Se abrió paso entre la multitud, los susurros violentos de la gente aturdiéndolo, un eco estruendoso que retumbaba en su cabeza, volviéndolo incapaz de reconocer cualquiera de las palabras que estuvieran siendo dichas. La gente se aglomeraba alrededor de la escena principal y le miraban. Harry no deseaba saber lo que esas miradas le decían, sólo deseaba que se detuvieran, porque entre más se adentraba en ese mar de gente que le observaba, se convencía a cada paso de que algo terriblemente malo estaba sucediendo.

Todo sucedía como en cámara lenta. La gente a su alrededor, sus labios moviéndose sin emitir sonidos, los niños asustados y confundidos y el sol terminaba de caer por el horizonte dejándolo todo en penumbras. Harry apenas era consciente de su propio cuerpo, de sus sentidos. Sus manos adormecidas y un zumbido molesto que había comenzado como un pequeño, y apenas imperceptible, pitido destrozándole los tímpanos.

Fue entonces que lo escuchó.

El pitido en sus oídos se intensificó y Harry apresuró el paso mientras se transformaba en un fuerte llanto que él reconoció de inmediato. El silencio se transformó en ruido, palabras; en oraciones que Harry entendía a medias, demasiado concentrado en llegar al núcleo de todo el alboroto. Conmoción, confusión, rumores dichos al viento que Harry hubiera preferido que permanecieran mudos.

—...secuestro... —había dicho una mujer.

—...vi nada... —dijo otra.

Un par de niños pequeños lloraban.

—...embarazado...

—Pobre Omega.

Las rodillas de Harry temblaban y su corazón latía rápidamente. Deseaba desesperadamente que todos guardaran silencio, que todo volviera al mutismo original de su conmoción. No podía soportarlo, entre más piezas de la escena eran reveladas, era obvio que no encontraría nada bueno al final de la multitud y no podía soportarlo. Sólo podía pensar en los peores escenarios posibles, mutilaciones, heridas, muerte.

Harry sintió un fuerte dolor en el cuerpo, un dolor que él sabía que no le pertenecía, el dolor que podía sentir gracias a su vínculo. Su Draco estaba sufriendo.

El llanto cobraba fuerza conforme más cerca estaba Harry, dentro de su cabeza una vocecita le dijo que al menos Teddy estaba a salvo, lo que era un alivio parcial. Aún tenía que empujar a unas cuantas personas más para descubrir si Draco estaba bien.

—¿Teddy? —preguntó Harry cuando divisó la pequeña cabecita de cabellos azules de su ahijado. Era un azul apagado y triste.

El enrojecido rostro del pequeño estaba empapado de lágrimas, mientras una mujer con rostro bondadoso y afligido intentaba tranquilizarlo en vano. El corazón de Harry se paralizó al no encontrar rastro de Draco, pero se obligó a sí mismo a ir junto a Teddy e intentar tranquilizarlo. Lo tomó entre sus brazos y el niño se enterró en su pecho, empapando su camiseta con sus lágrimas que, en vez de parar, se incrementaron.

—¡Harry! —decía entre llantos mientras su padrino acariciaba su espalda.

—¿Qué fue lo que sucedió? —le preguntó a la mujer quién no parecía capaz de encontrar una respuesta sin alterarse.

—Oh, señor Potter —dijo ella estrujando sus regordetas manos entre ellas—. Lo siento mucho, en realidad no sé qué fue lo que pasó.

—¡Fue un secuestro! —exclamó alguien entre la multitud, una mujer con su marido y dos niños—. ¡Yo lo escuché gritar!

Harry se obligó a mantener la calma y preguntar:

—¿Alguien vio al culpable?

—Probablemente era alguien con una capa de invisibilidad o un encantamiento desilusionador —declaró un joven que aparentemente acompañaba a sus hermanos pequeños a pedir dulces—. No pudimos ver a nadie, sólo lo escuchamos gritar y desaparecer.

Harry cerró los ojos con frustración.

—¡Draco! ¡James! —exclamó Teddy en medio del llanto. Harry mismo quería tirarse al suelo y llorar. ¿Por cuánto dolor y sufrimiento tenía que pasar Draco para que los dioses lo dejaran en paz?

