremos en una base con agua. ¿Está bien?― Preguntó Albert.
_ ¡Si!... _ Asintiendo feliz, John cortó tres rosas para Candy.
Albert con el corazón abrumado de imaginar que John volvería a llevarse otra desilusión, lo observaba con tristeza, a la vez admiraba la fe del niño.
John se adelantó, corriendo hacia la cocina colocando las rosas en un vaso de cristal, subió las escaleras despacio hacia la habitación donde estaba Ella.
Al abrir la puerta, John dejo caer el vaso.
― ¡Oh!
― Al escuchar el sonido del cristal roto, Albert subió de prisa.
_ ¿John que sucede?― Preguntó Albert asustado.
Con el aire cortado y el corazón a punto de salírsele del pecho observaba la figura de Candy cerca del ventanal con vista al jardín quien abrazaba al niño con lágrimas en el rostro.
_ ¡Ca!... Candy... ¡mi amor!... _ musitó Albert cayendo de rodillas ante ella. Candy le sonrió, acariciando su cabello dorado como el sol.
_ ¡Mi amado!... ya no llores más. He regresado... y nunca... nunca me iré de tu lado..._ musitó la rubia. John corrió de prisa para darle la noticia a los que estaban en la sala de la Villa.
_ Cada palabra... cada poema... cada historia dicha de tus labios, la escuchaba mi amor. Fue tu amor y perseverancia lo que me hizo luchar por mi vida y regresar a tu lado. Te amo Albert... te amo con todo mi corazón.
_ ¡Candy... Candy... mi Candy... siempre te amaré!
Fin.
Gracias por haberme acompañado en esta historia, sobre todo por la paciencia que tuvieron...
Quise darle un final diferente a esta historia, no el típico final del matrimonio en el altar o capilla.
Los personajes seguirán viviendo con felicidad, problemas y tristezas como todos nosotros en la vida real.
Bendiciones.
No te pierdas los próximos capítulos del Patriarca y Que será de ti.
¡Con mucho Cariño!
Sakura.