—¿Señor Potter? —le preguntó la mujer que había estado tratando de tranquilizar a Teddy—. ¿Cree que haya sido él?

A Harry no le sorprendía que todos estuvieran al tanto del verdadero problema, después de todo, la noticia del secuestro de Draco había sonado por todo el mundo y que no hubieran podido capturar a Krum después de tanto tiempo también había sido noticia. Habían tachado a los aurores de incompetencia pero al ministro, más bien, le había importado poco. Lucius y el mismo Harry habían estado a punto de asesinar al viejo por haber minimizado los esfuerzos para atrapar al bastardo ese.

Ahora tenía que pensar. Draco se había marchado con una idea equivocada sobre lo que estaba sucediendo dentro de su oficina, fuese lo que fuese que estuviese pensando. Tal vez él y ese Omega estaban en una situación comprometedora, Harry había salido recién de las duchas y se había querido cambiar dentro de su oficina donde el Omega ya lo esperaba. Aparentemente su asistente lo había dejado pasar.

El chico había sido amable, había viajado desde Rusia para agradecerle por haberlo sacado ahí con vida y todo había estado perfectamente bien hasta que había saltado sobre él, repentinamente, segundos antes de que Draco apareciera. El Omega, por supuesto, no tenía idea de que Harry ya tenía una pareja y se disculpó de inmediato, incluso había estado dispuesto a hablar con Draco pero él se había negado a escuchar nada y se había marchado tan malditamente rápido que Harry había pensado por un segundo que había dejado de estar embarazado.

Harry había ido tras su esposo, por supuesto. El elevador le había hecho una mala jugada y había tenido que esperar hasta que subiera de nuevo a su piso, minutos valiosos que había perdido y los que Draco había aprovechado para darse a la fuga hacia algún lugar desconocido. Era una suerte que Harry hubiera colocado un encantamiento de localización en su anillo de bodas y así pudo seguir su rastro, seguro de que el Omega caprichoso no había regresado a su casa.

Tal vez había sido demasiado predecible que Draco decidiera arriesgar su vida para que Teddy pudiera pedir algunos dulces, después de todo, estaba alterado y molesto, y Harry lo comprendía totalmente. Lo que no entendía, era porque Viktor Krum se había arriesgado a secuestrar a Draco en medio de una calle llena de testigos, dónde los aurores podían llegar rápidamente y comenzar con la búsqueda de un Omega embarazado, el heredero de una de las familias más ricas e influyentes del Reino Unido, el esposo del Salvador del Mundo Mágico. Krum se la estaba jugando demasiado.

A menos...

Harry se apartó de Teddy bruscamente, mirando su propio anillo de bodas. El pequeño hipó desconcertado, mirando a su padrino con sus ojitos rojos e hinchados. De repente, la idea de que Krum hubiera hecho todo para que Draco de verdad fuera encontrado llegó a su cabeza y le golpeó con fuerza, cobrando sentido conforme más lo pensaba. Era como si el bastardo hubiera querido que Harry se enterara rápidamente de la desaparición de su esposo y fuera a buscarlo. Una provocación que seguramente terminaría en tragedia pero que Harry no podía ignorar, no cuando la vida de su Omega estaba en peligro.

—Teddy —le dijo al niño tomándolo por los hombros—. ¿Tienes el traslador de emergencia que te dio tu padre? —El niño asintió metiendo una mano dentro del único bolsillo de su disfraz de hombre lobo, extrayendo de ella una pequeña tapa metálica de soda. Harry sabía que se la habían dado para casos de emergencia, lo llevaría directamente a Grimmauld Place—. Bien, necesito que lo uses y vayas a casa, yo mandaré un patronus a tus padres, ¿de acuerdo?

—No, Harry, yo quiero ir a buscar a mi James y a mi Draco. ¿Dónde están? ¿Por qué me dejaron solito? —le respondió con infantil encaprichamiento.

—Escúchame, Teddy, esto es importante, Draco estará bien, James también, pero tengo que irme de inmediato. Tú tienes que volver a casa y decirles a tus padres lo que ocurrió, ¿puedes hacer eso? ¿puedes decirle a Sirius que estamos en problemas y que nos busque? —Teddy asintió con sus ojitos amenazando con volver a llenarse de lágrimas. Harry miró a la señora que estaba con Teddy—. Comuníquese con los aurores, esto es muy grave, Draco podría estar en peligro.

La mujer asintió con nerviosismo mientras corría aparentemente en busca de una lechuza. La desventaja de que no cualquiera pudiera hacer un patronus.

Harry miró a Teddy y él miró su tapa metálica con un puchero y un par de lágrimas más antes de que la apretara con fuerza en su puño y la activara. En cuanto Teddy desapareció de su campo de visión, Harry lanzó un patronus en dirección a la Mansión Malfoy donde Remus debía estar y a dónde Sirius debía estar llegando luego de que su turno terminara. El mensaje fue breve, Teddy estaba en Grimmauld Place, algo había ocurrido. Estaba seguro de que, con la alerta de la mujer y ese pequeño mensaje a los Black no les costaría sumar dos más dos y luego notificar a todos los demás.

Sólo esperaba que los Malfoy no intentaran hacer una locura que empeorara todo. James sabría manejarlo, de eso Harry estaba seguro, lo único que él debía hacer era seguir el rastro de Draco e intentar entretenerlo hasta acorralarlo para que no pudiera darse a la fuga como lo había estado haciendo los últimos meses.

Se sacó el anillo de bodas del dedo y con un pase de varita lo hizo vibrar y brillar. Cerró los ojos, sintiendo la magia de Draco fluir por el vínculo entre sus dos anillos hasta que logró localizar el siguiente punto de parada. Aparentemente Viktor se lo había llevado por medio de aparición por lo que seguir el rastro sería sólo un poco más peligroso. Harry podía aparecerse justo frente a ellos, lo que era en definitiva una locura o intentar aparecerse lo bastante cerca como para ubicarlos, corriendo el riesgo de quedar atrapado entre un par de paredes en una calle completamente desconocida. Usar la aparición a ciegas podía matarlo, pero era un riesgo que estaba dispuesto a tomar.

Así que colocándose su anillo nuevamente en el dedo agarró su varita con fuerza y se apareció de allí, dejando atrás los murmullos y las miradas comparecientes que le quitaban la esperanza.

Cuando abrió los ojos se encontraba en un pasillo oscuro y vacío. La noche había caído sobre la ciudad, las luces del exterior apenas y lograban iluminar lo suficiente como para que Harry pudiera distinguir que, de hecho, en ese pasillo habían más de cuatro puertas y un sólo cuadro triste colgado en una de las paredes. No había ruido, ninguno y ese silencio era tan abrumador que Harry deseaba romperlo a gritos, demasiado tenso por lo que encontraría cuando llegara a la puerta correcta, a la puerta donde su anillo le indicaba que estaba su esposo.

Sus pisadas sobre la madera vieja rompieron el silencio y abandono del edificio. Por un momento Harry temió haber alertado a Viktor pero luego cayó en cuenta de que él probablemente ya estaba esperándolo así que sin más rodeos caminó firmemente hasta la última habitación del pasillo. Todo terminaría en ese momento, sin más juegos, sólo ellos dos y un duelo a muerte por ese Omega de ser necesario, pero algo era claro, Harry no perdería, no esta vez.

Se detuvo frente a la puerta, el viento que se colaba por la pequeña y rota ventana soplaba tranquilamente. Harry podía ver por las nubes ennegrecidas del cielo que llovería pronto, lo que no era una sorpresa si tomaba en cuenta que se encontraban en otoño.

Harry tomó algo de aire, sujetó el pomo de la puerta, lo giró y lo abrió.

La oscuridad lo recibió del otro lado de la puerta, un silencio sepulcral tan profundo como el del pasillo que había dejado atrás. Harry cerró la puerta con cuidado una vez que estuvo dentro de la habitación, ésta rechinó por las bisagras oxidadas y viejas, el sonido retumbando fuertemente por todas partes, como en una especie de película de terror.

La falta de ruido alertó a Harry de inmediato, no había una charla agresiva, ni forcejeos ruidosos, el simple y llano silencio de una habitación completamente cerrada. Era probable que Krum hubiera colocado un encantamiento para silenciar, por lo que Harry tendría que avanzar si es que quería ver, encontrar o escuchar cualquier cosa. Harry no tenía acceso visual completo al cuarto, un muro corto que formaba un pequeño pasillo se lo impedía, lo único que podía ver, eran los pies del colchón y una ventana con una cortina vieja impidiendo el paso de luz. Ni siquiera era capaz de ver la puerta del baño desde allí.

Caminó lenta y sigilosamente, su varita en mano y todos los sentidos alerta mientras el escenario completo era revelado ante él. Un espejo grande, un tocador con nada sobre su superficie, una silla vieja que parecía a punto de romperse y finalmente la cama, junto a la que había una sola mesita de noche con una lámpara sin pantalla que dejaba a la vista el foco apagado. De fondo, el papel tapiz se despegaba de las paredes, y el techo tenía manchas de humedad. Todo viejo, tétrico y descuidado. Un motel de mala muerte.

—Tardaste más tiempo del que pensé —dijo la voz de Viktor en medio de la oscuridad.

Harry parpadeó un par de veces mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad. Distinguió la silueta de un hombre dándole la espalda, con la cabeza hacia la única ventana de la habitación. Por un momento, Harry dudó que se tratara de Viktor, lucía demasiado delgado, muy diferente a la estrella de quidditch que había sido alguna vez; le faltaban músculos y estaba tan encorvado que se veía pequeño. Harry le apuntó con su varita, sujetándola firmemente, mientras su propio anillo de bodas vibraba, indicándole que Draco estaba cerca aunque no podía verlo.

—Estás arrestado —le dijo al criminal con voz autoritaria. La postura de Krum ni siquiera se tensó—. Levanta las manos y date la vuelta lentamente. Ahora.

Harry lo escuchó suspirar antes de girar su cabeza, dejándolo ver su perfil de piel morena apenas contorneada tenuemente por la luz de la ventana, cuando un automóvil pasó frente al edificio.

—No creo que quieres que levante las manos —respondió con voz tranquila y mirada ausente.

—¿Qué es lo que tienes allí? ¿Dónde está Draco? —preguntó al percatarse de que el hombre sujetaba algo entre sus brazos.

Viktor se puso de pie y Harry dio un paso hacia adelante mientras alzaba más su varita con brazo tembloroso, apuntando directamente hacia la cabeza. El hombre comenzó a girarse lentamente, pero se detuvo a medio camino cuando Harry gritó:

—¡He dicho las manos arriba!

Viktor sonrió ligeramente antes de terminar de darse la vuelta para que Harry pudiera ver lo que sujetaba entre sus brazos.

—No creí que querrías que lo dejara caer, al pequeño James, quiero decir.

El corazón de Harry dio un vuelco mientras miraba la maraña de mantas entre los brazos de aquel bastardo. Un bulto pequeño al que Harry no le encontraba ni pies ni cabeza, el cuarto demasiado oscuro cómo para lograrlo. Un par de lágrimas escurrieron por su rostro, sus manos temblaron y un sollozo escapo de su boca mientras el deseo de tomar a su bebé entre sus manos se volvía insoportable, mientras la desesperación de alejarlo de ese hombre crecía dolorosamente dentro de su cuerpo.

—¿Dónde está Draco? —volvió a preguntar, esta vez con voz quebrada y el rostro empapado de lágrimas.

Viktor no respondió, bajó su oscura mirada hacia el cachorro y acarició lo que Harry supuso era su pequeña carita con una de sus callosas y esqueléticas manos.

—¡No lo toques! —le gruñó y Krum apartó su mano lentamente, volviendo a mirarlo—. ¿Dónde está mi esposo, Viktor? —demandó, esta vez más desesperado.

—Su cuerpo no resistió el parto —dijo sencillamente—. Está allí, en el baño.

El corazón de Harry se detuvo por completo y el aire abandonó sus pulmones mientras giraba rígidamente la cabeza hacia el punto dónde Viktor había apuntado. Hasta ese momento no se había percatado de la única puerta en la habitación. Por debajo de ésta una tenue luz salía, iluminando la desgastada alfombra de la habitación, una luz amarillenta.

El brazo de Harry fue perdiendo fuerza, bajando lentamente hasta quedar completamente flácido a su costado. En estado de shock, sus piernas temblorosas lo llevaron hasta aquella puerta, su corazón hecho pedazos y sus ganas de vivir abandonándolo por completo. ¿Había llegado tarde? ¿No había podido salvarlo de nuevo? ¿Qué clase de Alfa era? Draco no debía morir, no mientras Harry estuviera allí para protegerlo. ¿Por qué las cosas tenían que ser de esa manera?

Lloraba, lloraba con lágrimas pesadas saliendo de sus ojos y escurriendo por sus mejillas mientras sus labios susurraban «por favor no, Dios, no dejes que esté muerto, te lo ruego» y tomaba la perilla de la puerta, el metal caliente por alguna razón.

Un rayo de luz verde se estrelló contra la puerta de madera sobresaltando a Harry y trayéndolo a la realidad.

La risa de Viktor inundó toda la habitación.

—Eres tan fácil de manejar, Potter —se burló lanzándole de nuevo la maldición asesina mientras Harry se agachaba para cubrirse con la cama—. Siempre tan noble, completamente acabado sin su familia.

Embriagado de furia Harry se levantó contraatacando con otra maldición asesina que pasó rosando al bastardo de Viktor.

—¿DÓNDE ESTÁ DRACO? —gritó con furia mientras Viktor soltaba una carcajada.

—Cuidado, idiota, podrías asesinar a tu propio hijo.

Aquella declaración lo había dejado paralizado por la verdad impregnada en ella, él no quería lastimar a su cachorro, su cachorro y el de Draco, pero la necesidad de asesinar a ese idiota tomaba el control de su cuerpo y lo hacían actuar sin pensar. Harry miró con furia al ex jugador de quidditch y éste le mostró una sonrisa sádica mientras dejaba caer el bulto de cobijas de entre sus brazos. Por un momento, el corazón de Harry se paralizó y sus instintos paternales lo impulsaron a lanzar un encantamiento para ralentizar la caída del recién nacido.

Las mantas se extendieron al aire. Allí no había nada.

Con un grito desgarrador Harry lanzó otra maldición directo a la cabeza de Viktor, ahora seguro de que sólo se estaba burlando de él, acabándolo emocionalmente para que fuese más fácil acabar con el físicamente. El intercambio de maldiciones comenzó casi de inmediato. Harry logró resguardarse en el muro de la entrada principal mientras que Viktor había hecho una barricada con el tocador y la cama. Luces de diferentes colores volaban por toda la habitación iluminándola, la furia alimentando la magia en ambas trincheras. Se podía saborear en el aire las ansias de venganza por ambas partes, la necesidad de pisotear un cadáver, de terminar con ese juego de una vez por todas.

Harry atacaba prácticamente a ciegas, Viktor, en cambio parecía tener una especie de ventaja, cada vez más cerca de asesinar a Harry de un sólo tiro. Fue cuando el joven auror se percató de que el único espejo en la habitación revelaba su posición y sus movimientos que lo rompió con una maldición. Viktor soltó un quejido de dolor, probablemente los cristales se habían encajado en su piel con la explosión, momento que Harry aprovechó para salir de su trinchera y arremeter contra el hombre.

Krum se encontraba escondido en una esquina entre la pared, el colchón y el tocador, perfectamente cubierto de todos sus flancos, como un maldito parásito. Harry saltó sobre él desarmándolo con un expelliarmus y dejándolo completamente indefenso. Sin embargo, Viktor no se daría por vencido tan fácilmente. Usando todos su peso corporal derribó a Harry sobre la alfombra, haciéndolo soltar su varita. Viktor se arrastró hasta su propia varita entre jadeos de cansancio y Harry mismo fue en busca de la suya.

Krum alcanzó su varita, Harry la suya. Ambos completamente descubiertos. Los ojos de Harry se entrecerraron con determinación y el Alfa gruñó con fiereza mientras Viktor intentaba aparecerse lejos de allí. Sin éxito.

—No creías de verdad que vendría solo ¿verdad? —le dijo Harry con burla—. Los aurores están aquí, estás rodeado.

La furia animal en la mirada de Viktor fue el preludio para lo que ocurrió después. El búlgaro apuntó su varita hacia Potter quién rápidamente levantó la suya. Viktor pronunció a toda voz la maldición asesina, al menos hasta la parte del avada, antes de que Harry pudiera lanzarle un petrificus totalus, dejándolo inmóvil sobre la alfombra, pero completamente consiente.

—No te confundas, idiota, todos nuestros encuentros anteriores fueron sólo un juego comparado con esto, no podías llegarme a los tobillos ni aunque lo desearas —le dijo pateándole la cara con fuerza, rompiéndole la nariz—, tu nivel de duelo no se compara con el mío, ni tu velocidad. Soy el auror estrella del ministerio ¿lo olvidaste? ¿o es que se te subió a la cabeza y creíste que podrías ganarme? Patético.

Viktor lo miró con furia. Harry sonrió presumido antes de mandar un patronus a los aurores que rodeaban la zona para que entraran.

Pero nada había terminado, no todavía.

Harry atravesó la habitación con paso rápido y firme, hasta el cuarto de baño. Escuchó la puerta de la habitación abrirse mientras se plantaba frente al baño. Con un pase de varita y un par encantamientos descubrió que estaba bloqueada con magia y que por eso había sentido el pomo caliente cuando había intentado abrir la puerta. Las voces a su espalda le hacían preguntas, pero él estaba concentrado en romper las protecciones, seguro de que Draco se encontraría del otro lado de la puerta.

Cuando las protecciones cayeron, de la puerta provino un suave clic y se abrió.

—No, por favor... —dijo Harry adentrándose al pequeño cuarto de baño.

Draco se encontraba dentro de la percudida bañera llena de agua roja. Su rostro lucía pálido y sus ojos hundidos como los de un muerto. Su boca estaba entreabierta y su rostro estaba plasmado con dolor. Únicamente vestía una camisa blanca que se había manchado con el agua llena de sangre. Harry caminó hasta llegar a él, sus ojos nublados por el llanto, intentado frenéticamente tomar su pulso o encontrar alguna señal de vida. Sus manos temblando y la desesperación haciéndolo actuar torpemente.

—Joder... —escuchó que Sirius decía a sus espaldas.

Harry lo ignoró y lloró mientras palpaba el rostro de su amado, aún hermoso en esas condiciones. Entonces Draco abrió lo boca y soltó un quejido débil seguido de un grito de dolor. El agua de la bañera se volvió más turbia, señal de que volvía a sangrar.

—¡Draco! —exclamó Harry—. ¿Me escuchas? Draco, por favor, ¿qué ocurre? ¿Estás herido?

—Debemos llevarlo rápidamente a San Mungo —dijo entonces la voz de su padre. Harry ni siquiera volteó a mirarlo, incapaz de apartar los ojos de su Omega—. Entró en labor de parto.

—No, no... —dijo Harry con pánico en la voz—, aún le quedan algunas semanas... él-

Harry escuchó los pesados pasos de Sirius y luego lo vio junto a él antes de recibir una fuerte bofetada que lo sacó del shock que le había causado toda la maldita situación.

—Este no es momento para entrar en pánico —le regañó su padrino con seriedad—. Draco te necesita, tu bebé te necesita.

—Retiraremos los encantamientos antiaparición —aseguró James—. Ve directo a emergencias, nosotros nos encargaremos de Krum.

Harry asintió aún con temor. Tomó una toalla junto a la bañera y la sumergió en la bañera para cubrir la parte inferior de Draco antes de sacarlo de allí. El rubio soltó un grito de dolor, Harry suponía que era por las contracciones, pero perdió la conciencia por el dolor antes de que Harry tuviera que dormirlo, incapaz de verlo sufrir.

Salió hacia la habitación con su Omega en brazos, los aurores ya habían sometido a Krum pero eso no impidió que el hombre les lanzara una mirada asesina a ambos antes de que Harry se apareciera en San Mungo.

Sin más rodeos fue directamente a emergencias, dónde generalmente atendían a los aurores que llegaban malheridos de muerte por alguna misión. Una enfermera le recibió, llevándolo inmediatamente al ala de parto. Las enfermeras y los doctores le daban instrucciones que Harry seguía mecánicamente, incapaz de escuchar nada más aparte de un pitido molesto en sus oídos.

—Necesito que me diga cuánto tiempo lleva en ese estado, señor Potter —le dijo el medimago mientras Harry miraba a un montón de enfermeras atender a su Omega, administrándole pociones y limpiando la sangre que se había impregnado en su cuerpo.

—Yo... no lo sé. Lo tenían encerrado y cuando lo encontré estaba inconsciente en una bañera con agua roja. ¿Va a estar bien?

El hombre lo miró con compasión antes de guiarlo hasta la salida de la sala. Harry no quería irse, quería quedarse junto a Draco.

—Primero debemos estabilizarlo y prepararlo para el parto, no va a ser fácil —dijo el hombre mirando un montón de papeles sobre la tabla que sujetaba en sus manos—. Según el informe de su obstetra el embarazo de su marido es de alto riesgo, así que aunque ya ha entrado en labor de parto debemos tener especial cuidado.

—¿Riesgo? —preguntó el Alfa con el alma en el suelo—. Ella dijo que el bebé estaba bien... ¡Nadie me dijo que...!

—Él bebé está perfectamente bien, señor Potter —interrumpió el hombre—. El riesgo lo corre el señor Malfoy, su útero se dañó durante los eventos del año pasado y su cuerpo se debilitó por todas las pociones que ingirió. O eso es lo que dice el reporte. —Harry se pasó las manos desesperadamente por el cabello. Él no sabía nada de eso. ¿Draco lo sabía? ¿Por qué no le había dicho nada?—. Tranquilízate, Harry —le dijo el medimago con un tono de voz más informal—. Draco va a estar bien. Vamos a hacer todo lo posible ¿de acuerdo? Por ahora, ve a lavarte, llama a tu familia y luego acércate a una de las enfermeras para que te dé una bata, podrás presenciar el nacimiento de tu hijo.

Harry asintió con lágrimas en los ojos, pero no estaba seguro de si eran de miedo o de felicidad. Amaba a su cachorro, por supuesto que sí, pero él jamás hubiera arriesgado la vida de su esposo. Tenía emociones encontradas, sentía amor y odio al mismo tiempo y no se sentía capaz de soportarlo por su cuenta así que hizo lo que el doctor le pidió, fue al baño, lavó su cara, intentó relajarse y envió un patronus a la mansión Malfoy, donde, con suerte, su padre habría convencido a todos de permanecer en lo que el asunto de Viktor se solucionaba.

No se equivocó. Ni diez minutos después todos se encontraban en la sala de espera con rostro preocupado, pero fueron los Malfoy quienes se acercaron primero a preguntar.

—Va a tener al cachorro ahora —dijo con estrés pre parental—. El medimago dijo que se adelantó la fecha por el estrés de la situación. Él dijo... él dijo que el embarazo es riesgoso, aunque no entiendo por qué Draco no nos dijo nada...

—Dioses... —dijo Narcissa abrazando fuertemente a su marido—. Él dijo que todo estaba bien.

—¿Ustedes lo sabían? —,reguntó Harry con incredulidad y enojo. Los Malfoy suspiraron—. ¡Lo sabían! ¿Cómo pudieron...?

—Harry, tranquilízate —intervino su madre, sujetando su mano—. Ahora eso no importa, estoy segura de que Draco se las arregló para que nadie supiera.

Todos se miraron en medio de un silencio tenso. Harry se aferraba a su madre, cual niño asustado, hasta que el medimago apareció por el pasillo y le llamó.

Era hora.

Harry entró en la sala de partos con el corazón latiéndole con fuerza. Miró a Draco sobre la plancha de operaciones. Su piel un poco menos pálida pero sus ojos igual de cansados. Los mantenía cerrados y su respiración era tranquila. Harry se paró a su lado, sujetando suavemente su mano derecha mientras las enfermeras y el partero terminaban de arreglar los últimos detalles. Draco abrió los ojos lentamente, apenas dos rendijitas visibles.

—Hola —le saludó Harry con voz quebrada.

—Hola, héroe.

—¿Estás listo? —Draco asintió débilmente, sus labios resecos y pálidos—. De acuerdo, todo va a estar bien.

—¿Qué sucedió con Viktor?

—¿De verdad quieres hablar de eso ahora?

—Quiero dar a luz a nuestro hijo sabiendo que no hay peligro allá afuera.

Harry se tragó las ganas de reclamarle por no haberle dicho que su vida corría peligro teniendo a ese bebé.

—Lo hemos atrapado, va a ir directo a Azkaban.

Draco sonrió y volvió a cerrar los ojos.

—Qué bien, maldito bastardo.

Harry sonrió con tristeza. La mano de Draco se aferró fuertemente a la suya y soltó un grito de dolor.

—Enfermera, la frecuencia de las contracciones —pidió el médico.

—Tres minutos, señor.

—Bien, entonces hay que preparar todo —les dijo a las enfermeras antes de dirigirse a Draco y Harry—. A partir de este momento las contracciones deben volverse más frecuentes, creemos que el cuello uterino se encuentra lo suficientemente dilatado para comenzar con el parto. Va a ser doloroso, pero señor Malfoy, tiene que seguir pujando, ¿de acuerdo? —solicitó—. Le recomendamos agarrar fuertemente la mano de su esposo para mitigar el dolor y grite todo lo que necesite, le prometo que todo terminará lo antes posible. Tienes suerte de que la dilatación de los Omegas tarde menos tiempo en lograrse y que la expulsión sea más corta.

—Completamente afortunado —dijo Draco con sarcasmo cuando la contracción se detuvo. Harry soltó una risita—. Y tú deja de reírte, que después de esto no volverás a ponerme un dedo encima —volvió a gritar, otra contracción viniendo.

—Estamos listos —anunció el doctor—. Cuando te diga que pujes debes pujar. ¿De acuerdo?

Harry tomó con fuerza la mano de Draco y éste le miró por última vez entes de que el doctor diera la señal para que comenzara a pujar. Parecía realmente doloroso dar a luz, si los gritos de Draco eran alguna indicación. A Harry le parecía maravilloso que aún después de haber pasado por un secuestro Draco tuviera la fuerza para seguir pujando y aun más, para destrozarle los dedos de las manos. Para Harry era un valiente guerrero, hermoso y perfecto que había pasado por demasiadas cosas y aun así se mantenía de pie por él, por el bebé.

Joder, amaba tanto ese hombre.

Draco pujó con las mejillas enrojecidas por el esfuerzo, su cabello desordenado como nunca y su frente perlada en sudor. Cuando las contracciones lo dejaban le gustaba gritarle a Harry que todo eso era su culpa y que lo odiaba, pero los reclamos no duraban demasiado, mucho menos cuando la cabecita del bebé comenzó a salir.

El corazón de Harry palpitaba emocionado, todos los eventos de las últimas horas volviéndose como un sueño irreal, algo que no había pasado, opacado por la felicidad de saber que pronto su pequeño James estaría entre sus brazos.

Después de veinte minutos de gritos de dolor y besos en la frente, el doctor finalmente le pidió a Draco que empujara una última vez. Harry contuvo el aire dentro de sus pulmones, aferrándose con ambas manos a la mano de su Omega, no podía ver lo que los doctores hacían detrás de la cortina, pero cuando el primer llanto se escuchó, Harry supo que todo había valido la pena, desde el momento en que Draco y él se habían reencontrado, hasta ese bello momento.

—Oh, por Merlín, Draco, escúchalo, es nuestro bebé —le dijo al rubio mirando como una de las enfermeras se llevaba al cachorro, seguramente para limpiarlo.

Draco no respondió.

—Necesito las pociones coagulantes y las vitaminadas, ahora —ordenó el doctor profesionalmente mientras una de las enfermeras se movía hacia uno de los anaqueles.

Harry miró a Draco. No abría los ojos.

—¿Qué ocurre? —le preguntó al médico. Pero él no respondió de inmediato, demasiado concentrado en lo que sea que le estuviera pasando a su marido—. ¿Qué ocurre? —preguntó de nuevo, aferrándose con fuerza a la mano del omega que ya no lo sujetaba.

—Ha perdido mucha sangre, detendremos la hemorragia. Señorita Treman, por favor lleve al señor Potter a la sala de espera.

—¡No voy a apartarme de él! —dijo besando a Draco en la frente y aferrándose a él.

Una enfermera lo tomó del brazo y lo guio suavemente hacia la salida.

—Vamos, señor Potter, podrá ver a su cachorro en los cuneros.

Pero Harry no quería ver al cachorro, quería estar con su Draco.